LA FRASE

"PARA ANALIZAR SI REALMENTE HABÍA NECESIDAD Y URGENCIA PARA QUE EL PRESIDENTE DICTARA EL DNU 70 EN 2023 NOS VAMOS A TOMAR TODO EL TIEMPO QUE SEA NECESARIO." (HORACIO ROSATTI)
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viernes, 5 de diciembre de 2025

MI REINO POR UNA ROTONDA

 

El episodio Jalil y su borocoteada rompiendo el bloque excede con creces al peronismo, aunque sea en su interna donde impacte más; y si no nos creen, ahí está a la mano el fallido intento de "Provincias Unidas" que fue lo mismo, pero hacia el interior de la UCR y el PRO (incluyendo en éste caso a su ramal "cordobesista"): erigir un actor político autónomo de los partidos nacionales, con eje en las provincias, para negociar con el poder nacional. La "Liga de gobernadores" (por ponerle un nombre a la mítica criatura) es el sujeto político en eterna construcción de la Argentina, porque quienes intentan -una y otra vez- erigirlo tienen cada vez menos ánimo de influir, en serio, en la política nacional. 

En rigor, bajo la excusa de una presunta defensa del federalismo o los intereses provinciales, lo que terminan negociando es la benevolencia del ocasional poder nacional dominante, para que no les plante estructuras políticas en sus provincias que puedan amenazar las situaciones creadas (lo que acá Reutemann llamaba la teoría del alambrado): pasó en tiempos del kirchnerismo con la Concertación con los radicales K y la transversalidad, sucedió en tiempos del macrismo y se replica ahora, en forma de donaciones de gobernabilidad.  

La idea del federalismo termina prostituida al usarse como coartada para terminar defendiendo los intereses de las distintas fracciones del capital (sean petroleras, mineras o cerealeras, lo mismo da), y la discusión por los intereses provinciales falseada cuando nunca se explica como se los distingue y protege cuando -como está sucediendo ahora- el país entero se desintegra como tal, y los presuntos gestores de esos intereses contribuyen a que así sea. Las provincias (y no todas ellas) podrán ser preexistentes a la nación en términos históricos o jurídicos, pero no sobrevivirán a su implosión, por más que algunos pretendan que así puede ser, o se excusen en eso para apoyar políticas nocivas. 

Lo mismo vale para la excusa de salir de la "agenda amba-céntrica": no se advierte por qué es legítimo dar apoyo en el Congreso al saqueo de los recursos del país y la entrega de su soberanía a cambio de una rotonda, y está mal oponerse a hacerlo mientras se reclaman fondos para hacer cloacas en el conurbano bonaerense. Conurbano que -por otra parte- es por su propio tamaño un país en sí, que discute sobre empleos, salarios, tejido industrial, pobreza o distribución del ingreso y como las políticas nacionales los impactan; y donde preocupan menos las retenciones, las regalías, el RIGI o la eliminación de las trabas para comprar divisas.

Por no hablar del hecho de que las principales discusiones pendientes después de la reforma constitucional del 94' como la coparticipación federal o la representación de las provincias en la Cámara de Diputados, perjudican ostensiblemente a la provincia de Buenos Aires, y en especial a su conurbano. Es decir, si de discriminaciones se habla, la conservación del status quo en ambas cuestiones favorece a las provincias del interior, y en especial a las más pequeñas o menos pobladas.
 
La "federalización" (en éste contexto, entiéndase) de la política es para el peronismo invertir el orden de su creación histórica que determinó su finalidad y sentido, que siempre fue impulsar un proyecto nacional alternativo a la Argentina colonial; pero la misma crisis atraviesa a todos los partidos nacionales: a lo que estaba pasando en la UCR (reducida a una fuerza solo percibida como capaz de gestionar eficazmente  a nivel provincial o municipal), se suma lo que le ocurre al PRO, donde a medida que construye territorialidad -llegando a gobernar provincias- se diluye el liderazgo de Macri, hasta casi desaparecer.

En lugar de fuerzas políticas nacionales organizadas se pasa a un esquema de sultanatos más o menos exitosos (según les toque en suerte ser favorecidos con algún recurso natural estratégica, o alguna actividad económica prevalente en el contexto del modelo productivo en curso), que son la puerta abierta para cualquier tipo de arreglo o componenda; como pudimos comprobar en Santa Fe con la coexistencia de distintas alianzas en el orden provincial (sucesivas Uniones Democráticas para vencer al peronismo) o nacional, donde los socios del socialismo le otorgaban un recreo para jugar al progresismo en el Congreso nacional, sin resignar sus posiciones en la situación provincial. 

Como resultado de este proceso creciente de fragmentación política se distorsiona la oferta política, se desprestigia a las instituciones y se vacía de sentido al voto popular; que es justo lo que el poder económico precisa, para asegurarse de que sus privilegios no serán amenazados. Por eso la cuestionan a Cristina, y no porque insista en la agenda "amba-céntrica" o en su propia situación judicial: porque les recuerda que existe otra forma de asumir el desafío de la representación política. 

Néstor y ella partieron desde una provincia periférica asumiendo la defensa de la provincialización de los recursos naturales estratégicos en la reforma del 94' (un grave error, visto en perspectiva), para volver a colocar al peronismo en la senda de sus mejores tradiciones históricas, que es la de construir un proyecto alternativo de país, capaz de contener a las grandes mayorías nacionales. Y por eso también muchos gobernadores se olvidan hoy de Julio De Vido, que hizo por ellos y por sus provincias bastante más que una rotonda. 

El provincialismo -sin distinción de banderías políticas- se ha empequeñecido tanto como propuesta que ni siquiera intenta ya (sobre todo en el peronismo) erigir liderazgos alternativos, y se limita a romper bloques legislativos no tanto plantear discusiones al interior de los partidos, como para permitirle al gobierno (como acaba de hacer Jalil) controlar las comisiones del Congreso, obstruir la agenda opositora e imponer la suya propia. 

De hecho eluden toda discusión de fondo sobre los grandes problemas del país sea porque en realidad piensan lo mismo que Milei y prefieren dejarlo (como hicieron algunos con Macri) que sea el que haga el trabajo sucio y pague el costo; o directamente eligieron dejar de pensar en visiones alternativas, que puedan poner en tensión las situaciones creadas: no en vano no hubo nunca una resolución 125 provincial, que enfrentara a algún gobernador con los poderes fácticos. 

En ese marco no sería extraño que muchos de ellos terminen acompañando en el Congreso la reforma no tanto convencidos de su utilidad para generar empleo (aunque por conveniencia repliquen en público el discurso oficial), como de su inutilidad a esos fines, que no es lo mismo que inocuidad. Suponen que haciéndolo, le quitarán a Milei una excusa para que no les llegue su rotonda, o se les abra el grifo del Tesoro nacional para sus urgencias. Tuits relacionados: 

viernes, 6 de junio de 2025

LA PORTA LIGA DE GOBERNADORES

 

Con poca repercusión en los medios, hace un tiempo ya que se vienen reuniendo los gobernadores de casi todas las provincias en el CFI (Consejo Federal de Inversiones), en reuniones que mayormente no trascienden porque no llegan nunca a nada, salvo ahora a un pedido de audiencia al presidente para tratar una posible reforma fiscal; que en éste contexto de motosierra y crueldad planificada desde el Estado equivale a discutir el sexo de los ángeles.

Lo que no significa que no estén pasando cosas que los afecten, a ellos y a sus provincias: están cayendo drásticamente en términos interanuales las remesas de coparticipación (por la caída de la actividad económica y los cambios que introdujo el gobierno nacional en la forma de liquidación del IVA aduanero y los anticipos de Ganancias y Bienes Personales), ni hablar que hace un año y medio caen las transferencias no automáticas -como los subsidios al transporte-, está paralizada la obra pública nacional en las provincias, se disolvió el Fondo Nacional de Incentivo Docente y en éstas últimas semanas y por sendos decretos de Milei, el Estado nacional se corrió de la paritaria nacional docente y las políticas de protección de las personas en situación de calle. 

Ante circunstancias similares producidas durante el gobierno de Macri, decíamos nosotros en ésta entrada de 2018: "Con la implosión de la convertibilidad y tras la crisis del 2001, la salida política inesperada fue el kirchnerismo, y con él llegaron (o se mantuvieron y profundizaron tras el interregno duhaldista) las retenciones, la pesificación de las tarifas de los servicios públicos y la política de subsidios que constituían salario indirecto para el trabajador y abaratamiento de los costos de producción a la industria, la ampliación del piso de protección social a través del sistema previsional; con las moratorias, la ley de movilidad, la captación de los recursos de las AFJP y la mayor cobertura del PAMI, ampliada en cantidad y extensión.".

"Con un Estado nacional solvente por el ciclo económico en alza y el crecimiento, aumentó en términos reales (medido contra el PBI) el flujo de la coparticipación de impuestos a las provincias, aun sin encarar la casi imposible (por las duras exigencias constitucionales en torno a los consensos necesarios reforma del régimen legal, y sin grandes cambios de fondo en la estructura impositiva, que aun así tuvo un sesgo progresivo por el aumento del peso específico de Ganancias y los derechos de exportación, en el conjunto de los ingresos del Estado nacional; proceso no exento de conflictos, desde la disputas con las patronales agrarias por las retenciones móviles, al enfrentamiento con sectores sindicales por Ganancias."

"Lo cierto es que las provincias disfrutaron entonces de una mejoría en sus cuentas por la que sus gobiernos poco y nada habían hecho; además de lo cual recibieron financiamiento extra por otras vías: la ley de financiamiento educativo de 2005 (crucial para algunas provincias más pobres, por el programa de compensación salarial docente), el fondo sojero creado por Cristina en 2009, las transferencias de capital para obras públicas, los programas nacionales de salud y el alivio en las cuentas provinciales de que el gasto social destinado a los sectores más vulnerables descansara mayoritariamente en los hombros del Estado nacional: las pensiones no contributivas, la AUH, las jubilaciones de la moratoria, el Progresar."

Hoy el panorama es más crítico que entonces, porque todos esos aspectos cruciales de la gobernabilidad construida durante el kirchnerismo en el aspecto de la relación entre la nación y las provincias están en crisis o directamente han desaparecido, sin que lo que se nos señaló por años como un actor político relevante de la escena nacional (¿Cuántas veces nos hablaron en estos tiempos de "rebeliones" provinciales y "ligas de gobernadores"?) no tiene peso, y ni siquiera actúa como tal con voz unívoca: los agarran de a uno como las hormigas con la pava de agua caliente, cuando van saliendo del hormiguero.

Mientras muchos de ellos ya están manifestando su  adhesión al -por ahora invisible- plan "dólares del colchón", y otros tantos aportan su colaboracionismo crucial mediante oportunos votos en el Congreso para sostener la gobernabilidad de Milei, sus provincias son sacudidas por las consecuencias del desmantelamiento de las políticas de protección social (como la moratoria previsional o los planes alimentarios), y de los descalabros que provoca la política económica del gobierno nacional sobre el tejido productivo, los salarios y el empleo.

Lo que no es más que la consecuencia de una generación de dirigentes provinciales -de todos los partidos- con mirada comarcal y pensamiento pequeños, que aceptaron provincializar los términos del debate político (aspecto señalado en su momento acá), y renunciar a toda pretensión de protagonizar la construcción de un destino nacional.

Tuits relacionados: 

jueves, 4 de julio de 2019

EL PERONISMO DEL FUTURO PASADO


Leemos en El Destape Web que Pichetto sigue adelante en su búsqueda de peronistas sueltos para arrimarle a Macri, tras su garrochazo formal al oficialismo; del cual formaba de hecho parte desde 2015. Y no se anduvo con chiquitas, eh: fue a buscar nada menos que a los ex senadores de la Banelco (Branda, Tell, Constanzo y el “Choclo” Alasino), y al ex ministro de Trabajo de la Alianza, Flamarique.

Antes, y luego de comprobar que sus poderes de seducción sobre gobernadores y senadores del PJ eran menores de lo que él pensaba, fue reclutando menemistas y duhaldistas retirados sueltos, como “Chicho” Basile, García Lema, las momias refugiadas en la AGN, Romero, Reutemann o el mismo Menem; lo cual nos da una idea cierta de cuanto de futuro tiene el peronismo del futuro que promete.

En esas tertulias el hombre anda cómodo, tanto como con su nuevo rol de “amigo peronista” de Macri, que cumple para los gorilas el rol del amigo judío, para los antisemitas: hacerlos mostrar como amplios. Pichetto dijo por estos días que hace rato, mucho antes del ofrecimiento de Macri para ser su candidato a vice, él se sentía cercano a las ideas de “Cambiemos”, y no mintió: todo lo que vino haciendo desde el 2015 para acá demuestra que el hombre salió del placard en el que estuvo contenido durante 12 años, y expresa su alivio, se siente cómodo, a gusto, encontró su verdadero lugar.

Alguno podría preguntarse como es posible entonces que fuera presidente del bloque oficialista del Senado durante los 12 años del kirchnerismo, y la respuesta es sencilla: por las mismas razones por las que Martín Redrado fue presidente del Banco Central con Néstor, o Julio Bárbaro presidente del COMFER, en el mismo gobierno: porque durante esos años el kirchnerismo fue una experiencia política emergente de la crisis del 2001 en permanente construcción, con altas y bajas, sumas y restas, agregados y fracturas; que condujo al peronismo desde los instrumentos institucionales de poder del Poder Ejecutivo nacional (como lo hizo Perón desde el 46’, sin ir más lejos), pero nunca lo hegemonizó, al punto de hacerlo homogéneo y sin contradicciones; cosa que por otra parte es imposible en un movimiento político de tal magnitud.

Y para lo que importa, mientras Pichetto fue presidente del bloque del FPV en el Senado, operó para que se aprobaran leyes que impulsaban los gobiernos de Néstor y Cristina en un contexto favorable: la economía crecía, los presidentes eran populares y ganaban elecciones; y cuando los vientos cambiaron, supieron sortear crisis. Y esas leyes ampliaban derechos, recuperaban la capacidad de arbitraje del Estado, afirmaban la dignidad nacional y nuestra capacidad de autodeterminación soberana. Es decir, todo lo contrario de lo que el mismo Pichetto contribuyó a hacer desde 2015, como parte del oficialismo macrista ampliado: como pasó con Barañao, más allá de los hombres, lo importante son las políticas.

Al mismo tiempo que incorporaba a sus filas gente que provenía de otras tradiciones políticas (incluso refractarias al peronismo), el kirchnerismo coexistió con “otros peronismos” en las provincias, en el sindicalismo y en el Congreso, en una convivencia no exenta de roces; incluso con quienes compartían en el una misma mirada del peronismo, o muy parecida: Gildo Insfrán en Formosa, Alberto Rodríguez Saá en San Luis o Carlos Verna en La Pampa expresaron y expresan experiencias que algunos tildarían de conservadurismo populares, pero de las que no se puede negar el carácter peronista, porque supieron mantenerse a salvo de la contaminación del virus neoliberal: condujeron y conducen Estados presentes, con fuerte inversión pública para garantizar servicios esenciales, sostienen fuertes sistemas de salud y educación públicas, y despliegan políticas de contención social e inclusión.

Y frente al kirchnerismo oscilaron entre el apoyo abierto o negociado, y la franca oposición, según el caso. Puede que, por prejuicios puramente estéticos, no se adapten a la idea del peronismo que tiene cierto progresismo bienpensante de clase media urbano que miró con simpatía la experiencia kirchnerista, o incluso formó y forma parte de ella; pero en tal caso el problema es más de ellos y sus prejuicios, que del peronismo. Este fenómeno de la coexistencia de “los peronismos” se puede repetir ahora, corregido y aumentado en cuanto a la “colegiación” del poder al interior del peronismo tras un ciclo de fuerte autoridad presidencial (el de los gobiernos de Néstor y Cristina), dependiendo claro está de que se ganen las elecciones, y de la impronta que le imprima Alberto Fernández a una eventual presidencia suya.

Pichetto hoy, armando un bonsái de “peronismo presentable” a la medida de Macri y de los deseos de estabilización política a largo plazo del establishment, nos muestra el posible destino que le esperaba al peronismo tras la experiencia menemista y la crisis terminal del 2001, si no hubieran aparecido en escena Néstor y Cristina: un mero “partido del orden”, simple suma de cacicazgos provinciales, sin visión nacional, dispuesto a cogobernar o alternarse en el poder, sobre la base un mismo proyecto, que es a su vez la negación misma del proyecto histórico del peronismo.

Es la misma idea que, sin ir más lejos, encarna también Schiaretti cuando dice que el peronismo cordobés (que es cada día más cordobés, y menos peronismo) no apoya ningún candidato presidencial; como si la suerte del país le fuera indiferente a la provincia que gobierna. Para los que piensan así, el kirchnerismo fue una excepcionalidad, de la que hay que arrepentirse si se la acompañó, y en cualquier caso, asegurarse de que no se volverá a repetir. A no engañarse: no son los únicos que piensan así, porque hay muchos que por lo bajo participan de la misma idea, pero se guardan bien de expresarla; y más aun, de ponerla en acto pegando el salto como Pichetto, por razones de estricto pragmatismo. 

Rendidos ante la evidencia de las encuestas, advirtieron que asirse a los maderos del naufragio macrista no era tan buena idea como pensaban un par de años atrás. Esos años -por ejemplo- en los que designaron a Pichetto como Secretario de Acción Política del Consejo Nacional del PJ, cargo que (si la memoria no es fiel) aun hoy detenta formalmente, cuando ya es el candidato a vicepresidente del antiperonismo. En todo caso hay que celebrar desde este lado (y recordar) que se sostuvieron posturas frente al macrismo que construyeron electorabilidad en grado tal, que forzaron a que la aguja del pragmatismo de muchos girara en esta dirección (provocando fotos como ésta), y no la del gobierno, o los "peronismos alternativos".

En la etapa que viene (como el durante el kirhnerismo) deberán convivir bajo un mismo dispositivo de unidad política construida para estas elecciones distintas legitimidades, con la presencia gravitante en términos electorales de CFK, pero corrida del centro institucional de las decisiones formales del Estado. Habrá que ver, si se gana, cuanto corrida de la orientación política de la gestión, de la que hoy por hoy es garante ante buena parte del electorado; detalle este que suelen pasar por alto los que le piden que se corra más aun, que no protagonice, o que se esconda al kirchnerismo durante la campaña, como si a cada paso se estuviera pidiendo perdón por lo que se hizo y prometiendo que no se volverá a repetir, que se haga autocrítica como si no la hubiera hecho, en la práctica; tendiendo puentes con aquellos de los que se había distanciado, empezando por el propio candidato a presidente del espacio que llegó allí por un enorme acto de generosidad política de su parte. 

Se comprende, en las actuales circunstancias y contexto electoral, la necesidad de moderar el discurso, correrse al centro, seducir electores independientes o plantear otros ejes discursivos para desalentar temores: por eso justamente aparece la candidatura de Alberto Fernández. Sin embargo, eso no debe llevar al extremo de desdibujar la propuesta, porque el riesgo de “pichettizarse” está a la vuelta de la esquina, y si se quiere desplazar a Macri, hay que demostrar que somos distintos a él, y haremos las cosas de otro modo; por supuesto que también distintas que como las hicimos antes, porque el contexto es otro. Más que distintas: mejores.

Pero si el peronismo hoy tiene chances de volver a gobernar la Argentina, es antes que nada por lo que hizo cuando le tocó hacerlo, en su encarnación kirchnerista; y eso se expresa en la potencia electoral de la figura de Cristina: el kirchnerismo no fue un “post peronismo”, o una instancia superadora del movimiento creado por Juan Perón, sino la mejor versión posible del peronismo, la que mejor respondió a su naturaleza y recuperó lo mejor de su tradición histórica, en las circunstancias políticas concretas en las que le tocó actuar.

Esa impronta es la que hay que mantener, en medio de esta campaña electoral, y en un futuro gobierno si el pueblo vuelve a confiar en nosotros, en un territorio en permanente disputa como lo es el peronismo desde siempre en vida de Perón y tras su muerte; como decíamos acá hace un par de años atrás para estas fechas. Tuits relacionados:

miércoles, 22 de mayo de 2019

LAS PRÓXIMAS JUGADAS


La eficacia real de una movida política en tiempos electorales solo puede medirse con precisión cuando se abren las urnas y se cuentan los votos, y a veces ni aun entonces; desde que solo se puede conjeturar por qué los resultados fueron los que fueron. Sin embargo, una movida política -como la que hizo Cristina al bajarse de la candidatura presidencial- se toma evaluando los factores a favor y en contra que existen en ese momento, y suponiendo como puede modificar el futuro, en el sentido deseado; incluyendo las opciones políticas de los ocasionales adversarios.

Desde esa óptica y si nos atenemos a lo que vino pasando desde el sábado, la movida no pudo ser más exitosa: sumió al gobierno en una confusión mayor a la que evidenciaba (a punto tal que el tema dominante en la coalición oficialista eran los pedidos a Macri para que se baje de la reelección), como se puede comprobar con solo leer las descompuestas declaraciones de Durán Barba, o el insólito “interrogatorio” de seis puntos de funcionarios del gobierno a un candidato opositor, que debe pasar el filtro de las PASO.

Contra la opinión mayoritaria (en la que nos incluimos) que daba por descontado que Cristina dilataría su decisión hasta el cierre del plazo para oficializar candidaturas, la anticipó, y les corrió a todos la “dead line” mucho más cerca: la fecha clave es ahora el 12 de junio y no el 22, porque ese día es cuando hay que oficializar las alianzas, es decir los sellos y armados al amparo de los cuales se cobijarán las distintas candidaturas.

El lunes que viene está convocada la demorada convención radical para definir la permanencia o no del partido en “Cambiemos”, cosa que todo indica se ratificará: con el paso de los días pierden fuerza al interior de la UCR las presiones para alinear al partido con Lavagna; y los que barajan esa opción parecen carecer de fuerza para imponerla al conjunto. Cuestión distinta son las condiciones que pongan los radicales para seguir siendo socios del PRO, en especial en lo que tiene que ver con la candidatura de Macri, o la integración de la fórmula presidencial. Pero eso es harina de otro costal, y problemas de l gobierno, no de la oposición.

Pero donde la movida de Cristina hizo más ruido fue, sin dudas, en el espacio del peronismo no kirchnerista, entendiendo por tal a Sergio Massa, Alternativa Federal y Roberto Lavagna: el lanzamiento de la fórmula “FF” agudizó sus contradicciones internas, le vació el espacio de gobernadores del PJ y los forzó a acelerar las definiciones, tanto que Lavagna ya se apuró a ratificar que es candidato, pero que no aceptará ir a una PASO, lo que lo deja con dos y solo dos opciones: o es el candidato único de AF (algo que hoy por hoy parece lejano e inviable), o se aleja de allí en busca de su propio camino, junto a los “quioscos” progresistas que poco suman; como Stolbizer o el socialismo santafesino. Ya se dijo que todo indica que podrá morder poco voto radical, si el partido ratifica la pertenencia a “Cambiemos”.

Como consecuencia directa de la movida de Cristina, Schiaretti debió apurarse a dar pasos que esperaba posponer para más adelante (recordemos que el día antes del anuncio de la fórmula se despegaba de responsabilidades mayores diciendo que no era “el macho alfa de Alternativa Federal”); y tuvo que decir que irán con fórmula propia, sin acuerdos ni con el kirchnerismo, ni con el gobierno. 

Pero acto seguido se reunió con Macri en respuesta a la "carta de los 10 puntos", lo que autoriza a suponer que sus movimientos estarán si no coordinados formalmente con los del oficialismo, son puestos sobre aviso a éste: llegado a jugar en las ligas mayores tras su contundente triunfo en Córdoba, e invitado a sumarse a una unidad opositora amplia (Gioja, la dirigencia del PJ y el propio Alberto Fernández fueron muy enfáticos al respecto), una vez más el ex empleado de SOCMA muestra los estrechos límites del “cordobesismo”. Hay rumores que van más lejos, y hablan incluso de un ofrecimiento del gobierno al sector para poner el vicepresidente en la fórmula de Macri: algunos fondos inversores están haciendo circular la versión, para pescar en río revuelto con el valor de los bonos de deuda que viene comprando.

Por una extraña deformación del ego, Sergio Massa parece disfrutar que todos los reflectores se posen en él, y sigue haciendo equilibrio entre AF y los contactos con el kirchnerismo, dilatando hasta el final su definición ya no sobre sus aspiraciones personales (ha ratificado que quiere ser candidato a presidente), sino sobre la canasta en la que terminará poniendo los huevos: no son pocos los que dicen que esperará hasta último momento para definir eso, porque así como apostaba a que Cristina no iría por la presidencia, intuye que también podría bajarse a último momento de la fórmula.

Esto último es una operación en desarrollo, que ya están instalando los medios oficialistas, y a la que podrían prenderse algunos dirigentes del PJ que no quieren resignar espacios, y siguen adscribiendo a la peregrina idea (que vienen ensayando desde hace tres años) de que la unidad sea como la famosa anécdota de Perón del negocio de los sándwiches de vaca y pollo: Cristina pone los votos, y ellos los candidatos.

El antecedente de las elecciones provinciales donde Cristina mandó a bajar los candidatos propios no sirve a esos fines, pues allí donde eran competitivos y podían ganar (como en Chubut o la intendencia de Santa Rosa) los sostuvo; y no hace falta aclarar quien es la candidata verdaderamente competitiva, en el orden nacional. En palabras de Alberto Fernández cuando ni siquiera soñaba con el ser el candidato presidencial del kirchnerismo, “Con Cristina sola no alcanza, pero sin Cristina no se puede”.

Su ausencia en la fórmula presidencial sería, lisa y llanamente, un suicidio político del peronismo, que le enajenaría sus chances de ganar en primera vuelta, y pondría en zona de riesgo un eventual balotaje. Si en “Alternativa Federal” o lo que queda de ella no han terminado de entender (o de aceptar) que el camino para ganarle a Macri y a Cambiemos es competir en la PASO del PJ (si no es que lo entendieron, y están apostando a otra cosa), en el grueso del peronismo han demostrado hasta acá ser más razonables, en especial la mayoría de los gobernadores: quieren ganar.

Y por último, un tema no menor, en especial hacia la interna de “los peronismos”: el 12 de junio como dijimos vence el plazo para presentar las alianzas electorales, las que de acuerdo con el artículo 10 de la Ley 23.298 (modificado en el 2009, con la reforma que creó las PASO), los partidos políticos nacionales (como el PJ) y de distrito pueden constituir alianzas para elecciones nacionales, pero en el segundo caso (partidos de distrito) deben hacerlo necesariamente con un partido de personería nacional.

Hoy el “sello” del PJ lo detenta el Consejo Nacional que preside José Luis Gioja, que definió hace un tiempo en el congreso de Ferro (validad por los veedores de la justicia electoral) su política de alianzas en lo que dio en denominar “Frente Patriótico”, y los que quieran ir a las urnas con la boleta oficial del peronismo deberán competir en las PASO de ese frente. Por esa razón el año pasado Barrionuevo (con el indisimulado apoyo del gobierno y de otros sectores como Duhalde) tomaron por asalto el partido, con una intervención digitada con la complicidad de Servini de Cubría.

Si “Alternativa Federal” y Sergio Massa por su lado (juntos o separados) van en fórmulas aparte, no podrán hacerlo bajo el nombre, el escudo, los símbolos y los colores del PJ, y necesitarán basarse en otro partido, con personería nacional. Sellos de goma sobran, pero eso no quita que la cuestión debe estar dilucidada sí o sí para el 12 de junio. Tuits relacionados: 

martes, 14 de mayo de 2019

SI NOS ORGANIZAMOS, GANAMOS TODOS


Al kirchnerismo siempre le costó construir electorabilidad para los candidatos de la “fuerza propia” en las elecciones provinciales, incluso durante los gobiernos de Néstor y Cristina. Datos, no opinión. Al peronismo no kirchnerista/anti kirchnerista, en sus diferentes encarnaciones, siempre le costó construir candidatos con volumen electoral relevante para las elecciones nacionales, desde el 2003 en adelante y después de la llegada de Macri al poder. Datos, no opinión.

La situación descripta se reactualiza hoy, a partir del resultado de las elecciones provinciales, en especial las de Córdoba; pero obedece a causas estructurales, vinculadas por un lado a la disputa interna del peronismo (sobre lo que volveremos luego) incluso antes de la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, y por otro lado (al menos en nuestra opinión) al reparto de las competencias concretas de cada nivel de gobierno que determina nuestra organización federal; impactada por las reformas del menemismo en los 90’, incluida la reforma constitucional del 94’; que transfirió a las provincia la propiedad de los recursos naturales, y estableció un mecanismo de discusión de la coparticipación federal de impuestos que implicó en términos prácticos, dejar todo como estaba.

Ese reparto de competencias determina no solo diferentes compromisos de gestión, sino distintos modos de interacción con los actores económicos y sociales, que juegan roles políticos: para un gobernador (y más aun para un intendente), una buena gestión depende de pagar en tiempo y forma los sueldos estatales, sostener razonablemente bien los servicios críticos a su cargo (escuelas y hospitales, básicamente) y realizar algún grado de obra pública. Para un presidente o un gobierno nacional, la cosa es bastante más compleja, porque tiene que lidiar con la economía, con todo lo que ello implica.

En un ciclo de bonanza económica (como fue el del 2003-2015, con sus vaivenes), las provincias estaban solventes, tenían recursos y sus gobiernos podían administrar sin mayores inconvenientes, lo que explica el bajo nivel de protestas sociales “localizadas”, y el amplio predominio de los oficialismos nacionales en las elecciones. Y en una fase de recesión y ajuste (como la actual), los gobernadores se las ingeniaron para arrancarle concesiones al macrismo en materia de recursos, a cambio de apoyos en el Congreso; pero lo decisivo no fue eso (como sostiene Zuleta Puceiro en ésta nota, a la que corresponde la imagen de apertura), sino que no tuvieron que lidiar con la economía y sus dilemas.

Un gobierno nacional (de cualquier signo que sea, y cualquier sea el programa que ponga en marcha) tiene la responsabilidad de decidir la orientación del modelo productivo, el grado de apertura de la economía, la política monetaria y de orientación del crédito, y hasta cierto punto el fomento del empleo, el nivel de los salarios y el ordenamiento de la puja distributiva, que impacta en la inflación y la distribución del ingreso. Cuestiones todas que son ajenas, por escala y competencias, a las preocupaciones de un intendente o un gobernador, los que en consecuencia también están exentos de los desgastes que implica pugnar con factores de poder no institucionales, en relación a ellas.

Un ejemplo práctico -o varios- para que se entienda: ningún gobernador tendrá que preocuparse por la guerra contra los conglomerados de medios (porque no puede decidir sobre el grado de concentración que se permite allí), ni por las embestidas de los fondos buitres y los capitales financieros especulativos (porque es el Estado nacional el que maneja la deuda externa del país, y los movimientos de capitales), ni enfrentar una asonada de las patronales agropecuarias por las retenciones, o de los sindicatos de los trabajadores mejor remunerados por Ganancias.

La mayoría de ellos (por no decir todos) se cuidan muy bien de cualquier avance que implique entrar en ese tipo de cuestiones, por ejemplo “planchando” en niveles irrisorios el impuesto inmobiliario rural, principal tributo directo (y por ende, constitucionalmente competencia provincial) que puede rozar rentas extraordinarias. Tampoco tendrán que desvelarse por la financiación de la seguridad social (que al ampliar su cobertura los pone a su vez a cubierto de conflictos sociales, sin poner un peso), a punto tal que la mayoría de ellos transfirieron sus cajas jubilatorias a la nación, o consiguieron que les financiaran el déficit. Por el contrario, generar una alternativa competitiva a escala provincial exige tener discurso y propuesta para los problemas de ese orden, no alcanza con "nacionalizar" los temas de campaña, y esa es una dificultad con la que tropiezan los candidatos kirchneristas en las provincias.

A semejanza del peronismo original, el kirchnerismo es una fuerza política construida “desde arriba”, a partir de la disponibilidad de las herramientas de gestión del Estado nacional, y debió convivir con peronismos provinciales que obran cada uno con una dinámica propia, como las fuerzas provinciales con las que se encontraba Perón en el 45’. A partir de sus éxitos en política económica y social pudo articular y sostener una coalición más o menos estable con esas fuerzas que operaban de hecho como provinciales, y que nunca terminaron de articular un actor político unificado: la “liga de gobernadores” nunca pasó de ser una especulación de los editorialistas de los grandes medios porteños.

Hoy, en medio de la crisis generada por las políticas del gobierno nacional de Macri, y sin que el kirchnerismo disponga de los instrumentos de gestión del Estado nacional para hacer política, la potencia electoral de Cristina se sostiene en el contraste entre lo que hizo cuando le tocó gobernar, y el desastre de “Cambiemos”. Como la crisis es nacional, no les alcanza a quienes sí tienen instrumentos y resultados de gestión que mostrar (como los gobernadores), pero acotados a sus realidades provinciales, para construir una alternativa electoral potable, con posibilidades de disputar con éxito una elección nacional.

Dicho esto a partir del impactante triunfo de Schiaretti´, que plantea el interrogante de si esta vez -como viene amagando hace 20 años- el “cordobesismo” logrará traspasar los límites provinciales y articular una propuesta nacional de tono peronista en torno suyo, o simplemente se quedará en el planteo de una conducción más colegiada y “federal” del conjunto del peronismo; acompañando en la elección nacional “al que más mide”, o (como vino haciendo muchas veces hasta acá) declarándose formalmente prescindente al respecto, aunque tenga su corazoncito.

La estrategia de levantar candidatos propios para contribuir al triunfo del PJ (y ante todo, a la derrota de los candidatos de Macri) que viene desplegando con éxito Cristina no tiene tanto que ver con que haya pactado reciprocidad para las elecciones nacionales, donde la aplicación estricta del mismo concepto de “ir todos detrás del que mide más” llevaría directo a que los gobernadores apoyen su candidatura. Sin descartar que esos acuerdos existan, se trata sobre todo de eliminar excusas que se utilicen en contra del kirchnerismo para armar una “colectora” que divida votos opositores, y le facilite las cosas al gobierno.

Cristina sabe, más y mejor que nadie, que por más acuerdos o desacuerdos que tengan los dirigentes, cuanto entra a tallar el voto de la gente en una elección nacional y con ella como candidata, la cuestión es bien diferente; porque no solo tiene muchos más votos que cualquier candidato K de los distritos, sino que supera a la mayoría de los gobernadores del PJ y su eventual candidato presidencial, allí donde éste es gobierno. Es que con una crisis de la magnitud de la actual (que podría profundizarse de acá a las elecciones) no hay viabilidad para “provincialismos” o “municipalismos”, sino para un proyecto nacional, claramente definido y que tenga claro que hacer con la víscera más sensible: la economía.

Va de suyo que los dilemas que al respecto afronta el peronismo “alternativo” tienen que ver más que nada con la discusión ideológica que se da hacia el interior de ese inmenso territorio en disputa permanente que es el peronismo, aunque siempre parezca pospuesta por las urgencias electorales: ¿ofrecerse como la continuación del proyecto macrista en sus grandes líneas, pero “mejor gestionado” y con un soporte político más sólido; o animarse a aportar a la construcción de una alternativa real, aunque eso implique turbulencias por más que se apueste a un "pacto social"? Si la opción elegida es la segunda, está claro en que candidatura tienen que poner los porotos.

jueves, 7 de febrero de 2019

EN CUESTA


Basta leer los diarios o los portales de noticias todos los días para empacharse de encuestas que circulan, para todos los gustos: sobre la imagen de Macri y su gobierno, sobre intención de voto de los candidatos lanzados y no lanzados, sobre posibles escenarios de balotaje y su resolución.Pueden diferir en los resultados, pero hay más o menos una tendencia general: cae Macri pero sostiene un núcleo duro de adhesiones, sube Cristina como principal referencia opositora pero tendría un techo, la elección se resuelve en segunda vuelta y allí el gobierno se impondría; a menos que la oposición genere otra candidatura con menor nivel de rechazo, todo eso pese a los fantasmagóricos números de la economía.

Aun cuando no se piense que las encuestas son más un mecanismo de influencia y configuración de la opinión pública que un relevamiento de ésta, se tiene la clara sensación de que la percepción en la calle es otra, comenzando porque la gente está sumida en preocupaciones mucho más apremiantes que empezar a pensar a quien votaría, o a quien no votaría nunca; y cosas por el estilo. Sin embargo, todos los análisis políticos que circulan por los medios se construyen exclusivamente en base a las encuestas, claro que en muchos casos por las mismas razones: se trata de operaciones más o menos desembozadas no para explicar la realidad, sino más bien para construirla a medida.

Muchos menos conclusiones se sacan, en cambio, del comportamiento de los propios actores políticos; que suelen obrar en general en base a un cruce entre ambas fuentes: revisando constantemente encuestas (incluyendo las que no los favorecen, y por eso no dan a conocer) y midiendo el pulso y la temperatura de la calle, algo de lo que ningún político que se precie debiera prescindir. Y si uno repasa el comportamiento de los principales actores políticos (oficialismo y oposición) en los últimos meses, se encuentra con lo siguiente:

* El gobierno parece empecinado y apurado en modificar, e pleno proceso electoral, las reglas de juego de modos sospechosos, y sin consenso con la oposición o por lo menos con toda ella, como sería de esperar si los cambios tuvieran la finalidad de perfeccionar el sistema, y no de sacar ventaja: así pasaron los cambios por decreto al voto de los residentes en el exterior (incluyendo el voto por correo), la eliminación de los telegramas de mesa violando el Código Electoral (ya trabajan en un software específico que lo posibilite), cambios en el voto de los privados de libertad y el personal de las fuerzas armadas y de seguridad afectado al operativo electoral, intento de modificar las reglas de financiamiento de campaña para permitir los aportes empresariales.

* Una compulsión al dictado de DNU’s y otras medidas burdamente destinadas a favorecer negocios propios y de los amigos (como la quita de las frecuencias a ARSAT, o el desguace de la Secretaría de Deportes), echas a las apuradas y buscando soslayar la discusión en el Congreso: ambas cuestiones (maniobras sospechosas de fraude, apresuramiento por manotear algo) no parecen propias de una fuerza política que confía en ganar las elecciones para permanecer en el poder, sino más bien todo lo contrario.

* La constante instalación de un agenda “efectista”, con la discusión de temas como el uso de la fuerza letal por las fuerzas de seguridad, la expulsión de los extranjeros que delinquen, la edad de la imputabilidad de los menores, la “extinción de dominio” o los presuntos fraudes cometidos con las pensiones sociales: una mezcla de bolsonarismo argento con “mani pulitte” direccionado a los opositores políticos, todo con el propósito de darle al núcleo duro de votos propios motivos para seguir creyendo, cuando la “realidad efectiva” induce en sentido contrario.

* Dentro del propio PRO (es decir, la fuerza construida y liderada por Macri) surgen brotes “autonómicos”, como el intento de Vidal de desdoblar las elecciones bonaerenses por la presión de los intendentes propios, preocupados por el collar de melones predidencial; o la propuesta de Jorge Macri para suprimir las PASO, seguramente preocupado por los efectos de la polarización y el “voto útil” en contra del gobierno: aunque ambas propuestas parezcan contradictorias y en cierto modo lo son, nacen de la misma debilidad política del oficialismo, y su preocupación por los resultados de la elección.

* Pese a sus promesas previas y a las convocatorias públicas de Macri para que no lo hicieran, los radicales (Cornejo primero, en breve Morales) separan las elecciones de las nacionales en las provincias donde gobiernan, expresando los límites de su compromiso con “Cambiemos”: no llega al extremo de entrar al cementerio con el proyecto de reelección presidencial, dejando en la puerta los lugares institucionales que consiguieron.

* Ya ni siquiera se oyen voces importantes de la UCR (no vale decir Ricardito Alfonsín) planteando la necesidad de sostener candidatos propios a la presidencia, disputando en una PASO con Macri la nominación por “Cambiemos”, o el reclamo de que uno de los propios acompañe al presidente en la fórmula, algo que sí hacen por ejemplo con Vidal en la provincia de Buenos Aires.

* Hace un año o menos, el entonces presidente del PJ bonaerense decía que Vidal "estaba angelada", y nadie en el peronismo de la PBA se animaba a enfrentarla electoralmente. Hoy los candidatos auto proclamados a la gobernación son cerca de una decena.

* La creciente irrelevancia de los intentos de la progresía bienpensante (el socialismo santafesino, Stolbizer, Liebres del Sur) por instalar una tercera alternativa al macrismo y el kirchnerismo que se suceden unos a otros como intentando armar un rompecabezas que tiene más piezas que votos y encima no encastran, no hace más que confirmar que la polarización existe, y se los llevó puestos. Otro tanto ocurre con el desinfle diario de Massa, a cada paso.

* El “peronismo alternativo” no despega: Lavagna avisa que él no participará de ninguna interna y esperará hasta mediados de año para decidir si será candidato (acaso aspirando a ser proclamado por la Asamblea legislativa como Duhalde en el 2002), el propio Duhalde dice que ha olvidado sus diferencias con Cristina, y los gobernadores oscilan entre arreglar listas de unidad con el kirchnerismo en sus provincias, despegarse en silencio del pichettismo, o pedir públicamente que la unidad incluya a Cristina, como Manzur.

* Arranca el “operativo clamor”, con gente pidiéndole a Cristina no solo que defina su candidatura, sino que conduzca el espacio opositor, y desde lugares impensados: primero fue Alperovich, acaso urgido por la interna tucumana; luego Pino Solanas; hombre reacio a aceptar toda conducción que no sea la de él mismo, si los hay.

* La tendencia desde que se votó la reforma previsional con represión en el Congreso incluida es que un polo se achica (el del gobierno y sus aliados), mientras el otro crece sumando adhesiones (el de la oposición encarnada por el kirchnerismo). Alguien -puesto en crítico ácido- podría decir que en el segundo caso esos movimientos suponen no tanto conseguir los votos que le permitan a Cristina “romper el techo,” como cobijarse debajo de ese techo y de esos votos, pero la tendencia está, lo que está por ver si existe es el famoso techo.

De todo lo expuesto no debe seguirse como conclusión que la elección ya está ganada, pero (parafraseando a la propaganda oficial) que “sí, se puede”. Faltaría que se convenzan algunos de los propios y los “autocríticos”, y se pongan a trabajar en consecuencia para hacerlo realidad, en lugar de anticipar derrotas inexorables frente a la maquinaria invencible de Durán Barba. Tuits relacionados:

miércoles, 2 de enero de 2019

CURSO ACELERADO DE OPOSITOR


Resulta conmovedor el esfuerzo que hace Sergio Massa para desandar tres años de colaboracionismo con el régimen macrista, y mostrarse como una alternativa opositora, ahora que el deterioro del proyecto al cual le aportó "gobernabilidad" ya es indisimulable.

El esfuerzo suyo y el de los restos del "Frente Renovador"; que ahora se traduce en un supuesto seguimiento puntilloso de las "promesas incumplidas" del macrismo, en especial en materia de obras de infraestructura en todo el país. Al informe del cual habla el tuit de apertura pueden acceder siguiendo este enlace; y menciona las obras de infraestructura que Macri prometió y su gobierno ni siquiera empezó, o tienen un porcentaje muy bajo de ejecución. 

Incluye hasta los famosos "3000 jardines de infantes" sin hacer mención -por supuesto, no sea cosa que lo tilden de kirchnerista- al hecho de que se iban a construir con la plata que el Estado se ahorraba al dejar de financiar el "Fútbol Para Todos".

El problema es que cuesta creerle semejante voltereta opositora, no solo porque hasta ayer le votaban todo al gobierno en el Congreso, sino porque los incumplimientos de Macri y su gobierno hablan tanto de su desastrosa gestión, como de los nabos (por ser buenos) que fueron Massa, el massismo y los gobernadores peronistas "dadores voluntarios de gobernabilidad", en confiar en las promesas del oficialismo, sin obtener nada a cambio de tanta benevolencia.

En efecto, casi todas las obras no concretadas que se mencionan en el informe estaban previstas primero con endeudamiento externo (para lo cual massistas y "peronistas alternativos" votaron el acuerdo con los fondos buitres, y "se sacaron el sombrero" -Sanguchito Bossio dixit- por el modo en el que el macrismo levantó el "cepo" cambiario), y luego con el sistema PPP (Participación Pública Privada).

Sistema aprobado en 2016 mediante la Ley 27.328 que adivinen con que votos positivos contó, además de los del oficialismo: sí, acertaron, con los de la "oposición responsable" que hoy forma el "peronismo alternativo". Pese a que se advirtieron los riesgos y trampas del sistema (ver al respecto acá), y a que al igual que con el blanqueo de capitales, Macri modificó la ley votada por el Congreso al reglamentarla, a su gusto y paladar, o mejor dicho, a favor siempre de las exigencias de las empresas: ver al respecto acá y acá.

Y al igual que lo que ocurrió con el acuerdo con los fondos buitres y el brutal proceso de endeudamiento que sobrevino después, todas las "mejoras" propuestas por el massismo a los proyectos del gobierno que acompañaba con su voto, fueron inútiles, o dejadas de lado por el gobierno: ni se garantizó (en los corredores viales licitados bajo el sistema PPP, por ejemplo, o en las energías renovables) la participación de las Pymes, ni funcionó la comisión bicameral de seguimiento, ni se evitó que se prorrogara la jurisdicción en tribunales extranjeros para resolver eventuales pleitos derivados de los contratos.

Pese a eso (porque el incumplimiento de las promesas no se hizo en un día) el massismo siguió acompañando con su voto la sanción de los presupuestos del año pasado y de éste (donde seguían figurando como promesas las obras que no se hicieron), y si bien la mayoría del bloque votó en contra el Presupuesto 2019, los legisladores que responden a los gobernadores del "peronismo alternativo" (la estructura sobre la cual pretende recostar hoy Massa su candidatura presidencial) lo votaron a favor, y en un puñado de casos, se abstuvieron.

Y la cuestión no es menor, porque en esa misma ley de presupuesto se volvieron a retocar las normas de la ley PPP para favorecer a las empresas, poniendo además en riesgo la solvencia financiera y patrimonial del Banco Nación; y a los gobernadores del PJ que protestaron por las obras que se podaban del presupuesto arreglado con el FMI para conseguir el déficit cero, los conformaron con el caramelo de vidrio de que todas esas obras (que ahora Massa nos cuenta que no se hicieron) serían derivadas al sistema de participación pública privada, que el gobierno acaba de cancelar por la suba del riesgo país; a la que se llega por los temores de un posible default, consecuencia del híper endeudamiento en estos tres años, que massistas y "alternativos" acompañaron con su voto.

De modo que el problema no es -como dice Massa- que hay que desconfiar de la palabra del gobierno cuando dice que el actual rumbo del país es el único (algo que desde el kirchnerismo venimos sosteniendo desde diciembre del 2015, contra la opinión de los hoy devenidos "feroces opositores"), sino cuando él dice que constituye una alternativa a ese rumbo. Tuit relacionado: 

jueves, 27 de diciembre de 2018

LA TERCERA VÍA MUERTA


¿Qué tienen en común Pichetto, Massa, Bossio, Urtubey, Schiaretti, Ricardito Alfonsín, Stolbizer, Lifschitz,. Lousteau, Lavagna, Duhalde y buena parte de los gobernadores del PJ? En apariencia nada; pero si se indaga un poco más, hay cosas: mostrarse más preocupados por un posible retorno de Cristina y el kirchnerismo al poder que por construir una alternativa opositora que desplace al macrismo del poder, por ejemplo.

También que, aunque algunos (el PJ "alternativo", el socialismo) parezcan llevar tras de sí estructuras partidarias o parte de ellas, son mascaritas sueltas, en su mayoría sellos de goma unipersonales, que practican la política del "fotismo" y los encuentros bilaterales "para sumar a X al armado de N"; en una sucesión vertiginosa de "tres empanadas para dos" electorales a la que a veces se hace imposible seguirle el rastro.

Puestos a analizar la cosa, también tienen en común que parecen haber hecho la misma lectura de los dos fenómenos políticos emergentes de la crisis del 2001: el kirchnerismo primero, y el macrismo después.

Según esa visión, el kirchnerismo sería una excepcionalidad histórica, fruto de una coyuntura concreta, desparecida la cual debería disolverse de modo tal que ni siquiera queden registro histórico de su paso, y todo vuelva lentamente a la "normalidad"; y el macrismo, nuestra "nueva derecha moderna y democrática", como tienen todos los países "serios"; con la que incluso se puede coincidir y compartir ideas, como de hecho lo hicieron.

Lo dicho no cambia por el hecho de que algunos (como Pichetto y los gobernadores) hayan compartido hasta el fin la experiencia kirchnerista, y porque otros (como Lousteau y Lavagna) hayan sido funcionarios de sus gobiernos. En el caso del "peronismo alternativo", queda claro que se trató de estrictas razones de pragmatismo político más que de una visión ideológica compartida, y en algunos casos como Pichetto y Urtubey, queda claro que  fue a disgusto en su fuero interior, porque hoy se los ve como liberados y más a gusto en el nuevo clima de época.

Lavagna y Lousteu, por su parte, son las mayores supersticiones electorales argentinas junto con el mito del eterno retorno de Sergio Massa; y es curioso que quienes reniegan de asociarse al kirchnerismo "porque sería volver al pasado" (lo que se parece más a una mera constatación cronólogica que a una definición política), busquen como posibles "fronts mans" electorales a dos ex ministros de Economía de ese pasado del cual abjuran, justo cuando los problemas principales del país vienen por el lado de la economía: algo no cierra del todo ahí.

Por otro lado, abstracción hecha de los "pragmáticos" del PJ (los gobernadores, Pichetto) que son oficialistas de todos los gobiernos, los demás fueron tan férreamente opositores durante el kirchnerismo, como amables "cogobernantes" de hecho durante el macrismo; donde hasta el tono de las críticas bajaron, como corresponde entre comunes, con diferencias de matices entre sí.

Estos tanteos entre todas las piezas sueltas por fuera del macrismo y la coalición en gestación en torno al kirchnerismo y Cristina se presentan como una tentativa de armar un rompecabezas para cobrar volumen , pero sin que quede claro con que electorado, y para que. 

Para gobernar, es impensable: sería una versión empeorada de la alianza del 2001, en tanto collage político sin sustento real, y con un muy posible choque por el liderazgo, a poco de arrancar; y todo indica que replicarían al macrismo en un punto esencial, que fue el que nos trajo hasta la crisis actual: ofrecerse como vehículo político para canalizar las demandas y los intereses del poder "real".

Para lograr meterse en el balotaje, improbable, por la dinámica propia de la polarización entre un macrismo que capta el núcleo duro del voto antiperonista como decíamos acá, y un peronismo y aliados organizados en torno a la candidatura de Cristina: el tercio restante es de menor volumen que cualquiera de los dos, y para peor, no parece que cuente con un candidato capaz de unificar sus votos.

Lo más probable -más allá de lo que crean los impulsores del ensayo- es que un rejunte de todo lo "suelto" sirva para terciar en el balotaje inclinando la balanza hacia un lado u otro, si fuera posible que las estructuras políticas disciplinen al votante "suelto", cosa harto discutible en los tiempos que corren.

En esa hipótesis, habría que pensar con que perfil se armaría esta tercera oferta: anti K o anti M; y desde allí, es un hecho que ninguno de los que picotean alrededor de ella se planteó nunca como posibilidad tender puentes con el kirchnerismo (como han hecho y están haciendo otros, como Moyano, Pino Solanas, los movimientos sociales o sectores del sindicalismo), para sumarse a la construcción de la oposición real y socialmente existente: no está en su ADN, simplemente; con la posible excepción de los gobernadores del PJ, que si el mecano no termina de encastrar y como no comen vidrio, olfatearán encuestas y decidirán en consecuencia; algo de lo cual ya adelantaron algunos, desdoblando las elecciones provinciales de las nacionales.

En la respuesta a estos interrogantes está el rol que los "terceristas" están dispuestos a jugar, en función del cual articularán sus alianzas electorales, y todo indica que no es otro que conducir a una vía muerta una porción del voto disconforme con el macrismo, impidiendo un triunfo de Cristina en primera vuelta (o tratando de hacerlo), o "dejando en libertad de acción" a sus electores para un posible balotaje (como ya lo hicieron en el 2015), en otro inocultable guiño para que en esa instancia voten a Macri; porque lo prefieren al retorno del kirchnerismo. De eso se trata en definitivas todo esto, y no mucho más. Tiut relacionado:

viernes, 23 de noviembre de 2018

A SPOILEAR EL FINAL


Primero que nada, el contexto de la foto (una más, y van) de ayer: después de que los reunidos aportaran votos decisivos para que se aprobara el presupuesto del ajuste pactado por el gobierno con el FMI, en respuesta reactiva al discurso de Cristina en Ferro, y después de la movida opositora para hacerle perder terreno al gobierno en el Consejo de la Magistratura; movida a la que -siempre hablando de contexto- habrá que poner en su justa dimensión cuando el rengo empiece a andar, o sea cuando haya que decidir algo concreto ahí.

Mientras tanto, sirvió para que oficialismo tuviera una crisis interna por el desplazamiento de la UCR, para que Massa metiera un pie donde no lo tenía vía Camaño, y para que Pichetto asuma personalmente un rol para el que ya no tiene nadie en quien confiar para que lo cumpla por él, síntoma de la crisis de su bloque. Y no mucho más, por ahora.

Mientras el cuarteto imperial y buena parte de los gobernadores formalmente opositores se sacaban la foto de rigor, la conducción de la CGT -llevada por Barrionuevo, el ex interventor duhaldista en el PJ nacional- se reunía con Lavagna para convencerlo de ser candidato: el eje Duhalde-UIA-AEA en acción, lubricado por el pacto/canje de un paro a desgano finalmente levantado, por un bono acotado y azaroso; para sostener si no el poder adquisitivo de los trabajadores (algo que nunca estuvo entre las metas de ninguno), si la “competitividad en dólares” de las empresas, ganada por la devaluación a costa, precisamente, de los salarios reales.

Y para terminar con el contexto, todos reuniéndose mientras en el Congreso avanza sigilosa y velozmente el proyecto para salvar a Clarín y La Nación de las regulaciones que los perjudican en el manejo de Papel Prensa, promovido por Bossio (gestor de la reunión de los cuatro con los gobernadores) y el hijo de Lavagna, la mayor superstición electoral argentina de la última década que pretende ser a Néstor y Cristina, lo que Cavallo reclamaba para sí de Menem: ser reconocido como el verdadero padre del modelo, luego desvirtuado.

Las dos alas en marcha de un peronismo modelo 2002; que pretende dar vuelta la página del kirchnerismo, como si nunca hubiera existido; y que deben ser puestas en el mismo contexto para tener en claro que, por fuera del polo opositor que se está congregando en torno a Cristina, todos son japoneses en términos electorales, y una segura vuelta al pasado en términos políticos, y no precisamente al punto en el que quedó el país al asumir Macri el gobierno: el hecho de que se la pasen (como los troscos, curiosamente) más tiempo hablando de Cristina que de Macri, o poniendo a los dos en un mismo plano como parte de los problemas del país que reclaman soluciones, dice bastante al respecto.

Pero si algo no son los gobernadores de la foto, es ingenuos, porque mientras le muestran los músculos a Cristina, casi todos ellos (salvo los que tienen impedimentos constitucionales o legales) anticipan las elecciones provinciales,para despegarlas de las nacionales; en un reconocimiento implícito de que no tienen un candidato de peso para oponerle en esa disputa, pero al mismo tiempo con el deseo de que la interna nacional no interfiera en sus respectivas provincias, que no pueden ganar sin el voto kirchnerista.

Porque más allá de cuantos votos crean que juntan cada uno de los que se prestaron para la foto, o como proponen resolver su interna o quien es entre ellos el candidato taquillero (Massa, Urtubey, un tapado), la pregunta es como creen cada uno de ellos que le iría a ese candidato en una interna contra Cristina, en sus respectivas provincias: salvo en Córdoba y hasta ahí (porque disputan el voto opositor, no el macrista), el resultado no es dudoso: serían barridos.

Lo interesante del caso es que por un lado el kirchnerismo (al que acusaron y acusan de sectario y dogmático) viene haciendo esfuerzos reales por la unidad, tendiendo puentes con sectores con los que mantenía diferencias, ellos siguen sin dar pistas respecto a dónde los encontrará “el final” de todo este esfuerzo fotista: ¿por adentro compitiendo con Cristina en una interna, arriesgando una segura derrota y luego sumándosele por aquello de “el que gana conduce y el que pierde acompaña”?

¿Sumando fuerzas para negociar en mejores condiciones con Cristina la fórmula, las listas e incluso el perfil de un futuro gobierno; o por afuera, como colectora del macrismo, con chances probables de restar votos opositores y facilitarle a Macri la reelección? ¿O en realidad hay que empezar a pensar las cosas de otro modo, como por ejemplo que yendo “por afuera” del polo que se está gestando en torno a Cristina lo favorecen, porque podrían recoger voto descontento del macrismo que jamás la votaría? No ciertamente del núcleo duro de “Cambiemos” que nunca votaría al peronismo, por más desencantado con el gobierno que estuviese.

El dilema que no logra resolver el “peronismo alternativo” desde el 2015 es a que electorado le están hablando, porque si los dos núcleos duros (el macrista y el kirchnerista) los rechazan, ¿les alcanza para ganar con una “avenida del medio” que ya no se sabe cuan ancha o angosta es, o en realidad no buscan ganar sino simplemente incidir en determinar quien gane?

¿Qué piensan hacer -si lograran cobrar volumen electoral- ante esa disyuntiva histórica? Porque ahí se terminan los pragmatismos, y en la definición que tomen, hay –les guste o no- una toma de partido ideológica, sobre el proyecto de país a futuro: o más de lo mismo visto en estos tres años, o un cambio real para mejor; que no puede lograrse sin desplazar al neoliberalismo del poder. 

Claro que todas estas especulaciones pueden devenir abstractas en el supuesto (no improbable) que el empeoramiento de las condiciones económicas y sociales genere las condiciones para derrotar al macrismo en la primera vuelta electoral, conforme a lo que establece el artículo 98 de la Constitución (leer al respecto acá), sobre la base de la respuesta a dos preguntas sencillas, a saber: 1) ¿Por qué razón alguien que votó a Scioli en la primera vuelta del 2015 no votaría ahora a Cristina, si fuera candidata, y 2) ¿Alguien puede asegurar con certeza que en este contexto Macri es capaz de retener todos los votos que obtuvo entonces, y que ninguno de los que pierda iría a la principal alternativa opositora? Tuits relacionados: