LA FRASE

"REGLAMENTAMOS EL FAL DE LA REFORMA LABORAL PARA QUE MENOS EN PAGAR INDEMIZACIONES POR DESPIDO SE PUEDAN INVERTIR ESOS RECURSOS EN PRÁCTICAMENTE CUALQUIER COSA." (LUIS CAPUTO)

lunes, 30 de mayo de 2011

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER PROGRESISTA


Como todos sabemos, "el" tema político del momento -al menos por ahora- es saber que rumbo tomarán Hermes Binner y el Partido Socialista a la hora de definir alianzas para las elecciones de octubre; si rán o no con los radicales, si formarán parte o no de una coalición de "centroizquierda" junto a Proyecto Sur, el GEN y Luis Juez.

Todas las discusiones parecen -sólo parecen- versar sobre quienes cumplen o no el requisito básico para agradar al paladar socialista, y por ende para ser benedecidos con una alianza con el partido de la rosa: ser "progresista".

Claro que una cosa es decirlo para los títulos de los diarios, y los zócales de la tele, y otra es precisar que cornos significa justamente eso: ser "progresista", porque todos los que discuten si se juntan o no para las elecciones de octubre (desde Ricardo Alfonsín a Pino Solanas, pasando por Margarita Stolbizer, Luis Juez y el propio Binner) dicen que cumplen con el requisito; se consideran "progresistas".

Este fin de semana se reunión la comisión de acción política del socialismo, y produjo un muy institucional y republicano voleo en el orto al presidente del Partido, Rubén Giustiniani, marginándolo de las discusiones con un argumento muy progresista: perdió las elecciones internas en Santa Fe, quedando detrás de Bonfatti y Barletta, y desafió el liderazgo de Binner. Eso sí: el patadón se lo dieron con diálogo y consenso, como manda el cánon progresista.

Y el cónclave socialista produjo este documento, en el que tratan de explicar que es "ser progresista", y por que razón no aceptan el acuerdo de la UCR con De Narváez en la provincia de Buenos Aires. Ojo: esto último es una inferencia nuestra, porque al radicalismo se lo menciona pero al narcolombiano no, no sea cosa que a último momento cambie la bocha y sea bienvenido al progresismo.

Y la verdad es que, si uno lee el documento, no termina de entender el por qué del veto a De Narváez: los enunciados son tan generales, las metas son tan etéreas y voluntaristas; que pocos (o casi nadie) podría dejar de coincidir con lo que allí se plantea.

Refiriéndose a la alianza electoral en discusión, dice el documento en una parte: "Esa construcción debe basarse en un Programa, que permita sostener diálogos y conseguir consensos, que apunte a la transformación del Estado, a fortalecer las relaciones entre el Estado y la sociedad, sin olvidar que nuestro principal objetivo es contribuir a mejorar la vida de las personas."

Podría perfectamente aplicarse a la propaganda de algún culto evangelista de las que se ven a la noche por televisión, o en todo caso recuerda al socialismo de Juan B. Justo, Alicia Moreau y Alfredo Palacios, con sus cursos para dejar de fumar y abandonar el alcoholismo.

Si bien nadie pretende que en dos carillas se defina un programa de gobierno, si se puede exigir al menos un esbozo de cuadro de situación, desde el que una fuerza política (en este caso el socialismo) se planta ante la realidad.

Tras ocho años de kirchnerismo, el documento habla de "oposición al liberalismo conservador", horas después de que el propio Binner participara activamente del congreso de CRA en Rosario; y el demonio liberal no se corporiza: no existe la más minima mención a los dueños del poder real en la Argentina, ni a ninguno de los temas que se vienen discutiendo todos estos años, y por estos días.

La tónica del documento -que pretende dar un tinte épico a la gris gestión provincial del socialismo en Santa Fe- no da cuenta de la puja por la redistribución del ingreso, ni de la discusión por el modelo de desarrollo nacional, y cuando enfoca la cuestión del Estado lo hace desde el ángulo con que lo verían ong's como el CIPPEC o Poder Ciudadano, y no una organización política que aspira a conducirlo por decisión del voto popular.

Obviando además que a ese mismo Estado hoy se lo resiste y se lo combate no por sus opacidades, sino por su pretensión de arbitrar en el conflicto social, o ingerir en el proceso económico, o discutir el poder real y develar sus entretelones.

Conflicto: he allí la gran palabra ausente en el documento, en el que pareciera que los bellos propósitos que se plantean son asequibles sólo con eso: con proponérselo. No habrá resistencias, ni enfrentamientos, ni voluntades que doblegar.

El conflicto por la resolución 125, la puja por aplicar la ley de medios o la pelea por colocar directores estatales en las empresas de grupo Techint parecen suceder en una realidad paralela a la que describe el socialismo.

Curiosa manera de plantear la construcción de una alternativa política, donde no hay adversarios, ni hablar de enemigos: el progresista es un alma bella que logrará todo lo que se proponga con diálogo, consenso y sentado a una mesa, aunque se discuta por ejemplo la participación de los tabajadores en las ganancias de las empresas, y del otro lado estén los popes de la AEA.

Parece entonces que ser progresista consiste justamente en eso: pasar por la politica con la insoportable levedad de un ser que se desliza en el plano de la perfecta construcción teórica, de la perpetua corrección política, sin aventurarse nunca por los ripios de la política real, con el deliberado propósito de -finalmente- no transformar nunca nada, ni sumarse a la lucha de los que sí quieren hacerlo.

En todo caso, una forma sutil y elegante de marginarse del conflicto político: el contenido general del documento es coherente con el estruendoso silencio del socialismo en los pleitos en danza que enfrentan al kirchnerismo con el poder real, aun por iniciativas políticas que sus legisladores apoyaron en el Congreso; como la ley de medios o la estatización de las AFJP.

Lo que no se entiende es -con esos términos- porque se fijan límites para excluir a algunos de la alianza en ciernes, a menos que las razones sean mucho más prosaicas, y por ende, menos fáciles de explicar en público.

CAMINO A LA ETERNIDAD


Leemos en El Litoral un nuevo anuncio (y van) sobre la probable habilitación de la obra de la avenida de Circunvalación Oeste de Santa Fe para el tránsito pesado en horario diurno, para descompromir el tránsito en la avenida Blas Parera y disminuir el número de accidentes de tránsito con víctimas fatales; de las que da cuenta la misma nota.


Además de utilizar el potencial "podría", el funcionario de Vialidad Provincial entrevistado "se mostró cauto a la hora de establecer plazos" para que la obra quede habilitada.

Y no es para menos:

No es la primera vez que desde el gobierno provincial se promete su finalización: en enero de este año el ministro Storero dijo que estaría habilitada para marzo.

Y no crean que fue el primero: antes, en agosto del 2010, el entonces Director de Vialidad Provincial, el "polémico" Jorge Placenzotti (¿se lo imaginan como funcionario de un gobierno peronista, como lo hubieran tratado los medios?), estimó que la obra estaría finalizada...para diciembre del año pasado.




¿Quién fue?, ¡ah, sí, ya nos acordamos: Binner y Storero!

¿Será la Circunvalación Oeste un camino a la eternidad, o estarán esperando que la cifra de muertos por accidentes de tránsito en Blas Parera llegue a los dos dígitos?

QUE VUELVA JOE


La tribuna de doctrina de hoy trae este artículo, en el que el diario fundado por Mitre expresa su preocupación por las medidas adoptadas por el gobierno nacional para restringir las importaciones, en defensa del superávit comercial y de la industria nacional.

No es de extrañar que asuma tal postura el diario fundado por quien no vaciló en emprender una guerra fratricida contra el Paraguay simplemente para favorecer los intereses del imperialismo británico, y arengaba a los soldados que marchaban al combate diciendo: “Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá ver el comercio ver inscriptas en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor gloria y felicidad de los hombres”.

El artículo es un largo repertorio de zonceras neoliberales en las que ya casi nadie cree, ni siquiera en los países centrales, que no vacilan en aplicar medidas restrictivas del comercio exterior para defender sus economías, con o sin crisis financiera. Tampoco dice la nota que las importaciones hacia nuestro país aumentan como consecuencia, justamente, de esas medidas.

Mucho menos dice que esas medidas -adoptadas por el gobierno nacional apenas estalló la crisis internacional- permitieron salvar empresas y puestos de trabajo argentinos, y contribuyeron a que en la Argentina la crisis prácticamente no impactara, mientras en Europa se llevaba puestos bancos, empresas, millones de empleos y gobiernos.

Oculta deliberadamente que, no obstante el aumento de las importaciones, la Argentina mantiene por octavo año consecutivo un considerable superávit comercial, que le posibilita contar con divisas genuinas que engrosan las reservas del Banco Central, le permiten mantener un tipo de cambio competitivo y superar lo que fue una histórica restricción de nuestra economía. 

Al exhibir un pretendido fracaso de las políticas restrictivas aplicadas por el gobierno -y al emparentar a la argentina con la Federación Rusa, como si ésta estuviese todavía gobernada por el comunismo-, La Nación está abogando implícitamente por un giro copernicano de la política económica; volviendo a los parámetros del liberalismo que cree que la mano invisible del mercado resolverá por sí misma, y sin interferencia del Estado, todos los problemas de la estructura económica.

Sin ir más lejos, las ideas que aplicó a partir del 2 de abril de 1976 José Alfredo Martínez de Hoz, con los resultados por todos conocidos: quiebre del aparato productivo, cierre de fuentes de trabajo, desempleo y depresión salarial, resultados que todavía hoy no se han terminado de revertir, sobre todo considerando que en los 90' fueron replicadas por Menem y Cavallo.

No es de extrañar esta postura por parte del diario que publicó la solicitada de los hijos del ex súper ministro de Videla, cuando fue detenido por delitos de lesa humanidad.

Porque tampoco hay que olvidar que, para que en la Argentina se pudieran aplicar las políticas que La Nación propugna -así como en el siglo XIX fue necesaria la guerra del Paraguay-, en el siglo XX fueron necesarias dictaduras, cada una más sangrienta que la anterior. Aunque a Vargas Llosa no le conste

Por eso hay que leer entrelíneas: no están pidiendo que se vaya Moreno (aunque lo desean), sino que vuelva Joe, que vuelva de Marcos Paz y que vuelvan sus políticas.

Claro que lo otro que no dicen, es que para eso también tendría que volver Videla.

Pero queda mal decirlo, cuando uno se embandera todo el día en defensa de la república y las instituciones. 

LA PESADILLA DEL TECHO PROPIO


Conseguir concretar el sueño de la vivienda propia es algo difícil para muchos argentinos, en especial de los sectores populares.

Y no te digo nada si la casa que estás esperando, la construye el gobierno del Frente Progresista.

PD: Binner nació en Rafaela, pero se ve que de chico no lo trataron muy bien.

domingo, 29 de mayo de 2011

QUE SE DOBLE PERO NO SE ROMPA



Por Raúl Degrossi

Y así como nadie que se precie de algo en la blogósfera y aledaños puede escapar a la tentación de decir algo sobre el paso de Beatriz Sarlo por "6 7 8", yo -que no me precio de nada- tampoco puedo escapar a la tentación de decir algo sobre el culebrón radical socialista; menos viviendo en la provincia que gobierna Hermes, el niño mimado del momento.

Ahora que volvió Carrió con todo con sus profecías, como señala acá Barricada, es muy difícil resistir otra tentación: la de señalar "ojo, yo se los dije", como cuando decía por acá lo siguiente:  "Pero antes de iniciarse las elecciones, ya arrojaron un resultado: el gran perdedor ha sido el radicalismo, que aspiraba a imponer el candidato del Frente blandiendo la idea de su “recuperación” a partir de la muerte de Alfonsín, pero tuvo que resignarse una vez más -como en el 2007- a ser un simple furgón de cola del socialismo, y especialmente de Binner, el gran elector."

Y desde que se abrieron las urnas el domingo pasado, que los boinas blancas no paran de soportar desaires de Hermes que les corre permanentemente la cancha: les veta el acuerdo con De Narváez, saca a relucir sus aspiraciones presidenciales, les moja la oreja yendo a Córdoba a apoyar a Juez y ahora amenaza con quedarse en casa y no jugar para nada en las elecciones de octubre, o de última presentarse como candidato a diputado.

Y es que además de las razones que pueda tener Binner para darles largas, los radicales negocian desde una posición de debilidad: su obstinación en mantener el acuerdo con De Narváez en la provincia de Buenos Aires es la confesión palpable de que, en la principal provincia del país y que concentra al 38 % del electorado, no tienen un candidato a gobernador propio medianamente presentable. 

También decía yo el día antes de las internas santafesinas: "Las amenazas de dirigentes radicales (de afuera de la provincia) a Binner de restarle el apoyo en las elecciones generales de julio si no sella su alianza con Alfonsín son bastante cómicas: los primeros en no creerlas son los radicales santafesinos, el segundo es Binner, que los conoce muy bien."

Y las sospechas del gobernador se confirmaron: la vicegobernadora elegida a dedo por Binner en el 2007 y candidata radical más votada el 22 (Griselda Tessio) sostuvo claramente que cree que el Frente Progresista se mantendrá aunque no haya acuerdo nacional; con lo cual demostró que le falta cancha para estas cosas: deja a su partido sin su principal carta de presión ante el socialismo, y a Barletta pedaleando en el aire con sus amenazas.

La elección general santafesina del 24 de julio -con el cierre de listas nacionales un mes antes- pondrá a prueba cual de las dos fuerzas mayoritarias del Frente Progresista se pegó la mayor cantidad de tiros en el dedo del pie al aprobar la boleta única: si los radicales al desperdiciar su desarrollo territorial en toda la provincia para empujar la candidatura de Barletta, o los socialistas al dejarlo a Bonfatti encabezando la fórmula a gobernador, pero rodeado de una amplia mayoría de senadores y diputados radicales en las listas del Frente Progresista.

De todos modos, que Binner se alce como presidenciable -y desafiando a la UCR- es una muestra más del descalabro opositor en general, y del radicalismo en particular: planteó en las internas santafesinas el apoyo a Bonfatti como la única garantía de conitnuidad de su proyecto, confrontando abiertamente con los radicales dentro del Frente, y con Giustiniani en su propio partido.

Y ganó, sí; pero recolectando el 16,58 % de los votos emitidos del padrón general, cuando el propio Binner en el 2007 obtuvo el 48 % (864.000 votos, contra los 292.486 de Bonfatti). Exactamente un tercio del capital político original, menos de la mitad si se lo compara con las anteriores internas abiertas para gobernador. 

Las deserciones de Cobos y Sanz dentro de la UCR, junto con la de Macri y la implosión del peronismo federal dejaron de golpe a Ricardito Alfonsín en la cancha como principal candidato opositor, pero obligado a dar un giro al pragmatismo y rendirse ante la evidencia: aunque biológicamente sea el hijo de la democracia, en el centenario partido es el heredero de Balbín.

El sueño socialdemócrata de su padre ha muerto (en general en el mundo anda a los estertores, aplicando políticas neoliberales, invadiendo países a mano armada y apaleando multitudes descontentas), dentro de una estructura copada -desde el gobierno de De La Rúa por lo menos- por los sectores conservadores que lo piensan como el partido del orden, encargado de garantizar los intereses del poder económico dominante en la Argentina. Eso sí: Aguad, Morales,. Sanz y Cobos tienen la delicadeza de dejarlo usar fraseología progresista, así como sus hermanos le permiten usar los trajes del viejo. 

En ese contexto, resulta realista que haya invertido el axioma de Alem y trate de conducir un radicalismo que se doble todo lo que haga falta (incluso al extremo de acordar con De Narváez, Macri o el peronismo federal), con tal que no se rompa y llegue más o menos armado a octubre, con sueño de balotage.

Y ese mismo pragmatismo se lo exige a Binner, que le responde -en público- con la cuestión de los límites y el programa, porque hasta esa astucia tuvo: la de hacerles creer a muchos que sus razones para no sumarse a la fórmula radical son ideológicas, de convicciones o de principios; y que no tienen nada que ver con los resultados de la rosca, y la búsqueda de la mejor combinación electoral posible para lograr salvar las escasa bancas legislativas del socialismo en el Congreso.

Porque no hay que olvidar que el socialismo renueva este año 5 de sus 6 bancas en Diputados (las obtuvo en la elección de Giustiniani acompañando a Carrió en el 2007, y orillando el 23 % de los votos, algo absolutamente impensable hoy), todas concentradas en Santa Fe, Capital Federal, Buenos Aires y Entre Ríos; lo que deja en claro otro elemento de análisis: el culebrón de Hermes y Ricardito sólo tiene televidentes en la pampa húmeda, en el resto del país no hay socialistas, ni radicales con veleidades progresistas.  

Eso implica que la discusión de fondo va más allá de determinar si una u otra fórmula (la de Binner como vice de Alfonsín, o como candidato a presidente de un armado de "centroizquierda") son candidaturas testimoniales o tienen posibilidades de ganar: Binner, los socialistas y la mayoría de los radicales -sobre todo los candidatos a cargos legislativos- creen en su fuero íntimo sólo en la primera premisa. La única diferencia es que los correligionarios no se animan a decírselo a Ricardito: alguien a quien llaman por un diminutivo a los 60 años, debe necesariamente tener baja la autoestima, y los candidatos a presidente no les están sobrando últimamente.

En ambos casos Binner tendría la posibilidad de colgar cargos a diputados del socialismo  en la boleta presidencial, la discusión y el poroteo previo pasa por determinar en cual serán más, y por allí estará la decisión. Que esa idea sea diametralmente opuesta al concepto que presidió la imposición de la boleta única en Santa Fe, es un detalle menor que los lúcidos analistas de la correción política -como Rosendo Fraga o Beatriz Sarlo- que elogiaron nuestro nuevo sistema electoral no pueden o no quieren ver.

Probablemente en el segundo caso (candidato a presidente de un rejuntado con Juez, De Genaro, Stolbizer y Proyecto Sur), la derrota en octubre los deje en la posición comodísima (para los otros, no necesariamente para Binner): licenciatarios exclusivos por cuatro años de la franquicia progresista, 100 % legítima y con garantía de fábrica (y unos cuantos contratos y chapas en el Congreso, de paso).  

Hablábamos antes de la escasa consistencia de las amenazas radicales de quitarle el cuerpo a la candidatura de Bonfatti para las elecciones provinciales de julio, si Binner no se sumaba al armado de Alfonsín. Además de ese cálculo, el socialismo y Binner le apuntan al voto antiperonista tradicional (incluyendo obviamente el de los propios votantes radicales y el de los electores de Reutemann), a los votos anti K de Miguel Del Sel, y la no desdeñable porción de voto radical "orgánico" con el que ya cuentan (el vice de Bonfatti es, de hecho, un radical), y el que podrán adquirir de aquí a julio, chequera mediante.

Cuando Binner les dice a los radicales que hay que repetir la estrategia de conformación del Frente Progresista en Santa Fe, los boinas blancas traducen: fórmula armada a dedo por él (como con Tessio), ninguna consulta entre partidos sobre las decisiones más importantes del gobierno (como los proyectos de reforma tributaria o el Plan Estratégico), mínima participación en el reparto de cargos en el gobierno (un ministro de 12, y para colmo Storero).

Del mismo modo, cuando les dice que hay que evitar repetir el fracaso de la Alianza, no deberían traducir: "rosca con De Narváez: meter a Cavallo en el gobierno", sino "no nos queremos volver a quemar acompañando como candidato a presidente a un radical inútil, y encima para perder con Cristina".  

Y es que en la propia estrategia radical (con el acuerdo con De Narváez) está su mayor debilidad para empujar al socialismo a una definición: ¿quién va a creer que el partido que -como se dijo- se viene comportando invirtiendo el célebre axioma de Leandro Alem, va a convocar en las elecciones de gobernador a una especie de "abstención revolucionaria" si finalmente Binner y el socialismo no les dan el sí al acuerdo nacional?  

Claro que las movidas de Hermes han venido dando frutos hasta aquí pero, como decía Tu Sam, "puede fallar", y un mínimo error de cálculo los puede llevar a tirar por la borda más de 20 años de trabajo para llegar a gobernar la provincia, y volver al punto de partida: encerrarse en el feudo rosarino, y para peor, sin tener la plata para terminar el Puerto de la Música (si es que algún día lo empiezan) o para solventar los hospitales municipales.

Lo cual para su visión de las cosas, sería tremendo. 

¡QUÉ CUADRO CRISTINA!


Y el de atrás, ni te digo.

EL KARMA DEL 25


Por Luis Bruschtein

Los 25 de Mayo tienen para la Argentina un karma particular. Cuando Néstor Kirchner asumió el 25 de Mayo de 2003, recordó el 25 de Mayo de 1973, treinta años atrás, cuando Héctor Cámpora tomó posesión respaldado por una multitudinaria concentración de la JotaPe, de la que él mismo formaba parte. Cristina Kirchner volvió a recordarlo este miércoles 25 de Mayo en Resistencia, ocho años después.
  
“Cuando escuché el discurso de Néstor ese día, supe que iba a tener un costo muy alto”, recordó la Presidenta. Y señaló otro 25 de Mayo, el del Bicentenario, cuando Néstor Kirchner, poco antes de morir, tuvo la certeza de que su proyecto había echado raíz.

Se podrá estar de acuerdo o no, pero después de tantos años de hegemonía neoliberal, aquel discurso rompía los esquemas. Por eso, la mayoría no le creyó. Era otro político más con un discurso de circunstancia. Hubo quien tomó algunas de sus resonancias, sobre derechos humanos o sobre referencias históricas, pero la mayoría no valoró el contenido global que proponía.

El esfuerzo principal de Kirchner en todos esos años fue para gobernar, pero además para ganar credibilidad. Su discurso, al igual que el de los demás políticos, no era creíble. Resultará casi imposible explicar ese fenómeno en el futuro: un presidente luchando para ganar una credibilidad que le era esquiva aun cuando se lanzaba tras metas y ganaba batallas que en treinta años sólo habían existido en la categoría de consigna o expresión de deseos, como la conformación de una Suprema Corte idónea e independiente, como la anulación de las leyes de impunidad y la realización de los juicios contra los represores, como la quita más importante en la historia de la deuda externa del mundo o acabar con el ALCA de George Bush, entre otras.

Esas metas formaban parte de la tradición política del centroizquierda, de una parte del peronismo y de una parte del radicalismo. Nunca se habían podido concretar, pero cuando se pudo, en vez de reconocerlo, una parte de ese espectro siguió negándolo con más fuerza. Incluso algunos prefirieron unirse a sus enemigos, a los que habían generado esa deuda, los que habían aprobado las leyes de impunidad, los que habían manipulado a la Corte.

Se crearon varios relatos desde esa especie de negacionismo. El más elemental niega la realidad contra viento y marea. Nada de eso ocurrió, es todo una mentira. Más de un intelectual de paseo por TN suele intentar ese relato religioso donde se trata de creer o no creer.

El otro relato es más sofisticado. Personifica a un Kirchner político tradicional, amoral, sin principios ni ética ni ideología. Un hombre solamente motivado por el poder y que, sólo movido por esa combustión, realiza uno de los gobiernos más progresistas, o por lo menos, el que concreta gran parte de la agenda progresista que los supuestos progresistas que hacen ese relato nunca lograron. Desde ese lugar tan irregular, donde el que nunca logró concretar juzga a quien sí lo hizo, se puede calificar a Kirchner de calculador, que lo fue; de audaz, que por suerte también lo fue; pero no de progresista, que en realidad fue de lo que más hizo en su gobierno. Es decir, fue audaz y calculador, como señala el título del último libro de Beatriz Sarlo, pero para tomar las medidas que tomó, no para tirarse en parapente o correr en Fórmula 1.

Hay cierto regodeo en tratar de ponerse en ese lugar de juez y calificador del progresismo. Por citar a Ortega y Gasset: un hombre es él y sus circunstancias. En otras circunstancias, el Che podría haber sido un joven aventurero y después un médico de pueblo y hombre de familia.

A Kirchner le tocó vivir un momento histórico dramático en un lugar de responsabilidad inesperado y lo asumió cabalmente. Podría haber sido un desastre. Eran más las posibilidades de que así hubiera sido si se quedaba inmóvil, si se dejaba presionar, si hubiera sido incapaz o indolente o débil como muchos de los presidentes y aspirantes anteriores. Como ser humano tiene más mérito ese compromiso con el momento histórico y su realización, que una vida de pensar en cosas buenas.

Pero además ese relato no cierra. Es probable que antes de asumir, Kirchner no pensara en hacer todo lo que hizo. Venía del pragmatismo de una gestión provincial que había atravesado la década menemista. Es probable que en ese momento hubiera resignado muchas cosas que después hizo. Pero si Kirchner hubiera sido un malandra amoral como lo pintan, no hubiera elegido ese camino que para él tenía más costos que ganancias, como quedó finalmente demostrado. Y en ese caso, el mérito de haber podido comprender el reclamo de ese momento histórico sería aún mayor.

Los escritores vuelven una y otra vez a ese punto. Al momento en la vida de una persona que hasta allí no había sobresalido o había sido un campeón de lo cotidiano. Y de repente esa vida llega a una encrucijada donde todo está puesto en juego, el punto de decisión que iluminará todo lo demás. Puede ser que en ese punto los grandes personajes, los que vienen con discursos de comerse leones crudos o los grandes promeseros, se quiebren por temor o por corrupción. Y puede ser también que el personaje del que no lo esperábamos, el que venía con perfil bajo sin grandes discursos, se agrande y asuma todo el peso de esa encrucijada. Es el momento de definición. Ese 25 de Mayo de 2003 fue el gran momento de decisión de Néstor Kirchner, su encrucijada. Podría haber negociado con el poder sistémico para conseguir gobernabilidad, pero prefirió confrontarlo. Solamente haciendo ficción se puede saber lo que pensaba en ese momento o en el día anterior a su muerte o en todo ese agitado periplo. Lo que se puede saber son los resultados.

Y los resultados no condicen con la imagen del malandra. En Argentina hay muchas más experiencias de presidentes que se quebraron al asumir o durante la gestión. Son pocas las experiencias contrarias como la de Kirchner. Y aunque Raúl Alfonsín tiene mucho para rescatar, porque le tocó también, al igual que a Kirchner, un momento muy difícil, su experiencia fue muy frustrante para una generación que le puso todo el corazón al salir de la dictadura. Es probable que esa frustración provenga de la inmadurez, de la imposibilidad de reconocer las circunstancias contra las que debió lidiar el jefe radical, o de desconocer los recovecos sinuosos de la política, pero esa frustración fue muy fuerte. El mismo Kirchner pudo entender el drama de aquel Alfonsín y siempre lo diferenció claramente de sus otros antecesores.

Ese sector del progresismo furiosamente antikirchnerista busca interminables explicaciones para las capitulaciones de Alfonsín en acciones tan importantes que él había impulsado, como el Juicio a las Juntas. Pero es incapaz de reconocerle nada al gobierno de Néstor Kirchner, al que juzga con una rabia ciega.

Hay una construcción del personaje de Kirchner sobre la cual se justifica la negación de sus acciones. Si es un tipo malandra, movido por la ambición de poder y de dinero, ninguna de sus acciones puede ser buena. ¿Qué pasa si las acciones son buenas? ¿Entonces el hombre sería bueno? Las dos afirmaciones constituyen una estupidez, no hay un vínculo causal, solamente pueden servir como aproximación. Difícilmente un malandra opte por pelearse con la Iglesia, con Clarín, con el FMI y con Bush y es más probable que un tipo de buena entraña impulse los juicios a los represores o la conformación de una Corte independiente y de alto nivel. Son aproximaciones, porque en la realidad se pueden dar todas las combinaciones.

Si se justifican esas capitulaciones de Alfonsín al promediar su gobierno por el momento tan drástico y las fuertes presiones que lo ponían en un lugar de tanta debilidad, ¿por qué se critican las políticas del kirchnerismo, con sus alianzas y sus ofensivas para no capitular? ¿Es más honroso capitular y que no haya juicios? ¿O dar pelea con todas las herramientas de la política en democracia para que esos juicios se hagan? El que opte por lo primero, que se lo vaya a explicar a los familiares de los desaparecidos.

Muchos de los que critican así al gobierno de Kirchner, lo comparan con el gobierno de Lula, que en un país más complejo, con problemáticas muy diferentes, fue bastante menos “progresista” en sus medidas. Pero además, la gran prensa hizo denuncias de corrupción contra su gobierno que empalidecen a cualquiera de las que se hayan hecho aquí, la mayoría de las cuales están sin resolución en la Justicia. Y la mayoría de sus aliados, como los veteranos caudillos provinciales del PMDB, hacen que los vilipendiados gobernadores e intendentes argentinos del PJ parezcan nenes de pecho. En política se gana y se pierde, nada es lineal ni matemático. Para hacer lo que hizo, Lula hizo esas alianzas y recibió esas denuncias como parte de la campaña para contrarrestarlo.

Algunos intelectuales tienden a simpatizar con políticos testimoniales o “chamánicos” porque se parecen más a los intelectuales. Ellos priorizan la consigna frente a la acción. La acción sola es peligrosa también, pero la acción es la que transforma la realidad. El intelectual puede darle contenido a la acción, pero no es acción, a no ser que se transforme en político o militante. La política es real y trata de combinar la abstracción y la pureza del pensamiento con la impureza del conflicto concreto.