LA FRASE

"LEO QUE EL GOBIERNO LES QUITÓ EL SUBSIDIO EN EL TRANSPORTE A LOS DISCAPACITADOS Y TEMO NO HABER SIDO LO SUFICIENTEMENTE CLARO EN LA HOMILÍA DEL TE DEUM." (JORGE GARCÍA CUERVA)

miércoles, 27 de mayo de 2026

LECTURA RECOMENDADA

 

"El directorio del Fondo Monetario Internacional aprobó la segunda revisión del acuerdo con la Argentina y habilitó un desembolso de 1.000 millones de dólares. Pero el dato político más importante quizás no sea ese, sino el orden en que ocurrió todo. La revisión debía aprobarse en enero. Recién el 14 de abril, Kristalina Georgieva salió a anunciar que había acuerdo con la Argentina, aun antes de que estuviera cerrada y publicada toda la ingeniería técnica. No fue casual. Georgieva conduce un organismo donde Estados Unidos tiene el peso decisivo y Washington venía empujando políticamente el sostén a Javier Milei. Primero apareció entonces la señal política, después vino la burocracia técnica.".

"Recién ahora el board terminó firmando formalmente la continuidad del programa argentino. La segunda revisión del acuerdo entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional terminó dejando algo más profundo que un desembolso de 1.000 millones de dólares. El documento técnico del staff terminó funcionando como una radiografía política del gobierno de Javier Milei. Y también como una radiografía de la mirada que el organismo tiene sobre la democracia argentina. Durante meses el gobierno intentó presentar la relación con el Fondo como una validación técnica de su programa económico. El staff level agreement muestra otra cosa. El FMI no está discutiendo solamente metas fiscales, reservas o inflación. Está evaluando capacidad de disciplinamiento político y social. El problema central ya no aparece únicamente como económico. Aparece como electoral.".

"El informe repite varias veces la misma idea: la incertidumbre política de 2025 ralentizó el programa. La dolarización previa a las elecciones legislativas provocó salida de reservas, tensó el mercado cambiario y obligó a endurecer las condiciones monetarias. El Fondo directamente atribuye el incumplimiento de la meta de reservas a la cobertura electoral de empresas y ahorristas antes de las elecciones de medio término. Ahí aparece el núcleo político del documento. El Fondo no describe las elecciones como parte normal del funcionamiento democrático. Las describe como un factor de inestabilidad económica. El calendario electoral aparece tratado casi como una anomalía del programa.".

"El texto es explícito. Dice que “las incertidumbres políticas antes de las elecciones presidenciales de 2027 podrían provocar salida de capitales y ralentizar o revertir el impulso reformista”. No es una interpretación. Está escrito así. La definición tiene un trasfondo delicado. Porque si las elecciones son consideradas un riesgo sistémico para el programa, entonces la propia lógica democrática empieza a ser vista como una amenaza para la estabilidad financiera. El problema deja de ser la macroeconomía. El problema pasa a ser la posibilidad de que la sociedad vote otra cosa.".

"El Fondo incluso reconoce que la continuidad del programa depende de “mantener apoyo social y político”. Otra vez: el centro ya no es económico. El verdadero interrogante es cuánto ajuste puede tolerar la sociedad argentina antes de que aparezca una reacción política que altere el rumbo. La escena remite a una vieja obsesión de los organismos financieros internacionales en América Latina. La gobernabilidad entendida no como ampliación democrática sino como capacidad de administrar el conflicto social sin alterar el programa económico. Como si las urnas fueran un ruido del sistema. Una interferencia sobre la racionalidad técnica.".

"El informe también deja ver cuáles son las próximas exigencias estructurales. Más reducción de subsidios energéticos. Reforma previsional. Reforma tributaria. Mayor flexibilización laboral. Ajuste sobre provincias. Profundización de privatizaciones y apertura comercial. El Fondo insiste especialmente sobre subsidios energéticos y gasto social. El texto señala que las autoridades están comprometidas a sostener el equilibrio fiscal mediante “nuevas reducciones de subsidios energéticos”, “mejor focalización” de transferencias sociales y contención del gasto discrecional para compensar “iniciativas de gasto del Congreso”.".

"La frase parece técnica. Pero tiene un contenido político mucho más profundo. Porque el organismo presenta las decisiones del Parlamento —es decir, de los representantes elegidos por el voto— como un problema que debe ser neutralizado para sostener el programa económico. Ahí aparece otro rasgo inquietante del documento. El Congreso es tratado como un factor perturbador del equilibrio fiscal. Las leyes votadas democráticamente son descriptas como amenazas potenciales para la sustentabilidad del acuerdo. La división de poderes queda subordinada al cumplimiento de metas financieras.".

"No hace falta exagerar para advertir los tintes problemáticos de esa lógica. El Fondo no está proponiendo cerrar el Congreso. Pero sí deja entrever una concepción donde las decisiones parlamentarias sólo son aceptables mientras no alteren el sendero pactado con el organismo. La democracia aparece condicionada por el programa financiero. El razonamiento es casi circular. Si las elecciones generan incertidumbre y el Congreso genera gasto, entonces la estabilidad dependería de limitar la capacidad de ambos para modificar el rumbo económico. Como si el programa necesitara una democracia de baja intensidad para funcionar sin sobresaltos.".

"Así como el Fondo Monetario funciona bajo la tutela política de Estados Unidos, la interna del gobierno de Javier Milei también se ordena alrededor de esa dependencia. La subordinación externa no sólo condiciona la economía, también reorganiza el poder local. Cuando las decisiones estratégicas se validan en Washington y no en Buenos Aires, la política doméstica deja de discutir un rumbo propio y se transforma en una disputa por administrar negocios, influencia, inteligencia y acceso al dispositivo presidencial. La política pierde autonomía y se achica. La tutela financiera termina filtrándose hacia adentro del gobierno como una forma de fragmentación política. La crisis interna del gobierno de Javier Milei ya no puede leerse solamente como una pelea doméstica entre Karina Milei y Santiago Caputo, una pelea que tiene dos bloques definidos. De un lado, Karina Milei, Martín Menem, Lule Menem y la estructura partidaria de La Libertad Avanza. Del otro, Santiago Caputo, el aparato digital libertario, sectores de inteligencia y buena parte de la narrativa política del gobierno.".

"En medio del estallido, Santiago Caputo viajó a Estados Unidos. El movimiento fue leído dentro del oficialismo como una forma de blindaje político en plena escalada de la pelea con el karinismo. Pero el dato más importante es otro: Caputo aparece como interlocutor privilegiado del gobierno argentino pese a ser un asesor monotributista. La interlocución no pasó por Cancillería ni por organismos formales del Estado. Pasó por Caputo. Eso muestra dónde percibe Estados Unidos el verdadero núcleo de decisión política del gobierno libertario: un entramado informal donde se mezclan inteligencia, comunicación, negocios y estrategia. Y ahí la tutela norteamericana empieza a cruzarse con la interna libertaria.".

"Nadie discute el rumbo económico porque el rumbo ya viene escrito. Nadie cuestiona el ajuste, la subordinación al Fondo o el alineamiento absoluto con Washington. La discusión pasa entonces a otro plano: quién administra negocios, licitaciones, cajas, inteligencia y acceso presidencial. Por eso la interna libertaria tiene un carácter tan extraño. No se tiran por la cabeza modelos de país. Se tiran empresarios. Javier Milei queda en el medio, pero cada vez menos como conductor y cada vez más como árbitro agotado de facciones que se destruyen entre sí.".

"Los empresarios orbitan alrededor de las distintas facciones. Estados Unidos monitorea licitaciones estratégicas, regulación económica y actores sensibles del oficialismo. El Fondo condiciona la política económica. Y el gobierno empieza a exhibir el síntoma más delicado de todos: la disolución de su propio centro político. El poder formal permanece intacto. La capacidad de decisión del gobierno no tiene oxígeno.".

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