LA FRASE

"ACÁ HAY GENTE QUE SE QUEDÓ EN EL45', CUANDO LO QUE EL PAÍS RECLAMA ES VOLVER AL INSTANTE PREVIO A LA ASAMBLEA DEL AÑO XIII." (ADRIÁN RAVIER)

jueves, 26 de octubre de 2023

TWEETS POLÉMICOS

 

miércoles, 25 de octubre de 2023

"EL VOTO INTELIGENTE"

 

Si no hubiera tenido históricamente tantas consecuencias trágicas en la historia de nuestro país, el antiperonismo sería simplemente un consumo irónico. Para comprobarlo basta con leer en ese registro los vómitos de odio que están lanzando desde el domingo a la noche, sobre los resultados de las elecciones.

Racismo, odio de clase, insultos al electorado, enojo y rabia, aires de superioridad moral, nada se han ahorrado para denigrar a millones de argentinos, simplemente porque las elecciones no salieron como ellos esperaban, confundiendo -una vez más- sus propios deseos con la realidad.

Siguiendo el péndulo clásico que los caracteriza, han vuelto a la dicotomía: "si ganamos nosotros, es un pronunciamiento contundente de los ciudadanos independientes que le han dicho no al clientelismo y los intentos de manipulación electoral"/"si gana el peronismo ha triunfado el aparato sobre un electorado cautivo que tiene síndrome de Estocolmo y vota por sus verdugos". Dicotomía que vale incluso para la misma elecciones, en distintos lugares, con distintos resultados.

Así como decíamos los otros días acá que "Desde aquel 17 de octubre de 1945 el peronismo ha sido perseguido, proscripto, fusilado, desaparecido, "lawferizado", difamado y caricaturizado, pero jamás superado, aun siendo derrotado en las urnas. Es decir, nunca se impuso en la Argentina posterior a esa fecha (ni luego del 55') un modelo de sociedad en el que el peronismo fuera innecesario, porque los conflictos que vino a plantear, o los reclamos pendientes de los que fue simplemente el vehículo político estuvieran resueltos.", tampoco -al menos en cuanto al gorilismo respecta- el peronismo ha sido comprendido. 

Llevan casi 80 años prefiriendo quedarse en la tranquilidad de tres o cuatro lugares comunes que, en lugar de remitirlos a ellos mismos, a sus horrores, a su proyecto social y económicamente inviable para las grandes mayorías nacionales, desplaza las culpas hacia esas mayorías, en especial cuando deciden votar al peronismo. Si hasta llegaron a decir -y lo siguen sosteniendo, contra toda evidencia- que a Milei lo inventamos nosotros, para cagarlos a ellos.

O le encontraron una racionalidad política al "voto bronca" que recolectó Milei, cuando se la niegan a la decisión -ciertamente emocional, pero a la vez profundamente racional- de los que el domingo votaron a Massa por miedo a perder derechos, o quizás beneficiados (¡horror supremo!) por medidas coyunturales que tomó el gobierno y los favorecieron, como la devolución del IVA, los cambios en Ganancias, los créditos de la ANSES, los aumentos en los planes sociales o el Pre Viaje.   

Para ellos, como decía Martín Fierro, "siempre son campanas de palo las razones de los pobres", y en cambio sus reclamos o quejas -por nimios e intrascendentes que sean- deben ser inmediatamente resueltos, con prioridad a cualquier otra consideración. Van por la vidas razonando así y diciendo que hay cada vez más pobres, o que los sueldos no alcanzan porque la inflación es tremenda, y luego se sorprenden de que esos pobres (que para ellos son solo los destinatarios de la ropa que les sobra) votan como votan. Y entonces se enojan, y prometen ni esa ropa vieja darles, cuando vayan a pedir.

Se sorprenden de que aquel que cuenta las monedas para llegar a fin de mes (o del día) cuando recibe de rebote algo, le parezca lógico agradecer, y votar en consecuencia. Están como estaban en 1945: prefiriendo que les dejen el atajo de la limosna de las damas de la Sociedad de Beneficencia, en lugar de los derechos garantizados por el Estado, porque creen que solo los tienen que pagar ellos; como si los demás, los que no nos quejamos de que intente hacer justicia social, redistribuir la torta o al menos atemperar un poco los estragos de la pobreza y la desigualdad, no pagáramos impuestos, incluso más que ellos.

Lo trágico de todo esto es que nada indica que vayan a cambiar su modo de pensar de acá al balotaje del 19 de noviembre, de modo de tragarse el sapo (una vez les tiene que tocar a ellos) de votar al candidato del peronismo, ni aun frente al peligro de un salto al vacío eligiendo a un desequilibrado emocional, con propuestas delirantes pero peligrosas.

Para no lucir del todo escépticos -porque también es cierto que la debacle de "JxC" marca los límites electorales de hacer gorilismo cerril-, diremos que si así fueren las cosas, con solo no ir a votar o hacerlo en blanco, le habrán hecho un enorme servicio a la patria, por una vez en su vida. Que no es poco.

martes, 24 de octubre de 2023

TWEETS POLÉMICOS

 

lunes, 23 de octubre de 2023

INVICTUS

 

SEGUNDA VUELTA

 

domingo, 22 de octubre de 2023

"Y A SUS PLANTAS RENDIDO UN LEÓN"

 

LA FALACIA DE LA MOTOSIERRA

 

Uno de los recursos más eficaces de Milei en ésta campaña fue el de la motosierra, por varias razones: apela al pensamiento mágico de las soluciones fáciles y drásticas a los problemas del país con una metáfora visual efectiva (similar en su efectividad a los "40 ladrillos para armar un paredón, y listo"), que es a la vez un poderoso significante vacío que cada receptor del mensaje llena con su propio tronco a tronchar: la "casta" política, los ñoquis, el patrón, el vecino, los empleados del negocio o la fábrica, el beneficiario de un plan social, los impuestos o regulaciones públicas y así.

Pero como toda metáfora efectista, su propósito principal es ocultar una falacia, que en éste caso es sencilla de demostrar, pero no tanto de desvanecer del imaginario colectivo. Hace poco Cristina -en una de sus últimas apariciones públicas- lo hizo explicando como se descompone el gasto público, que se supone sería el bosque a talar por la motosierra libertaria: más de un 50 % es la seguridad social, es decir las jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares; y otro 20 % largo son los subsidios a las tarifas de la energía y los demás servicios públicos.

De modo que no se puede hacer un recorte brutal como el que propone Milei (que en su delirio llegó a cuantificarlo en 15 puntos del PBI, apelando a otra falacia, en éste caso de autoridad: tirar cualquier verdura pero dando una cifra que deje la idea de que sabe de lo que habla) sin provocar una hecatombe social; que es en realidad lo que buscan: eliminando todo piso de protección pública se incrementaría la pobreza, creando un enorme ejército de reserva de pobres más pobres aún (y en más cantidad) que los ya muchos que hay hoy, que a su vez ayudarían al capital a abaratar más aun los salarios que está dispuesto a pagar. 

El propio gasto en la seguridad social (cuya sustentabilidad viene siendo discutida hace tiempo) sufre el mismo problema: por más que se eliminen todas las jubilaciones que se denominan de privilegio (por ejemplo las de los jueces o diplomáticos, que jamás pudieron tocarse), la reducción del gasto sería ínfima, casi irrelevante; y lo mismo pasaría con el gasto de la política, que se supone es el objetivo central del plan motosierra: eliminemos el Congreso nacional y todas las legislaturas provinciales, suprimamos todos los ministerios, la coparticipación provincial, regalemos las provincias y cerremos los municipios (¿o acaso Milei es el único con licencia para delirar?), y seguiríamos teniendo los mismos problemas que hoy, pero mucho más graves.

Además de, claro, volver al país de Videla (tochi, Vicky Villarruel, te descubrimos), en el que -oh sorpresa- también había Estado y gasto público, tanto que nos dejó una deuda externa siete veces superior a la que los dictadores heredaron de Isabel Perón. Pero era distinto: no van a comprar gastar en armas (que no sirvieron cuando tuvimos una guerra de verdad) o en el Mundial 78', a gastar en universalizar los beneficios de la seguridad social, o invertir el 6 % del PBI en educación. 

Estos 40 años de democracia -que a Milei le parecen el problema, en otro de sus fallidos memorables- tuvieron una tendencia constante, que nos ha llevado al punto en el que estamos: el retroceso de los poderes políticos elegidos por el pueblo frente a las demandas corporativas del poder económico, lo que se tradujo a su vez en retroceso para los derechos, los salarios, los consumos y el nivel de vida de la mayoría de la población.

No son el estatismo ni el gasto público lo que produjeron eso, como se comprueba sencillamente corroborando que los mejores años de esos 40 medidos en indicadores de desarrollo humano (y de crecimiento económico sostenido) fueron aquellos en los que se intentó revertir la tendencia. Y digámoslo sin vergüenza, señores: fueron los de los gobiernos de Néstor y Cristina.

La política, con todas sus traiciones y desvíos, con sus Insaurraldes y sus Menem, con sus comportamientos de casta -que los tiene, para qué negarlos- sigue siendo la única herramienta con la que cuentan los pueblos, en democracia y con su voto, para defender y ampliar sus derechos y para mejorar su vida, porque es la que puede frenar al mercado, ponerle límites, asumir aquello que éste abandona (y que Milei propone resolver con un darwinismo social) porque no genera ganancias, como la discapacidad, la enfermedad, el analfabetismo, la vejez.

Deliberadamente no incluimos en el listado ni la pobreza ni la desigualdad ni la asimetría en las relaciones laborales (que Milei propone resolver eliminando toda legislación protectoria del trabajador), porque esas no son contingencias de la vida sino efectos deseados y buscados por el capital, para maximizar sus ganancias.

Y el "plan motosierra", con su sencillez primitiva (y hasta acá efectiva, como se dijo) y su brutalidad -en todas las acepciones posibles del término- no está pensado para resolver los problemas de la gente común, sino los del capital y los negocios: quieren gastar menos para pagar menos impuestos, sí, pero lo que más quieren es que los dejen libres como zorros, en medio del gallinero. E imagínense ustedes quienes vendríamos a ser las gallinas.

Dejamos ex profeso para el final una reflexión: dijimos hace un tiempo que la función primordial de Milei y el experimento político y social que él expresa era correr los límites del debate político lo más a la derecha posible, de modo que figuras y políticas de derecha explícita (como Patricia Bullrich o Larreta) lucieran razonables. 

Pues bien, eliminen la metáfora de la motosierra y las metáforas libidinosas del orate libertario, y verán que en el modelo de país que impulsa la derecha -en todas sus variantes- hay más coincidencias entre ellos, que las que están dispuestas a admitir, salvo que uno sea un inimputable absoluto en términos morales y discursivos, como Macri.