LA FRASE

"QUIERO ACLARAR QUE NO SOY YO EL POLÍTICO FAMOSO CON EL QUE ESTÁ SALIENDO LUCIANA SALAZAR." (ROBERTO LAVAGNA)

viernes, 23 de agosto de 2019

LA REFORMA PENDIENTE


Se cumplen 25 años de la jura de la Constitución reformada en 1994, como consecuencia del Pacto de Olivos firmado entre Menem y Alfonsín, en un contexto muy particular: no solo se trata de que el presidente radical ya no esté entre nosotros o que su par que gobernara la Argentina en nombre del peronismo durante una década vegete en el Senado, sin gravitar en la política nacional.

Se trata de que la democracia argentina de los 90' que ellos quisieron congelar en una foto (la que plasma el Pacto, y la reforma que fue su producto) quiso ser repuesta en el presente reivindicando políticas y hasta actores que la encarnaron, y el experimento naufragó estrepitosamente, como no podía ser de otro modo; en tanto tutela intereses que excluyen a los de las grandes mayorías nacionales.

Aquella reforma se pensó con aires refundacionales para la posteridad, consagrando en esa perspectiva los límites y repartos de áreas de influencia entre un peronismo travestido en neoliberal que se soñaba protagonizando una larga hegemonía (tal como el macrismo, hoy de salida), y un radicalismo que institucionalizaba su rol de "custodio de las instituciones" y contrapeso "republicano" de ese peronismo; como también hoy -y siempre, inmunes al contexto y sus cambios como son- se piensan a sí mismos muchos radicales.

Pero en el medio pasaron cosas: la implosión del modelo de la convertibilidad cuando la UCR en el poder asumió la obligación de gestionarlo y sostenerlo con respirador artificial, la mega crisis del 2001 cuando las instituciones fueron puestas en máxima tensión, y el advenimiento de los dos hechos novedosos de la política argentina, post crisis: el kirchnerismo primero, y el macrismo después; impactando en ambos casos sobre las dos fuerzas del bipartidismo tradicional que parieron la reforma, y accediendo en ambos casos a la conducción del Estado nacional.

En el caso del peronismo, el modo en el que Néstor Kirchner eligió "salir por arriba" del laberinto de la crisis del 2001 lo cambió de un modo tal que aun hoy persiste, como lo comprueban los últimos resultados electorales: el intento nostalgioso de recrear un peronismo de la naftalina uncido al carro del neoliberalismo (encarnado en la candidatura vicepresidencial de Pichetto) naufragó electoralmente junto con el submarino amarillo macrista, después de haber intentado en vano relanzarse con el peronismo como apoyatura. Y nadie puede pensar hoy en un proyecto  de poder con eje en la fuerza creada por Perón, sin tener en cuenta el liderazgo y la figura de Cristina, y los vastos sectores sociales que en él se referencian, dentro y fuera del peronismo.

Para la UCR, su sociedad con el PRO pactada en Gualeguaychú en el 2015 terminó siendo una rendición incondicional ante la evidencia de que sus votantes ya se habían ido detrás de Macri (como se comprobó en las PASO de "Cambiemos" de ese año); y el resultado de la experiencia está siendo más traumático aun que el de la Alianza que conformara con el FREPASO, para dar lugar al inolvidable des-gobierno de De La Rúa. El Pacto de Olivos y la reforma alumbrada bajo sus cláusulas fue el último acto de la ilusión socialdemócrata en la UCR: de allí para acá todo fue un plano inclinado hacia el más ramplón balbinismo antiperonista, con la conducción real del partido en manos de caudillos conservadores del interior, usufructuarios de la beca del tercer senador por provincia.

De modo que las dos fuerzas (más que sus dos líderes de entonces) que hace 25 años dieron vida a aquella "Moncloa criolla" ya no existen como tales, con los contornos y sobre todo el poder y la influencia que en aquel momento tenían, y aspiraban a conservar en el tiempo a través de la reforma; y su idea recurrente de plantear otro pacto similar choca de frente contra la persistencia social de la "grieta", el clivaje peronismo-antiperonismo; que está más vivo que nunca por una razón muy sencilla: cuando el peronismo tiende a parecerse más a sí mismo (como sucede desde el kirchnerismo para acá), el antiperonismo lo rechaza de un modo visceral, obturando toda posibilidad de acuerdo o entendimiento.

Basta repasar el lenguaje épico que por estas horas asume el núcleo duro del voto a Macri, y que se expresa por ejemplo en los brulotes de Elisa Carrió, para entender que, parafraseándolos a ellos mismos, hay gente que se quedó en el 45', o para ser más precisos, en el 55': la edad dorada en la que el peronismo había sido desalojado del poder, y ni siquiera se le permitía competir en elecciones libres.

El nuevo gobierno que sucederá a Macri tendrá múltiples tareas urgentes que encarar desde el primer día, considerando el desastre económico y social que herederá; y seguramente entre ellas no estará encarar la reforma constitucional, y hasta un punto es lógico que así sea: los problemas del país no son culpa de la Constitución, aunque sí del neoliberalismo y sus ideas, que en buena medida sobreviven en ella.

No olvidemos que hace 25 años y durante la reforma, Cavallo tuvo un rol protagónico como censor externo a la Constiuyente, para garantizar que no se cometieran "desbordes" en la letra del texto, que alteraran el credo económico y social que por entonces presidía el gobierno del país; y que no es ni más ni menos que el núcleo duro de ideas que vertebra el plan de saqueo de la Argentina, que Macri viene ejecutando desde diciembre del 2015.

Hace mucho tiempo, incluso antes de que Macri ganara las elecciones y asumiera el gobierno del país, desgranábamos en esta entrada algunas ideas para una futura reforma constitucional, y a lo dicho entonces nos remitimos: el rol del Estado en la economía, el Banco Central, la deuda pública, los derechos humanos y las políticas de verdad memoria y justicia, la autonomía porteña, el manejo de los recursos naturales estratégicos, el Consejo de la Magistratura, el rol de la Corte Suprema de Justicia y el Poder Judicial, la delegación de facultades del Congreso al Presidente; son solo algunos de los tópicos a revisar.

Hoy podríamos agregar otros: instaurar mecanismos de defensa contra los efectos perjudiciales de la globalización financiera, consagrar el principio de progresividad en la legislación con base en los pactos regionales e internacionales de derechos humanos, institucionalizar el rol de las Fuerzas Armadas manteniéndolas al margen de todo lo que no tenga que ver estrictamente con la defensa de la soberanía nacional y la integridad territorial del país.

Pero insistimos, cuando las condiciones políticas lo permitan, la reforma de la Constitución Nacional (incluso para dar marcha atrás en muchos aspectos controversiales de la reforma de la que se cumplen 25 años) es uno de los debates políticos pendientes, que nos debemos los argentinos. Para adaptar el traje (la Constitución) a un cuerpo que ha cambiado mucho desde entonces, y para el que ya no se adapta, peor aun si se le hicieron remiendos -como pasó- al texto de 1853; en un contexto político que ya no existe.

jueves, 22 de agosto de 2019

CLARÍN Y LA FALACIA DEL HOMBRE MUERTO


TWEETS POLÉMICOS

MITOS ELECTORALES


* “El techo irrompible de Cristina”: con ella como candidata, el peronismo superó el 45 % de los votos afirmativos, requisito necesario para ganar en primera vuelta, como en el 2007 y el 2011 cuando fue candidata a presidenta. Claro que los votos no son todos de ella ni mucho menos, pero sin ella ni la oposición ni el peronismo pueden siquiera empezar a plantearse ser competitivos.

* “El apoyo decisivo de los gobernadores”: con la posible excepción de Entre Ríos y Córdoba que es un caso aparte que merecería tratamiento por separado, en la mayoría de los distritos los votos de la fórmula del “Frente de Todos” estuvieron en el nivel de los que obtuvieron los gobernadores del PJ que revalidaron títulos o consagraron a sus sucesores, o por encima. Y la fórmula ganó ampliamente en distritos donde los candidatos del peronismo y sus aliados habían perdido las elecciones provinciales, como Chubut, Río Negro, Jujuy o Neuquén. 

* "La ancha avenida del medio": entre los dos candidatos más votados sumaron más del 82 % de los votos afirmativos, y el tercero apenas pasó el 8 %. En 2015 el tercero (Massa) tuvo el 21 %, y los dos primeros sumaron en la primera vuelta el 72 %. La dinámica polarizadora dominó la elección.

* "Lavagna": la encarnación final de la idea anterior, cuando todos los demás globos de ensayo se pincharon. Pasó de los algo más de 3 millones de votos obtenidos en el 2007 (cuando aun estaba fresco el recuerdo de su paso por el Ministerio de Economía), a los poco más de dos millones ahora. Si alguien (empezando por él) supuso que hibernando 12 años mantenía intacto su magnetismo, le erró feo.

* "La izquierda crecerá capitalizando la crisis, y superando las divisiones que conspiran contra ese objetivo": el FIT sigue estando en el mismo porcentaje de votos que tenía cuando surgió, en medio de una crisis descomunal, con un gobierno de derecha declarada y con los peores indicadores económicos, sociales y laborales en años. Y el MST no llegó al 1 %: entre los dos frentes, juntaron 3 empanadas para dos, y a Manuela Castañeira en el reparto le tocó una aceituna.

* "El surgimiento del Bolsonaro criollo de la mano de los evángelicos y manoduristas": Biondini siguió en el mismo nivel de intrascendencia de siempre, y Gómez Centurión rozó el 3 %.

* "Espert, el candidato antisistema que atrapa el voto millenial, y le resta votos decisivos a Macri": quien sabe como votaron los millenials, pero sacó la séptima parte de la diferencia que separó a Alberto Fernández de Macri. Y el gobierno gastó toda su artillera judicial para bajarlo.

* "El voto celeste": si se comparan los 642.000 votos y pico que sacó Gómez Centurión, con los casi 288.000 votos que sacó acá en Santa Fe (8 % del padrón) Amalia Granata para diputada provincial, no son nada. De hecho, acá en la provincia GC y Espert (que usó el sello con el cual compitió Granata) juntos no llegaron al 40 % de sus votos: o el aborto no fue tema decisivo en la campaña, o a Granata la votaron más por famosa que por otra cosa.

* "El corte de boleta de los intendentes del PJ a favor de Vidal": Axel Kicillof terminó ganando por más de 18 puntos de diferencia, y obtuvo apenas 46.000 votos menos que la boleta de la fórmula presidencial, en una elección en la que los dos tramos pasaron largamente los 4,6 millones de votos en la PBA.

* "Vidal, la dirigente con mejor imagen del país": terminó perdiendo por más de 1,6 millones de votos, y tuvo una diferencia a favor con Macri de unos 236.000 votos, provenientes en su mayoría de votantes de Lavagna: su candidato a gobernador "Balli" Bucca octuvo 166.000 votos menos. 

* "La astucia de los gobernadores que van con boleta corta": las listas de candidatos a diputados nacionales de Weretilneck (Río Negro), Pasalacqua (Misiones), Arcioni (Chubut), Gutiérrez (Neuquén) y Schiaretti (Córdoba) perdieron a manos del "Frente de Todos", y en la mayoría de los casos terminaron terceros en la elección. Weretilneck se quedó con el senador de la minoría (los dos de la mayoría fueron al FDT), y el MPN se queda sin ningún senador, por primera vez en años. Los únicos que se salvaron de la catástrofe fueron los santiagueños del Frente Cívico.

* "La antinomia peronismo-antiperonismo ya no explica nada en la política argentina": de esta zoncera no hace falta explicar mucho, ¿no?

miércoles, 21 de agosto de 2019

PÓNGANSE DE ACUERDO, MUCHACHOS


TWEETS POLÉMICOS

LOS RIESGOS DE LA TRANSICIÓN



Tal como dijimos acá las PASO (esa "encuesta cara" que el gobierno quería suprimir) terminaron funcionando en la práctica como la primera vuelta de las elecciones, y a sus efectos nos remitimos: el piñazo que el "Frente de Todos" le propinó al oficialismo fue de knock out, y desde entoncess Macri deambula por el ring mirando al rincón para que alguien le tire la toalla; mientras se abraza a los ganadores, para no terminar de caerse al piso.

Desde el 11 de agosto para acá y en ese estado de conmoción, el presidente pasó por todas las fases: la ira destemplada contra el electorado por haber votado mayoritariamente a la oposición (a la que le echó la culpa de la agudización de la crisis), el pedido de disculpas coacheado, las medidas incoherentes tomadas a las apuradas, las reuniones de autoayuda en el CCK, la conversación con Alberto Fernández, la salida de Dujovne y la llegada de Lacunza, y el traspaso del mando formal de la campaña de Marcos Peña, a Elisa Carrió.

Las medidas que tomó Macri desde que las urnas lo trompearon fueron restringiendo aun más sus bases materiales de apoyo: redujo IVA y Ganancias sin consultar con los gobernadores de las provincias que desfinanciaba, congeló los precios de los combustibles sin consenso con las petroleras y así iba, hasta que la intentonta de subir las retenciones chocó contra la oposición cerrada de la Mesa de Enlace de las entidades agropecuarias, y quedó para otra oportunidad. 

Por otro lado y siguiendo con las metáforas boxísticas, los "mercados" le sacaron el banquito y lo dejaron solo: los bancos que le habían prestado un REPO de 2600 millones de dólares gatillaron la cláusula de pago anticipado por la caída vertical del precio de los bonos caucionados en garantía, y otro grupo de bancos está por hacer lo mismo, por otros 3000 palos verdes más. Los muchachos se apuran a cobrar su parte, antes de que no quede nada con que hacerlo.

En ese marco, el nuevo ministro Lacunza se estrenó con una convocatoria a los referentes económicos de los candidatos opositores cuya finalidad no está del todo clara, pero que tiene toda la pinta de ser un intento por comprometerlos con las medidas (desesperadas) que un gobierno de salida intentará tomar a las apuradas, para salvar el agonizante acuerdo con el FMI, y asegurarse el desembolso pendiente de 5400 millones de dólares, que debería llegar en septiembre. 

Es decir, a esa misma oposición (sobre todo al "Frente de Todos") a la que culpabilizan por la crisis, las están convocando para que preste apoyo político al plan que nos ha llevado al desastre actual, porque de los anuncios de Lacunza y Sandleris no se puede inferir ningún cambio de rumbo, sino todo lo contrario: seguirán apostando a subir las tasas, e intervenir en el mercado vendiendo las reservas del Banco Central para frenar el dólar, con una estrategia poco clara.

El llamado a cogobernar, disfrazado de pedido de "sostener la institucionalidad", llega luego de haber hecho campaña planteando la elección como un dilema en el que estaba en riesgo la democracia, si ganaba la oposición. Es decir, el macrismo repite la misma estrategia extorsiva con la que ellos y sus socios en "Cambiemos" comprometieron a sectores del peronismo como "dadores voluntarios de gobernabilidad, en el comienzo de su gestión; agitando el fantasma de que ningún gobierno que no sea peronista logra concluir su mandato desde 1928, cosa que -por supuesto- sería culpa del peronismo, y no de su propia incapacidad.

Pero hete aquí que mientas tanto el presidente juega al fútbol despreocupado, y las reuniones entre sus funcionarios se dilatan, hasta acomodarse a horarios más convenientes y sobre todo, menos madrugadores, como si nada hubiera pasado; y Carrió -lo dijimos, en los hechos la jefa de campaña del oficialismo de cara a octubre- sigue repitiendo en cuanto micrófono le ponen enfrente el mismo discurso acusatorio de Macri del lunes posterior a la elección, con argumentos bizarros e inverosímiles que nadie en la Casa Rosada se preocupa por desmentir.

 A favor de esta burda intentona del gobierno y como si fuera una maniobra de pinzas pero en defensa de sus propios intereses, los "mercados" (bancos y fondos de inversión) están presionando a Alberto Fernández para obligarlo de mínima a mostrar las cartas (su equipo económico, sus eventuales medidas), y de máxima a comprometerse públicamente a dar ciertas garantías de que no hará determinadas cosas, y por el contrario, "hará lo que hay que hacer": es el "Plan Calvo" por otros medios, es decir el intento de que el nuevo gobierno de continuidad a las políticas de Macri, pero con espaldas políticas más anchas para poder aplicarlas. 

La prueba de que las cosas son más o menos así, es que ninguna de las medidas mínimas e indispensables que aconseja el sentido común para enderezar el rumbo de la economía está siquiera en estudio por parte del gobierno, o sometida a consulta con la oposición: reponer los controles de capitales, restringir la compra de divisas, obligar a los exportadores a liquidar las divisas en un plazo perentorio, desdolarizar precios de la economía como las tarifas, los combustibles o los alimentos, recomponer ingresos de trabajadores y jubilados. 

Un "acá las elecciones no existieron" más grande que una casa, como si también al programa económico lo manejara Carrió. ¿Qué cosas se pueden acordar en esas condiciones, que no sean compartir los costos de una transición dolorosa con un gobierno derrotado y de salida, pero no dispuesto a cambiar de rumbo?  

En síntesis, una encerrona peligrosa para la principal fuerza opositora, y futuro gobierno del país, en la que no se puede permitir caer, dejando en el camino de acá a diciembre (que está lejísimos) jirones de la legitimidad que consiguió en las urnas en las PASO, y que todo indica va a revalidar y ampliar en las elecciones de un 27 de octubre que también está lejos.

En términos políticos la oposición -dijimos- le dio al proyecto de la continuidad del régimen un golpe de knock out, y tiene que tener la inteligencia necesaria para correrse a un costado, e impedir que un gobierno tambaleante la arrastre en su caída hacia la lona. Tuit relacionado: