LA FRASE

"AL FINAL LAS RELACIONES CARNALES DE LOS 90' ERAN EN LA ISLA DE EPSTEIN." (JORGE TAIANA)

lunes, 2 de febrero de 2026

CLIMA DE ÉPOCA

 

La traición a las banderas históricas del peronismo que encarnó Menem en sus dos gobiernos contó con el acompañamiento de buena parte de la dirigencia política y sindical del movimiento fundado por Perón. Y todos los que protagonizaron aquel intento por desmantelar las bases de la Argentina peronista lo justificaron diciendo que los tiempos habían cambiado, y había que adaptarse al nuevo clima de época.

Era el momento de la caída del muro de Berlín y con él de los socialismos reales del este europeo, el triunfo del capitalismo parecía avasallador y definitivo y el "clima de época" (así nos decían) se expresaba en las políticas del Consenso de Washington: retiro del Estado de la economía y las actividades empresariales e incluso de su rol regulador, privatizaciones y apertura indiscriminada, flexibilización laboral, liberación de los flujos de capital, globalización financiera.

La idea de adaptarse al clima de época volvió con fuerza durante el gobierno de Macri (cuando ya se daba por definitivamente terminada a la experiencia kirchnerista) para desaparecer al poco tiempo cuando su intento de reelección fracasó luego de que lo hiciera su gobierno, que también se imaginaba abriría un ciclo de derecha perdurable; y está presente nuevamente hoy en el peronismo colaboracionista con el régimen de Milei, que le aporta apoyos decisivos en el Congreso, e incluso se da el lujo de disimularlo como una rebeldía contra el liderazgo de Cristina, como acaba de hacer con una cobardía mayúscula el minúsculo gobernador de Salta.

Es el resurgir -una y otra vez- de la idea de reducir al peronismo a una copia vernácula del PRI mexicano (sin reparar en el destino final que tuvo el original): una maquinaria de poder puramente pragmática y carente de ideología, que justifica sus cambios de piel en -justamente- "saber adaptarse al clima de cada época" para conservar el poder. Por cierto: hoy esa idea ni siquiera alcanza a vertebrar (como se soñó en vano en otros tiempos por algunos) un peronismo nacional post-kirchnerista, y apenas alcanza para retener ciertas situaciones comarcales, sin una visión del país en su conjunto y escaso interés por construirla: ahí va el "cordobesismo" -último intento en ese sentido- rumbo a la extinción y con riesgo de perder en el propio terruño, devorado por su experimento de construir un peronismo antiperonista.

Tanto se habla de ello, que alguna vez habrá que discutir que se entiende por clima de época, como se lo mide, que supone y si hay un solo clima para cada época, o existen climas superpuestos en una misma. Porque la experiencia histórica indica que lo que se suele llamar así sospechosamente coincide como dos gotas de agua en el rumbo, las políticas, las decisiones y los modelos políticos, económicos y sociales que se aplican en su nombre, con intereses muy concretos y muy poderosos.

Algo de todo esto insinuó Milei en Davos cuando en medio de sus ensoñaciones teóricas decretó la muerte de Maquiavelo, es decir de la política entendida como conflicto y como dilema moral: el capitalismo (o anarco capitalismo en su versión práctica desplegada en el gobierno) no solo habría demostrado ser más eficiente sino más justo, y más aceptable moralmente; y por ende es irracional resistirse a su avance. Jeffrey Epstein podría decir un par de cosas al respecto, y de hecho lo están diciendo sus archivos, pero en definitivas la idea no es más que la revisitación de Fukuyama y su sentencia sobre el fin de la historia, justo cuando el propio autor original la está matizando.

En tiempos de Perón -por ejemplo- cabría preguntarse quien supo leer mejor el clima de época: el propio Perón dándole cauce político y soluciones concretas a la naciente clase obrera industrial, o la dirigencia de los partidos políticos tradicionales reunida en la Unión Democrática que -en tiempos de Bretton Woods primero, y el plan Marshall después- proponía reemplazar el tutelaje del león británico por el del imperialismo yanqui, de la mano de su mismísimo embajador; y planteó el dilema nacional en términos del conflicto europeo. Y lo decimos porque para Perón su lectura del clima de época no supuso un jardín de rosas, exento de conflictos: no es necesario recordar como terminó aquella primera experiencia del peronismo en el gobierno.

Un dilema padecido afrontó -muchos años y dictaduras y fracasos democráticos después- Néstor Kirchner, que eligió no subirse a la ola anti-política del "que se vayan todos" (clima de época del final del modelo de la Convertibilidad), y muy por el contrario decidió reivindicar el rol de la política y el del Estado, como el modo para salir de la crisis. Y los resultados electorales, políticos, económicos y sociales -así como las tensiones resultantes de esa decisión, continuada y profundizada por Cristina- los podemos ver aun hoy, aunque quieran que nos olvidemos de lo primero, y reduzcamos los segundos a los modos de la dos veces presidenta, cosa que -por supuesto- hoy con Milei dejó de ser un asunto de primer orden. 

Como pasó con Perón y su derrocamiento, proscripción y exilio, la estadía forzada de Cristina en San José 1111 y el torpe intento de poner fin a su carrera política a través del aparato judicial es consecuencia directa e inmediata de esa lectura que hizo el kirchnerismo del "clima de época". Lo que nos lleva a suponer que para muchos la muletilla -más que solo una muestra de pragmatismo- es un burdo intento de teorizar la claudicación política o el abandono de las banderas históricas del peronismo, pero conservando el usufructo de la franquicia.

En ambos procesos históricos -el peronismo original y su encarnación kirchnerista- se adoptaron decisiones que eran respuestas inmediatas a demandas urgentes de la sociedad de su tiempo (si nos atenemos a la expresión usual, se respondió al "clima de época"), pero también se hicieron cosas que nadie (o muy pocos) pedían, porque había que hacerlas; demostrando así que no todo en política es inmediatismo ni seguidismo compulsivo de las encuestas y los focus group: está la dimensión de lo ético y lo justo, que debe atenderse aunque no reditúe en lo inmediato beneficios electorales, así como la mirada estratégica de largo plazo, el diseño y construcción de un proyecto de país o los contornos y límites concretos pensados para el ejercicio democrático, más allá de los cambiantes humores sociales de un momento dado; por lo demás medidos usualmente de modos como mínimo cuestionables.

Con frecuencia prestamos tanta atención y dedicamos tanto tiempo a lo accesorio (como los modos de comunicación política o de producción de sentido) que, con todo y su importancia, nos llevan a olvidarnos de lo principal: las sociedades (todas), sin importar su estratificación particular en clases o como se perciban al respecto sus integrantes, son en esencia escenarios de múltiples conflictos de intereses en pugna por imponerse; el Estado (más allá de su tamaño y roles concretos) es siempre un territorio en disputa y la política es (aun por defecto) la representación de intereses y el arbitraje entre ellos.

De allí que cualquiera sea el "clima de época" imperante o lo que se entienda por tal cosa, el diseño de una propuesta opositora al régimen de vergüenza y saqueo que nos desgobierna no puede perder de vista estas premisas, más allá incluso de candidaturas, diseños electorales o estrategias de campaña. Para adaptaciones más o menos acríticas al "clima de época" el régimen se basta a sí mismo, y no nos necesita a nosotros.

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