sábado, 15 de febrero de 2014

EL DIÁLOGO, LA PÓCIMA SECRETA DE LA FELICIDAD


Leemos en la página del vicegobernador Henn algunas reflexiones que se publicaran en La Capital de Rosario con el mismo título: "La necesidad del diálogo ante la crisis económica".

Reflexiones cuyo núcleo central bien podrían compartir ampliamente Hermes Binner o Mauricio Macri; porque esta idea de que diálogo (sentarse a una mesa a acordar "los 4 ó 5 temas en los que los argentinos nos tenemos que poner de acuerdo", puede variar la cifra según el enunciador) todo lo puede pertenece al terreno del pensamiento mágico; donde los límites ideológicos que suelen existir en política se terminan borrando, más allá incluso de categorías gaseosas como "progresismo", y donde las fuerzas político-institucionales se mueven en un limbo teórico, en el que juegan solas y no interactúan con otros factores de poder.  

Si en lugar de hablar de diálogo (sin un contexto previo que explique por qué y para qué) se apelara a la unidad de las fuerzas populares para enfrentar los embates de los poderes fácticos que -una vez más- quieren llevarse puesta a la democracia, la cosa podría tener otro color. 

Y siempre que esas fuerzas populares siguiesen siendo tales, fieles a sus orígenes históricos: ni el peronismo travestido en neoliberalismo salvaje de los tiempos menemistas, ni el radicalismo claudicante de los dos últimos gobierno nacionales en los que le tocó administrar el país; que hoy sigue sin intentar siquiera la más mínima autocrítica al respecto. Por lo menos en lo que al peronismo respecta, el kirchnerismo es el intento más serio por retomar el cauce natural de expresión política del movimiento creado por Perón. 

Pero no: en el discurso de Henn (reiteramos: representativo del pensamiento promedio del llamado "progresismo republicano") no hay discusión de la cuestión del poder  (tema central si los hay en el debate político) y se dice explícitamente que la crisis económica del título ha sido "autoinfligida por el gobierno nacional": un notable (y nada inocente) modo de ocultar a los verdaderos y principales responsables.

Porque no se trata de exculpar errores de gestión y de praxis política del kirchnerismo (que los hubo, y muchos), sino de poner las cosas en su contexto: si al gobierno le hubiera interesado devaluar ¿por qué no lo hizo el día después del triunfo de Cristina con el 54 %, cuando contaba con un consenso social mucho más amplio que actualmente?

La ¿ingenuidad? de Henn no ancla exclusivamente en su análisis de la coyuntura, sino que tiene al parecer raíces históricas: enumera cuatro crisis sufridas por el país sufridas en los últimos 40 años (en las que incluye a la actual), y en todos los casos las adjudica a la falta de un diálogo constructivo entre las fuerzas políticas.  

El golpe del 76' fue -según  él- consecuencia de la feroz interna peronista dirimida con violencia y del "Rodrigazo", factores que ciertamente existieron: dicho así, pareciera por un lado transformar el indudable consenso social que rodeó la caída de Isabel en una categoría de análisis autosuficiente para explicar la enésima quiebra del orden constitucional desde 1930; y por el otro, desconocer que la trama del 24 de marzo empezó a tejerse prolijamente (en las FFAA y en sus socios y cómplices civiles) desde el mismo día en que Héctor Cámpora llegó a la Casa Rosada, y los militares eran obligados a ceder el poder.  

Como si un diálogo más amplio entre las fuerzas políticas (cuando Balbín hablaba de poner coto a las "guerrillas fabriles") hubiera bastado para detener lo que se venía: un experimento de reingeniería social que se revelaría después perfectamente planificado en todos sus detalles, desde la represión indiscriminada hasta la reformulación económica, social y productiva del país para volver al pre-peronismo.

Y dicho sea paso, poniendo en perspectiva los cuatro episodios de nuestra historia que Henn menciona en la nota como ejemplos de crisis (el Rodrigazo, los dos gobiernos radicales que terminaron anticipadamente su mandato y la actualidad), sorprende la homologación; que repugna incluso a las propias evidencias estadísticas de cada caso en términos de inflación, desempleo, pobreza, indigencia, márgenes de devaluación, fuga de capitales; por sólo citar las consecuencias económicas de cada uno.

Comparar el momento actual de la economía con el "Rodrigazo" no es, ciertamente, una invención de Henn ni mucho menos: desde Lavagna a Cavallo (a quien corresponde la paternidad intelectual de la idea), pasando por Barrionuevo y Moyano, quien más quien menos apela a la metáfora, en un intento de "isabelizar" a Cristina .

Es sorprendente sin  embargo que lo haga un hombre del radicalismo, apelando de tal modo a una imagen creada por quien saboteara al gobierno de Alfonsín en las vísperas de su caída (fogoneando en el exterior su asfixia financiera ante los organismos internacionales) y fuera convocado por la UCR para rescatar de la crisis al gobierno de la Alianza (en un reconocimiento explícito de que nunca se propuso más que hacer menemismo con prolijidad y pulcritud republicana, luego perdida en ciertos sobres en el Senado), para terminar hundiéndolo definitivamente: ¿padece acaso Henn del síndrome de Estocolomo?

Las crisis que Henn enumera (con sus secuelas de golpes, hiperinflaciones y saqueos) no hicieron sino exponer en toda su magnitud el drama de un país desigual y cada vez más injusto, como consecuencia de las políticas que se eligieron para salir de ellas; y no justamente de la falta de diálogo.

Un país en el cual un sistema político debilitado (aquí sí, por la falta de unidad de las fuerzas populares) no pudo resistir la presión sistemática y creciente de los ganadores de siempre (que provocan y atizan las crisis, porque en la excepcionalidad obtienen beneficios extraordinarios), ni acertó a articular frente a ella respuesta en defensa de los perdedores, que en todas las crisis son siempre los mismos. 

Tan endeble es el planteo de Henn que da como "probable" lo que ha sido y es una constante histórica invariable: "cuando la clase política no logra establecer un diálogo constructivo es muy probable que los sectores económicos que ganaron en esas circunstancias anteriores vuelvan a ganar, y quienes perdieron lo hagan otra vez", dice.  

Cuando se pide -como solución mágica- diálogo, cabe preguntarse sobre que bases podría el gobierno dialogar con una oposición que -prácticamente sin matices- no se aviene a reconocer (al menos discursivamente) que sobre quien gobierna (hoy el kirchnerismo, antes en los otros casos mencionados por Henn también), operan factores extrainstitucionales, con poderes tanto o más consolidados que los de quienes conducen el Estado; y deben someterse a las rutinas democráticas y al escrutinio de la voluntad popular; sin dejar por eso de hacer toda crítica que entiendan legítima respecto a los que entienden como errores de gestión del gobierno.

Una oposición en la que el partido en que milita Henn tiene un rol gravitante (de hehco, la mayor representación institucional), y que estuvo en la vereda de enfrente de todas las medidas tomadas estos años para desandar el camino del neoliberalismo de los 90': cuando se estatizaron los fondos de las AFJP votaron en contra (o sea objetivamente a favor de los negocios de los bancos), al igual que en la recuperación de Aerolíneas Argentinas, en la puja por las retenciones móviles (y aun hoy) se alinearon incondicionalmente con las demandas de las patronales agrarias, en la discusión por democratizar los medios también (o sea a favor de Clarín y los demás multimedios), se opusieron a la designación de directores estatales en las empresas en las que la ANSES tiene participación (es decir estuvieron a favor de Techint), así como a la ley de regulación de los mercados de capitales (embanderándose también allí con Techint, Clarín y La Nación); y a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, defendiendo la idea cavallo-menemista de la "autonomía"; o cuando la disputa por el embargo de la fragata hicieron una colecta para pagarles a los fondos buitres. 

Una oposición que al enumerar las causas de la inflación, se remite a la credibilidad de los índices del INDEC (por cierto: a partir de ahora deberán renovar el libreto), el exceso de gasto público, el déficit fiscal, la emisión monetaria o el exceso de demanda agregada; sin hacer la más mínima mención a los abusos de los formadores de precios, o a las especulaciones de los que tienen posiciones dominantes o monopólicas en el mercado, o los que dolarizan precios que no tienen ninguna vinculación con el billete verde.

Y una oposición (incluyendo en rol estelar al Comité Nacional de la UCR) que esta semana, y sobre la base de información tendenciosa, manipulada y tergiversada, opinó sobre los graves hechos de Venezuela alineándose con los sectores golpistas; que buscan desestabilizar al gobierno de Maduro. 

La pregunta es si desde la base de esa lectura de lo que está pasando en el país (y en la región) es posible otro diálogo que no sea de sordos. 

3 comentarios:

  1. Bueno..., vos también le pedís semejante análisis a un ex chofer...

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  2. juicio por apología del delito imprescritible de genocidio y robo de personas (bebes)

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  3. Con el pelo también se le cayeron la dos neuronas que tenía.

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