LA FRASE

"SI TENEMOS ÉXITO PONIENDO A MILITARES PARA QUE LE ENCUENTREN EL PUNTO A LA CARNE QUE LE GUSTA A JAVIER, VAMOS A PONER A POLICÍAS PARA QUE SE ENCARGUEN DE LA PARTE DE LA PIZZA Y LOS HELADOS, DADA SU EXPERIENCIA EN ESOS RUBROS." (KARINA MILEI)
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sábado, 23 de febrero de 2019

PUEDE FALLAR


A la hora de subir estas líneas estaban cerrando las listas para las PASO provinciales, y salvo algunos detalles menores de último momento, todo parecía estar más o menos cocinado; oportunidad que nos parece propicia para hacer algunas reflexiones antes de que votemos, porque si bien hay que atenerse a los hechos, después, con el diario del lunes con los resultados puestos, somos todos técnicos.

Primero que primer recordar que en política nadie arma para perder, al menos deliberadamente, aunque a veces pareciera que sí: se piensa siempre en ganar, y en la que se supone que es la mejor estrategia para eso. Acá en Santa Fe y hablando estrictamente de elecciones provinciales, se ensayaron todas: interna entre candidatos kirchneristas (2007), interna “competitiva con todos adentro” (2011), lista de unidad con candidatura única a gobernador (2015).

Ahora ensayaremos una interna, sin candidatos kirchneristas a gobernador, y los precedentes citados no condicionan ni determinan para que el final sea el mismo, cantado; pero claro, puede repetirse, está dentro de las posibilidades. Porque lo que resuelve las elecciones (aunque parezca una verdad de Perogrullo) son los votos, no tanto y no solo las estrategias de armado político: es importante conseguir la unidad “por arriba” (de la dirigencia) o “por el medio” (de la militancia encuadrada orgánicamente), pero es decisivo conseguir la unidad “por abajo”: convencer a la mayor cantidad de votantes posibles.

Y para convencer hay que estar convencidos, y a fuer de ser sinceros, si todos los cierres de listas dejan heridos y egos lastimados, en éste caso en particular se percibe desencanto, frustración y hasta bronca en el electorado kirchnerista; que pasó en horas de tener tres candidatos propios a no tener ninguno, y cerrar un acuerdo con Omar Perotti. Digresión: no podés llegar a esa instancia con tres candidatos de un mismo espacio, porque te termina jugando en contra; y no es lo mismo que pretenda ser gobernador alguien que se peló el culo recorriendo la provincia de una punta a la otra (como Busatto), que alguien que apuesta todo a pegar carteles con fotos de Cristina.

Decíamos acá cuando se conoció la decisión de Cristina de ordenar “baños de humildad” a los candidatos kirchneristas, que la definición del apoyo del espacio de Unidad Ciudadana quedaba sujeta a la mayor generosidad de los candidatos que seguían en carrera, a la hora de armar las listas. Y si Perotti fue más generoso que María Eugenia Bielsa, no es culpa de él, sino en todo caso de ella: el grado de apertura en ese sentido revela cuanto les interesa captar el voto kirchnerista, a menos que supongan que lo tienen asegurado en cualquier circunstancia.

De hecho, así pensaba Perotti después de su anterior candidatura a gobernador, pero los efectos de sus posicionamientos en el Senado nacional lo obligaron a recalcular. Resta por ver si él y su estructura política son capaces de tener la misma generosidad, cuando no son sus candidaturas las que están en juego: está fresco todavía el recuerdo del intendente de Rafaela diciendo tras las PASO del 2017 que ganó Agustín Rossi que no haría campaña por él, porque el kirchnerismo era muy mal visto en la ciudad. Ni hablemos de que se espera que devuelva gentilezas cuando se juegue la final (es decir, con Cristina); que es cuando todo esto adquiere sentido.

Y hablando de generosidades: el kirchnerismo mayoritario expresado en Unidad Ciudadana terminó cerrando un acuerdo para apoyar una fórmula compuesta por dos candidatos que perdieron con Agustín Rossi las últimas internas “competitivas” que se dieron en Santa Fe. Omar Perotti (2011) y Alejandra Rodenas (2017). Podrán decirnos cualquier cosa (hasta boludos si quieren), pero sectarios, nunca. Es más: algunos de los que nos pedían “autocrítica”, armaron listas de diputados provinciales aparte, disconformes con los lugares que les hubieran tocado en un acuerdo.

Hablábamos más arriba del “recálculo” de Perotti en su estrategia para captar el voto kirchnerista, que suponía escriturado: en las discusiones por la bajada de los candidatos a gobernador “del palo” se pierde vista un hecho para nosotros trascendental: los armados se terminaron definiendo en Buenos Aires, en el Instituto Patria y con Cristina; que adquiere así en el peronismo de Santa Fe en su conjunto una centralidad mayor incluso que la que tenía cuando estaba en el gobierno.

Lo dicho incluye a los senadores provinciales del PJ, principales cultores de la teoría del “alambrado” que creara Reutemann, y que en el 2017 llevaron una candidata a las PASO para diputados nacionales (Rodenas), que una vez llegada al Congreso armó un monobloque por afuera del FPV-PJ; lo que no significa no reconocer que su desempeño legislativo ha sido hasta acá más que digno, acompañando las posturas del peronismo que confronta con el gobierno de Macri.

Señalamos antes el rol central que le cupo a Cristina en todo el proceso, y al que ejerce el rol de conductor (como indiscutiblemente ella lo ejerce) le asiste el derecho a decidir lo que crea conveniente, lo que lleva implícito el riesgo de equivocarse. El que no entiende eso y acepta las decisiones de la conducción solo cuando las comparte, en realidad no se siente conducido.

Pero ella no puede resolver sola todos los problemas de construcción política que arrastra desde hace tiempo el kirchnerismo santafesino, ni si se le pueden achacar todas las demás decisiones que se toman acá: no es culpa de Cristina si se elige a un candidato a intendente que no puede hablar en campaña del precio del boleto de colectivo, o se defiende de las críticas por su condición de empresario apelando al ejemplo de Macri o Piñera. Así es difícil muchachos, y no hay Cristina que te salve.

Al votante kirchnerista se le presenta una interna del frente armado por el PJ con dos candidatos a gobernador, uno de los cuáles cerró un acuerdo con el kirchnerismo “orgánico”. Supongamos (como pasa y nos pasa) que no le gusta ninguno de los dos, ¿qué va a hacer, votarlo a Bonfatti, o votar en blanco? ¿Qué los diferenciaría del senador Gramajo en el primer caso, o de Nicolás Del Caño en el segundo?. En fin, son reflexiones que se nos ocurren, cada uno hace con su voto lo que le parece, más siendo PASO con el padrón general; que entrañan los riesgos (y desafíos) que expresábamos más arriba.

Porque no nos engañemos: dado el panorama descripto en la interna del PJ, el socialismo  (cuyos legisladores nacionales votaron en contra casi todos los proyectos del gobierno, durante las presidencias de Néstor y Cristina) estará dispuesto con su ambulancia a recoger los heridos, lo mismo que los diferentes microemprendimientos electorales “progres”, como las listas de Del Frade y Giustiniani; que se cuidaron bien de no ser candidatos a gobernador, apostando a lo seguro (conservar sus bancas en la Legislatura): fracasado el intento de atraer a María Eugenia Bielsa a ese juego para colgarse de su candidatura, volvieron a lo de siempre, su alergia a todo lo que signifique el peronismo, en sus distintas versiones.

Tendríamos que aprender del socialismo como resuelven sus entuertos: Lifschitz insistió hasta el absurdo con su intento reeleccionista, Bonfatti se lo torpedeó en la Legislatura, el gobernador amagó con armarle una lista para competir por la candidatura a la Casa Gris para después desensillar, pero le encajó una consulta popular sobre la reforma constitucional, por decreto; como para hacerle ver quien (cree) que tiene los votos. Y se están matando por la lista de diputados provinciales porque Lifschitz le bajó los candidatos a Bonfatti (Galassi y Di Pollina) con el argumento de que si gana la gobernación, los puede poner como ministros.

Sin embargo, ninguno de los dos saca los pies del plato, le imponen condiciones a lo que queda del radicalismo (al resto se lo deglutió Corral, interviniéndolo), y sueñan con repetir un esquema parecido a aquel con el cual se alternaban en el gobierno Reutemann y Obeid en el peronismo durante tantos años. Claro que para eso terminan imitando al PRO lanzando famosos a la política, como Jatón o el “Bichi” Fuertes: ahí no estamos tan seguros de que haya que imitarlos, con la posible excepción de intentar convencerlo alguna vez al “Daddy” Brieva de que sea candidato acá.

Pero si las encuestas son ciertas, la realidad podría ser impiadosa con ellos, y hacerles saber -urnas mediante- que tienen el boleto picado; claro que eso en las presentes circunstancias y con todo lo dicho, depende exclusivamente del peronismo y sus candidatos: desplazar al socialismo del poder para que gane Corral (el representante de Macri en Santa Fe, más genuino incluso que los del PRO, así de garca es) sería salir de la sartén, para caer en las brasas.

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domingo, 17 de febrero de 2019

"UNIDAD HASTA QUE DUELA"


La imagen de apertura corresponde a esta nota de Juan Carlos Tizziani en Rosario 12 de ayer, donde se da cuenta del hecho de que los tres precandidatos a gobernador por el kirchnerismo santafesino nucleado en Unidad Ciudadana declinarían sus postulaciones; para no aumentar el grado de dispersión de la oferta electoral del peronismo en la provincia, donde ya se perfilan las candidaturas de Omar Perotti y María Eugenia Bielsa.

Tizziani atribuye la especie a fuentes del kirchnerismo, y a fuer de ser sinceros, la información  que da coincide con la que nosotros veníamos manejando desde hace algunos días, y preferimos esperar a publicar a que se confirmara tomando más trascendencia pública. La nota da cuenta además de que los sectores que confluyen en Unidad Ciudadana negocian con ambos candidatos (Bielsa y Perotti) las condiciones de un apoyo en la interna, lo cual supone obviamente lugares en las listas y, por que no, hasta en la propia fórmula para la gobernación (ninguno de los dos dio a conocer formalmente hasta ahora su compañero/a de fórmula); interrogantes que solo se develarán el viernes 22 a la noche, cuando cierren las listas. 

Por otro lado, acá en el portal Letra P atribuyen el hecho a una orden de Cristina (en reunión con Máximo Kirchner y Agustín Rossi) a los candidatos K en la provincia de darse "un baño de humildad", como hiciera con los precandidatos presidenciales en la previa de las elecciones del 2015, para allanarle el camino de la candidatura a Daniel Scioli.  

Sin que tengamos elementos para dar por confirmada o no la noticia, lo cierto es que el anuncio es consistente con  la estrategia que Cristina viene desplegando en otras provincias, para favorecer acuerdos amplios de unidad que comprendan a la mayor parte posible del peronismo, y otras fuerzas afines: así ocurrió en La Rioja, Catamarca, Tucumán, La Pampa y esta misma semana, en Entre Ríos. Estrategia que es a su vez el preludio del armado de una candidatura presidencial de la propia Cristina, porque obviamente supone exigir reciprocidad en los apoyos, llegado el caso de las elecciones nacionales.

El gesto del kirchnerismo en su conjunto (es decir, de la propia Cristina y de sus candidatos en la provincia) lo coloca en posición de desacreditar en los hechos las acusaciones de ser sectario, o apostar a la división del espacio peronista y opositor, en un sentido más amplio, tanto en la nación como en la provincia: si alguien no ha sabido dejar a un lago los egos y vanidades personales en todo esto, no hemos sido precisamente los kirchneristas. La frase "unidad hasta que duela" es fácil decirla, hasta que llega el momento de hacer la unidad, en condiciones que a alguien le pueden llegar a doler, ahí es cuando hay que ponerla a prueba.

La unidad del peronismo como estrategia ya se ensayó en 2015, con la candidatura única de Omar Perotti acompañado entonces por Alejandro Ramos, hombre del riñón del hoy preso político Julio De vido, como Secretario de Transporte de la nación; y con la sola excepción del sector liderado por UPCN que se transfugó al PRO acompañando la candidatura de Del Sel, tres senadores que armaron lista propia en sus departamentos (uno de ellos, ahora pasado con armas y bagaje al Frente Progresista) y la mayoría de los otros haciendo discretamente campaña por el candidato del PRO, o poniéndole pocas ganas a la candidatura de Perotti. Por entonces no alcanzó para ganar, pero se estuvo cerca (apenas a 25.000 votos de distancia de Lifschitz), aunque ninguna fórmula garantiza a priori el éxito o determina el fracaso de una estrategia: solo se sabrá si fue acertada, cuando se abran las urnas y se terminen de contar los votos.

Desde allí para acá, pasaron cosas: pasó el gobierno de Macri con todo lo que eso implica, pasó Perotti con sus agachadas en el Senado (la última de ellas, dar quórum para los allanamientos a las propiedades de Cristina) y pasó también la reaparición política de María Eugenia Bielsa, que arrancó su campaña con críticas a la corrupción durante el kirchnerismo. No seríamos honestos si no recordáramos esos hechos, y siguiéramos adelante como si no hubieran ocurrido. 

Antes había pasado también la elección legislativa nacional del 2017 (hace apenas 16 meses), cuyas PASO demostraron que el voto peronista en Santa Fe es mayoritariamente kirchnerista; y tal como van las cosas, todo indica que ese voto hoy no tendrá un candidato a gobernador "propio" (para lo cual se había generado una gran expectativa en la militancia); por lo menos para dar la pelea interna; aun sabiendo que si se decide participar en esa instancia, se asume el compromiso político y moral de apoyar al que la gana, aun cuando no sea el que uno haya votado. 

Sería injusto decir que estas cosas pasan porque Agustín Rossi no es candidato, o porque está abocado a construir su candidatura presidencial recorriendo el país más que la provincia; sobre todo injusto con compañeros como Leandro Busatto, que se pusieron al hombro el desafío de encarnar una candidatura que representara al kirchnerismo dentro de las PASO del frente vertebrado por el PJ provincial. Los problemas de construcción política del kirchnerismo en Santa Fe vienen de más larga data, y  a estos dilemas recurrentes de tener que bajar candidatos para apoyar a otros no se llega en un solo día.  Alguna vez tendremos que sentarnos a discutirlos, cuando las urgencias del momento lo posibiliten, y se genere la convocatoria amplia para hacerlo.

El voto kirchnerista es mayoritario dentro del peronismo (así lo demostraron claramente las últimas PASO), y tanto María Eugenia Bielsa como Perotti lo necesitan para ganar las primarias, y llegado el caso la elección general, y por eso cada uno a su modo están intentando captarlo: Bielsa dejando para otra oportunidad sus críticas al kirchnerismo y reivindicando las políticas centrales de los gobiernos de Néstor y Cristina, Perotti no subiéndose al carro del experimento "Alternativa Federal" ni apareciendo en sus encuentros, acaso porque olfatea que los gobernadores del PJ empiezan a converger en torno a una candidatura de Cristina, rendidos ante la evidencia.

Habrá que ver como se traduce esa necesidad, en la capacidad de apertura que tengan a la hora de integrar las listas, incorporando candidatos con los que el kirchnerista promedio santafesino de a pie (más allá de la organicidad de la dirigencia con los acuerdos a que se llegue, o las decisiones de Cristina) se pueda sentir identificado a la hora de votar. De lo contrario, después será tarde para lágrimas por votos fugados, que pueden costar un triunfo posible.

El marco de la elección provincial de este año es también distinto al del 2015: el peronismo ha logrado evitar (por lo menos en la confluencia de sectores) divisiones que le cuesten votos, y esta misma semana el PJ provincial selló un acuerdo amplio con 14 partidos políticos, que incluyen a sus tradicionales aliados, más el Frente Renovador (massismo) y el partido que había armado en la provincia Hugo Moyano, cuando estaba distanciado de Cristina.

El oficialista Frente Progresista Cívico y Social afronta la elección con cuatro años más de desgaste de una gestión que no supo dar respuestas a problemas graves de los santafesinos, desde la inseguridad creciente (sobre todo en las grandes ciudades), hasta lograr amortiguarles a los santafesinos los efectos letales de las políticas económicas y sociales del gobierno de Mauricio Macri: por el contrario, a fuerza de tarifazos en la luz, el agua, los peajes y el transporte público (como viene haciendo desde que gobierna la provincia) no hizo más que agravarlos. Es un proyecto agotado, que no tiene más para ofrecer, solo más de lo mismo.

Y la marca "Cambiemos" que fue ganadora como tal en el 2017, carga con el estigma de defender en Santa Fe el modelo que encarna y ejecuta Macri, con todo lo que eso supone; para peor, con una interna entre sectores del PRO y la UCR (cruzados entre las fórmulas que competirían) que promete ser intensa, y con los efectos de las políticas del gobierno nacional palpables de modo elocuente en cada rincón de la provincia. Todo eso aderezado con la crisis del radicalismo provincial, cuya conducción acaba de ser intervenida por el Comité Nacional, para forzar la entrada a "Cambiemos".

Como hemos dicho otras veces, las condiciones son propicias para ganar, pero las condiciones en política no lo son todo: a las victorias hay que buscarlas, haciendo lo que sea necesario.

domingo, 20 de enero de 2019

EL TARIFAZO EN EL BOLSILLO DE LOS SANTAFESINOS


"Pagar la electricidad, el gas natural, el agua potable y el transporte público en Santa Fe y Rosario equivale al 34,9% de un Salario Mínimo, Vital y Móvil. En 2015 representaba el 11,97% del total. Si se lo compara con el salario de un docente, los servicios públicos pasaron de representar el 7,31% del salario en 2015 al 20,93% hoy. El tarifazo y el ajuste de Cambiemos golpean los bolsillos argentinos. Compará el aumento de tu salario con el de los servicios, la inflación y la devaluación. 

¿Cuánto valía tu salario en diciembre de 2015 y cuánto vale tu salario hoy? ¿Cómo afectaron las políticas económicas del gobierno de Mauricio Macri el poder adquisitivo de los y las trabajadoras? La devaluación, la inflación y los tarifazos decididos por la gestión de Cambiemos, y acompañados en gran medida por el gobierno provincial que comanda Miguel Lifschitz,¿de qué manera afectaron tu bolsillo?.

Una mirada simple podría ser comparar la evolución de la remuneración imponible promedio de los trabajadores estables, medida por el Ministerio de Trabajo de la Nación, con la inflación oficial medida por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Ahí, el salario pierde por goleada: 109,82% contra 160%. Sin embargo, esa comparación no alcanza, ni por asomo, a dimensionar la real destrucción del salario que significó el macrismo, ya que las tarifas de los servicios públicos aumentaron muy por encima de la inflación. 

¿Cuánto representaban para un salario, en Santa Fe, pagar la luz, el gas, el agua y el transporte público en 2015, y cuánto ahora?

Para establecer esas comparaciones se tomaron en cada uno de los ítems abajo mencionado dos ingresos: el Salario Mínimo Vital y Móvil en diciembre de 2015 (5.588 pesos) y diciembre de 2018 (11.300 pesos) y el de un docente en los mismos períodos (9.142 y 18.816 pesos, respectivamente).".

El informe completo, acá.

lunes, 26 de febrero de 2018

UNIDAD: MÁS QUE CON QUIÉN, DISCUTAMOS PARA QUÉ (2º PARTE)


Cumpliendo con lo prometido acá, seguimos analizando el proceso de la unidad opositora desde la óptica del "para que" construirla; sugiriendo algunos ejes concretos para la discusión (no se ponga ansioso, compañero Abel, a veces hay que crear un poco de suspenso también).

A solo título de ayuda memoria, y sin pretender agotar la lista, nos parece imprescindible que el conjunto de la oposición mayoritaria (es decir, el peronismo y quienes fueron sus aliados en la experiencia kirchnerista) debatan que hacer con algunos problemas estructurales que tiene el país, la mayoría de ellos agravados por las políticas de Macri, y con los que deberá lidiar si le tocara ser gobierno; porque al fin y al cabo como bien apunta Abel, para eso es que se busca la unidad: para ganar las elecciones y ser gobierno.

Si se repasa la lista (reiteramos: parcial y provisoria) se advertirá que no casualmente permite decantar un proceso de unidad que, sin dejar de ser amplio e inclusivo, no pierda coherencia al punto de transformarse en un simple rejunte o amontonamiento; e incluso sin decirlo explícitamente, significará hacer un balance del ciclo kirchnerista con sus pros y sus contras, sus realizaciones concretas y sus tareas pendientes. Veamos:

* Que hacer con la deuda externa, que a la velocidad con la que el gobierno la está tomando se volvió a convertir en un condicionante estructural del desarrollo económico y del funcionamiento del Estado: ¿reestructuración de vencimientos, con quita como en los canjes del 2005 y 2010, investigación de las posibles condiciones fraudulentas de parte del endeudamiento?

* Como encarar el problema estructural de la restricción externa, agravado por todas las decisiones tomadas por el gobierno de “Cambiemos”: reimplantar los controles al movimiento del flujo de capitales especulativos, imponer o no restricciones al uso de las divisas con fines no productivos (ahorro, turismo) y con que mecanismos, eliminar las ventajas otorgadas a los exportadores para no liquidarlas en el país, que hacer con las retenciones y como utilizar el tipo de cambio para promover un desarrollo productivo diversificado, con base industrial.

* Discutir el siempre pendiente tema de un modelo industrial “posible” y autónomo, y -vinculado a lo anterior- que hacer con los sectores que demandan un flujo creciente de divisas que el país no tiene, como la industria automotriz o la electrónica.

* Reformular los esquemas normativos de la radicación de inversiones extranjeras y sus derivados (como los “contratos de participación pública privada”), fijando prioridades estratégicas, criterios para la repatriación de utilidades, zonas promovidas o excluidas; y en ese marco, como juega el propio Estado complementando al capital extranjero o supliéndolo, en ciertas franjas del desarrollo.

* Replantear el grado de apertura de la economía, restringiendo el vendaval de importaciones y tomando una clara postura en contra del acuerdo de libre comercio entre el MERCOSUR y la Unión Europea, u otros similares en gestación.

* Discutir el sistema financiero, su marco regulatorio que data de Martínez de Hoz y la dictadura, el rol del Banco Central (su presidente actual tiene mandato hasta el 2022) y su vinculación con las políticas económicas del gobierno; y el acceso al crédito para la producción y la vivienda: ¿qué hacer con la bomba de tiempo de los préstamos UVA, volver o no a una línea de crédito subsidiado a la producción y bajo qué condiciones?

* Definir un modelo de política energética en el contexto de un modelo de desarrollo, y que rol jugarán en ese aspecto YPF y los capitales extranjeros; como romper la trampa de la redolarización de las tarifas de los servicios públicos.

* Como revertir el deterioro producido por el macrismo en el sistema previsional y la ANSES, discutiendo su financiación sustentable sobre la base de sostenerlo con su actual tasa de cobertura (y como ampliarla en su caso) y su carácter público, solidario y de reparto.

* Como atacar la inflación, precisando sus causas para ver si hay al respecto un diagnóstico común; y en todo caso que hacer con la concentración económica y los procesos de formación de los precios.

* Sostener una política clara de ingresos de los sectores populares: recuperar la anterior movilidad jubilatoria y su financiación, defender las paritarias, reactivar el Consejo del Salario (aprovechando ambas instancias para discutir condiciones de trabajo sin el fantasma de la flexibilización), recuperar la paritaria nacional docente como fue concebida en la ley de financiamiento educativo.

* Discutir un modelo integral de salud en el que se determine la amplitud de la cobertura, la financiación y la contribución de todos los actores del sistema (el Estado, las prepagas, las obras sociales sindicales), sus responsabilidades y el rol regulador y director del Estado.

* Revertir los deterioros que está produciendo el macrismo en el apoyo a la investigación científica y técnica, y sus derivaciones que apuestan a generar un desarrollo nacional autónomo, como el plan satelital. 

* Poner un freno contundente al autoritarismo político terminando con el bochorno de la existencia de presos políticos (sin importar quienes sean), y no dejar ningún resquicio de duda respecto a que no se avalan ni el gatillo fácil ni las políticas de seguridad manoduristas con avasallamiento de garantías constitucionales, ni el involucramiento de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior. Encarara a fondo y en serio una reforma democratizadora de las fuerzas de seguridad, federales y provinciales.

* Sostener y profundizar las políticas de memoria, verdad y justicia, para frenar retrocesos como las masivas prisiones domiciliarias a los genocidas o la intentona de beneficiarlos con el 2 x 1. Impulsar el juzgamiento de los responsables civiles.

* Definir una clara política exterior independiente, guiada exclusivamente por la defensa del interés nacional, recuperando el protagonismo en los organismos de integración regional (UNASUR, CELAC) y abandonar el seguidismo de la política exterior de los Estados Unidos.

* Resolver como encarar la futura gobernabilidad frente a los enclaves del poder no electoral: la runfla judicial de Comodo Py, el mega concentrado Grupo Clarín, los nucleados en la AEA.

¿Qué profundizar la discusión de estas cuestiones terminará alejando a algunos posibles convergentes a la “unidad”?

Es muy posible, pero mejor ahora que nunca, de lo contrario lo que habrá bajo el rótulo de “unidad” será un amontonamiento confuso de lo heterogéneo (lo diverso o los matices son otra cosa), que más tarde que temprano terminará estallando; y si fuera estando en el gobierno, causando un daño mayor.

A menos que -replicando la experiencia de la Alianza, que se propuso hacer menemismo con prolijidad- se quiera construir la unidad de un “peronismo tolerable” que brinde garantía de que no se meterá con ciertas cosas, y que lo único que se propone es reemplazar a “Cambiemos” en la titularidad formal de la conducción del Estado.

domingo, 25 de febrero de 2018

UNIDAD: MÁS QUE CON QUIÉN, DISCUTAMOS PARA QUÉ (1º PARTE)



A esta altura del partido ya casi nadie discute que la fragmentación de la oposición es uno de los principales activos con que cuenta el gobierno de Macri para seguir imponiendo sus políticas, y ejercer el control de la agenda hasta donde se lo permite la realidad.

De esa constatación se sigue que se multipliquen los gestos por superar esa fragmentación avanzando en una idea de unidad opositora, en especial al interior del peronismo: desde el encuentro en la UMET días pasados hasta las recorridas y reuniones del “Coqui” Capitanich o Alberto Rodríguez Saá, pasando por los propios prolegómenos de la marcha del miércoles pasado, en éste caso dentro del sindicalismo no dialoguista con el gobierno.

Se habla mucha de la unidad, de su necesidad y de sus límites: con quien sí y con quien no. Se habla -obviamente- del “para que” de unirse: generar una alternativa electoral competitiva que en el 2019 pueda enfrentar a “Cambiemos”, con posibilidades de éxito. Los resultados de las elecciones de octubre pasado “ayudaron” a acelerar la discusión al respecto.

De lo que no se habla mucho es del contenido concreto de esa unidad, en términos de propuesta política, porque al fin y al cabo aun zanjando la discusión previsible sobre alianzas y candidaturas, la oposición tendrá que ofrecerle a los votantes un programa que exprese su visión sobre como resolver los problemas del país.

Y más allá del impacto de la derrota electoral del 2015 y los resultados de octubre pasado, lo cierto es que el espectro opositor -en especial el peronismo, como fuerza mayoritaria del mismo- está atravesando de muy diferentes formas la experiencia macrista: en enero del 2016 (al escaso mes de haber asumido Macri) escribíamos en ésta entrada ciertos disparadores de la discusión que se abría; y que entendemos que siguen teniendo plena vigencia.

Decíamos entonces: "Por estas horas en el peronismo muchos reclaman unidad, y se apela desde distintos sectores “no desangrarnos en disputas internas”: ¿un consejo prudente o un modo cómodo de evitar el debate interno y la autocrítica, mientras no se explica en que consiste tal “unidad”? Porque la cuestión es unidad para qué: ¿para bancar el ajuste criminal de Macri, y garantizarle “gobernabilidad”?

¿Para levantarle la mano en el Congreso al nuevo “Estatuto Legal del Coloniaje” que representan el Megacanje y la derogación de las leyes cerrojo para pagarles a los buitres todo lo que reclaman, y cash? ¿Para eso se hizo el esfuerzo de la campaña “puerta a puerta” en todo el país advirtiendo lo que se venía, para que cuando llegue -y sea mucho peor que lo anunciado- lo acompañemos?

Pensar que más de uno se da el lujo de criticar a la gente que (enfurecida, desorientada, buscando referencias y canalizar la bronca) se congrega a protestar en las plazas. El problema no es la gente que se congrega en las plazas, sino los dirigentes que no se asoman nunca por ellas, como si la pelea que se da desee allí les resultara ajena.

¿Creen que podrán sobrevivir al calor de la “pax macrista”, que además de “pax” no tiene nada?: se construye con telegramas de despido, tarifazos, represión a la protesta social y criminalización de la oposición política. ¿Cuánto creen algunos dirigentes del PJ que -no obstante su “prolijidad” y “buena conducta”- puede tardar en llegarles a ellos mismos la guadaña, si dejan de convenir a los propósitos del nuevo orden político que se está instalando en el país?

No hay ni puede haber otra unidad (del peronismo, del conjunto de la fuerzas populares, hayan o no confluido antes en la sigla del FPV) que para resistir el ajuste que está descargando impiadosamente el macrismo. Resistir, sí, aunque a alguno el nombre le parezca grandilocuente, o irrespetuoso con la historia, por aquello de la Resistencia Peronista.

El modo en el que el bloque de poder que gobierna la Argentina (a través del títere que colocaron en la Rosada, legitimado por el voto popular) está desplegando su proyecto no admite dudas, ni medias tintas; porque ellos no las tienen: avanzan decididamente a reconfigurar la Argentina del mejor modo para sus propios intereses, que no son los nuestros.

Frente a eso, no se trata sólo de ser “oposición” sino de articular los esfuerzos políticos y sociales necesarios para evitar -dentro del marco de la democracia y sus instituciones- que los daños que ya están causando el macrismo y sus políticas en el tejido social y productivo, sean irreparables. Porque por si alguno no lo recuerda, para eso votamos el 48,66 %, más de 12 millones de personas: para que no pasara lo que está sucediendo en el país.

Si el peronismo -en tanto fuerza principal del FPV, e identidad política histórica de la clase trabajadora argentina, agredida principal de las políticas de Macri- va a jugar a eso, más le vale no hacer las internas, y dejar que la cancelen la personería electoral.

Porque cuando todo explote (y no hace falta ser pitoniso para adivinar que explotará, tarde o temprano) la gente va a querer encontrar alternativas en el cuarto oscuro, en lugar de tener que volver a meter en el sobre (si es que para entonces no impera ya la “boleta electrónica”) una feta de salame."

Asusta ver que no solo el panorama no ha cambiado desde entonces, sino que ha empeorado; agudizando la necesidad de una discusión profunda para establecer de que hablamos cuando hablamos de unidad, y por sobre todas las cosas, para que la queremos.

En una segunda entrada -que prometemos será en breve- sugeriremos algunos aspectos concretos de esa discusión, que nos parecen relevantes.  

miércoles, 6 de diciembre de 2017

NO NOS ECHEMOS LA SUERTE ENTRE GITANOS


Conforme se acercaba la jura de los nuevos legisladores electos en las dos Cámaras del Congreso, empezó el desfile de notas en los medios sobre las posibles divisiones, alineamientos, reacomodamientos, interbloques y similares; algo que es parte del folklore legislativo, más en un sistema político profundamente fragmentado como el nuestro, y muchas veces con propósitos bastante prosaicos: tener un bloque propio posibilita estar en mejores para acceder a becas, subsidios, contratos, lugares en las comisiones y cosas por el estilo. Hasta allí, nada demasiado novedoso, ni para horrorizarse.

Sin embargo en las actuales circunstancias de dispersión opositora y firme avance del gobierno con su agenda, todos los focos están puesto hacia el interior del peronismo, en sus diferentes versiones: leemos por ejemplo acá en Infobae que los gobernadores (o algunos de ellos) piensan armar un bloque en Diputados en espejo con el que comanda Pichetto en el Senado, en el que revistaría “Sanguchito” Bossio, en lo que sería -nos cuentan- “una apuesta a futuro”. No hay remate.

La misma nota da cuenta de que los diputados del Movimiento Evita “...no quieren quedar pegados a las órdenes de la ex presidente Cristina Kirchner, que tendrá en el santafesino Agustín Rossi -nuevo presidente del bloque Frente para la Victoria-PJ- al hombre de confianza en la Cámara baja. Tampoco pretenden quedar atrapados en el esquema donde los gobernadores marcarán el camino a seguir. El objetivo será coordinar un pequeño armado de centroizquierda con desencantados del kirchnerismo y espacios políticos como Libres del Sur.”. Tampoco hay remate en este caso.

Además de lo reseñado, tenemos al massismo sin Massa (que ya no estará en la Cámara, a la que iba más bien poco) en descomposición; porque ya se le desprendieron sus aliados del “cordobesismo” de De La Sota y Schiaretti, para evitar cualquier duda al respecto, y acompañar las reformas propuestas por el gobierno, algunas pactadas con los gobernadores.

Al bloque de la “liga de gobernadores” (otra criatura mitológica del universo peronista, a la que en el fondo nadie le tiene miedo ni toma en serio, comenzando por Macri y su gobierno) se sumaría el único diputado que logró colar Randazzo; que en su carrera política oscila entre los pucheritos por internas negadas, y los largos silencios sobre graves asuntos públicos, que no serían tan graves como para requerir de su atención, al parecer. Fase ésta que estaría transitando ahora, luego de breves declaraciones fustigando la reforma previsional aprobada por el Senado, que sus dos senadores (Teresita Luna y Abal Medina), aprobaron en un caso, y se abstuvieron en el otro. Un conductor del carajo, digamos.

En éste complejo mecano peronista hay lugar hasta para “monobloques” unipersonales como el de Alejandra rodenas, elegida acá en Santa Fe en una lista común con el “Chivo” Rossi que le ganó la interna, pero ya se sabe: sus resultados solo nos obligan a los kirchneristas, y cuando perdemos. La decisión de hacer ranchada aparte viene hasta acá explicada por el senador Traferri, porque parece que Rodenas no sabe hablar por ella misma, o no la dejan. Como sea, una anécdota que acaso culmine en que dentro de dos años llamen a votar al socialismo, o algo por el estilo; el tiempo dirá.

Todos los “desgajados” del tronco común peronista (si es que tal cosa sigue existiendo aun, y no ha ingresado también en los terrenos de la mitología) tienen algo en común: no quieren saber nada con nosotros, ni aceptar la conducción de Cristina ni la del “Chivo” en Diputados. 

Más allá de obvias diferencias ideológicas (de lo que se habla poco, porque no es de buen tono) en muchos casos, hay también una cobarde convalidación de la criminalización que ha hecho de nosotros el gobierno, a fuerza de carpetazos judiciales. Toman distancia de la mancha venenosa, se ponen a cubierto de que no los alcance el mani pulite y después le buscan la vuelta (más o menos de izquierda, centro o derecha) para justificarlo. Digamos todo.

Dicho eso, no discutamos “por qué se fueron” o ya no están con nosotros, ni por qué no quisieron ni quieren estar: más aun, concedámosles que tienen razón si eso los complace (al fin y al cabo, nosotros somos los únicos a los que se les reclama autocrítica); porque además todos tienen defectos o han cometido errores, y nosotros montones: de construcción política, de estrategias electorales, de gestión de gobierno, de conducción.

La cuestión es que hasta acá los que rompen con el kirchnerismo y se van (si estaban) o nos ponen bolilla negra, es para peor: no crecen, no desarrollan propuestas mas piolas que las nuestras o superadoras, no aportan a la construcción de alternativas opositoras. 

Repasen si quieren las “fracturas” del massismo, el Movimiento Evita y su saga randazzista (con escala en el Ministerio de Desarrollo Social del macrismo, para conseguir la "emergencia social" de la que ya nadie se acuerda) y hasta las más lejanas como la de las Liebres del Sur; que se fueron del kirchnerismo justo cuando echábamos a Jaime del gobierno (¿acaso disconformes con eso?) y lanzábamos la ley de medios o la AUH, para terminar aliándose con Carrió, Aguad, Pino Solanas, Binner, Stolbizer o Prat Gay; o con todos ellos juntos, que es peor.

Ni hablemos del “peronismo paladar negro” presunto portador de los genes originales del movimiento creado por Perón: así como en los gobiernos de Cristina cada ruptura fue el prefacio a una nueva agachada (con el campo, con Clarín en la disputa por la ley de medios), desde diciembre del 2015 para acá es para bancar cosas del gobierno, una y otra vez, y sobran los ejemplos: el blanqueo de capitales, el saqueo del fondo de la ANSES, el acuerdo con los buitres, los contratos de “participación pública privada”, la reforma a la ley del mercado de capitales y más cerca en el tiempo, el pacto fiscal y la poda en las jubilaciones. ¿Entrará la reforma laboral también en el inventario?

Sin perjuicio de eso, los culpables de todo, los obligados al cilicio y los pasos al costado “porque ya cumplieron su ciclo” somos nosotros: culpables de la división y dispersión opositora porque somos sectarios (aunque no le pusimos bolilla negra a nadie, pero todos nos la asignan a nosotros), del “bajo techo del peronismo” (cuyos demás candidatos que cuestionan a Cristina no mueven el amperímetro), de la falta de nuevos liderazgos alternativos “porque Cristina los tapona”, y coso. Sobre todo coso. 

La “pesada herencia” por otros medios. Falta que nos culpen a nosotros de como terminan votando en el Congreso, generalmente a favor del gobierno.

Nosotros por el contrario y por lo menos desde acá, no vamos a hacer cuestión de cómo se forman los bloques en el Congreso, ni quien los conduce, ni como se llaman, sino exclusivamente de cómo votan: si lo hacen en contra de lo que propone Macri (que generalmente es en perjuicio de los sectores populares, los más débiles y en consecuencia, los más necesitados de la política y de los que se autoproclaman peronistas), bienvenidos. No importa en que bloque estén, ni como se llamen, ni quien los conduzca, ni con que fundamentos lo justifiquen.

Pero por contrapartida si votan a favor, les pedimos por favor que ni se gasten en explicarlo, y menos en pelar el peronómetro, porque se lo pueden colar por donde ya saben: por donde se pasaron en el Senado la ley de movilidad previsional sancionada por el gobierno de Cristina para votar una fórmula de ajuste que les podará nueve puntos de sus salarios a los jubilados y pensionados, y a los beneficiarios de la AUH. 

Si nos dicen en que parte de las 20 verdades se puede fundamentar eso, se agradecerá. Mientras tanto y como diría Perón, no nos vamos a andar echando la suerte entre gitanos.

viernes, 10 de noviembre de 2017

ES POR AHÍ LA COSA


Como da cuenta el tuit de apertura, Cristina recibió en el Instituto Patria a los representantes del Movimiento obrero Santafesino, una amplia coalición de sindicatos integrados en cinco de las delegaciones regionales de la CGT en la provincia de Santa Fe (Rafaela, Reconquista, Santa Fe, Venado Tuerto y San Lorenzo), la CTA, el Movimiento Sindical Rosario y gremios como FESTRAM (trabajadore muinicipales), AMSAFE (docentes públicos provinciales) y ATE (estatales provinciales y nacionales).

Pocos días antes del encuentro, el MOS había producido un duro documento rechazando de plano la reforma laboral flexibilizadora propuesta por el gobierno y la reforma previsional, exigiendo la defensa irrestricta de la ley de movilidad jubilatoria (hoy amenazada por el proyecto del gobierno), del sistema previsional público, solidario y de reparto, de la ley de contrato de trabajo y las convenciones colectivas y paritarias libres, y de las obras sociales sindicales.

Unos días antes, los gremios de la CISEP (intersindical de trabajadores públicos provinciales) que en su mayoría integran el nuevo nucleamiento habían rechazado las presiones del gobierno nacional al de Lifschitz para la “armonización del sistema previsional”, con recorte de derechos para los actuales y futuros jubilados.

Los gremios que integran el MOS provienen tanto del sector público como el privado, y la mayoría de ellos fueron fuertemente afectados por las políticas de Macri: apertura indiscriminada de las importaciones, negociaciones salariales a la baja, despidos y recortes en el Estado, tarifazos y baja del consumo que ponen en riesgo fuentes de trabajo.

Sin haber convergido antes en un único sello, todos ellos registraban antecedentes de unidad en la lucha desde diciembre del 2015 para acá: el Movimiento Sindical Rosario fue parte importantísima de la multisectorial contra los tarifazos, y todos los sindicatos, centrales y delegaciones regionales movilizaron en conjunto el año pasado en el paro de la CGT.

Al igual que sucedió en la provincia de Buenos Aires, en las PASO de Santa Fe la lista de Unidad Ciudadana que encabeza Agustín Rossi asumió por escrito y en público un compromiso de 21 puntos a llevar adelante en caso de que sus candidatos llegaran al Congreso; que tras las internas fue asumido por el conjunto del Frente Justicialista Santafesino, al adherir a ello la lista que encabezaba Alejandra Rodenas.

En esos puntos (los mismos que planteó en Buenos Aires la lista que encabezaba Cristina) se rechazaban de plano y de antemano todas las medidas del ajuste que se sabía que Macri impulsaría en caso de ganar las elecciones, como finalmente ocurrió: envalentonado por el triunfo, los está ejecutando con absoluta decisión.

Los que confluyeron en el Movimiento Obrero Santafesino vienen de historias diferentes, tanto en lo estrictamente sindical como en lo político: es muy posible que ni siquiera todos sus dirigentes hayan votado antes o ahora a las listas del kirchnerismo o del PJ, y con toda seguridad todos sus afiliados no lo hicieron.

Como también es cierto que la política sindical fue uno de los mayores déficits del kirchnerismo en el poder, en especia luego del conflicto con Moyano; cuando no se tendieron puentes para recomponer la cosa (lo cual fue recíproco, por supuesto) y –más importante aun- porque nunca se encaró con decisión la tarea de consolidar una “pata sindical” propia; algo que parece empezar a revertirse: tanto en Santa Fe como en l provincia de Buenos Aires las listas de Unidad Ciudadana se poblaron de dirigentes sindicales con trayectoria irreprochable, y probadas credenciales en la defensa de los intereses de los trabajadores.

Sin embargo, el encuentro en el Patria demuestra que ningún desencuentro o desavenencia anterior importa ahora, porque las prioridades son otras: la unidad contra el ajuste, la organización de la resistencia de los ajustados, la búsqueda de enclave parlamentario de las luchas sociales por venir, y de anclaje social de la representación política y legislativa, para fortalecerla en el objetivo de frenar al gobierno de Macri y sus políticas perniciosas para el conjunto de los trabajadores, y las grandes mayorías nacionales.

Y si para eso los sindicatos nucleados en el MOS eligieron a Cristina (siguiendo el ejemplo que marcó antes la Corriente Federal de los Trabajadores) es porque ella es la principal (si no casi única y excluyente) referencia opositora al gobierno de Macri. Lo era antes de las elecciones, y lo sigue siendo después, con mucha mayor nitidez a la luz de ciertas claudicaciones que se observan en el Congreso y en muchos sectores de la conducción de la CGT.

La representación política (y vaya si Cristina lo es) necesita del respaldo de las organizaciones sociales, y la organizaciones sociales (y el sindicalismo es la más importante de todas, en nuestra opinión) necesitan que la política amplifique, recoja, sostenga y lleve adelante sus reclamos.

De esa necesidad mutua nació el encuentro, y de ella nacerá también seguramente la confluencia en un trabajo conjunto en la coyuntura. Si sirve además para pensar en el mediano plazo en la estructuración de una alternativa opositora competitiva para el 2019 mejor, pero en lo inmediato no es poca cosa. Es por ahí el asunto.

lunes, 23 de octubre de 2017

EL PERONISMO SERÁ OPOSITOR, O NO SERÁ NADA


Lo que se sabía de antemano quedó confirmado con los resultados: "Cambiemos" pudo adjudicarse como marca un triunfo nacional frente a la división opositora, en especial del peronismo; partido en múltiples sellos. Las encuestas en general esta vez acertaron, en especial en la provincia de Buenos Aires.

Lo que no se suponía en cambio fue el clima ominoso en el que se votó, donde el caso Maldonado se soreimprimió a los bochornos varios de la jornada electoral (los certificados "mellizos" de Cambiemos en PBA, la detención de dirigentes de la izquierda en mar del Plata); sin llegarse -por suerte- a los quilombos esperados (y fogoneados) por el gobierno.

Macri consigue un claro respaldo a sus políticas en buena parte del país, repitiendo lo de Alfonsín en el 85´ de ganar en los 5 principales distritos (de los más poblados solo perdió en Tucumán), pero dos años (los que restan hasta la próxima elección) en política y en Argentina  son una eternidad: el propio Alfonsín lo pudo comprobar precisamente en el 87' perdiendo con el fracaso del Plan Primavera lo que había ganado antes con el éxito inicial del Plan Austral. Nadie puede festejar nada por anticipado, y no existen los finales cantados.

Aun perdiendo en la elección bonaerense, Cristina emerge claramente como la principal referencia opositora trascendiendo incluso al peronismo; con el innegable mérito de haber enfrentado una campaña en absoluta disparidad de medios, con todo en contra: el acoso judicial, la campaña mediática martillando en contra las 24 horas del día, sin disponer de los medios del Estado nacional ni el de la provincia, con Vidal (la principal carta electoral del oficialismo) protagonizando la campaña mano a mano contra ella, y con el ensayo de colectora funcional a "Cambiemos" (Randazzo) sostenido hasta el final, contra toda lógica opositora racional. Y es muy posible que tras la derrota redoblen la ofensiva judicial contra ella, tratando de impedirle que asuma su banca en el Senado.

Con los números en la mano, se volverá a discutir el acierto o no de no haber ido a las PASO por dentro del PJ, pero lo cierto es que en política las sumas nunca son lineales: el mismo temperamento aplicado acá en Santa Fe con buenos resultados no alcanzó para ganar, así como en Entre Ríos la inclusión del massismo en una alianza con el PJ no evitó una derrota por más de 15 puntos; y en el Chaco la lista kirchnerista que fue por afuera le succionó los suficientes votos al oficialismo provincial para hacerle perder la elección a manos de "Cambiemos".

Lo que supone que, si bien las arquitecturas electorales y las coaliciones que se construyen (lo más amplias posibles, en lo ideal) son importantes, el fondo del asunto es -como diría Fito Páez- una cuestión de actitud: el peronismo que le pedía a Cristina que diera un paso al costado y diseñaba un futuro que no la incluía ni a ella ni al kirchnerismo, no tiene un solo candidato que quede en pie como para reclamar nada: volvió a perder Schiaretti por amplio margen, Pichetto quedó pegado a la estrategia de Weretilneck y no tuvo parte en la victoria del FPV en Río Negro y Urtubey padeció en carne propia otro estruendoso ejemplo del fracaso de la estrategia de "si no puedes vencerlos, paréceteles": terminó tercero en su provincia, detrás del macrismo y de la lista kirchnerista .

Ni hablemos ya de Randazzo (perdiendo en diputados con la izquierda, peleando mano a mano con Pitrola para senadores), Bossio o el propio Massa; que ensayaba su retorno al PJ como consecuencia de la implosión final del experimento del Frente Renovador: terminó tercero en Tigre a 14 puntos de "Cambiemos" y 6 de "Unidad Ciudadana", con un importante corte de boleta a favor de su lista local, y en perjuicio suyo.

En la reconstrucción a futuro del mosaico del peronismo, y parafraseando a Borges, hará seguramente más el espanto a la consolidación del proyecto que encarna Macri, que las coincidencias entre sus dirigentes, pero hay algo que está muy claro: el peronismo será claramente opositor, o no será nada. Los que están conformes con el rumbo que el gobierno le imprime al país se expresan a través de "Cambiemos", los que se oponen a él son los que están reclamando la organización de una alternativa.

Los ganadores de la jornada que salvaron la ropa frente al aluvión de "Cambiemos" tienen en común entre sí diferentes grados de enfrentamiento con el gobierno nacional: Manzur en Tucumán, Gildo Insfrán en Formosa, Verna en La Pampa, Zamora en Santiago del Estero y los Rodríguez Saá con su espectacular remontada en San Luis; digna de todo elogio.

Más aun: el peronismo con todo y su crisis a cuestas, carga casi exclusivamente sobre sus hombros con la responsabilidad de articular una alternativa competitiva para el oficialismo de cara a las presidenciales del 2019. No es una exageración: el "progresismo" y sus diferentes sellos (incluido el socialismo santafesino)  afronta una crisis terminal como consecuencia de haber quedado entrampado entre el gorilismo honestista que practicó con ansias intentando competir con "Cambiemos" en el anatema del kirchnerismo; y la denuncia del deterioro de las condiciones socioeconómicas de vastos sectores de la sociedad que omitió, en obsequio a la "gobernabilidad". En ese sentido su situación es la misma del Frente Renovador: la polarización real de la sociedad no deja lugar a "terceras vías", ni a "no lugares". 

Es imposible medir el efecto en la elección del caso Maldonado, pero todo parece indicar que los derechos humanos no están hoy en la agenda política del electorado, o lo están pero del peor modo: con la confirmación de la muerte de Santiago "Cambiemos" mejoró sus números en Chubut, y con Milagro Sala secuestrada y en riesgo de vida en una cárcel jujeña, Gerardo Morales obtuvo un aplastante triunfo. Lo que supone que las convicciones morales y las credenciales democráticas de cierta parte del electorado son -como mínimo y siendo suaves- bastante plásticas; y que el autoritarismo creciente del gobierno se asienta en un importante respaldo social, por duro que resulte admitirlo. 

Después vendrán las lecturas del voto desde el propio sistema político (gobierno y oposición), y los factores institucionales que nunca se someten a él, pero tratan de condicionarlo siempre, y aprovecharlo cuando les conviene: con toda certeza las pulsiones autoritarias del gobierno irán in crescendo, tanto como las presiones del establishment para profundizar el ajuste y las reformas estructurales.

Se discutirán seguramente opciones políticas que van desde tender puentes desde el gobierno a sectores opositores para ensanchar las espaldas políticas que banquen el ajuste, hasta profundizar la cacería de brujas vía carpetazos judiciales para "aleccionar" a los que no se asimilen; y también es posible que el clima de euforia potencie la discusión al interior del bloque dominante por el modelo de desarrollo: dólar barato, deuda y bicicleta financiera versus dólar alto, licuación de salarios en dólares y salto exportador. Un conflicto al que habrá que prestarle atención, porque de su resultado dependemos todos.

Del lado de la oposición, nos quedamos con la convocatoria de Cristina anoche cuando salió a reconocer la derrota, y con esto que acota acá de Baleno: el piso desde el que hoy se arranca es mucho mayor que en la larga noche del menemato, cuando parecía que las mismas ideas y el mismo modelo de país que ayer fue respaldado en las urnas había llegado para quedarse para siempre.