domingo, 31 de julio de 2022

LAS FRASES DEL MES

1. "Estuve tan mal que intenté suicidarme, y no me refiero a cuando fui candidato a presidente en el 2011." (Eduardo Duhalde)

2. "Hablé con Zelensky y lo felicité por la campaña de Estudiantes." (Alberto Fernández)

3. "Espero que el presidente use la lapicera para aceptarme la renuncia, en lugar de intentar convencerme de que me quede." (Martín Guzmán)

4. "Reconozco que en las encuestas mido poco, pero voy a volver a ser candidato porque es eso o tener que trabajar." (Mario Barletta)

5. "¿Siete carillas nada más la renuncia de Guzmán? No tiene ni para empezar conmigo." (Matías Kulfas)

6. "A Cristina le critican las carteras de lujo, a mí que me puse botas de dos colores distintos, pónganse de acuerdo, viejo." (Carla Vizzotti)

7. "Por las dudas aclaro que no tengo nada que ver con los cambios en el gabinete de Boris Johnson." (Cristina Kirchner)

8. "Si la Reina Isabel me lo pide, estoy dispuesto a formar gobierno." (Juan Guaidó)

9. "¿Quién le dijo a D'Elía que yo necesito la venia de Cristina para perseguir y reprimir a los movimientos sociales?" (Gerardo Morales)

10. "Es verdad que Ucrania nos dio algo de trabajo, pero Alemania, Francia, España, Italia y Gran Bretaña se derrotaron solas, sin que nosotros tuviéramos que disparar un solo tiro." (Vladimir Putin)

11. "Comprendo las críticas de los republicanos porque dicen que estoy senil, pero aun así no sé quienes son esos De La Rúa, Tinelli y el oso Arturo de los que me hablan todo el tiempo." (Joseph Biden)

12. "No entiendo por qué todos asocian la guillotina que llevaron a Plaza de Mayo conmigo." (Eduardo Duhalde

13. "La protesta de hoy es en reclamo por reglas claras y estables, por ejemplo 20 o 30 años seguidos de gobiernos que nos gusten a nosotros." (Daniel Pelegrina)

14. "Lo que muchos no valoran es que prometiendo no subir las retenciones conseguimos que el lock out del campo fuera por un solo día, y no por tiempo indeterminado." (Julián Domínguez)

15. "¿Me creerían si les digo que fui engañado por un pasante de Stiglitz?" (Alberto Fernández)

16. "No participé de la marcha piquetera contra el gobierno, pasaba por ahí, pensé que era una feria de la economía popular y me paré a mirar los puestos." (Fernando Navarro)

17. "Si renunciara ni loco volvería a vivir a la Argentina, ni con la jubilación de Papa podría bancarme el alquiler." (Jorge Bergoglio)

18. "Viendo lo que está pasando con la inflación, asumo que en mis tiempos me equivoqué negociando con los empresarios con un revólver sobre la mesa: debí haber puesto un AK 47." (Guillermo Moreno)

19. "Cristina cree que la gente es idiota, y esa idea se me ocurrió a mí primero." (Jorge Lanata)

20. "Se ve que aquello de "Si la tocan a Cristina, que quilombo se va a armar" era una promo limitada." (Cristina Kirchner)

21. "No tengo nada que ver con lo de Castells en el Coto de Rosario." (Eduardo Duhalde)

22. "Es tremendo lo que cuenta Cristina de lo que está pasando en la justicia, alguien debería hacer algo al respecto." (Martín Soria)

23. "Si bien es cierto que faltan dólares, no es cierto que hayamos mandado gente a buscarlos al basural de Las Parejas." (Miguel Pesce)

24. "Mañana estamos convocando a conferencia de prensa para anunciar que estamos estudiando medidas que en algún momento anunciaremos por otra conferencia de prensa." (Gabriela Cerrutti)

25. "A este paso vamos a perder una de las más arraigadas tradiciones nacionales, que es que los saqueos a los supermercados son en diciembre." (Eduardo Duhalde)

26. "No entiendo tanto escándalo por el sorteo del vibrador, si hay algo que la gente necesita en tiempos de crisis, es que se la consuele." (Gabriela Cerrutti)

27. "La única forma de bajar la inflación es reduciendo drásticamente el gasto público, hasta que solo se gaste en comprar caños de acero y construir gasoductos." (Paolo Rocca)

28. "Que suerte que para seguir recibiendo los subsidios del Plan Gas no tuve que hace ningún trámite por internet, porque es un lío." (Eduardo Eurnekián)

29. "Es insólito que esta chica Batakis haya durado tan poco como ministra de Economía." (Ricardo López Murphy)

30. "Si pide una audiencia el ministro de Economía de la Argentina asegúrense que el que venga sea el mismo que la pidió." (Krystalina Georgieva)

31. "Es increíble lo que han desordenado la economía desde que yo dejé el cargo." (Martín Guzmán)

sábado, 30 de julio de 2022

TWEETS POLÉMICOS

 

viernes, 29 de julio de 2022

¿ÉSTE ES UN TRABAJO PARA SUPERMASSA?

 


jueves, 28 de julio de 2022

TWEETS POLÉMICOS

 

miércoles, 27 de julio de 2022

LIQUIDACIÓN POR CIERRE

 

Hemos dicho antes acá que carece de sentido actual reeditar la disputa teórica en torno al comportamiento del "campo", sus dirigentes sus entidades, su incidencia en el precio internos de los alimentos, su poder de fuego en la generación de divisas -y por ende en la pulseada por el tipo de cambio- y las características del modelo de desarrollo.

Ese debate se dio con creces en aquellos días del 2008, y entonces -y hoy- ellos ganaron: sería un caso de "tiene razón, pero marche preso". Está claro que la levantan con pala (aunque vivan llorando miseria), tanto como que el país y su gente les importan un choto (aunque digan que su lema es "cultivar el suelo es servir a la patria, y marchen en los tractorazos con la bandera argentina; como está claro que sus dólares son cruciales, y no están dispuestos a entregarlos.

La disputa entonces no es teórica, sino de poder, crudo y duro; y el poder se ejerce, o se pierde. Ellos tienen el poder: el de los dólares, el de los medios que juegan a su favor, el de los jueces y el de buena parte de la dirigencia política -de la oposición, pero también del oficialismo (hasta tienen su propio ministro en el gabinete nacional, en la persona de Julián Domínguez)- que los apoya explícitamente, o no se les anima; por miedo a perder votos o vaya uno a saber por qué. 

Incluidos dentro de éstos últimos el propio presidente, al que le acaban de torcer el brazo con esto del bono linkeado al dólar (por lo cual algunos hablan de un "dólar soja"), apenas cinco minutos después de que, en otro encendido discurso de barricada, dijera que no se lo iban a torcer. Es imposible pensar en una forma más brutal de descomponer su propia autoridad. 

Las consecuencias de esa disputa de poder -que venimos perdiendo por goleada- no son imprevisibles: si no se retoman el ejercicio del poder y la autoridad, su licuación será irreversible, y quizás definitiva. En términos electorales para el FDT el año que viene, e incluso en términos institucionales, antes. El que avisa no es traidor.

Ahora bien, nadie acá está pidiendo reponer la vigencia de la Constitución del 49' que nacionalizaba el comercio exterior, ni volver a crear el IAPI, ni impulsar la reforma agraria o desalambrar los campos y salir a quemar silos bolsas. Casi que ya ni se nos ocurre plantear que se suban las retenciones -porque desde el gobierno se la pasan diciendo que no lo harán-, o que se impulse en el Congreso el gravamen a las rentas inesperadas, del que ya nadie habla aunque fue anunciado en público por Alberto y Guzmán, pero nunca llegó a tener estado parlamentario.

Bastaría -en la actual coyuntura, y siempre- con dejar sin efecto el Decreto 893/17 de Macri que desreguló el mercado cambiario en lo que hace a la liquidación de divisas provenientes de las exportaciones, poniéndoles un plazo  los exportadores para hacerlo, bajo el apercibimiento de excluirlos de los registros para seguir exportando, si no lo hicieran.

