LA FRASE

"LAMENTO QUE ME HAYAN DADO EL ALTA DEL SANATORIO TARDE PARA IR AL VELORIO DE CHICHE GELBLUNG." (MIRTHA LEGRAND)

sábado, 6 de abril de 2024

TWEETS POLÉMICOS

 

viernes, 5 de abril de 2024

¿Y AHORA, QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

 

El ajuste impiadoso del plan motosierra de Milei se desparrama sobre la sociedad argentina como una mancha de aceite, provocando distintas reacciones, todas negativas: hay vastos sectores de esa sociedad que contemplan el espectáculo con la indiferencia del que lo siente ajeno, o algo que les sucede a los otros pero no les va a pasar ellos: "el ajustado es el otro".

Hay un núcleo -no menor- que disfruta del dolor ajeno, y celebra que el desquiciado esté cumpliendo sus promesas de campaña, acaso suponiendo también que a ellos no les va a tocar, o que si les pasa, están dispuesto a soportar las consecuencias. O al menos eso creen. En esa mayoría silenciosa reposa la seguridad de la derecha gobernante en que su plan draconiano aún goza del suficiente consenso social como para profundizarlo. 

Y por último estamos los que no lo votamos, los que advertimos que esto iba a pasar y no podemos hoy -a la vista de las predicciones cumplidas- conformarnos con decir que teníamos razón, o desearles que se jodan por votar como votaron. Porque nos estamos jodiendo casi todos: hay una minoría -la de siempre- que no solo la está pasando muy bien, sino que nos alecciona sobre la inevitabilidad del dolor ajeno (nunca el de ellos) para llegar a un inasible futuro venturoso.

A esos, a nosotros, nos invade desde e1 10 de diciembre del año pasado una tremenda sensación de desamparo y orfandad política: no sentimos que nadie nos defienda, ni nos represente, ni nos exprese. O casi nadie: hay por allí ejemplos individuales de dignidad en medio de la tragedia (gobernadores como Kicillof, Insfrán o Quintela, algunos dirigentes sindicales), que no hacen más que reforzar por contraste la sensación de desamparo absoluto.

El paro general de la CGT del 24 de enero, el freno a la ley ómnibus en su primer intento, el rechazo al DNU en el Senado o los actos del Día de la Memoria en todo el país fueron -en el contexto- islas en un océano de mansedumbre y quietud de una oposición adormilada, que le facilita al régimen avanzar en su guerra relámpago contra los empleos, los salarios, los derechos y la dignidad de la mayoría de los argentinos. Y si no veamos los guiños que le están haciendo desde el Senado a la postulación de Lijo para la Corte, mientras no hay ningún movimiento en Diputados para completar el rechazo al DNU: 

Una oposición corrida con el espantajo del golpe de Estado, que le tema a ser apostrofada como "el club del helicóptero", o que espera pasivamente suponiendo que nada le toca hacer, porque el plan del gobierno lleva en sí mismo los genes de su propia destrucción: el régimen -en esa lectura- terminaría implosionando por sus propias e insalvables contradicciones, antes que por la resistencia que se le oponga. El problema de trosquearla pensando "cuanto peor, mejor", son las vidas -en todo sentido- que van quedando en el medio.

Otra interpretación posible -y ciertamente más inquietante- es que en el fondo, buena parte de esa oposición comparte con Milei la necesidad inevitable del ajuste, y prefiere que él haga el trabajo sucio y pague los costos consecuentes, para dejar en un futuro -que hoy parece muy lejano- el camino allanado para arrancar de cero con ciertas "asimetrías" corregidas. Y desde un piso (de salarios, de consumo, de derechos) mucho más bajo, que haga que cualquier avance mínimo desde ese subsuelo pueda parecer satisfactorio.

Esta última idea, que solo puede ser disuadida con acciones concretas, categóricas y contundentes de enfrentamiento y resistencia a las medidas regresivas del gobierno, no es muy ajena a las premisas que presidieron el programa económico del último gobierno del "Frente de Todos" en las gestiones de Guzmán y Kulfas. Algo así como hacer de Milei el Remes Lenicov de un futuro gobierno del "peronismo postkirchnerista".

Lo triste sería que el propio kirchnerismo termine comprando ese libreto, porque sería otro giro tacticista y conciliador como los de 2015, 2019 y 2023, que nos trajeron hasta acá. Tan triste como la pasividad de buena parte de la sociedad argentina frente al toque a degüello que implica el plan del gobierno, que incluso está amenazando su propio cuello.

Porque como dijo Cristina aquel 9 de diciembre de 2015, "va a pasar lo que ustedes quieran que pase". Y se puede querer sin querer, con solo no actuar cuando es necesario. 

jueves, 4 de abril de 2024

SE TENÍA QUE DECIR Y SE DIJO

 

"Mientras el gobierno de Milei pauperiza aceleradamente las condiciones de vida, algunos sectores del campo nacional y popular consideraron que era oportuno abrir un nuevo capítulo de discusión interna. En su mayoría son los mismos sectores que en defensa de “la unidad” habían juzgado caprichosas las críticas kirchneristas al malogrado rumbo de Alberto Fernández. Ahora el debate ya no se expresa como “ruidos de la política” sino como “necesaria autocrítica”. Lógico, podría decirse, porque en el medio perdimos las elecciones. Pero la derrota electoral contra Milei no tuvo su origen en los ruidos de la política 2021-2023, sino que tanto los ruidos de la política como la derrota electoral fueron resultado del mal gobierno del Frente de Todos, cuyas decisiones centrales correspondieron a Alberto Fernández, como él mismo se encargó de aclarar en reiteradas ocasiones. Dicho brevemente: la gran discusión interna del Frente de Todos fue consecuencia y no causa de la mala administración económica. Hoy asistimos a una nueva convocatoria a la autocrítica, que no es sino una crítica al kirchnerismo. Peronistas de Perón, economistas del crecimiento económico con y sin gente adentro, analistas políticos de medios digitales, oportunistas del conurbano en busca de nuevas melodías: todos unidos para practicar una vez más el bostezable, quejoso y escasamente votado peronismo anti-Cristina.".

"Cada tanto el capitalismo occidental produce “novedades reaccionarias”, como escribió Badiou. Cambiando el blog por el stream, la columna por el newsletter, el pañuelo verde por la remera negra, hoy vuelve a estar de moda el análisis político antikirchnerista. Y por más que uno pueda entretenerse con los monólogos de Rebord o sentirse interpelado por un párrafo de Pablo Semán, sigue siendo válido lo que escribió Damián Selci en 2013, abordando exactamente el mismo problema: “Un análisis político no es interesante por la lectura que presenta sino por el poder real que representa; en otras palabras, o bien expresa la postura de la fuerza social en la que se apoya o bien es un juego cansador de ocurrencias”. No se trata de tener razón; en las crisis todos tenemos razón. Ese no es el punto central. Para decirlo en el modo estructuralista: aun si tienen razón en lo dicho, los analistas políticos están equivocados en el decir. Su crítica no se plantea como aporte y en un marco de adhesión a la construcción política, sino desenganchada de la praxis y de la pregunta por el poder. Si no reconocen la conducción de Cristina, ¿de qué Príncipe son consejeros? ¿Cuál es el proyecto alternativo al kirchnerismo y en qué resultados se basa?".

"“Crítica del analista político”, esa nota de 2013, puede leerse hoy con todo provecho. A fin de cuentas, las tribunas antikirchneristas obtuvieron lo que querían y no funcionó. ¿O no venían pidiendo desde hace una década jubilar al kirchnerismo en nombre de un peronismo abierto a la clase media, Clarín y la UIA? Exactamente eso fue Alberto Fernández. En sentido estricto, Alberto Fernández fue su Presidente. Porque el analista político, más allá del atuendo, es un intelectual, un filósofo. Y el deseo de todo intelectual es asesorar al Presidente, “o que me lea un funcionario”. Su distrito es la palabra, según la fórmula de Jorge Asís. Su rol es decir, aconsejar. Silvia Schwarzböck lo escribió con precisión en su obra maestra Los espantos: “El servicio público, a la filosofía argentina, siempre le ha parecido un destino mayor”. ¿Qué fue el gobierno de Alberto Fernández si no un gobierno de asesores? La foto del Presidente tomando mate con un subsecretario y su equipo de trabajo, el comité de científicos y expertos, la Mesa contra el hambre, el consejo de asesores que terminó presidido por Aracre. Estaba muy clara la idea de Alberto: escuchar a todos, menos a Cristina. Por eso en el diccionario argentino la palabra “intelectual” se define específicamente como “el que no se ordena con Cristina”. Con Alberto, los intelectuales antikirchneristas tuvieron su turno. ¿“Sciolismo o barbarie” se decía? Hoy padecemos las dos cosas juntas: Scioli es funcionario del retroceso civilizatorio encabezado por Milei.".

"La cuestión principal es que un liderazgo político no puede sustituirse de la noche a la mañana. La historia del peronismo lo demuestra. Un editorialista “basado”, diez análisis políticos que “la vieron”, no modifican la estructura de la situación. El antikirchnerismo dice: “Arriba no hay nada”. Pero Cristina está ahí, su reaparición constituye una noticia trascendente. Publicó un documento de trabajo que la establece virtualmente como jefa de la oposición. Y avisa que “no la den por muerta”. La frase no parece trivial, porque en definitiva toda la reacción poselectoral de los nuevos intelectuales se resume, una vez más, en terminar con el kirchnerismo. Pero los Sabbag Montiel del análisis político ya tienen el boleto picado. La bala no saldrá, y Cristina va a seguir ocupando el centro de la escena en los tiempos que vienen.".

"El peronismo metafísico como crítica cultural del kirchnerismo

Al igual que en sus anteriores encarnaciones, los antikirchneristas de hoy se identifican con la mitología de un peronismo que no vivenciaron y cuya esencia se habría desvirtuado por la conducción de Cristina y el fanatismo de La Cámpora. “Hay que volver a Perón”, dicen, meneando la cabeza con nostalgia, a la vez que tildan de “melancólica” a la militancia kirchnerista por mantener el ciclo 2003-2015 como referencia política. Los hemos visto apostar indistintamente por Massa, Scioli, Randazzo, Felipe Solá o Alberto Fernández como relevo de la conducción de Cristina; en los próximos meses, lo harán por Llaryora, Guillermo Moreno, Nacho Torres o cualquier otra figura disponible. Según su curiosa idiosincrasia, partidos nacionales que sacaron menos votos que el trotskismo pueden aspirar a la jefatura del peronismo y perdedores de internas locales pueden cuestionar la conducción del PJ provincial. ¿Julia Strada? Agente de la CIA. ¿Lu Cámpora? Mmm… progresista, liberal de izquierda. ¿Carlos Menem? Peronista. ¿Miguel Pichetto? Indudablemente peronista. Hay que contener a Cúneo, pero expulsar a Mayra Mendoza. Las categorías del antikirchnerismo son extremadamente singulares, dictadas mucho menos por la convicción doctrinaria que por la metafísica de partido. A este fenómeno, Néstor Kirchner lo denominaba “pejotismo” y lo definía como “aparato de poder vaciador de contenido”. Fracasados, pero con peronómetro. Se enemistaron con “la batalla cultural” pero no dejan de hablar del asunto (como todo intelectual), y con un afán clasificatorio mortalmente aburrido. El asado es peronista pero la milanesa es woke, el salario es peronista pero el salario doméstico es progre… Como el verdadero peronismo ya tuvo lugar, solo queda la crítica cultural del kirchnerismo. Pese a la novedad de sus formatos de comunicación, los intelectuales antikirchneristas tienen la rigidez de un cadáver. Cristina arriesga, produce, cambia; el antikirchnerismo lleva 10 años en la misma posición. Detrás de sus flamantes plataformas no se advierte la grandeza doctrinaria de Perón sino la reducción del peronismo al óleo costumbrista de Campanella: los ravioles del domingo, la familia, el club de bochas.".

"Para ese peronismo metafísico, el grado de enfrentamiento con Cristina resulta inversamente proporcional al grado de idealización de Perón. Cada año que pasa, Cristina es más objetable; Perón, más inmaculado. Pero –de nuevo– conviene leer la historia del peronismo: Vandor, Frondizi, los 70… no hubo líder más cuestionado y traicionado que Perón. Y Perón siguió ahí. Cristina y Perón son iguales en este punto: conducciones únicas, históricas, pero sumamente discutidas. El liderazgo de Cristina ya soportó una década de peronismo antikirchnerista. Es llamativo que los peronistas de Perón carezcan de una verdadera perspectiva histórica. Lo importante es asumir de una vez por todas que fueron Néstor y Cristina quienes pusieron al peronismo nuevamente en línea con su tradición auténtica de conquistas sociales y democratización de la participación política. Y reivindicar de punta a punta la experiencia de sus gobiernos, abandonando pretensiones siniestras y criptoduhaldistas como la de nombrar “década ganada” al período 2002-2012 (en lugar de 2003-2015). Esto significa, adicionalmente, reconocer que la famosa disputa por la 125 no fue “el momento donde se jodió todo”, como pretende hoy la narrativa moderada del peronismo fiscalmente superavitario, sino lo opuesto: con la 125 empieza la tentativa contemporánea más importante, más osada, por cuestionar el modelo de valorización financiera impuesto por la dictadura, algo que ninguna de las variantes del anti o poskirchnerismo jamás logró ni se propuso. En todo caso, la 125 es el momento donde “se jodió todo” para los sectores del peronismo acostumbrados a defender al sector productivo más que a la sociedad, para ese frente nacional no popular que se encontraba cómodo mientras la discusión por el patrón de acumulación se limitara a las finanzas internacionales.".

"La reivindicación del kirchnerismo no tiene pretensiones nostálgicas sino pedagógicas y programáticas. Esos gobiernos constituyen la horma de cualquier zapato con que el peronismo quiera caminar hacia el futuro. Ser “peronista de Perón” o “nestorista” en contra de Cristina es un proyecto destinado a la derrota o la insignificancia, a la vez que constituye un acto de alucinación solo comparable al de los izquierdistas que son petristas en Colombia, del MAS en Bolivia, pero antikirchneristas en Argentina. Lo evidente, si no se nombra, desaparece. Resulta elocuente una nota en la revista Agencia Paco Urondo –que otrora brindó un servicio inestimable a la militancia contra el macrismo pero ahora parece rendido a los pies del “soberanismo” morenista y el apolillado pensamiento nacional– donde los nombres de Perón y Néstor se mencionan con todas las letras, pero la referencia al gobierno de Cristina se reemplaza por el eufemismo “década ganada”. Negar la importancia de estos detalles es desconocer la centralidad del símbolo en la experiencia del peronismo. Veamos si no a Victoria Villarruel retirando el busto de Néstor del Senado, un gesto desesperado, por otra parte, ante la potencia icónica de un expresidente que al morir suscitó una movilización de tres días, a diferencia de Videla, que murió preso, en el inodoro y sin que nadie derramara una lágrima.".

"Como el antikirchnerismo es un proyecto intrínsecamente negativo –terminar con Cristina, Máximo, etcétera–, siente indiferencia por el contenido contradictorio de sus críticas. Se reclama al mismo tiempo más coraje y más moderación, se exige volver a representar a los trabajadores que votaron a Milei a la vez que abandonar la postura “antiempresa”, se reprocha no haber “ajustado” lo suficiente a la vez que no haber atendido las demandas de “segunda generación” de la clase media, se pide fortalecer la estructura orgánica del partido a la vez que tener agenda propia y no ser “aduladores”, se califica de vetusto al marco teórico a la vez que se demanda justicialismo ortodoxo. Este confusionismo es bien conocido, solo que en momentos de turbulencia histórica se agudiza, como pasó durante la República de Weimar con el surgimiento de los rojipardos y sus “ideas de izquierda, valores de derecha”. En todo caso, lo que le da algún tipo de cemento ideológico al fenómeno actual es su discurso antiprogresista, que deviene antikirchnerista por una asociación falsa –estilo falacia del hombre de paja– entre kirchnerismo y progresismo.".

"La crisis del progresismo no es nuestra crisis

Parafraseando a Foucault, se puede definir al progresismo como la creencia de que el discurso determina la estructura. Por eso su agenda suele vincularse con reivindicaciones culturales, de derechos humanos, de libertades civiles más que con la redistribución económica. La crisis actual del progresismo, en América Latina y en el mundo, obedece a que los gobiernos no logran garantizar sostenidamente el bienestar económico de su población; entonces el discurso de legitimación o la batalla cultural generan desinterés o directamente rabia e indignación en amplios sectores. No es solamente que se perciba al progresismo como una agenda de segundo orden respecto de la inflación o los bajos salarios. Lo que sucede es que si un gobierno fracasado en lo económico además se autoproclama progresista, como el caso de Alberto Fernández, convierte fácilmente al progresismo en la causa del fracaso económico. Y en efecto: Alberto habló mucho e hizo poco, anunció medidas que volvieron para atrás, postuló valores que contradijo en la práctica, creyó que “hablando nos íbamos a entender”. A la inversa, no hubo nada más peronista que las críticas de Cristina al gobierno progresista de Alberto: “Alinear precios, salarios y jubilaciones”. La única “agenda de minorías” que movilizó los comentarios públicos de Cristina fue la preocupación por los tres o cuatro vivos que se llevaron los dólares de la recuperación económica postpandemia. Sintetizando la paradoja: el progresista era Alberto, al que los peronistas de Perón defendían, y no Cristina, a la que los peronistas de Perón criticaban.".

"Los libertarios y las ultraderechas hoy ganan elecciones en nombre del antiprogresismo. Ser antiprogre es tendencia. Y venimos del gobierno de Alberto Fernández. El contexto le da nombre y relevancia al crónico intento del peronismo por discutir la conducción de Cristina. Expresado en el viejo dialecto de la derecha peronista: depurar al movimiento de sus elementos kirchneristas. Para dejar en claro que se encuentran en el polo contrario del progresismo, ahora los antikirchneristas sobreactúan un nacionalismo alimentado a base de reproducciones de Guillermo Moreno y citas de Diego Fusaro. Frente al posmodernismo de las identidades fluidas y la posverdad, este patriotismo viril, familiero y proclive al pensamiento conspirativo es un antídoto estabilizante, una garantía de que el cosmos todavía tiene un orden comprensible. El kirchnerismo, en cambio, habría dilapidado el capital peronista en un cóctel de lenguaje inclusivo, cultura de la cancelación, macroeconomía keynesiana, neoambientalismo y DNI no binario. Otra paradoja del nacionalismo antikirchnerista: su entero marco teórico –la idea de que el peronismo está cooptado por dirigentes de clase media universitaria que, al privilegiar la agenda de las minorías, abandonaron la representación de los trabajadores enojados– proviene del Atlántico Norte.".

"Si hablamos de sobreactuación, escuchemos a Mayra Arena, excandidata del funcionario libertario Daniel Scioli en las internas 2023 promovidas por Alberto Fernández: “El progresismo es lo peor que le pasó al peronismo, y estoy incluyendo los 18 años de proscripción”. Las respuestas pasadas de sarcasmo ante el cierre del INADI participan del mismo objetivo: exhibir un peronismo sobreadaptado al nuevo consenso antiprogresista. Estimulados por las audiencias reactivas de Twitter, los peronistas metafísicos se consagran a reescribir la historia del kirchnerismo en términos cada vez más brutos. Néstor Kirchner sería ante todo un “centrista económico”, guardián del déficit fiscal; su enfrentamiento contra Clarín, su recuperación de la militancia en el país del Nunca Más, en cambio, representarían solo anécdotas para la tribuna progresista. ¿Cristina? Descuidó a los trabajadores, distraída como estaba en la batalla cultural contra los fondos buitres, las corporaciones agromediáticas y el Poder Judicial.".

"Si estamos convencidos de que el gran tema es la economía, ¿a cuento de qué viene tanta mordacidad con la “prohibición del lenguaje inclusivo”? Los nuevos intelectuales quieren sacar un clavo torcido haciendo un agujero en otro lugar, como si creyeran verdaderamente, cual animistas, que existe una correlación entre la supresión de la letra “e” y la inflación. Lo cierto es que no hay ninguna contradicción entre redistribución económica y reconocimiento identitario. Durante el kirchnerismo, al igual que durante el peronismo histórico, lo pudimos comprobar: estatización de las AFJP, matrimonio igualitario, plan PROGRESAR, régimen para el personal de casas particulares, ley de Medios… Por eso el debate de “progres contra pobres” es una construcción netamente antikirchnerista, producto del carácter sectario y especulativo de sus voceros. Discutir dentro de esos marcos constituye un error. La palabra que hace falta salvar es kirchnerismo, no progresismo. Y no por una fijación léxica infantil sino porque el antikirchnerismo existe y es tributario de un peronismo conservador. Para nosotros, Cristina es peronista y el peronismo es Cristina.".

"¿Colectivismo orgánico o peronismo influencer?

Los ataques a Máximo Kirchner son ataques a Cristina que no osan decir su nombre. Kulfas, el portavoz Adorni y Twitter Argentina, coinciden en esto: Cristina está “mal rodeada”, “mal asesorada”. Se trata de una variante de la crítica antikirchnerista, con célebres antecedentes como la teoría del cerco a Perón. Así como antes Néstor era el verdadero peronista pero estaba rodeado por la socialdemócrata Cristina, ahora es Cristina la verdadera peronista pero está entornada por el izquierdismo progresista de La Cámpora. ¡Aprendan, muchachos! ¡Más Rucci y menos Bernie Sanders! ¡Basta de FLACSO! Pero cuando Máximo tomó la decisión de oponerse el ruinoso acuerdo con el FMI y abandonar la jefatura de bloque, estaba sencillamente respetando la saludable tradición peronista de defender la soberanía política y el desendeudamiento externo. En su documento, Cristina ratifica que la posición de Máximo también es la suya. Que criticar a Máximo es criticarla a ella. Quienes cuestionaron aquella decisión hoy no dejan de hablar del condicionamiento que impuso el acuerdo de Alberto y Guzmán sobre los intereses de los argentinos. Kristalina Georgieva lo identificó en tiempo real cuando advirtió sobre “los límites del potencial para hacer cambios en la Argentina en los próximos años, dada la oposición de la parte radical de izquierda en la coalición peronista gobernante del país”. En una contorsión sin precedentes, los campeones del peronismo superavitario ahora defienden a Martín Guzmán, justamente el ministro que pulverizó toda chance de superávit y se fue corriendo del gobierno. Allí debe buscarse el origen del mantra libertario “no hay plata”: en el momento en que Guzmán refinanció y no reestructuró la deuda con el FMI. Es lo primero que registró Batakis durante su corta estancia en el gobierno: nos gobierna el FMI; no hay plata.".

"Rebelarse contra un acuerdo de esa naturaleza, como hizo Máximo, no se justifica desde el idealismo, el izquierdismo testimonial o la voluntad de “no pagar costos”. Es una decisión que reúne convicciones y pragmatismo: no bajemos las banderas y no perdamos las elecciones.  Una vez más, el albertismo emocional aplicó el quid pro quo: dedujo que la derrota electoral se debía a actitudes como la de Máximo, cuando ocurrió exactamente lo contrario. Máximo adelantó que ponerse de rodillas ante el FMI era perder las elecciones de 2023. Y perdimos. Fue Alberto el que “no quiso pagar el costo” de asumir que el acuerdo era una farsa y que ya no teníamos la manija de la economía. Milei puede declararse admirador de Margaret Thatcher, pero el thatcherismo nacional empezó antes, por enero de 2022, cuando Alberto y Guzmán dijeron “no hay alternativa”.".

"La historia de los analistas políticos anti-Cámpora fue narrada varias veces. El punto de partida es que el kirchnerismo renovó el interés social por la política. En particular, los mandatos de Cristina convocaron abiertamente a la organización y la militancia. Una misma generación se dividió ante estos acontecimientos: la mitad se volvió militante y la otra mitad, analista política. Los militantes resolvieron poner el cuerpo en espacios colectivos; los analistas políticos se refugiaron en la escritura irónica, cool, diagnóstica. Y no solo esto: además, erigieron gran parte de su prestigio reaccionando como hermanos mayores que precaven a los inmaduros contra los peligros y contradicciones de la militancia. Así, esta nueva corriente de comunicadores pasó a encarnar la perspectiva que tiene el sistema acerca de la política. Volviendo a Margaret Thatcher: el colectivo no existe, lo que existe son las personas. Por eso el análisis político es ante todo psicología. Hoy los analistas políticos acusan a los militantes de “mirarse el ombligo” mientras abren canales de stream para autopromover su imagen de influencers. Es decir: imputan a los demás el narcisismo que cultivan. Como se resistieron a la “colectivización forzada” de la militancia orgánica, como decidieron no encuadrarse –o lo hicieron y se quebraron–, su colectivismo peronista de redes sociales suena hipócrita. Apenas un trampolín retórico para eyectarse a la fama, que necesariamente es individual. La militancia orgánica –con aciertos y errores– produce teoría, acumula poder político, gana elecciones. Los analistas políticos siguen siendo lo mismo que en 2013: críticos culturales del kirchnerismo, intelectuales.".

"Las dos mejores frases del siglo XXI

Para enfrentar la catástrofe humanitaria a la que conducirá sin dudas el gobierno de Milei, nuestro espacio político seguramente recurra al viejo y querido “esencialismo estratégico”, al populismo, a la articulación de demandas insatisfechas ordenadas en un frente común. Sería lo normal. Pero en el mediano plazo, como segundo movimiento, necesitaremos la construcción de un nuevo programa político que ofrezca conquistas materiales y coordenadas espirituales para el futuro.

El documento de Cristina está lleno de ideas en esa dirección. Abre discusiones importantes. Por ejemplo: “Con Estado presente no alcanza”. Es una definición novedosa, aunque por otro lado congruente con su discurso a favor del empoderamiento ciudadano durante el alto kirchnerismo. Puede haber “Estado presente” pero resultar improductivo, ineficiente, no funcional. Y generar bronca y frustración en la sociedad, como se verificó durante los últimos años. Los libertarios sostendrán que por eso mismo se debe adoptar la lógica del mercado, del sector privado, donde el trabajador es sometido al capital en función del miedo a la represalia –despido, pérdida del presentismo, etcétera–. Esta es la apuesta del gobierno nacional: que el trabajador público, para no ser ineficaz, se comporte como el trabajador de una empresa privada. El peronismo antikirchnerista también quisiera llevar agua para su molino del “centrismo económico” y “proempresa”, pero justamente eso fue el gobierno de Alberto Fernández, y fracasó.".

"“Estado presente” viene significando la prioridad de lo público sobre los intereses económicos de las grandes empresas. Pero no dice nada sobre la manera de lidiar con los intereses sectoriales al interior del propio Estado. En otras palabras: como también hay “corporaciones” dentro del Estado, la universalidad de lo público no está garantizada. Tampoco su efiencia. Hoy triunfa la subjetividad de mercado; “Estado presente” es la subjetividad alternativa. Pero con esto no alcanza, y la militancia orgánica constituye la auténtica respuesta. Militante orgánico es el individuo que trabaja de manera eficiente sin el garrote del capital. Su experiencia de organización y conciencia de grupo aumentan la productividad del trabajo; la convicción en un proyecto político que excede la administración cotidiana facilita el buen trato con el público; la disciplina orgánica acelera los procesos burocráticos. Algunas de estas características se expresaron en el reconocimiento a la gestión de militantes que revalidaron su intendencia en las urnas. Es hora de subrayar que la subjetividad de la militancia no es la subjetividad del Estado. Un funcionario de Aerolíneas Argentinas, un chofer de colectivo, un médico que tiene consultorio privado, todos pueden ser militantes, porque la militancia se caracteriza precisamente por pensar más allá del rol social asignado, es decir, por pensar universalmente, por pensar en todos. El colectivismo funciona.".

"Por eso una de las frases más importantes de la política contemporánea es “la patria es el otro”. Cristina formuló ahí un programa emancipatorio, anti-individualista, a kilómetros del chauvinismo conservador que los nuevos intelectuales asocian al peronismo. La otra frase importante le pertenece a Javier Milei: “El consenso es corrupción”. Tal vez sea nuestra mejor autocrítica sobre el gobierno de Alberto, que pretendió reconstruir el pacto social sobre la base del diálogo y el acuerdo en abstracto, sin objetivos politicos, con un nivel de idealismo que haría sonrojar a Jürgen Habermas. A la inversa, “el consenso es corrupción” se traduce como elogio del kirchnerismo. Cristina no consensúa; entonces es honesta, incorruptible. Leídas en conjunto, las dos frases producen una evidencia contraria al cualunquismo intelectual en boga. No es verdad que los argentinos solo queremos tranquilidad y que no nos jodan con la política. Si no, las elecciones las hubiera Ganado Rodríguez Larreta. La ancha avenida del medio está desierta. Despolarizar solo conduce a la irrelevancia o al panelismo televisivo. Más que de calma y vida familiar, los argentinos tenemos un deseo fundacional a toda prueba. Queremos la vida intensa y facciosa de los santos calvinistas. Lo que se juega a futuro es Cristina o Milei.".

"Además, la militancia orgánica está preparada para el desafío de renovar el proyecto político porque viene produciendo aportes para la discusión doctrinaria. El contenido de sus publicaciones apunta a fortalecer el programa en detrimento de la coalición. Y esto precisamente porque “coalición” designa cada vez más el establecimiento de un pacto o alianza entre dirigentes de distintos espacios para fines generalmente electorales, sin cohesión ni proyecto político común, salvo por la negativa. Cristina lo dice con toda nitidez en “La Argentina en su tercera crisis de deuda”: las coaliciones políticas son experiencias de debilidad y fracaso. El consenso es corrupción. La Alianza estalló por el aire en el 2001; la coalición entre la UCR y el PRO (“Cambiemos”) dejó el país con la mayor deuda de su historia; el Frente de Todos trajo a Milei. Para los neoguzmanistas entusiastas del “déficit cero” habría que agregar incluso que existe una correlación empírica entre tipos de gobierno y desempeño fiscal. En América Latina, cada vez que hubo gobiernos de coalición, aumentó el déficit y el endeudamiento externo.".

"Toda decisión política tiene sus costos, y naturalmente la vocación programática del kirchnerismo provocó que muchos dirigentes y espacios se retiraran del gobierno entre 2008 y 2015. El costo del programa es el sectarismo. Pero el costo de la coalición es la disolución de la identidad. Así llegamos a 2019: una “unidad programática” para ganarle a Macri que tuvo más de unidad –es decir, de coalición– que de programa. Se creyó que con la palabra “peronismo”, reuniendo a sus dirigentes, se resolvía la cuestión del proyecto. Hoy estamos pagando el costo de una coalición que fue eficaz en lo electoral pero débil en lo político. Desde la firma del acuerdo, el programa del Frente de Todos fue el programa del FMI. En consecuencia, la apuesta de la etapa que viene será a que el único sector del peronismo que hasta el momento demostró un programa para gobernar la Argentina –esto es: el kirchnerismo– demuestre que también está en condiciones de proponer un programa para el futuro. Las alternativas anti o post kirchneristas no tienen otro proyecto que volver a un peronismo “normal” luego del desvarío izquierdista de Néstor y Cristina. La falta de horizontes predictivos, y mucho más con Milei en el gobierno, provoca que toda la energía se concentre en el presente, en la táctica y las alianzas; es decir, en las próximas elecciones. Pero solo una imaginación política militante, insensible por un momento a la correlación de fuerzas, puede resucitar las esperanzas.".

(El original acá)

miércoles, 3 de abril de 2024

TWEETS POLÉMICOS

 

martes, 2 de abril de 2024

"POR LOS PIBES DE MALVINAS, QUE JAMÁS OLVIDARÉ"

 

El Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia que conmemoramos hace poco estuvo atravesado por la actualidad que se revolcaba en el pasado: por primera vez en 40 años de democracia, un gobierno elegido por el pueblo argentino hizo suya la doctrina oficial no ya del simple negacionismo, sino de la justificación y apología de los crímenes de la dictadura. El desatino tuvo respuesta masiva en las calles y las plazas de todo el país, pero expresó con crudeza la ruptura del consenso democrático, y la existencia de un vasto sector de la sociedad que no comparte con nosotros ese piso que suponíamos común.

Que decir -en ese contexto social- de éste nuevo 2 abril, de la causa Malvinas y de la memoria y el respeto por nuestros veteranos: que esa causa que en otros tiempos fue una de las pocas (si no la única) que nos unía como país y como colectivo social, hoy parece caer en el abismo de la mal llamada (por simplificación pueril) "grieta": el 56 % de los argentinos terminaron votando para presidirlos a alguien que dice admirar a Margaret Tatcher, al que no se le escuchó pronunciar nunca el nombre de las islas, y omitió en sus discursos en el Congreso al asumir y al inaugurar las sesiones ordinarias, siquiera renovar el compromiso de continuar reclamando por nuestra soberanía sobre ellas.

Con lo cual la cláusula obligacional introducida por los constituyentes reformadores de 1994 como un compromiso permanente del Estado argentino y sus gobernantes, va camino a convertirse en lo que es el artículo 14 Bis incorporado en la reforma inconstitucional de 1957: letra muerta colocada sin convicción ni vocación de cumplirla, para acallar conciencias, o para cohonestar despojos.

La gestión de las relaciones exteriores de éste gobierno horrible (y con ella el reclamo por Malvinas) rankea alto entre sus aspectos más bochornosos: nos ha alineado incondicionalmente con quienes votan sistemáticamente en contra de nuestro reclamo en Naciones Unidas como Estados Unidos, Israel y Ucrania; mientras provoca sistemáticamente conflictos donde no los había con nuestros hermanos de América Latina o los países que integran el BRICS (del que abjuran), que siempre respaldaron la posición argentina.    

El gobierno acaba de comprar aviones norteamericanos que son chatarra volante (si es que vuelan) pero cuentan con el visto bueno de los dos socios mayoritarios de la OTAN a sabiendas de que no representan ninguna amenaza para la fortaleza británica en las islas; y toda su política hacia las Fuerzas Armadas consiste en reivindicar los crímenes de la dictadura, e intentar introducirlas en asuntos de seguridad interior en seguimiento de las hipótesis de conflicto diseñadas por EEUU, para reforzar de paso el orden represivo, alejándolas de su misión específica. 

El ministro de Defensa cosplayer protagoniza un papelón persiguiendo pesqueros chinos que pescaban con licencia, mientras la cancillería tolera en silencio que los ingleses se apropien de 166.000 kilómetros cuadrados de nuestra plataforma continental para explotar sus recursos, y Mondino cree que puede resolver las provocaciones británicas -como la visita de Cameron a las islas- tuiteando en modo banana. 

Y por si faltaran señales del desmembramiento social, científico, tecnológico y aun territorial del país -que es una nueva y más profunda forma de desmalvinización- el mega DNU del presidente deroga las restricciones de la ley de tierras para que los extranjeros se queden con nuestro suelo, mientras permite la injerencia del ejército yanqui en nuestros ríos, genera rondas de negocios para vender al mejor postor nuestros recursos naturales, desmantela nuestro plan de desarrollo nuclear y le aplica la motosierra al sistema de investigación científica y desarrollo tecnológico.

En ese marco, pretender que se ponga al hombro la causa Malvinas como manda la Constitución sería un exceso, y una pérdida de tiempo. Por eso en estos tiempos aciagos el mejor homenaje a los caídos en la defensa de nuestra soberanía y a los que volvieron para ser olvidados por años, es luchar para volver a ser un país que se piensa como tal y desde allí reclama por lo que le ha sido amputado, y no un mero enclave colonial cuyos destinos deciden otros.

lunes, 1 de abril de 2024

SE LA DEJAMOS SERVIDA

 

La Ley 24185 de paritarias en el sector público nacional es de 1992, gobierno de Menem, con Gustavo Béliz como Secretario de la Función Pública. La Ley 25164 (ley marco del empleo público) es de 1999, finales del segundo mandato del riojano. Ninguna de ellas fue modificada desde entonces. Béliz (recordemos) fue funcionario de Néstor Kirchner primero, y andando los años, de Alberto Fernández después.

La reglamentación de la Ley 25164 fue aprobada por el Decreto 1421/02 (gobierno de Duhalde) y recién fue modificada en el 2016 por Macri. El Convenio Colectivo General del sector público fue aprobado durante el gobierno de Kirchner por el Decreto 214/06, y tuvo desde entonces varias modificaciones.

El denominado SINAPA (Sistema Nacional de la Profesión Administrativa) que establece el escalafón de los empleados de la Administración Pública Nacional fue aprobado por el Decreto 993/91 (gestión Menem-Béliz), y recién fue reemplazado pero por un sistema similar por el Decreto 2098/08 durante el primer mandato de Cristina, a partir de un acuerdo en paritaria con los gremios estatales ATE y UPCN.

Cuando le faltaban dos semanas para terminar su gobierno en 2019 y ya sabría que no sería reelecto, Macri dictó el Decreto 788 creando lo que dio en llamar la "Alta Gerencia Pública", un régimen de funcionarios VIP de planta permanente, con sueldos de privilegio y menores exigencias para el ingreso y la promoción que el resto de los empleados. 

Apenas asumido Alberto lo suspendió por el Decreto 36/19, esa suspensión fue prorrogada y después de muchos vericuetos y al igual que pasó con el SINAPA, el Decreto 191/23 lo reemplazó por un sistema similar, que debería empezar a regir en junio de éste año. Todos estos cambio (y el propio decreto de Macri) se sustentaron en acuerdos paritarios logrados entre el gobierno y las entidades gremiales.

Esta larga introducción viene a cuento de contextualizar lo que bien apunta el compañero Sergio Delfino en los tuits de apertura del post: en todo éste proceso y en relación al empleo público nacional hubo más continuidades que rupturas con el pasado, y -esto lo agregamos nosotros- profundizar en cambios en estos asuntos nunca estuvo en el radar de los gobiernos kirchneristas, a menos que esos cambios fueran motorizados por los sindicatos. 

Quizás por temor a incursionar en temas asociados a la agenda de la derecha (como la reforma del Estado, que suena a ajuste, despidos y privatizaciones), o porque había otras urgencias que atender, pero pasó, y hay que hacerse cargo de las consecuencias. Porque de esa política de parches (que hemos apuntado acá varias veces siguió el kirchnerismo en otros rubros, como los servicios públicos) devienen muchos de los problemas actuales, que le permiten a Milei avanzar en su "plan motosierra" sin mayores obstáculos.

Que es lo que está pasando en estos días con la ola de despidos en el Estado nacional, fundamentalmente de personal contratado, sea porque no se les renuevan sus vínculos una vez vencidos, o porque aun estando vigentes se los despide porque carecen de estabilidad.

En efecto, el artículo 9 de la Ley 25164 dice respecto al personal contratado que "El régimen de contrataciones de personal por tiempo determinado comprenderá exclusivamente la prestación de servicios de carácter transitorio o estacionales, no incluidos en las funciones propias del régimen de carrera, y que no puedan ser cubiertos por personal de planta permanente. El personal contratado en esta modalidad no podrá superar en ningún caso el porcentaje que se establezca en el convenio colectivo de trabajo, el que tendrá directa vinculación con el número de trabajadores que integren la planta permanente del organismo.".

Su reglamentación aprobada por el artículo 9 del Decreto 1471/02 indica que "El régimen de contrataciones comprende la contratación por tiempo determinado y la designación en plantas transitorias, y estará sujeto a las siguientes previsiones: a) El personal será afectado exclusivamente a la realización de actividades de carácter transitorio o estacional, que resulten necesarias para complementar el ejercicio de las acciones y competencias asignadas a cada jurisdicción o entidad descentralizada. Las actividades de carácter transitorio estarán referidas a la prestación de servicios, asesoramiento técnico especializado, coordinación y desarrollo integral de programas de trabajo y/o proyectos especiales o para atender incrementos no permanentes de tareas.".

Y además señala que "Las actividades de carácter estacional responden a tareas que se realizan periódicamente y sólo en determinada época del año. En estos casos el personal puede ser incorporado a una planta transitoria con designación a término, cuyas características serán reguladas por la autoridad de aplicación.".

De modo que si había muchos organismos del Estado (en especial aquellos descentralizados territorialmente con agencias locales, como la ANSES) que funcionaban con gran cantidad de personal contratado (en algunos casi exclusivamente) y ese personal venía cumpliendo durante años las funciones propias de personal de planta permanente porque el organismo había ampliado sus funciones y roles (acá otra vez el ejemplo de ANSES viene como anillo al dedo), lo que estaba ocurriendo es que se perpetuaron situaciones de fraude laboral, en perjuicio de miles de trabajadores precarizados que deberían haber sido incorporados a planta permanente, con todos los derechos de tales; y quizás hoy otra sería la historia con el "plan motosierra", al menos para ellos.

Y en perjuicio también de la validación social de esas políticas públicas, que es en realidad lo que les interesa voltear, junto con despedir trabajadores. Pero así las cosas, todo indica que al menos en éste tema, a Milei se la dejamos servida. Las cosas por su nombre.