LA FRASE

"HAY GENTE EN LA MESA DE ENLACE QUE CUESTIONA QUE YO NO HAYA DADO EL DISCURSO DE CIERRE DESPUÉS DEL PRESIDENTE EN EL ACTO DEL 8 DE JULIO, PERO LES HICE ENTENDER QUE TENEMOS QUE SER GENEROSOS." (DANIEL PELEGRINA)

lunes, 13 de julio de 2020

TWEETS POLÉMICOS

MENSAJE CIFRADO


Cristina habla poco, aparece poco en público, últimamente solo en las sesiones remotas del Senado. También interviene poco en sus redes sociales, acaso conciente del valor de sus palabras, y el de sus silencios. Y así como cuando hablaba mucho y frecuentemente los desvelaba, ahora los desvela con sus silencios, y los mismos que le pedían que se calle y la dibujaban con una mordaza en la boca, le piden que hable y se defina, pero sobre las cosas de las que quieren hablar ellos.

Ayer apareció y tuiteó pocas palabras, para recomendar esta nota de Alfredo Zaiat en Página 12 de ayer, sobre la élite empresarial argentina, y la convocatoria del gobierno nacional a la misma para colaborar en la reconstrucción del país post pandemia. Como Cristina dijo que la nota es "de lectura imprescindible para entender y no equivocarse", la nota de Zaiat es como si la hubiera escrito ella, y aconsejara hacer lo que allí se plantea.

¿Y qué dice Zaiat en la nota, y que plantea hacer?

* Que el presidente convoca a una tarea (la reconstrucción del país post pandemia en el marco de un modelo nacional de desarrollo) a un sujeto social (la cúpula de nuestro empresariado) al que no le interesan esos objetivos, porque son parte del problema, y no de las soluciones. Es decir, el peronismo chocando otra vez tozudamente contra el fantasma de la "burguesía nacional",ese unicornio de sus desvelos, desde que existe. 

* Que casi todos los integrantes del bloque de poder concentrado están cada vez más alejados del destino del mercado interno, operan en áreas monopólicas o con posiciones dominantes y están subordinados a la valorización financiera de sus excedentes, los cuales en gran parte son dolarizados y fugados. O sea, son beneficiarios directos de modelos que han fracasado en el país (como el de Macri), y que solo han servido para que ellos acrecienten sus negocios: solo entendiendo eso se puede entender su alineamiento incondicional con esos fracasos, una y otra vez.

* Que gran parte de los patrimonios de ese núcleo de empresarios poderosos está en el exterior, y su principal actividad se encuentra en servicios monopólicos o producción de materias primas exportables, por lo cual su propio destino queda escindido del general. De ello resulta que no solo padecen las crisis que nos aquejan al común de los mortales, sino que medran con ellas, y se vuelven más poderoso como consecuencia de sus estragos. Puntualiza que hay dos grandes `grupos empresarios (Techint y Clarín) que sobresalen en el liderazgo político de nuestro empresariado, y las instituciones en las que se nuclea.

* Que el grupo Techint se trasnacionalizó, y para tratar de preservar privilegios y cuotas de mercado de su producción de tubos con y sin costura exige protección para su actividad y, sin pudor, promueve apertura importadora para el resto. Opera en sectores con cuasirrentas monopólicas y millonarios subsidios fiscales. Y con décadas de fabulosas ganancias obtenidas en el mercado argentino, conseguidas por medidas públicas específicas para supuestamente inducirlo a un aumento de la inversión local y a entregar productos a precios competitivos al mercado doméstico, financió su expansión internacional."

* Que para Techint el modelo desarrollista fue favorable en su evolución inicial, pero ahora ya no le resulta útil. Por eso despide trabajadores desafiando al presidente , y porque considera al salario un costo y no un factor dinámico del mercado interno. Por eso postula un modelo económico de tipo de cambio elevado, puesto que por esa vía reduce el costo salarial al tiempo que beneficia su salida exportadora.

* Que el Grupo Clarín se ha consolidado como un conglomerado de telecomunicaciones luego de conseguir desembarcar en Telecom gracias a la flexibilidad regulatoria dispuesta por el gobierno de Macri; operando en un mercado de servicios de fuertes rasgos monopólicos y busca frenar el ingreso de la competencia; utilizando su amplia red de medios (diarios, radios y televisión) para expandir y defender cada una de sus posesiones. Resiste el congelamiento de tarifas de los servicios que prestan sus empresas, está en controversias con el Estado por pagos millonarios por la frecuencia de Nextel y pretende mantener un espectro radioeléctrico mayor al que le corresponde; pero ha conseguido del presidente la definición de que no insistirá en una ley de medios, y nada indica que esté dispuesto a revisar la fusión de Telecom y Cablevisión.

