LA FRASE

"GANE QUIEN GANE EN ESTADOS UNIDOS, YO MAÑANA ME TENGO QUE LEVANTAR TEMPRANO PARA SEGUIR SACANDO PETRÓLEO." (DELCY RODRÍGUEZ)

lunes, 26 de marzo de 2018

METER UNA CUÑA


En su columna del domingo 18 de El Cohete a la Luna decía con agudeza Horacio Verbitsky: “Por más diferencias que tuvieran, las distintas fracciones de capital coincidían entonces y siguen de acuerdo hoy en la exclusión del kirchnerismo cuando se discute de política, y en el achicamiento de la participación de los trabajadores en el Producto Interno Bruto si se habla de efectividades conducentes. Ése es su punto de unidad, que cada vez resulta menos eficaz para disimular sus intereses contradictorios. Ahora, igual que entre 1976 y 2002, el patrón de acumulación de capital se inscribe dentro de la valorización financiera, como analiza en otro artículo de esta edición Ricardo Aronskind. Pero entonces el control del Estado estaba en manos de los grupos económicos locales y no del capital financiero internacional, las empresas multinacionales de hidrocarburos y energía y el sector agropecuario, como bajo la gestión de Cambiemos.
Los lenguaraces del oficialismo utilizaron los tironeos con la Unión Industrial para refutar que el de Macrì sea el gobierno de los ricos. Esta es una confusión intencionada porque la ruptura entre ambas fracciones del capital (que dio lugar a la irrupción de los gobiernos nacionales y populares, con sus propias peculiaridades y etapas, que permanecieron hasta 2015) fue profunda y no se pudo superar, ni siquiera en las postrimerías del gobierno del FPV, como lo muestra la subsistencia de las dos expresiones políticas dentro de los sectores dominantes: la alianza entre el PRO y los radicales (Cambiemos) que expresa los intereses del capital financiero internacional y el Frente Renovador que hace lo propio respecto a los grupos económicos locales.”
Más o menos lo mismo se dijo hace poco acá: "Las "metas de inflación" que planteó Sturzenegger nunca fueron una herramienta para contener la inflación, sino para disciplinar los reclamos salariales en las paritarias, y congelar así una redistribución regresiva del ingreso desde el trabajo hacia el capital; y así la interpretaron todas las fracciones del capital, más allá de lo que pensaran sobre el precio del dólar, o el nivel de las tasas de interés, y estás ultimas no eran un ancla para los precios, sino para el tipo de cambio. 
La única herramienta que el gobierno de Macri ha encontrado hasta acá para mantener más o menos contenida la interna entre el club de los devaluadores y el de la deuda y la bicicleta, es la reforma laboral: la promesa de flexibilizar más aun a la fuerza de trabajo para quitarle derechos y salarios, y generar así más excedentes extraídos del trabajo en beneficio de la rentabilidad del capital es música para los oídos de todos ellos, más allá de lo que opinen sobre el precio del dólar, o el nivel de las tasas de interés."
La nota de Aronskind a la que hace referencia Verbitsky es ésta, en la que el economista analiza las anteriores experiencias neoliberales aplicadas en el país (la dictadura y el menemismo), y se pregunta si a diferencia de ellas, en éste caso habrá algún atisbo de racionalidad en los sectores dominantes, para impedir la repetición del mismo final: que la exacerbación de la lógica del modelo de valorización financiera sostenido con endeudamiento externo, derive en otra crisis.
Pero el problema que plantea el “Perro” en su artículo también interpela a la política, en especial a la oposición que viene lidiando con su propia crisis, y buscando construir una alternativa competitiva frente a “Cambiemos” para las presidenciales del año que viene: acá decíamos que "El viejo sueño húmedo del establishment argento (es) un sistema político "equilibrado", donde todos sean iguales, y las elecciones se conviertan en una anécdota; porque gane quien gane, gobernará igual, sin cambios: a favor de los intereses de los sectores dominantes.
Ese riesgo (el de convertirse en la "oposición de su majestad" que nada cambia al llegar al gobierno) ya se está expresando hoy en el PJ en los que juegan directamente para el PRO (como Urtubey) y en los que, jugando para ellos, también juegan para el gobierno, como Pichetto y buena parte de los gobernadores peronistas, que son sus sostenedores. Pero también acecha el futuro de la unidad peronista (y por carácter transitivo, opositora) en ciernes, riesgo que no es novedoso, porque viene de su propio pasado y del entrismo que el liberalismo conservador le hizo al movimiento fundado por Perón durante el menemato."

Es decir, en paralelo a la reconfiguración del campo estrictamente político (alianzas electorales y candidaturas) se producen los movimientos al interior del bloque económico dominante, que inciden en aquel, o determinan el contexto en el que esa reconfiguración se produce: mientras el alineamiento de algunas fracciones del capital (las patronales del campo, los bancos, las empresas multinacionales con negocios en el país) con la posibilidad de prolongación de la experiencia macrista es muy clara, los grandes grupos económicos “nacionales” (las comillas son para suavizar la expresión, atento a la diversificación de sus intereses al plano mundial) como Techint, Arcor o Acindar están “desensillando hasta que aclare”, y no descartan opciones opositoras.
Es por eso que señala Verbitsky esto otro: “Bajo estas circunstancias, la estrategia de los grupos económicos es apoderarse del peronismo y sobre esa base enfrentar a Cambiemos, neutralizando al mismo tiempo a las expresiones “nacionales y populares” dentro del movimiento social, bajo la consigna de la Unidad Peronista.”. 
Ahora bien, esa estrategia se superpone a su vez con una necesidad objetiva de la oposición: para cobrar volumen, necesita anclar apoyos sociales además de seducir voluntades electorales; y para alumbrar una perspectiva de futuro, tiene que diseñar una propuesta que involucre de un modo central un modelo de desarrollo productivo integral, diversificado y moderno; que desplace al de la valorización financiera en curso y garantice la inclusión social, y una más justa distribución de la riqueza, sobre bases sustentables.
De lo contrario así como el neoliberalismo parece auto-condenado a repetir sus propios fracasos, una nueva experiencia nacional-popular podría verse (en caso de volver al gobierno) chocar otra vez con los mismos límites que antes tuvo: la restricción interna (el rasgo estructural más marcado de nuestra economía a través del tiempo) y las limitaciones de un modelo productivo desequilibrado, por falta de una efectiva y completa integración del tejido industrial propio, no dependiente de las inversiones del capital extranjero; y capaz de generar divisas para el país en lugar de demandarlas.
Dicho de otro modo: mientras el poder económico (o al menos una parte muy importante de él) trata de meter su cuña en el entramado político opositor para garantizarse la defensa de sus intereses más allá de posibles alternancias electorales, la oposición con aspiraciones (y posibilidades) de ser gobierno debe intentar a su vez meter su propia cuña hacia las fracciones del capital, articulando alianzas con al menos una parte de las mismas; claro que sobre el marco antes señalado al hablar del modelo productivo, y sus consecuencias sociales, y preservando al mismo tiempo el espacio de la autonomía de la política como representación de los intereses generales.
Desde luego que esto supone volver sobre la recurrente cuestión de la “burguesía nacional”, ese unicornio azul perseguido por el peronismo desde sus tiempos fundacionales, y su integración a un proyecto de país que supere los estrechos límites de la granja colonial, hoy resemantizados como “supermercado del mundo”.
Pero volver al tópico en un país, una economía, una sociedad y -sobre todo- un mundo empresarial muy diferente a aquellos con los cuales tuvo que lidiar Perón; con presencia gravitante del capital transnacional, y con empresarios que diversifican sus inversiones de la industria al modelo de agronegocios o las mil y una formas de la especulación financiera, por los múltiples vericuetos posibles que incluyen -pero no agotan- los paraísos fiscales, las sociedades pantalla y las cuentas off shore.
Un enorme desafío para la construcción opositora, al nivel de los que plantean resolver disputas internas, dejar de lado viejas querellas y construir una unidad posible, sobre bases firmes y acuerdos políticos; que trasciendan los amontonamientos electorales.

domingo, 25 de marzo de 2018

NO HAY PORONGA QUE LES VENGA BIEN


Si no llueve porque pierden las cosechas.

Si llueve, porque les bajan los precios.

No hay quien los conforme, viejo.

UNA PENA...


...que las tres cuartas partes sean deuda que hay que pagar en dólares, y depósitos de los particulares en dólares en los bancos, que no se pueden tocar; que si no daba para festejar tirando LEBAC's al techo.

LA REVOLUCIÓN DE LAS EXPECTATIVAS



La tapa de La Nación del lunes pasado difundía las cifras de desempleo del INDEC contándonos que eran las más bajas desde el 2003, y la tapa de Clarín del martes o miércoles hacía lo propio con los datos del PBI del año pasado, destacando que era el crecimiento más importante desde el 2011.

La edición de Clarín del viernes dejaba trascender que el miércoles que viene el INDEC difundirá los datos sobre la evolución de la pobreza, que arrojarán una baja; y el mismo viernes en Infobae la nota de Zlotogwiazda nos contaba que los economistas del gobierno dan por hecha la reelección de Macri, porque el año que viene para el momento de las elecciones la economía dará todas buenas noticias: creceremos, y bajarán la inflación y la pobreza.

Por supuesto que ninguno aclara que más de las dos terceras partes del empleo que se crea son monotributistas, monotributistas sociales y empleados públicos y casi todo el empleo que se destruye es empleo industrial en blanco y bien remunerado; como tampoco aclaran que la comparación del crecimiento del 2011 era contra un 2010 donde el país había crecido fuerte, mientras que el del año pasado fue contra un 2016 donde la economía cayó a pique; como consecuencia de las políticas del gobierno de Macri.

Un 2016 cuyos números (afectados en buena medida por el “apagón estadístico”) están siendo retocados por el INDEC de Todesca, que va ejerciendo su revisionismo estadístico sin pausa: los que venían a hacerles recuperar credibilidad a las estadísticas públicas no dejaron prácticamente ningún indicador relevante sin toquetear, desde el IPC hasta las mediciones de pobreza o desempleo, pasando por la evolución del PBI o los datos del consumo.

Y en medio del revoleo de cifras, no alcanzamos a entender como bajaría la pobreza cuando la inflación no cede, las jubilaciones y la AUH acaban de ser ajustadas a la baja y los salarios de los trabajadores se encaminan al tercer año consecutivo perdiendo poder adquisitivo; o como el consumo privado en 2016 habría caído (según el INDEC) apenas un 1 %, cuando según sus propias cifras “retocadas” la inflación fue del 41 %, los salarios pactados en paritarias se aumentaron entre un 30 y un 34 % (según los sectores) y las jubilaciones y la AUH (todavía con la vieja fórmula) en un 31,7 %.

Al mismo tiempo que difunden esos datos, también se conocen otros, que ya no son estimaciones, indicadores o proyecciones aproximadas elaboradas de un modo más o menos consistente (las dudas sobre la consistencia de casi todos son crecientes, incluso entre los economistas adictos a las políticas oficiales); sino que se trata estrictamente de estadísticas verificables a partir de movimientos concretos de la economía formal.

Así por ejemplo supimos esta semana que la deuda externa pública creció un 31 % el año pasado incorporando 52.000 millones de dólares adicionales (el 85 % de las reservas del Banco Central, en un año); y el déficit de cuenta corriente fue de 30.792 millones de dólares, más del doble del ya elevado del 2016, equivalente a un 4,8 % del PBI y la mitad de las reservas del BCRA. Para peor, uno sostiene al otro: tamaño déficit de cuenta corriente es alimentado por un creciente endeudamiento, que al presidente del Banco Central no le preocupa porque aun es bajo respecto al PBI; claro que omitió decir que eso es gracias a la “pesada herencia”.

Y también supimos que el déficit comercial del primer bimestre de este año fue de 1872 millones de dólares como consecuencia de un fuerte aumento de las importaciones (que crecen casi al triple de las exportaciones), lo que anualizado arrojaría unos 11.232 millones de dólares, que representarían una suba del 32,59 % respecto al del año pasado, que fue el más alto desde 1994.

Todos datos que dan cuenta de la debilidad estructural del modelo económico que depende -según acaba de reconocer el propio Macri- “de que el mundo nos siga acompañando”, justo cuando los datos indican también que se está frenando bruscamente el ingreso de capitales golondrinas que vienen a bicicletear; por la política de tasas del Central.

Por supuesto que ninguno de los que nos des-informa a diario desconoce estas cuestiones, pero todos se sienten obligados y comprometidos con “la revolución de las expectativas”, y hacen su aporte a la instalación de un clima general de optimismo que no condice con la realidad que podemos palpar a diario; junto con las inefables “consultoras” que no la pegan nunca, pero siempre se equivocan a favor de las expectativas que quiere crear el gobierno.

Porque ese es el propósito central, que excede a la mera propagación de “diarios de Irigoyen”: suponen (y suponen bien) que si logran instalar exitosamente la percepción social de que las cosas van bien e irán mejor en el futuro no solo crecerán las chances de “Cambiemos” y Macri de perpetuarse en el poder más allá del 2019, sino que irán venciendo las resistencias que se les interpongan en el camino hasta entonces; en el Congreso o en la calle, en la política, el sindicalismo o la protesta social.

En un país donde la mayoría crea que “vamos bien” habrá menos espacio para voces disidentes, para espacios de resistencia, para sindicatos que no quieren aceptar el cepo salarial en las paritarias; y será más difícil la construcción de una unidad opositora capaz de pelearle las elecciones al gobierno el año que viene.

Si al final todo falla y los desequilibrios que hoy se barren bajo la alfombra terminan estallando y haciendo volar todo por los aires como en el 2001, siempre habrá s tiempo para despegarse, para negar haber participado del operativo “felicidad social”, o para poner la propia a buen resguardo en algún oscuro paraíso fiscal; claro que en la parte que ya no esté fondeada en alguno.

Y acá quedarán como siempre los que terminen despertando bruscamente a la realidad, que no era la que les contaban las tapas de los diarios.

sábado, 24 de marzo de 2018

MANUAL PROGRESISTA PARA EL CONFLICTO SOCIAL


En noviembre del año pasado Lifschitz -como la mayoría de los gobernadores- firmó el pacto fiscal con el gobierno de Macri, que implicaba trasladar a las provincias el ajuste que ya por entonces ejecutaba la nación.

El pacto fue el punto de partida de la reforma previsional que podó el salario de los jubilados y pensionados, aunque Lifschitz luego lo negara: decíamos acá que bastaba leerlo cláusula por cláusula para concluir en que era así, porque a eso se habían comprometido.

Y dijimos también que el pacto conllevaba el compromiso del gobierno nacional de financiar el déficit de la Caja de Jubilaciones de la provincia sin exigir a cambio la "armonización" del sistema previsional santafesino con el nacional, compromiso que hasta ahora no se ha cumplido, por la cual con coherencia los gremios estatales (con el apoyo de todo el Movimiento Obrero Santafesino) se movilizaron en defensa de los derechos de los jubilados actuales y futuros.

Precisamente con el argumento de la financiación del déficit de la Caja Lifschitz urgió a la Legislatura a aprobar en extraordinarias el pacto, sumándole que de otro modo la provincia no podría cobrar la deuda que mantiene con ella la nación tras el fallo de la Corte nacional de noviembre del 2015 por el descuento de fondos coparticipables destinados a la ANSES y la AFIP: a pocos días de la fecha establecida en el pacto para que Macri haga una propuesta concreta de pago, la única que hizo no involucra dinero en efectivo, y ha sido rechazada por la provincia.

Lo cierto es que el pacto se aprobó en tiempo récord, en una sesión escandalosa en Diputados y pese a las promesas de Bonfatti a los gremios estatales de que no se aprobaría. 

Luego llegaron las paritarias, y el intento del gobierno nacional de ponerles un cepo del 15 % como máximo de aumento, sin cláusula gatillo; que es exactamente la cifra tope de aumento del gasto público corriente (que involucra a los sueldos de sus empleados) a la que se comprometieron los gobernadores que firmaron el pacto: ver al respecto acá.

Y la misma cifra que Santa Fe arrancó ofreciéndoles en las paritarias provinciales a los sindicatos: 15 % en tres cuotas. Así como Lifschitz había negado que el pacto fiscal significara la reforma previsional que cambió la fórmula de ajuste en la nación, sus funcionarios empezaron negando que ese mismo pacto condicionara la oferta salarial en las paritarias; para luego terminar admitiéndolo y ponerlo como excusa para no mejorarla.

En el medio y al mejor estilo María Eugenia Vidal, el "progresismo" santafesino trató de quebrar la voluntad de los gremios y los trabajadores apelando a la amenaza (aun vigente) de descontar los días de huelga, publicó solicitadas en los diarios con sueldos de los docentes para promover el resquemor entre trabajadores y quitarle apoyo social a los paros, y -dicen- envió a algunos periodistas "amigos" los sueldos de los empleados de la Administración.

Todo eso mientras repite que la oferta salarial -luego estirada a un 18 % que no es tal, en dos cuotas- es "la última, definitiva e inmodificable". 

La respuesta de los trabajadores fue contundente: todos los sindicatos (incluyendo a los municipales) rechazaron la propuesta, y la mayoría de ellos anunciaron medidas de fuerza, en algunos casos condicionadas a que el gobierno no haga un mejor ofrecimiento salarial. 

Todos, salvo UPCN, que en una votación peleada y controversial (por ser buenos) la aceptó, como se había comprometido antes de la asamblea su secretario general con el gobierno; y salvo UDA en el caso de la docencia, el mismo gremio al que Macri metió a dedo en la paritaria nacional docente por decreto, pasando por encima de la representatividad de la CTERA. Como ven, no son tan distintos el "progresismo" vernáculo y la derecha nacional gobernante; sobre todo cuando se trata de cumplir con lo que han pactado entre ellos.

Habrá que ver ahora como sale el gobierno provincial del embrollo en el que se metió solo (al firmar el pacto fiscal, de cuyos "beneficios" todavía no disfruta): si redoblando la apuesta y fijando unilateralmente por decreto el aumento salarial y descontando días de huelga, o por el contrario retomando el diálogo con los sindicatos y mejorando su oferta; aunque eso le implique incumplir lo que firmó en el pacto fiscal.

Después de todo, en caso de optar por esta última alternativa, perfectamente podría alegar que la nación no ha cumplido con ninguno de los compromisos a su cargo: no hay propuesta aceptable del pago de la deuda con Santa Fe, y Macri no ha derogado -como se comprometió- su decreto de 2016 "armonizador" de los sistemas previsionales.

A menos que el gobernador suponga que podrá alcanzar su deseo de reformar la Constitución provincial para ser reelecto de la mano de reuniones a escondidas con los senadores del PJ de la Banelco (que votaron a mano alzada el pacto fiscal), y respaldado por los dirigentes sindicales más desprestigiados de la provincia, por entregar sistemáticamente a sus representados.

Oia, ahora que lo pensamos, no difiere tanto de la fórmula que está empleando Macri para ganar "gobernabilidad", con la ayuda del "peronismo federal" de Pichetto y los gobernadores, y la CGT del triunvirato.    

Y los dichos del gobernador indican que se identifica más con el modo Macri o Vidal para resolver los conflictos sociales. 

ALGO DE JUSTICIA POÉTICA


Justo hoy, el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, en que marcharemos en las plazas de todo el país reclamando -entre otras cosas- la libertad de todos los presos políticos, el Tribunal Oral Federal 8 hizo lugar a los recursos presentados por las defensas de Carlos Zannini y Luis D'Elía pidiendo su excarcelación; y los compañeros recuperan la libertad.

Estaban presos -recordemos- por la absurda resolución del absurdo juez Bonadío, en la absurda causa armada por la absurda denuncia de Nisman, desarchivada de un modo absurdo, y en la que les aplicaron la no menos absurda "doctrina Irurzun" sobre el uso discrecional de la prisión preventiva; doctrina que saludablemente el TOF8 destroza en su fallo, restableciendo un mínimo de sentido común en el ejercicio de la función judicial.

Zannini y D'Elía quedan libres también en la misma semana en la que quedó claro que con el atentado a la AMIA pasa lo mismo que con las supuestas cuentas y fortunas mal habidas ocultas en el exterior: buscando el dinero "K" encuentran a cada paso el dinero "M".

En éste caso, apuntándoles con la Glock de Bonadío a Cristina y los hoy liberados -entre otros- por presunto encubrimiento del atentado, pretendieron ocultar que los verdaderos encubridores están en el gobierno, como lo demostró la causa que se tramita en la justicia; en la que estaban imputados entre otros Beraja (el valedor de Avruj, el secretario de Derechos Humanos), el ex jefe de la policía Metropolitana "Fino" Palacios y los fiscales Mullen y Barbaccia.

Estos dos fueron eximidos de culpa en la acusación de la querella del gobierno por sus vínculos con el ministro Garavano, y ojo, esto no lo decimos nosotros: lo acaba de denunciar en la justicia el ex senador radical Mario Cimadevilla, que estaba al frente de la "secretaría AMIA" creada por el gobierno y luego disuelta.

No se puede determinar si la libertad de los compañeros es consecuencia de que les tocaron en suerte jueces que tienen un estricto apego a la Constitución y a las leyes, y la decisión caía por su propio peso; o estamos ante una decisión oportunista que mide los tiempos políticos, y se produce como consecuencia de que los jueces le han picado el boleto al gobierno, o se sienten en posición de no verse obligados a hacerle favores.

Lo importante es recordar que D'Elía y Esteche estaban presos (como otros que lo siguen estando) menos por el capricho de un juez impresentable, que por la decisión de un gobierno predemocrático de perseguir a sus opositores políticos con todos los medios represivos que el aparato del Estado pone a su alcance; llevándose puestas las garantías constitucionales.  

Un gobierno emparentado por vínculos ideológicos, de intereses y hasta familiares con la peor dictadura de la historia argentina, que se iniciaba hace 42 años un día como hoy. No olvidemos ese lazo, ni esa responsabilidad, como recordamos ésta macabra fecha.

Y sigamos reclamando la libertad de todos los demás presos políticos del régimen macrista, desde Milagro Sala y Julio De Vido, hasta los que fueron detenidos en las protestas contra la reforma previsional. 

HOY MARCHAMOS



Por la continuidad de las causas por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura, rechazando todo intento de amnistía o punto final, y por la confirmación de las condenas ya dictadas por la Corte Suprema y los demás tribunales que deben resolver apelaciones, como la Cámara Nacional de Casación Penal.

Por el juzgamiento y condena de los responsables civiles del genocidio, como los Blaquier (cuyo expediente duerme hace un año y medio en la Corte Suprema), los Mitre, Magneto, ejecutivos de Ford y tantos otros que permanecen impunes.

Para que la Corte dicte un nuevo fallo desechando contundentemente la aplicación del 2 x 1 a los genocidas acusados por delitos de lesa humanidad, sin apelar a coartadas ni subterfugios procesales.

Contra el otorgamiento de las prisiones domiciliarias a los genocidas, y por la revocación de las ya otorgadas como pasó con Etcecholatz.

Para frenar el intento de liberación masiva de los condenados en causas de lesa humanidad, con la excusa de la superpoblación carcelaria.

Por la libertad de todos los presos políticos, el cese de la persecución judicial a los opositores políticos y sindicales y la depuración de una justicia corrupta, conservadora y patronal, al servicio del poder económico.

Por la no criminalización de la protesta social y contra el gatillo fácil de las fuerzas de seguridad alentado desde el propio Estado; y por una reforma democratizadora de las fuerzas de seguridad.

Por justicia para Santiago  Maldonado, Rafael Nahuel y todas las víctimas de la violencia institucional.

Contra la reforma laboral flexibilizadora, el intento de ponerle techo a las paritarias y en defensa del salario y el empleo, contra los despidos.

Contra la reforma previsional, el saqueo a los jubilados, el vaciamiento de la ANSES y el intento de retornar al curro de las AFJP.

Contra una política económica que es la repetición de la de la dictadura, ejecutada hoy por los herederos de sus beneficiarios directos.

En defensa de la educación pública gratuita y contra los intentos de vaciarla, desfinanciándola.

Por los 30.000 compañeros desaparecidos, más presentes ahora que nunca.

Por las Madres y las Abuelas, que nos enseñaron con su ejemplo de dignidad y lucha en los años más oscuros, y nos siguen enseñando todavía hoy a no renunciar nunca a la lucha.

Por los nietos recuperados y los que todavía nos falta encontrar.

Por todo eso, este 24 marchamos con más motivos que nunca.