LA FRASE

LA FRASE: "TODAS LAS BOTELLAS QUE LES SECUESTRAMOS A LOS TERRORISTAS TENÍAN ALCOHOL, COMO LO PUDE COMPROBAR PERSONALMENTE, UNA POR UNA." (PATRICIA BULLRICH)

miércoles, 25 de mayo de 2016

CUESTIÓN DE CORTES


EFECTO VETO


Las imágenes de  apertura son capturas de los diarios de ayer y de hoy, que tomamos al solo título de ejemplo;en tanto dan cuenta de los conflictos laborales en los que están en riesgo puestos de trabajo y que se extienden a todo el país, y todas las actividades; con sus más y sus menos.

Tienen también el valor de que son posteriores al veto de Macri a la ley de emergencia ocupacional (vulgarmente conocida como "ley anti-despidos"), aunque los conflictos se venían gestando desde antes, y ya estaban instalados cuando se discutió la ley. Precisamente por eso se la impulsaba: porque había conflictos, y problemas de empleo.  

Puntualización que es imprescindible hacer porque el núcleo duro de los argumentos del veto presidencial (analizados en su momento acá) parten de la base de negar el problema: no tenemos problemas de empleo, o en todo caso no esán en riesgo los puestos de trabajo, y tenemos que ver "como hacemos para crear nuevos empleos genuinos y de calidad".

Si se fijan en el post anterior (en el que pueden acceder al texto del decreto de veto) se hace hincapié incluso en que es bajísima la cantidad de Repro (programa del kirchnerismo por el cual el Estado asiste a las empresas en crisis) que se están ejecutando, o el número de empresas que ingresaron en el procedimiento preventivo de crisis.

Para peor, el cínico ministro de Trabajo les advierte a los empresarios que los Repro serán asignados solo a las empresas "que sean viables", porque en toda economía "hay empresas que mueren y nacen".

Pues bien, los casos que ilustran las imágenes -apenas unos entre tantos que se podrían mencionar- desmienten de plano los argumentos del gobierno: hay suspensiones, hay despidos, los había antes de que siquiera se empezara a discutir la ley (que aunque muchos lo ignoren, también prohibía las suspensiones), y los sigue habiendo luego de que Macri la vetara.  

Con mayor razón en éste último caso, pues aunque se aceptara que los problemas de empleo no se resuelven por una ley, se pueden sí agravar por un veto: es claro que los empresarios -que presionaron para que la ley se terminara vetando- han leído ese veto como lo que es, una luz verde del Estado para suspender y despedir personal.

De lo contrario no se entiende tanta oposición a una ley que prohibía suspender y despedir, por parte de gente que juraba y recontajuraba que no pensaba hacer ni una cosa, ni la otra.

Así que en estricta justicia, todas y cada uno de los despidos y suspensiones que vengan de ahora en más (y los que se han venido producidendo desde el veto mismo) podrán tener su origen en una u otra empresa, pero tienen un único, exclusivo y directo responsable: se llama Mauricio Macri, y es el presidente de la república.

BICENTENARIOS



El video de apertura corresponde a la síntesis que hizo en su momento la TV pública sobre los festejos del bicentenario, en mayo del 2010. Pasaron 6 años y parece tan lejano como aquél 25 de mayo de 1810.

Por entonces el pueblo ganó las calles para festejar y festejarse, y no es porque estuviéramos en un lecho de rosas: era plena "época de la crispación", en la que "se agigantaba la grieta"; y antes de los festejos populares habían pasado el conflicto del campo, la disputa por la ley de medios, el culebrón de Redrado y las reservas y por entonces el "grupo A" controlaba el Congreso; y desde allí intentaba torpedear la gestión de Cristina.

Y sin embargo se festejó, con alegría y con sentido de pertenencia, con alegría por el presente que se vivía, y con esperanza en el futuro; que se avizoraba promisorio. Era el festejo de los incluidos, que sentían suyo a un país que los dignificaba, y les reconocía derechos, y -sobre todo- un lugar en su construcción.

Por supuesto que también entonces estuvieron las caras de culo de siempre, de los que se enojan cuando el pueblo gana las calles; como se enojaron en el 45' y como se enojaron antes, en 1810; cuando quiso "saber de que se trataba". Los que en medio de la inmensa algarabía popular solo veían un "caos en el tránsito".

El contraste con éste 25 de mayo -incluso con el del año pasado, sin ir más lejos- en plena "revolución de la alegría" no puede ser más grande, y nada indica que se modifique de acá al 9 de julio cuando se conmemore el bicentenario de la independencia: si hasta el propio Macri pateó la promesa de la luz al final del túnel del ajuste, desde el segundo semestre para dentro de un año.

Por muchas veces dicho no es menos cierto: en el primer centenario de mayo la oligarquía se celebraba a sí misma y la consagración de la factoría colonial próspera y feliz, que era la negación misma del sueño libertario de mayo.

Claro que no todos estaban invitados al festejo: también se ha dicho hasta el cansancio que las celebraciones transcurrieron con ley de residencia, estado de sitio, represión de las nacientes protestas sindicales y presos políticos.

Hoy no se percibe en el semblante social la llegada de la prometida "revolución de la alegría"; y no se trata ya de que no estemos contentos nosotros, que perdimos las elecciones: es difícil encontrar rostros felices entre los que votaron al que ganó.

Se los ve sin muchas ganas de festejos patrios, con gesto ceñudo, enojados con la realidad y con la protesta, acaso decepcionados de "su" gobierno, o quejosos por "la pesada herencia recibida". O todo eso junto.

Y este 25 de mayo transcurre con protocolo de la protesta social (aplicado ayer nomás a los estatales mendocinos), veto a la ley anti-despidos en medio de una ola de despidos y suspensiones,  Milagro Sala presa política y el presidente "encapsulado" en auditorios seleccionados por temor a que lo puteen: las semejanzas con los fastos de la oligarquía no son sino la consecuencia natural de proyectos políticos que excluyen a las grandes mayorías, que son las que siempre protagonizan la alegría expansiva en el espacio público.

De hecho, para encontrar una expresión multitudinaria de júbilo popular (mezclado con un dejo de nostalgia) hay que remontarse a la despedida del pueblo en la plaza a Cristina, el 9 de diciembre del año pasado. De allí para acá cada vez que multitudes de argentinos ganaron las calles fue para protestar contra el gobierno de Macri: en la conmemoración de los 40 años del golpe, en las marchas por los despidos en el Estado o a favor de la ley de medios, en las protestas por los recortes al presupuesto universitario y educativo o en la convocatoria de las centrales sindicales para impulsar la ley que Macri terminó vetando. 

Tal como se dijo hace poco acá, no hubo "plazas macristas", ni las habrá hoy, para rodear al presidente CEO (al fin y al cabo puesto allí por los votos) de algo de calor popular. Es posible que -como decíamos en la otra entrada- se trate de una nueva sensibilidad política, a la que no le interesa expresarse en el espacio público.

Sin negarlo, creemos que la razón es más profunda: no hay festejos masivos, porque dejando de lado (para algunos) el final del kirchnerismo (el hecho maldito de la transición democrática), no hay nada más que festejar. A diferencia de hace seis años y -nos animamos a decir- hasta de hace 6 meses, muchos argentinos -entre ellos, muchos votantes del propio Macri- sienten que éste país ("su" país) no los incluye, ni les da motivo para el optimismo o la esperanza.

El contexto de éste 25 nos recuerda que -tal como lo era en 1810, cuando se daba el primer paso hacia su construcción- un país es un lienzo en blanco, un boceto que siempre se comienza una y otra vez, un proyecto de construcción colectiva donde nada está garantizado desde el principio, y todos los finales son posibles. Y vaya si los argentinos hemos aprendido eso, desde 1810 para acá.

Pero para festejar y festejarnos tenemos que tener voluntad de ser, por nosotros mismos y parados sobre nuestros propios pies, eso que había hace 6 años y hace 6 meses, y que hoy claramente está faltando, como faltaba en el primer centenario; de allí los parecidos.

Mientras muchos seguimos queriendo "saber de que se trata", lo que intuimos no nos gusta, porque no nos incluye y -sobre todo- porque no estamos invitados a participar de la gestación de ese "que", que deciden otros, por nosotros, en otros lugares.

Pero por difíciles que parezcan los tiempos -como lo eran en 1810- todo está por delante, y todo puede pasar. De nosotros depende, también. 

martes, 24 de mayo de 2016

SI NO HAY ALEGRÍAS, QUE HAYA OPTIMISMO Y ESPERANZA


¿LA BILLETERA DE ONGANÍA MATA AL "PERONISMO DE PERÓN"?


Para ser francos, no es que nos sorprendamos mucho: desde el principio no se los veía muy convencidos a los muchachos de pintarse la cara, y armar un plan de lucha o algo por el estilo.

De hecho, en ésta entrada decíamos nosotros: "Aprobado el proyecto en Diputados y aun antes de ese veto (ni hablar si finalmente y como todo lo indica, se produce) la política ya ha hecho lo suyo, y la pelota queda exclusivamente en el campo de las centrales sindicales.

Si al menos parte de ellas (sobre todo las CGT de Moyano y Caló) deciden tragarse sus propias palabras de ir al paro en ese caso y no ejercen presión sobre Macri para que promulgue la ley, estarán esterilizando las consecuencias políticas de la rotunda movilización popular que lograron el 29 de abril.

Habrá que pensar entonces que los siempre pospuestos anuncios sobre cambios en Ganancias y la plata de las obra sociales cumplieron en relación a los dirigentes sindicales -o para ser justos, parte de ellos- la misma función que los fondos de la coparticipación para con los gobernadores: billetera mata opositor, que le dicen.".

Sobre la guita de las obras sociales, y -en general- el funcionamiento de esa "caja" sindical, recomendamos leer éste posteo, y éste otro. Tema para una discusión más profunda, en otro momento. 

Lo que sí vamos a recordar al respecto hoy es que el sistema de las obras sociales sindicales tal cual lo conocemos hoy no es una creación del primer peronismo, sino del gobierno de Onganía, a través de la Ley 18.610 (1970), y desde entonces viene funcionando con diferentes "parches", según la idea que tuvieron los diferentes gobiernos para encarar el espinoso asunto de la financiación del sistema de salud.

En el gobierno de Macri la "caja" de las obras sociales sindicales (lo que era en tiempos del menemismo la famosa "APE": Administración de Programas Especiales, luego disuelta por Cristina) recayó en la Superintendencia de Servicios de Salud, a cargo de la cual "Cambiemos" puso a Luis Alberto Scervino; hombre de José Luis Lingeri, secretario general del gremio de Obras Sanitarias, pero que fue consensuado con todos los "gordos" del sindicalismo tradicional.

Dejando de lado a soretes inveteradamente funcionales a las patronales como Barrionuevo (patrón él mismo) o el "Momo" Venegas, los otros popes sindicales de las CGT como Moyano y Caló siempre hacen sus movimientos con un ojo puesto en éste tema, y de allí que no extrañe que el gobierno lo aproveche para abortar cualquier intento de paro o movilización para protestar por el veto a la ley anti despidos.

Habrá que ver como decantan los acontecimientos, pero tal como viene la mano, parece que para buena parte del sindicalismo la impresionante movilización del 29 de abril fue apenas una puesta en escena para apurar un par de cheques que estaban trabados.

Sería penoso que la billetera de Onganía condenara (una vez más, como en los 90') a los portadores del "peronómetro" a ser funcionales a un modelo político, económico y social que busca hacer tabla rasa con todo lo que representa el peronismo. 

IGUALITO


Leemos en la tribuna de doctrina: “El jefe de Gabinete, Marcos Peña, admitió hoy el impacto de las primeras medidas de ajuste de Mauricio Macri en las cifras de pobreza, pero advirtió que el ordenamiento de la economía evitó una "crisis devastadora". "El mayor aporte que estamos haciendo es evitar una crisis estructural. Los números de la economía de diciembre en cualquier contexto histórico estaríamos ante una situación más parecida como a la de 2001 y 1989.

En el 89’ -por si alguno no lo recuerda- la hiperinflación escaló a casi el 6000 %, y en la misma proporción crecieron la pobreza, el desempleo y la pulverización del salario, el dólar se fue a las nubes, el país estaba en virtual defáult de su deuda y se llenó de ollas populares y saqueos a supermercados y comercios, el FMI le negaba su asistencia y Alfonsín debió renunciar su cargo, seis meses antes de la finalización del mandato.

En ese marco, el Menem que había prometido en campaña el salariazo y la revolución productiva pudo ensayar primero el Plan Bunge y Born, y luego hacer aprobar por el Congreso en trámite express las leyes de emergencia económica y reforma del Estado, dando lugar al remate del patrimonio público y al prolijo desmantelamiento del Estado de bienestar del primer peronismo; proceso que se completaría poco después con la convertibilidad de Cavallo.

Los que siempre ganan volvieron a ganar, porque su especialidad son las crisis, y la fuga de capitales al exterior (con ambos gobiernos: el que se iba y el que llegó) fue colosal, financiada por el creciente endeudamiento externo, que terminamos pagando todos.

En el 2001 -más fresco en la memoria, sobre todo con el bochornoso fallo judicial de ayer por la represión en la plaza- el país afrontaba casi seis años de prolongada recesión, la deuda externa se había tornado impagable y un nuevo defáult era inminente, los bancos fueron vaciados y fugaron la guita de los ahorristas, volvieron los saqueos, estallaba la rebelión social en todos lados y De La Rúa la reprimía y declaraba el estado de sitio, para terminar también anticipadamente su mandato, huyendo de la Rosada en el helicóptero.

Poco antes nos dejó de regalo el Megacanje, otro colosal endeudamiento, y los que siempre ganan, volvieron a ganar: en ese marco de conmoción Duhalde impuso la pesificación asimétrica, las deudas en dólares de los grandes grupos económicos del país (que encabezaron además la fuga de capitales) fueron licuadas y las compensaciones a los ahorristas estafados y a los bancos fugadores corrieron por cuenta del Estado, es decir de todos nosotros. La crisis causó un aumento exponencial de la pobreza, el desempleo y la indigencia.

En diciembre del 2015, cuando comenzamos a transitar la “revolución de la alegría”, el país, lejos de ser un paraíso ideal, y con muchas dificultades, tenía un desempleo del 5,9 % y llevaba una década por debajo de los dos dígitos, había ampliado su cobertura previsional a más del 97 % con la última moratoria (la misma que el gobierno de Macri se apresta a dar por finalizada, sin prorrogarla), creció a un 2,1 % ese mismo año (reconocido por el propio INDEC “discontinuado” de Todesca) con la actividad agropecuaria y la construcción creciendo a más del doble del promedio, y como se vio acá la economía siguió creando empleo aunque a menos ritmo que años anteriores, cuando crecía a tasas chinas.

La inflación oscilaba entre un 22 y un 25 % anual según estimaciones privadas y con clara tendencia a la baja hasta que Prat Gay abrió la bocota y anunció la devaluación; y el endeudamiento público (medido en términos de porcentaje del PBI) era la cuarta parte del recibido por Néstor Kirchner en el 2003, y el más bajo desde los tiempos del primer peronismo.

Con todo y sus imperfecciones, el demonizado “cepo” contuvo la secular tendencia a la fuga de capitales y el país pudo crecer por más de una década, sin acceder a los mercados financieros; pagando en el transcurso puntualmente los servicios de la deuda reestructurada en los canjes del 2005 y 2010; mientras Cristina dejaba el gobierno en medio de una de las más grandes manifestaciones populares que se recuerden, desde el retorno a la democracia.

Igualito pero igualito -como dos gotas de agua- que Alfonsín en el 89’, o De La Rúa en el 2001, según nos cuenta el Jefe de Gabinete.

La “mega crisis” inminente a punto de estallar (pero invisible a los ojos del común de los mortales, y solo perceptible para los esclarecidos del gobierno) corresponde a la imaginación del señor Peña y la runfla que nos gobierna, que muy por el contrario y con una batería de medidas lanzadas sin pausa desde el primer día de gestión, nos autoinflingió una profunda y grave crisis, con efectos ya perceptibles en el salario, el empleo, el consumo y los niveles de pobreza.

Peña y sus mercachifles de la comunicación no engañan a nadie, o a casi nadie, salvo la audiencia cautiva de tele-lobotomizados: el libreto que están aplicando es el mismo de siempre de la derecha (vieja, nueva y repetida), que tantas veces hemos conocido y padecido: ajuste y pérdida de derechos para los sectores populares, colosales transferencia de ingresos para los más concentrados, endeudamiento y desguace del Estado, financiación social de la fuga de capitales.

Un libreto que -con leves adaptaciones en detalles secundarios- aplican sin importarles nunca el contexto político, económico o social en el que han de desplegarlo; de allí que tengan más dificultades para explicarlo, que para imponerlo: en esto último han tenido bastante suerte, en buena medida por el blindaje mediático de que gozan, y por la crisis de la oposición política y sindical.

No es (como nos quiere hacer creer Peña) que tenían pensado hacer otra cosa y tuvieron que cambiar sobre la marcha, porque se encontraron con que la herencia era más pesada que lo esperado: los famosos “perjuicios que causaron los contratos del dólar futuro” (por poner un ejemplo que les resulta familiar) se los autocausaron ellos mismos devaluando, y aun así, representan la cuarta o quinta parte de la bola de nieve que han creado con las LEBACS y sus intereses, sin contar el veloz reendeudamiento externo del país; que “volvió a los mercados”.

Como resulta difícil explicar que sin dictadura, hiperinflación o crisis institucional de por medio aplican un mix de las políticas de Alzogaray, Martínez de Hoz y Cavallo (en sus dos versiones: menemismo y Alianza), van hilvanando una tras otra una cadena de mentiras, que se pisan sucesivamente.

Primero negaron que fueran a ajustar, y cuando el ajuste ya estaba en marcha, lo negaron, para luego admitirlo pero minimizándolo con el cuento de que habían optado por el “gradualismo”; después el ajuste -por inocultable, ya admitido- pasó a ser duro, pero “nos duele a nosotros más que a ustedes”, y finalmente ahora es “sabemos que a ustedes les duele y lo están pasando mal, pero es necesario porque así evitamos un mal mayor, y llegaremos a la felicidad”.

Esa felicidad esquiva, que primero arrancaba en el exacto momento que Macri recibía los atributos presidenciales, para luego pasar a ser realidad -sucesivamente- “al levantar el cepo”, “al arreglar con los hold outs”, “en el segundo semestre” y últimamente “dentro de un año”, o sea: nunca, o no sabemos, o no nos importa.

Mientras, lo sacan a la cancha a Durán Barba para que nos explique el milagro de un presidente que ajusta, despide, tolera despidos y pulveriza el salario con sus políticas, pero cuya imagen positiva - pese a eso- crece día a día.

Pero que a los pocos días de asumir lanzó un “protocolo de la protesta social”, y ahora aparece en “actos cuidados”, cuidadosamente montados; como el del otro día en Cresta Roja. Debe ser para evitar que lo acosen sus fans.

lunes, 23 de mayo de 2016

TWEETS POLÉMICOS