* Que ambos grupos (Techint y Clarín) no son sólo la expresión de la derecha empresaria por ser antiperonista o por la obsesión patológica con CFK y la letra K: se han convertido en la conducción política de ese espacio ideológico, fundamentalmente, porque les resulta funcional para la defensa y la aspiración de continuar expandiendo su base material. Y cuando se dice conducción, esta involucra al resto del empresariado, y a la propia oposición política mayoritaria: esto no lo dice Zaiat sino nosotros, pero basta ver el comportamiento del PRO, la UCR y la Coalición Cívica desde el 2003 para acá, cada vez que se intentó avanzar con alguna iniciativa que afectara sus intereses.

Y seguimos agregando por nuestra parte: junto con el sueño fallido de encontrar una burguesía nacional o construirla (sueno que, como dijimos, es parte del peronismo fundacional), el gobierno de Alberto Fernández y el presidente en particular, creen posible introducir una cuña en la oposición, entre los "racionales" y los "gurkas". Pero el intento falla por la base: no hay diferencias allí ni en la base social de representación, ni en los intereses materiales, objetivos, concretos y poderosos, que vehiculizan en el sistema político institucional. Esos intereses son los que no consentirán que se divida la oferta y el voto opositor, y los que alimentan la estrategia "gurka".     

* Finalmente termina Zaiat señalando que "La debacle económica y social por la covid-19 brinda una oportunidad excepcional para fortalecer el rol central del Estado en relación al mundo empresario y para el ordenamiento del funcionamiento de la economía.La pospademia en la economía y, en especial, la reconstrucción de una nueva normalidad económica, porque la anterior dominada por el bloque de poder tradicional probó ser un fiasco en términos de bienestar general, requerirá ampliar la base social de la alianza con el sector privado, incluyendo a pymes, cooperativas, emprendedores, firmas recuperadas, empresas de la economía popular. Para que los costos devastadores de la actual crisis no sean en vano, la política económica de la recuperación no puede quedar depositado en ganar la confianza de los empresarios del G-6.".

Y ahora volvamos a Cristina: ¿quién, si no el gobierno, debe "entender" para "no equivocarse", y como lo garantizaría? Simplemente como se dijo hace una semana acá, volviendo al principio: a recostarse en la alianza con los sectores que construyeron el "Frente de Todos", esos que por ejemplo estuvieron ausentes el 9 de Julio en Olivos. Hilo de tuits relacionados:

domingo, 12 de julio de 2020

TWEETS POLÉMICOS

"UN MUNDO SIN PERIODISTAS"


"Un mundo sin periodistas" se llamó un libro que escribió hace muchos años Horacio Verbitsky, hablando de los nexos del menemismo con los medios y con la prensa. Justo por entonces cierto periodismo (de "investigación", con ideas "progresistas") se erigía como la única "oposición real" al menemato; en tiempos de crisis de la política, y despliegue de la ilusión primer mundista. Por entonces, hasta Mariano Grondona parecía progresista, e invitaba a Verbitsky a sus programas.

Desde entonces, pasaron cosas: la burbuja de la convertibilidad estalló, sobrevino el "que se vayan todos", y el kirchnerismo fue la salida inesperada de la crisis como debía ser: desde la política. En espejo, el macrismo fue el otro emergente de la crisis, recogiendo los pedazos del costado derecho del tablero político que volaron por los aires en el estallido. Y allí estamos, trazos más, trazos menos, desde entonces.

Sin embargo, buena parte del periodismo argentino, de los dos lados de lo que por pereza intelectual se ha dado en llamar "grieta", y con ellos sus respectivas audiencias (mayormente cautivas y replicantes) siguen cómodamente instalados en el rol de guía y referentes políticos de la sociedad, a la que se creen en el deber de orientar con su palabra. En algunos casos por obvios motivos crematísticos: la audiencia genera auspiciantes, pauta, negocios en definitiva.

