LA FRASE

"¿A QUIÉN SE LE OCURRE ORGANIZAR UN ACTO EN EL CONURBANO UN MIÉRCOLES CUANDO TENEMOS A TODAS LAS FUERZAS CONCENTRADAS EN EL CONGRESO PARA REPRIMIR A LOS JUBILADOS?" (PATRICIA BULLRICH)

viernes, 26 de marzo de 2021

TWEETS POLÉMICOS

 

NO ES COMO ACÁ

 

Hace mucho tiempo ya en su célebre "Manual de Zonceras Argentinas" Arturo Jauretche les dedicaba un apartado a lo que denominó "zonceras de autodenigración": una tara cultural de determinados sectores que viven su nacionalidad como un exilio forzado en un país que detestan; y del cual se irían apenas pudieran.

La autodenigración juega siempre en modo de comparación, negativa para el país, sus costumbres, sus habitantes: siempre lo que hacen afuera es mejor, y nosotros somos una verdadera porquería, por más esfuerzos que hagamos para mejorar. Estamos irremediablemente condenados al fracaso, en esa visión.

Con la pandemia, la autodenigración nacional alcanzó niveles de ridículo: frente a un fenómeno imprevisto e impensado que azota a todo el mundo desde hace más de un año, ante el cual los gobiernos ensayan distintas respuestas y vuelven sobre sus pasos, nos quieren hacer creer que la Argentina es el peor país del mundo por como enfrenta la emergencia, aunque las cifras digan otra cosa.

Si compramos vacunas, son veneno, y si luego se comprueba que funcionan (porque lo dice una publicación científica extranjera), llegan pocas, o el flete es muy caro. Si cerramos actividades para restringir circulación, estamos ante una "infectadura" y hacen marchas de protesta; y si se habilitan, es a tontas y a locas y sin tomar los debidos cuidados.

Los "países ejemplos" van cambiando tan rápido, que a menudo olvidan hoy el que propusieron a esos fines ayer: Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, Finlandia o el Congo Belga, para el caso son lo mismo: el punto es dejar sentada nuestra absoluta, perpetua e ilevantable inutilidad. Ahora, por ejemplo, Alemania y Angel Merkel seguramente volverán al tope de las preferencias porque el gobierno dio marcha atrás en una cuarentena estricta ante la suba de contagios, a poco de haberla anunciado.

Y es en vano tratar de hacerles entender que estamos tomando medidas que se toman en todo el mundo, frente a un fenómeno que es mundial; o que la emergencia impone ciertas restricciones a la vida norma, o que las vacunas son escasas y hay una disputa global por obtenerlas.

Pero el problema de los "zonzos" autodenigratorios, es cuando terminan marcando la tónica de las decisiones del gobierno, cuya responsabilidad es velar por los intereses del conjunto. Un ejemplo claro es el retorno de las clases presenciales -medida en la que otros países más desarrollados que nosotros ya han retrocedido-, que fue empujada por el gobierno porteño contra toda lógica epidemiológica, basados en ejemplos de países extranjeros que ya las han cancelado, porque hacen crecer los contagios.

Y lo mismo ocurre hoy, con los viajes al exterior, y los viajeros que deben regresar al país, provinientes de países en colapso sanitario como Brasil. Si se sigue la evolución del tema por los voceros oficiosos del gobierno (como Ámbito e Infobraden), se ve como el gobierno sigue el mismo derrotero de progresivas reculadas al cual -lamentablemente- nos tiene acostumbrados.

Se anuncian medidas inminentes, que se van desdibujando con el paso de los días: que cuarentena obligatoria en hoteles de Ezeiza a su cargo, hasta hisopados y "recomendaciones" de que hagan cuarentena, o "desalentar" los viajes al exterior por turismo, en lugar de lisa y llanamente prohibirlos como aconsejan las circunstancias. Lo mismo para cerrar las fronteras, o cancelar los vuelos al exterior.

Un año después, seguimos rindiendo pleitesía a la anomia social del mismo sector que trajo el virus al país, viajando al exterior, sin cuidados, cuando no era imprescindible. Y lo volvieron a hacer, con la pandemia ya instalada, y produciendo cifras escalofriantes de contagios y muertes en algunos países de destino, de modo que nadie puede aducir que le sobrevino un imprevisto, con el viaje ya contratado.

El afán obsesivo -ya enfermizo- por no malquistarse con sectores que jamás nos votaron ni nos votaron, además de ser una táctica política y electoral equivocada, pone en riesgo los logros que se puedan haber alcanzado en el manejo de la crisis sanitaria. Acaso si se comprendiera que se trata simplemente de una tara cultural y debe ser tratada como tal, nos ahorraríamos muchos problemas.

PD: con protocolos aprobados por Lammens para "viajes de egresados al exterior" no los vamos a evitar, eh.

jueves, 25 de marzo de 2021

TWEETS POLÉMICOS

 

NEGACIONISTAS

 


Ayer nomás, a propósito del Día de la Memoria, decíamos acá: "Pero también este día nos encuentra comprobando, amargamente, que ciertas certezas no eran tan sólidas ni extendidas como pensábamos, y que muchas imposturas hijas de la corrección política -o los climas de época, irresistibles- dan paso a las pulsiones profundas por reivindicar aquel horror, en clave presente.

Porque hoy, a 45 años de aquel día trágico que fue apenas el primero de muchos días trágicos, sentimos -como una premonición indefinible, pero no por ello menos real- que convivimos a diario con quienes si pudieran, volverían a hacer exactamente lo mismo que entonces."

"Seguramente -en ésta era de ficciones consentidas en las redes sociales- veremos repudios de ocasión a lo sucedido hace 45 años, que se dejarán de lado mañana, para volver a la "total normalidad" que una vez fue tapa. Porque el "videlismo" preexistió a Videla -de hecho lo creó y lo puso a jugar su rol de asaltante de las instituciones elegidas del voto popular-, y lo sobrevive; como que expresa el pensamiento y los deseos profundos de buena parte de la sociedad argentina.".

El repaso de los medios y las redes sociales ayer confirmó las presunciones, y acaso las haya superado: el silencio del poder económico (los grandes empresarios, sus sellos emblemáticos, esos que viven planteando pliegos de exigencias al poder democrático) fue estruendoso, y revelador.

No hubo -como no la hay nunca- la más mínima mención a la fecha, y su significado. La estruendosa omisión de la fecha en la tapa de La Nación se hermana en el tiempo con el "Total normalidad" de Clarín de aquel 24 de marzo de hace 45 años, unidos por el hilo visible de Papel Prensa, el obsequio con el que la dictadura correspondió su complicidad. 

Como no hubo nunca en éstos años algo parecido al arrepentimiento, la autocrítica o la toma de distancia de aquel horror, por parte del poder real: es como si -simplemente- no hubiera ocurrido, o ellos no tuvieran nada que ver. 

Que es justamente lo hasta acá viene decidiendo -por omisión ý encubrimiento cómplice- la justicia argentina, al dejar dormir los juicios que ventilan las responsabilidades de los autores e instigadores civiles de la matanza. Los mismos que, cuando delinean un programa económico y reclaman medidas al gobierno de turno, repiten casi calcados los anuncios de Martínez de Hoz aquel 2 de abril de 1976; porque de hecho fue "su" programa; el que expresaba y aun hoy expresa sus intereses..

Y después están los negacionistas asumidos, que no tienen empacho en negar o minimizar en público la tragedia, o peor aun, justificarla. Porque para gente como Gómez Centurión -por ejemplo- la discusión por los desaparecidos nunca fue matemática: prestemos atención a la remera del tuit de apertura, en lo más macabro: "No fueron inocentes".

Allí está, brutalmente expuesto para el que lo quiera ver, el "en algo habrán andado", "ellos se lo buscaron", "fue una guerra y en toda guerra hay bajas", "si vos no andabas en nada raro no te pasaba nada". Allí está la justificación de lo injustificable: las violaciones, las torturas, las apropiaciones de niños, los vuelos de la muerte, las desapariciones, los fusilamientos.

Y la justificación (que es el corazón conceptual del negacionismo) no pretende solo impunidad por el pasado: está advirtiendo que volver a perpetrar el genocidio, es un futuro posible. Porque las fronteras entre los "subversivos" del orden establecido y sus defensores sigue, en sus mentes tenebrosas, tan difusa como en los años de plomo.

No hay que caer en el error de confundir a los negacionistas con la pobre perfomance electoral de tipos como Gómez Centurión: si a él lo votó apenas un 1 % no es porque niega las desapariciones, o cuestiona su número, sino porque nunca tuvo chances reales de acceder al poder. Porque a Macri, que piensa lo mismo que él pero podía ganar una elección, lo votó el 40 %, después de su desastroso gobierno. Entre otras cosas, porque piensa igual que Gómez Centurión sobre lo que ocurrió en la dictadura.  

Los argentinos nos debemos una discusión sobre como tratar al negacionismo y los negacionistas, si queremos de una buena vez sentar las bases sólidas de una democracia duradera, en la que nadie se sienta tentado de conseguir por otros métodos lo que le niegan las urnas, o que suponga que exterminar a los adversarios es un recurso político legítimo, al que se puede apelar llegado el caso.

Como reza la paradoja de Popper, acaso tengamos que ser intolerantes con la intolerancia, y como hizo Alemania después del nazismo, los campos de exterminio y los juicios de Núremberg, los que nieguen el genocidio argentino o intenten justificarlo, deban pagarlo con la cárcel. Como para que aprendan que hay cosas con las que no se juega.  

Tuits relacionados: 

miércoles, 24 de marzo de 2021

TWEETS POLÉMICOS

 

LA CRÍA DE VIDELA

 


Todos los 24 de marzo son días para la evocación del pasado, y para la reflexión del presente, y ambos aspectos están en íntima y permanente relación. A veces, el pasado explica el presente, o nos ayuda a transitarlo con un norte, una referencia, una idea. De país, de sociedad, de la política, de nosotros mismos. Es una de las formas -posibles- de sentir que tanto dolor no fue en vano, que sirvió para marcar un camino.

A veces -menos frecuentes, pero las hemos tenido- el presente reconforta, y se vive como una compensación por tanto dolor pasado. Sobre todo cuando ese presente arroja memoria y verdad, y realiza la justicia, en sus múltiples dimensiones. Comenzando, claro, por la que les debemos a los que no están.

Este 24, como el anterior, nos encuentra en pandemia. Sin poder ganar la calle para encontrarnos y abrazarnos en multitud, para fortalecernos mutuamente; en una coyuntura crítica que pone en juego esa solidaridad que encarnaron en sus vidas los que no están, pero siguen estando en nuestra memoria.

Pero también este día nos encuentra comprobando, amargamente, que ciertas certezas no eran tan sólidas ni extendidas como pensábamos, y que muchas imposturas hijas de la corrección política -o los climas de época, irresistibles- dan paso a las pulsiones profundas por reivindicar aquel horror, en clave presente.

Porque hoy, a 45 años de aquel día trágico que fue apenas el primero de muchos días trágicos, sentimos -como una premonición indefinible, pero no por ello menos real- que convivimos a diario con quienes si pudieran, volverían a hacer exactamente lo mismo que entonces.

Basta con analizar un poco más a fondo de lo superficial algunas imágenes, como esa bolsas mortuorias con las que decoraron hace poco una protesta, en las propias rejas de la Casa Rosada. O con contemplar el triste espectáculo del ¿debate? en los medios y en cierta "academia en torno a si el derrocamiento de Evo Morales en Bolivia, fue o no un golpe de Estado, y debe o no ser condenado.

Esa perversa obsesión con la muerte del otro, del adversario político, esa rápida y fácil legitimación discursiva de la ruptura de las reglas de juego democráticas, esa generación de enemigos fantasmales, terrorismos imaginarios y revoluciones latentes que vemos a diario como parte del discurso y de la praxis política nos están diciendo cosas, que cobran su completo y cabal significado un día como hoy.

En el que seguramente -en ésta era de ficciones consentidas en las redes sociales- veremos repudios de ocasión a lo sucedido hace 45 años, que se dejarán de lado mañana, para volver a la "total normalidad" que una vez fue tapa.

Porque el "videlismo" preexistió a Videla -de hecho lo creó y lo puso a jugar su rol de asaltante de las instituciones elegidas del voto popular-, y lo sobrevive; como que expresa el pensamiento y los deseos profundos de buena parte de la sociedad argentina.

Como ese poder económico que instrumentó a los militares para sus designios entonces, y hoy condiciona y erosiona a los gobiernos electos, cuando no gobiernan acorde a sus intereses: dos maneras de ponerle límites a la democracia, dejando de lado su principio fundante, que es la soberanía popular.

Grupos que -por cierto- gracias a sus precisas conexiones en el aparato judicial, han logrado salir hasta acá indemnes de sus responsabilidades en aquel genocidio, perpetrado si no por ellos directamente, para su director beneficio.

Y que desde esa impunidad construida por décadas de conspirar contra la democracia -contra su misma subsistencia antes, contra su sentido último ahora-, se paran en un púlpito imaginario para indicarle que rumbo tiene que seguir y -sobre todo- cual no debe siquiera osar intentar. Porque lo que pasó hace 45 años pasó también, y más que nada, para asegurarse eso: que nadie osara desafiar el orden establecido, en el que ellos están al tope de la cadena alimenticia.

Tuits relacionados: 

martes, 23 de marzo de 2021

TWEETS POLÉMICOS