LA FRASE

"SIENDO TRES JUECES EN LA CORTE SE NOS COMPLICA IRNOS DE VACACIONES, POR ESO ME HICE UNA ESCAPADITA A PUNTA DEL ESTE, QUE CUALQUIER COSA EN UN AVIÓN PRIVADO EN UN RATO ESTOY, MÁS AHORA QUE NO HAY QUE INFORMAR EL PLAN DE VUELO." (HORACIO ROSATTI)

viernes, 2 de enero de 2026

QUE ÉPOCA PARA DERRIBAR MITOS

 

No es un buen momento para derribar mitos: los chicos todavía están disfrutando de los regalos que les dejó Papá Noel en el arbolito y ya piensan en ponerles los zapatitos a los Reyes Magos, y hay muchos adultos que siguen esperando gestos de dignidad de la UCR, sus dirigentes y representantes legislativos.

Y se desilusionan -una y otra vez- con lo que entienden como traiciones, deslealtades a la tradición partidaria y los valores de la UCR, o apelan a la memoria de Yrigoyen, Illia y Alfonsín. Pasó hace unos días cuando el Senado terminó aprobando el presupuesto nacional con recortes feroces en educación, ciencia, tecnología y hasta la defensa nacional, y ha pasado antes, miles de veces.

Si hubiera que datar el momento histórico preciso en el cual la Unión Cívica Radical dejó de ser una fuerza política que expresara los intereses populares habría que remontarse a 1945, el surgimiento del peronismo y su decisión de entonces de formar la Unión Democrática, poniendo la fórmula presidencial. Y no les faltaría razón a quienes sostienen que fue incluso antes, cuando sus deserciones en la Década Infame generaron escisiones internas como FORJA primero, y el surgimiento precisamente del peronismo, después.

Los años transcurridos desde el gobierno de Alfonsín y las defraudaciones democráticas que fueron la regla desde entonces (con la excepción del ciclo kirchnerista) endulzan el recuerdo de la primavera alfonsinista, y les hacen olvidar a muchos no solo su turbulento final (con hiperinflación, saqueos y adelantamiento del mandato incluidos), sino su borrascoso principio; en el que la decisión histórica de juzgar a las juntas militares de la dictadura convivió con un gabinete plagado de feroces gorilas (Germán López, Roque Carranza, Tróccoli, Alconada Aramburú) y una ofensiva contra el sindicalismo al que identificaron como su principal enemigo, en lugar de los grandes grupos económicos.   

En el medio hubieron reculadas varias como la "economía de guerra" y el Plan Austral, las leyes de obediencia debida y punto final, o los acuerdos -reflejados en el gabinete- con los "capitanes de la industria" y lo peor del sindicalismo participativo y "dialoguista". En todo caso, la reflexión sería como habrán sido los radicales y el radicalismo posteriores al gobierno de Alfonsín, que hacen que muchos consideren a éste como la edad dorada de la fuerza política fundada por Alem e Yrigoyen.

Una fuerza política cuyo leit movit sustancial (la lucha por la pureza del sufragio) fue conquistado en 1912 para perderse en la Década Infame primero, y en la proscripción del peronismo desde 1955, después; y cuya capital político distintivo (compartido por el peronismo, e incluso más antiguo) era la disponibilidad de una amplia red de dirigentes, punteros y locales partidarios en toda la geografía nacional: un activo brutalmente devaluado en tiempos de política líquida, democracia de candidatos, algoritmos y redes sociales.

Lo cual marca una curiosidad: es frecuente criticar al peronismo y exigirle una urgente actualización a los tiempos, tomando nota de los cambios sociales, económicos y culturales habidos desde su nacimiento, pero casi nunca se le demanda lo mismo a la UCR, de la cual sin embargo se esperan cosas que no solo no puede dar, sino que la inmensa mayoría de sus dirigentes no quieren dar; porque más allá de lo que digan de la boca para afuera, hace rato ya que -en palabras de Yrigoyen- se asumen como un partido del régimen falaz y descreído, y no como era en sus orígenes, "la causa del pueblo".

De allí que es vana la esperanza de los Gatos Sylvestre de la sociedad que se horrorizan ante cada nueva supuesta traición radical a los ideales partidarios, porque no quieren ver una lealtad consecuente a un cambio del paradigma fundacional, que ya se avizoraba con claridad en 1945.

Y como es vana esa esperanza, son falsas las manifestaciones de "perplejidad"o disconformismo de algunos dirigentes o representantes de la UCR cuando se expresan sobre el modo en que votan sus legisladores en el Congreso, sean el nuevo presidente del partido a nivel nacional (Leonardo Chiarella, el intendente de Venado Tuerto), el rector de la UNR, el gobernador Pullaro quejándose de la falta de obras y el no pago de las deudas con los sistemas previsionales provinciales en el presupuesto nacional, o lo dirigentes de la Franja Morada haciendo como que se indignan por el desfinanciamiento de las universidades nacionales.

Si tanto les molestan esas actitudes de sus diputados, senadores y gobernadores (a los que votaron y les hicieron campaña, para que lleguen a donde están) nada les impide seguir el camino que hicieron Jauretche y los patriotas de Forja, o Leopoldo Moreau más acá: cancelar su ficha de afiliación a la UCR (porque ni siquiera hay signos de que quieran dar la pelea interna para que el partido retome lo que sería -según el mito- su cauce histórico), y emprender otros rumbos políticos.

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