LA FRASE

"HICIMOS MÁS DE 16.000 REFORMAS Y SERÍAN 16.002 SI LOS KUKAS Y ZURDOS TERRORISTAS NO NOS HUBIERAN CAGADO LA LEY DE TIERRAS Y LA DEL MANEJO DEL FUEGO." (JAVIER MILEI)
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jueves, 6 de julio de 2023

LARRETA AÑORA EL PAÍS DE PATRÓN COSTAS

 

Hemos dicho muchas veces acá que el antiperonismo se viene proponiendo terminar con el peronismo desde su origen de todas las maneras posible, menos la única que hubiera sido realmente efectiva: superándolo, haciendo desaparecer las causas que lo generaron; que es precisamente lo que Discepolín le enrostraba a "Mordisquito" en sus charlas imaginarias, allá por 1951.

Es decir, prefirieron siempre (en palabras de Rojas) la supresión física o violenta ("muerto el perro, s acabó la rabia"), la proscripción y otras herramientas de la no- política, antes que la superación dialéctica: desaparecidas las causas (la injusticia social, la dependencia económica, la sumisión política), desaparecerían los efectos: el peronismo.

Con la misma perplejidad de la señora de Oyuela aquel 17 de octubre inaugural no solo porque los "cabecitas negras" remojaran sus pies en las fuentes de la plaza, sino por la misma existencia de un colectivo social que ignoraban y cuyos padecimientos eligieron desconocer, la Argentina gorila renueva el juramento por erradicar del país al movimiento creado por Perón, pero volviendo a la Argentina de Patrón Costas; que es la que lo hizo no solo posible, sino fundamentalmente necesario, para millones de argentinos.

Que es ni más ni menos que lo que acaba de decir Larreta, o lo que dicen todos ellos cuando le echan la culpa de todos los males del país "a los 70 años de peronismo". Es decir, a la vigencia de los derechos laborales, a la universidad gratuita, a un Estado fuerte y regulador del proceso económico, a la política exterior independiente, a un modelo de desarrollo económico integrado con distribución social equitativa de sus beneficios, en lugar de su apropiación por una minoría parasitaria del esfuerzo ajeno.

Si en esa tarea -que ahora el jefe de gobierno porteño no ha hecho más que verbalizar expícitamente- logran éxito electoral en tiempos democráticos (cuando antes debían apelar inexorablemente al golpe militar, el fraude o la proscripción), es en buena medida responsabilidad nuestra, porque hacemos un peronismo cada vez menos peronista.

En busca de "la ancha avenida del medio", el "candidato moderado que puede captar votos blandos sueltos por fuera del núcleo duro" y otros dislates teóricos vamos perdiendo el sentido y justificación histórica del peronismo, que bien resumen sus tres banderas históricas: construir una nación socialmente justa, económicamente independiente y políticamente soberana.

Porque más allá de los consejos de los genios del marketing electoral, la política sigue siendo -ahora y siempre, acá y en todo el mundo- esencialmente un asunto de representación de intereses. Ellos tienen muy en claro cuáles defienden y expresan, aunque los quieran disfrazar. 

Los que tenemos que dejarnos de boludear en ese aspecto somos nosotros, porque de lo contrario vamos  terminar haciendo que gane Patrón Costas, y para peor sin necesidad de hacer fraude electoral. 

viernes, 2 de junio de 2023

NEGOCIOS DE FAMILIA

Larreta, que venía tratando de mostrar gestos de independencia frente a Macri o presentarse como el "rostro racional" del PRO (mamita, como estaremos si esa cara de psicópata nos la quieren vender como racional) y sondeó a no menos de dos ministros suyos (Quirós y Acuña) como posibles candidatos a Jefe de Gobierno de la CABA terminó aceptando a Jorge Macri, sin chistar.

Macri, que se bajó (o lo bajaron las encuestas) de su propia candidatura presidencial no intentó imponer en ese cargo a otros posibles candidatos (como María Eugenia Vidal), sino que insistió hasta lograrlo, en que el candidato fuera su primo Jorge, y sin competencia en el PRO.

Con lo cual en la ciudad que gobierna desde hace 16 años ganando en ése tiempo cómodamente todas las elecciones en las que se presentó (y por ende podía poner de candidato a un cono de entrenamiento de Boca, y ganar igual), se arriesga con un candidato flojito de papeles. 

Muy flojito, porque no hay modo de que se puede entender que cumpla con los requisitos que establece el artículo 97 de la Constitución porteña para ser jefe de gobierno: "Para ser elegido se requiere ser argentino, nativo o por opción; tener treinta años de edad cumplidos a la fecha de la elección; ser nativo de la Ciudad o poseer una residencia habitual y permanente en ella no inferior a los cinco años anteriores a la fecha de elección; y no encontrarse comprendido en algunas de las inhabilidades e incompatibilidades previstas para los legisladores.".

El primo Jorge no nació en la ciudad de Buenos Aires, ni reside en ella. Tanto que es intendente de Vicente López, en uso de licencia...para ser funcionario del gobierno de Larreta. Hasta ahora no se sabe que la justicia haya tomado cartas en el asunto, o exista algún problema para oficializar la candidatura: al parecer, esas cuestiones solo son urgentes y de gravedad institucional cuando involucran a las provincias, y a los candidatos del peronismo.

Tampoco hay editoriales indignados en los medios porque alguien se postula para ocupar un cargo, sin reunir los requisitos exigidos para ello, y todo indica que el primo Jorge será candidato, y eventualmente Jefe de Gobierno. El primo, dijimos, con lo que pareciera cierto que la familia Macri entiende que en realidad la ciudad les pertenece, o está escriturada a su nombre.

La pregunta que flota sobre todo esto (aclarado que las elecciones porteñas y lo que hagan los porteños con su voto "inteligente" nos importa un comino) es por qué razones de peso (o de pesos) Macri insistió tanto en hacer todo lo posible para conservar para su familia el manejo del gobierno de la CABA, un distrito en el que -como dijimos- no corre prácticamente ningún riesgo electoral.

Quizás una pista para encontrar la respuesta esté -a mero título de ejemplo, y como la punta del iceberg- en las revelaciones que se filtraron con los chats de Lago Escondido sobre el oscuro manejo del sistema de grúas para los autos en infracción, que viene en las mismas manos pagando un canon irrisorio, hace una parva de años, en la ciudad; que sería algo así como otra unidad de negocios del clan, de la que no piensa desprenderse.

O la confirmación de una sospecha: las verdaderas razones por las cuáles alguien como Macri -con la vida resuelta desde la cuna- decidió en un momento involucrarse en la política. Que no es precisamente por vocación de servicio, o por ganas de aportar algo a la sociedad: para los Macri, aportar no es lo suyo.       

Tuit relacionado: 

jueves, 5 de enero de 2023

DÍGAME LICENCIADO

 

Un par de días atrás decíamos acá: "Pero sería un error, en éste año electoral, engancharnos en la agenda judicial y en las trapisondas de la mafia que arma causas y pelea por esqueletos insepultos como el Consejo de la Magistratura. En tanto la víscera más sensible del hombre siga siendo el bolsillo, es en la economía donde hay que poner el foco, si queremos tener alguna chance de ganar las elecciones.".

