LA FRASE

"DESPUÉS DE REVISAR LAS CUENTAS DE LA PROVINCIA DURANTE SEIS MESES ENCONTRAMOS EN UN CAJÓN 600.000 MILLONES DE DÉFICIT QUE QUEDARON EN UN PENDRIVE DEL GOBIERNO DE PEROTTI." (MAXIMILIANO PULLARO)
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lunes, 20 de octubre de 2025

EL PARTIDO DEL BALOTAJE

 

El balotaje o segunda vuelta en las elecciones presidenciales no es un invento argentino, pero entre nosotros tiene un origen histórico bien concreto: lo introdujo Lanusse en su Estatuto Fundamental que reformó en 1972 la Constitución vigente (la de 1853 con todas sus reformas menos la de 1949), para que rigiera en las elecciones que se terminaron realizando el 11 de marzo de 1973; en las que por primera vez en 18 años iba a participar el peronismo, aunque sin Perón como candidato.

El contexto en el que el "Cano" diseñó la maniobra era el fracaso del GAN (Gran Acuerdo Nacional), su intento de comprometer a Perón y al peronismo en una salida política continuista de la dictadura, lo que derivó en una salida electoral empujada por un clima de creciente conflictividad social y política desde el Cordobazo y el crecimiento del accionar de las organizaciones armadas. El objetivo del balotaje era claro: aglutinar en esa instancia todos los votos de las fuerzas políticas anti-peronistas que individualmente no alcanzaban volumen, para frenar el retorno del peronismo al gobierno.

La maniobra fracasó porque aun sin Perón como candidato, el FREJULI con Cámpora rozó el 50 % de los votos y frente a la contundencia del resultado, Balbín y la UCR declinaron participar en la segunda vuelta, anticipándose a una segura derrota que no haría más que reforzar la legitimidad del triunfo peronista: cualquier parecido con Menem frente a Néstor Kirchner en 2003, no es casualidad. 

Más acá en el tiempo y hasta hoy lo introduce Alfonsín en el marco de las negociaciones del pacto de Olivos que concluirían en la reforma constitucional de 1994, y exactamente con el mismo propósito que Lanusse: cerrarle el paso a un triunfo electoral del peronismo, por entonces en su encarnación menemista. Menem -que habrá sido cualquier cosa menos zonzo- advirtió el peligro que implicaba introducirlo en la Constitución con la fórmula clásica (para ganar es necesario obtener la mitad más uno de los votos válidos afirmativos): en las elecciones que lo llevaron a la presidencia en 1989 y después del descalabro del gobierno radical hiperinflación incluida, Angeloz obtuvo el 38 % de los votos, lo que implicaba que el polo anti-peronista de la sociedad era una fuerza a respetar.

De allí que haya pactado introducir el balotaje pero con la fórmula atemperada con la que lo conocemos hasta hoy, y que no le fue necesaria en su segunda candidatura (1995), porque logró captar (y espantar, pero en menor medida) votos de los dos lados de la grieta que divide a los argentinos desde 1945; e incluso es posible que -con su primer gobierno a la vista- haya tenido más votos gorilas, que peronistas. Una excepcionalidad que no se volvería a repetir, tanto que en 2003 el propio Menem intentó recrearla y tuvo que bajarse -justamente- del balotaje con Kirchner, frente a lo que era una segura derrota estruendosa. 

Por razones que no es del caso analizar ahora y mal que nos pese, el polo anti-peronista de la sociedad es a priori más competitivo en términos electorales, porque hay más gorilas que peronistas (no es casual que el anti-peronismo haya ganado los dos únicos balotajes habidos hasta acá en nuestra historia); pero en cada elección se fracciona y dispersa porque todos quieren ser el instrumento de la aniquilación definitiva del peronismo, que es a lo que ha quedado reducido progresivamente su programa político desde 1945 para acá.

El peronismo nació enfrentando a una coalición de fuerzas políticas y sociales (la Unión Democrática) que lo único que tenían en común entre sí era oponérsele, y les ganó (aun cuando Perón no era entonces lo que fue después) siendo fiel a sí mismo, es decir asumiendo en plenitud el desafío de representar los intereses de los que lo habían elegido como vía de expresión política, frente al fracaso de los partidos tradicionales. 

Si en las elecciones que vinieron después hasta el golpe que lo derrocó en 1955 fue aumentando invariablemente su legitimidad, las razones hay que buscarlas en su desempeño en los gobiernos de Perón, que son las mismas razones por las que la Argentina gorila los mantuvo proscriptos (a ambos, Perón y el peronismo) durante 18 años, sin permitir elecciones realmente democráticas en el país. El objetivo era el mismo que luego trataría de conseguir Lanusse introduciendo el balotaje: impedir que el peronismo volviera a gobernar la Argentina; como si hubieran dicho "No vuelven más, porque nosotros nos vamos a asegurar de que así sea".  

La enseñanza que deja la historia es muy clara: cuando el peronismo (tantas veces acusado de ser puro pragmatismo vacío de ideología en busca del poder, a veces con razón) es fiel a sí mismo gana claro; como pasó con Cristina en la fórmula presidencial en 2007 (después del gobierno de Néstor) en 2011 (después de su propio gobierno) y en 2019, después del desastroso gobierno de Macri. A la inversa, cuando el peronismo duda y busca un perfil componedor -en sus programas y en sus candidatos-, pierde: pasó en 2015 con Scioli (cuando Cristina no podía ser reelecta), y volvió a pasar en 2023 con Massa, después del fallido gobierno de Alberto, que fue en si mismo otro fracaso intento conciliador con la Argentina gorila. 

Vienen a cuento estas reflexiones por lo que está pasando en estos momentos en el país, y que es -en nuestra opinión- bastante obvio: conforme se desinfla aceleradamente el polo libertario del anti-peronismo ante el fracaso estrepitoso del gobierno de Milei, empiezan a inflar rápidamente el polo "republicano"; desde la embajada (como en 1945) y el poder económico local, como cuando el presidente de la UIA Luis Colombo firmaba los cheques para costear la campaña de la "Unión Democrática". Recrean el partido del balotaje, para volver a cerrarle el paso al peronismo, como hicieron antes Lanusse y Alfonsín.

Ya vieron que las colectoras por afuera para restarle votos al peronismo pueden no alcanzar (como pasó con Lavagna en 2019 para impedir el triunfo del "Frente de Todos") no alcanzan o no quieren correr riesgos, por si falla lo que consiguieron con Schiaretti en 2023, restándole a Massa los votos que le hubieran permitido ganar en primera vuelta. Por eso ahora intentan recrear la transversalidad que consiguió Menem en 1995, metiendo al peronismo anti-peronista de Córdoba (parte del partido SOCMA conducido por Macri) adentro de la nueva Unión Democrática denominada "Provincias Unidas", junto con electrones sueltos como Randazzo: por escasos que estos anden de votos, no están los tiempos como para andar desperdiciando ninguno.  

Para el peronismo el retorno al poder no será sencillo, pero tiene una condición esencial, como cada vez que ganó desde 1945: ser fiel a sí mismo, en los sectores sociales a representar políticamente, en el programa a someter al voto popular, en el liderazgo y en las candidaturas; en ese orden y no al revés. Aun así no hay garantías de ganar (nunca las hay en política), y menos en las condiciones de excepcionalidad anti-democrática que crea la proscripción de Cristina. Pero sin eso no hay chances. 

Tuits relacionados: 

domingo, 5 de noviembre de 2023

EFEMÉRIDES

 

Un signo inequívoco de que la derecha teme perder una elección, es que empieza a ver fraude en todos lados, hasta en los feriados nacionales. Como si el hecho de que la gente se vaya de viaje aprovechando un fin de semana largo (y el Pre Viaje) y se olvide de ir a votar, fuera una práctica fraudulenta.

O como si los feriados nacionales o la fecha de las elecciones se supieran recién ahora, cuando pasaron las PASO y la primer vuelta de las elecciones generales, y como resultado de ellas, el macrismo se quedó afuera del balotaje y de golpe tiene que apostarle todas sus fichas a la candidatura de Milei, para no volver a perder contra el peronismo.

Lo cierto es que están pidiendo que se corra el feriado del lunes 20 (el día posterior al balotaje) por el Día de la Soberanía Nacional, que fue establecido en conmemoración de la batalla de Obligado en 1974 por la Ley 20770, y como feriado nacional en 2010, por el Decreto 1584 de Cristina.

Para peor, en 2017 (es decir, en el gobierno de Macri) se dictó la Ley 27399 para regular los feriados y días no laborables entre los que se lo incluyó como "trasladable" en su Artículo 1°; y por el Artículo 6° de la misma ley se dispuso  que "Los feriados nacionales trasladables establecidos por el artículo 1° de la presente cuyas fechas coincidan con los días martes y miércoles serán trasladados al día lunes anterior. Los que coincidan con los días jueves y viernes serán trasladados al día lunes siguiente.", o sea que cayendo en lunes, no hay necesidad de trasladarlo.

Pero lo más importante a tener en cuenta en éste caso no son solo los eventuales feriados, sino las normas que establecen las fechas en las que deben realizarse las elecciones nacionales, y donde y desde cuando están establecidas. 

Como por ejemplo el artículo 148 de la Ley 19945 (Código Electoral Nacional), que dispone que la convocatoria de la elección presidencial "...deberá hacerse con una anticipación no menor de noventa (90) días y deberá celebrarse dentro de los dos (2) meses anteriores a la conclusión del mandato del Presidente y Vicepresidente en ejercicio.".

Y si de acuerdo con lo que dispone la Constitución hubiera que hacer segunda vuelta (como ocurre en éste caso), el artículo 150 de la misma ley dispone  que se realizará dentro de los treinta (30) días de la elección general, según el texto introducido por la Ley N° 24444 en 1995. 

El artículo 53 del Código Electoral Nacional dispone que la convocatoria a las elecciones será hecha por el Poder Ejecutivo nacional fijando el día de la elección (según el texto de la Ley 25983, vigente desde el 2004), y es lo que hizo Alberto a través del Decreto 237 del 27 de abril, publicado el 28 de abril en el Boletín Oficial. 

En el artículo 3° de ese mismo decreto ya se fijaba (hace más de seis meses) el 19 de noviembre como la fecha de un eventual balotaje.  

domingo, 24 de noviembre de 2019

HOY NO SE VOTA


Este domingo los argentinos tendríamos que haber ido de nuevo a las urnas, a definir en el balotaje quien nos gobernará los próximos cuatro años, y sin embargo podemos disfrutar del día para pasear, comer un asado, ir a la cancha o simplemente hacer huevo.

Hoy es, entonces, el día del balotaje que no fue, ese que nos estuvieron diciendo por más de tres años del gobierno de Macri que era inevitable; salvo que pronosticara (como pasó) que no iba a suceder, pero porque era reelegido en primera vuelta, y había que pensar directamente en el 2023, en términos electorales.

No solo nos decían que el balotaje que debió haber sucedido hoy era inevitable, sino que también era inevitable que lo perdiéramos, a menos que Cristina desistiera de ser candidata, porque tenía el techo bajo y ese condicionante era imposible de superar. Para ella, claro, porque para cualquier otro no existía el impedimento, y cualquiera era cualquiera: Massa, Urtubey, Lavagna, el que apareciera esa semana.

Y sin embargo el balotaje no fue, y Macri perdió en primera vuelta, y se va. Por amplkios ocho puntos y más de dos millones de votos de diferencia, que ahora le parecen pocos comparados con los números de las PASO a muchos de los que estuvieron años hablando de techos bajos, balotajes inevitables y hegemonías macristas. Y el balotaje no fue por responsabilidad de la madurez de la dirigencia opositora, y por la movida de Cristina nominando como candidato a Alberto, que nadie vio venir, nosotros incluidos. 

Ese conjunto de factores hizo posible este final de un proceso que había arrancado en diciembre de 2017, en plena hegemonía del macrismo triunfante en las elecciones de medio término, en la resistencia en las calles y en el Congreso a la reforma previsional; que Macri logró imponer al costo de empezar a dinamitar su propio proyecto de reelección. Hoy todo lo que vino después es historia conocida, pero entonces y bastante tiempo después, los tirapostas de siempre seguían con sus monsergas: la larga hegemonía macrista era inevitable, a menos que Cristina desapareciera del mapa.

Que el macrismo haya sido derrotado ampliamente en primera vuelta en lugar de afrontar un azaroso balotaje en tiempos de polarización peronismo-antiperonismo es un logro político inmenso, más si se lo pondera en un contexto regional cada día más crítico: para empezar, la unidad opositora se construyó después de que en Brasil el “lawfare” en forma de “lava jato” se llevara puesta la candidatura de Lula, y el PT no lograra articular una estrategia alternativa eficaz para frenar la salida por ultraderecha de la crisis, con Bolsonaro.

“Law fare” y “lava jato”, dijimos: como habrán cambiado los tiempos y como será de importante el triunfo, que esta misma semana el macrismo en salida fracasó en su intento de imponer en el Congreso la ley de “ficha limpia”, que habilitó en Brasil el puente de plata para la llegada del fascista trogolodita al poder. Ojo: no lo decimos nosotros, lo acaba de decir el propio Papa Francisco. Y fracasó porque no se sumaron al intento muchos que en otros tiempos estaban seducidos por esas ideas pensadas para acorralar a la política y a los políticos y fuerzas populares, y luego comprendieron que estaban en juego otras cosas.

En estos mismos momentos, en los que nosotros tendríamos que estar votando en el balotaje que no fue, Chile está sacudido por las protestas sociales que no terminan de encontrar cauce político, porque las fuerzas democráticas progresistas son también parte del problema, porque el pacto de élites (la “Moncloa” chilena) estalló en mil pedazos, y nadie tiene muy bien en claro que hacer con los pedazos, y con las protestas. Y se acaba de sumar Colombia, exactamente en las mismas condiciones.

Acá, en Argentina, por el contrario, al neoliberalismo se lo detuvo en las urnas, orquestando una alternativa política a su programa, claro que fogoneada por las resistencias sociales que iban generando. Mientras tanto, hoy Uruguay va a las urnas en un balotaje de suerte dudosa (eso que conseguimos evitar acá), con las encuestas coincidiendo en un posible triunfo de la derecha, y la salida del poder del Frente Amplio tras 15 años en el gobierno.

Sin embargo, Ecuador y Bolivia marcan que aun así no desaparecen las amenazas del horizonte: el panquecazo traicionando el mandato electoral en un caso, y el liso y llano golpismo (que algunos cómplices intelectuales persisten en no llamar por su nombre) en el otro, son las formas que los sectores dominantes encontraron para seguir gestionando sus intereses, por fuera de los bordes democráticos bajo los cuales los pueblos defienden los suyos.

De hecho, la trágica experiencia boliviana ya está alentando a muchos sectores a pensar acá en una “oposición a la venezolana” sin medias tintas, ni compromisos democráticos, ni aceptación de la voluntad popular: la amenaza gauchócrata de nuestros Camachos de volver a las rutas para impedir todo posible cambio en el esquema de retenciones es apenas un ejemplo, y no el único.

De modo que festejemos no haber tenido que ir a votar éste domingo, y preparémonos para lo que viene, que no será fácil, en ningún sentido. Lo único fácil (en nuestra opinión) es saber cuales son los caminos que no tenemos que tomar, nunca más: como dijo Cristina al cerrar la campaña: neoliberalismo, nunca más. Porque fuimos capaces de construir la unidad para ganar, pero como decía Néstor: la unidad no es para cualquier cosa, ni para bajar banderas.

jueves, 20 de junio de 2019

GASTOS SUPERFLUOS


Apenas se supo que Sergio Massa no competiría en las PASO contra la fórmula compuesta por Alberto Fernández y Cristina, sino que encabezaría la lista de diputados bonaerenses del Frente de Todos, comenzó al unísono en los medios hegemónicos la operación “Las PASO son un gasto inútil”; basada en que no existe competencia real -al menos en el tramo de la fórmula presidencial- en ninguno de los frentes y alianzas inscriptos.

Podría pensarse que en realidad se trata del refrito del discurso derechoso del “costo de la política”, que cada tanto reaparece tirando cifras que se van abultando con el paso de los días, para hacer ver el funcionamiento mismo de las instituciones democráticas como un despilfarro de recursos públicos sin sentido, que bien podrían destinarse a otros fines.

Es el mismo género de discurso de “Fútbol Para Todos” versus jardines de infantes, pero peor, porque basta escuchar o leer un poco a los que lo esgrimen para darse cuenta que en realidad lo que les jode es la democracia, y haya elecciones: el viejo y conocido “con los militares estábamos mejor”, y “gastábamos menos”, agregamos nosotros.

Sin embargo, el hecho de que en esta ocasión el disparador de ese discurso berreta haya sido el cierre de listas del principal frente opositor, con serias chances de desplazar a la alianza gobernante del poder, y que al mismo tiempo haya otros gastos vergonzosos del Estado que no merezcan quejas (como lo que se paga por intereses de la deuda, o los subsidios a las petroleras y generadoras de energía, o los astronómicos intereses que paga el Banco Central por los papeles que emite), nos dice que detrás de la queja hay otras cuestiones; vinculadas a la dinámica del proceso electoral.

En efecto, hasta acá todos los análisis políticos y los armados electorales que se iban gestando en su consecuencia, giraban en torno a la hipótesis de la inevitabilidad del balotaje presidencial, porque ninguna fuerza estaría en condiciones de ganar en primera vuelta. Desde allí por ejemplo se le bajaba el precio al peso electoral de Cristina, y se hablaba del famoso “techo bajo” que no podía perforar.

Pero de un tiempo a esta parte (aun antes de la nominación de Alberto Fernández para encabezar la fórmula) son cada vez más las encuestas que vienen marcando que un posible triunfo opositor en primera vuelta tiene altas probabilidades; algo que por lo demás, estaría a tono con  los resultados que se vienen dando en las elecciones provinciales, en especial si consideramos el ostensible declive del oficialismo.

En ese marco, las PASO se transforman claramente en la primera vuelta de la elección general, y precisamente por esa razón es que la mayoría de los espacios tendieron a evitar la competencia en esa instancia, sobre todo en la fórmula presidencial. Pero además los resultados de las PASO no son inocuos de cara a la primera vuelta de las elecciones generales, que vendría a funcionar en ese contexto como un balotaje.

En efecto, la dinámica del voto marca que los resultados de una elección, cualquiera sea la naturaleza de ésta y siempre que se haga sobre la base del padrón general (es decir que no se trate de una mera interna partidaria), condiciona en gran parte la de la siguiente a la que está vinculada, en un lapso relativamente corto: crecen las expectativas de los que obtuvieron buenos resultados, a la inversa caen de los que alcanzaron flojas perfomance, y aparece el “voto a ganador”, que termina captando a buena parte de los indecisos.

Si la fórmula FF estuviera en las PASO a tiro de conseguir la mayoría dispuesta en el artículo 98 de la Constitución Nacional para ganar en primera vuelta (40 % más uno de los votos válidos afirmativos emitidos, a una distancia de 10 % del segundo), la primera vuelta estaría casi decidida. Eso es lo que realmente preocupa, y no cuanto cuestan las PASO: con la economía cayéndose a pique y todos los indicadores dando mal, creen que votar en agosto es suicidarse, como si en los 77 días que median entre las PASO y la elección general, por fin aparecieran los brotes verdes. Tuit e imágenes relacionados:


jueves, 7 de febrero de 2019

EN CUESTA


Basta leer los diarios o los portales de noticias todos los días para empacharse de encuestas que circulan, para todos los gustos: sobre la imagen de Macri y su gobierno, sobre intención de voto de los candidatos lanzados y no lanzados, sobre posibles escenarios de balotaje y su resolución.Pueden diferir en los resultados, pero hay más o menos una tendencia general: cae Macri pero sostiene un núcleo duro de adhesiones, sube Cristina como principal referencia opositora pero tendría un techo, la elección se resuelve en segunda vuelta y allí el gobierno se impondría; a menos que la oposición genere otra candidatura con menor nivel de rechazo, todo eso pese a los fantasmagóricos números de la economía.

Aun cuando no se piense que las encuestas son más un mecanismo de influencia y configuración de la opinión pública que un relevamiento de ésta, se tiene la clara sensación de que la percepción en la calle es otra, comenzando porque la gente está sumida en preocupaciones mucho más apremiantes que empezar a pensar a quien votaría, o a quien no votaría nunca; y cosas por el estilo. Sin embargo, todos los análisis políticos que circulan por los medios se construyen exclusivamente en base a las encuestas, claro que en muchos casos por las mismas razones: se trata de operaciones más o menos desembozadas no para explicar la realidad, sino más bien para construirla a medida.

Muchos menos conclusiones se sacan, en cambio, del comportamiento de los propios actores políticos; que suelen obrar en general en base a un cruce entre ambas fuentes: revisando constantemente encuestas (incluyendo las que no los favorecen, y por eso no dan a conocer) y midiendo el pulso y la temperatura de la calle, algo de lo que ningún político que se precie debiera prescindir. Y si uno repasa el comportamiento de los principales actores políticos (oficialismo y oposición) en los últimos meses, se encuentra con lo siguiente:

* El gobierno parece empecinado y apurado en modificar, e pleno proceso electoral, las reglas de juego de modos sospechosos, y sin consenso con la oposición o por lo menos con toda ella, como sería de esperar si los cambios tuvieran la finalidad de perfeccionar el sistema, y no de sacar ventaja: así pasaron los cambios por decreto al voto de los residentes en el exterior (incluyendo el voto por correo), la eliminación de los telegramas de mesa violando el Código Electoral (ya trabajan en un software específico que lo posibilite), cambios en el voto de los privados de libertad y el personal de las fuerzas armadas y de seguridad afectado al operativo electoral, intento de modificar las reglas de financiamiento de campaña para permitir los aportes empresariales.

* Una compulsión al dictado de DNU’s y otras medidas burdamente destinadas a favorecer negocios propios y de los amigos (como la quita de las frecuencias a ARSAT, o el desguace de la Secretaría de Deportes), echas a las apuradas y buscando soslayar la discusión en el Congreso: ambas cuestiones (maniobras sospechosas de fraude, apresuramiento por manotear algo) no parecen propias de una fuerza política que confía en ganar las elecciones para permanecer en el poder, sino más bien todo lo contrario.

* La constante instalación de un agenda “efectista”, con la discusión de temas como el uso de la fuerza letal por las fuerzas de seguridad, la expulsión de los extranjeros que delinquen, la edad de la imputabilidad de los menores, la “extinción de dominio” o los presuntos fraudes cometidos con las pensiones sociales: una mezcla de bolsonarismo argento con “mani pulitte” direccionado a los opositores políticos, todo con el propósito de darle al núcleo duro de votos propios motivos para seguir creyendo, cuando la “realidad efectiva” induce en sentido contrario.

* Dentro del propio PRO (es decir, la fuerza construida y liderada por Macri) surgen brotes “autonómicos”, como el intento de Vidal de desdoblar las elecciones bonaerenses por la presión de los intendentes propios, preocupados por el collar de melones predidencial; o la propuesta de Jorge Macri para suprimir las PASO, seguramente preocupado por los efectos de la polarización y el “voto útil” en contra del gobierno: aunque ambas propuestas parezcan contradictorias y en cierto modo lo son, nacen de la misma debilidad política del oficialismo, y su preocupación por los resultados de la elección.

* Pese a sus promesas previas y a las convocatorias públicas de Macri para que no lo hicieran, los radicales (Cornejo primero, en breve Morales) separan las elecciones de las nacionales en las provincias donde gobiernan, expresando los límites de su compromiso con “Cambiemos”: no llega al extremo de entrar al cementerio con el proyecto de reelección presidencial, dejando en la puerta los lugares institucionales que consiguieron.

* Ya ni siquiera se oyen voces importantes de la UCR (no vale decir Ricardito Alfonsín) planteando la necesidad de sostener candidatos propios a la presidencia, disputando en una PASO con Macri la nominación por “Cambiemos”, o el reclamo de que uno de los propios acompañe al presidente en la fórmula, algo que sí hacen por ejemplo con Vidal en la provincia de Buenos Aires.

* Hace un año o menos, el entonces presidente del PJ bonaerense decía que Vidal "estaba angelada", y nadie en el peronismo de la PBA se animaba a enfrentarla electoralmente. Hoy los candidatos auto proclamados a la gobernación son cerca de una decena.

* La creciente irrelevancia de los intentos de la progresía bienpensante (el socialismo santafesino, Stolbizer, Liebres del Sur) por instalar una tercera alternativa al macrismo y el kirchnerismo que se suceden unos a otros como intentando armar un rompecabezas que tiene más piezas que votos y encima no encastran, no hace más que confirmar que la polarización existe, y se los llevó puestos. Otro tanto ocurre con el desinfle diario de Massa, a cada paso.

* El “peronismo alternativo” no despega: Lavagna avisa que él no participará de ninguna interna y esperará hasta mediados de año para decidir si será candidato (acaso aspirando a ser proclamado por la Asamblea legislativa como Duhalde en el 2002), el propio Duhalde dice que ha olvidado sus diferencias con Cristina, y los gobernadores oscilan entre arreglar listas de unidad con el kirchnerismo en sus provincias, despegarse en silencio del pichettismo, o pedir públicamente que la unidad incluya a Cristina, como Manzur.

* Arranca el “operativo clamor”, con gente pidiéndole a Cristina no solo que defina su candidatura, sino que conduzca el espacio opositor, y desde lugares impensados: primero fue Alperovich, acaso urgido por la interna tucumana; luego Pino Solanas; hombre reacio a aceptar toda conducción que no sea la de él mismo, si los hay.

* La tendencia desde que se votó la reforma previsional con represión en el Congreso incluida es que un polo se achica (el del gobierno y sus aliados), mientras el otro crece sumando adhesiones (el de la oposición encarnada por el kirchnerismo). Alguien -puesto en crítico ácido- podría decir que en el segundo caso esos movimientos suponen no tanto conseguir los votos que le permitan a Cristina “romper el techo,” como cobijarse debajo de ese techo y de esos votos, pero la tendencia está, lo que está por ver si existe es el famoso techo.

De todo lo expuesto no debe seguirse como conclusión que la elección ya está ganada, pero (parafraseando a la propaganda oficial) que “sí, se puede”. Faltaría que se convenzan algunos de los propios y los “autocríticos”, y se pongan a trabajar en consecuencia para hacerlo realidad, en lugar de anticipar derrotas inexorables frente a la maquinaria invencible de Durán Barba. Tuits relacionados:

lunes, 7 de enero de 2019

APUNTES DE CAMPAÑA


* Que las redes sociales tengan cada día más importancia en la comunicación política no quita que son también un microclima, que no refleja en su totalidad el pensamiento de una sociedad, o sus tendencias políticas. Por el contrario, en ellas suelen expresarse los sectores más politizados y definidos en sus opciones electorales, de modo que extraer de allí conclusiones aplicables al conjunto puede ser un error.

* La víscera más sensible del hombre sigue siendo el bolsillo, lo que implica que con una economía deteriorada y sin signos de recomposición a la vista (antes bien, todos los indicadores alertan que seguirá cayendo), ningún gobierno gana una elección. Esa es la regla general y la experiencia histórica argentina; incluidas las legislativas del 2017, en las que la economía crecía luego de la caída del 2016.

* Las elecciones provinciales son eso, provinciales: se votan los cargos locales, con problemas locales, y la elección presidencial es otra cosa: allí se vota por el que te va a cuidar los garbanzos, los próximos cuatro años. Los ejemplos de voto cruzado (a un candidato para gobernador, al de otra fuerza distinta para presidente) abundan, incluso en el 54 % de Cristina en el 2011, y en el 51 % de Macri en el balotaje del 2015, sobre todo entonces.

* Todos los gobiernos (aun los peores) tienen su núcleo duro de adherentes, incluso Macri, que como decíamos acá, aglutina el voto anti peronista tradicional. Si por estos días y a propósito de sus problemas de salud, hasta hay quienes reivindican a De La Rúa. El problema es tomar la parte por el todo, y suponer que, a partir de constatar ese núcleo inalterable de adhesiones, Macri tiene asegurada la reelección.

* A ese núcleo duro (que dice que prefiere comer polenta todos los días, antes de que vuelva el kirchnerismo) le habla Macri con la imagen de la fiesta de los 70 años. La cuestión entonces es proponer nosotros que vuelva la fiesta, o que todos puedan comer asado, cuando se les antoje, cosa que el gobierno no hará, porque no puede; y porque si lo hiciera, ya no le creerían.

* Lo anterior supone dejar de gastar agua regando piedras (léase argumentarle políticamente al núcleo duro macrista, en la esperanza de convencerlo), para utilizarla mejor donde puede servir para que crezca un voto opositor, porque hay dudas, desencanto con el gobierno al que votaron, e incertidumbre por el futuro. Y también dejar de prestarle atención a lo que Macri dice (generalmente idioteces irritantes dirigidas a los convencidos), y más en lo que hace, que es más peligroso para el conjunto; y con cuyas consecuencias habrá que lidiar en caso de ser gobierno.

* Macri no es De La Rúa, no se va ir en helicóptero antes del final de su mandato, por lo menos no es esa su primera intención y voluntad: aunque pueda parecer abúlico, ignorante y vago (y ciertamente lo es), expresa de modo mucho más directo que "Chupete" los intereses del sector social dominante, que no se va a resignar tan fácil a que fracase un gobierno "suyo" que llegó bendecido por los votos; y no va a entregar el poder formal del Estado sin pelear, con armas limpias y de las otras. Sobre todo de las otras. 

* Pero tampoco es Menem, capaz de establecer una hegemonía social de sentido mayoritario que le permita sostenerse en el poder por una década: expresa a una coalición social mucho más amplia que los reales intereses que defiende y realiza desde el gobierno (que son los de la porción minoritaria y más favorecida de la sociedad); pero no se puede dañar todo el tiempo tan impunemente los intereses objetivos de vastos sectores sociales, y pretender al mismo tiempo instaurar una hegemonía social, en un régimen de democracia abierta. Por eso lo que es su fortaleza (su capacidad de absorber votos de sectores cuyos intereses lesiona) es también en el mediano plazo, su debilidad, y sobre ella debe trabajar la oposición.

* Es hasta cierto punto lógica la ansiedad por novedades de "la unidad opositora", las listas y las candidaturas, pero la impresión es que todo eso tardará el tiempo que algunos dirigentes tarden en aceptar que Cristina reúne el 80 o 90 % del voto opositor, y actúen en consecuencia; negociando las condiciones de la alianza o los lugares en las listas. Los que jueguen a ganarle a Macri para hacer algo distinto a lo que es su gobierno, por supuesto; no los que están pensando en armar colectoras para drenar votos opositores y facilitarle las cosas al oficialismo.

* El cronograma electoral da tiempo para los candidatos que ya están instalados y no necesitan hacerse conocer (Cristina, bah), y apremia al candidato imposible, de piso bajo y techo inalcanzable que aun no apareció. Las urgencias y las ansiedades deberían estar en ese orden.

* Los candidatos mejor preparados para ganarle a Macri en un balotaje son los que puedan acceder a esa instancia, o sea, hoy por hoy, desde hace bastante tiempo y sin que nada indique que la tendencia vaya a cambiar en lo inmediato, Cristina. Para poder ganar un partido, hay que jugarlo, y no mirarlo desde la tribuna diciendo que uno lo hubiera planteado mejor.

* Lo anterior tiene validez siempre y cuando se convenga con el sentido común instalado de que la elección presidencial se resolverá en el balotaje, porque no hay posibilidades de que lo haga en primera vuelta. De lo contrario, nos remitimos a lo dicho acá respecto a las cláusulas constitucionales que determinan cuando se da uno y otro caso.

*Así las cosas, nos preguntamos: ¿por qué razón alguien del 37 % que votó a Scioli en la primera vuelta del 2015 no lo haría en la de éste año por Cristina? y ¿alguien puede firmar ya que del 34 % que acompañó a Macri en esa primera vuelta no lo abandonará ahora tras su desastroso gobierno, aunque no pase a votar a la oposición? Recordemos a todo evento que los porcentajes constitucionales se cuentan siempre sobre los votos válidos afirmativos (o sea, excluyendo los votos en blanco) emitidos.

* Es contradictorio quejarse por la mansedumbre social frente al ajuste, para luego encontrarle el  pelo al huevo a cualquier manifestación pública de protesta o reclamo social, sea ruidazo, cacerolazo, paro, piquete, plazas del pueblo o lo que fuere: desde acá y hasta las elecciones la disconformidad con el gobierno irá aflorando, más tarde o más temprano, con mayor o menor intensidad; precisamente porque los años electorales le dan más visibilidad a los reclamos. El asunto entonces no es ponerse en sommeliers de los modos de protestas, sino ver el modo de capitalizarlos políticamente teniendo en cuenta sus modalidades, protagonistas y objeto de los reclamos: protagonizarlos, acompañarlos o darles expresión política y electoral, no quedarse en el gataflorismo de la queja permanente.

* Lo mismo vale para las estrategias de campaña, las candidaturas, las alianzas, el discurso: la actitud de cruzarse de brazos y estar todo el tiempo observando lo que hacen los demás con ojo crítico, listo para decir "No es por ahí", "Así no", "Eso espanta votos, no suma", no ayuda en nada: si hay mejores ideas, se agradecerá sobremanera exponerlas para que todos las podamos discutir. Vale lo mismo para el "Cristina no, porque coso": digan con nombre y apellido quien sí, y por qué, y lo charlamos sin prejuicios.

* La única lucha que se pierde es la que se abandona: si estamos todo el tiempo pensando y diciendo que el adversario es formidable y tiene todo planeado al dedillo hasta el último detalle, que no importa lo que haga gobernando o lo que hagamos nosotros oponiéndonos, va a ganar, es muy posible que, efectivamente, termine ganando. 

* La resignación y el derrotismo nunca sirvieron para ganar nada, y el que abandona no tiene premio: abandonó Menem en el balotaje del 2003, abandonaron los radicales con Alfonsín y De La Rúa, y nosotros no somos ni menemistas, ni radicales. Si alguno siente que no puede o no le da el cuero, que se corra y deje que otros tomen la posta, que la hora no es para flojos.   

viernes, 20 de julio de 2018

¡JUGÁLE AL NOVENTA Y OOOOCHO!


Los que son lectores habituales del blog sabrán que acá no somos de difundir ni comentar encuestas, porque pensamos que en la mayoría de los casos están armadas para el que las paga, y se difunden con el ánimo de influir en los escenarios políticos, y en la formación de expectativas sobre los candidatos. Y la de Gustavo Córdoba & Asociados de la que da cuenta esta nota del miércoles en La Política Online no es la excepción, sin embargo nos permitimos extraer algunos párrafos de la nota, que nos parecen de interés para el análisis.

Leemos: “La encuesta detalla cinco posibles escenarios en la elección presidencial. En esos escenarios -todos polarizados- Macri compite contra un candidato opositor: Sergio Massa, Cristina Kirchner, Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y José Manuel De la Sota.

Frente a Sergio Massa, el Presidente obtendría el 27,8% en tanto, el líder del Frente Renovador lo superaría con 28,2%. El resto, no sabe/no contesta. En una elección contra la ex presidenta, Macri alcanzaría el 30,3% mientras que Cristina se impondría con 39,7%."
  
En tanto, Macri se impondría en caso de enfrentar a los cordobeses Juan Schiaretti y Juan Manuel De la Sota y al salteño Juan Manuel Urtubey. Frente a Schiaretti, el Presidente lograría unos 30% mientras que el gobernador apenas lograría un 9,1%. En tanto, en una pelea con De la Sota, el ex gobernador de Córdoba obtendría 15,3% mientras que Macri 29%. Por último, en una competencia con el gobernador de Salta, Macri ganaría con el 24,4% de los votos y Urtubey lograría el 16,6%.

La encuesta no mide segunda vuelta, que en todos los escenario analizados se produciría. Esto es clave porque toda la apuesta de Marcos Peña y Jaime Durán Barba es que haya una polarización con Cristina a quien creen que vencerían en el ballotage, aunque ella se imponga en la primera vuelta. Por eso mismo, en la Casa Rosada lo que más temen es una segunda vuelta contra Massa o algún otro peronista de centro. Otro punto a destacar del trabajo de Gustavo Córdoba & Asociados, es que el votante de Cambiemos prefiere a Vidal antes que a Macri.” (las negritas son nuestras)

Hasta acá la transcripción, ahora algunos señalamientos de nuestra parte: si el trabajo de Córdoba es delinear escenarios posibles de “polarización”, es evidente que algo falla, porque la sumatoria de las dos candidaturas principales (la de Macri por un lado, y la del eventual contrincante opositor, por el otro) oscila entre un 70 % (si compitiera contra Cristina) y un 39,1 % (si el rival fuera Schiaretti). Un diferencial de casi 31 puntos entre puntas habla de escenarios que no dan cuenta cabal de cómo se configurarían las opciones electorales.

En ese marco, parece obvio que hay un intento de posicionar a Sergio Massa como un candidato competitivo casi en paridad de condiciones con Cristina (lo cual es subirle mucho el precio), pero sin el mismo efecto de polarización (apenas sumaría un 56 % del total de los votos aunando los suyos con los de Macri), y sin que al día de hoy esté claro si a Massa corresponde colocarlo en el rol de opositor, o peor aun: de principal opositor. Es allí donde se nota mucho que la encuesta es para operar a favor de ese escenario.

Que Schiaretti, De La Sota y Urtubey pierden con Macri (y casi con cualquiera) no es ninguna novedad. Faltaría solamente que se anoticien ellos mismos, en especial los que han manifestado aspiraciones presidenciales, como los dos últimos.

Lo curioso es que (conforme también surge de sus propios análisis políticos) se los suponga en condiciones para remontar esa desventaja en un balotaje, al punto de vencer a Macri en esa instancia; para lo cual deberían contar -necesariamente- con el voto kirchnerista, al que se ocupan prolijamente de espantar a diario: mi te rio. Vaya para ellos lo mismo que se dijo para Massa: ¿hasta que punto se los puede considerar “opciones opositoras”, en especial a Urtubey?

Respecto al candidato oficialista, es evidente que la encuesta fue hecha antes de que explotara en toda su magnitud el escándalo de los aportantes truchos de la campaña de “Cambiemos” en la provincia de Buenos Aires, que incineró a Vidal. Peor aun: acá adherimos a la idea (expuesta entre otros por Artemio López) que hay mucho de mito en la idea de que la gobernadora podría sobrevivir indemne a la estrepitosa caída de la imagen de Macri, y de su gobierno.

Y así llegamos a la reflexión central que nos dispara la encuesta: como dice la nota, todos los análisis y escenarios proyectados parten del supuesto (no controvertido) de que la elección del año que viene se resuelve en balotaje, pero al mismo tiempo dan cuenta de que en el caso de ser Cristina candidata, obtendría casi 10 puntos de ventaja sobre Macri en la primera: 39,7 % contra 30,3 %, para ser más precisos.

Guarismos que son propicios para recordar lo que dice el artículo 98 de la Constitución Nacional, ubicado en el capítulo relativo al modo de elección del presidente y vice: “Artículo 98.- Cuando la fórmula que resultare más votada en la primera vuelta hubiere obtenido el cuarenta por ciento por lo menos de los votos afirmativos válidamente emitidos y, además, existiere una diferencia mayor de diez puntos porcentuales respecto del total de los votos afirmativos válidamente emitidos sobre la fórmula que le sigue en número de votos, sus integrantes serán proclamados como Presidente y vicepresidente de la Nación”.

Para que se entienda: si los números de Córdoba son correctos, Cristina estaría hoy a solo 0,6 % y un voto más de vencer a Macri en primera vuelta, subiendo ella hasta superar el 40 % del total de los votos válidos afirmativos (sin contar blancos) como requisito indispensable en términos constitucionales (“por lo menos”), y bajando el presidente hasta colocarse a más de diez puntos porcentuales de distancia. 

Si la cosa pasa por especular y aun cuando ni siquiera Cristina haya dicho medio palabra respecto a su intención de ser o no candidata, con un año por delante hasta las elecciones, con un previsible deterioro acelerado de la situación socioeconómica (y por carácter transitivo de la imagen de Macri y del gobierno) cuando el ajuste pactado con el FMI despliegue todos sus efectos, y con parte de la “oposición responsable” (de la cual provienen todos los otros candidatos testeados en la encuestas como competidores del oficialismo) semi-comprometida a acompañarlo, no parece una hipótesis que se pueda descartar ligeramente; para seguir hablando de “techos bajos” y escenarios de balotajes desfavorables.

martes, 15 de noviembre de 2016

MENTIRA LA VERDAD



¿Mintió Mauricio Macri en el debate televisivo con Scioli sobre lo que iba a hacer de llegar al gobierno?

Obvio que sí, escandalosa e impunemente, y con tanta tranquilidad que perfectamente podría haber pasado la prueba del detector de mentiras.

¿Debemos deducir entonces de eso que buena parte del pueblo argentino fue estafado electoralmente, y en consecuencia es digno de nuestra "misericordia" porque lo engañaron en su buena fe?

Depende de cuantos pensemos que fueron las víctimas del engaño de esos 13 millones que pusieron la boleta de "Cambiemos" dentro del sobre, y también depende del concepto que manejemos de "pedagogía política" para captar voluntades.

Porque tampoco es cuestión de vivir indultando deslices electorales que después se negarán como Pedro a Cristo (¿o acaso alguien conoce a alguien que admita haber votado a Menem o a De La Rúa?), y porque además del "te engañaron" al "sos un boludo que compra cualquier buzón" hay una delgada línea, que se suele atravesar en pocos pasos.

Mauricio Macri llegó al debate habiendo sorteado con éxito las PASO (donde obtuvo en cifras redondas el 24 % de los votos), y tras haber cosechado el 34 % en la primera vuelta.

Pero también después de 8 años de gestión en la CABA en la que ejecutó desde el gobierno lo que negaba indignado ante los planteos de Scioli: ajustó en salud, vivienda y educación, se endeudó, subió las tarifas de los servicios públicos y los impuestos y reprimió la protesta social.

Y nos atrevemos a decir que precisamente por eso mucha gente lo votó. De modo que "engaño" hubo hasta por ahí nomás.

Habrá que aceptar que en todo caso Macri expresa un modo de entender la sociedad, la política y el Estado con el cual muchos argentinos comulgan, y con el que se sienten cómodos y representados. Una visión que antes expresaron Alsogaray, Cavallo o López Murphy, por mencionar aquéllos que se animaron a la aventura electoral, y tuvieron su propia cosecha de votos.

Se nos dirá que ninguno de ellos llegó al 51 % ni a ser presidente, y es verdad; porque en buena medida Macri terminó siendo el catalizador del anti kirchnerismo bajo la difusa idea del "cambio", y porque es posible que haya muchos votantes que pensaran que lo bueno que tenían del período iniciado el 25 de mayo del 2003 era fruto de sus méritos individuales, y lo malo consecuencia de las políticas de los gobiernos de Néstor y Cristina.

En todo caso, eso no haría más que reforzar la hipótesis central de éstas líneas: para muchos argentinos una sociedad no debe estar regida por la solidaridad, la inclusión, la compensación de las desigualdades con políticas públicas de un Estado activo y presente, sino por la "igualdad de oportunidades", la "meritocracia" y el esfuerzo individual que obra milagros; siendo el Estado un mal necesario, reducido a la mínima expresión imprescindible para proveer seguridad, y poco más. 

Y si hay ajustes suponen que ellos quedarán exentos o no se verán afectados, porque "son de la mitad del país que trabaja para mantener a la otra mitad"; o aun estando afectados lo justifican "porque a las cosas hay que pagarlas por lo que valen". Creer que a esa gente le importa realmente la pobreza al punto de votar a alguien que promete llevarla a cero, eso sí que es un engaño, o un autoengaño en todo caso.

Si el grueso del voto de Macri en el balotaje proviniera de una colosal estafa electoral, hoy habría multitudes de indignados por las calles protestando por los resultados concretos y visibles de la estafa, y no los hay: no nos engañemos nosotros, tratando de exponer las mentiras ajenas.

Gerardo Morales no se vuelve impopular por haber metido presa a Milagro Sala, sino todo lo contrario: de no contar con un importante respaldo popular la líder de la Tupac hoy estaría libre, desde hace bastante y sin necesidad de reclamos de la ONU.

¿Significa esto una condena moral a los votantes de Macri, o a buena parte de ellos?

No, porque no se puede hacer política desde las condenas morales (al menos no exclusivamente desde allí), eso dejémoselo a los predicadores desde el púlpito, acá la cuestión es otra.

Significa que tendremos que asumir que hay una porción no desdeñable de los argentinos que votan con los que nos separa una distancia -¿la famosa "grieta" de la que tanto se habla?- de visiones sobre la sociedad, como se organiza y como distribuye las cargas entre sus integrantes.

Una distancia que no se puede salvar simplificando las cosas al extremo de suponerlos tontos engañados por una eficaz maquinaria de márketing político, aunque ciertamente puede que también los haya.

Reconocer las complejidades del terreno que se pisa nos hará más fácil recorrer el dificultoso camino para volver a convertirnos en una alternativa de poder en la Argentina. De lo contrario sería muy sencillo todo: bastaría con mostrarles a muchos que conocemos que votaron a Macri el video del debate previo al balotaje, y listo.

Por no mencionar que si partimos de la base que el debate fue una fantochada (desde las mentiras de Macri, hasta la "independencia" de los organizadores y moderadores, muchos de ellos hoy funcionarios de "Cambiemos") no se entienden las razones por las cuáles los senadores del FPV acaban de aprobar en el Senado una ley para hacerlo obligatorio.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

CON LA FRENTE ALTA


Por Víctor Astesiano

Sólo algunas reflexiones.

1) EL GOBIERNO QUE SE VA: Sobran palabras para agradecer a Néstor, a Cristina y a todas las mujeres y los hombres que acompañaron en estos doce años de gestión popular. Por supuesto que hubieron errores. "Natural", diría Perón. 

Sin embargo: ¿Qué reprochar a quienes pusieron la política por delante y mirando a los que hacía poco menos de cincuenta años que no habían sido mirados desde un gobierno? Ellos construyeron sobre cenizas y devolvieron la felicidad de una vida con compromiso político, social y cultural. 

Es probable que también existieran errores tácticos que contribuyeron a torcer la historia. Sin embargo pasó lo que debió pasar, porque fue lo que pasó. No sirve salir a despotricar a propios y extraños. Hay que repensar, tratar de no equivocarnos a futuro y que el aporte que hagamos sirva para seguir creciendo y no para retroceder en el tiempo, como el nuevo gobierno.

2) EL GOBIERNO QUE VIENE: Hablando con AC, me interrogaba:"¿Por qué tengo que creerles a estos tipos?". Mi pensamiento en ese momento fue: Por nada. Porque nosotros, los más grandes, sabemos lo que significa Macri y, esencialmente, a quién representa. Nosotros vivimos el Rodrigazo, Martínez de Hoz, el "Plan Austral", el golpe a Alfonsín, Cavallo, la Alianza (también con Cavallo). 

Hemos vivenciado todas esas políticas monetaristas que el neoliberalismo instaló en distintas circunstancias y de las que nació una nueva oligarquía: la financiera. Pero, además, la agrícolo-ganadera sigue vivita y coleando más que nunca y participa también de la nueva, diversificándose. 

"Cambiemos" las representa y el lunes Macri dio señales de ello al hablar del memorándum con Irán  y la cláusula democrática para Venezuela, pasando un nuevo papelón y van... Recomiendo la lectura de este posteo del blog al respecto. 

Y así he observado los contrastes de estos días: Cuando un rico prende la mecha de un fuego artificial, con una copa de champagne en su otra mano para festejar, seguro hay un pobre mirando al cielo y disfrutando de la explosión y el colorido, pero con un detalle: está del otro lado del muro. Macri no representa a las mayorías, representa a un núcleo tremendamente minoritario y entre el cual va a distribuir la riqueza. 

Está bajo esa férula. Para eso fue puesto ahí, aunque haya sido elegido por el voto. No por nada andan los CEO de diversas empresas, como postulados para los cargos públicos. Acordate que Aranguren, o sea la Shell (una empresa a la que le interesa el país y, más precisamente, llevárselo) va a Energía. Para lograr su objetivo el decretazo va a funcionar como instrumento, amén de trabajar en tándem con el Poder Judicial. Los fallos de estos días son un aviso de cómo se está alineado Lorenzetti. 

3) LOS QUE VOTARON A MACRI: La mitad del país votó a Macri. ¿Quiere decir esto que esa gran porción está contra los intereses del Pueblo? Me parece que no. 

Es que la mayoría de ese colectivo, pertenece al Pueblo. No debemos olvidarnos de eso. Y antes que criticar a quién votó a Macri, me parece debemos autocriticarnos. Porque el componente volátil de toda elección habría votado a Scioli si hubiese pensado que era la mejor opción. Y no fue así. Decir que la gente se equivocó es caer en la argumentación gorila de menosprecio y subestimación. Yo al menos, no lo diré.

4) LOS MILITANTES: El voluntariado político fue impresionante, sobre todo en las organizaciones juveniles y en el inorgánico. Los empresarios, trabajadores, los jóvenes, los amos y las amas de casa que sin espiche salieron a parlamentar en la calle, los colectivos, los lugares de trabajo, el almacén, la verdulería o en las redes sociales, donde podían...

Todos y cada uno asumieron un puesto de compromiso que incluso no se vio en muchos dirigentes, salvo honrosas excepciones. Y por lo que veo,  a partir de ahora se profundizará ese compromiso porque ya estamos vislumbrando lo que vendrá. Ese esfuerzo ímprobo no sabrá de rendiciones. 

De todas formas creo que se debe articular toda esa masa crítica y tratar de ir creciendo juntos. La organización vence al tiempo y debemos exhortar a la dirigencia para que se ponga a la cabeza de la custodia del país y no a la cola. 

Sé que hay mucho descontento fundamentalmente en los jóvenes, quienes hicieron oir el domingo a la noche sus reclamos en la puerta del PJ. Los entiendo absolutamente, pero debemos actuar con inteligencia y no regalar más espacios, sabiendo diferenciar a los apóstatas y oportunistas de quienes tienen visiones o actuaciones equivocadas. 

Porque el gobierno que viene, VIENE POR TODO y todo implica, esencialmente, ampliar la brecha de la injusticia. Busquemos organizarnos y construir, interna y externamente. Por eso, hay que ir hacia adelante, hacia el frente. Con la frente alta y los valores inalienables.

lunes, 23 de noviembre de 2015

LA DERROTA DE TODOS


La captura de pantalla con los datos del escrutinio cuando se llevaban escrutadas el 99,04 % de las mesas y la diferencia entre Scioli y Macri es del 2,84 % (con el 99,08 % seguía bajando, al 2,82 %) es para poner en contexto estas líneas escritas en caliente, con la bronca y el dolor de la derrota.

Una derrota que estaba en las posibilidades (de hecho, era la posibilidad más concreta) pero que terminó siendo por cifras muchos menores a las que anunciaban (¿u operaban para convencer a los indecisos y que la militancia bajara los brazos?) la mayoría de las encuestadoras; que hablaban de una diferencia de entre 6 a 10 puntos, y otras auguraban aun más, así como que Macri superaría el 54 % de Cristina en el 2011; como si pudieran comparar las circunstancias mediando o no balotaje.

Como por arte de magia, desaparecieron el fraude y el clientelismo (incluso en Tucumán, donde Macri volvió a perder), y pasamos de ser un país bananero a una democracia escandinava; por obra y gracia de unos 708.000 votos de diferencia en un universo de casi 26 millones de sufragantes; y la "dictadura que se aferraría al poder con uñas y dientes  y apelaría a cualquier artimaña para conservarlo" aceptó la derrota sin chistar, como debe ser en democracia. Y como no lo hacen ellos: ahí andan todavía Cano y Costa interponiendo artilugios tribunalicios en sus respectivas provincias, tratando de llegar a la Corte.

Como si no fuera poco que no exista el más mínimo atisbo de autocrítica opositora respecto a la sarta de pelotudeces que dijeron hasta horas antes del comicio y en plena veda, ahí anda Carrió diciendo que la diferencia fue mucho mayor, y les birlaron votos en el correo.

Es que como ya lo habían anticipado sus voceros mediáticos, la diferencia final no era un dato menor o irrelevante: cuando hacían circular encuestas con cifras mayores a los 10 puntos de diferencia estaban buscando instalar un triunfo rotundo, que legitimara el ajuste. Porque la comparación con las cifras de Cristina en el 2011 tenían ese propósito: ellos sí pensaban (y piensan) en serio que un 54 % de los votos autorizan a "ir por todo".

Pero no vamos a pumearla esquivándole el bulto a la cosa: digna o no, una derrota es una derrota, y la victoria le confiere -en democracia- al ganador el derecho de ejecutar su programa de gobierno; ese que nunca se avino a explicar claramente en campaña, y que muchos de sus votantes prefirieron ignorar cuando se filtraba por errores no forzados de algún referente de "Cambiemos". 

Se perdió y perdimos todos, aunque no todos hayamos tenido la misma cuota de participación y responsabilidad en la derrota: la militancia hormiga que protagonizó en las últimas semanas una conmovedora "campaña desde abajo" que no alcanzó para ganar, pero que acaso contribuyó a evitar una derrota aun peor no se merecía perder, y dejó todo de sí por el triunfo.

Lo que nos deja un dato a futuro que no puede soslayarse en la larga y necesaria tarea de la reconstrucción del campo popular tras la derrota; cuando muchos de los dirigentes que le sacaron el culo a la jeringa durante la campaña están pensando como acomodarse bajo el sol de la gobernabilidad macrista. La gente de a pie movilizada en la calle marcó cual es el camino a seguir en el futuro. 


Pero lo cierto es que se perdió, y los pases de facturas internos deberán quedar para otro momento, cuando la cabeza esté más fría y cuando no se corra el riesgo cierto (como se corre a partir de ahora) de que traten de empiojarle a Cristina los días finales de su mandato, porque quieren que el kirchnerismo tenga un final aleccionador: quieren que un proceso político que gobernó más de 12 años el país sin un sólo día de estado de sitio deba irse en medio de un golpe económico, un caos social y en helicóptero. En eso andan, para después poder justificar el ajuste en "la pesada herencia recibida".

Al candidato Scioli nada (o casi nada) queda que reprocharle, o por lo menos no más que a otros protagonistas de la campaña. En todo caso sí carga en el debe con las deficiencias de su gestión en la provincia de Buenos Aires, donde una diferencia mayor pudo haber dado vuelta el resultado: se podría decir que Scioli fue mejor candidato que gobernador; pero insistimos, más adelante llegará el momento de analizar en detalle los factores que condujeron a la derrota.

De hecho, en el discurso de aceptación de la derrota estuvo -a nuestro entender- muy claro cuando enumeró los logros de este proceso político que debemos comprometernos a trabajar para que se mantengan: en modo Scioli, fue tanto como haber dicho "nunca menos"; lo que no es poco como señal a futuro, y hacia el peronismo. 

La gente (o una buena parte de ella) "quería cambiar" y cambió, aun sin saber en que consiste realmente el cambio que propone Macri, o sabiéndolo y aceptándolo, lo mismo da. Y esa idea del "cambio" terminó prevaleciendo sobre cualquier otra consideración; e intentar contrarrestarla fue como remar en dulce de leche, como lo pudo comprobar cualquiera que encarara algún mano en los tramos finales de la campaña, tratando de sumar votos. 

Lo que nos remite a un tema mucho más complejo y al que nunca terminamos de encontrarle la vuelta: cuando repetimos que "con el kirchnerismo volvió la política" suponíamos (erróneamente) que hay una sola forma en la que una sociedad se politiza, y por eso elegimos desde el principio (mucho antes de la elección de ayer) polarizar con Macri en términos ideológicos; sin medir el grado y las formas de politización real de la sociedad.

Al errarle en eso -por no encontrar la estrategia más adecuada para enfrentar una forma de politización que es la que propuso Durán Barba y aplicó a pie juntillas Macri- terminamos derrotados en las urnas por el rival con el que desde siempre quisimos confrontar. 

Quedan por delante días muy difíciles ya en lo inmediato, desde acá hasta el final del gobierno de Cristina: la legitimación electoral de una restauración neoliberal -que es lo que se viene en la Argentina, con proyección regional- es un desastre político de una magnitud que todavía hoy no se puede percibir, o dimensionar. 

Tanto como la magnitud y densidad del bloque de poder alineado detrás de Macri, bloque que se sacó del todo la careta los últimos días de campaña ante la ola triunfalista, para poder después participar del reparto: desde los medios que vertebraron todos estos años a la oposición y le editorializaron su discurso, hasta la Corte Suprema y los jueces adictos a "Cambiemos" que vienen sacudiendo al gobierno con fallos a cambio de los cuáles se quedarán (llave en mano) con el manejo del Consejo de la Magistratura y el Poder Judicial, abortando de antemano cualquier tentativa de reformas en ése antro corporativo y antidemocrático.

Sin olvidarnos de los grandes grupos económicos que reclamarán cada uno su porción del botín devaluador y ajustador: los bancos, las privatizadas de servicios públicos, los grupos exportadores y con posición dominante en la formación de precios, las patronales del campo y los fondos buitres.

Como símbolos del nuevo tiempo que se viene, veíamos como un ex juez de la dictadura condenado por violaciones a los derechos humanos solicitó fiscalizar la elección por "Cambiemos", y Cristiano Rattazzi efectivamente lo hizo, en una mesa en La Matanza: es gente que bien sabe que "pertenecer tiene sus privilegios".  

Frente a eso habrá que superar rápido el mal trago y volver a dar la pelea desde el lugar de la oposición, ése que otros ocuparon con comodidad estos 12 años, a sabiendas de que no necesariamente existirán "oficialistas" sociales con los que confrontar: el "oficialista" -se sabe- fue una creación del kirchnerismo. Es cuestión de sentarse a esperar nomás cuanto tardan muchos en decir que no lo votaron a Macri.

Les ganamos de mano: nosotros podemos decirlo ya mismo, hoy.