LA FRASE

"EL DOMINGO QUE VIENE ME VOY MÁS AFILADO, EN CUANTO ME QUIERAN CORTAR PORQUE ME PASÉ DEL TIEMPO LO CAGO DE UN BALAZO AL MODERADOR, Y LISTO." (JUAN JOSÉ GÓMEZ CENTURIÓN)

miércoles, 16 de octubre de 2019

LA CRISIS QUE NO FUE


Uno de los dardos más certeros de Alberto Fernández en el debate del domingo pasado fue cuando desmontó la muletilla oficial de las “crisis recurrentes”, diciendo que nos quieren convencer de que cíclicamente y cada tantos años el país tropieza con alguna piedra; cuando en realidad la piedra son ellos: los sectores dominantes de la estructura económica nacional, y las políticas que impulsan y apoyan cada vez que gobiernan, o tienen influencia decisiva sobre el que gobierna.

Con un fracaso de la magnitud del de Macri, y ya desde que el gobierno acudió al FMI ante el corte del financiamiento vía los mercados privados de deuda, comenzó la operación discursiva que hace el periodismo hegemónico cada vez que el modelo neoliberal fracasa en el país: nos tratan de convencer que el problema no está en el modelo, sino que los que fallan son sus circunstanciales ejecutores; que no fueron capaces de ir a fondo, haciendo las reformas estructurales necesarias.

La definición se completa (con la invalorable colaboración del periodismo de Corea del Medio) con otro hallazgo teórico: el modo de ocultar el ostensible fracaso de éste gobierno es decir que la Argentina es un país inviable, en el que todos los gobiernos fracasan sin importar su signo, y ese fracaso es una responsabilidad colectiva, de la sociedad, de todos y cada uno de nosotros. De ese modo diluyen entre todos la responsabilidad concreta de los responsables reales.

Y para cerrar el esquema de indulto discursivo al fracaso neoliberal, nunca estará de más falsear la verdad histórica respecto a la “pesada herencia” que le tocó a cada uno al asumir al gobierno, es decir el punto de partida desde el que arrancaron y las dificultades con las que tuvieron que lidiar, y como las resolvieron.

Para eso vale tanto comparar lo incomparable, como lisa y llanamente mentir: días pasados Fernando González escribía en Clarín sobre transiciones complicadas entre gobiernos en la Argentina, poniendo en un mismo plano la hiperinflación de Alfonsín en 1989 (que licuó salarios y jubilaciones y arrojó a miles de argentinos a la pobreza), la crisis de la convertibilidad con De La Rúa en el 2001 (con estado de sitio, represión, muertos y “corralito” a los ahorros), con la no entrega del bastón de mando por parte de Cristina a Macri, en el 2015.

Del mismo género es esta nota de Jorge Herrera en Ambito de ayer, en la que analizaba como evalúa el mercado que será la transición entre las elecciones del 27 de este mes, y la asunción del nuevo gobierno, a la cual corresponde la imagen de apertura: vemos que allí se dice que Macri asumió el gobierno en medio de una “crisis asintomática” (o sea, una crisis que no se notaba, pero estaba allí), y que su gobierno fracasó porque trató de resolverla con “gradualismo”.

Es decir, el corazón de la mentira del núcleo discursivo del propio macrismo para explicar su fracaso. Obsérvese que en el mismo análisis se le baja el precio a la recuperación de la economía lograda por Néstor Kirchner a partir del 2003, señalando que al asumir él el gobierno la economía ya estaba encaminada, y el “trabajo sucio” estaba hecho: aun cuando eso pudiera ser cierto, la cuestión que se soslaya es cual fue el camino que tomó él apenas asumido el gobierno, de todas las opciones que tenía disponibles.