"Y para es necesario hacer algo más que tratar de instalar una candidatura desde el kirchnerismo, si es la de Cristina mejor: hay que forzar las definiciones en el gobierno para un cambio de rumbo, y de lo contrario tomar distancia de un programa diseñado en conjunto con el FMI. Porque las consecuencias de hacer lo contrario ya las padecimos en las elecciones legislativas del 2021, cuando se hicieron advertencias, pero fueron desoídas.".

"Si hubiera que fijar prioridades, se trata de empezar a prestar menos atención a la interna de ellas -al fin y al cabo el que salga triunfante querrá exterminarnos, sea quien sea-, y poner el foco en la nuestra, porque lo que nos conduce a la derrota es nuestro propio gobierno, no las agresiones que recibimos desde afuera. Es allí donde hay que forzar cambios.".

Con la licencia del ministro de Seguridad porteño por el escándalo de los chats filtrados, la percepción no cambia en absoluto: tengamos claro que D'Alessandro cae más por fuego amigo que por lo que podamos hacer nosotros, y que ellos tienen capacidad de hacer control de daños, porque controlan los terrenos donde las repercusiones de estos escándalos se dirimen, que son los medios y los tribunales; ambos terrenos pantanosos para nosotros.

El mensaje mafioso para Larreta (de Macri, de Bullrich, entre otros) fue dado, y fue entendido: el Guasón le soltó la mano al ministro del área de gobierno que más valora la derecha -nada menos- pero con la garantía de que no será abandonado a su suerte en la justicia (porque lo contrario sería ir en contra suyo mismo), a cambio de que él siga el guión, y no saque los pies del plato.

Pero en ese enchastre nada tenemos que hacer nosotros, que tenemos nuestras propias cuitas que atender, lo cual no significa que no haya que seguir presionando a Rosatti o el resto de los cortesanos a ver si a alguno se le arruga la ropa y renuncia, sabido que no tenemos los dos tercios de los votos para conseguir destituirlos por juicio político.

El tema es que intentar explicarle a la gente común que eso es necesario no solo para sanear las instituciones sino para defenderles el bolsillo es muy difícil, cuando no se lo defendemos de otros modos más concretos y directos, como por ejemplo permitiendo aumentos en combustibles, prepagas, celulares, cable, transportes, luz o gas; o damos mil y una vueltas antes de prorrogar la emergencia previsional, otorgar un bono a los beneficiarios de programas sociales, o una suma fija por afuera de las paritarias a los trabajadores registrados; o les vamos a hacer presentar una declaratoria de pobreza mensual a los afiliados a las prepagas, para no sufrir los aumentos aprobados por el gobierno.

Y si el "Frente de Todos" se va a tensionar, e incluso correrá el riesgo de romperse tal cual fue armado en su momento y vino hasta acá, que, más que por las posturas de cada uno frente al pedido de juicio político a los miembros de la Corte -que todo indica no va a prosperar-, sea porque en su interior alguien exige explicaciones de por qué se seguirá ajustando el gasto en desmedro de los programas sociales o las transferencias a las provincias -ralentizando obras en marcha-; o por qué se le condonaron deudas millonarias a la distribuidora de Vila y Manzano, cuando están en condiciones de que se les rescindan los contratos por incumplimiento.

Lo decimos otra vez, porque lo entendemos prioritario: hay que dar la discusión hacia adentro, pero sobre como corregir el rumbo para tener chance de ganar las elecciones, y esa discusión hay que darla y saldarla hoy, ya. A menos que en el fondo estén todos de acuerdo que así se ganan, con éste patrón de distribución del ingreso, o con estos niveles de pobreza e indigencia, con esta economía de desempleo bajo y salarios más bajos aun, que no alcanzan para llegar a fin de mes.

De lo contrario se puede llegar a concluir que intentar limpiar la Corte (cosa que hay que hacer) es más una cortina de humo o un intento de insuflarle épica a un gobierno que ha defraudado a sus electores, que un objetivo político real. Tuits relacionados:      

jueves, 22 de diciembre de 2022

ES EL PODER, ESTÚPIDO

 

domingo, 21 de agosto de 2022

LA COALICIÓN MAMÁ, LA COALICIÓN, CAMBIA DE COLORES SEGÚN LA OCASIÓN

 

sábado, 6 de noviembre de 2021

¿EN QUÉ QUEDAMOS?

 

De un tiempo a ésta parte (diríamos que después de las PASO) hay un giro en el discurso oficial sobre el acuerdo con el FMI: ya no habla tanto del tema (casi nada) Guzmán y el que habla al respecto es Alberto, y "endureció" el discurso señalando que no está dispuesto a firmar cualquier acuerdo, aceptando cualquier cosa; o que está "peleando con el Fondo" y cosas similares, mientras Macri se rasca el higo. La última vez -como lo marca el tuit de apertura- fue en respuesta a la crítica de Macri por la demora en cerrarlo.

Podría pensarse que éste giro discursivo responde a la propia interna del oficialismo, y que los dichos del presidente (y el silencio de Guzmán) son una respuesta a las críticas que surgieron desde el kirchnerismo, por ejemplo en los encuentros de la Cámpora, o en algunas manifestaciones de Cristina. Hasta ahí, no habría demasiado que objetar.

Sin embargo, la cosa es un poco más compleja: si firmar un acuerdo con el Fondo en 5 minutos (como hizo Macri) significaría lo que Alberto dice, eso quiere decir que el Fondo ya no es el "bueno" y comprensivo que nos quisieron vender estos dos años, a partir de las largas tratativas de Guzmán con Giorgieva, sino que es el mismo de siempre, dispuesto a cobrar su libra de carne (léase ajuste y "reformas estructurales") a cambio de la refinanciación de la deuda. No hay -tampoco en esto- demasiados misterios al respecto.

Ni tampoco demasiadas sorpresas: hemos dicho acá muchas veces que el FMI se debe a sus mandantes, más incluso que a los límites de su propia carta orgánica, como lo comprueban las condiciones en las que le prestó 57.000 palos verdes a Macri, para financiar su reelección. Sin embargo, no solo de retórica vive el hombre, y reclama hechos: de nada sirve que el presidente le de un tono épico al discurso, si seguimos sin saber, en concreto, cuáles son las condicionalidades y exigencias del Fondo que, al día de hoy, impiden el acuerdo, y que -en teoría- el gobierno no estaría dispuesto a aceptar. 

Porque lo que hasta acá se vio es que lo que el gobierno sí hizo (por mano de Guzmán, el interlocutor de Giorgieva, y con el apoyo del presidente) es un ajuste del gasto público que es lo que siempre pide el FMI en sus planes de estabilización, y no lo decimos nosotros: lo dijo Cristina en público, más de una vez. Y fue una de las principales -si no la principal- causa de la derrota en las PASO, y desde allí para acá, no hubo cambios sustantivos en la materia, que permitan ser optimistas para las generales.

Quizás -más bien seguro- ahora esté en danza una nueva devaluación que pulverice salarios y transfiera ingresos a los exportadores, haciendo converger el dólar oficial con los "alternativos", sin que nadie acierte a explicar como en esas condiciones la deuda -que ya es impagable- sería sustentable, como prometió Guzmán y votó el Congreso por ley.

Si el gobierno está resistiendo la imposición de esas condiciones, es una decisión correcta, y hasta podría haberse convertido en un eje de campaña para entusiasmar a la militancia, a falta de cosas más concretas con las que entusiasmarla. Claro que eso exigiría dejar de hablar a media lengua, y poner sobre la mesa las exigencias concretas del chantaje para que las conozcamos todos, aunque bien podemos suponerlas porque tampoco es que tengan tanta inventiva para proponer recetas estos muchachos.

Pero si el gobierno solo las está posponiendo para después de las elecciones y pensara rendirse a ellas ante la evidencia de los resultados o aprovecharlos para imponerlas, la situación podría tornarse explosiva e incontrolable, en términos políticos y sociales. Y estas idas y vueltas discursivas deben analizarse en conjunto con otros datos de la realidad, algunos incluso anteriores a la pandemia, y otros que se proyectan al futuro.

Por ejemplo el hecho de que éste gobierno -que asumió sabiendo la pesada carga de la deuda en general, y con el FMI en particular- no planteó ya desde el vamos y antes de la pandemia, ninguna política concreta para honrar la promesa de campaña que respondía a la pregunta que aun hoy sigue haciendo Cristina, cada vez que puede: quienes y como van a pagar las deudas contraídas por el macrismo, incluyendo la del FMI.

Antes de la pandemia, la ley de emergencia votada al principio de la gestión de Alberto incluso con el apoyo culposo de lo que por entonces era "Cambiemos", no contemplaba ninguna medida al respecto; tanto es así que -por ejemplo- el llamado impuesto a las grandes fortunas vino después, como una iniciativa de Heller y Máximo Kirchner en el Congreso, que el presidente y Guzmán (por entonces ocupado en cerrar rápido los acuerdos con los acreedores privados y el FMI) terminaron aceptando casi resignados, que además tuvo carácter "extraordinario", y ni siquiera se terminó de recaudar -hoy, en plena pandemia y con la deuda como espada de Damocles- en su totalidad. Datos, no opinión.

Y hablando de datos volvamos a otros, del presente post PASO y con las generales encima: Massa habla todo el tiempo de convocar a la oposición después de las elecciones para alcanzar acuerdos, y en espejo Larreta dice que es muy difícil alcanzar algún tipo de acuerdo con el kirchnerismo y con Cristina, pero deben intentarse acuerdos que involucren al 70 % de la sociedad: o sea, que dejen afuera al kirchnerismo. Más claro, agua.  

Esa línea (política y económica) supone -más allá de lo que diga el presidente, y aun creyendo en su palabra- arreglar como el Fondo a como de lugar, aceptando cualquier exigencia y ampliando el volumen político del ajuste, para resistir el descontento social que generaría. Aunque no sea de buen tono, a una semana de las elecciones, expresarlo en esas palabras. 

Pues bien, cuando perdimos las PASO fue, en buena medida, por haber seguido esa hoja de ruta; aunque desde el "albertismo" o como se quiera llamar al círculo áulico del presidente ya estén preparando la factura para pasarle al kirchnerismo, por una nueva derrota en las generales del 14, para luego dedicarse a lo que quieren hacer desde el comienzo mismo del gobierno: convertirlo a Alberto en el Duhalde de Massa, que le haga el trabajo sucio del ajuste para prepararle el camino hacia el 2023, creando un escenario que en definitivas terminaría aprovechando Larreta; cosa que por otro lado -si juzgamos por los hechos- pareciera no quitarles demasiado el sueño. 

Eso sí: sin dejar de lado la nostalgia selectiva para seguir echándole la culpa a Cristina, la Cámpora y el kirchnerismo por la derrota de Scioli en el 2015 por -supuestamente- "haber ido a menos", pero olvidando lo que ellos hicieron entonces, y sobre todo, después, como la "oposición responsable" al macrismo, y la aventura randazzista. Tuits relacionados: 

domingo, 1 de agosto de 2021

EL CAMPO ES LA PATRIA

 


Leíamos el viernes en Página 12 que Larreta le pagó más de 29 millones de pesos a la Sociedad Rural por la "cesión" del predio de Palermo como vacunatorio, en sucesivas contrataciones directas; y lo mismo hizo con el estadio construído en Villa Crespo por los dueños de La Nación (o sea, los Saguier y ahora también Macri).

En el caso de los agrogarcas, publicitaron la medida como una "cesión" (ver tuit al pie del post), como si fuera gratis, en un acto generoso de su parte, colaborando con la vacunación de la población ante el COVID; cuando en realidad se trató de un alquiler, que incluyó hasta el cobro de los consumos del personal afectado al operativo de vacunación, en el restaurant del predio. 

El predio de Palermo del que hablamos es, por supuesto, el que no pertenece a todos los argentinos y les fue vendido a precio vil por Menem y Cavallo en los 90', dando lugar a una causa judicial en la que eso quedó palmariamente demostrado; a punto tal que hace más de dos años la justicia condenó a ambos por peculado. 

En esa oportunidad en ésta entrada recordábamos nosotros que en su segundo mandato Cristina dictó el Decreto 2552/12, por el que anulaba la venta y disponía la restitución del predio al Estado nacional; basada en otro fallo judicial que había condenado también por el delito cometido a los directivos de entonces de la Sociedad Rural. 

Como no podía ser de otra manera, el decreto fue judicializado por la Rural con la correspondiente cautelar para suspender su ejecución, y la causa está dormida desde el año 2013 en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. 8 años para pronunciarse sobre la validez de algo basado en los fallos de la propia justicia, que determinaron que la venta fue fraudulenta, un negociado en perjuicio del Estado nacional.

Solo esa causa bastaría por sí para pedir el juicio político de los jueces de la Corte, por incumplimiento de los deberes de su cargo, y su morosidad deliberada le permite a la Rural seguir usufructuando el predio que es nuestro, y hacer con él pingües negocios, como por ejemplo alquilárselo a Larreta para que allí se vacune.

Eso sí: tenemos que oír que se indignen porque "se robaron vacunas", o que calculen cuantas vacunas se podrían comprar con lo que el campo paga de retenciones, como si el único gasto que el Estado tuviera que atender fuera esa. La solidaridad de la buena gente del campo, que le dicen.  

Tuit relacionado: 

viernes, 23 de abril de 2021

BOROM BOM BOM, BOROM BOM BOM, ¿PARA LARRETA, JUBILACIÓN?

 


En política y en Argentina proyectar a futuro es siempre difícil, y es un terreno en el que no conviene internarse porque todo puede cambiar no en meses o días, sino hasta incluso en horas. Dicho esto parece que -precisamente- en las últimas horas algo pasó con el meteórico ascenso de Larreta a la candidatura presidencial de la principal oposición al gobierno nacional, de cara a las elecciones del 2023.

La "125 educativa" no prendió en las masas (?) como algunos pensaron, y al blindado Jefe de Gobierno porteño se le fisuró un poco el blindaje: en los medios del grupo Clarín se difunden informes científicos en los que se destaca el peligro de contagios que conllevan las clases presenciales; mientras Larreta espera que la Corte Suprema le tire una soga que -todo indica- no llegará, o no en el momento en el que lo necesita. Y en paralelo reaparece Vidal, avisando que está disponible para lo que gusten mandar.

Si Larreta se embarcó en un conflicto de poderes innecesario por presiones del "bolsonarismo" PRO o por decisión propia, no es tema que interese señalar ahora, a los fines del análisis. Lo cierto es que está en un laberinto, que lo único  que ha logrado es poner todos los reflectores sobre su desastrosa gestión de la pandemia, por ejemplo en el caso de los afiliados del PAMI que no pudieron vacunarse. Eso, sin considerar los aspectos delictivos y judiciales del caso.