No se trata de desconocer el rol que juegan los medios de comunicación en la moderna sociedad de masas, sino de apuntar que, cuando un comunicador o varios ocupan el rol que deben ocupar los líderes políticos, hay algo que falla; porque las responsabilidades son diferentes (muchos periodistas se consideran exentos incluso de las que hacen estrictamente al ejercicio de su profesión), y sobre todo, porque las soluciones que pueden proveer son también distintas.

No se conoce el caso de ningún país que haya superado una crisis económica y política solo con informes del periodismo de investigación, o cuya sociedad se haya organizado para vivir mejor exclusivamente en base a las columnas de opinión de nadie. Siempre fue necesario (y lo seguirá siendo) que aparezca la política, y que cumpla cabalmente su rol de representar los intereses y los deseos de los diferentes sectores de una sociedad.

De hecho, pretender colocar en ese rol al periodismo es parte de una estrategia del poder económico (del cual los grandes medios son parte, y parte esencial) para conducir energías sociales a las vías muertas de la indignación paralizante, la queja catártica y la impotencia para organizar estructuras políticas superadoras de las crisis. El triste espectáculo de los sectores sociales que se movilizan en estos días contra el gobierno da cuenta cabal de ello.

A fuerza de insistir en esa táctica, el periodismo y los periodistas (en tanto a su vez instrumentos de los medios) se han convertido en parte central de nuestras disputas y debates políticos, en desmedro de nuestra calidad democrática: el aporte real que el periodismo hace a esos fines, está a años luz del que creen que hacen, de uno y otro lado de "la grieta". Más cuando el presunto debate se reduce a disputas de peluquería entre ellos, por problemas de cartel, revoleándose esqueletos de los placares.

Porque en el narcicismo periodístico de creerse el ombligo del mundo, no hay demasiadas distinciones entre Verbistky, Navarro, Sylvestre o Víctor Hugo por un lado, y Baby Echecopar, Feinmann, Lanata o Majul por el otro. Los tipos creen en serio que, además de mostrarte la realidad, te la tienen que explicar y editorializar, y decirte como la tenés que interpretar y entender, y obrar en consecuencia. 

Y han creado en mucha gente la necesidad de que eso sea así: gente que frente a cualquier tema que se plantea te dice "No saquemos conclusiones apresuradas, esperemos a que salga la nota del "Perro" Verbitsky en "El cohete a la luna""; o cosas por el estilo. No se trata, entonces, de construir "un mundo sin periodistas" (idea que romantiza bastante el rol del "periodista incómodo para el poder" que tantos usfructuaron por años), sino uno donde los periodistas cumplan el rol para el que se supone que el periodismo fue creado: informar. 

Del resto se tiene que ocupar la política, y si no lo hace, nadie lo hará por ella. Claro que esa es la idea, digamos: que en definitivas no lo haga nadie, y entonces el poder real puede seguir tranquilo con sus negocios.

sábado, 11 de julio de 2020

TWEETS POLÉMICOS

LIBERTADES


Si de liberales argentinos hablamos, Alberdi (a quien reivindican como modelo muchos de ellos) decía que eran devotos de una deidad que no conocen: la libertad. Y ejemplificando, historiaba con su aguda pluma las persecuciones que el mitrismo en el poder (MItre fue el fundador del "Partido Liberal") desataba contra sus opositores políticos, en todo el país. Lo acusaba además -con fundamento- de haber establecido un "despotismo turco" en la historia argentina, porque sus libros sobre Belgrano, San Martín, la Revolución de Mayo y la guerra de la independencia eran un "Al Corán" al que todos debían ajustarse, el relato oficial de la Argentina.

Como sabemos, Mitre tuvo éxito en la tarea, y aun hoy hay quienes creen que la historia "verdadera" del país es la que él escribió, aunque haya falseado hechos o inventado otros incomprobables. Y ese relato tuvo una clara intencionalidad política: asegurarle a la clase dominante que nadie pusiera en tela de juicio su rol en la construcción de la Argentina moderna, y de ese modo, no se cuestionara el modelo que ellos pusieron en marcha. Había que ocultar, por ejemplo, que para sostenerse en el poder entre la batalla de Pavón y la Ley Sáenz Peña (es decir, durante más de 50 años) debieron apelar al fraude electoral, a las intervenciones federales y al poder "persuasivo" del ejército de línea.

Una vez terminado el fraude y tras la experiencia de los gobiernos radicales, hubieron de apelar a los golpes militares, constituyendo a las fuerzas armadas en instrumento de los designios de las minorías del privilegio, saldando el "partido militar" nuestras controversias políticas. Antes y después de eso -es decir, durante toda la trayectoria de nuestra derecha política autodenominada liberal- apelaron a la persecución y el exterminio de sus adversarios, los fusilamientos, el destierro, la prospcripción electoral (con el radicalismo primero, y con el peronismo después), y de nuevo al fraude (pero esta vez denominado "patriótico", en la Década Infame.

Para preservar sus libertades económicas (léase privilegios) que son las únicas que verdaderamente les importan, nuestros liberales sostuvieron dictaduras militares, justificaron (y aun hoy lo siguen haciendo, para quien los quiera oír) torturas, desapariciones y violaciones masivas a los derechos humanos, instauraron el delito de opinión (con el Decreto 4161/56), derogaron una Constitución (la del 49' ) por decreto de un gobierno militar y reformaron la propia Constitución, durante un gobierno de facto y sin la presencia de la mayoría electoral en la convención reformadora.

Dicho está que la marca de orillo de nuestro liberalismo vernáculo es que, para poder practicarlo en el plano económico, hubieron de negarlo brutalmente en el plano político. Y lo de económico habría que matizarlo, porque cuando necesitaron que el Estado velara por sus intereses, los protegiera o los subsidiara, no repararon en exigírselo. 

Cuando en el 2015 lograron superar el estigma de no poder acceder al poder en elecciones limpias y democráticas, sin fraudes ni proscripciones y por uno de los suyos (con Menem practicaron con eficacia el "entrismo" al interior del peronismo), una vez allí, volvieron a mostrar la hilacha: persiguieron adversarios políticos, reprimieron la protesta social, intervinieron sindicatos, hostigaron medios y periodistas opositores o críticos, amenazaron en público a jueces cuyos fallos les molestaban, "patrullaron" las redes sociales husmeando opiniones adversas y hasta metieron presa a gente por tuitear.

De modo que solo alguien con un profundo desconocimiento de la historia argentina o un paparulo como Natanson que pergeñó aquello de "la nueva derecha moderna y democráticas", puede creer que nuestros liberales (desde 1945 para acá, antiperonistas, para más datos) creen realmente en la libertad, o en otras libertades que no sean la de poder comprar dólares, fugarlos del país, evadir impuestos, tener cuentas o empresas fantasmas en paraísos fiscales, o desregular el mercado del trabajo para poder despedir gente a gusto, sin tener que pagar indemnizaciones. A eso se reduce -como diría Alberdi- su "libertad", "he allí (siempre parafraseando al tucumano) su liberalismo".

Después de todos los sucesos trágicos de nuestra historia y en especial tras los horrores de la última dictadura, las fuerzas nacionales y populares revalorizaron lo que en los 70', en otro clima político, se llamaban despectivamente "libertades burguesas". Entendieron correctamente que era en ese marco donde tenían todas las de ganar, y que solo con la vigencia plena, permanente y cada día más profunda de la democracia, eran posibles los cambios profundos.

Nuestros liberales, en cambio, están muy lejos de haber hecho ese aprendizaje: basta ver el comportamiento de buena parte de la oposición, en especial la más visible y radicalizada, o de los sectores sociales que se nuclean en las protestas contra el gobierno con las que canalizan su frustración por el resultado electoral del año pasado (el combustible que alimenta todas las cambiantes disconformidades explícitas), para entender que no le reconocen ninguna legitimidad al gobierno que votaron el 48 % de los argentinos, ni se sienten obligados a esperar que concluya su mandato.

Cultivando el discurso del odio unos (los dirigentes) y verbalizándolo los otros (los que ponen el cuerpo en la calle o en las redes) juegan con cosas que no tienen repuesto, siempre al borde, siempre al límite, pero eso sí: en nombre de las libertades, las instituciones de la república y la Constitución. No es casual: exactamente bajo esas mismas invocaciones se gestaron y justificaron todas las interrupciones del orden constitucional de nuestra historia, sin excepción.

Y después de cada una de ellas (como bien sabemos, y algunos prefieren olvidar) no fuimos más libres, si no menos. No les permitamos que se apropien de cosas en las que no creen, y en las que jamás han creído. Imagen relacionada:


viernes, 10 de julio de 2020

TWEETS POLÉMICOS