Porque esa es la discusión que quieren escamotearnos ahora, cuando nos hablan de las “crisis cíclicas” que se producen cada tantos años, como si se tratara de un fenómeno climático equiparado a la corriente del Niño, en el que las acciones humanas no tienen nada que ver. Pretenden que asumamos que hay un solo modo de encarar la crisis económica, que viene a ser el mismo que nos llevó a ella; como si el macrismo no hubiera existido, o las elecciones (en las que una mayoría de los argentinos rechazó de un modo contundente esas políticas y sus efectos) no hubieran sucedido.

Si alguno encuentra coincidencia entre esas lecturas en teoría “asépticas” para analizar lo que se viene y el discurso del macrismo, no es mera casualidad: así como Macri decía tiempo atrás ante una pregunta de Vargas Llosa sobre que haría en un eventual segundo mandato (“lo mismo pero más rápido”), la idea que intentan instalar es que el próximo gobierno solo podrá encauzar la crisis si retoma el ajuste allí donde Macri lo dejó, y lo hace más brutal, “para corregir las distorsiones estructurales, que nos llevan a las crisis recurrentes”.   

martes, 15 de octubre de 2019

EL ABUELO DE LA NADA

TWEETS POLÉMICOS

DE CARAVANA ENTRE LAS LLAMAS


Cualquiera sea la idea que se tenga sobre la consistencia de sus números, el "celebrado" INDEC de Todesca viene dosificando la difusión de las estadísticas oficiales, al compás de las necesidades de la campaña electoral del oficialismo. Claro que el desastre de la gestión de Macri es tal, que ni siquiera así (retrasando la difusión) puede evitar hacer oficiales malas nuevas que, de todos modos, los argentinos podemos palpar en nuestra existencia cotidiana.

Así por ejemplo las últimas cifras del desempleo, la pobreza, la desigualdad y la evolución del PBI que se conocieron (horribles todas) todavía corresponden al período previo a la aceleración de la crisis (y destacamos la palabra "aceleración") al compás de la contundente derrota del oficialismo en las PASO del 11 de agosto. Aun faltan las que reflejen ese proceso, aun cuando todos podamos intuir que serán peores, mucho peores,

De allí la contundencia del tuit de Nicolás Tereschuck con el que elegimos abrir el post: cuando las cifras de ese momento se conozcan, habrá que empalmarlas mentalmente con el bizarro espectáculo de la gira presidencial de despedida, para tener un panorama completo de la descomposición final del macrismo; un régimen que se soñó hegemónico para terminar chocando la calesita en menos de cuatro años, y salir de alegre caravana por el país, en medio de las llamadas y los escombros.

Es muy cierto -como apuntaba Edgardo Mocca en ésta nota de El Destape publicada el domingo- que nadie en su sano juicio (otra vez recalcamos, en este caso lo de "sano juicio") puede suponer que las chances del oficialismo de revertir el resultado sean reales, y que el "Macripallooza" sea la herramienta eficaz para conseguirlo: es obvio como apunta Mocca que lo que Macri intenta hacer es contener emocionalmente al tercio antiperonista de la sociedad argentina para evitar su desbande ante el fracaso estrepitoso del gobierno al cual apoyaron, para construir sobre esa base una alternativa futura de oposición al casi seguro gobierno de Alberto Fernández, con la esperanza de retornar al poder en cuatro años.

Y sin embargo, aun derrotado en las PASO y vaciado de poder político (esto desde mucho antes,  en especial cuando decidió acudir in extremis al FMI), Macri sigue siendo el presidente de un país con problemas gravísimos, y lo seguirá siendo hasta el 10 de diciembre próximo. Por eso no deja de asombrar su absoluto abandono de las funciones propias del cargo, para dedicarse de lleno a un carnaval decadente, y sin mayor sentido que ayudarse a sí mismo y a su núcleo duro de electores a metabolizar la realidad de una derrota inevitable; mientras la Argentina real se hunde en la pobreza, la recesión, la inflación, la desigualdad, el hambre creciente y la preocupación no ya por el futuro, sino por las condiciones cotidianas de existencia, en el presente.

Desde el piñazo de las PASO, los argentinos parecen haber establecido que de Macri y su gobierno ya no se puede esperar más nada, o en realidad el piñazo electoral fue consecuencia precisamente  de esa certeza. El gobierno no peronista que buscaba afanosamente terminar su mandato para romper un supuesto maleficio histórico más antiguo que el peronismo mismo, en realidad lo terminó ya hace rato, en una fecha imprecisa, y no parece tener ni intenciones ni posibilidades de retomarlo; con acciones concretas.

Porque no se puede considerar así a los manotazos de ahogado que Macri vino tirando en forma de medidas espasmódicas desde el 11 de agosto, sin resultados visibles: "cepo" a la compra de divisas, congelamiento de combustibles luego descongelado, eliminación del IVA a productos de primera necesidad que no logró detener la inflación y DNU para rebajar las indemnizaciones por accidentes de trabajo, detenido por fallos judiciales. Macri hace poco, tirando a nada, para resolver la crisis que él mismo creó, y lo poco que hace no sirve de mucho: peor aun, parece instalada socialmente la idea de que nada de lo que pueda hacer, será suficiente para conseguirlo.

Y esa certeza se acentuará, sin lugar a dudas, cuando se conozcan las cifras de las elecciones generales y la idea de la derrota de Macri tenga carácter oficial de irreversible: todo indica que la descomposición de los indicadores económicos y sociales se acelerará, el apetito dolarizador ya no podrá ser contenido por las débiles barreras del "cepo" macrista, y sin la asistencia de los dólares del FMI el final será imprevisible, pero nada halagueño: la duda es simplemente cuanto caeremos, y desde que profundidad nos tendremos que levantar.

Para ese entonces y aun habiendo ganado oficialmente las elecciones (que por ser generales, Macri ya no podrá decir "que no sucedieron"), Alberto Fernández no será aun presidente, y le faltarán 44 eternos días para serlo, y tomar el comando oficial de los resortes del Estado, para intentar empezar a enderezar el rumbo del país. En el mientras tanto, es una incógnita cual será la respuesta de Macri y sus apoyos sociales remanentes; porque los factores de poder "real", uno a uno, ya le sacaron el banquito dejándolo solo arriba del ring, y negocian con AF, o intentan marcarle la cancha de entrada.

Como lo señala Mocca, el eje de la disputa política se correrá más aun hacia el interior del FDT, para intentar profundizar posibles contradicciones internas (que existen, para que negarlas), e incidir de ese modo en el rumbo del nuevo gobierno, más allá de lo que haya votado la gente.

Pero el gran interrogante es como se tomará Macri la derrota, el abandono formal del poder y un futuro que no es el que seguramente soñó. A fuer de parecer pesimistas, diremos que si bien son circunstancias habituales en la vida de un político formado -y aun así, difíciles de digerir-, no lo son para un completo tarambana como el hijo de Franco, acostumbrado desde siempre a no perder y a que la realidad se amolde a sus deseos. Ojalá en el final de su penoso mandato aprenda, rápidamente y por las malas, las responsabilidades que conlleva el cargo para el cual fue elegido, y en el que aspiraba a ser reelecto; aunque nos permitamos ser escépticos al respecto. Muy. Tuit relacionado: 

lunes, 14 de octubre de 2019

PARA IR GUARDANDO LUGAR


PERDIDOS


¿Vos decís entonces que estuvieron 12 años diciéndonos que eran la mar en coche de progresistas, y los votaba gente que ahora votó a Amalia Granata?

¿O que eran los grandes defensores del pañuelo verde y lo chicaneaban con eso a Perotti, y al final tenían una bocha de votantes del pañuelo celeste?


¿Está enterado de esto el Coni Cherep?

¿O sea que la conclusión sería que hicieron todo bien, pero no los votaron porque se fueron de mambo con el tema del aborto, aunque el único diputado que tenían votó en contra?

Estamos un poco perdidos. Nosotros y más que nada, ustedes, que siguen sin entender lo que pasó.

Más desvaríos, acá. Tuit relacionado:

LO QUE DEJÓ EL DEBATE