LA FRASE

"LES PIDO PACIENCIA A LOS ARGENTINOS PORQUE ES FALSO QUE ESTEMOS MAL, Y LA INFLACIÓN ALTA ES CULPA DEL KIRCHNERISMO." (JAVIER MILEI)

jueves, 16 de abril de 2026

PARE DE SUFRIR

 

Como le pasó a Macri en 2017, el triunfo en las elecciones legislativas de medio término fue para Milei un fruto envenenado, que no pudo disfrutar: reforzó su representación en el Congreso (para ponerse a salvo de un eventual juicio político) y en ese marco logró imponer reformas (como la laboral o la ley de glaciares) que son parte de un consenso que lo excede y representa los intereses del poder económico; pero al mismo tiempo asiste a la debacle de su modelo económico, y a la caída vertical de su imagen pública y el deterioro acelerado de su futuro político.

Tanto, que hasta Macri se anima a plantearle competencia amagando con una posible candidatura presidencial, y el círculo rojo empieza a buscarle posibles reemplazantes para salvar los resultados del experimento que favorecen a sus intereses, y ponerlos a resguardo de una derrota electoral de la derecha en 2027. 

Conforme la imagen del presidente y su gobierno se derriten y los efectos de la motosierra se vuelven ya intolerables para la inmensa mayoría de los argentinos en su vida cotidiana (inflación, crisis del transporte, recortes en la cobertura de salud), todo el sistema político se pone en modo electoral, y su preocupación principal pasan a ser las elecciones, que están -en términos políticos y sociales- a años luz, y habrá que ver si se hacen, y en que contexto. Que seguramente será de crisis, y de prueba para un entramado institucional que no está dando respuestas acordes a la magnitud del desafío.

Si las elecciones del año que viene son importantes, más importante aun es que las fuerzas que adversan al gobierno empiecen a hablarle a la sociedad definiendo y proponiendo un programa político, económico y social para salir de la tierra arrasada que dejará este penoso experimento con seres vivos; que solo puede traerle más desgracias al pueblo argentino, y no tiene más nada para ofrecerle salvo sufrimiento.

En ese marco y con el fracaso a la vista del que está en curso, el país no resiste ya más experimentos de outsiders de la política sean un banquero como Brito, un "emprendedor exitoso" como Galperín, o un pastor carismático como Gebel; que serían más de lo mismo que ya ha fracasado: ¿O acaso no representó precisamente eso Milei con su discurso "anti casta" y su nula trayectoria previa en los partidos y la política?

Que el círculo rojo trate de conseguir otro muñeco intercambiable con el que practicar ventriloquía en el sentido de la defensa de sus intereses, vaya y pase: no sería más que otra muestra de su inveterada miopía política y chatura conceptual, que es una desgracia para el país. Pero que buena parte de la política ande en la misma, a la búsqueda del "famoso" salvador presuntamente incontaminado y novedoso, es directamente suicida: de la grave crisis que atraviesa el país se sale con más y mejor política, no con menos, o peor, sacándola de la ecuación.

Más intolerable aun es que tales experimentos se hagan en nombre del peronismo, o utilizándolo como vehículo: si bien bajo ciertas circunstancias el movimiento creado por Perón puede ser -como decía Cooke- un gigante invertebrado y torpe, hay que desterrar de su seno esa idea de que es una estructura porosa y esponjosa, capaz de absorber todo o peor aun, de ser absorbido por cualquier ensayo "acorde a los climas de época". Si el problema es de conducción y liderazgo, el peronismo lo tiene en la persona de Cristina, y no es opinión nuestra, sino simple constatación de un fenómeno social que se verifica en la base de sus votantes. 

Y si el problema es de candidaturas, que se lo prive de una eventual de ella es consecuencia del despliegue del dispositivo represivo del gorilismo que hizo blanco en su persona por lo que es y por lo que representa -dato que no puede obviarse en ningún análisis sin pecar de fraudulento-, y no porque haya sido superada su gravitación por alguien más, por peso propio. De hecho, todos los que cuestionaron ese liderazgo y esa conducción en público terminaron fichando para el régimen y alineándose con sus intereses, con tanta más vehemencia cuantos más duros fueron sus cuestionamientos a Cristina: si algún despistado no ha advertido hasta acá la correlación, es un problema suyo. 

Claro que en estas condiciones políticas, con éste gobierno y este sistema judicial, Cristina no podrá ser candidata; pero eso no caduca su gravitación política -al punto de creer que se puede orquestar una salida al actual oprobio sin su concurso-, y constituye más bien el primer desafío en todo proceso de construcción de una alternativa política a la actual situación: los que quieran sumarse a ella deberían asumir públicamente el rechazo de la proscripción y condena judicial de Cristina, y comprometerse del mismo modo a resolver su situación en un nuevo gobierno, más allá incluso de su propia opinión personal al respecto: lo que está en juego no es la persona de quien fuera dos veces presidenta de la nación por mandato popular, sino la legitimidad misma del proceso democrático en el país.  

Hace pocos días decía con razón Axel Kicillof que no se trata solamente de ganar una elección, sino de estar en condiciones de ejecutar un programa, en el caso de llegar al gobierno. Es tan cierto como que la idea de un "frente anti Milei" (definido más por la oposición al actual gobierno que por un programa de reparación nacional compartido), es la forma más segura para crear las condiciones para repetir el fracaso del "Frente de Todos".

No es que la elección ya esté ganada ni mucho menos, pero de ese aspecto del problema se está ocupando Milei con más eficacia que cualquier armado opositor, excepto que éste -concentrado en disputas de segundo orden- no tome el toro por las astas asumiendo la verdadera dimensión del problema; que es estar decidido a aplicar las medidas drásticas que habrá que tomar desde el primer día (empezando por borrar de un plumazo y sin concesiones las iniquidades del régimen como la ley bases, el RIGI o la reforma laboral) y la vocación de representar a quienes hoy sienten que carecen de toda representación, tanto que ni siquiera se están tomando la molestia de ir a votar.

Para representar los intereses de los que siempre salen ganando sobran las figuritas, desde las que ya tuvieron su oportunidad como Macri o Bullrich, hasta las que se vendieron como nuevas y se ajaron con el uso como Milei, o las que vienen con el rótulo de nuevas sin estrenar, como Brito, Galperín o el pastor Gebel.

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