Nosotros tenemos un montón de problemas, como gobierno y como coalición política. Los que son lectores habituales del blog sabrán de que hablamos, porque los venimos señalando en forma reiterada; además de las restricciones objetivas que crean la pandemia y la situación económica heredada del macrismo. Sin embargo, ellos no las tienen todas consigo: parece bastante claro que no solo no digirieron la derrota electoral del 2019, sino que tampoco han reflexionado sobre sus causas. 

Y cuando decimos "ellos" nos referimos al dispositivo opositor, en sentido amplio: los partidos que integran JxC, los medios hegemónicos que les marcan los tiempos y el tono del discurso, y los grupos de poder económico (de los que esos medios son parte esencial), que tampoco entienden que su modelo fue derrotado en las urnas, porque antes fracasó en términos de sustentabilidad social, y también económica, aunque algunos -no todos- hayan engordado sus ganancias como consecuencia de su aplicación.

Así detenidos en el tiempo como en el día anterior a las elecciones que consagraron a la fórmula de Alberto y Cristina, en lo único que atinaron a pensar es "a rey muerto, rey puesto"; apurándose a jubilarlo a Macri, para entronizar rápidamente a Larreta como nueva "esperanza blanca" del antiperonismo, en su lugar.

Sin advertir que así como Macri es "uno de ellos" (es decir, la corporización política y electoral del "país atendido por sus propios dueños"), Larreta representa mejor que nadie los alcances reales de la utopía tecnocrática de una presunta "nueva derecha moderna y democrática", con supuesta excelencia en la gestión, superior a la de los populismos cortoplacistas.

La pandemia y sus consecuencias ha dejado expuesto, en forma brutal, el maquetismo marketinero del intendente porteño (porque de ese se trata la pomposidad de la "jefatura de gobierno") y su insuficiencia frente a desafíos mayores que reponer baldosas, o inaugurar metrobuses. La autonomía porteña, pensada en la reforma de 1994 para generar una vidriera electoral del país "blanco" y gorila, terminó mostrando una marquesina iluminada, pero con los actores desnudos, en bolas y a los gritos.

Si el discurso y la praxis de la derecha (a secas, ni nueva, ni moderna, ni democrática) se ha bolsonarizado de modo tal que no puede tener más pretensiones electorales que retener a duras penas al núcleo duro, la experiencia concreta de gestión de esa misma derecha erosiona a diario posibles adhesiones en el "núcleo blando" de votos disponibles y fluctuantes. El único sentido del blindaje mediático a Larreta es sostener esa ilusión, y si los medios le empiezan a soltar la mano en el tema puntual de la pandemia, la degradación será feroz. De hecho, algunos exabruptos golpistas como el de Longobardi, tienen que ver con la comprobación de ésta situación.

Estos son los problemas que tiene que resolver la oposición al gobierno nacional, si quiere volver a ser competitiva en términos electorales, más allá de quien sea un candidato. Éste último aspecto -en el que los análisis suelen poner siempre el foco- es secundario, pues en las circunstancias actuales anteriormente descripta (o sea, habiendo perdido toda capacidad de interpelación electoral de sectores "independientes"), son todos intercambiables. 

De hecho, María Eugenia Vidal (la rueda de auxilio a la que podrían apelar para impedir la reaparición de Macri, al que conceptúan como un salvavidas de plomo, sin decirlo) hoy está "disponible" porque fracasó estrepitosamente en su intento de reelección, por su desastrosa gestión de gobierno; aun gozando de un blindaje mediático incluso mayor del que hoy dispone Larreta. 

Los bonaerenses en el 2019 vieron lo que no quieren/pueden ver la mayoría de los porteños -que siguen y seguirán votando al PRO-, pero que podrían estar empezando a ver la mayoría de los argentinos, del resto del país. Y acá sí entramos nosotros: si la gestión de gobierno se alinea con las expectativas que despertó el "Frente de Todos" cuando se conformó, y con los intereses objetivos de los sectores sociales que lo votaron -y no con el humor cambiante de los que no lo hicieron-, los resultados electorales no deberían entrar en riesgo. De otro modo, todo puede pasar.   

viernes, 16 de abril de 2021

¿TRASLADAR LA CAPITAL AFUERA DEL PAÍS?

 


Si hay algo que atraviesa nuestros 200 y pico de años de existencia política como país, es el conflicto entre la ciudad puerto y el resto del territorio: Alberdi decía que la Revolución de Mayo había significado para los pueblos del interior reemplazar el coloniaje español, por el porteño.

Lo que vino después es conocido: 70 años de guerras civiles entre la instalación de la Primera Junta y la Ley 1029 dictada en los días finales del gobierno de Avellaneda, para declarar a la ciudad de Buenos Aires como Capital de la república, como establece el artículo 3 de la Constitución, curiosamente según la enmienda que los propios porteños hicieron en 1860, al texto original sancionado en Santa Fe en 1853.

Las guerras civiles entre unitarios y federales, las disputas por el modelo de organización política del nuevo Estado con el reparto de las rentas del puerto y la aduana como telón de fondo, la secesión porteña creando entre 1852 y 1861 un Estado independiente, con sus propios embajadores. El triunfo porteño en Pavón para imponerle el unicato político a todo el país terminando con los caudillos, con el ejército de línea.

Y el acto ¿final? del drama en 1880, con la pelea a tiros por la capitalización entre los rifleros de Tejedor y los "chinos" de Roca, que se aprestaba a asumir el gobierno y deseaba hacerlo completando la organización institucional, dejando de ser un simple "huésped" de las autoridades de la ciudad.    

Por si los porteños no tuvieran pocas heridas en su ego que procesar, en el 45' vino el peronismo con aquellas multitudes que refrescaron sus patas en las fuentes de la plaza, que hasta entonces solo les había estado reservada a ellos: acostumbrados como estamos a analizar la antinomia peronismo-antiperonismo en términos del conflicto entre el pueblo y la oligarquía, solemos pasar por alto éste otro enfoque, el de la ciudad puerto que se sintió de nuevo invadida por los "cabecitas negras" tal como cuando, en 1820, las montoneras de López y Ramírez ataron sus caballos en las rejas de la pirámide de Mayo.

Más acá en el tiempo, Alfonsín contradijo su propio proyecto de trasladar la capital del país precisamente fuera de la ciudad puerto (como lo había planteado ya Artigas en sus instrucciones a los diputados orientales a la Asamblea del Año XIII), para canjear, en la reforma de 1994, la reelección de Menem (o la posibilidad de ella), entre otras pitanzas, por la autonomía porteña; que creyó usufructuaría electoralmente la UCR.

De hecho lo hizo con De La Rúa, y ya sabemos como terminó todo después: nos vendieron el buzón de que alguien que podía arreglar veredas con el presupuesto per cápita más alto del país por lejos, estaba en condiciones de gobernarlo. Y como si eso no fuera poco, nos lo volvieron a vender con Macri -con los resultados conocidos- y lo están intentando de nuevo con Larreta.

Reiteración de casos que nos permitiría formular una ley política, que complemente a aquélla que dice que lo que no pasa en Buenos Aires, no pasa en el país, sin que nada podamos hacer al respecto. Es algo mucho más amplio y complejo que el histórico conflicto entre porteños y provincianos, e incluso excede a la dicotomía peronismo-antiperonismo; que sigue siendo -mal que le pese a muchos- el principal eje ordenador de la política argentina.

Lo que está en cuestión ahora, a propósito de la pandemia, el crecimiento de los contagios y las medidas de restricción que debieron tomarse para contenerlos, es algo mucho más profundo: expone las tensiones entre capitalismo y democracia, tanto como el conflicto entre el poder legítimo surgido de la voluntad popular y los poderes no electivos que quieren imponer el rumbo de la sociedad en el sentido de sus intereses. Que son por ejemplo los que disfrazan un velado intento de reglamentar el derecho de huelga en la calificación de la educación como "un servicio esencial"; según explicábamos acá.  

Discutir la aplicación de las medidas que dispone el gobierno nacional y amenazar con resistirlas, no es sino otra forma de rechazar el resultado electoral de octubre del 2019; como si en lugar de un conflicto entre las autoridades de un país y las de su ciudad capital, fuere un conflicto entre dos Estados independientes, como lo fue el que tuvieron entre 1852 y 1861 la Confederación Argentina, y el Estado de Buenos Aires, buscando otro Pavón. 

Que hayamos pasado de los rifleros de Tejedor a los caceroleros actuales, o de los "chinos" de Roca a Alberto anunciando el despliegue de las fuerzas federales (tan necesarias en otros lugares del país) en las calles porteñas para asegurar el cumplimiento de las restricciones, es decir que la historia que ayer fue tragedia se repita hoy en clave de farsa, no lo hace menos grave; por sus posibles consecuencias.

miércoles, 17 de marzo de 2021

HORACIO RODRÍGUEZ BRAGUETA ABIERTA

 


Hace unos días atrás, a propósito del intento de instalación de Rodríguez Larreta como el nuevo prospecto presidencial de la derecha con origen porteño, decíamos acá: ""Hoy tenemos un ejemplo más cercano y concreto a la mano, y es la desastrosa gestión de la pandemia y sus consecuencias por parte de Horacio Rodríguez Larreta y su ministro de Salud, el que sin embargo es presentado por los medios como un brillante gestor, y se la pasa dando consejos a los demás sobre como actuar en la emergencia, como parte del dispositivo de instalación de su candidatura en la CABA.".

"Y como parte también de la instalación de la imagen "presidenciable" de Larreta, al que por supuesto nos quieren vender de nuevo como "un gestor que se ocupa de los problemas concretos de la gente, y no pierde el tiempo en roscas y discusiones políticas". Por supuesto que, sin el descomunal blindaje mediático de que goza -regado con abundante pauta publicitaria- todos descubrirían que el rey, en realidad, está desnudo.".

"Ni hablemos si a la gestión sanitaria de la pandemia del PRO en la CABA la juzgáramos desde sus propios parámetros teóricos (la eficiencia en la gestión), y la comparásemos con ese lente con la gestión de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, frente al mismo problema, con un territorio y población mucho mayores, y con menores recursos.".

Como que cumple el mismo rol que en su momento cumplió Macri, Larreta disfruta del mismo blindaje mediático que éste, y quizás sea mayor. A Macri -al fin y al cabo un miembro del establishment por derecho propio, que decidió meterse en política- le ocultaban su pasado empresarial y familiar, como después le disimularían sus groseros desbarres de gestión, con el recurso de echarle la culpa de todo al kirchnerismo y la "pesada herencia".

Larreta es el hombre sin rostro ni pasado, que puede decir las barbaridades más grandes sin que se le mueva un músculo -incluso más que Macri-, y hasta impostando indignación. Organiza un desastroso operativo de vacunación a los adultos mayores, y le echa la culpa a los acompañantes. Vuelve de vacaciones en Brasil -ya estallado por los contagios en medio de la pandemia- y dice que no es recomendable viajar a zonas con alto riesgo de transmisión del COVID, justo cuando se supo que uno de los hijos de su vicejefe volvió de Cancún contagiado.

Coopta concienzudamente la justicia porteña en todas sus instancias ya desde los gobiernos, y dice que le preocupa la designación de Soria en el Ministerio de Justicia, porque no tiene antecedentes. No vacuna y dice que le preocupa que el plan de vacunación del gobierno nacional va muy lento, o faltan vacunas. Pide la vuelta de clases presenciales y se desentiende de los contagios en las escuelas, que trata de barrer prolijamente bajo la alfombra mediática.    

Llegó a darse el lujo de no compartir un acto con Gildo Insfrán por el Día de la Mujer, "indignado" por la represión de los que protestaban contra las restricciones sanitarias en Formosa, pese a su largo historial de repartir palazos, balas de goma y gases lacrimógenos  

Hoy la CABA tiene el mayor índice de crecimientos de casos en el país -consecuencia directa de su desastrosa gestión de la pandemia-, pero en las conferencias con el presidente, "el amigo Horacio" acerca documentos con sugerencias de política sanitaria, o con ideas para "cuidar a nuestros adultos mayores"; mientras cierra el hospital Español. Se queja por el presunto recorte de fondos coparticipables (fondos que nunca debió haber recibido) que presuntamente estaban destinados a la seguridad, pero dona patrulleros a las intendencias macristas del conurbano bonaerense.

Con los límites de su origen político (la derecha pura y dura, con nada de moderna y democrática) y territorial (el artificio porteño, en palabras de Asís), Larreta es un adversario a tomar en cuenta, porque además del blindaje mediático de que goza, sale de cada encerrona corriendo los límites del cinismo y la impostura. Ocultar esas contradicciones evidentes es precisamente el objeto del blindaje.

Pero además de aprovecharlo como en su momento lo hizo Macri, Larreta redobla la apuesta: con un exhibicionismo pornográfico, declara en pija todo el tiempo, corriendo los límites del cinismo; como si pudiera decir lo que se le antoja, sin siquiera tener no ya que defender su propia gestión o explicar su pasado, sino dar la más mínima explicación de sus "indignaciones". O de sus acciones, como cerrar un hospital para jubilado en plena pandemia.

La idea (ciertamente presente en el PRO desde sus orígenes, luego derivando hacia el antiperonismo puro y duro) parece ser, simplemente, que el tipo exprese al "uomo cualunque", traduciendo en público sus preocupaciones -como la inflación- para crear empatía. El recurso puede parecer limitado, pero revela una estrategia, para la que hay que tener una respuesta; que en nuestra modesta opinión, estaría más cercana a la que ensayan Axel Kicillof y Luana Volvonich (responsable del PAMI), que a sentarlo en las conferencias de prensa presidenciales y llamarlo "amigo".

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viernes, 5 de marzo de 2021

BUZÓN DE SUGERENCIAS

 

 

El núcleo del discurso de la "nueva derecha moderna y democrática" con la que se entusiasmó Natanson consistía en entrarle a la política tradicional desde una presunta asepsia ideológica, de gente preocupada por los problemas concretos de la gente, que no se enredaba en discusiones teóricas bizantinas y que iba a los bifes, ocupándose de resolverlos. Algo parecido a la "utopía gestiva" de la que habló algún sanatero que soñaba con "la superación peronista del kirchnerismo" en alguna revistibia.

La idea es, por supuesto, un engañapichanga: nuestra derecha -que no es ni moderna ni democrática. ni de cerca- es la más ideológica de las fuerzas políticas en el más puro sentido de la expresión; y al mismo tiempo la más consecuente en la representación política de los intereses económicos y sociales que expresa.

Pero además está muy lejos de ser eficiente: baste recordar el desastre al que condujo al país "el mejor equipo de los últimos 50 años" en todo lo que no tenga que ver, precisamente, con tutelar esos intereses, e incluso a veces, conspirando contra ellos. 

Pensemos por ejemplo en los empresarios que apoyaron fervientemente el nuevo experimento neoliberal, y vieron desmoronarse el valor de sus empresas, o los sectores de clase media que soñaron con progresar, y terminaron retrocediendo en nivel de vida, consumo y expectativas como consecuencia de las políticas macristas.

Hoy tenemos un ejemplo más cercano y concreto a la mano, y es la desastrosa gestión de la pandemia y sus consecuencias por parte de Horacio Rodríguez Larreta y su ministro de Salud, el que sin embargo es presentado por los medios como un brillante gestor, y se la pasa dando consejos a los demás sobre como actuar en la emergencia, como parte del dispositivo de instalación de su candidatura en la CABA.

Y como parte también de la instalación de la imagen "presidenciable" de Larreta, al que por supuesto nos quieren vender de nuevo como "un gestor que se ocupa de los problemas concretos de la gente, y no pierde el tiempo en roscas y discusiones políticas". Por supuesto que, sin el descomunal blindaje mediático de que goza -regado con abundante pauta publicitaria- todos descubrirían que el rey, en realidad, está desnudo.

Ni hablemos si a la gestión sanitaria de la pandemia del PRO en la CABA la juzgáramos desde sus propios parámetros teóricos (la eficiencia en la gestión), y la comparásemos con ese lente con la gestión de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, frente al mismo problema, con un territorio y población mucho mayores, y con menores recursos. 

Pierden por paliza, como también pierden por paliza con Gildo Insfrán, y sin embargo los medios y hasta la propia Corte Suprema de Justicia están más preocupados por lo que pasa en Formosa, que por lo que ocurre en sus propias narices, en la ciudad de Buenos Aires.

Nuestra derecha vernácula (la real, la del poder efectivo) se enancó en el disparate de la autonomía porteña introducido por Alfonsín en la reforma del 94' (para que lo terminaran aprovechando otros) para vendernos sendos buzones electorales, en forma de Jefes de Gobierno porteños "prestigiados por la eficiencia en la gestión", como presidenciables: De La Rúa primero, y Macri después; con los resultados conocidos, en ambos casos.

Hoy, como si nada hubiera sucedido y apostando a que el blindaje mediático que provee aporte a la amnesia colectiva, está repitiendo el mismo esquema con la candidatura de Larreta. ¿Podrán volver a venderle otro buzón porteño a buena parte del pueblo argentino, o habremos aprendido la lección? 

Ojo, aliados no les faltan para conseguirlo, como el peronismo de la derrota del PJ Capital que ocupa posiciones claves en el gobierno por su cercanía al presidente, que llamó "amigo" a Rodríguez Larreta, y se dejó llevar de las narices por él en varias cuestiones, como el retorno a las clases presenciales sin garantizar las condiciones adecuadas. Tuit relacionado: 

sábado, 26 de diciembre de 2020

EL ABSURDO PORTEÑO

 


Varias veces hemos analizado acá la autonomía porteña, concluyendo en que es uno de los disparates más grandes de los muchos que consagró la reforma constitucional de 1994. En la etiqueta respectiva a la derecha del blog pueden ver todos los posteos al respecto. 

Esta semana el "artificio porteño" (en palabras del vendedor de humo Jorge Asís, que suele olvidar que fue creado durante su amado menemato) sumó un nuevo bochorno, con el fallo del Superior Tribunal de Justicia de la ciudad (su "Corte Suprema") que establece que solo pueden demandarle al gobierno de la CABA bancos o lugares en las escuelas públicas, quienes demuestren que no pueden pagar una escuela privada para sus hijos.

El fallo en sí bien merecería figurar en una antología de disparates perpetrados por la benemérita justicia argentina, si no fuera que además es una pintura de como funcionan en realidad las cosas cuando la derecha gobierna, en especial en la "ciudad vidriera" (para lo cual fue justamente pensada la autonomía), de la que salen los Jefes de Gobierno que se proyectan como presidenciables para terminar destrozando al país (como De La Rúa y Macri), y que ya está desplegando los cañones mediáticos para intentar vendernos el tercer buzón presidenciable: Horacio Rodríguez Larreta.

Primero, con un férreo control de la justicia (del aparato judicial, para ser más precisos) completamente opuesto al discurso republicano de la "división de poderes" y la "justicia independiente". Segundo, otorgándole un bill de indemnidad judicial a políticas públicas de deliberado retroceso y abandono del Estado en áreas críticas, como la salud o la educación. Y tercero, cagándose en la Constitución Nacional y las leyes sancionadas por el Congreso, como fue costumbre de los porteños por otra parte, al menos entre 1853 y 1880. 

El gobierno porteño en manos del PRO (desde 2007, recordamos, para los que hablan de "alternancia" en Formosa o alguna otra provincia del interior) viene desinvirtiendo en la educación pública desde siempre, violando además el mandato establecido en el artículo 24 de la propia Constitución porteña, sancionada en 1996, durante el mandato de De La Rúa como Jefe de Gobierno.

Lo cual amerita una disgresión: así como decimos que la reforma nacional de 1994 fue -en líneas generales- un desastre, la Constitución porteña de 1996 fue un placebo progresista cuyas previsiones la derecha jamás estuvo dispuesta a cumplir; placebo pensado para contener en el proyecto autonómico a las almas sensibles de la CABA que en realidad, han demostrado con los años ser completamente impotentes en términos políticos, e incapaces de generar una alternativa a la derecha que estaba predestinada a gobernar allí, en la cuna del antiperonismo y la repulsa a la tradición política nacional-popular. La conclusión alcanza al peronismo porteño, hoy hegemónico en el gabinete nacional, como insólito premio a tantos fracasos.

Pero volvamos al fallo, y a los hechos sobre los que se construyó: en las escuelas públicas porteñas faltaban bancos desde mucho antes del recorte por el Estado nacional de los fondos que Macri le había regalado a Larreta por decreto. Recordemos las famosas "escuelas contáiner", por ejemplo; o el hecho de que Larreta al reclamar por el recorte menciona como argumento la cantidad de escuelas que podría haber construido con esos fondos, pero que nunca pensó siquiera en empezar a construir, mientras los recibía: algo así como los 3000 jardines de infantes que el macrismo iba a hacer con la plata del "Fútbol Para Todos", digamos. 

Sucede que en el contexto actual, en el que Larreta intenta victimizarse como perseguido por el gobierno nacional para darle así otro envión de votos antiperonistas a su candidatura presidencial, el fallo es funcional a la estrategia política de la derecha, tanto como a sus políticas públicas en materia de educación, que es precisamente para lo que esa misma derecha buscó (en la CABA y allí donde gobernó) colonizar la justicia.

El fallo es un explícito subsidio judicial a la educación privada, y una indignante consagración en los tribunales de un mecanismo de "declaratoria de pobreza" que además violenta las opciones de las familias: alguien puede tener recursos para pagar una escuela privada para sus hijos, pero preferir -con todo derecho- mandarlos a la escuela pública.

Y si esos solos elementos bastan para descalificar el fallo y para promover la destitución por juicio político de sus autores, es necesario recordar que el Superior Tribunal porteño violó la cláusula federal de garantía consagrada en el artículo 5 de la Constitución Nacional, que reconoce a las provincias (y la CABA pretende ser tratada como tal, por ejemplo para acudir ante la Corte nacional en sus reclamos) el goce de sus propias instituciones, con tal de que aseguren la administración de justicia, y la instrucción primaria.

Al mismo tiempo, vulnera groseramente la Ley 26206 de Educación Nacional en cuanto establece los niveles obligatorios de la enseñanza, entre ellos obviamente la educación primaria, que lo es en el país desde la Ley 1420. Irónico -o no-, la "nueva derecha moderna y democrática" abjura de las ideas de Sarmiento.

En otro contexto, este hecho bastaría para que el Estado nacional intervenga el distrito porteño, para asegurar la vigencia de la Constitución y las leyes de la nación, como manda el artículo 31 de la primera. Bien sabemos que eso no sucederá, pero sin embargo nos preguntamos que hará al respecto el gobierno nacional (al fin y al cabo, los pibes y pibas porteñas que ven peligrar su acceso a la educación, también son argentinos), además de indignarse.

Tuits relacionados: 

jueves, 3 de diciembre de 2020

EL EQUÍVOCO PORTEÑO

 


Los que son lectores asiduos del blog sabrán que acá hemos siempre muy críticos de la autonomía porteña introducida en la reforma constitucional de 1994, como una de las monedas de cambio que Menem le entregó a Alfonsín en el Pacto de Olivos, a cambio de la posibilidad de reelección presidencial. 

Un experimento para dotar al país no peronista de una vidriera desde la cual gobernar una "mini" provincia con todos los problemas estructurales resueltos por el Estado nacional; que nos terminó costando caro: como bien recordaba los otros días Máximo Kirchner cuando se discutió en Diputados el recorte de la coparticipación a la CABA que Macri le aumentó por decreto, las dos últimas crisis nacionales (2001 y 2019) se precipitaron cuando gobernaba el país un ex jefe de gobierno porteño, proyectado desde esa vidriera con apoyo mediático y del establishment, en ambos casos.

Y ahora, cuando se concreta por fin una medida de mínima y elemental justicia en el reparto de los recursos del Estado nacional, otro jefe de gobierno porteño (el actual) es lanzado a la presidencia como el nuevo prospecto de la derecha vernácula para recuperar el poder institucional que perdieron en las urnas el año pasado. Y ese jefe de gobierno -Larreta- amenaza con judicializar su reclamo por la poda de los fondos, ante el bastión institucional supremo del conservadurismo: la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Claro que no están discutiendo por plata, sino por poder. La "cuestión porteña" atravesó todos nuestros conflictos civiles del siglo XIX peleando por la nacionalización de la aduana primero, y por la capitalización federal de la ciudad-puerto, después.

Derrotado en la Constitución de 1853 y en ley de federalización de Buenos Aires de 1880 (con resistencia armada incluida en éste caso), el "porteñismo" prolongó hasta hoy su hegemonía cultural y económica sobre el país, y aun permanece sobrerepresentado políticamente en el Congreso de la nación: con tres senadores que ningún distrito federal capital de un país tal tiene, y con muchos más diputados que los que corresponderían a su población, decreciente con los años.

Y sobre eso, el emplasto de la autonomía, y la concentración del poder mediático, económico, financiero y judicial del país, en unas pocas manzanas de sus 200 kilómetros: mucho más que la Ciudad Autónoma que diseñaron los constituyentes del 94', Buenos Aires es la sede física del poder "real" que maneja el país, desde siempre, y por lo general, a espaldas de éste: es desde siempre la boca por la cual los poderes extranjeros de todo tipo nos maniataron y dominaron.

De modo que el que crea que se está discutiendo por unos pocos puntos de la masa coparticipable de impuestos federales, no entiende lo que realmente está en juego; que son el poder actual, y el futuro. Tuits relacionados:   

viernes, 30 de octubre de 2020

UN PALITO QUE NO HAY QUE PISAR

 

A raíz de las tomas de terrenos en Guernica primero, más algún episodio similar con los mapuches en el sur y ahora el culebrón de los Etchevehere y Grabois, la derecha mediática y política está tratando de instalar como primer tema del debate público el "a guardar las escrituras que se viene el comunismo". Es decir, una supuesta ofensiva sobre la propiedad privada, que si no es planificada por el gobierno, por lo menos sería consentida por él.

La movida es astuta porque trabaja sobre los prejuicios de un sector de la población -ya con tendencia a adversar a éste gobierno y al peronismo, en general- que se siente de ese modo amenazado, y tiende a empatizar con los que tienen realmente más propiedades que defender, que un monoambiente o un terrenito.

No es más que otro episodio de la saga que intenta mostrar al gobierno mucho más "a la izquierda" de lo que realmente está y quiere estar, con la finalidad de generar un estado de opinión que lo disuada de avanzar concretamente en políticas de sentido progresivo; estrategia que funcionó exitosamente (para ellos) en el caso Vicentín, cuando fue el propio presidente el que señaló que desistió de la expropiación por las críticas recibidas.

En la Argentina nunca estuvo en discusión el concepto de la propiedad privada individual, y mucho menos gobernó alguna vez el comunismo o cosa parecida, aboliéndola o socializando los medios de producción. La expresión jurídica más alta de poder popular en nuestra historia (la Constitución peronista de 1949) era muy clara al respecto. 

Decía su artículo 38: "La propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines, de bien común. Incumbe al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del campo e intervenir con el objeto desarrollar e incrementar su rendimiento en interés de la comunidad, y procurar a cada labriego o familia labriega la posibilidad de convertirse en propietario de la tierra que cultiva. La expropiación por causa de utilidad pública o interés general debe ser calificada por ley y previamente indemnizada.".

Es decir, aun adhiriendo al concepto (originado en la doctrina social de la Iglesia) de la función social de la propiedad privada, la reconocía expresamente, y reproducía la regulación de la expropiación que ya existía en la Constitución original de 1853, hoy repuesta: previa calificación de utilidad pública por ley, y previa indemnización. Nadie está discutiendo seriamente hoy esas premisas, ni siquiera los que ocupan terrenos, o Grabois: por el contrario, aspiran precisamente a ser propietarios.

La última vez que la propiedad privada fue escandalosamente violada en el país, gobernaba la derecha (no el peronismo), la violación fue perpetrada por los bancos y no por el Estado, y ejecutada por uno de los númenes intelectuales de la derecha económica como Cavallo. Se llamó "corralito" y significó prohibirle a la gente usar su propio dinero, y en forma de "corralón", disponer de sus ahorros. Claro que por entonces nadie habló del fantasma comunista.

No pisemos el palito de un conflicto del que somos ajenos (el puterío familiar de los Etchevehere), ni dejemos que nos tomen la parte (Grabois, más allá de sus buenas intenciones) por el todo (el "Frente de Todos"). Ocupémenos sí, (como dijimos acá) del problema del acceso al suelo y a la vivienda propia con políticas públicas integrales desde el Estado, inyectando recursos, garantizando servicios, dignificando. Ya, ayer. No con aventuras individuales o grupales, por más nobles propósitos que las inspiren.

Si algo tenemos que aprender de Néstor y el kirchnerismo, es que las luchas sociales coronan en logros cuando consiguen que la política y el Estado les pongan encima todo el peso de su respaldo institucional; y si no que lo digan los organismos de derechos humanos y su larga pelea por memoria, verdad y justicia. 

Mientras tanto, no entremos en disputas imaginarias en las que nos quieren hacer entrar, agitando espantajos que no existen, para su propia conveniencia. Y evitemos las trampas que nos van tendiendo, como el agite trosco en Guernica, para tener que terminar desalojando y que los que esperaban represión, tuvieran represión que recriminarnos; y los que pedían represión y respeto a la propiedad privada frente a las usurpaciones, ahora se muestran preocupados por las familias pobres que quedan en la calle: hay que ser un poco más vivos. Tuits relacionados: 

viernes, 11 de septiembre de 2020

CUANDO UN AMIGO SE VA


Durante los meses que llevamos de pandemia varias veces dijimos acá que la "amistad" de Horacio Rodríguez Larreta le iba a costar cara a Alberto Fernández, porque era una sociedad a pura pérdida para el gobierno nacional: el jefe de gobierno de la ciudad donde se originaron los contagios que se dispararon al resto del país obtenía flexibilizaciones  a cambio de nada. Si de resguardos sanitarios hablamos, o de compensación a los sectores aportados por la cuarentena, eso aportó Larreta: nada.

Y si lo que el presidente buscaba mostrándose en público con "el amigo Horacio" en los anuncios de cada fase de la administración de la pandemia era exponer el ejemplo de un "opositor racional y con responsabilidades institucionales", tampoco logró demasiado: si tal cosa existiese en el núcleo duro de la oposición al gobierno nacional, no había anclaje ni político ni social para "palomas" pacificadoras.  Tanto no lo lo hubo, que cuesta encontrar en todos los meses de pandemia (y del mandato de AF, en general) gestos del jefe de gobierno porteño desmárcandose de los desbarrancos permanentes de sus socios políticos.

También se dijo que teniendo a Larreta a su lado, lo que buscaba Alberto era dividir a la oposición y aislar a los "bolsonaristas" comandados por Macri y Patricia Bullrich, y hasta elegir ya, a más de tres años vista, el candidato de la oposición para el 2023 con el que prefería que compitiera el actual oficialismo. Parte de ese "pacto de no agresión" (suponemos) era el tantas veces anunciado y otras tantas dilatado recorte de la coparticipación a la CABA, para quitarle los privilegios que le otorgara Macri.

Esa medida que finalmente se terminó concretando este miércoles con el Decreto 735 (completo acá), nacido al calor del conflicto de la policía bonaerense con el gobierno de Axel Kicillof, pero en cierto modo anticipado por el presidente unos días antes a la vera del Paraná, cuando habló de la "opulencia porteña". En ese sentido, el decreto se inscribe en un cambio de rumbo político del gobierno -que acá celebramos- del cual fue otro ejemplo el DNU 690, que declaró como servicios públicos a Internet, el cable y la telefonía celular congelando sus tarifas, en respuesta a los movimientos especulativos del grupo Clarín a través de su controlada Telecom, para hacer subir el dólar.

Nace así la imagen de un gobierno y un presidente dispuesto a devolver golpe por golpe, o por lo menos a dejar sentada su autoridad en momentos en los que la estrategia opositora se reduce a crear la idea de un vacío de poder, sobre la base de aprovechar cualquier tensión social existente y donde no existe, crearla. Otro matiz respecto al rumbo preexistente. que acá no podemos sino celebrar.

Tras el decreto que recorta los fondos coparticipables a la Ciudad Autónoma, la reacción de Larreta no se hizo esperar, y se tradujo ayer en una puesta en escena propia del líder de la oposición o un futuro presidenciable, proyectado sobre la plataforma de la jefatura de gobierno. Como De La Rúa y Macri antes, la derecha argentina y el establishment parecen creer que pueden vendernos un tercer buzón gestado desde lo que Asís llama "el artificio porteño": desde que la reforma constitucional de 1994 consagró la autonomía porteña, dos de los Jefes de Gobierno electos en su consecuencia fueron presidentes, con los resultados conocidos.

Frente a esta escenografía montada por Larreta, no faltan los analistas de café y redes sociales que advierten que, eligiendo confrontar con él, el kirchnerismo/peronismo volvería a cometer el mismo error del 2015: elegir un adversario al que termina potenciando, tanto que lo termina venciendo. Claro que ese análisis tan mecanicista obvia un detalle importante: entre una y otra "elección del enemigo", medió el gobierno de Macri -el "enemigo elegido"- con los resultados conocidos. 

Desde acá entendemos, modestamente, que se sobreanaliza demasiado complejizando una cuestión que es bastante más simple: aventurar hoy, a tres años de la próxima elección presidencial, quien será el candidato opositor y con que resultado es, en la Argentina, ciencia ficción. Por otro lado suponer que Rodríguez Larreta, con dos mandatos de gobierno en el distrito vidriera del país y sin posibilidad de una nueva reelección, es "elegido" por Alberto o el gobierno como prospecto presidenciable, y no considera el intento  como posible por sí mismo y sin ayuda de nadie, es entender bastante poco.

Más cuando la elección presidencial del 2019 (con un 89 % de los votos en primera vuelta  entre las dos fórmulas más votadas) y la dinámica política transcurrida desde entonces incluyendo lo que va del mandato de Alberto y Cristina, no han hecho sino acentuar la polarización; angostando aun más la "ancha avenida del medio" y haciendo que ya ni siquiera existan ensayos visibles de una "tercera vía"; lisa y llanamente porque no tiene anclaje social consistente.

Sin hacer nada más que usufructuar los generosos recursos de que dispone (más que ningún otro mandatario con responsabilidades de gestión ejecutiva), y sacarle provecho al espeso blindaje mediático que ha comprado con parte de ellos, Larreta "es" presidenciable tanto como tenga ganas de serlo, o como lo acepten en esa condición en su propio espacio político, del cual no tiene ni ha manifestado ninguna intención de salir.

Y no hay mucho que Alberto o el gobierno puedan hacer o dejar de hacer al respecto, porque Larreta o un escuerzo, lo mismo da para los argentinos que jamás votarán al peronismo, en ninguna de sus variantes, salvo que no se parezca en nada al peronismo, como pasó con Menem: acá recordábamos en su momento las cifras históricas del nada despreciable "piso gorila" del electorado nacional.

En donde sí el gobierno tiene un amplio margen de acción es en mantener cohesionada la alianza social que lo llevó a la victoria en octubre del año pasado, evitando desgajamientos de voto volátil que puedan migrar hacia un polo opositor de derecha antiperonista pura y dura, que hoy no le está hablando más que a los convencidos.

Y para eso, para no perder la capacidad de conservar su núcleo duro de apoyos electorales, y los apoyos adicionales conseguidos hace casi un año en las urnas, no tiene más que atenerse al programa votado, y gobernar en consecuencia. Aunque se enoje el "amigo" Horacio, sus votantes o sus sostenedores mediáticos. Tuits relacionados: