LA FRASE

"ACABO DE HABLAR CON ADORNI PARA PREGUNTARLE SI POR CASUALIDAD EN EL PENDRIVE DONDE TENÍA LOS DÓLARES DE LAS CRIPTOMONEDAS NO LE HABÍAN QUEDADO LOS 4 BILLONES DE PESOS QUE NOS ESTÁN FALTANDO." (SANTIAGO BAUSILLI)
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domingo, 29 de julio de 2012

LA DERECHA ARGENTINA: PAVOTISMO, FRIVOLIDAD INTELECTUAL Y DESERCIÓN DEMOCRÁTICA


Por Raúl Degrossi

Esta columna de Sergio Berensztein en La Nación de hoy es otro ejemplo de la mediocridad y pobreza conceptual en que el pensamiento conservador de la Argentina acepta dar el debate político; congelándolo en la imposibilidad de pensar en serio mucho de los problemas del país, aun desde una óptica distinta a la del gobierno nacional.

Comenzando por el golpe bajo de hacer guiños al lector promedio de la tribuna de doctrina con el calificativo "imperial" (se sabe: el término remite a una voluntad política omnímoda y caprichosa, que no reconoce límites), Berensztein no consigue superar el rosario de lugares comunes del cualunquismo, y por momentos parece que ni siquiera intentara hacer el esfuerzo: los fenómenos que intenta exponer parecen monocausales o incausados, el "cristinocentrismo" es la única clave de bóveda para comprender la realidad, los males que denuncia no tienen entre sí concatenación y relaciones, con lo que parecen más bien el espiche obligatorio de algún editorialista radial; que un intento de comprender el escenario nacional desde un determinada visión ideológica.

No toma nota por caso del contexto en el que la acción política se desenvuelve (sin ir más lejos, no existe la más mínima mención a las crisis internacional y sus efectos en el país), y persiste en uno de los caballitos de batalla favoritos del pensamiento de la derecha liberal: a partir de una idea determinada de lo que "debe ser" una democracia (o en todo caso, de una visión que amputa toda faceta del sistema que no sea el juego formal de los "poderes" jurídicos del Estado y sus relaciones entre sí), endereza la línea argumental a socavar la legitimidad democrática del proceso abierto en el 2003.

Y es incluso pobrísimo desde el punto de vista del análisis histórico con visión proyectada al presente, en tanto supone que nuestras desgracias nacionales (que con capciosa inteligencia no sitúa cronológicamente en épocas precisas, en otro guiño al lector) tienen su origen en que no se respetaba la división de poderes, y no en el hecho mucho más grave (y comprobable históricamente además) de que por décadas existieron sectores de la vida política nacional que no aceptaron justamente someterse a la más elemental de las reglas de la democracia: gobierna el que el pueblo elige, y define el rumbo político del país en consonancia con el mandato popular recibido.

En el estilo del profesor Romero, dice Berensztein que desde el 2003 para acá, el kirchnerismo no ha hecho sino agravar los males del país construyendo un aparato estatal gigantesco, oneroso (dos términos que expresan una clara defnición ideológica, más allá incluso de lo que el autor hubiera querido admitir abiertamente) e impotente para resolver los problemas de la sociedad; una afirmación tan tremendista y carente de matices como inexacta, si se repara en que el aumento de la presencia del Estado que se verifica en éstos año no sólo no ha sido reprobado por la sociedad, sino que hay consenso respecto a que esa dirección debe profundizarse, dotando de inteligencia y mayores capacidades operativas a esa estructura.

Mezcla fenómenos sociales complejísimos como el delito, con conductas patológicas pero más sencillas de comprender, como los víctimas de accidentes de tránsito -que son en gran medida fruto de la desaprensión humana por no cumplir las normas de seguridad vial-, o la tragedia de Once, donde la responsabilidad del Estado (por acción u omisión) aparece en un primerísimo plano: el pavotísimo razonamiento (que no le quedaría mal a un Majul, por ejemplo) sería que todo lo malo y feo que sucede, es por exclusiva culpa de un Estado enorme e ineficiente, conducido por una presidenta con veleidades de emperadora; más atenta a sus caprichos que a los reclamos sociales.

¿Cómo se explican entonces los resultados electorales del 2007 y el 2011?, aun cuando no lo diga Berensztein, el fantoche del clientelismo (y su contracara: la irracionalidad política de buena parte del electorado) está allí, sólo hay que seguir las líneas de puntos que va dejando para terminar de contornear su figura.

La idea de que el gobierno avanza, de un modo consistente y en base a un plan perfectamente trazado, sobre los derechos individuales de los ciudadanos ante la apatía de éstos, es una estupidez que no resiste el más mínimo cotejo con la realidad: la democracia argentina (aunque no le guste al hombre de Poliarquía su direccionalidad política, fruto justamente de la voluntad popular) vive su hora de mayores libertades desde que fue reconquistada, con vigencia plena de los viejos derechos, y la constante ampliación de otros, como lo pueden corroborar las minorías sexuales, o los propios trabajadores o jubilados, sin ir más lejos.

Después de tomar nota de la crisis de los partidos políticos (fenómeno que, si bien se mira, no se remonta al 2003 sino a la misma aparición en escena del peronismo en 1945), insiste Berensztein en ese método berreta de analizar el comportamiento de los actores políticos como si fuera el programa de Rial: "posicionamientos", individualidades, "encuestismo" como único método admitido de percepción del clima político, agitando otro fantasma ad usum como el del supuesto "temor a las represalias" que sentirían los disidentes aun dentro del propio kirchnerismo, como lo vendrían sufriendo periodistas, empresarios o sindicalistas.

Los factores del poder económico, los que se mueven tras los decorados del poder institucional formal (esos que tanto le preocupan a Berensztein, y en los que cifra su idea de la democracia) no aparecen, con lo que su contribución intelectual a las lógicas corporativas de apriete al poder político, no podría ser más apreciado por éstos: es ése quizás el guiño más notorio de la columna.

Si el pensamiento de la derecha en la Argentina no logra superar estas rusticidades, si persiste en negarle legitimidad democrática al kirchnerismo, si continúa pensando con los cánones mentales previos al 2003, en cuanto a que política y economía son mundos disociados y autónomos sin vínculos entre sí (al punto que no importan los resultados electorales, porque habría "una sóla manera" de lidiar con los problemas económicos y sociales, y todo camino alternativo es irracional e impracticable), si continúa confundiendo la realidad con sus propios deseos íntimos (como cuando pronostica a diario la implosión del kirchnerismo), no sólo estará lejísimos de construir una altyernativa política medianamente seria; y no es que eso sea responsabilidad de Berensztein, sino que los que sí son responsables de hacerlo abrevan en éste discurso pavotísimo.

Estará empobreciendo el debate político nacional y desertando de su compromiso con esa democracia que dice defender, de un modo tal que es lícito pensar que no sólo no extrajo las lecciones correctas de la mega crisis del 2001 (algo que sí hizo claramente el kirchnerismo, y por eso prevalece), sino que abjura del sentido último del sistema de gobierno que los argentinos reconquistamos en el 83', aunque diga lo contrario.      

sábado, 27 de agosto de 2011

¿POLIARQUÍA TEME QUEDARSE SIN AUSPICIANTES?


Después del urnazo del 14 sigue la catarsis en los medios hegemónicos, en lo que La Nación lleva la delantera: agitando el fantasma de la Quinta Tiranía, los muchachos se ponen nerviosos y escriben una columna de opinión tras otra, que parecen sacadas de las páginas de "Selecciones del Reader's Digest" de la década del 50', en plena Guerra Fría.  

Como pasa con esta nota de Sergio Berensztein, el director de Poliarquía; la consultora estrella del establishment argento.

El artículo repasa prolijamente todos los lugares comunes que desde las elecciones se vienen ensayando; como el peligro de la hegemonía kirchnerista, que el título de la nota revela como una preocupación del autor, pero el desarrollo plantea como estrategia opositora. 

Es lo que pasa después del desastre que resultó para todo el arco anti k el 14 de agosto: los muchachos están descuidados, y se olvidan de los detalles, como sacar de foco al tipo que desde atrás les sopla al oído el libreto a Sanz y los demás opoxitracios. 

Cuando Berensztein hace referencia al evento "cisne negro" (aquí sería en realidad "perro verde", algo que no existe ni podría existir), y lo parangona con el atentado de Atocha (es decir el imponderable que cambia súbitamente el curso previsible de los acontecimientos), hace como que por suerte acá algo así no podría suceder, pero la verdad, no suena muy creíble. 

Pareciera más bien lamentarse de que Duhalde o el "Pata" Medina sean tan torpes que dejen muy  visibles las pezuñas cuando queman trenes en el Roca, por decir un ejemplo.

Es curioso que luego de catalogar (sin mayores argumentaciones, pero los lectores de LN no las necesitan al parecer, saben de los que les habla) al sistema institucional argentino como "sumamente frágil y de pésima calidad", párrafos más abajo plantee casi esperanzado que se intente un atajo a la reforma política que impuso las primarias para ordenar a la oposición -alianzas mediante- en torno a la candidatura de Binner: "especialistas en legislación electoral están explorando los posibles vericuetos", dice el director de Poliarquía; vericuetos de lo que él mismo denomina "un improbable camino legal".

Lo que no dice es quiénes, y por encargo de quién están explorando; ¿de La Nación tal vez?, pero queda claro que -de hallarlo- él lo aprobaría porque después de todo, se trataría de salvar a la patria de "desvíos hegemónicos, personalistas y populistas"; para lo que menta el ejemplo del socialismo independiente en tiempos de Yrigoyen, algo que ya se hizo acá.

Para qué detenerse a discutir sandeces como las posibilidades de que la Argentina bajo el kirchnerismo vire hacia un sistema de partido único como el PRI mexicano, o a un régimen parlamentario (da todo lo mismo para el politólogo de oferta), o cuando dice que gobiernos como el de Chávez (que arrastran once o doce elecciones, en otros tantos años de gobierno) practican "un leve maquillaje de competencia electoral": no es la legislación venezolana la que impide formar partidos opositores a Chávez Berensztein, el problema es que la gente no los vota; o no al menos en el número suficiente para ganarle las elecciones al chavismo.

Resulta además según el director de Poliarquía, que es responsabilidad de Cristina contribuir a reconstruir la oposición, que suponemos se habrá autodestruido.

La pobreza del análisis que hace de lo que denomina "sociedad civil" (así, con comillas) es una muestra del grado de deterioro de determinados ámbitos de las ciencias sociales durante la década del 90', cuando la hegemonía del discurso único del neoliberalismo obturaba toda circulación de ideas que enriqueciera el debate político.

De todos modos hay en la nota un intento por salvar el rol de los medios como productores de sentido e influenciadores de la opinión pública (cuando elogia el dispositivo de medios "estatales y paraestatales" montado por el kirchnerismo), que parece más dirigido a aquéllos en lo que Berensztein es invitado o columnista habitual.

Claro que corre el riesgo de que sea leído como una crítica a los formatos tradicionales de La Nación o Clarín, cuya prédica incesante contra el kirchnerismo se reveló ineficaz en términos electorales.

Pero lo sorprendente es el final de la nota: "El dilema es entonces particularmente dramático: se puede ganar mucho dinero y preservar el patrimonio de los riesgos confiscatorios que traen consigo todos los gobiernos hegemónicos. Sin embargo, la gran pregunta que deberán hacerse los empresarios argentinos es si están dispuestos a sostener las fuentes de pluralismo, diversidad, independencia y espíritu crítico que requiere la sociedad argentina para que no se extinga la llama de la libertad.".

De paso: lo de la llama de la libertad dicho después de "efectivas usinas de formación de contenidos particularmente diseñados para atraer a los jóvenes" marca un contraste un poco fuerte, eh.

¿Cuál es la preocupación del amigo Berensztein, que Poliarquía se quede sin auspiciantes, porque los empresarios que la solventan adviertan que con el kirchnerismo la levantan con pala, y estarían tirando la plata en bancar a tipos cuyos análisis suelen errarle como a las peras?