Bastaría incluso una comunicación a esos fines del Banco Central, en uso de las facultades que le confiere el artículo 29 inciso d) de su Carta Orgánica para "Dictar las normas reglamentarias del régimen de cambios y ejercer la fiscalización que su cumplimiento exija", y un decreto del PE fundado en el Código Aduanero. Simple y corta la bocha, sin "dólares soja", ni bonos dolarizados, ni devaluaciones encubiertas.

De hecho, a los pocos días de haber asumido Alberto su cargo (el 29 de diciembre de 2019), dictó el DNU 91, por el cual estableció que "...el contravalor de la exportación de bienes y servicios deberá ingresarse al país en divisas y/o negociarse en el mercado de cambios en las condiciones y plazos que establezca el Banco Central de la República Argentina.". Transcurridas ya las dos terceras partes del gobierno, ése plazo nunca fue fijado, ni por el Cetral, ni por nadie. 

Y si alguno interpretase que es necesaria una ley a esos fines, en éstas circunstancias están más que acreditados los supuestos para que el presidente dicte un DNU, que conforme al procedimiento establecido por la Ley 26122 entraría en vigencia con su solo dictado, y podría ser ratificado por el Congreso con el voto favorable de una sola de las Cámaras, por ejemplo el Senado. Pero como dijimos más arriba: se trata de una disputa de poder, y el poder requiere la voluntad de ejercerlo.

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martes, 26 de julio de 2022

RETRATO DE UNA INSOLENCIA

 

Por Belén Degrossi

Si Evita hubo, hay y habrá una sola, entonces... ¿Por qué la vemos en todos lados?

Es muy difícil escribir sobre Evita sin caer en el inevitable relato lacrimógeno que nos ha perseguido durante las últimas siete décadas. Sobre Eva, sobre su cuerpo, su figura, su voz, sus palabras, se cierne siempre el manto de la entrega y el sacrificio, de su prematura muerte, de las vejaciones, del “Viva el cáncer”. No sorprende que en un país que elige recordar a sus próceres en el día de sus fallecimientos y no en las fechas relativas a sus más grandes victorias, a Eva Perón la recuperemos siempre en los aniversarios de su muerte. Pienso en la mediocridad mental, en la nula capacidad de análisis de los miles de insulsos que celebraron la muerte de Eva como si acaso su partida física hubiera sido suficiente para enterrarla, también, políticamente. Pienso en Eva, muriendo a los 33 años. Pienso en que tengo 31. Entonces elijo no pensar más.

De Evita podría decir muchas cosas y todas estarán teñidas por el relato dulce intergeneracional, por esos cuentos de abuelas a nietas, por las fotos devenidas en estampitas a las que se les prenden velas y se les reza. Evita reposa, en las casas peronistas, en heladeras y termos, en remeras y tatuajes, en un portarretratos que la ubica entre Jesús, María y algún santo pagano. Eva es, a fin de cuentas, la abanderada de los humildes. Si a San Cayetano se le pide laburo, así en abstracto y sin muchos detalles, a Evita se le piden aquellas cosas mundanas pero necesarias a las que aspira todo el pueblo descamisado. Zapatillas para los pibes, el pase a planta de alguna nieta, el resultado favorable en alguna elección, que desaparezca la mancha de humedad de la pared, que a un hermano le salga el PROCREAR, que no se termine nunca la fiesta de la Democracia. A Eva, terrenal y santa, pulcra y entre la gente, le pedimos lo que no nos atrevemos a pedirle al resto. Ni siquiera, a veces, a nuestros propios dirigentes, a quienes tememos incomodar con nuestros reclamos. Se le susurra el rezo, a Eva, como si acaso la proscripción no se hubiera terminado nunca. Se le susurra y se traza así un diálogo inédito, cercano a la amistad. El grito, el aplauso, el estruendo viene después, en alguna plaza repleta, cuando la marea compañera la nombra. Pero en la intimidad, a Eva se la trata con dulzura y con respeto. Como nunca la tratarán los que la odian.

Me costó mucho encontrarme con mi propia Eva. Creo que a todas nos pasa. Y uso el femenino genérico porque es innegable que a las muchachas peronistas la figura de Evita nos interpela distinto. Creo que no entendí a Eva hasta que no vi a Cristina. Hasta entonces, la primera se me representaba como un cúmulo de historias de Ciudades de los Niños y trenes que repartían juguetes, más parecida a Grecia Colmenares protagonizando Chiquititas que a una mujer trabajadora que llegó a protagonizar el momento fundacional de la historia argentina del siglo XX. Eva llegó y abrió la puerta para todas. Militó el derecho al voto, a la participación política, a la organización de las mujeres trabajadoras domésticas, a la valorización de esas tareas. Fue mucho más que la mujer que renunció a una candidatura. Mucho más que la señorita que se peleaba con las feministas de la época y las damas de beneficencia. Mucho más, sobre todo, que la figura santa y descarnada en la que la convirtieron después de su muerte.

Entendí a Eva cuando Cristina llegó porque en ese diálogo entre ellas existe otro horizonte posible: el nuestro. La historia que coloca a Eva en un pedestal, que la santifica y la considera única e irrepetible, que la aleja de las cabecitas negras y las muchachas de su Patria no es otra cosa más que una forma disimulada de disciplinarnos. A Eva se le reza con amor y devoción y se le devuelve con trabajo y militancia. Si Eva es santa, si es Santa Evita, es irrepetible. Se torna inadmisible para el resto, para las nuevas muchachas peronistas, aspirar a convertirse en ella. Si Eva, si Santa Evita, hubo una sola… nos condena a mirarla desde lejos.

El problema no es que Eva haya muerto: para propios y ajenos, el problema es que Evita todavía vive. No hace falta siquiera trazar conjeturas o escenarios contrafácticos. No hablo del eterno intento de quienes dicen amarla, de pensarla y proyectarla en nuestro presente, su futuro. ¿Por qué preguntarnos “qué haría Eva si viviera”? Rompería las pelotas. Eso haría Eva. Su lugar no se ha movido ni un ápice. Reposa y sobrevuela en todas las discusiones, se mantiene vigente, respira y se anida en la cabecita de cada piba que de pronto un día, en silencio y en secreto, siente el fueguito de la militancia calentándole el pecho. Jugamos a ser Evita cuando se nos da un poco de poder. Jugamos también a ser Cristina. Impostamos la voz, movemos las manos, nos inflamos el pecho como se lo inflaron antes esas mujeres que quisieron imponerse por sobre los modos, los prejuicios, lo establecido.

Encontrarse con la Eva propia es un camino de ida. Camino que en lo personal me llevó a encontrarme en ella, a verme en esa foto en blanco y negro que a veces nos resulta esquiva para usarla de espejo. La Eva doliente del final, la Eva enojada con todos los medios, esconden a la Eva con la que más podemos empatizar: la que disfrutaba de la política, del rosqueo, del trabajo militante. Si Favio nos hizo entender que no se puede ser feliz en soledad, Evita nos mostró que se puede ser feliz en ese barro confuso y trabajoso de la militancia. Que nos podemos apropiar de ese terreno. Que en la organización reside la magia de todo proyecto: la de encontrarnos dentro de un espacio colectivo sin perdernos a nosotros mismos. Eva hizo todo lo que hizo en poco tiempo, sin experiencia, a fuerza de convicciones y voluntad y con una sonrisa en el rostro. No hay foto que así no lo demuestre. Eva con unos mineros, Eva entregando autitos, Eva en una reunión de la CGT, Eva entre las enfermeras, Eva frente a un micrófono, Eva bajando de un avión, Eva junto a Perón. Vestida de Dior o en pantalones de entrecasa, en misión diplomática o de paseo, siempre se la ve disfrutando. Es la cara de alguien que encontró en la marea su lugar en el mundo. Es el rostro del placer. Contagia, convoca, propaga. Te dan ganas de ir a cualquier lugar al que Eva va. Te da ganas de correr a la par de su tren. Te da ganas de hacer de tu voz una propaladora, de tu cocina una unidad básica.

Eva es más fácil de leer que los pensadores académicos y los filósofos contemporáneos a su tiempo. Más fácil de escuchar, de entender, que el mismísimo General. Más fácil de interpretar que un TikTok de un minuto que quiere explicarte la próxima gran verdad del universo. Evita comparte sus grandes verdades con el lenguaje amable del pueblo trabajador y la severidad de esa maestra de la escuela a la que siempre recordás con cariño. Y Evita jamás, nunca, trató a sus cabecitas negras de idiotas. Nunca les bajó el mensaje. Jamás les acomodó el tono.

Todo eso pasó años antes de que nacieran los gurús y vendehumos, nutridos a focus groups, que le enseñan ahora a la clase política de turno algo que ellos creen que inventaron.

Siete décadas después Evita lastima porque no se muere más. No la matan ni los ríos de tinta gorilas ni una película de Madonna. No la matan ni los que se robaron su cadáver ni los que agitaron las teorías conspirativas más irrisorias. No la matan los que se dicen, se dijeron y se dirán peronistas e intentarán igual minimizarla, transformarla en el perro faldero de Perón, quitarle peso a su nombre. No la matan los que la llevan en una bandera, en un bombo o en una canción para dejarla ahí, inerte, sin hacer de ella otra cosa que no sea una figurita para coleccionar.

No la matan porque cada vez que una piba se acomoda en la silla en una escuela y levanta una mano para preguntar algo, para ser irreverente, para plantarse frente lo que cree injusto, la revive. Y no se puede matar algo que nunca ha de morir.

(El original acá, en la revista Pausa) 

TWEETS POLÉMICOS

 

70 AÑOS DE INMORTALIDAD

Se cumplen hoy 70 años de que Eva cumpliera su promesa: dejó su vida, más que jirones de ella, por nosotros.

Los que estamos en deuda somos nosotros, que seguimos sin tomar su nombre y llevarlo como bandera a la victoria.

lunes, 25 de julio de 2022

HELICÓPTEROS

 

Al calor de la crisis financiera y la suba de los dólares financieros y "bleu",  se escucha y se lee -con total naturalidad- hablar de renuncias y elecciones anticipadas, y una mediocre historiadora cuyo gorilismo fue premiado con una banca de diputada por "Juntos por el Cambio" verbaliza el deseo de que todo termine de estallar por los aires, para que el peronismo quede sepultado luego de conducir al país a una crisis terminal.

Pulsiones gorilas aparte, lo que está sucediendo es muy claro, y bien lo explica acá Guillermo Wierzba en "El Cohete a la Luna": el fracaso estrepitoso del modelo "consensualista" encarnado por Alberto Fernández, para gestionar las relaciones de la política y el Estado con las distintas fracciones del capital concentrado, para garantizar -en teoría- la gobernabilidad.

Modelo que -a fuer de ser sinceros- fue en parte "comprado" por Cristina al elegir a Alberto como candidato en 2019, precisamente por sus puntos de contacto con el círculo rojo: como diría Tu Sam, puede fallar. Desde 2020 estamos viendo la verbalización de su arrepentimiento, mientras asistimos al fracaso de la experiencia.

Cualquier lectura más o menos profunda de nuestro devenir histórico post dictadura revelará que nuestra democracia nació débil frente a los poderes corporativas, en perpetua transición y frágil construcción, y no ha sido mucho lo que ha hecho la política para fortalecerla para dar en mejores condiciones esa disputa, desde 1983. Más bien la regla fue que esos poderes no electos se fortalecieron con cada crisis -que por eso provocan y fogonean-, mientras el Estado, las instituciones y los mismos poderes formales electos por el voto popular deben dejar en el camino jirones de su legitimidad de origen, para calmar a las bestias ofrendándoles sacrificios que nunca son suficientes, ni siquiera a los fines de sostener la gobernabilidad.

Lo que estamos viendo estos días no es sino otro capítulo más de la misma saga, en torno al precio del dólar ("el" precio de nuestra economía, que disciplina al resto de los precios) y la forma como se reparten socialmente los costos y los beneficios que genera el contexto internacional. Claro que el modo como se salda esa disputa (es decir, quienes ganan y quienes pierden en ella) no es igual no solo en términos sociales, sino hasta institucionales: en democracias frágiles como las latinoamericanas, las crisis económicas no tardan mucho en convertirse en crisis institucionales.

Que al relato antiperonista le convenga -a modo de módico consuelo- sostener que Alfonsín y De La Rúa no pudieron concluir sus gobiernos por conjuras golpistas orquestadas desde el peronismo no convierte a esa visión en la verdad de los hechos históricos: en ambos casos, el antiperonismo fue eyectado del poder por las mismas fuerzas sociales y políticas cuyos intereses tutela en forma permanente, y más acentuada desde entonces, como si hubieran aprendido la lección de lo que deben hacer para perdurar.

Prueba de su autoindulgencia revisionista, es que también eligen olvidar lo que ocurrió en el final del gobierno de Macri, cuando el fracaso de otro experimento neoliberal era ya inocultable: tras su derrota por 15 puntos en las PASO presidenciales, el ex presidente decidió forzar una devaluación para castigar a los argentinos "por votar mal", y ya fuera del gobierno, declaró que su mandato terminó, en términos estrictamente económico, en agosto de ese año, o sea cuatro meses antes de lo establecido por la Constitución; para endosarle al peronismo y sus votantes las consecuencias de su decisión. 

El plan "consesualista" de Alberto para garantizar la gobernabilidad fracasó, como fracasó la estrategia "fiscalista" de Guzmán para calmar a los mercados, estabilizar la economía, bajar el riesgo país y sostener el precio de los bonos, por las mismas razones: cuando el poder real huele sangre y debilidad del poder político, siempre va a redoblar la apuesta, e irá por más; porque sabe que a la corta o a la larga, lo puede obtener.

De modo que la única forma de garantizar la gobernabilidad hasta el final -en tiempo y forma- del mandato de Alberto Fernández es tirar por la borda el plan político seguido hasta acá, haciendo lo que hicieron las únicas experiencias exitosas de sostenimiento de esa gobernabilidad, por otras vías, desde 1983 para acá. Que fueron los gobiernos de Néstor y Cristina, en contextos bien diferentes, claro.

Porque si alguien dijera -y tendría razón- que Néstor tuvo la suerte de andar de picos pardos con Clarín y no sufrir sus embates, mientras disfrutaba del margen de maniobra que daba una sociedad que quería ser gobernaba después del desastre de la Alianza y la implosión de la convertibilidad, habría que matizar la afirmación diciendo que también tuvo la virtud de decidir que la crisis no la pagarían los mismos de siempre, y sostenerla. De allí nacieron la pesificación de las tarifas y la política de subsidios que ahora se quiere desmantelar, y el canje de deuda con quita sustancial del capital, y prolongación de los plazos de pago, ésta última viga maestra del despegue económico posterior.

Ya para Cristina no hubo luna de miel alguna: a los tres meses de haber asumido, los mismos sectores que hoy especulan con una devaluación incluso al precio de voltear al gobierno, cortaban rutas en contra de las retenciones móviles, apostando a su renuncia anticipada y a la entronización del vice traidor en el sillón de Rivadavia. De allí en más y hasta diciembre de 2015, debió gobernar ocho años en medio de embates de todo tipo, que ni siquiera cesaron cuando se consagró reelecta con el 54 % de los votos en el 2011.

Y sin embargo, cuando debió dejar el poder -un día antes, por un insólito mandato judicial- no se fue en helicóptero como muchos ansiaban, y dejó un país creciendo, con los salarios más altos de América Latina y desendeudado. Datos, no opinión.

Habrá que ver si el presidente aprende las lecciones de la historia, y deja a un lado su ego para asumir que su lectura de la experiencia kirchnerista cuando él se bajó de ella, fue tan errada como la que hizo del modo en el que podía gobernar el país, después del desastre macrista. Su suerte y la de todos se juega en eso.  

domingo, 24 de julio de 2022

TWEETS POLÉMICOS