Marcos Galperin dijo que "sacándole el 100% del patrimonio a todos los más ricos, no se pagan ni 6 meses del presupuesto de un año del Estado" y sentenció: "Los zurdos saben que, por sus capacidades, en el sector privado no podrían manejar ni un kiosco". pic.twitter.com/8TeTdThskA
— Corta (@somoscorta) May 28, 2026
La promesa de campaña de Milei de hacer que el ajuste que el país -en su visión- necesitaba lo pagara la gasta le dio réditos electorales para llegar a la presidencia, e incluso en las legislativas del año pasado. Sin embargo, cuando se analiza lo que verdaderamente encerraba esa promesa la cosa es muy distinta: estamos en presencia de un gobierno de clase, que ejecuta una revancha de esa clase sobre el resto de la sociedad. Sin la caracterización correcta del fenómeno -circunscribiéndose exclusivamente a tratar de develar las causas de sus manifestaciones políticas- difícilmente se pueda articular una respuesta eficaz al desafío que representa.
Esa revancha de clase se presenta desnuda en su obscenidad todos los días en las medidas que despliega el gobierno, pero tratan de darle un pseudo sustento teórico en una mirada "ofertista" de la economía, que presupone que otorgándole todo tipo de privilegios y beneficios al capital éste opera el crecimiento, y de ese crecimiento viene indefectiblemente -en un futuro siempre brumoso e incierto- la redistribución en forma de más empleos y mejores salarios y niveles de vida.
La semana pasada esa visión del funcionamiento de la economía real fue desmentida desde dos fuentes insospechadas de izquierdismo: una fue la OCDE dando a conocer los números de la IED (inversión extranjera directa) en América Latina el año pasado, en la que los Argentina de Milei quedó en el fondo de la tabla, muy por debajo de países gobernados por "el comunismo", como Brasil, México o Colombia. Y la otra fue el mismísimo Papa León XIV que en su primera encíclica "Magnifica Humanitas" desacreditó la teoría del derrame.
Dice allí el sucesor de Francisco: "En realidad, una sociedad justa requiere un Estado presente e instituciones civiles capaces de superar la mera lógica de la eficiencia, orientando explícitamente los recursos, la creatividad y las normas a favor de los más vulnerables. En lugar de esperar los beneficios de un crecimiento que “al final” llegará también a los pobres, se necesitan decisiones que hagan que el crecimiento sea inclusivo desde el principio. Las experiencias de las últimas décadas demuestran que, en las crisis económicas y financieras, son siempre los pobres quienes pagan el precio más alto, mientras que las teorías que prometen un bienestar general automático suelen resultar ilusorias.".
También la semana pasada se conoció el reporte del FMI sobre la evolución de la economía argentina en el que -en un marco general de apoyo al plan del gobierno- hizo algunas advertencias respecto a la sustentabilidad del ajuste que les permite a Milei y Caputo exhibir números de superávit fiscal: por un lado la abultada masa de intereses que se terminan capitalizando a futuro como nueva deuda (e incluso obligaciones impagas que devengan deuda flotante), y por el otro que la consolidación de ese resultado a futuro exige una reforma previsional (con previsible recorte de derechos y beneficios para los jubilados presentes y futuros), y una reforma impositiva, para recomponer los ingresos del Estado.
Y en éste caso las propuestas son tenebrosas, como no podía ser de otro modo viniendo de quien vienen: sostener y profundizar la baja de retenciones (para alentar las exportaciones, como si eso dependiera del nivel de presión fiscal y no de la demanda de los mercados externos), aumentar la base imponible de Ganancias para que más trabajadores paguen el impuesto (mientras se aplauden las rebajas y exenciones del RIGI a las empresas) y subir el monotributo. Es decir, financiar al Estado profundizando el sesgo regresivo del sistema impositivo vigente y cazando en el zoológico.
A tono con ese contexto (y con las políticas generales de un gobierno que les ha rebajado Bienes Personales a los más ricos, Ganancias a las empresas, los impuestos a los consumos suntuarios y no prorrogó el impuesto a las grandes fortunas), Marcos Galperín, uno de los más connotados voceros de la casta real (no aquella de la que hablaba Milei en campaña) agita el fantasma del comunismo expropiador, para seguir gozando de beneficios y exenciones fiscales que hace rato sus empresas no necesitan, y continuar con su exilio fiscal para negarse a contribuir a pagar no ya el gasto público, sino las consecuencias de los destrozos que genera el plan que apoya fervientemente. Y lejos está de ser el único, será en todo caso el que tiene el suficiente nivel de impudicia como para hacerlo público.
Pareciera entonces (solo pareciera) que queda planteada la discusión que se viene en el país, y la que se nos ocurre como la única pertinente y decisiva: quien paga los daños de Milei y su modelo, que es del círculo rojo y la élite económica. Y decimos parece porque por estos tiempos se habla mucho de la importancia del equilibrio fiscal, pero poco de como se lo construye; porque hasta el propio FMI admite que se no se pueden seguir postergando indefinidamente gastos esenciales o acumulando deudas a futuro porque es inviable (por falta de capacidad de repago, más que por un brote de sensibilidad social o prudencia fiscal), pero sin detenerse a pensar (a juzgar por sus propuestas para financiar al Estado y sus políticas) que tampoco se puede lograr buscando los ingresos que faltan de los que ya hoy no pueden pagar más.
Es curioso ver como hay muchos (que acuerdan en líneas generales con el programa del gobierno) que se preguntan por la sustentabilidad política del ajuste, y la tolerancia social al ajuste perpetuo, pero nunca se preguntan como sería ensayar que el equilibrio que propugnan adquiera sustentabilidad metiéndoles la mano en el bolsillo a los más ricos, que son los ganadores del modelo. En lugar de poner en tela de juicio los intereses de la clase a la que representan o expresan mediáticamente, prefieren poner en tela de juicio las elecciones y la propia democracia, como obstáculos para el desarrollo pleno del anarco-capitalismo en curso.
Pero en esta misma trampa cae el peronismo "fiscalista" congregado hace poco en Parque Norte que quiere apropiarse de un reflejo distorsionado de la imagen de Néstor, para reducir la experiencia kirchnerista a los superávits gemelos, en una suerte de lavagnismo sin Lavagna que propone -sin decirlo abiertamente- darle otra oportunidad al modo Kulfas-Guzmán de gestionar la economía en tiempos de crisis.
No debe asombrar entonces que esa gente (y muchos otros) no quieran pedir por la libertad de Cristina, ni hacer de eso un eje de campaña, porque Cristina está presa por hablar de esos temas de los que no quieren hablar, y por meterse con intereses que ellos no quieren afectar. Si no se animan a pedir por su libertad ¿hay que creerles que la van a liberar, llegado el caso? Con los costos de la crisis pasa lo mismo: si no se animan a decir claro y con todas las letras quienes deben pagarlos, ¿se van a animar a hacerlo, si son gobierno?
Y si no lo dice el peronismo -y más importante aun, si no lo hace llegado el caso-, ¿Quién lo va a decir primero, y hacerlo después? Después se sorprenden de los resultados electorales, o terminan preguntándose como regalamos banderas que otros pueden "aprovechar", como hizo el gorilismo cuando dice que el kirchnerismo se "apropió" de causas: los derechos humanos, Malvinas, la educación, la ciencia, los derechos de la mujer, o más atrás en el tiempo, el socialismo con los reclamos de los trabajadores, en el primer peronismo.
Dicho de otro modo, si el peronismo no está para eso (para hacer que las crisis no recaigan sobre las espaldas del pueblo sino sobre las de los que las generan y se benefician con ellas), ¿para qué está entonces, para ganar una elección de vez en cuando sin transformar nada y dejar todo como está? En ese caso terminarán resolviendo el dilema que planteaba Cooke en "Apuntes para la militancia" no rompiendo con el empate hegemónico (que hoy no existe) entre las fuerzas populares y el régimen), sino condenando -como el planteaba como un riesgo- al peronismo a su esterilidad histórica.
Tuits relacionados:
Eliminar los subsidios al gas en las zonas frías. Falsas denuncias. Terminar con los octógonos. Pagarles a los buitres. Desproteger los glaciares. Sacarles derechos a los trabajadores. Baja de imputabilidad a menores. Como no entusiasmarse con la agenda legislativa de la derecha?
— La Corriente K (@lacorrientek) May 28, 2026
Brasil nunca adhirió al CIADI y el el país de América Latina que recibe más Inversión Extranjera Directa (IED) según la OCDE. Digo, porque acá nos venden espejitos de colores como el RIGI o el Súper RIGI que ponen la instancia del CIADI como excluyente y coso.
— La Corriente K (@lacorrientek) May 28, 2026
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