viernes, 22 de noviembre de 2019

CON RAZÓN PREFERÍAN A CAPRILES


La Constitución de la Provincia de Santa Fe establece en su artículo 72 inciso 8) que el Poder Ejecutivo (o sea, el Gobernador) tiene la iniciativa exclusiva en materia de presentación del presupuesto ante la Legislatura, tal como en el orden nacional la tiene el presidente. Y la razón es muy sencilla: es el poder administrador, el que maneja los recursos y el presupuesto expresa su plan de gobierno; las prioridades de la gestión. O sea lo que lo define como poder, por antonomasia. Por esto también la misma Constitución Provincial le prohíbe a la Legislatura en su artículo 55 inciso 8) aumentar los gastos proyectados por el Poder Ejecutivo, salvo para ejecutar leyes especiales que la misma Legislatura haya aprobado, y siempre que establezca con que recursos.

Cuando estamos en presencia (como ahora) de un cambio de gobierno, se sobreentiende que es al nuevo gobernador al que le corresponde ejercer esa iniciativa, porque son él y su equipo los que van a ejecutar el plan de gobierno plasmado en el presupuesto, y no el gobernador que se va. Estas reglas tan sencillas y que cualquiera puede entender y compartir, fueron groseramente dejadas de lado por Miguel Lifschitz al mandar a la Legislatura el proyecto de presupuesto que será ejecutado durante el primer año de mandato de Omar Perotti; al que el Senado provincial le acaba de dar media sanción en trámite express, sin despacho de comisiones ni análisis alguno.

A este absurdo político, que ha tensionado al extremo la transición política en la provincia por culpa exclusiva de la fuerza gobernante y el propio Lifschitz, que no han metabolizado aun que perdieron las elecciones y ya no serán gobierno, hay que sumarle el absurdo técnico y económico que representa el proyecto de presupuesto que tomó estado legislativo el miércoles; un burdo intento por sabotear de antemano la gestión provincial del peronismo, y sostener “quioscos” variados montados por el socialismo a lo largo de 12 años de gobierno.

Para empezar y como lo dice el propio mensaje firmado por Lifschitz que acompaña al proyecto, está formulado en base a las proyecciones macroeconómicas del proyecto de presupuesto nacional mandado por Macri al Congreso, en otro gesto de alienación de la realidad política y electoral comparable al del socialismo en Santa Fe. O sea que Lifschitz comparte con Macri dos cosas: el hijoputismo político de pretender armarle el presupuesto a su sucesor, y el análisis sobre la evolución futura de la economía nacional.

Si políticamente que Lifschitz le quiera armar el presupuesto a Perotti es un absurdo, ni hablemos si entramos a analizar las cifras del proyecto de presupuesto, y su distribución hasta donde se puede conocer hoy. Así por ejemplo con un déficit acumulado al 30 de septiembre de éste año (último dato disponible) de más de 11.000 millones de pesos, el socialismo plantea para el año que viene (cuando, reiteramos, ya no será gobierno) un superávit de 3118 millones de pesos, en un presupuesto que contempla gastos por un total de 411.816 millones de pesos. Recordemos que si algo ha caracterizado los cálculos de ésta gente en 12 años de gobierno, no ha sido la precisión, justamente.

Pero en éste caso logran llegar al supuesto superávit incluyendo como recursos 10.000 millones de pesos a ingresar por el pago del juicio que la provincia le ganó a la nación por los fondos que iban a la ANSES, basados en supuestas declaraciones de Alberto Fernández y el propio Perotti: el socialismo les traslada así la responsabilidad por su incapacidad de no haber podido cobrar esa deuda durante cuatro años de parte del macrismo, aun habiendo adherido al blanqueo de capitales, el pago a los fondos buitres, la “reparación histórica a los jubilados” y el pacto fiscal, con esa excusa; y la del financiamiento del déficit de la Caja de Jubilaciones y Pensiones de la provincia: dicho sea de paso, el mensaje nos cuenta que vaya uno a saber de donde, surgirán también miles de millones de pesos del Estado nacional que llegarán a la provincia por esa vía, los que no se cuantifican en el mensaje, pero si se dice que forman parte de los recursos estimados en el recurso de presupuesto, y asó dibujan el superávit.

El otro “cuento socialista” es plantear una inversión en gastos de capital para el año que viene del orden de los 62.000 millones de pesos (más o menos un 15 % del presupuesto), de los cuáles más de 42.000 millones serían estrictamente en obra pública: al mismo 30 de septiembre pasado (reiteramos, último dato disponible) lo ejecutado en ese rubro éste año (año electoral, con voracidad del gobierno por cortar cintas e inaugurar cosas) eran 16.638 millones, sobre un total de 24.194 millones de gastos de capital: o sea, están planteando casi duplicar la inversión de capital y la obra pública (si anualizamos la ejecución de éste año); cuando hay cientos de obras paradas por falta de pago en toda la provincia, suspensiones y despidos de trabajadores de las empresas contratistas por ese motivo, y una bola de nieve de intereses que no para de crecer, por el pago fuera de término de los certificados de obra. Hoy, en Santa Fe, no hace 10 años, en Namibia.

Y lo peor es lo que el proyecto de presupuesto plantea respecto al gasto corriente: con un crecimiento del gasto público provincial interanual del 43,5 %, los gastos corrientes (sueldos del personal estatal, gastos de funcionamiento, transferencias, coparticipación de impuestos a municipios y comunas) crecerían solo un 25 %, sin previsión alguna para atender por ejemplo eventuales aumentos en paritarias. Y ahí empiezan a vérsele las patas a la sota, y la bomba de tiempo que Lifschitz quiere dejarla activada a Perotti, para que le explote en su primer año de gestión.

La maniobra es muy burda: como la ley de responsabilidad fiscal a la que la provjincia adhirió por Ley 12.402 impide usar partidas destinadas a gastos de capital para afrontar gastos corrientes (algo que los gobiernos socialistas se cansaron de violar en estos 12 años en el poder, o de autoindultarse en cada presupuesto), para mediados de año o quizás antes, las partidas del gasto corriente estarían en rojo; y el nuevo gobierno se vería obligado a enviar a la Legislatura una ampliación de partidas que le permita afectar recursos de la obra pública para –por ejemplo– poder pagar los sueldos en tiempo y forma; no hablemos ya de pactar aumentos en las paritarias, quedando así embretado en un dilema de hierro: si lo hace lo acusarían de “frenar la obra pública”, y si no lo hace, de “hacerles pagar el ajuste a los trabajadores estatales santafesinos”.

Eso sin contar con que buena parte del presupuesto del año que viene el socialismo ya la ha comprometido en éste, generando una inmensa deuda flotante con proveedores y contratistas a los que les vienen pedaleando los pagos (muertos que tendrá que levantar Perotti), y lanzando licitaciones de nuevas obras sin financiamiento concreto pero comprometiendo en contratos a la futura administración, porque allí aparece la otra maniobra burda de estos impresentables: que la única obra pública que se ejecute en Santa Fe en el 2020 sea la que inició el socialismo; en muchos casos de dudosa prioridad, y en casi todos, con enormes sobreprecios reconocidos a las empresas contratistas.

Pensemos por un momento si el 5 % de estas agachadas las hiciera un intendente peronista del conurbano que deja el gobierno y será reemplazado por algún “representante de la nueva política”, o un gobernador peronista saliente de alguna provincia del NEA o NOA que debe ser sucedido por alguien de la UCR o cualquier partido anti peronista: ¿cuál sería la reacción en esos casos del “periodismo independiente” y los grandes medios?

Y después están los “quioscos” sostenidos en el proyecto: 3138 millones de pesos en un área de gobierno que desaparece en la nueva ley de ministerios impulsada por Perotti y que ayer mismo votó la Cámara de Diputados (el Ministerio de Gobierno y Reforma del Estado hoy en manos de Pablo Farías) para el “Plan Abre”, con un mecanismo de distribución engorroso igual al del Fondo de Obras Menores, que terminará en el peor de los resultados: al tesoro provincial se le restan recursos, y a los municipios y comunas no les van a llegar, en tiempo y forma. Luego hay casi 3538 millones de pesos del subsidio provincial a los hospitales  municipales rosarinos, en base al convenio firmado por Binner en el 2009 con la Municipalidad (que jamás pasó por la Legislatura en 10 años), que se  venían indexando, aunque Lifschitz acaba de dictar el Decreto 3662 para que la indexación no corra el año que viene: para Mónica Fein sí, para Pablo Javkin no. Ni los presuntos "amigos" se salvan de las forradas.

En el mismo sentido, en el Ministerio de Desarrollo Social se contemplan unos 1736 millones de pesos para el “Programa Nueva Oportunidad”, en el que se han producido éstas últimas semanas una lluvia de designaciones y contratos de militantes y punteros del socialismo, y le hacen lobby a Perotti por los medios para sostenerlo, mientras se mantienen en el mismo monto nominal (1300 millones de pesos) los subsidios al transporte público; siendo que una de las principales promesas de campaña de Perotti fue el boleto educativo gratuito. 

En paralelo, los subsidios de diputados y senadores a través del “Programa de Fortalecimiento Institucional” pasarían de sumar entre ambas Cámaras 452 millones de pesos éste año, a 2400 millones de pesos el año que viene, según el proyecto: más de cinco veces más, el precio de la Banelco que hizo falta para que saliera la ley con el voto de tres senadores del PJ (Traferri, Pirola y Baucero) y un ¿ex PJ? transfugueado en la campaña a candidato del Frente Progresista (Gramajo).

Como diría Niembro, se nota mucho que Lifschitz no se resigna a aceptar que perdió, y quiere seguir gobernando desde la Legislatura. Eso, o ahora se entiende por que en su momento Binner dijo que de haber estado en Venezuela hubiera votado a Capriles: se están preparando para hacerle a Perotti una oposición a la venezolana. Tuit relacionado:  

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