Leemos en La Capital sobre el simpático proyecto de ley que estarían consensuando las múltiples fracciones del multimarca FAUNEN para ajustrar automáticamente el mínimo no imponible de Ganancias, fijándolo en el equivalente a 10 salarios mínimos, vitales y móviles (SMVM).
O lo que es lo mismo decir, en más de 7 veces el promedio de las remuneraciones de los trabajadores en actividad, tal como lo apunta acá Artemio; cuyas consideraciones sobre la escasa oportunidad del planteo no podemos sino compartir.
Escasa oportunidad, y dudoso progresismo: atar a la evolución de una variable como el Salario Mínimo Vital y Móvil (que tutela con un "piso" legal a los sectores de trabajadors más vulnerables de toda la fuerza laboral), la desgravación impositiva de los salarios más altos de la escala (los que pagan Ganancias), en un escenario de marcadas fragmentación y disparidad retributiva es, lisa y sencillamente, un soberano disparate.
Que sólo se puede entender desde la lógica clientelar de partidos de clase media, que pugnan con otras expresiones políticas de distinto sello por las mismas fracciones del electorado; aunque haya que destacar que -volviendo sobre sus pasos- no hayan planteado (como lo hizo el massismo) reajustar el mínimo no imponible por la inflación; dando el argumento perfecto para que los empresarios cuelen su reclamo de actualizar con el mismo método los balances de las empresas, para licuar su carga impositiva por Ganancias.
Si la suba del mínimo no imponible de Ganancias (que depende de una decisión del Estado, con un ojo puesto en sus ingresos fiscales) quedara atada a la evolución del salario mínimo (que se rige por discusiones tripartitas entre empresarios, trabajadores y el Estado), un primer efecto verificable sería lograr sellar una alianza -tácita, pero no menos real- entre los empresarios (que son siempre reacios a reajustar el SMVM) y el Estado; que temería aumentarlo en demasía, porque por la "cláusula gatillo" que se pretende imponer, resignaría mayores ingresos por impuestos.
Y que no se diga sencillamente que la solución sería intentar captar otras rentas para reemplazar el impuesto a los salarios más altos, porque cuando se planteó la discusión de nuevos impuestos para compensar la suba del mínimo no imponible a los valores actuales (que dejan a más del 90 % de los trabajadores afuera del impuesto, antes de las paritarias), todos los repetidores del sonsonete de "el salario no es ganancia" (entre los que se incluye Donda), votaron en contra con variados argumentos.
En fin, tal como lo plantea Artemio, otro extravío conceptual fruto de concentrar las demandas en el Estado y no en las patronales; al que tampoco es ajeno el sindicalismo, incluyendo el oficialista.