LA FRASE

"EL GOBIERNO NOS GANÓ LA ELECCIÓN TRAYENDO A VOTAR A SAN LUIS A GENTE DE OTROS PAÍSES, COMO LA ARGENTINA." (ALBERTO RODRÍGUEZ SAÁ)

miércoles, 16 de agosto de 2017

SANTAFESES


El mapa cuya imagen encabeza el post lo sacamos de ésta nota del diario Uno de ayer; en la que se analizaban los resultados de las PASO del domingo pasado en la categoría concejales.

Siguiendo el enlace van a la nota, y clickeando en el circulito de cada una de las seccionales de la ciudad saben cuantos votos sacó cada fuerza política (en realidad las tres principales: Frente Justicialista, Cambiemos y Frente Progresista) en cada una de ellas.

Las seccionales que aparecen pintadas de azul (o sea, todo el borde oeste de la ciudad, de norte a sur) son las que ganó el peronismo, las amarillas "Cambiemos" (es decir la lista de Corral encabezada por Pereyra y su competidora de Ulrich Lehmann) y la anaranjada es la única seccional donde ganó el Frente Progresista (Jatón + Delfino).

Como los barrios del oeste son más poblados, en la sumatoria total el peronismo se alzó con el triunfo en la elección de concejales para toda la ciudad.

Ahora vean esta otra imagen, sacada del trabajo sobre homicidios dolosos en la ciudad que en su momento presentó el diputado Leandro Busatto (FPV) que pueden ver completo acá: 


En el trabajo se calcula la tasa de homicidios producidos cada 100.000 habitantes, en promedio, entre 2001 y 2016. 

Como pueden ver, en los barrios del oeste de la ciudad (en éste caso la división toma los distritos municipales, en el anterior las seccionales de policias) esa tasa oscila entre 24 y casi 44 homicidios por cada 100.000 habitantes, contra un promedio de casi 6 a 13 por cada 100.000 en los distritos del este de la ciudad.

Todo el borde oeste de la ciudad fue el que recibió el impacto pleno de la inundación del Salado en el 2003, y el más afectado también por las inundaciones del 2007; y se trata además de los barrios cuya población con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) es mayor en porcentaje, y por ende donde en mayor medida se sienten los efectos de las políticas del gobierno de Macri.

Cuando entrevistamos a Busatto en "Y nadie hace nada" por el trabajo sobre los homicidios en la ciudad (la nota la pueden escuchar acá) correlacionaba los datos de criminalidad violenta directamente con la ausencia del Estado: menor inversión en educación, salud y desarrollo social, más deficiente infraestructura pública y también desigual distribución de los recursos destinados a garantizar la inseguridad; pese a que son los lugares en los que la frecuencia del delito violento es mayor.

Dos ciudades (o más) dentro de una, desiguales y con disímiles comportamientos electorales, también: no es casual entonces que sea en esos distritos donde "Cambiemos" y el Frente Progresista hayan hecho sus peores elecciones: la gestión de la provincia en manos del socialismo y de la municipalidad en manos de la UCR-Cambiemos es allí decididamente mala.

Por contraste, el triunfo del peronismo en esos lugares no se puede explicar con el lugar común del clientelismo, pues no controla ni el gobierno de la provincia ni el de la municipalidad de Santa Fe desde el 2007; y tampoco el gobierno nacional desde el 2015.

Sin embargo, subsisten ciertas políticas de protección social desplegadas por el kirchnerismo entre 2003 y 2015: la asignación universal por hijo (AUH), la asignación por embarazo, las pensiones no contributivas y las jubilaciones provenientes de las moratorias previsionales. Y algunas de ellas (como las pensiones y la AUH) puestas en riesgo por la gestión de Macri, que viene dando de baja sistemáticamente beneficios.

Daría la impresión que la situación descripta deja una enseñanza para los diferentes sectores del peronismo local, de cara a las elecciones de octubre: los sectores populares, los más humildes y los más afectados por la crisis los ven como su natural representación política, a cambio de que asuman sin complejos la "pesada herencia" del kirchnerismo; y desde allí construyan.

DE COLUMNA VERTEBRAL A RUEDA DE AUXILIO


La previa de las PASO del domingo pasado sorprendió a la CGT sumida en la parálisis interna, la discusión de su nueva conducción con el fantasma de otra ruptura a la vista y sin haber tenido peso específico en la discusión de la oferta electoral de “los peronismos”.

Salvo -paradojalmente- la lista de "Unidad Ciudadana" encabezada por Cristina en Buenos Aires; en cuyo gobierno (y con el respaldo popular del 54 % de los votos obtenidos en el 2011) el sindicalismo cegetista hizo múltiples paros reclamando por Ganancias, una demanda que hoy es de una sofisticación tal que ha sido olvidada por los propios popes sindicales, para atender cuestiones más apremiantes; tal como la propia CFK lo advirtió el 9 de diciembre de 2015: empleo, salario, condiciones de trabajo y amenazas flexibilizadoras. 

Por contraste con aquéllos, una dirigencia sindical de la CGT donde abundan los sectores con pocas ganas de movilizar (viendo como les fue con el acto del atril y la última convocatoria en Ferro, se entienden los motivos) parece que se aferrará a los resultados del domingo como la justificación perfecta para seguir haciendo lo mismo que vino haciendo hasta acá, en 20 meses de gestión de Macri.

O sea, fungir de rueda de auxilio social del gobierno de los CEO's, encapsulando el  conflicto social, o contribuyendo a mantenerlo focalizado, contenido, controlado y en consecuencia, más fácil de quebrar, reprimir o diluir.

Macri consiguió todo eso hasta acá con mucho menos que el 54 % de CFK con el cual buena parte de ésta misma dirigencia se le paraba de manos por Ganancias; y todo indica que lo seguiría obteniendo, con los resultados del domingo: le darían más changüí para que avance, y los pase por encima.

Mientras “los mercados” y el poder económico reaccionan exultantes porque entienden que el gobierno logró respaldo ciudadano para ir...por reformas que caguen aun más al ciudadano. 

Nada que no se supiera antes de votar, o que no se hubiera dicho: después del domingo pasado habrá que archivar definitivamente la teoría del "engaño" que algunos acunaron en el balotaje, y que les permitía intentar un puente con los "arrepentidos" de haber votado a Macri.

Sin embargo, mientras muchos dirigentes sindicales siguen sosteniendo (en público o en reserva) la aversión a CFK y esperan para ver si las urnas en octubre escriben su epitafio (al menos hacia la disputa por el liderazgo del peronismo), saben que llega seguro al Senado; y que desde allí será también seguro la abanderada del rechazo a la reforma laboral, que más o más temprano se viene. Lo que son las vueltas de la vida.

Muchas se ha criticado la falta de una construcción sindical del kirchnerismo, o de un vínculo más permanente y coordinado con parte del movimiento gremial, incluso con razón; pero poco se lee o escucha de la escasísima visión política de buena parte de la dirigencia de la “columna vertebral”: con los mismos números de las PASO en la mano con la que se sienten legitimados para levantar -otra vez- el pie del acelerador de la protesta social, se pudo comprobar adonde terminó el experimento "post kirchnerista" del Frente Renovador de Massa, en el que muchos de ellos tenían puestas sus fichas.

Se abre a partir de agosto una coyuntura política más crítica aun y de cara a las elecciones de octubre, donde todos deberán barajar y dar de nuevo, para acertar con la estrategia más adecuada para afrontar lo que se viene; que seguramente será peor si el gobierno mejora sus resultados en las elecciones definitivas.

Y al igual que pasa con la dirigencia política opositora, habrá que ver que sectores del sindicalismo están a la altura de las circunstancias, porque ya no queda espacio para seguir adoptando posturas exclusivamente basados en rencillas del pasado; hoy superadas claramente por otro tiempo político, económico y social.

martes, 15 de agosto de 2017

CAOS EN EL TRÁNSITO


EL SOCIALISMO Y SU COMPULSIÓN POR SUBSIDIAR GARCAS


Primero subsidiaron con el 80 % del aporte estatal a la "escuela de la plaza" de Rafaela; la que armaron las familias empresarias más poderosas de la ciudad y -algunas- de la provincia: los Valsagna, Williner, Basso, Parra, etc. 

Después subsidiaron con el 100 % del aporte a los ultra integristas católicos de FASTA, propagandistas de la teoría de los dos demonios, y apologistas del terrorismo de Estado. 

Y como si todo eso fuera poco, ahora le dan el 80 % del aporte estatal para el pago de sueldos al "Instituto Tecnológico El Molino" de Esperanza; manejado según nos cuentan acá en su propia página por: "La Asociación responsable del gobierno y administración del ITEC es la Fundación Instituto Tecnológico “El Molino”, integrada por la Municipalidad de Esperanza, el Centro de Industria, Comercio, y Afincados de la ciudad de Esperanza, y la Sociedad Rural de Las Colonias " 

El CICAE es el mismo que organiza todos los años la FECOL, en un predio donado por la provincia, y en una sede construida con subsidios provinciales. De la Sociedad Rural, es poco lo que se puede agregar.

El extraño socialismo santafesino y su propensión compulsiva a subsidiar garcas.


EMPATE TÉCNICO


El primer dato duro que arrojan las elecciones del domingo es que después de 20 meses de gobierno de Macri -con todo lo que eso implica- "Cambiemos" logró consolidar en todo el país un caudal de votos casi similar al que tuvo en la primera vuelta de las presidenciales del 2015; lo que supone que más de un 30 % de los argentinos comparte y acompaña su visión de país, por más jodida que a nosotros nos pueda parecer, y por más jodida que efectivamente esté resultando en sus efectos, para muchos argentinos. 

Un voto claramente ideológico, que no acepta discutir política desde la ideología: la vieja astucia de la derecha de convertir en simple sentido común, lo que no es sino una visión particular y sesgada del mundo, la vida y la sociedad.

El dato preocupa tanto como el hecho de que pueda ser interpretado (y casi con certeza lo será) como una plataforma de lanzamiento de una fase más profunda y agresiva del ajuste estructural con el que sueña un gobierno que -en términos políticos- asumió desde el principio que su ajustado triunfo en el balotaje de hace casi dos años atrás significaba un cheque en blanco para ir a fondo con sus reformas, tanto como pudiera o se lo permitieran. 

Y la preocupación no disminuye si se considera que Macri fue el presidente menos "revalidado" en su primera elección de medio término posterior a la asunción desde 1983: si las cosas fueran tan lineales y solo mirando los resultados de su gestión de gobierno, debería haberle ido mucho peor.

El siguiente dato a destacar es que la oposición sigue desarticulada, y sin encontrarle la vuelta al desafío que representa la derecha gobernando el país por las urnas, y siendo competitiva en térmibos electorales; y esa desarticulación se constituye en un activo indispensable para el gobierno, para poder avanzar. Dentro de ese marasmo opositor el kirchnerismo -y en especial la figura de Cristina- con todo y sus limitaciones, parece ser lo único que ha quedado más o menos en pie, junto con algunos "peronismos provinciales" y algunos de sus aliados tradicionales (Formosa, Tucumán, Chaco, San Juan, Santiago del Estero), que lograron resistir el vendaval en sus distritos.

El déficit es más acentuado en los distritos más grandes, pero las escasas credenciales democráticas del gobierno lo llevaron a manipular los resultados de la elección para no aparecer perdiendo en Buenos Aires y Santa Fe, menos a mano del kirchnerismo (aunque acá la derrota fuera a manos del conjunto del PJ, interna mediante que ganó Agustín Rossi). Para peor, ya con la certeza de la derrota salieron a hablar de "empate técnico", suspendieron el recuento y difirieron el resultado a los tiempos del partido judicial; donde además juegan con ventaja.

En la elección más contaminada por los factores de afuera de lo específicamente político-electoral desde la vuelta a la democracia en 1983 (hasta extremos vergonzosos), el gobierno que llegó a las urnas jaqueado por denuncias sobre presos políticos, un desaparecido por fuerzas estatales y la represión de la protesta social, manipuló groseramente el escrutinio (y acaso haya intentado perpetrar un fraude en gran escala en algunos lugares); para generar un escenario "adaptado" al primer time televisivo, a la tapa de los diarios de hoy, a las repercusiones en la city y a la necesidad apremiante de lograr calmar la trepada del dólar justo antes del mega-vencimiento de LEBAC´s de hoy; aunque todo eso implicara llevarse puesta la credibilidad del proceso electoral.

Los medios hegemónicos y el gobierno jugaron con todo hasta el momento mismo en que se comenzaron a abrir las urnas (y bastante después), violando groseramente la veda y demostrando que están dispuestos a traspasar todos los límites que sean necesarios, con tal de consolidarse en el poder, y he allí otro dato preocupante: la suma de una base social de maniobra a la que no le interesa demasiado si el gobierno avanza en violaciones a los derechos humanos o recorte de porciones de bienestar para vastos sectores de la sociedad, con un gobierno que corresponde a esa fidelidad, avanzando en ambos sentidos con decisión. Un combo que solo puede augurar un aumento de la tensión política, y más retrocesos democráticos que posiblemente con un importante grado de tolerancia social.

De allí que no resulta sorprendente que el vendaval de las urnas se haya llevado puesta a la "ancha avenida del medio" pergeñada por Massa, y puesto en crisis terminal a su ensayo de jugar "de ambos lados de la grieta"; para capitalizar los votos de los descontentos del kirchnerismo, tanto como de los desilusionados del gobierno.

El macrismo apeló con todas las herramientas posibles (incluyendo las no tan sanctas, especialmente ellas) a la polarización con el demonizado kirchnerismo, y como dijo Schiaretti (uno de los grandes derrotados del domingo), mal no le fue. El asunto es si los que lo advirtieron (en especial en el peronismo) son capaces de extraer la enseñanza lógica de su propia constatación, de acá al futuro: hasta ayer mismo intentaban negociar "pactos de gobernabilidad" con un gobierno que hará rodar sus cabezas, apenas tenga la menor oportunidad; y que el domingo comenzó a afilar el hacha. 

Dijimos muchas veces acá que era crucial que Cristina gana en Buenos Aires aunque fuera por un voto, y la actitud delincuencial del gobierno en el escamoteo de su triunfo para evitar las tapas de los diarios del lunes, demuestra que ellos hicieron la misma lectura. La tarde noche del domingo y la madrugada del lunes nos dieron una metáfora bien precisa del panorama político de la oposición argentina: Randazzo yéndose a dormir a las siete de la tarde, y Massa felicitando al macrismo por su triunfo en la PBA, con solo el 18 % de las mesas escrutadas; mientras Cristina esperaba hasta bien entrada la noche para denunciar -con las cifras a la vista- el intento de fraude, y proclamar que "Unidad Ciudadana" había ganado. De la intensidad y decisión con la que se lo combata en el futuro, dependerá hasta donde pueda llegar el gobierno.

Decir que Cristina estuvo palo a palo con un candidato impresentable, o comparar sus cifras con el 54 % de las presidenciales del 2011 es estar mirando otro canal, o en realidad apostar a otra cosa; que no es precisamente corregir para mejorar: Esteban Bullrich fue una anécdota, tanto que lo escondieron para que la campaña se la pusieran al hombro primero Macri, y luego (cuando fue evidente que restaba) Vidal; eso sin contar los 20 meses de ofensiva mediática y judicial descarnada contra Cristina, que no paró un instante ni siquiera mientras los bonaerenses estaban votando el domingo. 

El camino desde acá a octubre será arduo seguramente, porque además enfrentamos a un adversario inescrupuloso, dispuesto a todo, que juega con malas artes y flojito de papeles democráticos; y es posible que la construcción del "partido del balotaje" en Buenos Aires ya haya empezado el domingo, con éxito para el gobierno, chupándole votos a Massa para impedir el triunfo de Cristina. 

Habrá que ver que pasa con el resto, y con los votos de Randazzo (en ambos casos para la misma categoría de CFK, en tanto se propusieron como alternativa para "frenarla" o "jubilarla"): si prevalece el "voto a ganador", el afán de enviarle un mensaje al gobierno, o la pulsión por excluir definitivamente a Cristina de la vida política; priorizando la construcción del "post kirchnerismo", a la de una alternativa política actual a las políticas de Macri.

Es tan cierto que -a a la luz de los números- muchos pueden cuestionar el acierto de no haberle permitido las PASO por adentro del PJ a Randazzo, como que éste desarrolló toda su campaña como si se las hubieran dado, pegándole todo el tiempo a Cristina, y rara vez a Macr, lo que pone como mínimo en entredicho si se trata de un voto permeable a votar a Cristina.

Si la intención real de ese espacio es otra (por ejemplo, frenar a Macri), ahora tienen la oportunidad de demostrarlo: bastaría con que llamen a cortar boleta en favor de Cristina para contribuir a derrotar al gobierno, votando su propia lista de diputados nacionales, para no diluir su fuerza propia en el conjunto. Lo mismo cabría para Massa, pero ahí la duda es cuanto voto peronista conserva, y es evidente que ha cavado una grieta más ancha con el kirchnerismo, de la que lo separa a Randazzo de éste. 

Parece poco posible un gesto tal de los dirigentes de ambos espacios, otra cosa son sus votantes. En el mientras tanto, algún pronunciamiento público de esos dirigentes en defensa de la transparencia del escrutinio de las PASO y pidiendo garantías para octubre, no vendría mal.

Lo concreto es que, como quedó comprobado con el bochorno del escrutinio, el único voto que le duele realmente a Macri (y no solo en la PBA, acá en Santa Fe ocurrió lo mismo) es el voto al kirchnerismo, lo cual es tanto un mérito de Cristina y sus posiciones políticas, como un resultado de las ausencias y deserciones del resto de la oposición. 

Lo que no implica que no haya en muchos distritos dirigentes que, no siendo del "núcleo duro" o "paladar negro" k (muchos de ellos han sido compañeros de ruta del kirchnerismo durante años) hayan revalidado títulos, y sean parte importante y necesaria de la construcción de una nueva mayoría. 

Quizás el caso santafesino sea la metáfora más precisa de las opciones que depara el difícil tiempo por venir: si lo que se quiere es frenar a Macri y "Cambiemos" (nunca enfatizaremos suficientemente el punto), con el kirchnerismo solo no alcanza, pero sin el kirchnerismo (que tiene la base social de adhesiones más firme, y la candidata más taquillera) es absolutamente imposible.

lunes, 14 de agosto de 2017

INDIGNACIÓN POST ELECTORAL


En instantes arrancamos por la FM Chalet 100.9 una nueva edición de "Y nadie hace nada" hasta las 21, hoy íntegramente dedicada al análisis de los resultados de las PASO de ayer.

Con nuestra habitual (y escasa, tirando a nula) solvencia nos vamos a ocupar de los resultados en la ciudad y en la provincia; y con la ayuda de un par de entrevistados, de lo que pasó en el resto del país, incluyendo -por supuesto y sobre todo- la provincia de Buenos Aires.

También estarán -como en todos los programas- la efemérides de la negra Romina, la cuidada selección musical a cargo de Sergio Delfino, y la tradicional "Mesa de noticias", hoy por supuesto dominada por las elecciones.

EL PROBLEMA NO ERA EL CHIVO, ENTONCES


Santa Fe fue protagonista nacional de la elección de ayer, y por las mismas razones que la provincia de Buenos Aires: el bochornoso intento del oficialismo nacional de disfrazar una derrota a manos del peronismo (con predominio kirchnerista), escamoteando la carga de datos en los distritos que le eran adversos. Y al igual que pasó en Buenos Aires, a temprana hora trataron de instalar que en la bota había ganado "Cambiemos" por un amplio margen: Corral salió exultante a hablar de un 40 %, y una gran diferencia sobre el segundo. 

Como pueden ver en la imagen de apertura, los datos fueron muy distintos, y el lentísimo escrutinio (más lento aun que el bonaerense) se detuvo a poco del final, cuando el PJ pasó al frente en los cómputos, y faltando escrutar casi en su totalidad mesas de Rosario, en las que la diferencia a su favor era de más de 5 %; por lo que todo indica que la ventaja final será mayor aun.

Y hablando del peronismo santafesino: la candidatura de Alejandra Rodenas fue orquestada por los senadores provinciales bajo el supuesto de que era necesaria una "renovación del peronismo" tras las sucesivas derrotas a manos del FPCyS, y que Agustín Rossi era un candidato perdedor, pese a que de las tres últimas elecciones a gobernador solo compitió en una.

De allí que Rodenas centrara más su campaña en hablar de Rossi que en cuestionar a Macri o a Lifschitz, y sus respectivos gobiernos; mientras que el candidato de "Unidad Ciudadana" se centró en el cuestionamiento central a las políticas del gobierno nacional, y la representación de los afectados por ellas. 

Los resultados están a la vista: el discurso correcto y la militancia personal de Agustín y de todos los candidatos de la lista y compañeros del espacio, le ganaron a la "construcción colectiva de base territorial" que representaba a la inmensa mayoría del peronismo "institucional"; pero que hace muchos años (demasiados) perdió la costumbre de hacer política del modo tradicional, acaso por depender en demasía de la campera roja de Reutemann primero, y de los acuerdos tácticos con el socialismo después, como con la instauración de la boleta única.

Pero además las PASO de ayer sirvieron para que en su conjunto el peronismo retuviera más o menos la cantidad de votos que obtuvo Omar Perotti (el gran ausente en ésta campaña electoral, que por ende no podrá capitalizar ahora el triunfo) para gobernador en el 2015, y superara a "Cambiemos" y más ampliamente aun (casi tres a uno) al oficialismo provincial del FCyS. En la ciudad de Santa Fe y para la elección de concejales el peronismo volvió a ser la fuerza más votada en las PASO, pero con 14 listas compitiendo entre sí; lo que determina la necesidad de hacer un enorme esfuerzo de unidad en la acción para asegurarse el triunfo en octubre. 

Un esfuerzo que ahora será encabezado por Marcos Castelló, que derrotó claramente a Sebastián Pignata (actual presidente del Concejo Municipal), que acumuló su tercera derrota consecutiva en las últimas elecciones en las que participó, lo que prácticamente liquida sus intenciones de encarnar la candidatura del PJ a la intendencia municipal en 2019. Justamente el ocaso electoral del sector de UPCN que se profugó al PRO en 2015 y retornó al PJ "indultado" por los órganos partidarios es la nota saliente de la interna, junto con la derrota de los senadores provinciales a manos de los candidatos de "Unidad Ciudadana".  

Claro que no es la primera vez que el PJ es la fuerza más votada en la primera instancia, y luego se diluye en la elección general porque hay sectores internos que no respetan el resultado de la interna, y dispersan votos. En ese sentido, si bien fue una buena señal que anoche mismo muy temprano Rodenas reconociera el triunfo y saludara a Agustín Rossi, por el contrario hubiera sido deseable que los sectores que perdieron la interna acompañaran en la madrugada a los referentes del kirchnerismo en el reclamo por las irregularidades en el escrutinio; porque estaban defendiendo los garbanzos de todos, y no solo los propios.

En la vereda de enfrente, Corral salió triunfante de la ruptura del FPCyS llevándose la mayor parte del voto radical, porque leyó correctamente la composición del voto mayoritario de la alianza  que gobierna Santa Fe desde el 2007: básicamente gorila y antiperonista; de allí que cuando apareció una opción que representa con más nitidez esa visión como "Cambiemos", hacia allí marcharon buena parte de los votos radicales, y del pseudo "progresismo" gobernante.

Sin embargo, la obediencia debida a las órdenes de la Casa Rosada de evitar una interna a toda costa, dejando fuera del sello oficialista a Jorge Boasso, le impidió disfrutar de una victoria en Santa Fe, frente al PJ. Y en la elección local a concejales, si se consideran los números que obtuvo cada fuerza, quedó segundo detrás del PJ; y solo pudo superar al FPCyS (con la candidatura de Emilio Jatón) por un puñado de votos, y gracias al decisivo aporte de Ulrich Lehmann, el candidato al que hasta le negaron una silla en los actos de Macri en Santa Fe.

Los grandes perdedores de la jornada, sin duda alguna y por donde se lo mire, fueron el socialismo y el gobernador Lifschitz: su candidato a diputado y ministro Luis Contiggiani quedó tercero lejísimos de las dos primeras fuerzas, obteniendo menos votos que la debutante Rodenas y registrando un porcentaje similar al desastre de Binner con las "tijeritas" en la elección presidencial del 2015.

Con Binner precisamente jubilado por el propio socialismo, con Alicia Ciciliani al borde de no renovar su banca (si los números de ayer se repiten en octubre), con Bonfatti guardándose para la disputa de la Casa Gris en dos años, con una "purga" interna que virtualmente expulsó al sector de Rubén Giustinianni, el peso de la campaña del FPCyS recayó en los hombros del gobernador; que además eligió a los dos candidatos que encabezaron las listas de concejales en Rosario (Pablo Javkin) y en Santa Fe (el actual senador provincial Emilio Jatón), con magros resultados: en Rosario el socialismo hizo una de las peores elecciones de su historia y el rechazo a la gestión de Mónica Fein fue contundente, y en Santa Fe no lograron el golpe de efecto de derrotar a los candidatos de "Cambiemos" en la elección municipal. 

Hay una fuerte sensación de agotamiento de ciclo y "boleto picado" en los actuales inquilinos de la Casa Gris, que hasta ven amenazado su reducto municipal en rosario a manos del PRO. Y Bonfatti (que no miraba mal que su rival Lifschitz se estrellara) puede ver comprometido su retorno a la gobernación en 2019, a poco que la oposición (en especial el peronismo) acierte en una candidatura competitiva.

Como se dijo en su momento acá cuando se cerraron las listas, el peronismo tenía un conjunto de circunstancias a su favor para volver a ganar en Santa Fe, si las sabía aprovechar mediante una estrategia inteligente. Los resultados de ayer lo empezaron a confirmar, así como también demostraron que el impedimento para conseguirlo no era Agustín Rossi.