Y Mendoza contra la Pampa, y Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba contra el conurbano bonaerense y así. La balcanización es total. https://t.co/VCwoaMJ1Tm
— La Corriente K (@lacorrientek) September 24, 2026
Días atrás el Senado de la nación votó la derogación (o su modificación sustancial) de la ley de zonas frías impulsada por Máximo Kirchner durante el gobierno del "Frente de Todos" para subsidiar las tarifas de luz y de gas en las zona del país que sufren más las bajas temperaturas en el invierno. Para conseguirlo, el gobierno de Milei (que impulsaba la iniciativa) logró el apoyo de los gobernadores de las provincias del norte a cambio de sostener un esquema de subsidios para las "zonas cálidas".
Es decir que en la negociación terminaron pesando más los intereses electorales de la LLA que las urgencias fiscales del plan motosierra que impulsaron el proyecto: en las provincias del norte votan más electores que en las de la Patagonia. Pocos días antes, el propio Milei mediante un decreto se metió de lleno en la antigua disputa entre Mendoza y La Pampa por las aguas del río Atuel y su aprovechamiento (para riego y energía), laudando a favor del gobierno mendocino (radical con peluca, alineado con todas las medidas de su gobierno) y en contra del díscolo peronismo pampeano del gobernador Ziliotto.
Habrá que ver si no resuelve -con la misma lógica- intervenir en la disputa de límites entre La Rioja y San Juan, detrás de la cual están los intereses del extractivismo minero. A no dudar que lo hará si, otra vez, las necesidades electorales del oficialismo nacional, se ponen por encima incluso de sus obligaciones de integrar y unir a las provincias, en lugar de atizar sus conflictos y diferencias.
Antes que todo eso y aun hoy, con el RIGI y el Súper RIGI Milei propugna un modelo extractivista que consiste en aprovechar al máximo posible los recursos naturales (que son del dominio originario de las provincias según el artículo 124 de la Constitución reformada en 1994) mediante su entrega indiscriminada a los inversores extranjeros, atraídos por todo tipo de franquicias, privilegios y concesiones, sin casi ninguna exigencia o contraprestación a cambio. Y el fracaso (por la resistencia social) del intento de derogar la ley de tierras de Cristina (una regulación nacional defensiva de la integridad territorial del país) fue remontado con un bochornoso fallo de la Corte Suprema que valida su derogación por el DNU 70/23 de Milei, sostenido por cortesanos y opositores que en los hechos son oficialistas.
Esas prebendas no podrían haber tenido consagración legal sin el apoyo de los legisladores que responden a un puñado de gobernadores que (con prescindencia de sus alineamientos partidarios) comparten una mirada comarcal de la política, en la que está ausento de la visión de lo nacional en tanto destino común compartido por el conjunto de los argentinos. Por estos mismos días, Milei estuvo asumiendo compromisos a futuros sobre la base de conseguir el apoyo financiero del gobierno de los Estados Unidos a través del Eximbank para financiar proyectos vinculados a la infraestructura del extractivismo; cuya concreción quedará supeditada al visto bueno del embajador Lamelas, que -recordemos- asumió diciendo que iba a recorrer las provincias para aleccionar a sus gobernadores sobre el peligro de alentar inversiones chinas.
El gobierno nacional (siempre sediento de dólares para pagar la deuda, aunque Milei diga que le salen por las orejas) alentó en estos tres años el endeudamiento exterior de las provincias, que a su vez compiten entre sí para ver quien otorga más beneficios, facilidades y rebajas o eliminación de impuestos a los inversores, con tal de atraer capitales. La polémica de los años kirchneristas por la presunta asimetría de los subsidios al transporte en beneficio del AMBA, Milei la zanjó fácilmente, eliminándolos y colocando a los distintos subsistemas del transporte público en colapso terminal, en todo el país. Y acaba de invitar a un conjunto de gobernadores a su gira por Francia, para ofrecer entre todos al país en venta, compitiendo entre sí por cual le fija a su pedazo (provincia), el precio más barato.
Los gobernadores de la Región Centro (en especial Pullaro) son vulgares lobbistas del complejo agroexportador para reclamar por la eliminación de las retenciones, y mientras padecen en carne propia la eliminación de los subsidios a las tarifas (la derogación de las zonas frías impacta en sus provincias), demonizan al conurbano bonaerense, caracterizándolo como un refugio de vagos ociosos que viven del clientelismo, y succionan una riqueza nacional que no contribuirían -según esa mirada- a generar. retenciones y el conurbano. Y también entraron en una disputa con sus colegas del norte por lo cambios a la ley de biocombustibles: unos pujan por el biodiésel, los otros por el bioetanol y ninguno armoniza, mientras los gobernadores patagónicos actúan como lobbistas de las petroleras.
Se trata de un proceso de larga data, comenzado en los años 90' por las políticas de ajuste del menemismo (que les transfirió a las provincias la responsabilidad de gestionar íntegramente la salud y la educación básica) y por la reforma constitucional del 94'; que además de consagrar el dominio originario de las provincia sobre los recursos naturales (algunos de los cuales eran estratégicos, y otros lo devinieron después), consagró otros disparates disgregadores de la cohesión nacional como la autonomía porteña y la autonomía municipal.
Proceso agudizado por la crisis de los grandes partidos políticos nacionales (como la UCR y el PJ), reducidos a una federación de caciquismos locales con escasa coordinación entre sí, crisis extendida incluso a algunos de los tradicionales provincialismos, como el Movimiento Popular Neuquino, el bloquismo sanjuanino o el peronismo extraterrestre de los hermanos Rodríguez Saá.
Y proceso de constante y sostenida balcanización (solo parcialmente detenido en las presidencias de Néstor y Cristina, pese a que venían de una provincia favorecida por la provincialización de los recursos naturales) que se expresa en la falta de un proyecto político nacional cohesionado con una mirada integral del país, que comprenda e integre en ellas al conjunto de las provincias. No podemos esperarlo de Milei, que por el contrario promueve y alienta la balcanización que es funcional a los intereses que representa; y por esa razón, el brote soberanista en torno a la causa Malvinas con el que pretende disimular el fracaso de su gestión es todo menos creíble, simplemente porque no tiene un país real sobre el que anclarse, o en todo caso: a ese país real Milei lo odia, tanto que lo quiere regalar.
Durante este tiempo a muchos se les caído la máscara del federalismo (que suele ser la coartada frecuente para disfrazar apoyos a modelos antinacionales) y ya no hay Liga de Gobernadores, ni siquiera una que funcione en modo roquista, influyendo en la elección del presidente; menos desde la eliminación del colegio electoral. Y también durante este tiempo sobraron "peronismos federales", pero escasearon los peronismos con una mirada nacional integradora, con la excepción de los gobiernos de Néstor y Cristina.
Que es justamente lo que la hora del país le reclama, al peronismo y al conjunto del sistema político: recomponer la integralidad y la cohesión del país, en su faceta cultural, económica, productiva y social, pero también territorial. Y en el despliegue activo y efectivo del gobierno federal en las provincias con sus políticas, desde la obra pública hasta el sistema de protección social; como lo tuvo en los tiempos de Perón, Evita, Carrillo y Pistarini, y en los tiempos de Néstor y Cristina con De Vido y Boudou.
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