LA FRASE

"ESTAMOS TRABAJANDO EN CONJUNTO CON LA CORTE SUPREMA PARA CONTINUAR CON LOS TRASLADOS DE PRESOS: LA IDEA ES QUE LOS REPRESORES QUE ESTÁN EN MARCOS PAZ SE VAYAN A SUS CASAS." (ALEJANDRA MONTEOLIVA)

lunes, 12 de octubre de 2026

LECTURAS ELECTORALES

 

Cada vez que hay elecciones en algún lado se ensayan lecturas sobre los resultados, con mayor razón en un caso como el de Brasil, que por su tamaño y significación política no podría escapar a la atención. Y también cada vez que hay procesos electorales en otros países, parece difícil resistirse a la tentación de traspolar los resultados y sus consecuencias al nuestro; como la otra tentación: la de decir que esos resultados nos dan la razón, aunque hasta el momento de abrirse las urnas hayamos pronosticado exactamente lo contrario de lo que terminó pasando.

En ese contexto y a propósito de las elecciones brasileñas, se viene observando en las redes sociales y en los medios cierta tendencia a darle a la derrota de Lula un efecto pedagógico para las elecciones argentinas del año que viene: algo así como "tengan en cuenta lo que pasó allá para dejarse de joder con la internas". Sabrán los brasileños mejor que nosotros cuáles fueron las razones del resultado de sus elecciones, pero vistas desde acá y con las salvedades de esa circunstancia, nada indicaría que Lula haya perdido por disputas internas dentro del PT y sus aliados, o porque su candidatura haya sido discutida al interior de las fuerzas que la impulsaban, o cosas similares: por el contrario, resultaba el candidato natural e indiscutido (cosa que no muchos pueden decir con sus fundamento, acá y allá), y su campaña y la del PT hicieron eje en determinadas propuestas y -sobre todo- en lo riesgos que entrañaba la victoria del bolsonarismo, que finalmente se dio. 

Y no se trata de que nosotros estemos haciendo el elogio del sectarismo, las divisiones internas o los personalismos, sino simplemente de tratar de poner a la cuestión de la unidad de las fuerzas populares en su justo lugar: como condición necesaria pero no suficiente de una victoria electoral y -más importante aun- de transformaciones políticas de sentido progresivo. Dicho esto dentro de un contexto más amplio, que invita a  repensar ciertas lecturas tradicionales de los procesos electorales y sus resultados, que ponen el acento en la política organizada en torno a las fuerzas partidarias, y su capacidad real de influencia en la sociedad.

Un error de enfoque que consiste en sobreestimar su influencia y la de sus movimientos (alianzas, internas, modo de resolución de las candidaturas, lenguajes y tácticas de campaña) sobre la sociedad, justo cuando todo indica que esa influencia se encuentra en su punto más bajo. Como pasa con los economistas ortodoxos, los que persisten en esa forma tradicional de enfocar los proceso políticos y electorales se enfocan en la oferta de la política, más que en las demandas de la sociedad.

Una sociedad (o vastos sectores de ella) que no perciben que la política influya en sus vidas, y que si lo hace, es solo para perjudicarlos y no resolverles ningún problema, y el discurso anti-político imperante como consecuencia de esa percepción es absolutamente favorable a las derechas, y por esa razón es promovido con énfasis desde sus dispositivos de construcción de sentido: buscan manipular a su favor las emociones sociales y personales negativas (el miedo, la frustración, la incertidumbre) y bajar la calidad de la representación política para degradarla, buscando -y consiguiéndolo- legitimar con el voto ciudadano a líderes impresentables, porque serán más fáciles de manejar.

Esas figuras (como Milei o los Bolsonaro) no solo comulgan con los intereses e ideas de los sectores dominantes (aunque ensayen discursos "anti casta") , sino que no tienen la menor voluntad de resistir la implementación de las políticas que los favorecen y por el contrario, asumen gustosos el costo de implementarlas; con la misma energía que ponen en eliminar las críticas y reprimir las protestas sociales que los efectos de esas políticas generan en parte de los afectados. 

Esto señalamientos para intentar comprender el contexto en el que la acción política se desenvuelve en modo alguno significan que propongamos hacer seguidismo acrítico de las tendencias y humores sociales, y diseñar las propuestas políticas en consecuencia, porque en ese caso la salida sería girar cada vez más a la derecha, por aquello de "Si no puedes vencerlos, únete a ellos". Tampoco parece ser la respuesta adecuada al dilema la alternativa ensayada hasta acá (como en nuestras tres últimas elecciones presidenciales) de buscar imaginarios centros sociales/electorales que, en sociedades tan fragmentadas, divididas y polarizadas como injustas y desiguales (lo primero consecuencia de lo segundo) simplemente no existen.

Se trata más bien del proceso inverso: buscar los modos de volver a reconectar a la política con las demandas de la sociedad, aun aquellas que la propia sociedad no acierta a formular con precisión, en los tiempos del "No se lo que quiero pero lo quiero ya". Y puestos en esa tarea, los centrismos (conceptuales, de lenguaje, de propuestas, de perfiles de candidatos, de esquemas de construcción política) parecen destinados de antemano al fracaso. 

Eso sin entrar en la chiquita (pero que no debe descartarse por completo en el análisis) de que, en realidad, muchas apelaciones a la unidad por la unidad misma son intentos de clausurar los debates sobre el tipo de propuesta política que se desea ofrecer a la sociedad, debates que son tan necesarios como la unidad, e incluso mucho más. Hilo de tuits relacionados:

No hay comentarios: