LA FRASE

"PARA ANALIZAR SI REALMENTE HABÍA NECESIDAD Y URGENCIA PARA QUE EL PRESIDENTE DICTARA EL DNU 70 EN 2023 NOS VAMOS A TOMAR TODO EL TIEMPO QUE SEA NECESARIO." (HORACIO ROSATTI)
Mostrando entradas con la etiqueta controles cambiarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta controles cambiarios. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de abril de 2025

EN LA VIDA HAY QUE ELEGIR

 

domingo, 11 de septiembre de 2022

PIDEN REFORZAR EL CEPO, Y HAY POLÉMICA.

 

La historia es más o menos conocida, pero siempre conviene refrescarla: tras triunfar en las elecciones del 2011 con el 54,11 % de los votos y más de 37 puntos de diferencia respecto al segundo, Cristina comenzó su segundo mandato y, así como al principio del primero tuvo que afrontar la revuelta agrogarca contra las retenciones móviles, debió lidiar con los cacerolazos generados por las restricciones a la venta de dólares para ahorro y viajes, que los medios dieron en denominar "cepo". 

Podría decirse que allí comenzó el clima de época que caracterizaría todo ese mandato, pero el telón de fondo de la anécdota era un problema estructural de la economía argentina: la restricción externa, o carencia de divisas suficientes para atender las diferentes demandas de ellas, entre las que por supuesto atender las importaciones necesarias para la actividad productiva (en un país con altísimo grado de extranjerización como el nuestro) o los pagos de la deuda pública y privada deberían figurar en un orden prioritario.

Vanos fueron los esfuerzos de Cristina y mucha otra gente para explicar el problema, que consiste en que en país con una estructura productiva dual y desequilibrada como el nuestro, no producimos divisas en la cantidad suficiente, no al menos en forma genuina (fruto del comercio exterior); y no lo haremos hasta tanto no se produzcan cambios en la matriz productiva, sustituyendo importaciones y diversificando la canasta de bienes exportables para agregarle valor, y también para hacer disminuir el peso específico (que es económico pero también político) del complejo agroexportador, que le permite imponer condiciones; como estamos comprobando dolorosamente por éstos días cuando el gobierno cedió a la extorsión de los silo-bolseros para terminar concediendo una devaluación en forma de "dólar soja".

Al respecto, leemos en La Política Online sobre la preocupación de las cámaras empresarias que nuclean a las Pymes por el hecho de que se drenen divisas necesarias para la producción -sobre todo para la compra de bienes de capital o insumos intermedios-, por la demanda de dólares de los argentinos que viajen a Qatar a ver el mundial. Pocos días antes había expresado la misma preocupación la mismísima cúpula de la UIA, tan defensora ella siempre de las desregulaciones y aperturas.

Pues bien, la preocupación empresaria es valedera, pero remite a una discusión que michos pretenden dar por saldada, apelando al pensamiento único del neoliberalismo económico. Y esa discusión es sobre los grados y alcances de la intervención del Estado en la regulación de la vida de la sociedad en general, lo que incluye por supuesto su economía y dentro de ésta las estrategias para administrar un bien escaso y crítico, como las divisas. 

¿Qué hacer entonces frente al dilema que plantean los que producen, que nos impone elegir entre ellos y sus puestos de trabajo anexos. y los que quieren ir a alentar a la scaloneta en vivo y en directo, o verlos levantar la copa si la pelota nos fuera favorable?

Desde una mirada estratégica, propia de un proyecto nacional de desarrollo y crecimiento, la respuesta no es dudosa, y supone no solo mantener el "cepo" (es decir, cierto grado de restricciones a la compra de divisas, o fijar prioridades al respecto), sino reforzarlo. Como otros problemas, se resuelve con más y mejor intervención estatal, no con menos.

¿Cuál sería si no el sentido de conceder a los sojeros una devaluación que pulverizará aun más los salarios pero recompondrá un poco las alicaídas reservas del Banco Central, si los dólares así captados se van por la canaleta -entre otra- de los viajes al Mundial?

Y la cuestión pone también a prueba el "consensualismo" del gobierno: admitiendo por supuesto que no es ése el único canal (ni el más importante) de drenaje de divisas, demuestra que no se puede "gobernar para todos", ni tratando de eludir los conflictos, para no malquistarse con nadie. En la vida (también de los gobernantes) hay que elegir.

jueves, 8 de abril de 2021

UN TÍTULO CORRECTO

 


Ayer se conoció el DNU 234 por el cual se aprueba el "Régimen de Fomento de Inversión para las Exportaciones" (completo acá en el Boletín Oficial), para promover "...inversiones destinadas a la puesta en marcha de nuevos proyectos productivos en actividades foresto-industriales, mineras, hidrocarburíferas, de industrias manufactureras y agroindustriales, así como a la ampliación de unidades de negocio ya existentes, que requieran inversión con el fin de aumentar su producción.".

De acuerdo con el DNU, pueden acceder al régimen los sectores que, correspondiendo a las actividades mencionadas, realicen una inversión directa en moneda extranjera no inferior a un monto de cien millones de dólares, calculada al momento de la presentación del proyecto. Deberá tratarse necesariamente de una inversión nueva o destinarse a la ampliación de una unidad de negocio ya existente; y la norma precisa que en ningún caso se considerará como Inversión para la Exportación a las inversiones financieras y/o de portafolio, así como a la mera fusión o adquisición de empresas o de cuotas y/o acciones o participaciones societarias.

También se define quienes no podrán acceder a los beneficios del régimen: las personas humanas y/o jurídicas cuyos representantes o directores o directoras hubiesen sido condenados o condenadas por cualquier tipo de delito no culposo, con penas privativas de la libertad o inhabilitación, mientras no haya transcurrido un tiempo igual al doble de la condena; las que al tiempo de concederle los beneficios tuviesen deudas exigibles e impagas de carácter fiscal o previsional, y las personas que hubiesen incurrido en incumplimiento injustificado de sus obligaciones respecto de regímenes de promoción o contratos de promoción industrial. En la medida en que los requisitos e impedimentos establecidos se controlen rigurosamente -considerando la experiencia nacional en éste tipo de cuestiones- el régimen parece razonable.

Sin embargo, no todas las inversiones para ampliar exportaciones podrán beneficiarse con el régimen: quedan excluidas, a los efectos del cálculo del beneficio, las exportaciones realizadas por una unidad productiva relativas a las posiciones arancelarias de la Nomenclatura Común del MERCOSUR que detalla el anexo del DNU, y que son las siguientes: trigo, harina de trigo, almidón de trigo, gluten de trigo, pellets de trigo, maíz, maíz pisingallo, harina de maíz,  pellets de maíz, almidón de maíz, aceite de maíz, preparaciones de maíz, soja, harina de soja, aceite de soja, glicerol,  pellet de soja, proteínas de soja y biodiesel. 

Es decir, las principales exportaciones del complejo agropecuario, que son  su vez las principales exportaciones del país, en volumen. Según el DNU, la Autoridad de Aplicación del régimen (los ministros Guzmán y Kulfas) podrá incluir o excluir nuevas posiciones arancelarias dentro de las actividades que se incluyan en él, lo cual deja una puerta abierta -precisamente- para el lobby de ese sector tan poderoso, para poder acceder a los beneficios, que ya veremos cuáles son.

Porque ahí está el carozo del asunto: los que accedan al régimen gozarán de un monto de libre aplicación de hasta el veinte por ciento (20 %) de las divisas obtenidas en las exportaciones vinculadas al proyecto presentado, para poder ser destinadas al pago de capital e intereses de pasivos comerciales o financieros con el exterior, utilidades y dividendos que correspondan a balances cerrados y auditados o a la repatriación de inversiones directas de no residentes. Este beneficio no podrá superar un máximo anual equivalente al veinticinco por ciento (25 %) del monto bruto de divisas ingresadas por el beneficiario o la beneficiaria en el Mercado Libre de Cambios (MLC), para financiar el desarrollo del proyecto y podrá aplicarse una vez transcurrido un año aniversario desde que se haya hecho efectivo dicho ingreso.

Hablando en criollo: más apropiado que hablar de un régimen de fomento de las inversiones para incrementar exportaciones (aunque pueda producir con el tiempo ese efecto), se debería decir que se trata en rigor de un levantamiento parcial del "cepo" cambiario bajo ciertas premisas, tal como lo señala certeramente la imagen de apertura, tomada de El Cronista. Si los que acceden al régimen no utilizan esas divisas de libre disponibilidad provenientes de sus exportaciones a los fines indicados (pagar préstamos, distribuir dividendos o repatriar inversiones), deberán depositarlos hasta su utilización, en las cuentas corresponsales en el exterior de entidades financieras locales /o en cuentas locales en moneda extranjera de entidades financieras locales; o sea "calzarlos" en un plazo fijo.

Una vez que alguien accedió a los beneficios del régimen (disponer libremente de las divisas obtenidas por exportaciones) para lo cual la Autoridad de Aplicación le extenderá un certificado, el artículo 15 del DNU establece que los proyectos de inversión aprobados gozarán de "estabilidad normativa en materia cambiaria" por el término de quince (15) años contados a partir de la fecha de la emisión del Certificado, estabilidad que consiste en que los beneficios otorgados no podrán ser afectados por la normativa cambiaria que se dicte estableciendo condiciones más gravosas que las que se encuentran contempladas en el mismo.

Otra vez traducimos al criollo: si en el futuro se vuelve a implantar un "cepo" (léase controles cambiarios y restricciones al acceso y disponibilidad de las divisas), a esas inversiones y proyectos de esos exportadores, no se les aplicaría. Algo parecido a las "reglas de juego claras y estables" aprobadas para las mineras en tiempo del menemato con el "Acuerdo Federal Minero", y aun vigentes hoy.

El régimen del DNU se inscribe dentro de una visión -que parece predominar en el gabinete económico- de otorgar beneficios al capital, para atraer inversiones, y en éste caso divisas. Pero si bien el decreto contempla que el Banco Central debe informar respecto de los efectos concretos de cada proyecto aprobado en el balance de pagos (es decir, cuantas divisas aporta y cuantas se van), se están concediendo hoy -al calor de la necesidad de divisas- beneficios que el Estado se compromete a sostener en el tiempo, sin tener la certeza de que el mecanismo ayuda a superar la restricción externa a mediano y largo plazo, en lugar de agravarla.

jueves, 4 de junio de 2020

REGLAS CLARAS Y QUEJAS LLAMATIVAS


Hace unos días analizábamos en este post, las medidas dictadas por el Banco Central a través de la Comunicación “A” 7030 y relativas a las operaciones de importación. En la misma se establece que las empresas que cuenten con activos líquidos originados en la formación de activos externos, es decir las empresas que fugaron divisas al exterior, deberán abonar con esos dólares fugados las obligaciones que deban cancelar, es decir los pagos que deben efectuar con motivo de las importaciones que realizan.

De esa forma, se evita la conducta desplegada por varios actores del sector, quienes (más allá de la ganancia que obtendrían por la venta de los bienes que importan) hacían jugosas diferencias con la venta de los dólares obtenidos en el Mercado Unico y Libre de Cambios (dólar oficial de $70) y la venta de esos dólares a través del contado con liquidación (CCL) a un precio muy superior.
Ello explica que el Banco Central dispusiera que las empresas que hubieran operado en CCL desde el 1º de abril de 2020, no podrán adquirir dólares a través del  Mercado Único y Libre de Cambio (MULC), y aquellas empresas que adquirieron divisas a través del MULC, deberán esperar un plazo de 90 días para poder operar en CCL.
Y para graficar la operatoria que hasta ahora venían realizando algunas empresas, poníamos un ejemplo:  éstas empresas vendían algunos de sus muchos dólares a través del Contado con Liquidación (CCL) a $120. Y después, con la excusa de una operación de importación, compraban esos mismos dólares a $70 través del Mercado Unico y Libre de Cambios (MULC). Cada 100.000 dólares vendidos a $120 a través del CCL recaudaban 12 millones de pesos, y después compraban esos mismos 100.000 dólares a 7 millones de pesos en el MULC, pase mágico por el que ganan una diferencia de 5 millones de pesos.
Como el juego terminó, se escuchan algunas voces interesadas en que regrese, voces y voceros que a través de los medios exponen quejas confusas y hasta contradictorias, vaticinando el caos por ausencia de insumos y bienes importados a causa de las medidas del Banco Central.
Llamativa y coincidentemente, las quejas provienen de sectores líderes en la fuga de divisas, como el sector automotor, los bancos, o el auto denominado “campo”, a través del cual se expresan en realidad las grandes cerealeras.
Entre las quejas expresadas, nos encontramos con el descontento por tener que vender los dólares que fugaron al exterior para cancelar operaciones de importación. Manifiestan  así su dolor por tener que recurrir a las cajitas felices que tienen en el extranjero, pero lo que no explican es que esas divisas que fugaron, fueron generadas en actividades desplegadas en Argentina, es decir que es riqueza que se generó en el país.
Desde el sector automotriz, la cámara que agrupa a las marcas importadas (CIDOA) a través de su presidente expresa que  “En la práctica, este fenómeno de desabastecimiento de 0km de segmentos altos ya estaba sucediendo como consecuencia de la mayor demanda provocada por la brecha con el “blue”. Ahora, se profundizará porque, en este contexto, será más complicado importar. Por un lado, por los mayores controles aduaneros que dificultarán el ingreso de vehículos “. 
¿Pero porqué será más complicado importar? Si las empresas integrantes de la cámara de importadores no han operado a través del CCL pueden acceder al MULC y comprar los dólares que necesiten para importar automóviles. Lo mismo es aplicable a las terminales de automotores que fabrican en el país y que utilizan componentes importados.  
Y sumado a las quejas el sensible sector del “campo”, su voceros expresan que: “…..la medida provoca un cepo a los importadores de insumos que son esenciales para las labores agropecuarias, lo que ha derivado en numerosos problemas para acceder a fertilizantes y agroquímicos”,  y advierten que   “un trigo con baja tecnología productiva puede rendir 2,5 toneladas por hectárea y con una buena tecnología mínimo 3,5 toneladas por hectárea. Si se van a sembrar 6,8 millones de hectáreas, con baja tecnología la producción total sería 17 millones de toneladas, y con la tecnología adecuada 23,8 millones de toneladas. La diferencia de 6,8 millones de toneladas, significa que la Argentina perdería un ingreso de 1.156 millones de dólares”.
Este mismo sector que expresa su disconformidad con las medidas del BCRA y dice temer por las importaciones de insumos, simultáeamente sostiene que hay atraso cambiario, y por eso se mantienen sentados sobre la producción y no liquidan divisas.  
Entonces no se comprende el temor, porque las operaciones de importación y exportación se hacen al valor del dólar oficial. Si hay atraso cambiario, y por lo tanto el dólar oficial estaría a un precio bajo ¿ello no es conveniente para las operaciones de importación?  

miércoles, 15 de abril de 2020

APAGUEMOS EL ESPIRAL

lunes, 4 de noviembre de 2019

UNA DISCUSIÓN PENDIENTE


Tal como da cuenta la imagen de apertura (que corresponde a ésta nota de La Política Online), en la semana post electoral en la que endureció el "cepo" hasta casi virtualmente prohibir la compra de dólares para atesoramiento, el Banco Central pudo comprar billetes en el mercado para sostener su valor, y sumar 260 millones para las reservas. Nada en comparación con los más de 22.000 millones de dólares rifados desde las PASO hasta la elección general, pero un cambio de tendencia, directamente vinculado a los cambios en las regulaciones aplicables al mercado de divisas.

Tampoco podemos saber si se tratara de una golondrina que no hace verano, o la tendencia se sostendrá en el tiempo, pero sirva el dato para reflexionar respecto de un rasgo estructural y permanente de nuestro modelo productivo (la restricción externa), el modo de encarar el problema y las regulaciones que hay que adoptar para el manejo del mercado cambiario: es tan erróneo defender de modo cerrado el "cepo" (el modo coloquial con el que los medios bautizaron las restricciones establecidas en el segundo mandato de Cristina), como abjurar de él como si fuese un instrumento satánico; cuando se trata de herramientas de política económica que, bien diseñadas e instrumentadas, pueden ser virtuosas. 

A pocos meses de haber asumido Macri el gobierno, y en una serie de posteos en los que reflexionábamos sobre las posibles causas de la derrota en el balotaje del 2015, decíamos nosotros acá: "Lo cierto es que dio la impresión de que menospreciamos el rasgo cultural de muchos argentinos de querer ahorrar en dólares (históricamente justificado por nuestro historial inflacionario); sin lograr que se entendiera que en cualquier país del mundo las divisas son un activo estratégico de la economía, que por tal carácter no puede dejarse librado pura y simplemente al mercado, del mismo modo que el tipo de cambio que es su consecuencia; y termina modelando el perfil del desarrollo productivo.

Lo que supone -por ejemplo- que es el Estado el que fija las prioridades para el uso de las divisas, algo olvidado (o no explicado debidamente) por los gobiernos kirchneristas cuando los dólares abundaban y había que intervenir en la “flotación sucia” comprándolos para evitar una apreciación del peso; y que se reveló una dificultad crucial cuando las condiciones cambiaron, y los dólares comenzaron a escasear.

Allí apareció en toda su dimensión problemática un rasgo estructural de nuestro modelo de desarrollo productivo que es la restricción externa, que crea tensiones hacia el conjunto de la economía; en especial porque los sectores que más dólares demandan son los que -hoy por hoy- tienen menos capacidad de proveerlos, como la industria: lo dicho antes sobre las condiciones negativas para el flujo de dólares creadas por las dificultades del comercio exterior no implican desconocer otras restricciones internas que suman presión a la demanda de divisas, como las importaciones de energía y combustibles, o los escasos grados de integración de piezas nacionales en muchas ramas de la industria, como la automotriz o de electrodomésticos.

Nuestras fallas comunicacionales posibilitaron que muchos sectores del poder económico que pugnan por acceder a las divisas para sacarlas del país (por vías legales o no) lograran encolumnar a los pequeños ahorristas o al que quería hacer un viaje al exterior detrás del reclamo del levantamiento del “cepo”, cuando en realidad el “dólar ahorro” y el “dólar turista” son apenas una pequeña parte del problema, al menos si se los compara con los dólares que se van anualmente por concepto de fuga de capitales, distribución de utilidades de las multinacionales con sede en el país, el “contado con liqui” y otras operetas financieras.".

Lo dicho entonces conserva plena vigencia hoy, cuando podemos anotar otros dos elementos al panorama descripto: uno es que el modelo económico puesto en marcha por el macrismo ha agudizado la restricción externa al permitir (al menos hasta esta semana) el acceso irrestricto al mercado de divisas y la libre circulación de capitales sin ningún tipo de cortapisas y -también hasta hace poco- dejar el mercado cambiario en manos de los exportadores, al prolongar los plazos para que liquiden las divisas, hasta prácticamente eximirlos de la obligación de hacerlo.

Y el otro es que los sectores que protestaban agriamente contra el "cepo" de Cristina que estuvo en la génesis de los cacerolazos contra su gobierno, hoy parecen tolerar sin resistencias la casi total prohibición de comprar dólares para ahorro, o que se ponga un límite casi absoluto. Está muy claro que el gobierno toma esa medida luego de las elecciones, porque de haberlo hecho antes se hubiera granjeado la antipatía de sectores que forman parte del núcleo duro de su base electoral (hecho que acaba de admitir con honestidad brutal Sandleris); y en el mientras tanto en las siete semanas que mediaron entre las PASO y las generales el Banco Central dilapidó 22.000 millones de dólares de sus reservas.

La economía argentina seguirá teniendo restricción externa durante mucho tiempo, hasta tanto adopte un modelo productivo que elimine los factores estructurales que la causan, y que son los que apuntábamos en nuestro posteo anterior al que nos remitimos. Y el país ya no aguanta resolver esa restricción por la vía del endeudamiento en divisas, o de permitir el libre ingreso de capitales especulativos, sin restricción alguna; tal como ha sido el modelo fracasado ensayado por el macrismo, con los catastróficos resultados conocidos.

La falta de divisas necesarias para el pago de los servicios de la deuda y para sostener el funcionamiento de la economía debe resolverse con dólares genuinos que provengan de la inversión extranjera directa (IED), o de las exportaciones y el superávit comercial. Mientras tanto, el gobierno de Alberto Fernández deberá mantener -e incluso profundizar- las restricciones a la compra de divisas con fines no productivos; siendo las herramientas que decida emplear ("cepo", desdoblamiento cambiario) cuestiones secundarias a esa conclusión principal; y lo deberá hacer le guste o no, y cualquiera sea la opinión que tenga respecto al "cepo" ensayado durante el segundo mandato de Cristina: como él mismo dijo, ser pragmáticos y no atarse a determinadas premisas teóricas, cuando eso impide encontrar soluciones concretas a problemas graves, y vaya si el de la restricción externa lo es.

Por ende, afrontemos todas las discusiones necesarias sobre el tema (como reconvertir las ramas de la industria más demandantes de divisas, como aumentar el potencial exportador), pero desde esa lectura realista de la situación. Como es muy posible que, en ese contexto, deban tomarse medidas que sean antipáticas para sectores sociales que nos adversaron con su voto (y que seguramente protestarán mañana por lo que toleran hoy, porque lo hizo "su" gobierno), se requiere también tener el cuero duro para resistir el coro de quejas, y hacer lo que haya que hacer, le guste a quien le guste, en ésta cuestión tan crucial. Y si no nos creen a nosotros, léanlo a Zaiat que lo explica con más claridad y precisión teórica.

viernes, 20 de septiembre de 2019

IRRESPONSABILIDAD COMPARTIDA


Las consecuencias prácticas del "cepo" macrista terminaron poniendo en relieve un tema del que poco se hablaba hasta ahora, aun cuando estamos todo el tiempo hablando del nuevo ciclo de endeudamiento, y sus perniciosas consecuencias para el futuro del país: el impresionante nivel de endeudamiento externo en divisas de buena parte de las empresas que forman parte de la cúpula del poder económico del país.

Al respecto, leemos en Diario Bae texto: "El volumen de deuda externa de las empresas hoy en riesgo supera los US$80.000 millones y equivale al 16,3% del PBI. Este stock creció abruptamente durante el Gobierno de Mauricio Macri y en la actualidad es 24% mayor al del cuarto trimestre de 2015 e incrementó en 60% su peso en la economía (antes representaba poco más del 10% del producto). Sobre todo en 2017 cuando, a la apertura a los mercados financieros, se sumó el rebote de la actividad económica tras la recesión de 2016."

Los principales grupos empresarios del país estuvieron entre los que más presionaron durante el gobierno de Cristina para poner punto final al entuerto con los fondos buitres, para poder "volver a los mercados de capitales" a tomar deuda, para aprovechar el ciclo de tasas internacionales bajas. Macri les cumplió el deseo con creces, y los resultados están a la vista: más allá de las dificultades actuales para que giren los dólares al exterior para cancelar sus compromisos por la vigencia del "cepo", lo que en rigor debería plantear serias dudas es la sustentabilidad de la deuda a futuro.

Para peor y al igual que sucede con el endeudamiento público, no se trata de una deuda contraída como contrapartida de inversiones que hayan servido para la transformación productiva del país, generando la capacidad de repago de esa misma deuda al generar divisas genuinas, incrementando la capacidad exportadora: en la mayoría de los casos, las empresas tomaron deuda para financiar operaciones de expansión hostil en el mercado adquiriendo competidoras; como hizo por ejemplo el Grupo Clarín para comprar Telecom.

Eso sin contar con que -como ha sido práctica en nuestra burguesía especuladora, rentista y fugadora- con que en muchos casos se trate de autopréstamos con conglomerados vinculados o controlados, para viabilizar otro mecanismo de fuga de capitales, o con que algunos préstamos tuvieran por fin generarse recursos para las operaciones de recompra de sus propias acciones en manos del Estado a través del Fondo de Garantía de ANSES que también esperaban concretar durante este gobierno.

Porque si nos ponemos en suspicaces, llama la atención que muchas de las empresas más grandes del país, cuyos ejecutivos ingresaron al blanqueo de capitales más generoso de la historia y sin necesidad (por primera vez) de traer los dólares al país (por eso dejaron afuera el 93 % de lo blanqueado), ahora no tengan en el exterior dólares para pagar deudas, y hay que vendérselos acá; donde no abundan, precisamente.

El voluminoso endeudamiento privado en dólares un condicionante para el desarrollo futuro del país, porque demanda divisas, y aumenta de ese modo la presión sobre la cuenta corriente del balance de pagos y el tipo de cambio, aumentando la restricción externa: las empresas que deben cancelar vencimientos de deuda en dólares compiten por ellos con el Estado (que los necesita para los vencimientos de la deuda pública) y con los otros sectores de la economía que deben acceder a las divisas para pagar importaciones necesarias para las distintas etapas del ciclo productivo.

Otra vez: todo eso sin contar que este demencial endeudamiento que contrajeron, alentadas por el gobierno y con su complicidad, puede devenir en que sus acreedores externos terminen quedándose con las empresas, aumentando así la ya aguda extranjerización de nuestra estructura productiva; lo cual supone una pesada piedra para nuestro despegue como país, porque el capital multinacional opera de acuerdo con su propia lógica, que no necesariamente es la del interés general del país, por el contrario suelen diferir.

La enorme responsabilidad compartida entre el gobierno de los CEO's y la cúpula empresarial del país en el festival de endeudamiento estaba ya clara cuando ambos apostaron a un escenario económico inviable, del cual no había ninguna garantía que funcionase tal como lo previeron; precisamente porque en ambos casos (gobierno y empresas) no existió jamás nada parecido a un plan de desarrollo productivo que nos sacara del problema de la restricción externa, en el cual el endeudamiento jugara un rol preponderante para contribuir a ese objetivo.

Esperemos que del laberinto no quieran salir como han hecho otras veces (como en el final de la dictadura militar y tras la crisis del 2001) transfiriendo estos pasivos que contrajeron al Estado, para que los paguemos entre todos. Tuit relacionado:  

domingo, 1 de septiembre de 2019

¡SÍ, CEPO EDE!


La aceleración de la crisis final de su gobierno es impiadosa con nuestro presidente Fatiga: lo obligaron a trabajar un domingo de superclásico, para firmar un DNU en el que se tuvo que tragar su orgullo, y hacer lo que dijo que nunca haría: reponer la obligación de los exportadores de liquidar las divisas en el país, e imponer restricciones a la compra de dólares.

Habrá que ver con que ingenioso sinónimo reemplaza la factoría de Marcos Peña la palabra "cepo", para explicar lo que acaba de decidir Macri mediante el DNU 609 (completo acá en el Boletín Oficial), que por supuesto y tratándose del macrismo, viene con trampa: ni siquiera menciona como antecedente al Decreto 893/17 del propio Macri que eximió a los exportadores de liquidar las divisas, como si nunca hubiera existido.

Y el plazo en el que deberán hacerlo a partir de mañana tampoco figura en el decreto, sino que lo establecerá el Banco Central; del mismo modo que tampoco se aclara si son las divisas disponibles a la fecha en poder de los exportadores por operaciones anteriores, o las que perciban de ahora en más por operaciones en curso: ¿abren una paritaria con las cerealeras, petroleras y mineras a ver que plazos están dispuestas a aceptar, y cuántos dólares soltarán?.

Lo mismo pasa con las restricciones a la compra de dólares, y las trasferencias de divisas al exterior: el DNU no indica un tope o límite concreto, sino que lo difiere a reglamentaciones que deberá dictar el BCRA, "...con base en pautas objetivas en función de las condiciones objetivas del mercado cambiario y distinguiendo la situación de las personas humanas de la de las personas jurídicas...". 

Es decir, tampoco es que existan demasiadas precisiones, ni mucha sofisticación en la fijación de prioridades para el acceso a las divisas, cosa que sería pedirle peras al olmo; y otro frente de negociación abierto, en el medio del incendio: ¿tendrán prioridad en la venta de dólares las personas jurídicas (aportantes de campaña, socios) o las personas físicas (parientes, base electoral)? 

Acá Sebastián Soler menciona una circular del Banco Central que hablaría de cinco (5) días hábiles para liquidar divisas de exportación, y diez mil (10.000) dólares mensuales como cupo máximo de compra de dólares, sujeto a autorización de la autoridad monetaria: 

Detalle de color: conocedor de los bueyes con que ara (al fin y al cabo, su propia clase) dice Macri en el artículo 3 del decreto que faculta al Banco Central "...para establecer reglamentaciones que eviten prácticas y operaciones tendientes a eludir, a través de títulos públicos u otros instrumentos, lo dispuesto en esta medida...". Sin embargo y como contrapartida, el "cepo" macrista no exige estar al día con el pago de los impuestos ante la AFIP para poder acceder a comprar divisas. 

En síntesis, un gobierno en retirada y en completo default: político, electoral, económico, financiero, de autoridad y conceptual; resignando todas y cada una de las banderas que decía sostener, salvo los negocios para los amigos: sospechamos que la "letra chica" pendiente de los anuncios tiene más que ver con eso, que con otra cosa: quienes "consiguen la pulserita" para acceder al VIP donde se venden los billetes verdes.  

Es difícil saber si las medidas son el resultado de que el FMI le bajó el pulgar al nuevo desembolso del préstamo, o la condición impuesta para que este finalmente llegue: los días por venir revelarán la incógnita. ¿El diputado Bossio volverá a ponerse el sombrero? 

Porque este es otro costado del asunto: las medidas que tarde, a regañadientes y mal termina tomando Macri ante la gravedad del desastre, son las que dictaba el sentido común, desde el principio. Repone mínimas salvaguardas que nunca debió haber sacado (como la obligación de liquidar las divisas), y aun resiste imponer controles al movimiento de capitales; todas parte de las medidas que junto con las restricciones al acceso a las divisas y las transferencias al exterior (como la remisión de utilidades de las multinacionales con negocios en el país), con el kirchnerismo se denominaron despectivamente "cepo", y de las que no pocos de este lado se despegaron culposamente.

El tiempo terminó demostrando que bajo ciertas circunstancias son necesarias, o aun imprescindibles. Enseñanza para el futuro: podremos discutir cuestiones técnicas de implementación, pero no dejemos que estos fracasadores seriales nos corran en lo conceptual, cuando sus ideas extraviadas han fracasado estrepitosamente. Tuits relacionados: 




sábado, 31 de agosto de 2019

EL ESQUEMA MACRI


En los 90' buena parte de la progresía política, intelectual y periodística cayó en el reduccionismo de explicar al menemismo a partir de los hechos más sonados de corrupción protagonizados por funcionarios del gobierno. De ese modo, soslayaban el análisis más provechoso de los aspectos más relevantes del proceso: cuáles eran las clases o fracciones de clases hegemónicas que se beneficiaron con el modelo de acumulación capitalista puesto en marcha entonces, y cuáles eran los cambios estructurales que este introducía en la sociedad, y en el modelo de desarrollo. 

Fruto de esa lectura errónea fue la respuesta política articulada en consecuencia, la Alianza UCR-Frepaso, cuyo programa se reducía a poco más que sostener el modelo con respirador artificial, pero administrado con pulcritud y presunta honestidad. Hoy, cuando el macrismo, la nueva reencarnación del modelo neoliberal de valorización financiera y fuga de capitales se halla en sus estertores finales, pareciera que no se cometió el mismo error, al menos si se juzga la cuestión desde la óptica de la generación de alternativas políticas: el "Frente de Todos" es una construcción política y social con mucho mayor volumen que la Alianza, aunque por supuesta no exenta de sus riesgos.

Sin embargo, que los múltiples episodios de corrupción o rapiña producidos durante un determinado proceso político (como ha pasado también con el macrismo) no lo definan por sí, no implica que también permitan comprenderlo; y que esos modos de rapiña no sean más frecuentes según sea el modelo de acumulación capitalista que se elija poner en marcha: mientras nos entretenía con su cruzada moralizadora contra la presunta "corrupción artesanal" del kirchnerismo (con bóvedas, bolsos y tesoros enterrados), el macrismo y sus principales figuras se forraban los bolsillos; al par que atendían el objetivo prioritario de su clase de bajar brutalmente el costo salarial en dólares, o flexibilizar la fuerza de trabajo.

Como hemos dicho otras veces, "desregulaban regulando" en beneficio propio, colonizaron al Estado con precisión quirúrgica haciendo como si no existieran los "conflictos de intereses" y -sobre todo- eliminaron prolija y concienzudamente todas las mínimas regulaciones del sistema financiero y del control del flujo de capitales, que existen incluso en muchos de los países que nos ponen como modelo. En esas condiciones, las posibilidades de obtener pingües ganancias en poco tiempo sin arriesgar invirtiendo capital en infraestructura productiva o desarrollo científico y tecnológico estaban disponibles para muchos, entre ellos los integrantes del elenco gobernante. Y no la iban a dejar pasar.

En un modelo de valorización financiera con apertura absoluta de la cuenta capital como el ejecutado desde diciembre del 2015, no debería asombrar que haya quienes ganan fortunas en días o semanas sin más trabajo que el de apretar un botón, y puedan fugar impunemente esas fortunas al exterior, no pocas veces a paraísos fiscales. Es la consecuencia lógica del esquema de acumulación, porque para eso fue pensado: en un modelo de desarrollo productivo con regulaciones públicas inteligentes y eficaces, el crédito y el sistema financiero son funciones derivadas de los demás factores de la producción y a ellos deben subordinarse; por ende esas cosas -si pasan- son marginales y no tienen efectos sistémicos.

Si se quisiera extremar la simplificación de la explicación de como funciona el modelo de valorización financiera, bien se podría decir que es como un gigantesco esquema de Ponzi, una suerte de estafa piramidal o "telar de la abundancia" al que son atraídos todos los que están ávidos de ganancias fáciles; aunque no todos manejen el mismo nivel de información ni tengan las mismas espaldas financieras como para poder escapar a tiempo y a salvo, cuanto todo se derrumba como ahora. Daría la impresión que el "esquema Macri" agonizante trata de sobrevivir a como de lugar, para permitir que todos los que tengan que acceder a un bote salvavidas en el Titanic por "privilegios de clase", lo puedan hacer. 

Tampoco debería sorprender que sobresalgan en ese departamento Macri y sus funcionarios, siendo como son cabales exponentes de una clase que construyó su fortuna en base a esas prácticas: de hecho, hemos destacado múltiples casos de regulaciones dictadas estos años por organismos estatales cooptados por el macrismo (la CNV, la Inspección de Justicia, la UIF, el Banco Central, la AFIP), tendientes a promover un proceso de "offshorización" de la Argentina, con la meta de convertirlo a mediano plazo en un paraíso fiscal.

Veamos entonces desde esta óptica lo que está pasando en el país en estos días: el fracaso del modelo neoliberal es estrepitoso incluso bajo sus propios parámetros de éxito (la "confianza de los mercados" y de los inversores), y el gobierno no atina a tomar ninguna medida defensiva mínima como reponer los controles de capitales con encajes bancarios, las restricciones a la compra de divisas, o la obligación de liquidar exportaciones en el país. Y no lo hace ni siquiera cuando está en juego su hegemonía política con elecciones a la vista, y nos dicen desde el discurso que confían en remontar el resultado de las PASO.

A falta de otra explicación plausible para un comportamiento en apariencia irracional, cabe suponer que proceden de ese modo (y quisieron comprometer al candidato ganador de las PASO en el sostenimiento del esquema) porque todavía hay quienes no consiguieron fugar sus dólares del país, valorizando las ganancias que les dio el esquema de la bicicleta financiera. Entre ellos, miembros connotados del propio elenco gobernante, o sectores empresariales que apostaron fuerte por este gobierno, a los que les pidieron que "aguantaran" el raje porque era una señal de confianza, en pleno proceso electoral; y ahora los come el león: la misma maquinaria que los hizo ganar fortunas de la nada, se las está devorando, hora tras hora; destruyendo el valor de sus inversiones y sus empresas.

Por ahí anda Claudio Belocoppit (de Swiss Medical y América TV) llorando sangre porque lo empernaron con las letras del Tesoro "reperfiladas", por ejemplo; o Clarín, que consiguió del gobierno la anhelada fusión entre Cablevisión y Telecom, pero al costo de contraer una abultadísima deuda en dólares ¿que buscará en el futuro próximo pesificar o estatizar, y de allí los acercamientos con Alberto Fernández?

Sin perjuicio de reiterar que las visiones reduccionistas o conspirativas de los procesos históricos aportan poco para su comprensión profunda, este es un aspecto al cual el futuro gobierno deberá prestarle atención, porque hace a la ampliación de sus bases de sustentación política: dejando de lado la discusión sobre la oportunidad de instaurar o no un "ministerio de la venganza", habrá que reconstruir ciertos movimientos de capitales -en especial de estos últimos meses, mientras la crisis se llevaba puestos salarios, empresas y empleos-, quienes los hicieron, quienes de ellos contaban con información privilegiada para hacerlos a tiempo y ponerse a resguardo.

Y con esa información poner todo en manos de la justicia para que los que delinquieron (porque sin dudas se han cometido y están cometiendo muchos delitos, en estas mismas horas) vayan presos; porque si salen impunes lo volverán a hacer, poniendo otra vez en riesgo al conjunto de la economía, y con ella a la sociedad argentina toda. Tuits relacionados: 

viernes, 21 de septiembre de 2018

LAS PELEAS DEL KIRCHNERISMO


Se ha dicho muchas veces que el kirchnerismo se metió en conflictos “innecesarios” desde el punto de vista político, o que estando ya en ellos por fuerza de las circunstancias, no supo como salir a tiempo o sencillamente no quiso, redoblando la apuesta en todos los casos. Y que de ese modo dilapidó energías y capital político (y por supuesto electoral) que podría haber conservado o ampliado, con otra estrategia política.

Se suele mencionar como ejemplos al conflicto con las patronales agrarias por las retenciones móviles, la pelea con Clarín que llevó a la ley de medios y la investigación de Papel Prensa, la disputa con los fondos buitres que no ingresaron a los canjes de deuda y en los últimos tramos, el enfrentamiento con los sectores medios que querían comprar dólares y protestaban contra el “cepo” cambiario, y con una parte del sindicalismo (y más importante, con los trabajadores representados por ella) por el cobro de Ganancias.

Podríamos decir como acotación preliminar que fueron precisamente esos conflictos los que terminaron de constituir al kirchnerismo como sujeto con identidad política propia, y anclaje social que aun hoy subsiste, pero no es ese el punto de la reflexión, sino determinar hasta que punto esos conflictos fueron -como se dice- “innecesarios”, o por el contrario, en que medida subyacen en el contexto político y social del país; y cualquier gobierno futuro (sea o no kirchnerista) deberá lidiar con ellos.

En particular nos interesan en este análisis aquellas disputas que pusieron al kirchnerismo a confrontar con un sujeto social relevante, más que con determinados actores políticos o corporativos; porque cuando desde la política se dice que una pelea es “innecesaria”, es porque se la mide desde el costo electoral que trae aparejada.

Por poner un ejemplo, la disputa contra los fondos buitres en defensa de los canjes de deuda y la política de desendeudamiento tiene hoy -en tiempos de mega-endeudamiento que nos pone de nuevo a las puertas de otro default- más vigencia conceptual que nunca, pero no puede afirmarse que los hold outs hayan conseguido alinear detrás de su extorsión a una parte importante de la sociedad argentina.

En el caso del conflicto con Clarín y buena parte de los medios del país, se replicaba en el país un fenómeno que es común a todas las democracias en la moderna sociedad de masas, y que se manifiesta con particular crudeza en América Latina; más que una excepcionalidad argentina. Y si bien los medios (acá Clarín y todos los que orbitan en torno suyo) marcan agenda e inciden en la disputa y el debate políticos, lo hacen más decisivamente sobre los actores del sistema institucional a los que les marcan la cancha en defensa de sus intereses, que sobre las audiencias, en las que en todo caso impactan sobre un sistema de creencias preexistente.

El conflicto con Moyano, la CGT y buena parte del sindicalismo por Ganancias se inscribió, a su vez, en un contexto más amplio en un doble sentido: por un lado la discusión sobre un sistema tributario más progresivo que el kirchnerismo soslayó (aunque haya adoptado reformas parciales en esa dirección), y las complejas relaciones del sindicalismo tradicional con un gobierno peronista.

Lo que nos deja entonces a los fines de éste análisis con el conflicto con el campo allá por el 2008, y la pelea con los caceroleros urbanos de clase media que ganaron la calle a partir del 2012, con el “cepo” cambiario como disparador de las protestas.

Si bien es posible afirmar que en ambos casos el sujeto social que acompañaba la protesta (en el caso del conflicto por las retenciones) o la protagonizaba directamente (en los cacerolazos) era a grandes rasgos el mismo, lo que sí tuvieron claramente en común es que los reclamos que en esos casos se dirigían contra el Estado lograron en su momento sumar el apoyo de muchos cuyos intereses objetivos no estaban precisamente del lado en el que se colocaron: personas comunes sin más tierra que una maceta en el balcón de su casa abogando por la derogación de las retenciones móviles, o quienes no tenían capacidad de ahorro para comprar dólares, protestando por las restricciones para hacerlo. Precisamente esa característica es la que le da interés a amos conflictos para el análisis.

Como mucho mas interés les da lo que estaba en juego en cada caso: la disputa por la captación de la renta agraria diferencial, y por la administración de la restricción externa; dos rasgos estructurales de nuestra estructura productiva, que en el presente económico del país y en su futuro, tienen más influencia que nunca

Si se señala que en ambos casos, el transcurso del tiempo y los hechos sucedidos desde que cada conflicto ocurrió terminaron validando -en nuestra opinión- las posturas del kirchnerismo, no debe entenderse como una lectura acrítica del modo en que condujo ambos conflictos, ni siquiera de la validez de los instrumentos específicos que utilizó para hacerlo, fueren las retenciones móviles o el “cepo” cambiario.

Se trata de reivindicar conceptualmente (a la luz de los acontecimientos actuales) la necesidad imprescindible de la intervención del Estado para captar parte de la renta agraria diferencial y desacoplar los precios internos de los internacionales en el caso de los artículos de consumo masivo de primera necesidad de la canasta familiar (“garantizar la mesa de los argentinos”), en un caso, y su potestad de administrar la escasez de divisas en función de las prioridades del país, y de un modelo de desarrollo productivo integrado, en el otro.

Este señalamiento nos parece imprescindible en momentos en que resulta obvio que el poder real del país comienza a percibir que el ciclo de Macri está agotado, y ensaya una salida de la crisis a través de una alternativa no traumática para sus intereses con la reaparición de Massa, y el armado de un “peronismo racional” a su medida; sustentados conceptualmente sobre la falsa idea de “gobernar para todos”, evitando “conflictos innecesarios”.

El futuro gobierno, sea del signo que sea, deberá lidiar con ambos problemas (la renta agraria diferencial y la restricción externa), drásticamente agravados por las políticas de Macri, y deberá tomar medidas que -inevitablemente- lesionarán intereses, y esos intereses reaccionarán, presionando con todo su peso específico. Creer lo contrario es ser iluso, o algo peor: cómplice de esos mismos intereses; aunque se lo quiera ocultar diciendo que se tratará de gobernar “evitando conflictos innecesarios”.