LA FRASE

"ACÁ HAY GENTE QUE SE QUEDÓ EN EL45', CUANDO LO QUE EL PAÍS RECLAMA ES VOLVER AL INSTANTE PREVIO A LA ASAMBLEA DEL AÑO XIII." (ADRIÁN RAVIER)

viernes, 7 de octubre de 2022

TWEETS POLÉMICOS

 

jueves, 6 de octubre de 2022

DESMANES

 

Facundo Manes iba rumbo a convertirse en una de las mayores supersticiones electorales de la Argentina (quizás el recambio generacional de Roberto Lavagna en ese rol), cuando se le soltó una lengua nada menos que en el canal de Macri, y chocó contra todo el scrum armado por los carpeteados por el calabrés: desde periodistas ensobrados por el ex presidente hasta los dirigentes de su propio partido (incluyendo a su principal padrino hasta ayer, Gerardo Morales) salieron a cruzarlo; y desde el PRO piden su expulsión -ni más ni menos- de Juntos por el Cambio.

El neurocirujano -otro exponente de la "nueva política" líquida o gaseosa, con famosos o mediáticos en reemplazo de los militantes y las estructuras partidarias- osó mentar la soga en casa del ahorcado, recordando los estropicios antidemocráticos perpetrados por Macri y sus grupos de tareas judiciales, y sus redes de espionaje ilegal y clandestino no solo contra opositores políticos, sino también contra sus aliados.

Y ahí nos queremos detener en el análisis: Manes visto de cerca y en sí mismo es un personaje menor, cuyos reales quilates electorales están por verse, y con la profundidad conceptual de un dedal. Sin embargo -o precisamente por eso-, las reacciones del tinglado macrista frente a sus declaraciones llaman la atención, aun cuando uno no participe por lo general de las teorías conspiracionistas.

Al mejor estilo de la saga de "El padrino", el "Don" no habló del tema, pero otros hablaron por él, lanzándose sobre la granada. Y no solo lo hicieron personajes de los que se espera ese tipo de obsecuencias como Majul, sino buena parte de la UCR (el ya citado caso de Morales no fue el único) o sus satélites, como Martín Lousteau; que pasó en horas de abogar por la discusión interna dentro de JxC, a advertir que hay que ser cuidadoso con las expresiones públicas, en aras a preservar la unidad de la coalición opositora.

Lo que supone que en gran medida esa unidad se sustenta (casi al mismo nivel que la demonización del kirchnerismo) en una suerte de "pato de omertá" sobre las prácticas mafiosas de Macri espiando incluso a sus aliados políticos, pues todo reaccionaron al instante haciéndole promesas de lealtad y dejando a salvo su buen nombre y honor, como si supieran (o sospecharan, o temieran) que conoce secretos y pecados suyos, con los que los puede amedrentar, o dañar.

Algo que ya había pasado antes con los propios dirigentes del PRO que fueron espiados por Macri, como Vidal, Larreta o Santili. Si esos turbios manejos del líder del espacio eran negados primero y naturalizados después como si no hubieran ocurrido o no importaran, imaginemos como será la cosa ahora, cuando por ejemplo los jueces de Comodoro Py acaban de legalizar el espionaje a los familiares de las víctimas del ARA San Juan, con la excusa de garantizar la seguridad presidencial, o entendieron que las demás maniobras similares de la AFI macrista eran obra de cuentapropistas que se mandaron por la suya.

Insistimos: acá siempre hemos puesto el énfasis más en nuestros propios problemas que en los de la oposición, y también siempre preferimos buscar una explicación política a los hechos que son de esa naturaleza, antes que caer en teorías conspirativas. Sin embargo, como trasfondo de las reacciones frente a las declaraciones de Manes hay que contrastar la intención de la UCR de plantarle el desafío de un candidato propio al PRO de cara a las elecciones del año que viene, con la rápida y violenta soltada de manos al neurocirujano, que era uno de los llamados a cumplir ese rol.

Como reza el dicho, uno no cree en las brujas (o en los carpetazos), pero que las hay, las hay. Y más allá de que buena parte de las maniobras que denuncia Manes (como los grupos de tareas judiciales) son de responsabilidad compartida entre Macri y sus socios en la coalición opositora (lo que explicaría las reacciones), la obsesión por el espionaje que acompaña al hijo de Franco desde antes de meterse en política como la sombra al cuerpo, merece sin dudas analizarse desde una óptica política: los "sótanos de la democracia" de los que habló alguna vez Alberto Fernández no solo están en las estructuras del Estado, o en sus espías de la AFI.

miércoles, 5 de octubre de 2022

TWEETS POLÉMICOS

 

martes, 4 de octubre de 2022

UNA PENA NO SER GOBIERNO. Y SERLO TAMBIÉN.

 

Hace unos días atrás, decíamos en ésta entrada: "Para los resultadistas de la política debería bastar con la comprobación de que siguiendo una estrategia (la correcta: la de asumir la representación política de la propia base electoral) se ganaron las elecciones del 2019, y siguiendo la otra, se perdieron en toda la línea las del año pasado. A menos que se insista en hacer un extraño pragmatismo que no puede exhibir resultados. Porque las dudas del peronismo (que a ésta altura son las certezas de la entrega de la banderas, y una nueva derrota que no será más que su consecuencia) fortalecen las certezas y las chances electorales del adversario.".

"Si baja el desempleo y crece la pobreza porque los salarios no alcanzan (como está pasando), es muy posible que esos mismos trabajadores no nos voten a nosotros, sino al que promete bajar la inflación, incluso al precio de mutilar derechos laborales. Ya ha pasado, y puede volver a pasar. Lo que nunca pasará es lo inverso: que los antiperonistas nos voten a nosotros, porque hacemos desde el gobierno, lo que harían ellos si gobernaran. Mientras no resolvamos estos dilemas todo lo demás (suspensión o no de las PASO, candidaturas, alianzas) es secundario, distractivo e incluso funcional a la derrota. Aunque se imaginen alquimias que nos den la combinación mágica ganadora.". 

En esa inteligencia, la pregunta a futuro no es si el "Frente de Todos" llegará a las elecciones del año que viene tal como está conformado hoy o habrá rupturas, sino para qué, porque así como en el 2019 la "unidad hasta que duela" se forjó para cerrarle el paso a la derecha, en 2023 no alcanzará con agitar el mismo fantasma, cuando se está ejecutando en buena medida desde el gobierno el mismo programa que aplicaría esa derecha, si le tocara gobernar: algo así como macrismo con perspectiva de género. 

Y la pregunta concierne esencialmente al kirchnerismo, en tanto actor más dinámico de la coalición oficialista y portador de su liderazgo y representación electoral más potente, en la persona de Cristina: de los gobernadores -con algunas excepciones-, el massismo, el "albertismo" (si es que tal cosa alguna vez llegó a existir) o los gordos de la CGT, ya se sabe lo que se puede esperar; y con nada de eso se gana una elección, ni se la ganó nunca. Cada uno de esos sectores atiende su propio juego, que no necesariamente tiene que ser el del conjunto, y casi ninguno (por no decir ninguno) ha abdicado de sus posiciones sostenidas -con fluctuaciones nacidas al calor de las encuestas, en muchos casos- durante la experiencia kirchnerista.

La cuestión entonces es cual el juego del kirchnerismo (y de Cristina) de acá a la renovación presidencial, cuando la coyuntura los encuentra ubicados en el peor lugar posible: ni son parte del núcleo duro que toma las decisiones del gobierno, ni son escuchados sus reclamos (lo que incluye los de Cristina), ni puede escapar a los costos políticos y electorales que generan las medidas del gobierno, y la gestión en general. Y el que crea lo contrario (aunque fuera Cristina, que es demasiado inteligente como para pensarlo), se equivoca de cabo a rabo.

De un gobierno que ha consumido las tres cuartas partes de su mandato sin modificar un rumbo equivocado ni siquiera ante la evidencia de la derrota electoral (y antes bien, lo está profundizando) poco se puede esperar, a menos que se lo fuerce a cambiar. Y no se ve al interior de la coalición oficialista la predisposición a hacerlo -al menos en público- de nadie, en especial como dijimos antes, de sus sectores más dinámicos, que son los que además aportaron y aportan el mayor caudal de votos. En un tiempo no lejano se ensayaba desde el kirchnerismo una agenda alternativa: impuesto a la fuga de capitales, salario básico universal, hoy ni siquiera eso. 

Y no basta  a esos fines con algunos tuits de Cristina, o algunas definiciones suyas en apariciones públicas, como se pudo comprobar desde que en diciembre de 2020 advirtió -sin ser escuchada- que los beneficios del crecimiento se los iban a llevar los cuatro o cinco vivos de siempre. De hecho, cuando ahora lo reiteró al exigir que se tomen medidas más eficaces para controlar los precios de los alimentos (adviértase a lo que ha quedado reducido el "volver mejores": que podamos comer a precios razonables), le sale al cruce un cuatro de copas como Sergio Rubinstein (que solo pudo ser funcionario de un gobierno que se percibe como nacional y popular en medio de una profunda deriva conceptual y política), para advertir que en realidad los empresarios la levantan con pala no porque sean unos hijos de puta, sino como consecuencia del desbarajuste de ciertas variables macro, como la emisión monetaria, el gasto público o la dualidad del mercado cambiario.

Si después de eso sigue siendo funcionario y nadie lo ha desautorizado, es porque ése es el diagnóstico oficial del gobierno, que es a su vez consistente con las medidas que viene tomando (y sobre todo, con las que evita tomar), y con el ajuste explícito que contiene el proyecto de presupuesto 2023 que acaba de presentar Massa en el Congreso. Peor aun: omitiendo en el diagnóstico de las causas de la inflación toda referencia a la puja distributiva, cuando ésta se manifiesta en toda su crudeza, como en el conflicto de los trabajadores del neumático, el gobierno toma partido abiertamente por los empresarios.

Pero esa realidad también interpela al kirchnerismo: no alcanza tampoco con las definiciones (claras) de Máximo cada vez que aparece en público, como pasó en Morón el fin de semana. Mientras Rubinstein desde su inimputabilidad política se animó a verbalizar lo que Guzmán y Kulfas hacían pero no se atrevían a decir (que el plan es volver al duhaldismo puro y duro), y está más que claro que son muchos lo que quieren borrar de la historia el momento fundacional del kirchnerismo como identidad política (el conflicto con las patronales agrarias por las retenciones), la respuesta pendiente sigue siendo la del propio kirchnerismo. 

Con o sin "Frente de Todos", con Cristina acorralada por causas judiciales armadas para proscribirla y con sectores que buscaron amedrentada con un intento de magnicidio, cabe preguntarse cual será la propuesta del kirchnerismo al interior del hoy oficialismo de acá a las elecciones y su incidencia en el gobierno en el tránsito hasta llegar a ellas; y si se reproduce la experiencia frentista, bajo que condiciones y con que programa electoral y de gobierno.

Que no puede ser, simplemente, volver a agitar el fantasma de la vuelta de una derecha (menos cuando gobernamos como si nunca se hubiera ido), o pedirle a Cristina que encarne una candidatura que cargaría con la mochila de un ajuste con el que nadie nunca ganó una elección, para inmolarse en busca de que otros con su envión obtengan bancas en el Congreso para "resistir con aguante" otro gobierno de la derecha neoliberal.

lunes, 3 de octubre de 2022

PRIMER PASO

Con los resultados de ayer, Lula y el PT quedaron a un paso de volver a ser gobierno en Brasil: Bolsonaro debería conseguir en solo un mes el milagro de captar más del 80 % de los votos que no fueron a ninguna de las dos fórmulas principales, para revertir la elección. Lula quedó a poco más de un punto de las cifras necesarias para ganar en primer vuelta -algo que no aparecía como seguro en los sondeos previos-, pero Bolsonaro realizó una elección muy por encima de lo que esos mismos sondeos auguraban: si hubo ayer "voto vergonzante" que se esconde de los encuestadores, fue al candidato de la derecha.

Eso, o las encuestadoras operaron en el sentido de crear sentido para instalar la idea de un triunfo de Lula más amplio de lo que finalmente fue, en el contexto de un operativo despegue de un candidato que, siendo oficialista, amenazaba con desconocer los resultados de la elección si juzgaba que eran fraudulentos, agitando incluso el fantasma de la intervención militar en su favor.

En ese mismo contexto y en el tramo final de la campaña, hasta los grandes medios y el propio gobierno de los EEUU "jugaron" para Lula aislando a Bolsonaro que, en la medida que se radicalizaba, se volvió prescindible. En el caso yanqui, las advertencias al actual presidente para que aceptara los resultados deben leerse más como un favor no pedido para Lula, que tratarán de cobrarle si llega al gobierno: el reemplazo del garrote por la seducción, con un país que integra los BRIC'S y tiene sólidos vínculos con Rusia y China. 

El triunfo de ayer es, ante todo, una conquista personal de Lula, un verdadero animal político capaz de reinventarse a sí mismo, cuyos quilates de liderazgo están incluso bastante por encima del PT como organización política, y la política de alianzas que construyó para esta elección, incluyendo la nominación de un candidato a vice de centro derecha; solución que conlleva el riesgo de repetir -llegado el caso de ser gobierno- el proceso vivido en el último mandato de Dilma Rousseff.  

En un contexto regional y mundial complejo, con una situación política volcánica en su propio país y con una derecha consolidada socialmente y en condiciones de subalternizar sus circunstanciales encarnaciones electorales, Lula afronta el tramo final de la campaña con grandes chances de volver al poder; lo cual despierta otros interrogantes: que Lula y que PT vuelven, en qué Brasil.

Vista desde acá (que es el modo en el que la tenemos que ver nosotros) la elección brasileña deja varias enseñanzas. En primer lugar, la consolidación de la "grieta" social, que se expresa en la polarización política entre las derechas continentales, y las fuerzas populares. Como que la segunda responde y expresa a la primera de la que es consecuencia, la polarización llegó para quedarse, en tanto subsista la grieta social en la distribución del ingreso y el acceso a bienes esenciales, en el continente más desigual del mundo.

Todas las teorizaciones sobre "terceras vías" y las consecuentes búsquedas de construir políticamente las "anchas avenidas del medio" deberán dejarse (acá y allá) para mejor oportunidad, o dejar de disfrazarse de equidistantes, para asumir que son estrategias distractivas y divisorias del voto posible de las fuerzas populares, en exclusivo beneficio de una derecha que ha demostrado (antes con Macri y su 40 % en nuestras presidenciales del 2019, ahora con Bolsonaro que contrarió a las encuestas con su perfomance) consolidarse como alternativa electoral competitiva, en condiciones de ganar en elecciones abiertas.      

Esa consolidación obedece a una razón muy sencilla, y deja una lección que deberíamos aprender nosotros: su fidelidad con los intereses de los sectores a los que representa, y su capacidad de captar a los desencantados de la "frustración democrática" de la que hablaba Cristina. En éste sentido, el comportamiento electoral de San Pablo (el corazón industrial de Brasil) debería marcar una alerta, porque se inscribe en una tendencia regional: a procesos de reprimarización de la economía con deterioro de los indicadores del empleo y el salario propios de las sociedades industrializadas, le sigue el ascenso y consolidación de las derechas, frente a las dudas y concesiones de las fuerzas populares. 

Otra lección que deja la elección de Brasil -en todo caso, todo el proceso político que condujo hasta ella- son los límites de las políticas de alianzas (más las sociales que las políticas), y de contemporizaciones con las distintas fracciones del capital, ensayadas por fuerzas populares que deberían velar por otros intereses, los de las grandes mayorías postergadas. El PT padeció en carne propia las consecuencias de una gestión (la de Dilma Rousseff) concebida bajo esas premisas, tal como nosotros penamos con la de Alberto, por las mismas razones.

Y la última enseñanza: decíamos más arriba que el triunfo de ayer era más una conquista personal de Lula y consecuencia de sus condiciones de liderazgo, que de la construcción política y la arquitectura electoral que sustentó su candidatura. Pues bien, se trata ésta (la de los liderazgos carismáticos) de una de las características más arraigadas de los procesos políticos latinoamericanos, si no la más persistente.

Tanto que no se la puede ignorar -pensando ya la elección en clave argentina- con candidaturas vicarias, o experimentos de transfusión de votos: con una derecha con la potencia electoral que ha revelado en muchos países del continente (entre ellos Brasil y Argentina) solo los liderazgos populares que surgen de la base social (porque la expresan y representan) pueden dar la pelea electoral en condiciones competitivas, claro que sin garantía de victoria, que nunca las hay en política. Pero si Bolsonaro siendo lo que es y como es superó el 43 % de los votos, si ayer no se enfrentaba con Lula y el candidato del PT hubiese sido cualquier otro, todo indicaba que se quedaba con la victoria.  

domingo, 2 de octubre de 2022

TWEETS POLÉMICOS

 

sábado, 1 de octubre de 2022

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