LA FRASE

"HICIMOS MÁS DE 16.000 REFORMAS Y SERÍAN 16.002 SI LOS KUKAS Y ZURDOS TERRORISTAS NO NOS HUBIERAN CAGADO LA LEY DE TIERRAS Y LA DEL MANEJO DEL FUEGO." (JAVIER MILEI)
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jueves, 8 de julio de 2021

A PASITOS DEL ABISMO

 


Por años el espectro amenazante era Venezuela: siempre estábamos a nada de convertirnos en ellos, o en lo que dicen que son ellos. Tanto con Chávez en vida, como con el proceso que siguió a su muerte.

La consigna prendió y ordenó el discurso opositor, la cantinela de los medios, las pancartas y los carteles de los cacerolazos. Eso sí: nunca pudieron explicar como, siendo nosotros gobierno antes del 2015 y con una elección ganada en el 2011 con más del 54 % de los votos, no nos habíamos convertido ya en Venezuela.

Este año y a propósito de las elecciones legislativas, reavivaron el fantasma, contándonos que estábamos a solo siete diputados...de convertirnos en Venezuela. Sin embargo en el medio apareció Nicaragua, y les complicó la analogía.

Y como si todo eso fuera poco, ahora la meta (o el infierno tan temido) es Haití, porque ahí mataron al presidente. Lo cual es una inferencia nuestra, porque esa es la única novedad que se ha producido allá, por estos días.

Lo loco es que -como señala la cavallista Mondino- el trágico final que anuncian se puede evitar, solo haciendo "pequeñas cosas", que por supuesto nunca precisan, pero todos podemos más o menos adivinar. Y lo podemos hacer porque ya se ensayaron en el país, y el resultado fue que estuviéramos más cerca de ser Haití, que lejos.

Hay en todo esto una pedagogía de la autodenigración nacional, para destruir nuestra autoestima como sociedad y convencernos de que somos un país de mierda, gobernador por un gobierno de mierda. Cosas que desaparecen como por arte de magia cuando gobiernan ellos: entonces de repente nos convertimos en la tierra de las oportunidades, aunque el país, su gente, sus recursos, sigan siendo exactamente los mismos que cuando profetizaban el descenso a los infiernos.

Es un discurso político simplote, para mentes simples, y con alcances acotados a un auditorio predispuesto. Un auditorio que -como los emisores del discurso- a poco que se los indague al respecto, demuestra que no sabe muy bien de que se trata lo que está mentando; sea Venezuela, Nicaragua, Haití o Biafra.

Pero la eficacia (reiteramos: acotada, no demos más por el pito que lo que el pito vale) del espantajo -como el cuco con el que nos atemorizaban de niños- requiere que los asustados no se detengan a pensar bien como son las cosas, y para eso tanto vale un Estado fallido (como Haití) desde tiempo inmemorial, con algún otro que (como Venezuela o Nicaragua) lo que ha tenido son cambios de régimen político, con los que se puede acordar o no, según la vereda donde cada uno está parado.

Y si no veámoslo desde el lado inverso del espejo, es decir el de los países "serios" que siempre nos han puesto como modelo a seguir: si para algo ha servido la pandemia es para demostrarnos que nuestros apologistas locales de experiencias foráneas, saben bien poco de como funciona en realidad aquéllo que ensalzan. La cuestión es traficar intereses (en primer lugar) e ideologías, en segundo. Tuits relacionados: 

martes, 21 de julio de 2020

PLANEROS


Una de las respuestas del presidente en la entrevista que dio el domingo para Página 12 sobre la necesidad de un plan económico post pandemia disparó el reclamo de los economistas de la ortodoxia por "un plan". En realidad, ni siquiera hubieran hecho falta el reportaje, la pregunta y la respuesta, porque siempre están reclamando un plan.

Un "plan creíble y consistente", que cuando entran en mayores precisiones, es también siempre el mismo: equilibrio fiscal, reducción del gasto, baja de impuestos, incentivos al capital, eliminación de regulación, desregulación del flujo de capitales, "señales de precios". No importan nunca, a esos fines, ni el momento ni el contexto ni -tampoco- el gobierno: siempre reclaman un plan, y no cualquiera, sino "ese" plan.

Las razones de la insistencia no son difíciles de descubrir, aunque las quieran disfrazar de "discurso científico racional sobre el estado del arte de la ciencia económica" (aspecto desde el cual la berretada es aun más grosera): ese "plan" consulta y tutela los intereses materiales concretos, puros y duros que esos economistas expresan, de los cuales son voceros, intereses que además sponsorean sus dislates.

Y en la medida en que esos intereses son cada vez más poderosos y concentrados, tienen la capacidad de obturar el debate de ideas, y presionar al sistema político para llevar agua para su molino. A esos intereses (que no juegan con las reglas de juego de la democracia, ni se atienen a sus resultados) poco les importan las elecciones y sus resultados, que expresan las preferencias del electorado por una u otra orientación de la economía; entre otras cuestiones que determinan el voto.

Hemos dicho otras veces que parten de la idea de una escisión conceptual entre política y economía, de la que resulta que son compartimentos separados y estancos, sin comunicación entre sí: voto como vote la gente, hay "un" solo plan económico posible. Tan inmunes son a los resultados electorales, como a los resultados concretos que "ese" plan produjo, cada vez que fue aplicado, en nuestra concreta experiencia histórica.

Claro que esto tiene una explicación también sencilla: que la inmensa mayoría de los argentinos nos jodamos y retrocedamos en nivel de vida, consumos, derechos y posibilidades cada vez que se ponen en práctica ciertas ideas mohosas desacreditadas por la práctica, no significa que a quienes las trafican, les vaya igual de mal. Por el contrario, suelen salir fortalecidos de cada una de las crisis que, invariablemente, se producen cuando se ponen en práctica las ideas que pregonan.

De esto se sigue que, mientras su prédica y su lobby para que los gobiernos apliquen "su" plan responde a una racionalidad instrumental pura en defensa de intereses concretos, que los gobiernos les presten atención e incluso lleguen a aplicar algunas de las soluciones que estos personajes propugnan no solo es una irracionalidad en términos económicos, sino una estafa en términos políticos, que termina degradando a la democracia.

