LA FRASE

"LA INFLACIÓN YA LA TENEMOS TOTALMENTE CONTROLADA, LO QUE NOS FALTA CONTROLAR SON LOS AUMENTOS DE PRECIOS." (LUIS CAPUTO)

martes, 4 de mayo de 2021

TWEETS POLÉMICOS

 

lunes, 3 de mayo de 2021

BANANA NAO TEM CAROC'O

 


Hilo de tuits relacionados:  

FRENTES ABIERTOS

 

El gobierno tiene abiertos varios frente de conflicto al mismo tiempo, a saber:

* El frente de la pandemia, con el crecimiento de los contagios y la saturación del sistema de salud, que lo ha llevado al borde del colapso. Allí el esfuerzo está puesto en el plan de vacunación, que enfrenta las dificultades que tienen todos los gobiernos del  mundo: conseguir vacunas, que son escasas y llegan menos rápido de lo que crecen los contagios.

Allí las cosas siguen estando en el punto que en su momento se marcó acá: "La autoridad estatal legítima está así cuestionada, y al mismo tiempo auto-limitada por la falta de decisión en avanzar en las medidas que la crisis aconsejaría, y en hacer cumplir mediante la coerción legítima, las que se adoptaron; punto en el cual no todo es culpa de los jueces o las presentaciones que deben atender: no hay ninguna acción judicial para que los shoppings o canchitas de fútbol 5 funcionen normalmente como si nada pasara, o para que los bares funcionen sin ningún protocolo, y sin embargo todas esas cosas suceden, ante la inacción de las autoridades.

Las palabras "estrictos protocolos" se han vuelto un significante vacío, o peor aún, carente de otro sentido que no sea el irónico, para el consumo en las redes sociales. Y otro tanto sucede con las "burbujas", impunemente pinchadas, sea en el fútbol o en las escuelas: el propio Larreta y su ministra de Educación lo hicieron, yendo a una escuela a interactuar con los chicos con fines de propaganda, subiendo las fotos a las redes sociales.  

De la apelación a la responsabilidad social pasamos a la de la responsabilidad individual, en un reconocimiento de que la crisis sanitaria no nos está volviendo mejores sino peores, porque frente a una enfermedad infecto-contagiosa las respuestas solidarias son minoría, y se apela al "sálvese quien pueda", o peor aún: "a mí no me importa morir con tal de darme el gusto de hacer lo que me gusta", tal pareciera ser la consigna imperante en mucha gente.

La responsabilidad individual es así la contracara de la progresiva deserción estatal en todo lo que implique dictar reglas de conducta a la sociedad, y ocuparse de hacerlas cumplir -si es que las dicta-, en beneficio del conjunto. Y no es justificable la inacción en dudas o debates respecto a cuáles son las medidas que deben adoptarse: todos las conocen, pero nadie o casi nadie está dispuesto a llevarlas a cabo.".

* El frente de la oposición en sentido amplio, que involucra a la coalición "Juntos Para El Cambio", los medios hegémonicos que la organizan conceptualmente y el Poder Judicial, que opera en sintonía con ambos, cuando de defender sus intereses o prioridades se trata: allí están a la vista los casos de sendos DNU's que en un caso suspendían las clases presenciales en el AMBA, y en el otro congelaban las tarifas de los servicios de cable e internet, y disponían que los futuros aumentos debían ser autorizados por el gobierno.

La reforma judicial que envió el Ejecutivo al Congreso sigue durmiendo en Diputados, la que anunció el presidente en el discurso de apertura de sesiones jamás pasó de eso: un anuncio; y el cambio de ministro de Justicia no se tradujo hasta acá en nada concreto. Peor aun, Soria se reunió con el lobby de los fiscales, para hacerles concesiones en el marco de la reforma propuesta para el Ministerio Público, como si fueran parte de la discusión legislativa.

Ninguna de las iniciativas (ni las lanzadas, ni las anunciadas ni las que están en pañales) resuelven el problema estructural del poder de veto que se atribuye el Poder Judicial, sobre las decisiones del poder político que lesionan ciertos intereses. Porque el problema no es jurídico sino político: de disputa por el poder, y de defensa del que se tiene, con más razón cuando es legítimo. Y cuando las cosas son así, las soluciones no pasan por uno u otro proyecto de ley.

* El frente de la economía, con una recuperación incipiente y en riesgo de frustrase por condicionantes externos al gobierno, y por decisiones que éste no toma, e incluso (u sobre todo) por las que toma: no se combate la inflación aumentando las tarifas, ni se recupera el salario real para que dinamice el consumo y la actividad con paritarias a la baja, un aumento del SMVM miserable y en cuotas, y una estrategia de lucha contra los formadores de precios  que es mezcla de pastor evangélico con Lito Nebbia.

Guzmán -el hombre del discurso "progre" que seduce a muchos en el colectivo oficialista- está ajustando, aunque no lo diga. En el gasto público y en el salario, que es como habitualmente se ha ajustado en la Argentina. Podemos discutir los modos, las velocidades o las formas, pero no el hecho en sí: no hay una estrategia de crecimiento sino de estabilización y ajuste, para ponerse en mejores condiciones de negociar con el FMI. Es de necios negarlo.

* El frente del "Frente de Todos", que hasta acá ha venido asordinado por las dificultades que crean todos los demás frentes, pero que comienza a hacerse sentir: con la discusión por el futuro de la hidrovía, o el descongelamiento de las tarifas, sin ir más lejos.

En ese frente, hay paparulos que reclaman por el silencio de Cristina y le piden que hable, sin advertir que ya lo hizo, no una sino varias veces; y no le dieron ni cinco de pelota. Y si lo hiciera ahora, en éste contexto, las derivaciones podrían ser explosivas, para el gobierno antes que nada. La pregunta es hasta cuando se puede seguir prolongando este estado de cosas, sin daño letal para el conjunto. Tuit relacionado:    

domingo, 2 de mayo de 2021

"SIEMPRE MENCIONAMOS A PUGLIESE"

 


¿Tan radicales vamos a ser?

¿Les vamos a seguir hablando con el corazón, para que nos contesten con el bolsillo?

¿En serio no pensamos tomar ninguna medida concreta, nada?

¿Vamos a seguir apelando en vano a la "responsabilidad social empresaria"?

¿Nos conformamos con tener razón, o queremos cambiar las cosas?

¿Tan entregados y atados de pies y manos estamos?

¿Tan poco nos importa el compromiso electoral con los que nos votaron?

¿Cuál es la idea o el plan detrás de seguir comentando la realidad, sin intentar modificarla?

¿Creemos en serio que algunas cosas se arreglan solas?

¿Cuál sería la razón por la que eso ocurriría?

¿Por qué alguien pudiendo levantarla con pala dejaría de hacerlo, si no se lo obliga?

TWEETS POLÉMICOS

 

sábado, 1 de mayo de 2021

QUE VUELVAN LOS DÍAS PERONISTAS

 

Para el peronismo, para los peronistas, el Día del Trabajador siempre fue un día de fiesta: sin olvidar a los mártires de Chicago y a todos los caídos en la larga lucha de los trabajadores por sus derechos, la Argentina peronista construyó un nuevo ritual del 1º de mayo: la plaza llena, la fiesta, la alegría de los derechos conquistados, del salario digno, de las paritarias, de las vacaciones pagas, del aguinaldo, de la jubilación para todos.

Después, cada vez que no hubo peronismo -aunque le echen la culpa de todo a los "70 años de peronismo"- para los trabajadores argentinos el 1º de mayo dejó de ser un día de fiesta, porque todos los días dejaban de ser una fiesta. Y cada Día del Trabajador caían un poco más abajo en sus derechos y en su dignidad, y cada vez costaba -y les cuesta más levantarse desde allí.

Si bien la sociedad de hoy no es la de 1945, y la centralidad y las formas del trabajo son otras, se puede decir que la mayoría de los trabajadores argentinos nos votaron en octubre del 2019, para que volviéramos, y así volvieran los días felices. Para que el 1º de mayo fuera un día de fiesta, y para que desearles a los trabajadores un feliz día no sonara a sarcasmo.

Y si con alguien estamos en deuda, es con ellos. Sin desconocer el peso de la herencia macrista, ni las tremendas condicionalidades que crea la pandemia; marco en el cual -es cierto- el gobierno puso el empeño en preservar el empleo, hasta donde pudo y con todo en contra: pensemos en las empresas que desconocieron impunemente los DNU presidenciales prohibiendo los despidos y suspensiones, por ejemplo.

Recuperamos el Ministerio de Trabajo -insólitamente eliminado por el macrismo del organigrama del Poder Ejecutivo, donde estuvo desde los gobiernos de Perón e incluso durante las dictaduras militares- para poner a su cargo a alguien que bien pudo ser ministro de Macri. Alguien que es de lo peor de los "funcionarios que no funcionan", y que sostiene que el salario digno es el que los empresarios pueden pagar, no el que necesita el trabajador para vivir dignamente. Eso entre otros dislates conocidos.

Tenemos un ministro de Economía con discurso "progre", pero que está usando -objetivamente- el salario como ancla de la inflación y celebra cada paritaria cerrada en torno a la pauta del Presupuesto, mientras el precio de los alimentos de primera necesidad sube constantemente sin que se tomen medidas eficaces para preservar los bolsillos de los trabajadores, a los que cada les cuesta más -por ejemplo- comerse un asado para festejar su día.

Un día que en la víspera tuvo una edición especial del Boletín Oficial (en la que todos esperaban el DNU con las nuevas medidas por la pandemia), que solo tuvo espacio para oficializar los aumentos a Edenor y Edesur; desoyendo aquel consejo de alguien que en sus gobiernos garantizó y amplió los derechos de los trabajadores, de alinear precios, tarifas y salarios.

En la misma semana previa al Día del Trabajador, como parte de los curiosos homenajes se pactó un aumento del 30 % del Salario Mínimo, en siete cuotas de acá a marzo del año que viene, en un país con el 42 % de pobreza; es decir, con trabajadores pobres, por escasos ingresos.  

En los últimos tiempos, la única medida que pudieron festejar los trabajadores argentinos (algunos, una ínfima parte de los formalizados, que son poco más de la mitad del total) fueron los cambios en Ganancias, que aun no están reglamentados, para que se sientan en los bolsillos.

Poco, muy poco para un gobierno que llegó en nombre del peronismo, y con el voto de los trabajadores. Que del otro lado estén los que toda la vida los negrearon y les recortaron salarios y derechos (por eso no los votaron, en buena medida por eso perdieron) no nos debiera hacer olvidar de los compromisos pendientes que tenemos nosotros, con una parte esencial de los que nos llevaron de nuevo al gobierno. Tenemos algunos Días del Trabajador por delante para empezar a cumplirlos.

SEÑALES

 

(PD): Ahora que nos van a tener a todos discutiendo semanas sobre la delegación legislativa y el artículo 76 de la Constitución Nacional, recordamos lo que se dijo al respecto en su momento acá

"Motivos para reformar la Constitución: * Enmendar el mamarracho que hicieron en el 94' en el artículo 76 con la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo, dejando en claro la diferencia entre lo que es delegar el "poder de hacer la ley", con el de reglamentarla para regular los detalles de procedimiento que completan la intención y la voluntad del legislador; para evitar discusiones absurdas y eternas como las que se plantearon hace un par de años cuando no le renovaron las facultades delegadas a la Presidenta, y oficialistas y opositores no lograban ponerse de acuerdo siquiera en qué facultades delegadas quedaban sin efecto, y cuáles seguían vigentes; y cual era el efecto jurídico de la no renovación respecto de la legislación preexistente.

Teniendo en cuenta además la complejidad que plantea la administración del Estado moderno, que (sobre todo en el aspecto económico) tiene que dar respuesta normativas en el día a día, frente a agentes del poder económico con capacidad de lobby; y que no se pueden estar debatiendo determinadas cuestiones (como las regulaciones aduaneras o cambiarias) todos los días en el Congreso.".  

Y también acá: "El artículo 76 (incorporado en la reforma de 1994) dice textualmente en su primer párrafo: "Se prohíbe la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo, salvo en materias determinadas de administración o de emergencia pública, con plazo fijado para su ejercicio y dentro de las bases de la delegación que el Congreso establezca."; y es un verdadero engendro que trajo más problemas, que soluciones.

Hasta entonces (y aun hoy) se discute en que casos estamos hablando de una delegación de atribuciones del Congreso en el presidente, o cuando éste está ejerciendo atribuciones propias, complementarias de las leyes que dicta el Congreso: la diferencia entre "el poder de hacer la ley", y el de reglamentarla, o adoptar las normas operativas necesarias para que se cumpla y ejecute.

La fórmula del artículo 76 no pudo ser peor porque además incluye (como un caso de transferencia admitida de facultades del Congreso al Poder Ejecutivo) las "materias determinadas de administración": si son materias determinadas de administración, le corresponden por derecho propio al presidente; que es el responsable político de la administración general del país, según la misma Constitución (artículo 99 inciso 1.).

Pero el problema de base es que este artículo fue injertado sobre un molde (el de la Constitución de 1853) que responde a los cánones del liberalismo económico del siglo XIX, que venía haciendo agua hace ya mucho tiempo; y sobre el que la reforma del 94' no avanzó demasiado, sino en aspectos cosméticos.

La realidad discurrió por otros carriles, y el Estado se vio forzado a regular la economía (ya desde los años 30', y con sectores liberal-conservadores en el poder); de un modo cada vez más complejo y creciente, y necesitado de una velocidad de respuesta (ante los cambios constantes del contexto circundante) incompatible con los tiempos de la discusión parlamentaria: ya en 1949 en la reforma constitucional impulsada por el peronismo, la atribución de fijar el tipo de cambio pasó del Congreso al Poder Ejecutivo, por ejemplo.".