LA FRASE

"SI YO TENGO LA CULPA DE QUE EL PLAN ECONÓMICO DE MILEI NO FUNCIONE ME AVISAN Y SUSPENDO EL VIAJE, EH." (LEÓN XIV)

viernes, 9 de octubre de 2026

LA DEMOCRACIA PASÓ DE MODA

 

Si en lugar de reproducir en los medios las deliberaciones del Coloquio de IDEA de éste año alguien subiera imágenes y exposiciones de ediciones anteriores y salvo alguna circunstancial referencia de coyuntura en algún discurso, nadie notaría la diferencia. Y no es que los que allí se convocan exhiban una línea de coherencia -en un punto sí, con los alcances que luego veremos- sino que lo que se plantea como un "coloquio" (es decir un intercambio de opiniones) para debatir "ideas" (en plural), no es más que una ceremonia litúrgica a la cual los que asisten van a decir y a escuchar todos lo mismo, todos los años.

Es como la ceremonia (hay otras, como la muestra de la Rural en Palermo) donde la élite económica del país nos dice lo que pretende para él (y para nosotros, que estamos adentro), y fuerza a la política a rendirle pleitesía, jurando y comprometerse a sostener el credo de las clases dominantes. en caso de llegar al gobierno.

Conforme pasan los años y nuestra democracia (al compás del acompañamiento y puesta en acto, precisamente, de las ideas que dominan el Coloquio) se degrada al tiempo que los argentinos resignamos derechos y niveles de vida, queda expuesta -por contraste- la pereza intelectual y analítica de nuestra élite económica, su escaso aporte real a la construcción del país y la cortedad de sus miras, que no van más allá del propio bolsillo. Y contribuyen a exponerlos -en no poca medida- los niveles crecientes de bochorno, fracaso y vergüenza ajena que producen los experimentos políticos que prohíja, y sus resultados: como el que está en curso asolando el país en estos momentos.

Véase si no no lo que ocurrió este año: con los datos concretos (de las estadísticas y de la realidad) del fracaso del experimento libertario con seres vivos a la vista, nadie en el Coloquio de IDEA pidió (ni los políticos que asistieron prometieron) un cambio de rumbo para superar la crisis, y evitar la catástrofe. Por el contrario, todos rivalizaron entre sí en el énfasis en el que quisieron dejar sentado que el rumbo es el correcto y debe sostenerse, más allá de quien gane las elecciones. 

Hubo en todo caso -porque no les quedaba más remedio, dado el nivel de los papelones presidenciales- alguna que otra referencia a la necesidad de mejorar la rudeza de las formas; porque pedir públicamente -cosa que sí hacen en privado- conseguir un circunstancial ejecutor que no exhiba con impudicia trastornos mentales no era de buen tino, y no porque se tratara de resguardar la muy vapuleada investidura presidencial: hacerlo hubiera hablado más que de Milei, de los que lo promovieron y lo sostienen.

En términos democráticos, la peor tradición persistente de los Coloquios de IDEA (al fin y al cabo, originados en plena dictadura) es la visión instrumental y despectiva que tienen nuestras élites de las elecciones, el voto ciudadano y la democracia misma como sistema: como ya se hecho costumbre sin que existan fisuras al respecto, todos los popes empresarios que allí se congregan reclaman "políticas de Estado a largo plazo" (las que convienen a sus intereses), "acuerdos para sostenerlas" (es decir, eliminar el debate y la disputa democráticos sobre el modelo de sociedad que pretendemos construir) y elevan oraciones porque "la política no meta la cola", o el "ruido electoral" no perturbe la marcha de los negocios del capital.

O dicho en otros términos (algunos incluso lo han dicho en estos precisos) que gane quien gane las elecciones el año que viene, se comprometa a sostener las actuales políticas económicas, sociales, industriales y laborales; con lo cual la primera pregunta que cabe hacerse es cual sería entonces el sentido último de las elecciones.

Y acaso el plan sea precisamente ése: vaciar de sentido sustantivo a la democracia, convertirla en un simple ritual instrumental carente de eficacia para modificar la realidad, alimentando así el círculo de su propio desprestigio y con el de ella, el de lo público, estatal y político, en todos los sentidos. El sueño húmedo del capital: que la sociedad se autoperciba como una empresa, regida esencialmente por las leyes del mercado (sin perjuicio de que estas sean torcidas a la medida cuando convenga) y regida por las manos supuestamente más aptas, que no son necesariamente las que esa misma sociedad elige con su voto. Una empresa en la que -como toda empresa- hay patrones y empleados, claro. 

Pero para que ese plan logre ejecutarse, es imprescindible una política menesterosa, ávida por agradar al capital, darle garantías de que no conspirará contra sus intereses y dispuesta a traducir sus demandas en políticas públicas. Y una justicia servil a esos mismos intereses, y dispuesta a hacer lo que ea necesario para protegerlos y garantizarlos de cualquier amenaza: no en vano el fiscal Luciani fue aplaudido de pie por los asistentes al coloquio, porque contribuyendo a proscribir a Cristina, sacaba del camino la idea de la política como aspiración de representación real de los intereses y aspiraciones de la sociedad, más que los del capital.

Y hablando de la sociedad: no se podrá alcanzar ninguna comprensión cabal y completa del proceso que estamos atravesando sin dejar de la lado los análisis cómodos y autocomplacientes que parten de la premisa de que los pueblos nunca se equivocan (sobre todo cuando estos pueblos de hoy no son aquellos en los que la premisa fue enunciada, ni de cerca), cuando hay sobradas evidencias de que lo hacen: además de la responsabilidad enorme e irreemplazable que le cabe a la política y en estas mismas líneas ha sido enfatizad, ninguna democracia puede sostenerse si los ciudadanos no se toman en serio su propia e indelegable responsabilidad a la hora de votar (cuando deciden hacerlo, lo que también supone asumir la responsabilidad que a todos nos cabe), que es el momento en el que todos valemos lo mismo, vayamos o no a los Coloquios de IDEA.

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