Es allí donde el lobby deviene una avanzada golpista, porque lista y llanamente le pide al gobierno electo que abandone sus compromisos electorales, para adoptar el programa que la gente no votó. Es lo mismo que cuando los principales columnistas de los medios hegemónicos o los "analistas" de esos mismos medios le piden -por ejemplo- a Alberto Fernández que se desprenda de Cristina y el kirchnerismo, para gobernar como ellos quieren.

Y este último aspecto de la cuestión la reconduce en un problema político, y de magnitud, que excede con creces la discusión en torno al rumbo económico del gobierno, de éste y de cualquiera. Siendo como el "Frente de Todos" una coalición puede admitir a su interior diferentes miradas sobre una misma cosa, todas respetables; y siendo el presidente dialoguista como es (y se jacta de serlo), puede reunirse e intercambiar opiniones con quien sea.

Lo que no puede pasar es que el gobierno (y no estamos diciendo que lo haga, o lo piense) termine siendo permeable a esas presiones/consejos (elijan la palabra que crean más adecuada) y aplique políticas que, además de no ser las que la gente votó, fracasaron estrepitosamente cada vez que se ensayaron en el país. Dicho de otro modo, es bueno tener un plan, en tanto ese plan sea el que la gente votó, por razones de transparencia democrática.

Pero en la misma medida es malo (muy malo) aplicar otro, cuando ese otro es el que la gente no votó, y no solo por esas razones: porque es el mejor modo de que nos vaya mal como cada vez que se lo aplicó, y la gente nos lo haga saber, no votándonos. Incluso  y por paradójico que parezca, aunque ese "voto castigo" se exprese en votar justamente a los que impulsan esos planes, de hecho ya nos pasó, y el resultado fue el macrismo.

viernes, 15 de mayo de 2020

IDIOCRACIA


Realmente el nivel de bestialidad de cierta gente que pulula por los medios con pretensiones de formadores de opinión asusta. Como el del muñeco del tuit de apertura, del cual de paso no se sabe que haya cumplido con su promesa de violar la cuarentena deliberadamente, en actitud beligerante.

Cada uno es dueño de profesar la ideología (o religión, llegado el caso, porque por momentos parece que fueran una sola y misma cosa) que quiera, pero lo que resulta inadmisible es tener que discutir con gente con un nivel de desconocimiento básico de los conceptos que maneja y lanza al voleo, como socialismo, populismo, democracia o planes sociales; por caso.

Este tipo de analfabetos funcionales son muy afectos a traficar su ideología berreta y apolillada, disfrazada de pontificado moral sobre quienes son útiles y quienes no en una sociedad, sin que nadie los interrumpa para preguntarles desde donde ellos se colocan entre los que sí son útiles, o en todo caso cual es su aporte concreto; más allá de contribuir a ciertos niveles de consumo cultural irónico al que en realidad nadie toma demasiado en serio. Salvo unos cuantos pendejos (y pendeviejos) que todavía viven con los padres, y son mantenidos por ellos, y se creen algo así como células combatientes de una resistencia imaginaria de vaya uno a saber que cosa.

Simplificar el socialismo reduciéndolo a la distribución de planes sociales es algo propio de la ignorancia monumental de estos paparulos, comparable a llamar "plan social" cualquier cosa, como por ejemplo una jubilación de las obtenidas a través de la moratoria previsional, como si fuera lo mismo por ejemplo que la asignación universal. Ni hablemos del hecho de que tampoco nadie les pregunta nunca a estos cosos de que hablan cuando hablan de planes sociales, o cuantos son, o quienes los cobran y por qué.

Recordemos que hace poco éste zapato se autofelicitaba por el Día del Trabajador, considerándose parte de los que trabajan, y mantienen al resto de la sociedad; como si además de ser eso cierto (que él trabaja), existiera alguna sociedad en la que todos -absolutamente todos- trabajan, o no existieran sectores que están exentos de la obligación de trabajar (como los menores, por ejemplo), o que lo hicieron por años y ya no tienen el deber de hacerlo, como los jubilados: así de primate es el razonamiento, así de grande es el desconocimiento del funcionamiento real de las sociedades.    

Desde esa ignorancia supina, esos mal llamados liberales (en realidad, y como se dijo, conservadores que no quieren pagar impuestos) se meten con cosas complejas que no entienden, como la democracia, para proponer como si fueran de avanzada, ideas absolutamente retrógadas como el voto calificado, a partir de circunstancias que ellos mismos (ignorantes como son de los procesos sociales, pero con ínfulas de reformadores) definen.

Y que no difieren mucho de ideas trasnochadas que ya fueron discutidas y dejadas de lado acá y en todo el mundo, a lo largo de la historia: recordemos las discusiones sobre los alcances del derecho al sufragio en el Congreso Constituyente de 1824 que dio lugar a la Constitución unitaria de 1826 (el debate entre Dorrego y el diputado Castro), o la idea de Echeverría de darle el voto "a la inteligencia y la fortuna" ya en tiempos de la llamada Generación del 37'. Claro que para saber eso, Boggiano debería haber leído alguna vez un libro, otro que no fueran las obras de Hayek, Mises o Friedman.  

Es que éste es el drama de estos "libertarios": siguen expresando ideas que pudieron haber sido de avanzada en su momento, en relación a la sociedad feudal, pero hoy atrasan siglos. Así ocurrió por ejemplo en la Inglaterra de la Revolución Industrial, en la que Adam Smith escribió su obra, fundacional en las bases teóricas del capitalismo.

La reforma electoral inglesa de 1832 significó una ampliación de derechos en sentido democratizador, aunque restringido, para incorporar a la Cámara de los Lores a los representantes de ciudades como Manchester o Liverpool, hijas dilectas de la Revolución Industrial que estaban excluidas de los asuntos políticos. Y los burgueses que estaban protagonizando esa Revolución entraron a gozar del derecho al sufragio, para discutir el rumbo del imperio británico a cuya grandeza contribuían de un modo decisivo, frente a la vieja nobleza feudal terrateniente.

Dos siglos después, estos farabutes proponen una regresión en el tiempo, sobre la base del prejuicio -que ya tenían los rivadavianos del siglo XIX para negarle el voto a los jornaleros, peones a sueldos, soldados de línea y empleados del gobierno- de que por percibir algún tipo de ayuda social, su voluntad está cooptada y no pueden decidir libremente como sujetos políticos.

