lunes, 22 de mayo de 2017

¿EN EL PERONISMO TODOS QUIEREN GANARLE A MACRI?


Contra lo que suele nuestra costumbre habitual de no incursionar en otros distritos, nos metemos en la elección bonaerense porque es la única que en el panorama actual tiene la virtualidad de convertirse en un ensayo de elección nacional, por su volumen electoral y por los protagonistas que jugarán directa o indirectamente allí (Macri, Vidal, Scioli, CFK, Massa,).

Y en el caso del peronismo, porque queda claro que los tironeos previos al cierre de listas y la delimitación del espacio (con lo que quede adentro y afuera) son también un ensayo general de las internas de cara al 2019; tanto que pareciera que algunos ven las elecciones de ésta año más como una disputa por el liderazgo interno de cara al futuro, que como una posibilidad concreta de ponerle freno electoral al programa de Macri.

A esta altura de los acontecimientos queda más que claro que en la discusión en torno a la candidatura (aun no anunciada por ella misma, como debe ser) de Cristina pareciera que hay muchos dirigentes del peronismo que prefieren perder con Macri éste año (no pocos de los mismos que acusaban de eso a CFK en el 2015), antes de que la que gane sea ella, y reclame conducir el espacio de cara al próximo turno presidencial.

Hasta donde se sabe y en público (porque si vamos a comprar operaciones armadas a través de los medios sería cuestión de nunca acabar) Cristina no le puso bolilla negra a nadie, y por el contrario cada vez que pudo llamó a la más amplia unidad para enfrentar a “Cambiemos”.

Sin embargo el gesto no tuvo reciprocidad: abundan los que quieren jubilarla, sea que lo digan de frente manteca (como Urtubey, Bossio, o Pichetto), sea que propongan “sacarla para protegerla” y que no juegue en ésta (el Chino Navarro), o que hablen de la necesidad de una “renovación” que todavía no se sabe muy bien en que consiste (Abal Medina, Randazzo), pero que se intuye que consiste esencialmente en correrla a Cristina. Con sus mas y sus menos, todas versiones remixadas del “hay que estar contra Perón, para salvar a Perón y el peronismo” de Vandor; pero adaptado al kirchnerismo.

Subyace en todos esos planteos el reciclado de una idea que se reveló errónea ya en el 2015, cuando se decía que “los votos son del espacio”, restándole importancia a la encarnación concreta de las propuestas políticas en las candidaturas elegidas, con los resultados conocidos; y sin que esto se entienda como un intento de explicación mono-causal de la derrota: nada más lejos de nuestra opinión.

Una derrota tras la cual muchos en el peronismo (incluyendo al sindicalismo nucleado en la CGT) empezaron a moverse en base a una certeza: como consecuencia del resultado el kirchnerismo implosionaría, y CFK pasaría al recuerdo, agobiada por la persecución judicial que la obligaba a recorrer juzgados en infinidad de causas.

Basta sondear un poco la base electoral del FPV/PJ para advertir que ese supuesto se reveló falso, y por eso han fracasado hasta acá los intentos de construir el “post kirchnerismo”; sean los ensayados por los que quieren dar por clausurado el ciclo K como una “anomalía” que no debe volver a repetirse para retornar a un “peronismo racional” que aporte a la gobernabilidad (Pichetto, la mayoría del bloque del Senado y los gobernadores, la CGT), sea que se le baje el precio a la valoración de la experiencia kirchnerista; caracterizándola como un proceso insuficiente que se quedó a mitad de camino por no encarar reformas estructurales más profundas (el “segundo tomo” de Taiana y el Movimiento Evita).

Con los hechos a la vista queda claro que -sin juzgar moralmente las intenciones de nadie, que no es eso territorio del análisis político- se tomaron decisiones estrictamente pragmáticas sobre la base de un supuesto que se revelaría falso, y luego se las intentó justificar teóricamente, con argumentos más o menos ingeniosos; como el de la “funcionalidad” de la candidatura de Cristina a los planes del macrismo.

Como si con otros candidatos el gobierno (que no tiene resultados de gestión para exhibir) no va a intentar desarrollar una campaña electoral cruzada por clivajes políticos y no económicos, o como si llevando de candidatos a ex jefes de gabinete, ministros o legisladores prominentes del kirchnerismo (Alberto Fernández, Randazzo, Julián Domínguez) el aparato duranbarbista va a desperdiciar la oportunidad de discutir el pasado, en lugar de hablar del presente. El razonamiento es lindero con el pensamiento mágico.

Mientras Macri avanzaba a paso decidido destrozando el país y la “pesada herencia recibida” con sus políticas, y Cristina era acosada por el grupo de tareas de Comodoro Py, unos aportaban desde el Congreso y las gobernaciones provinciales a la consolidación de políticas imprescindibles para que causara esos destrozos (arreglo con los fondos buitres, blanqueo de capitales, endeudamiento, levantamiento del “cepo”, desguace del fondo de ANSES, “participación pública-privada”, integración de la Corte, designación de Sturzenegger en el Banco Central); y otros se ofrecían para gerenciar la pobreza y el inevitable costo social del modelo (la CGT, el Evita), negociando con el gobierno roles, espacios y recursos para eso.

Mientras otros (como Randazzo) preferían mantenerse al margen de todo y en silencio, sea por miedo a los carpetazos (que sufrió hasta un incombustible como Scioli, apenas ensayó críticas al gobierno), sea por la especulación de que fuera Cristina y los que salieron a enfrentar al gobierno desde el principio los que absorbieran las descargas más fulminantes, las que lanzaba un gobierno recién asumido y aun no desgastado por los fracasos de gestión. 

Otra vez: sin reproches “morales”, sino con necesarios señalamientos políticos para entender el contexto en el que se dieron las cosas, y para que nadie se sorprenda si se constata que Cristina conserva vigencia y potencia electoral en la base social del peronismo.

La necesidad de una autocrítica (de la gestión de gobierno y de la conducción de la campaña electoral presidencial), la discusión sobre una mayor horizontalidad o verticalismo en la toma de decisiones (empezando sobre todo por las candidaturas), el nuevo mapa de poder del peronismo (forzosa y necesariamente distinto al de los años kirchneristas) son cuestiones ciertas que deben abordarse. Pero nada de eso quita que no se puede pasar directo al postre, sin haber comido el plato principal: articular cuanto antes posible una estrategia política capaz de frenar a Macri en las elecciones de éste año; para evitar que profundice el destrozo social, económico y político que está ejecutando.

Y para lograr ese objetivo (primordial, en tanto más cercano y condición de posibilidad de todos los demás) es menester armar una oferta electoral competitiva, lo cual incluye por cierto que todos (recalcamos: todos) asuman que hay figuras y dirigentes que son piantavotos, más allá de la simpatía que puedan despertarle a cada uno. 

En ese trace y dando por sentado que todas las ambiciones personales son legítimas (en tanto sumen al conjunto, y no se conviertan en una hoguera de vanidades, como bien precisó Máximo Kirchner), no deja de ser positivo que Randazzo juegue por adentro, y le succione dirigentes al massismo. Habrá que ver si además logra succionarle votos, y recordar que si se pide competir en las PASO, hay que aceptar los resultados y ponerle el cuerpo a la campaña del espacio en el que se participa hasta el final, aunque uno no gane.

Sin embargo, más relevante aun para el análisis es la cuestión de que ese armado competitivo no puede excluir a Cristina (como candidata si así lo decide y nos parece a nosotros que es imprescindible, o apoyando a los candidatos, o protagonizando la campaña), por la simple y sencilla razón de que es -por lejos- la dirigente con mayor volumen electoral de la oposición en su conjunto: excediendo ya largamente al peronismo o al dispositivo político que gobernó hasta diciembre del 2015: la vigencia de Cristina es signo no solo de la falta de liderazgos alternativos en el PJ, sino del ocaso progresivo e indisimulable de la ancha avenida del medio de Massa.

Y lo es tanto por contraste de su gestión de gobierno (con todos sus aciertos y errores puestos en la balanza) con la actual, como porque no se la puede asociar con condescendencia o apoyo a ninguna de las medidas que tomó el gobierno de Macri desde que asumió, con efectos desastrosos para el empleo, la producción, los derechos, el salario y el consumo de los argentinos.

El “después” (el 2019, el liderazgo futuro del peronismo, las candidaturas presidenciales para entonces) están hoy por hoy tan lejos en el nivel de urgencias como está cualquiera de los que quiere condicionar o jubilar a Cristina de su estatura política, su volumen electoral y su ascendiente sobre la base electoral del FPV/PJ. De Cristina, enfatizamos: nadie está planteando acá que compren el kirchnerismo completo por bulto cerrado.

El sueño de algunos que vivieron toda su vida colgados de las listas del FPV para llegar adonde llegaron de ganarle a Macri sin Cristina para luego dar vuelta la página del kirchnerismo y de CFK apoyados en “votos propios”, puede volvérseles rápidamente una pesadilla cuando comprueben que muchas veces en política -como decía Calderón de La Barca- los sueños, sueños son. Así como es razonable tomar prevenciones de antemano con ciertos “piantavotos” no hay margen para experimentos que terminen confirmando las sospechas de que se nos escaparon otros; y solo los descubrimos (o confirmamos las sospechas previas) al abrirse las urnas

Cuanto más rápido metabolice estas cuestiones buena parte de la dirigencia del peronismo que parece no estar dispuesta a hacerlo, mejores serán las chances de construir una alternativa opositora eficaz. Eso si realmente quieren ganar, o a menos que no quieran y busquen su lugar al sol de una larga pax macrista, como pasa acá en Santa Fe con buena parte del peronismo provincial en relación al socialismo, desde el 2007.

7 comentarios:

  1. en de mientras...
    http://infobaires24.com.ar/la-banda-la-rosada/

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  2. Axel Kichillof tambien lo dijo. Evaluar al Macrismo,,,no a Cristina...
    x lo tanto esta pidiendo q no se presente.
    Rodo

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  3. Dos precisiones, una a Rodó, Axel aclaró que ese es el deseo del multimierdos, la siguiente a los kumpas de la Corriente, a Taiana yo lo escuché luego que los autocríticos de Cristina gordos del Evita, entre los que está Abal Medina, decir que no estaba de acuerdo con las decisiones tomadas, discutía el apoyo a Randazo.
    Nunca menos y abrazos

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  4. Coni (but not Cherep)22 de mayo de 2017, 12:22

    "Y para lograr ese objetivo (primordial, en tanto más cercano y condición de posibilidad de todos los demás) es menester armar una oferta electoral competitiva, lo cual incluye por cierto que todos (recalcamos: todos) asuman que hay figuras y dirigentes que son piantavotos, más allá de la simpatía que puedan despertarle a cada uno."

    ¿Se refieren a Agustín Rossi?

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  5. Abal medina ya dijo q como las paso son abiertas piensan ganar con votos prestado de lo peor del gorilismo para cagar a cfk, y despues ganar la general con los votos de cfk q obvio no se van a ir a massa o a los troskos. Por eso el flaco se calla y los otros salen a boquear con es ambivalencia, necesita pescar en lugares muuuy distintos y q mejor q no decir nada. La verda q si en frente estuviese binner o pino yo entenderia semejante insustancialidad pero no, esta macri. Y no me cierra esto de q tan mal estamos q para renovarnos necesitamos: 1 cagar a nuestra principal referente (indiscutible) 2 pedir votos prestados a lo peor del gorilismo antik ( como si fuesemos ese ex partidito popular q ya no tiene gravitaciom propia) y 3 plantear una frontera interna con el conceptito pedorro de "peronismo racional" (q da entender q nosotros somos irracionales(?) la division por su puesto es una idiotes, pero ademas parece mentira q venga de un sector q reivindica a evita, q si llega a escuchar eso de peronismo racional garante de gobernabilidad del queseyo arranca a los tiros.

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  6. Sí Norberto, es así lo de Taiana, pero de inmediato se encuadró o lo encuadraron

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