Con lo que llegamos al absurdo de que resuelven la tensión permanente entre el capitalismo (que por definición excluye) y la democracia (que por naturaleza iguala e integra), excluyendo de la segunda a los que el primero excluyó previamente del mundo del trabajo, y la plenitud de derechos.  

lunes, 13 de abril de 2020

SECTAS


Si hablamos de sectas todos pensamos en Jim Jones y la masacre de Guyana, los mormones o los Testigos de Jehová: tipos que te tocan el timbre en tu casa y quieren convencerte con un librito (y un libreto), con insistencia, cerrados a oír razones u otras opiniones, convencidos de que son los elegidos para salvarse y salvar al mundo, transmitiendo siempre el mismo mensaje, sin importar ni los destinatarios, ni las circunstancias. Más acá en el tiempo aparecieron otros, como los terraplanistas o los antivacunas; que en general no escapan a la caracterización.

Claro que en política también hay sectas, o comportamientos propios de tales: todos recuerdan aquel apotegma de Perón cuando las cruzaba diciendo que en el peronismo no eran "ni sectarios ni excluyentes", y la segunda y tercera de las 20 verdades denostaban la política de los "círculos".

Al kirchnerismo en su tiempo -y después también- se lo acusó de sectario: fue cuando se criticaba a las "minorías intensas", los "patios militantes" o -y en tiempos macristas- la cultura del "resistiendo con aguante". No vamos a abundar al respecto, porque ya hemos hablado sobre el tópico.

¿Y como andamos de sectarismos por estos tiempos de cuarentena, en los que debemos permancer en casa, sin poder hacer política en el espacio público, y amplificando el efecto que de ordinario tienen en nuestras vidas las redes sociales, reducidas en la práctica a ser casi el único lugar para el debate político?

Andamos como mirando con una lupa que amplifica detalles, pero nos hace perder de vista el objeto de análisis que está por afuera del lente, y al amplificar detalles se pierden las perspectivas y proporciones, el tamaño real de cada objeto que compone la realidad. En términos políticos, su representatividad social y electoral, por ejemplo.

Pero al mismo tiempo podemos observar con más detalle y precisión típicos comportamientos sectarios, a saber:

* La secta macrista siquiátrica, con su granja de trolls y su call center funcionando a pleno como cuando eran gobierno, instalando el mismo puñado de consignas de entonces (como "la extincción de dominio retroactivo"), como efecto residual de las plazas del "Sí se puede" previas a la segunda vuelta electoral. Gente mentalmente detenida en un limbo mental en el que no pueden procesar que perdieron las elecciones, haciendo un bizarro revisionismo histórico de la presidencia de Macri, para recrear un mundo imaginario en el que fue exitosa, pero la gente fue ingrata porque no lo supo reconocer a la hora de votar.

* La secta radical, que sigue como siempre muy campante por la vida, como si nunca hubieran sido gobierno. o no tuvieran nada que ver en el desastre que heredamos, o por el contrario nos hubieran dejado un país en marcha y creciendo. Y desde esa nube de pedos vuelven a alzar el dedito acusatorio, reclamando preciosismos republicanos, o eficacia en la gestión. Como siempre, proponiendo soluciones para todo que -de un modo misterioso- nunca pueden aplicar cuando gobiernan. O reclamando como primera prioridad a la que debe atender el gobierno, la repatriación de los que quedaron varados en el exterior.

* La secta de izquierda, que aspectos estéticos aparte, es lo más parecido que hay a algún culto evangélico pentecostal. Cuando se unieron, hace unos años, despertaron la expectativa de levantar la puntería y aportar a mejorar la calidad de nuestro debate democrático; pero hoy está claro que lo hicieron simplemente impulsados por el espanto de quedar degollados por la cuchilla del 1,5 % de votos mínimos exigibles para sortear las PASO, lo que les haría perder el acceso a los fondos estatales y reduciría a nada sus ya escasas chances de acceder a un quiosco parlamentario.

El tiempo no los mejoró sino todo lo contrario, y acaso morigeró sus expectativas: ya no piden tomar por asalto el Palacio de Invierno, sino que funcione el Congreso, para tener cámara. O baten récords mundiales de idiotez, lanzando un paro nacional en cuarentena, con amenaza de movilizar y quizás buscando que los repriman o encarcelen, para tener algo que contarles a los nietos el día de mañana. Ojo, se les podría volver en contra, si alguien saca las cuentas y advierten que, aun contagiándose todos del virus, seguiríamos estando dentro del rango de cifras tolerables de infectados o víctimas. 

* Como olvidarse de la secta libertaria, nuestros Testigos de Alsogaray, cuyos miembros siguen ajenos al hecho de que, en el mundo entero y en especial en los países que nos ponen como ejemplo, las ideas que siempre defendieron están siendo tiradas a la basura, y las obras de Hayek o Friedman reemplazan al papel higiénico. Mientras tanto ellos acá, vulneran la cuarentena para recorrer los canales de televisión pidiendo rebaja de impuestos y de los sueldos de los funcionarios, ajuste del gasto público y -al mismo tiempo y sin explicar de donde saldrían los recursos- testeos masivos; punto en cual -no tan curiosamente- se dan la mano con la izquierda.

* Y para terminar, lo que tenemos acá a la mano: la secta socialista, que luego de haber sido por años el furgón de cola electoral de los detentadores del voto antiperonista en la provincia (como Usandizaga y Natale), quedaron descolocados frente a la experiencia kirchnerista, que desnudó a todos los "progresismos". Luego de eso, pasaron 12 años en el gobierno sin afectar ningún interés creado poderoso (ni el campo, ni la banca, ni los medios, ni los grandes grupos empresarios), y por el contrario conviviendo amablemente con ellos: stands de Expoagro, apoyo a los lock outs patronales, negativa a aplicar la ley de abastecimiento, abundante pauta publicitaria para comprar blindaje, el puerto de Rosario en manos de Vicentín, y así podríamos seguir.

Pero en las ceremonias de ésta secta, en especial de los iniciados o monaguillos del Gabinete Joven que hoy saltan a la palestra por una obvia necesidad de renovación biológica de un partido hasta hace poco manejado por gerontes, están librando una pelea imaginaria contra privatizaciones y ajustes inexistentes, recordando las consignas de aquellos campamentos de verano en los que compartían fogones con Tumini para terminar todos (ellos y Tumini) haciendo campaña por Urtubey y Lavagna, de la mano de la mujer de Barrionuevo. Tuits relacionados:

lunes, 6 de enero de 2020

LA DISPUTA POR EL SENTIDO


La mega crisis del 2001 con la implosión de la convertibilidad tuvo un beneficio inesperado: durante un tiempo desaparecieron de los medios los econochantas neoliberales que habían aplaudido con las dos manos el modelo, y vaticinaban que con él el país crecería indefinidamente, y dejaba atrás años de fracasos y frustraciones. Hasta comenzado el gobierno de Néstor Kirchner, creyeron prudente mandarse a guardar, para no recibir parte del malestar social que acompañó a Cavallo en su salida del gobierno de De La Rúa, fundamentalmente por el "corralito".

Ayudó también a su silencio el hecho de que los grandes medios vieron lesionados sus intereses con la caída del uno a uno, y pudieron recomponerse merced a favores políticos del duhaldismo: desde Clarín con la pesificación asimétrica de las deudas y la ley de bienes culturales que lo salvó de la quiebra a manos de sus acreedores extranjeros, a La Nación que logró en la justicia la cautelar de la que aun hoy disfruta para no pagar impuestos, no andaban con muchas ganas de hacer críticas, por un tiempo; aun cuando la "tribuna de doctrina" comenzó a mostrarle los dientes al nuevo gobierno iniciado el 25 de mayo del 2003, con aquel célebre pliego de demandas de Escribano.

Cuando reaparecieron en la palestra estos personajes y sus ideas mohosas, fue el propio Kirchner el que asumió la respuesta del gobierno, en clave jauretcheana, contestándoles desde el atril y eligiéndolos como bochines, al compás de una economía que los desmentía, al crecer, generar empleo y pagar mejores salarios aplicando las ideas exactamente inversas a las que ellos pregonaron por años, y aun hoy pregonan. 

Pero la guerra por el sentido común social es larga, y siempre que los gobiernos nacionales y populares afrontaron crisis, estos tipos están dispuestos a salir a la palestra, tanto como sus sponsors (los intereses reales y permanentes a los que siempre sirven) estén dispuestos a sostenerlos, en su propio beneficio. Y salen oliendo a rosas, como si nada hubiera pasado, como están haciendo ahora, otra vez.

Buena parte del éxito electoral del macrismo en el 2015 (y su misma conformación como alternativa electoral competitiva de la derecha) tiene que ver con ese goteo permanente de tres o cuatro zonceras mayúsculas sobre el Estado, la economía, la inflación, las regulaciones públicas o el modelo productivo, que terminan permeando a través de la prédica mediática en determinados segmentos de la sociedad, en especial de la clase media: el discurso "meritocrático" del PRO ancla en buena medida en la prédica "libertaria", aun cuando ya en el poder (y con responsabilidades diversas) unos y otros se desconocieran, como si fueran distintos o peor aun, opuestos.

Dijimos entonces que lo que estaban tratando de hacer era muy fácil de ver: salvar "el  modelo" por el que tanto abogan, echándole las culpas del fracaso que se veía venir inexorablemente (y acá si que los pronósticos que así lo advirtieron no fallaron) a sus circunstanciales ejecutores, en éste caso Macri. Y desde la derrota electoral de la derecha en octubre pasado para acá, ese ha sido el discurso consistentemente machacado de todos: grandes medios, econochantas y "libertarios" varios.

Omitiendo (o pasando directamente por alto) un dato central insoslayable: ese núcleo de ideas económicas y sociales fueron puestas a la consideración del electorado argentino con toda crudeza (Espert, su candidato, no es hombre de andarse con demasiadas sutilezas), con los resultados por todos conocidos: un papelonazo al cosechar menos del 2 % de los votos.

Sin embargo, como te digo una cosa te digo la otra: seríamos necios si nos redujéramos a pensar que la disputa política por el sentido de las cosas en una sociedad se reduce estrictamente a lo electoral, aun cuando los que creamos en los valores de la democracia sostengamos que allí, en la urna, se saldan. Está claro que el pensar social se nutre de otros elementos, y varía constantemente, más en la sociedad moderna de los medios de masas.

Y no se trata de volver acá a plantear la eterna discusión respecto a si los medios juegan (juegan, obvio), o cuanto influyen (influyen, por supuesto) en estos asuntos, sino de advertir precisamente que las elecciones no cambian ni su propiedad (es decir, las empresas que los manejan), ni sus contenidos, ni su orientación ni sus intereses permanentes. De allí que sea iluso suponer que se rindan a la evidencia de los votos, y se resignen al hecho de que las ideas que sostienen no serán las que regirán los destinos del país los próximos cuatro años: por el contrario, lo racional es esperar exactamente lo contrario.

Claro que no lo harán directamente por sí (aun cuando algunos no resistan la pulsión de hacerlo, como La Nación y sus plumas más connotadas), sino precisamente a través de estos personajes que reaparecen, llevando agua para su molino, con la cantinela de siempre: el modelo es no solo el correcto sino el único sensato, racional, posible y de éxito asegurado, el problema fueron los circunstanciales ejecutores, los problemas del país vienen cuando la política mete la cola y no acepta seguir las leyes presuntamente sagradas e inmutables de la economía; que suelen ser las que ellos defienden, como "único estado del arte posible".

A poco que se tome distancia del vértigo cotidiano y se mire el panorama, la maniobra es siempre la misma, y muy conocida; tanto como los titiriteros. Y sin embargo, no deja de asombrar como la política corre por detrás de esos viejos eslogans, e ingresa en la confusión de plantear como acuciantes, problemas que son menores en el contexto de los que realmente aquejan al país.

Así es como en lugar de estar discutiendo como fue posible que se implantara un modelo de valorización financiera y deuda que facilitó un colosal proceso de fuga de capitales, mientras destrozaba el aparato productivo, el empleo y los salarios, asistimos a una especie de competencia de la política por ver quien va más allá en los gestos ampulosos por "recortar gastos" de la política: que si congelamiento de dietas, que si rebaja de los sueldos de los funcionarios, cuando no retroceder a la primera oposición en reformas tributarias progresivas, para que los costos de la crisis los paguen los que realmente pueden hacerlo, que son también al mismo tiempo y no casualmente, los que se beneficiaron con ello.

Hay allí una derrota cultural en ciernes para las fuerzas nacionales y populares, que hay que revertir rápidamente; porque el aplauso fácil de hoy (porque parece que "los políticos entendieron el mensaje"), trocará fácilmente en el descontento de mañana, cuando los problemas estructurales persistan sin resolverse. Y de seguro que si los cambios se limitan a esos aspectos cosméticos menores (que no hacen al fondo de la cuestión, aun cuando haya algunos que deban hacerse) así será, porque no se puede pedirle peras al olmo: los problemas del país no se originan en los sueldos de los funcionarios o legisladores como quieren hacernos creer los Cachanoskys, y por ende no se solucionarán sola y simplemente metiendo mano allí.

Y más serio aun: no renunciemos a desenmascarar a estos chantas, ni les dejemos la coartada de escaparse por la tangente diciendo que sus ideas son buenas y de eficacia comprobada, pero lo que fallan son los ejecutantes. Porque de ahí a la "doctrina Calvo", que plantea que si hay que hacer ajustes, mejor que los haga el peronismo que tiene espaldas sociales más anchas, hay apenas un paso. 

Lectura complementaria recomendada, esto de Alfredo Zaiat en Página 12 de ayer.

martes, 26 de noviembre de 2019

EL PLIEGO DE ESCRIBANO, CUANDO TODAVÍA VIVÍA EN LA CASA DE LA MADRE


A dos semanas de que Alberto Fernández asuma como presidente de los argentinos, sigue a toda marcha lo que Horacio Verbitsky denomina "la educación presidencial": el desfile de los que quieren decir al futuro presidente lo que tiene que hacer cuando llegue al gobierno, aunque sea exactamente lo contrario de lo que propuso en la campaña, o lo mismo que quería hacer Macri, que fue el que perdió

Como hacen por ejemplo los econochantas liberales Agustín Echebarne, Fausto Spotorno y Manuel Solanet en una juntada de la Fundación Libertad y Progreso, a la cual refiere el tuit de apertura, y que pueden leer con más detalle en esta nota de La Nación.

Inmunes a los resultados electorales, los muchachos parecen simplemente ignorar que sus ideas fueron explícitamente planteadas en la campaña por José Luis Espert, y obtuvieron apenas el 1,5 % de los votos, quedando incluso por debajo de la izquierda en la elección. 

Y no es tampoco que le hayan encontrado una vuelta de tuerca, o se hayan replanteado algo después de otro gobierno desastroso guiado por esas premisas, aunque ellos en su delirio crean que Macri es "socialista", o cosa por el estilo. El decálogo de ésta gente incluye por ejemplo las siguientes propuestas:

* Reforma laboral flexibilizadora para -en teoría- generar empleos de calidad, modificando los artículo artículos 17, 18 y 19 Ley 14250 de convenciones colectivas (que hablan entre otras cosas de la ultra-actividad de los convenios, el principio por el cual mientras se negocian los nuevos, siguen rigiendo los anteriores), y los artículos 231 a 255 de la Ley de Contrato de Trabajo 20744, que son justamemente -oh, casualidad- los que refieren a la extinción del contrato de trabajo, los despidos, el preaviso y las indemnizaciones. Ni más ni menos que lo que quiso plantear Macri tras su triunfo en las legislativas del 2017 y no pudo por la resistencia social, y el famoso "comer y descomer" refiriéndose a la facilidad para despedir gente de su Secretario de Empleo, un ex Techint.

* Reforma del Estado apuntando a modificar la Ley 25164 (Regímen Jurídico Marco del Empleo Público), para facilitar la aplicación de políticas de prescindibilidad, generando despidos, retiros  voluntarios y jubilaciones anticipadas en el sector público, que luego (prometen) serán reabsorbidos por el sector privado. Como en los 90', tras las privatizaciones, ¿vieron?

* Reducción de planes sociales sin acertar a explicar nunca de que hablan cuando dicen eso, a que consideran un "plan social", y sin tirar la mínima cifra al respecto. También repiten (sin cuantificar) la necesidad de terminar con los fraudes en materia de  pensiones por invalidez; algo que para nuestro reaccionario promedio es un problema de mayor envergadura que la fuga de capitales, o la evasión impositiva.

* Seguir reduciendo los subsidios a la energía y el transporte, descargando más tarifazos sobre los bolsillos de los usuarios, y contribuyendo así a propagar la inflación que tanto les preocupa. Los exitosos resultados de ésta política en los últimos cuatro años nos eximen de mayores comentarios al respecto.

* Elevar la edad jubilatoria hasta llegar a los 70 años, sin reparar en que de ese modo harían más rígido aun el mercado del trabajo (mucho más que con las leyes laborales vigentes), y tampoco detenerse mucho a pensar en la incoherencia de pedir, al mismo tiempo, la jubilación anticipada de empleados públicos. 

* Reforma de la coparticipación federal y eliminación del impuesto a los Ingresos Brutos, sin reparar en que lo primero exigiría (según la Constitución) el acuerdo unánime de todas las provincias y la CABA, y su aprobación por las 24 Legislaturas provinciales y de la Ciudad Autónoma, y del Congreso nacional. Tampoco se le ocurrió pensar que la organización del país es federal, e Ingresos Brutos es un impuesto provincial, y a la sazón el principal recurso tributario propio de las provincias.

* Eliminación del impuesto al cheque y las retenciones: no importa cuando estés leyendo esto, siempre lo propondrán, sin reemplazarlo con otro recursos porque -horror- Dios no permita que el Estado cobre impuestos. El equilibrio fiscal que tanto les preocupa solo se logra para ésta gente reduciendo el gasto público: pobres, aun no han comprendido la partida doble.

* Tratados de libre comercio: perfecto. Solo faltaría que consigamos alguien que los quiera firmar y que sean libres en serio (por ejemplo eliminando los aranceles, los cupos, las barreras sanitarias o los sistemas de preferencia), y estaríamos. Un día de estos estos muchachos van a entender como funciona el mundo real, y se caen de culo. 

* Uso de otras monedas derogando el uso forzoso del peso: dolarizar ponéle, algo facilísimo de hacer, que no agudizaría nuestra restricción externa ni generaría hoy una mega devaluación de lo que aun queda en pie de los salarios. 

* Desregulación de normas de AFIP, el BCRA y la ley de alquileres: o sea, lo que funcionó estos cuatro años con el blanqueo de capitales, la eliminación de todos los controles de la cuenta capital, el libre acceso al mercado de las divisas (que llevó al macrismo a terminar con "cepo") y la libertad total de los exportadores para liquidarlas. Otro caso en el que el éxito justifica ampliamente mantener una política (?) porque plan económico que gana (??) no se toca.

Una alienación total de la realidad concreta en la que vivimos la de esta gente, que como dijimos no repara en que sus mohosas ideas fracasaron estrepitosamente en su enésima aplicación (porque Macri, mal que les pese, es suyo y las aplicó con los resultados conocidos), y sobre todo fueron ampliamente derrotadas en las elecciones: ni siquiera pueden afirmar que al 40 % que votó a Macri lo convencieron, o terminaron votándolo por puro y simple antiperonismo. 

En fin, nada nuevo bajo el sol, siempre las mismas monsergas, en boca de los mismos personajes, unos pelotudos importantes que creen que están en condiciones de volver a plantearle a Alberto Fernández una versión remixada del pliego de Escribano a Néstor Kirchner en el 2003. Aunque estos sean todos Escribanos que, ya grandecitos, siguen viviendo con la mamá.

martes, 3 de septiembre de 2019

POR OTRO "NUNCA MÁS"


Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y los argentinos redoblamos la apuesta para confirmar la veracidad del dicho: desde el 76' para acá tropezamos al menos tres veces con el neoliberalismo económico, y seguimos insistiendo; con vocación masoquista.

En efecto, un análisis técnico más preciso quizás podría detectar diferencias entre las políticas económicas de la dictadura, el menemato y su continuación en el gobierno de la Alianza y el actual experimento macrista en fase terminal, pero en sus grandes trazos son todas iguales: apertura y desregulación económica, eliminación de todo tipo de trabas o controles a los movimientos del capital financiero, endeudamiento para la fuga de capitales y apuesta a tres o cuatro nichos (sobre todo del sector primario) capaces de sostener el crecimiento del país; al menos en teoría.

Los resultados, podemos saberlo hoy con certeza indubitable aunque muchos los intuíamos y advertimos, son siempre los mismos: destrucción del tejido productivo, primarización de la economía, pérdida de empleos y salarios, avanzada flexibilizadora, recorte de los recursos y las funciones esenciales del Estado, disminución de los pisos de protección social, sobreendeudamiento que condiciona a futuro todo el conjunto del modelo de desarrollo. No es necesario abundar al respecto, porque los efectos del desastre están a la vista de todos, todos los días.

Y también como pasó las veces anteriores, ya salieron los talibanes del neoliberalismo a decir que en realidad no fracasó el modelo, sino sus ejecutores y su instrumentación, porque no respetaron su "pureza" e incurrieron en desviaciones: de hecho, la candidatura de Espert no es sino la explicitación política de ese modo de pensar; o para ser más precisos, de intentar sostener el curro, que atiende esencialmente a los intereses de los bancos y capitales financieros especulativos, que son sus sponsors y para los que trabajan.

Si se miran los resultados de las PASO, se puede decir que al menos un 65 % de los argentinos estamos de acuerdo en que la economía no puede funcionar absolutamente regida por el mercado, y sin ningún grado de intervención o regulación estatal. Al interior de ese colectivo social podemos diferir en modos, grados o herramientas de política económica, pero acordamos en eso todos los que no votamos a Macri o a Espert, por decir algo.

Y esa constatación tiene que tener, alguna vez, un correlato político y social: tanto decir que es necesario "tener políticas de Estado a largo plazo", o que "los argentinos tenemos que ponernos de acuerdo en tres o cuatro grandes cosas", alguna vez tendremos que generar el consenso necesario para poner una barrera al retorno del neoliberalismo: algo así como un "Nunca Más" de los modelos de valorización financiera, con deuda y bicicleta para la fuga de capitales.

Discutamos todo lo que quieran sobre como hacer "sintonía fina" con las tarifas de los servicios públicos, o cuales son las herramientas más eficaces para generar un modelo de desarrollo que nos permitan superar el cuello de botella de la restricción externa, hablemos de la productividad, de todo lo que haya que hablar. Pero pongamos un límite: nunca más discutir si los controles de capitales son o no necesarios, si las divisas son una simple mercancía a la que cualquiera debe acceder cuando y como quiera o un activo estratégico cuyo uso y disponibilidad debe regular el Estado, si el comercio exterior debe ser completamente libre o administrado En función de un modelo explícito de desarrollo.

Definamos claramente que si se toma deuda, sea exclusivamente para financiar infraestructura necesaria para que la economía crezca, se diversifique y nos permita exportar para generar divisas genuinas con las que atender las necesidades prioritarias de la economía. Nunca más para que los mismos de siempre la fuguen, y a nosotros nos quede pagarla con menos salud, educación, jubilaciones o desarrollo científico.

Fuera de eso, queda un tercio de nuestra sociedad que se niega a admitir las evidencias históricas y actuales de cuáles son las consecuencias de la aplicación del corpus de ideas centrales del neoliberalismo; o que las admite, pero las comparte, u orienta su voto por otras coordenadas ideológicas, en especial el antiperonismo; y la corte de los econochantas que -insistimos- seguirán insistiendo en que el modelo no fracasó, y sus ideas siguen teniendo vigencia; y más aun: son las únicas que sirven para resolver los problemas.

El estruendoso fracaso del modelo macrista, si para algo sirve, es para poder ver, en vivo y en directo, quienes son los talibanes cegados por una ideología que se niegan a ver la realidad; que se resisten a ver como esa ideología solo puede funcionar como ellos dicen en el laboratorio, pero nunca en la vida real. Eso, siendo benévolos con estos encantadores de serpientes, que sirven a intereses bien concretos.      

Y que probablemente se manden a guardar por un rato cuando asuma el nuevo gobierno (como hicieron entre el 2001 y los primeros años del gobierno de Néstor), para luego volver a reciclarse, presentándose como alternativa, como si nada hubiera pasado, con el mismo libreto de siempre, el que otra vez -como era previsible- nos llevó al fracaso y la catástrofe social. 

Que no tengan éxito en ese seguro nuevo intento de estafa social, depende exclusivamente de nosotros. Tuits relacionados:

domingo, 28 de julio de 2019

ELOGIOS VENENOSOS


A más de uno (nos incluimos) pudo haberle sorprendido que en la semana Guillermo Calvo, uno de los "gurúes" más respetados por la ortodoxia económica, elogiara a Cristina, y dijera que un triunfo de la fórmula que compone con Alberto Fernández sería lo mejor que podría pasarle al país.

Claro que si se entera de mayores detalles al respecto, y de las razones del elogio (por ejemplo leyendo esta nota de La Política Online), la sorpresa desaparece, y aparece el gato encerrado: no hay cambio alguno en la matriz de pensamiento económico de Calvo, ni un reexamen de su parte de la figura de Cristina, o de las políticas del kirchnerismo.

Lo que hay es, otra vez, una vuelta de tuerca sobre la vieja idea del establishment económico y el mundo de las finanzas (que incluye a los economistas que defienden sus intereses desde una supuesta asepsia teórica, como Calvo) de que las elecciones son apenas un contratiempo inevitable, o un pasatiempo para que la gente se entretenga de vez en cuando, y libere tensiones votando; con la ilusión de pensar que de ese modo puede cambiar algo.

O sea, el viejo cuento de escindir la política y la economía como si fueran compartimentos estancos sin comunicación entre sí, porque mientras en uno puede haber alternancia, en el otro hay solo una hoja de ruta posible de aplicar; que no es otra que la receta del ajuste perpetuo hoy, para asegurarse un futuro venturoso, mañana. En realidad, para generar los excedentes necesarios para pagar la deuda.

Alguno podría decir que ese es precisamente el plan que viene aplicando Macri y tendría razón, porque lo que está proponiendo Calvo es que un eventual gobierno de Alberto Fernández le de continuidad a ese mismo plan, porque además estaría en mejores condiciones políticas para imponerlo: podría apelar al apoyo popular al ajuste, haciéndolo ver como inevitable, echándole la culpa a la pesada herencia recibida del gobierno de Macri; que precisamente por eso no podría volver a utilizar el mismo recurso.

En términos económicos, las ideas de Calvo son mohosas de viejas, y no es preciso rebatirlas intelectual o teóricamente: es la misma realidad argentina actual las que las desecha, porque aplicadas de nuevo, produjeron los mismos resultados: destrucción de empleo y salarios, pérdida de empresas, recesión, aumento de la pobreza y además -pese a la matriz ortodoxa- altos niveles de inflación; más incluso que durante el kirchnerismo.

Pero en términos políticos lo que plantea Calvo (nostálgico de los años dorados del menemato, cuando su sueño fue realidad: el ajuste ganaba elecciones) es un disparate absoluto: Macri es la prueba viviente de que cuando comenzó a acelerar en la velocidad del ajuste, empezó a caer, primero en imagen y en las encuestas, y luego en las urnas, estrepitosamente, en la mayoría de las elecciones provinciales. 

Tanto, que está a nada de perder la reelección y Calvo lo sabe, y por eso dice lo que dice, para marcarle la cancha al futuro gobierno de otro signo. Por él no habla él, claro, sino "los mercados", para indicarle a un eventual gobierno de la hoy oposición, lo que debe hacer, si no quiere problemas. 

Pero el asunto es que para ese gobierno (sustentado esencialmente en el voto de los sectores populares, si nos atenemos a las encuestas y a sus apoyos públicos explícitos en el sindicalismo y los movimientos sociales) no le resultaría tan sencillo aplicar el "Plan Calvo" (ajuste con apoyo popular), precisamente porque pasó el menemismo primero (con su ilusión primemundista que explotó en el 2001), y Macri después; con su "pobreza cero", que terminó en cuatro millones de nuevos pobres.

Si bien Macri no ha exento del daño que causaron sus políticas a su propia base electoral del 2015 (y también tuvo votos en los sectores populares), cuando apela al sacrificio presente para alcanzar el bienestar futuro, recoge el apoyo en la cruzada de los que no se juegan nada vital en apoyar esas políticas: para los sectores populares no hay espacio para más ajuste, ni mayor lugar para privaciones.

De modo que un eventual gobierno de AF que tomara el consejo envenenado de Calvo se estaría suicidando no solo en términos económicos (profundizar el ajuste no hará sino profundizar el desastre), sino en términos políticos: estaría socavándose su propia base electoral, sin asegurarse el apoyo de otros sectores que le compensen la pérdida.  

Tuit relacionado:

lunes, 8 de abril de 2019

EL LOLLAPALOOZA GARCA



El programa es imperdible, si no vean:

Arranca el miércoles 10: Bloque 1: Argentina y el mundo: 9:30 Panel: “¿Cómo enfrentar los desafíos políticos y económicos globales? Rosendo Fraga / Luis Palma Cane / Ricardo Arriazu. Moderación: Jorge Fontevecchia. 10:40 Living: La situación de Venezuela Elisa Trotta Gamus. Moderación: Jorge Fontevecchia.

Bloque 2: ¿Por qué estamos como estamos? 11:30 Panel: Un café con la experiencia Roque Fernández / José María Fanelli / José Luis Machinea. Moderación: Daniel Fernández Canedo.

12:35 Palabras de cierre destacada “Crisis estructural y perspectivas a largo plazo” Jorge Todesca.

Bloque 3: Escenario político de cara a las elecciones presidenciales. 14:45 Palabras de apertura de bloque Carlos Pagni. 15:05 Living: Encuestas y tendencias Juan Germano / Mariel Fornoni. Moderación: Carlos Pagni.

Bloque 4: Programa económico. 17:00 Panel Análisis y perspectivas macroeconómicas Daniel Artana / Marina Dal Poggeto / Carlos Melconian. Moderación: Hernán De Goñi.

Y sigue el jueves 11: 9:00 Palabras de apertura destacada: Prioridades en la lucha contra la evasión, Leandro Cuccioli. Bloque 1: Economía y Mercados financieros. 9:20 Panel: Economía y Mercados Financieros Miguel Kiguel / Miguel A Boggiano / Diana Mondino. Moderación: José Del Río.


16:00 Living Sistema Bancario Isela Costantini / Juan Curutchet. Moderación: Claudio Zuchovicki.

18:40 Living de cierre destacado: Francisco Cabrera. Moderación: Claudio Zuchovicki.

(Las negritas son nuestras, más información acá)

miércoles, 3 de abril de 2019

CÍRCULO VICIOSO


Viven diciendo que la economía y la política son dos dominios separados, compartimentos estancos sin comunicación entre sí.

De esa idiotez derivan que gane quien gane las elecciones, o gobierne quien gobierne, hay una sola política económica posible de aplicarse, y cualquiera alternativa a esa política es lisa y llanamente irracional.

Y esa política económica es, en líneas generales, la que viene aplicando este gobierno desde su inicio: apertura total del comercio exterior, desregulación absoluta del mercado financiero y de los movimientos de capitales, libre acceso irrestricto a las divisas, “sinceramiento” de las tarifas de los servicios públicos, ajuste del gasto público, restricción de la emisión monetaria, techo a los aumentos de salarios en las paritarias, privatizaciones, rebaja de impuestos, otorgamiento de ventajas y privilegio al capital para “estimular las inversiones”.

Cuando esas políticas fracasan estrepitosamente (como está ocurriendo ahora  y cada vez que se ensayaron, en el país y en cualquier parte del mundo) se atajan diciendo que en realidad no fueron correctamente aplicadas, o fueron desvirtuadas: no es el modelo, sino sus circunstancias ejecutores; que además serían populistas, socialistas o aun bolcheviques, disfrazados de liberales.

Si ninguna de las premisas que sostienen funciona (como por ejemplo que la inflación es un fenómeno estrictamente monetario) entran a buscar culpas en otros lados, sin aceptar jamás que sus premisas son falsas: la que está equivocada es la realidad.

Y cuando todo falla, atribuyen el desastre a la “incertidumbre política, porque hay elecciones”, o sea a la mayor certidumbre de todas, en una democracia: que cada tanto hay que elegir a quien nos gobierna, y puede ganar alguno que no comulgue con esas ideas.

Cuestión que suele darse porque esas ideas no son muy populares, tanto que para poder ganar una elección no se puede decir abiertamente que se las aplicaría, en caso de llegar al gobierno. Como hizo Macri en el 2015, ni más ni menos.

O que hace que, una vez en el gobierno, si se las aplica a rajatabla, el gobierno que lo haga se expone a perder popularidad y en consecuencia, elecciones. Que es lo que está pasando a Macri ahora, como a tantos otros antes que él, acá y en todos lados.

Quizás lo que no se animan a decirnos es que, para que esas ideas puedan funcionar, es necesario que no haya democracia. Aunque pensándolo bien, las aplicaron en dictadura, y tampoco funcionaron.

¿No son unos chantas hermosos?

miércoles, 13 de marzo de 2019

EL QUE SABE, SABE


martes, 25 de diciembre de 2018

LOS LIBERALES MÁS LOCOS DEL MUNDO


¿Se ha alcanzado con esto el Everest de la pelotudez humana?

¿Será imposible superar este grado de forrez?

¿Es deseable que estos pelópidas se presenten y le resten votos a Macri?

Para pensar, argentinos.

lunes, 10 de diciembre de 2018

"ACÁ SÍ QUE NO SE COGE", VERSIÓN LIBERAL


¿Qué estaba haciendo el "compañero" Nielsen, miembro de la Comisión de Economía del PJ nacional, en ese aquelarre liberal?:


¿Estará enterado de esto el compañero Moreno?

Más información, acá.

sábado, 8 de diciembre de 2018

TODOS TIENEN UN INTERVALO LÚCIDO ALGUNA VEZ...


...y más allá de su posición ideológica, entienden como son las cosas.

Ojo: el tipo no lo dice como elogio, eh, para él está mal distribuir.

miércoles, 25 de julio de 2018

PASARON COSAS


Lo único que falta ahora es que hagan lo que siempre pensaron, y nos terminen echando la culpa a nosotros, porque les dimos la idea, advirtiendo que lo iban a hacer.


¿Vos decís entonces que el gobierno que apoyaste, y que está poniendo en práctica tus ideas geniales de siempre es tan pero tan malo, que es pior que el más pior de todos para vos, que fue el de Cristina?

¿No será que tal vez, quizás, a lo mejor -habría que verlo, manejá la posibilidad, no la descartes de plano- el problema está en el modelo y en las ideas, y no en quien las aplica?

¿O ya estás preparando el terreno para decir otra vez que si algo falló es por culpa de los circunstanciales ejecutores?


Pero cómo, ¿no era que cada día íbamos a estar un poco mejor cada día, porque nos habían salvado de ser Venezuela?

Casi 32 meses después de haber evitado el colapso ¿nos vienen a decir que en el peor año del kirchnerismo, después del estallido de la crisis financiera internacional, estábamos mejor que ahora?


¿O sea que Nico y Toto, el que jugaba en la Champions League, no solo no lograron desarmar la bomba de las LEBAC's que armó Fede, sino que armaron otra peor?

Si entendimos bien, cambiaron deuda cuasi fiscal (del Banco Central) en pesos que emitimos acá y generaron para contener al dólar y la inflación, por deuda de corto plazo en dólares (que no emitimos), que vence antes de fin de año, agravando el ya complejo endeudamiento y deterioro del balance de pagos de la cuenta corriente?

¿Entonces quiere decir que fuimos a pedirle guita al FMI para seguir alimentando la fuga de capitales, y para generar nueva deuda en dólares -solo de acá a fin de año- por el equivalente a las dos terceras partes de los que ya nos prestaron y se fugó?


¿Será este el famoso "crecimiento invisible" del que habla nuestro presidente ojitos de cielo?



¿Estamos ante un caso de amor no correspondido, en perjuicio del buenazo de Urtubey?

¿Macri le dirá a Morales que las obras en Jujuy las haga la Tupac Amaru?

¿En qué habrá quedado el "Plan Belgrano"?