LA FRASE

"PARA ANALIZAR SI REALMENTE HABÍA NECESIDAD Y URGENCIA PARA QUE EL PRESIDENTE DICTARA EL DNU 70 EN 2023 NOS VAMOS A TOMAR TODO EL TIEMPO QUE SEA NECESARIO." (HORACIO ROSATTI)
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jueves, 27 de junio de 2024

PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA

 

Esta semana se conocieron los indicadores oficiales de las principales variantes de la economía durante el primer trimestre del año, es decir en los primeros meses desde que el ex panelista televisivo tomó el comando del Poder Ejecutivo nacional.

Los resultados son todos desastrosos, por donde se los mire: el PBI cayó más de 5 puntos, el desempleo subió más de dos puntos en tan breve lapso, los salarios perdieron brutalmente poder adquisitivo y la desigualdad aumentó a niveles que no se veían hace casi 20 años ,y crecieron en forma paralela la pobreza y la indigencia.

Resultados directos de una política económica nefasta que produjo esos mismos efectos cada vez que se aplicó, lo que autoriza a suponer que -en tanto no se modifique- cuando se vuelvan a conocer los índices que correspondan a los meses transcurridos desde la medición difundida, todos empeorarán. Lejos está de vislumbrarse no ya un atisbo de recuperación -cosa que empiezan a reconocer hasta los que siempre defendieron este tipo de políticas-, sino el fondo del pozo.

Se dirá que son efectos deseados y buscados al aplicar esas políticas, por ejemplo porque aumentar el desempleo permite forzar salarios a la baja y resolver brutalmente la puja distributiva a favor del capital. La pregunta es cuanto tiempo esa dinámica es sostenible no ya en términos políticos o sociales, sino estrictamente económicos, bajo la propia racionalidad del capitalismo.

La respuesta a la pregunta parecen estar dándola otros indicadores como la brecha cambiaria, la pérdida de valor de los bonos soberanos y de las acciones de las empresas argentinas que cotizan en los mercados de capitales acá y en el extranjero; tanto como las presiones devaluatorias combinadas del complejo agroexportador -sentado sobre una pila de dólares- como del FMI, que elogia el rumbo pero advierte los riesgos, y no suelta un dólar.

Todo indica que mientras la economía real se cae a pedazos, el casino financiero montado por Caputo está a punto de estallar, con consecuencias imprevisibles. O perfectamente previsibles: más dolor, sufrimiento y privaciones para la mayoría de los argentinos.

Y en ese contexto, el presidente reclama para sí y su principal asesor un futuro premio Nobel de Economía por estar reescribiendo la doctrina, sumido en una espiral de delirio que incluye viajar por el mundo con la nuestra y sin autorización del Congreso, para recibir premios falopa de fundaciones inexistentes, o que nuclean a otros psicópatas como él. Esa sería en apretada síntesis una descripción de la realidad nacional.

O no: faltaría agregar que en ese mismo contexto, la oposición "dialoguista" y "responsable" se apresta a votar en el Congreso una ley por la cual se le cederán a ese presidente facultades extraordinarias para profundizar esta misma política económica que ya está produciendo desastres, y para terminar de desguazar desde adentro a un Estado al que odia y ha declarado su enemigo. Tanto que promete seguir con el despido masivo de empleados públicos, arrojando al desempleo a miles de personas que no podrán ser absorbidas por un sector privado que no solo no está creando empleo, sino que lo destruye a pasos acelerados.

Un paquete que incluye además reponer el impuesto a las Ganancias sobre un tramo de los salarios hoy exentos -en momentos en que la pérdida del poder adquisitivo es notoria-y disminuir la carga del impuesto a los Bienes Personales para los más ricos, cuando aumenta exponencialmente la desigualdad. 

No se llega a tamaño nivel de complicidad sin la íntima convicción -se diga o no en público- que el rumbo elegido por el demente de Milei no solo es el correcto, sino el único posible. Y que es mejor -aunque tampoco esto convenga decirlo en público- que los costos políticos de la motosierra los pague él, haciendo el trabajo sucio que en un futuro aprovecharán otros.

Todo mientras se desmantela toda forma de política social de protección, sea por el desfinanciamiento o lisa y llanamente, por su eliminación. Después hay quienes se sorprenden cuando todo vuela por los aires, o buscan culpables no en las absurdas teorías económicas que aplican, sino en la realidad que una y otra vez, se les resiste. No sea cosa que un estallido social les impida aspirar a ser laureados con el premio Nobel. 

sábado, 18 de febrero de 2023

LA GUERRA CONTRA EL SALARIO

 

La Argentina que vio emerger al peronismo en la mitad de los años 40' era, efectivamente, un país rico, que crecía bajo los parámetros de un modelo económico (en crisis para entonces) que apuntaba a insertar al país en los mercados mundiales como proveedor de materias primas. Pero ese país rico tenía un pueblo pobre, que no participaba de los beneficios del crecimiento: sin entender esa dicotomía no se entiende el peronismo, y sin intentar solucionarla (que fue lo que intentó hacer Perón), el peronismo nunca dejaría de ser necesario en términos históricos; que es lo que jamás entendió ni quiso aceptar el antiperonismo.

Cuando desde la izquierda se le cuestiona al peronismo que "no expropió a la oligarquía terrateniente, dejando intactas las bases de su poder" se omite decir que si lo hizo de un modo indirecto, expropiando las ganancias del comercio de exportación a través del IAPI, haciéndose así el Estado del control de los recursos con los que financió el crecimiento industrial, la infraestructura necesaria y las reformas sociales: haber transferido por esa vía y por los mecanismos de discusión del salario (las paritarias) y la legislación laboral el 33 % de la renta nacional del capital al trabajo en casi 10 años le costó a Perón un bombardeo a cielo abierto de la Casa Rosada para asesinarlo, el derrocamiento por un golpe militar, la persecución, el exilio y la proscripción por 18 años.

Es en ese preciso sentido que se  comprende la frase de Cooke de "el hecho maldito del país burgués": Perón y el peronismo se metieron con cosas que no debían, como las ganancias del capital y la distribución del ingreso. Muchos años después, con Perón regresado al país para morir y con el anticipo -tras su muerte- vía el "Rodrigazo" de lo que vendría después, el golpe del 76' diseñó y puso en marcha una maquinaria represiva para disciplinar a la sociedad, en beneficio de las fracciones más concentradas del capital.

El golpe tuvo por objeto demoler las bases de la Argentina peronista, en especial en aquello que destacaban al país sobre sus pares de América Latina: los salarios altos, la sindicalización masiva y el poder de organización de los trabajadores para defender sus salarios. Otra vez: cuando sus ganancias se ven amenazadas más allá de lo que considera tolerables, el capital no vacila en apelar a cualquier estrategia para sostenerlas o acrecentarlas, sea la represión indiscriminada o las mil y una formas de golpes y convulsiones económicas.

En la disputa por la apropiación social de la riqueza está siempre el origen de todas las tensiones sociales y políticas, que terminan sacudiendo a las instituciones, con o sin democracia: cuando a través de políticas públicas se cruza una línea invisible que ellos han trazado sobre los niveles aceptables de salarios medidos en dólares -y por carácter transitivo, un esquema de distribución funcional del ingreso- comienzan los problemas y las amenazas: antes eran los golpes de Estado, hoy son las devaluaciones, las corridas cambiarias, las fugas de capitales, o las hiperinflaciones; o los intentos de generarlas.

Los orígenes de la persecución judicial y mediática sin tregua contra Cristina también hay que buscarlos ahí: cuando dejó el gobierno en el 2015 los salarios de los trabajadores argentinos eran los más altos de América Latina, medidos en dólares.

Si bien las preferencias electorales de la población terminan definiéndose por un conjunto de factores, lo cierto es que el nivel de los salarios (que determina a su vez el nivel de los consumos, y el nivel de vida en general) es claramente el que más pesa; y de todos los conflictos que atraviesan a una sociedad, la lucha de clases por la definición de los niveles de plusvalía aceptables (sí, esos términos patentados por Marx siguen siendo los más apropiados para describir el fenómeno) es el más importante, y decisivo en términos políticos; aunque los consultores y analistas funcionales al capital -concientemente o no- nos quieran vender ilusiones de que las cosas son distintas.

Entre el gobierno de Macri y lo que va del de Alberto, venimos transitando siete años en los que la economía osciló entre la recesión, la depresión y el crecimiento, y con ella lo mismo pasó con el empleo. Pero lo que es una constante en esos siete años es la caída del salario real, generando el fenómeno cada vez más extendido de los "trabajadores pobres", es decir aquellos que aun teniendo empleo formal, no alcanzan a subvenir con sus ingresos todas sus necesidades básicas.

Fenómeno que determina a su vez los niveles de pobreza (y al interior de ésta, los alarmantes niveles de pobreza infantil) y la cada vez más desigual distribución del ingreso. Si esto es posible bajo un gobierno llegado al poder en nombre del peronismo, es porque han ganado peso al interior de la coalición oficialista los sectores que expresan una mira "desarrollista" que recicla en esa clave la teoría del derrame neoliberal, posponiendo siempre la recomposición de los ingresos de los sectores populares, a los objetivos de la macroeconomía: por allí hay que buscar el origen de los más de 4 millones de votos perdidos por el FDT en las elecciones legislativas del 2021, que a su vez no fueron a parar a "Juntos por el Cambio", porque son otros depredadores seriales de salarios.

Y por allí hay que buscar también las claves de una posible victoria en las elecciones de éste año, más que en cualquier alquimia que se ensaye sobre alianzas o candidaturas. Si Cristina tiene el volumen electoral que indudablemente sigue teniendo y la centralidad que conserva en la política argentina para propios y extraños, es porque cuando le tocó gobernar encaró éste problema con decisión, con los resultados conocidos. De modo que al operativo clamor por su candidatura, hay que sumarle otro, por la urgente e inmediata recomposición de los salarios y jubilaciones; de lo contrario cualquier mesa o reunión que se haga -por buenos propósitos que tenga- es una completa pérdida de tiempo.

Tuits relacionados: 

jueves, 7 de abril de 2022

UN CORTE Y VOLVEMOS

 


Se pueden decir muchas cosas sobre el comportamiento y las estrategias de las organizaciones sociales que están protagonizando el acampe en la 9 de Julio, sobre sus propósitos o la viabilidad de esas estrategias para conseguir canalizar sus reclamos; incluso se puede decir -sin equivocarse- que han quedado atrapadas en muchos casos en la lógica del gerenciamiento de la pobreza. O que muchos de sus dirigentes -en un ejercicio de cinismo repudiable- hoy están en el gobierno, y reniegan de la metodología desde la comodidad de sus despachos oficiales, conseguidos en no pocos casos usufructuando un presunto "encauzamiento" o administración de la protesta social.

Lo que no se puede desconocer es que, con o sin piquetes y cortes de calle, la situación social del país es delicada, y así lo marcan los indicadores de pobreza e indigencia, y la foto de la distribución social del ingreso; que marca que aun teniendo trabajo y trabajo formal, muchos argentinos tienen dificultades para satisfacer sus necesidades básicas. De hecho, si no hay piquetes de trabajadores formales que no llegan a fin de mes es porque las organizaciones sindicales no los promueven, y en la mayoría de los casos, ni siquiera plantean huelgas o reclamos, y no porque falten motivos.

La tentación de reducir el problema a una tensión entre el derecho a la protesta y el derecho a la libre circulación no es nueva, y existe ya hace como 20 años en el país. Para ser más precisos, desde que la paulatina normalización económica después de la implosión de la convertibilidad mejoró las condiciones de existencia de los sectores medios, y la consigna "piquete y cacerola, la lucha es una sola", quedó en el olvido como si fuera un efímero hit musical del verano.

También desde entonces -y sin excepción- las encuestas y sondeos de opinión arrojan, en general, un alto porcentaje de argentinos que rechazan los cortes de calles y rutas como metodología de protesta, incluyendo entre ellos a muchos de esos mismos laburantes que no llegan a fin de mes con su salario. No hay novedad allí, como tampoco la hay en que el discurso represivo de la protesta social es, para la derecha argenta, un punto de acumulación electoral. 

Sin embargo y volviendo al principio, ese mismo discurso -asentido como se dijo por la gran mayoría de la población- no le impidió a esa misma derecha ser derrotada categóricamente en elecciones libres, una y otra vez, cuando las condiciones socio-económicas del país demostraban que con otras políticas se podían generar más empleos, mejores salarios y mejores condiciones de vida y de consumo (como en 2007 y 2011), o a la inversa, cuando las políticas que siempre pregonan se aplicaron, con los resultados sociales conocidos, como en 2019. 

Dicho de otro modo: nadie gana o pierde una elección por la actitud que asuma frente a los piquetes o cortes de calle; razonamiento simplista que subyace en el discurso de un gobierno que -como si fuera macrista- recuerda que el 80 % o más de los argentinos están en contra de ellos, según indicarían las encuestas y sondeos de opinión. Un gobierno que, recordemos, viene precisamente de perder una elección, y no por haber tolerado pasivamente los piquetes, sino por no haber atendido en tiempo y forma las causas que los generaban.

La no represión de la protesta social (es decir, el no asumirla exclusivamente como un hecho policial) puede no ser -de hecho no lo es- parte del consenso democrático mayoritario, pero es sin dudas parte del ADN del kirchnerismo como experiencia política: ahora que se pone de moda glosar a Néstor Kirchner a cuento de todo, conviene recordar que también en su gobierno los piquetes eran "impopulares", y sin embargo tanto él como Cristina jamás cedieron a la tentación de la solución fácil de reducirlos a un problema de libre circulación en la vía pública. Prefirieron -con resultados refrendados democráticamente, como se dijo- concentrarse en las causas del fenómeno, más que en sus efectos.

Que no es ni más ni menos que lo que están planteando, desde hace tiempo, las voces críticas al interior del "Frente de Todos", y que acaban de recordar en estas horas y en referencia a la situación bonaerense -que asume proporciones nacionales, por su significación- tanto Máximo Kirchner como Axel Kicillof. La necesidad de atender el grave problema de la pobreza por ingresos recomponiendo a éstos (además de hacer algo concreto para contener la inflación), como se dijo hace poco acá, es para la coalición oficialista un asunto político de primer orden, en términos incluso de gobernabilidad.   

En el dilema falso que plantean Larreta -corrido por derecha por esperpentos como Milei- y el macrismo, se metió solito el gobierno nacional por boca del ministro Zabaleta, cuando asume el discurso estigmatizante de los llamados "planes sociales", y admite discutir a quienes y bajo que circunstancias se les deberían sacar. De hecho, hace tiempo que Sergio Massa y otros dirigentes del oficialismo vienen contraponiendo los "planes sociales" (bolsa en la cual terminan colocando hasta a la AUH) al "trabajo genuino", como si no ocurriera lo que ocurre y se ha señalado: que muchos argentinos, aun teniendo trabajo registrado, no llegan a fin de mes. 

O admitiendo -en la falsa disyuntiva planteada- implícitamente que la derecha tiene razón, cuando dice que hay gente que prefiere "cobrar un plan antes que trabajar", cuando la canasta básica de pobreza está hoy -inflación mediante- en el equivalente de unas 12 AUH, o más; o cuando se buscan trabajadores en ciertas actividades ofreciéndoles ganar menos que el Salario Mínimo, Vital y Móvil.

Si a la falta de medidas concretas para mejorar la foto de la distribución del ingreso se le suman esas concesiones conceptuales al discurso de la derecha, después no nos sorprendamos por los resultados electorales, porque la política es -siempre- un asunto de representación. Y el pensamiento de derecha en el país está sobre-representado, en términos de oferta electoral. Tuits relacionados:

viernes, 18 de febrero de 2022

INFLADOS

 

Leemos en La Política Online que desde sectores del oficialismo se le reclama al gobierno que haga algo para contener la inflación, a cuya persistencia en niveles altos adjudican incidencia directa en la derrota en las elecciones legislativas del año pasado.  

Chocolate por la noticia: con una inflación anual superior al 50 % y que no muestra tendencia a descender, en las vísperas de cerrar un acuerdo con el FMI que conllevará un ajuste (aunque se lo niegue), la receta parece ser el combo perfecto para volver a perder en el 2023. 3,9 % de inflación en enero, 4,9 % en alimentos y bebidas, son registros que -ya se puede decir- van a pulverizar el 33 % anual previsto en el presupuesto que el Congreso rechazó, e incluso el 40 % que se está mencionando como pauta de ajuste de los salarios en las paritarias.

Sobre todo si no se advierte reacción desde el gobierno frente al problema, con medidas concretas. Porque no alcanza -claramente- con el empeño individual de Feletti, un funcionario puesto a desgano por Alberto en el gabinete, y acompañado en su gestión con más desgano aun, tanto que no lo acompañan, directamente. Feletti que planteó que a la inflación se la ataca con mayores regulaciones públicas que, o están y o se aplican por decisión política, o no están y tampoco se dictan o plantean, con los cambios legislativos correspondientes, si ese fuera el caso.

Tampoco alcanza con explicaciones teóricas sobre el carácter "multicausal" de la inflación, menos cuando en los borradores del acuerdo con el FMI se hacen concesiones a la ortodoxia monetarista, pues se compromete una sostenida "reducción del financiamiento al Tesoro vía emisión monetaria del Banco Central". Una receta que -sin ir más lejos- fracasó estruendosamente en el macrismo.

Estamos en presencia de un problema grave -de los más graves, sin dudas- porque impacta en los niveles de pobreza, en la distribución del ingreso, en el nivel de vida y consumo de las personas, las familias, los hogares; y el gobierno no hace nada. Literalmente: parece confiar en que el mercado -como la justicia- se "autodepurará" para contener los precios, en especial los de los alimentos.

Tanto no hace nada, y durante tanto tiempo, que uno se pregunta si no hay en esa inercia, en el fondo, un plan. Que lo expone acá -acaso sin querer- el ministro Kulfas, cuando dice que los empresarios tienen margen suficiente para otorgar aumentos salariales por encima de la inflación, lo que de darse permitiría recomponer en parte el poder adquisitivo que vienen perdiendo los salarios los últimos seis años, si contamos los cuatro del macriato, y los dos de Alberto, en pandemia.   

Hemos dicho otras veces que el gobierno (si entendemos por tal el núcleo duro del presidente y sus funcionarios de confianza, a la hora de la toma de decisiones) parece creer que es posible recrear las condiciones de que gozó el duhaldismo en 2002 después de la implosión de la convertibilidad, para recomponer niveles de rentabilidad empresaria a costa de la depresión de los salarios medidos en dólares, en especial en aquellos sectores que pueden exportar, y generar ingresos de divisas; en la esperanza de que esos mayores niveles de rentabilidad "derramen" en mejores salarios, que impulsen el consumo.

Basta repasar las políticas "ofertistas" diseñadas para sectores como el complejo agropecuario, las petroleras y mineras, o las automotrices, para entender como es posible que convivan un crecimiento de más del 10 % interanual, con una acentuación de la distribución regresiva del ingreso, una moderada baja del desempleo y una ínfima recuperación salarial el año pasado, solo para los trabajadores formalizados, y haciendo un promedio del conjunto de las retribuciones. Recuperación que, por supuesto, no alcanza ni de lejos a compensar lo perdido en estos años en términos de capacidad adquisitiva de los salarios, lo mismo sucede con las jubilaciones.   

De los dichos de Kulfas -¿el ministro de la AEA en el gabinete del "Frente de Todos"?- se desprende que siguen apostando a ese "derrame", porque generaron las condiciones para que los empresarios tengan margen (o sea, incremento del nivel de rentabilidad) para dar aumentos por encima de la inflación, pero nada indica que estén generando las políticas para que, efectivamente, lo hagan. Por ejemplo conteniendo la inflación. 

Tuits relacionados: 

lunes, 29 de noviembre de 2021

DISCUSIONES

 


Los subsidios del gobierno bonaerense a los viajes estudiantiles dentro de la provincia. El plan Previaje que le devuelve al que lo usa la mitad de lo que gasta en turismo en el país. El "impuesto a la riqueza", el monotributo y los impuestos que pagan las empresas. El corte de la autorización para hacer pagos en cuotas con tarjetas de crédito por viajes al exterior.

El precio de la carne y los demás alimentos de la canasta familiar que se exportan, como desacoplarlos de los precios internacionales, retenciones sí o retenciones no. El nivel de los sueldos y jubilaciones, y como recomponerlos. Las causas de la inflación.

El peso de la deuda, el arreglo con el FMI, las condicionalidades que supone, quien debe contribuir a pagar la deuda. Los planes sociales, su reemplazo por "trabajo genuino", quienes deberían cobrarlos, e que condiciones. Los subsidios a las tarifas de los servicios públicos, la "sintonía fina", que pasa con los otros subsidios que da el Estado: a las petroleras, por ejemplo.

Todas discusiones que se nos presentan a diario pero de a una, como hormigas saliendo en fila del hormiguero, pero sin vinculación entre sí, como si en realidad no la tuvieran. Cuando en rigor se trata de una única y central discusión: como se reparten los ingresos en las cargas en una sociedad, cuan justa es, y cuan justa o injusta puede ser.

La derecha en esto nos lleva una clara ventaja: más allá de ciertos discursos sensibleros de ocasión, saben lo que representan, y lo asumen. Tienen en claro que se debe subsidiar y que no, quienes tienen que pagar impuestos o contribuir y -sobre todo- quienes no. Ellos, sobre todo.

El problema lo tenemos nosotros, que estamos a la defensiva, dispersos conceptualmente, sin asumir la representación de los que nos votaron de modo decidido, pidiendo permiso para avanzar sobre los intereses de los que nunca nos votaron ni nos votarán, y pidiéndoles a los que nos votaron -de un modo explícito o no- que aguanten, que esperen, que posterguen sus demandas porque la correlación de fuerzas no nos es favorable, y cosas por el estilo.

El problema es que si de algunas cosas no nos hacemos cargo nosotros (que además somos el gobierno), nadie más -no al menos nadie con posibilidades reales de gobernar- lo hará.

No haber comprendido eso estos dos años es lo que nos llevó a la derrota electoral y al punto en el que estamos, y en tanto no lo asumamos, más difíciles serán los dos años de mandato que tiene por delante el gobierno de Alberto Fernández, y no solo visto desde la suerte del "Frente de Todos" en las próximas elecciones, si es que aun subsiste como tal para ese momento.

No se nos ocurre que haya otra discusión más relevante que esa, en términos del diseño a futuro de la sociedad en la que queremos vivir; ni tampoco asunto más urgente que atender para la política, al menos si se la piensa en términos nacionales, populares y democráticos.

viernes, 19 de marzo de 2021

DESAPARECIÓ MAIA

 


No, no se trata de una noticia vieja. O de una demasiado nueva, como si la nena perdida hubiera vuelto a aparecer. Maia apareció, si, por suerte sana y salva. Para volver a desaparecer de las radios, del prime time televisivo, de los portales de noticias.

Como estaba antes de su desaparición, que los medios convirtieron en telenovela en tiempo real, para explotar sensibilidades, y desnudar hipocresías. Maia seguramente volverá a desaparecer de nuestras vidas, como desaparecen a diario tantas Maias, a lo largo y lo ancho del país. Porque elegimos hacerlas invisibles, de tanto no mirarlas.

Pretendiendo que si no las vemos, o hacemos como que, no existen. Y seguimos con nuestras vidas, con más o menos culpas o cargos de conciencia por las miserias, la pobreza, el abandono, el desamparo de todas las Maias, sus familias, sus afectos.

Por su falta de futuro y perspectivas, pero también por sus apremiantes carencias diarias, porque para las Maias del mundo la simple existencia es desde la cuna una pelea cotidiana dura y despareja por asegurarse aquello que muchos tenemos desde que nacimos, o quizás nunca sentimos que nos faltara: un techo para guarecerse, una cama donde dormir, un plato de comida.

No hablemos ya de atender la educación, o cuidar la salud: para muchas personas en nuestro país, que carecen de lo imprescindible, esos son lujos inaccesibles y desconocidos.

La desaparición de Maia por tres días desnudó -una vez más el festival- nacional de hipocresía al que asistimos cuando pasan estas cosas: gente que de golpe sigue obsesionada el culebrón televisivo que plantean los medios y celebra el final feliz, como si realmente le importasen Maia, y todas las Maias del mundo.

Cuando quizás a diario les cierran la puerta en la cara, les niegan las sobras de la comida -como le negaron pan del día anterior en una panadería por la que pasó-, o peor aún, las culpabilizan por su propia desgracia. "estos negros de mierda, lo único que hacen es tener hijos que no pueden mantener", "viven así porque no quieren trabajar", "se embarazan para cobrar el plan", y cosas por el estilo.

Cosas que escuchamos todo el tiempo, y hasta a veces a fuerza de tanto escucharlas, las terminamos repitiendo casi sin darnos cuenta; como si fueran argumentos de peso que cierran la discusión, de una buena vez, y para siempre: son pobres y desamparados porque quieren, y no porque una sociedad injusta los arrojó a la miseria y la desesperación.

Ojalá el caso de Maia sirviera para visibilizar la pobreza, y mejor aun, para que nos hiciéramos cargo en serio de ella. La pobreza estructural, profunda, permanente, del que nada tiene y nada espera. Pero permítasenos ser escépticos: todo indica que hoy, mañana, Maia desaparecerá de nuevo de las pantallas, y en consecuencia de nuestras preocupaciones; y su vida y las de los que padecen lo que ella, dejará de importarnos.

Volveremos a zambullirnos en nuestras preocupaciones cotidianas, que por cierto no son pocas. Lo haremos nosotros, lo harán los medios, lo hará el Estado, las instituciones, la política. Ojalá que no. Quisiéramos creer que no. Y más allá de lo que creamos, todos, como sociedad, necesitamos que no sea así. 

Porque las Maias del mundo existen no por una decisión personal o familiar, sino como la lógica consecuencia de un orden social y económico injusto, que termina degradando a la condición humana, pero del cual otros -generalmente los menos- se benefician: alguien dijo alguna vez que la mejor forma de hablar de la pobreza, es hablar de la riqueza. Como se construye, como se genera, cuantas Maias va dejando en el camino. 

Cuestiones duras, espinosas, incómodas, que nos interpelan en lo personal y en lo social. Pero que alguna vez deberemos abordar con el mismo entusiasmo, preocupación o sensibilidad -real o fingida- con el que seguimos durante estos días la saga mediática de lo que pasó con Maia.

lunes, 19 de octubre de 2020

EL SUBSUELO DE LA PATRIA SUBLEVADO

 

Historiando el 17de octubre original se ha dicho hasta el cansancio que fue la emergencia política en el espacio público de los hasta entonces ignorados, causando la perplejidad de los que los ignoraban deliberadamente y reclamando ser oídos, tenidos en cuenta y protagonizar -ellos también- la historia. 

Aquella conocida expresión de Scalabrini Ortíz que inmortalizó la jornada:" el subsuelo de la patria sublevada", y que le puso brillo literario al sujeto político que constituyó el núcleo central del peronismo: los trabajadores urbanos industriales en tránsito desde la economía pastoril, huérfanos de representación política y sin ser reconocidos en sus derechos.

Aun cuando vino a ser precisamente quien cumpliera la función de llenar esos vacíos para los "grasitas" o "cabecitas" negras, el peronismo nunca fue un movimiento clasista, y mucho menos "pobrista": desde sus formulaciones teóricas iniciales hasta los sectores políticos que lo formaron, y los cuadros políticos que nutrieron sus equipos de gobierno, siempre integró a sectores de la clase media en la amplitud del frente nacional que Perón supo construir. Eso sin contar con que la sociedad de entonces no es la de hoy, y todo lo transcurrido en el país en estos 75 años redefinió el mapa social, y la propia conformación de las clases.

Los cambios, ciertamente, no fueron para mejor: la sociedad hoy es más fragmentada y desigual, el trabajo en blanco, bien remunerado y con trabajadores sindicalizados ha perdido la centralidad que tenía entonces, y se han multiplicado las formas de la exclusión social, y la precarización. Sin embargo, como en 1945, quienes son expulsados por el mercado y la sociedad de consumo votan, y siguen necesitando ser representados políticamente, tanto como lo necesitaban los obreros que convergieron sobre la plaza histórica aquel 17.

La movilización de apoyo al gobierno del sábado pasado fue contundente, desbordando incluso los pedidos oficiales a observar la cuarentena, y de no mediar la pandemia, pudo ser mucho mayor. Pero acá nos queremos detener: por las características a las que la remitió el contexto sanitario (sobre todo, sin posibilidad de usar colectivos), no estuvieron presentes quienes, además de guardar los cuidados del caso por el virus, no tienen medios para desplazarse por sí mismos.

Eso marca, quiera que no, un corte de clase en la expresión de los apoyos: se manifestaron en su mayoría las clases medias que acompañan al gobierno, y algunos trabajadores organizados, encuadrados en los sindicatos que decidieron movilizar con las reglas posibles en la emergencia, como Camioneros. Pero los 13 millones de votos de la fórmula "FF" hace un año expresan un apoyo social mucho más amplio al "Frente de Todos", que esos sectores.

Hoy también hay "grasitas" y "descamisados" que demandan representación política, derechos, dignidad, mejoras en sus condiciones materiales de existencia; y así como en el 45' Perón y Evita resignificaron el agravio opositor que calificaba a los trabajadores migrantes como un "aluvión zoológico" en clave de un proyecto político que los incluyó y les dio centralidad, hoy la agresión gorila al peronismo en el poder describiéndolo -por boca de Macri y Cornejo- como "el partido de los que no trabajan y viven de los demás", debe ser reconducida en un serio esfuerzo de gobierno por llegar, con medidas concretas, a los sectores más golpeados por la crisis.

No hay ni puede haber, en un gobierno peronista, otra prioridad que bajar los indignantes índices de pobreza e indigencia que nos legaron, por su orden, el macrismo y la pandemia. Y eso no lo vamos a lograr con aumento del salario mínimo del 28 % en tres cuotas de acá a marzo, dudando todavía si habrá o no una cuarta cuota de 10.000 pesos del IFE, o "evaluando" si habrá suba en el monto de la tarjeta "Alimentar", o en los planes sociales. ¿Qué tanto hay que evaluar, con las cifras de pobreza conocidas, si cierran las cuentas fiscales?

Eso sin contar que seguimos sin definir un índice de actualización de la AUH y las jubilaciones (el 80 % cobra la mínima), o sin tomar medidas para frenar los aumentos en los precios de los alimentos, mientras siguen aumentando las tarifas (alguien que les avise a las empresas del DNU que lo prohíbe) y los combustibles (esto con anuencia del gobierno). Urbanización, acceso a la vivienda y los servicios básicos, reducir la precarización laboral: demandas que necesitan respuesta ya, para ayer, sobran. Y están bastante antes en la lista de prioridades que nos trajeron hasta acá, que los estímulos fiscales para "seducir" a los que tienen excedentes, para que no se vuelquen al dólar.

Apoyo para avanzar hay, el que se mostró el sábado y el que no pudo hacerlo. Pero hay que darles razones a esos apoyos, para seguir bancando. Si no avanzamos no será por falta de eso, sino por otra cosa. Tuits relacionados:  

jueves, 1 de octubre de 2020

HIPOCRESÍA

 

Ayer se conocieron los números oficiales del INDEC sobre la pobreza y la indigencia en los principales aglomerados urbanos del país en el primer semestre, lo que incluye los primeros meses de la pandemia, que fueron los más rígidos en cuanto a restricciones a las actividades económicas formales, y sobre todo a las informales: acá Artemio los expone completos en su blog.    

40,9 % de personas en situación de pobreza y dentro de éstas y siempre sobre el total, 10,5 % en situación de indigencia son cifras impactantes, pero no sorprendentes: con una herencia recibida del macrismo de tres de cuatro años con caída del PBI, recesión, inflación y pérdida de los salarios y suba del desempleo, sobre los que impactó la pandemia, era lo esperable.

Uno podría excusarse en la pandemia, o desagregando los datos, decir que el macrismo fue incluso peor que una pandemia; porque en sus cuatro años de mandato inaugurados bajo la promesa electoral de la "pobreza cero" aumentó más la pobreza en el país que una catástrofe epidemiológica a escala mundial. Tampoco sirve de mucho decir que los números hubieran podido ser incluso peores, si el gobierno no hubiera instrumentado determinadas políticas de contención como el IFE.

Todo eso se puede decir, pero no: la pobreza es el problema más serio que enfrenta el país, y cuando se vota a un gobierno (como nos votaron a nosotros) es para que se ocupe de resolver los problemas. 

Aun cuando no haya datos más precisos o actuales sobre la evolución del coeficiente de Gini en el mismo lapso del relevamiento, se puede suponer que también la desigualdad ha ido en aumento, o sea que no solo hay más pobres, sino que esos pobres son más pobres, y la diferencia que los separa de los más ricos es presumiblemente mayor que antes de la pandemia: pobreza y desigualdad son dos caras de una misma moneda, y suelen ir de la mano. 

Y acá nos queremos detener ante el festival de hipocresía que se produce que cada vez que se conocen en el país las cifras de la pobreza, y ahora no fue la excepción: nadie se quiere privar de dejar sentado que la pobreza lo preocupa, lo horroriza y lo indigna, y de exigirles a los gobernantes que "hagan algo" para resolverla. Claro que a la hora de definir ese "algo", las coincidencias se disipan, como señalamos en el tuit de apertura.

Porque la riqueza que se genera en una sociedad es una sola, y en todo caso la discusión es como se distribuye: en sociedades desiguales (y vaya si la nuestra lo es) para que haya pobres es necesario que existan ricos, y viceversa. De hecho, la misma pandemia que ha incrementado el número de pobres ha hecho a algunos pocos, más ricos aun de lo que ya eran. 

Y mientras conocemos los números de la pobreza, nos enteramos que del total de los casi 12.000 argentinos que, en un país de 45 millones de habitantes de los cuales unos 18 millones serían pobres, pagarían el impuesto a las grandes fortunas que debate el Congreso, solo 253 explican la mitad de la recaudación proyectada para el mismo; y muy poco sabemos de ellos, o de quienes son; aunque nos podamos dar una idea.

Mientras discutimos por años -y aun hoy- como medir la pobreza, casi nunca nos ocupamos de la riqueza, es decir nunca nos planteamos como es posible que haya gente asquerosamente rica en un país donde millones carecen de lo imprescindible para vivir. Acaso porque sabemos que una cosa es consecuencia de la otra, y nos falta el coraje necesario para hacer lo que hay que hacer, para que eso cambie.

Claro que cuando damos un paso en esa dirección -por ejemplo impulsando el impuesto a las grandes fortunas- nos encontramos con la oposición frontal de mucha gente que al mismo tiempo dice estar muy preocupada por la pobreza. Por supuesto nos dirán que para que haya menos pobres hay que dejar a los ricos tranquilos "generando riqueza", que luego derramará, pero ya sabemos por experiencia propia y reciente, que ese argumento es falso: por ese camino de hecho, solo se generan más pobres.  

Con apenas un día de diferencia se conocieron dos malas noticias para el gobierno: la resolución de la Corte de tratar el per saltum de los jueces okupas, y los números de la pobreza y la indigencia en el país. La diferencia es que la segunda es una pésima noticia, ya no para el gobierno, sino para el país. Nunca estuvo tan claro a cual de las dos cuestiones el gobierno debería prestarle atención inmediata y preferente. Tuits relacionados: 

viernes, 6 de diciembre de 2019

CONDENADO


Acá no vimos la cadena nacional de Macri de ayer, ni la pensamos ver: el solo hecho de que decretara que es obligación de los futuros presidentes hacer lo mismo que él hizo ayer, basado en la ley de medios que desguazó al empezar su gobierno, habla a las claras que se trata de gente que no está bien de la cabeza.

Desde aquella cadena nacional del 19 de diciembre del 2001 en la que De La Rúa respondía a la crisis terminal de su gobierno anunciando el estado de sitio, que no se ve un nivel tan grande de la alienación de la realidad, grabado y ensayado antes. Debe ser un récord mundial.

Mientras el Macri grabado intentaba convencernos de que su gobierno fue maravilloso y en realidad no nos lo merecemos porque no lo supimos comprender en toda su excelencia (al menos, de lo que uno lee como comentario se infiere más o menos eso), la UCA difundía las cifras de la pobreza para el tercer trimestre, que se colocaban como las más altas en una década, según sus mediciones.

Lo hemos dicho antes, lo reiteramos ahora: no vamos a entrar en discusiones para las que además no estamos capacitados sobre la consistencia de la metodología de la UCA para medir la pobreza, pero mencionamos el hecho porque el gobierno que se está yendo, los medios que lo apoyaron hasta el final y que ya están oponiéndose al gobierno de Alberto antes de que arranque y los votantes de Macri la consideraban palabra autorizada en materia de pobreza; en tiempos kirchneristas.

Tenemos para nosotros que en realidad las cifras deben ser peores (seguramente lo serán en el cuarto trimestre, último de la gestión de Macri), que en la comparación con el kirchnerismo deben salir aun más desfavorecidas y que para darse que cuenta que la pobreza aumentó dramáticamente en el país en estos cuatro años, no hacen falta mediciones científicas. Basta con andar por la calle.

Sí, leyeron bien: no estamos reivindicando que el INDEC dejara de medir la pobreza (por ingreso, aclaremos) durante el segundo mandato de Cristina, sino que estamos diciendo que más importante que medirla, es atacarla y reducirla. No basta con tener un diagnóstico de los problemas y decir "pero ahora hablamos con la verdad": para eso está el macrismo. Es necesario resolverlos: eso es el peronismo.

Y reducir la pobreza no es solo un imperativo político para las fuerzas populares, acaso el más importante de todos, al menos de la boca para afuera: es precisamente lo que prometió Macri en campaña cuando hablaba de "pobreza cero", y el punto de partida ("toqueteado" por el "apagón estadístico" inicial de su gobierno) bajo el cual él mismo -dijo- aceptaría que su gobierno fuera juzgado.

Pues bien, le tomamos la palabra, y el veredicto es lapidario: Macri es culpable. Culpable de haber arrojado a la pobreza a al menos cinco millones de argentinos (algo así como las provincias de Santa Fe y Entre Ríos sumadas) que no estaban allí cuando él llegó al gobierno. En cuatro años, debe ser otro récord.

Solo este indicador bastaría por sí mismo para considerar, sin lugar a dudas ni polémicas, que el de Macri ha sido el peor gobierno de la historia argentina, en períodos democráticos. Ni hablemos si, contra lo que dice Macri, tampoco tiene ningún otro indicador positivo para exhibir, de los que realmente importan: empleo, salario, consumo, salud, educación, vivienda, desarrollo industrial.

Si aun así Macri grabó un mensaje alienado dirigido a la porción psiquiátrica del electorado argentino que irá a despedirlo mañana y darle las gracias, es porque ni a él ni a ellos les importa un corno la pobreza, ni jamás les importó. De hecho, hilando fino se podría decir que van a agradecerle, precisamente, que haya fabricado millones de nuevos pobres: hay gente que necesita que otros estén peor, para sentirse un poco mejor. 

Eso, sin contar que más pobres por ingresos (muchos de ellos, nuevos desocupados) generan un contexto propicio para seguir con la guerra al salario, para bajarlo, y frenar los reclamos de los trabajadores por sus derechos, porque hay un ejército de reserva dispuestos a reemplazarlos, con más necesidades y menos pretensiones: el famoso "cada uno sabe donde le aprieta el zapato", de Prat Gay allá al principio del gobierno.

miércoles, 2 de octubre de 2019

LA VERDADERA GRIETA


No hacía falta que el INDEC difundiera las cifras de la pobreza en el país para que supiéramos que la situación en ese rubro empeoró drásticamente: sabido como es que se la mide por ingresos, no podía esperarse otra cosa considerando que los asalariados formales, jubilados, pensionados y beneficiarios de asignaciones familiares vienen perdiendo por goleada frente a una inflación persistente, aunque el gobierno insista en negar la realidad diciendo que estaba empezando a bajar.

Y eso que aun falta lo peor: las cifras del tercer trimestre, cuando la nueva corrida cambiaria y la consecuente aceleración de los índices inflacionarios (aun disimulada por los dibujos de Todesca) seguramente terminaron arrojando a más argentinos a la pobreza y la indigencia. Los números que ahora se oficializan (y sin que esto implique concederles credibilidad plena) junto con los de la evolución del empleo explican los resultados de las PASO mejor que cualquier encuesta previa, o análisis posterior. Porque resulta que, mal que le pese a Durán Barba, la economía pesa y la gente sigue votando con el bolsillo.

Pero más allá de los fríos números que se difunden, está la cuestión de todo lo que implica la pobreza: si se desgranan las cifras, se advierte que así como el desempleo golpea más en los jóvenes, la pobreza y la indigencia son más marcadas y graves entre los niños; lo cual habla de una dimensión intergeneracional del problema, que compromete gravemente el futuro del país. Un presente doloroso, y un futuro incierto.

Y siendo, como decíamos antes, que la pobreza en la Argentina se mide estrictamente por ingresos, inmediatamente fuera de la línea que determina que alguien caiga en ella, hay millones de argentinos que están en el borde, y que si la dinámica de la economía sigue como viene (y nada indica que vaya a mejorar), terminarán cayendo.

Si hubiéramos de creerle a los discursos políticos dominantes, que coinciden todos en manifestar su preocupación por la pobreza, no debería haber tema de agenda más importante que éste en plena campaña electoral, y sin embargo no es así; de modo que hay algo que no cierra en todo esto.

Después de criticar las mediciones del kirchnerismo y de provocar un “apagón estadístico” de seis meses para ocultar los efectos concretos de las políticas que descargó sobre el pueblo argentino, Macri dijo que precisamente era este tema, el de la pobreza, el único punto de partida desde el cual aceptaba ser juzgado por su desempeño como presidente y por los resultados de su gobierno.

Pues bien, medido con esa vara, su gobierno es horrible, el es un pésimo presidente y el kirchnerismo fue mucho mejor, sin ninguna duda y sin ningún complejo “autocrítico” de nuestra parte; porque tomando la medición que mejor les parezca, el resultado es siempre el mismo: nosotros dejamos un país con menos pobres que los que recibió Néstor el 25 de mayo del 2003, y Macri se irá habiendo agregado varios millones a esa dolorosa lista, en relación con los que había cuando asumió el gobierno.

Y eso lo pudo constatar cualquiera que quisiera hacerlo, en carne propia, o por historias de primera mano más o menos cercanas, sin necesidad de que se lo cuenten Todesca o el INDEC. Que algunos decidan hacerse los boludos e ignorarlo, es otra cuestión, que a la que queremos ir.

En ese bizarro tour de despedida del peor gobierno de nuestra historia democrática que han dado en llamar la gira del “Sí, se puede”: Macri ni siquiera viene mencionando en forma tangencial la pobreza, y todos los que van a apoyarlo no se lo exigen, ni lo interpelan por respuestas a ella, aun cuando quieren que creamos que en el 2015 lo votaron porque prometía la “pobreza cero”: una tomada de pelo tan gigantesca como pretender que votaron a Macri y lo volverían a hacer, porque les preocupa la corrupción.

Pero en el sostenido apoyo a Macri y todo lo que representa (por ejemplo más de cinco millones de nuevos pobres) de ese tercio siquiátrico de la población argentina del cual las marchas son apenas una visibilización, hay más que “olvido” de la pobreza, o perdón y apoyo a las políticas que no hacen sino aumentarla: hay una deliberada naturalización de la injusticia, la desigualdad y las diferencias sociales; tanto que es la oposición a toda política pública que tienda a reducirlas y que de un extraño modo perciben como una amenaza a ciertas jerarquías sociales que consideran detentar (si es real o no es otro asunto), el verdadero elemento fundante y cohesionador de su identificación política, y de sus opciones electorales.

Se trata de gente a la que no solo los pobres no les importan o los quieren ocultar de su vista como los borran de sus preocupaciones, sino que si pudieran, los eliminarían hasta en sentido físico. Basta bucear un poco en las redes sociales para percibir los discursos de odio que así lo expresan, o ver como festejan el stand up bizarro de Carrió que habla de los pobres casi como si fueran animales domésticos.

El núcleo duro del discurso gorila que hoy es el nudo argumental del relato macrista consiste en una serie de mistificaciones históricas, por la cual ellos se reservan el monopolio de los valores (la decencia, la transparencia, la sensibilidad social, el respeto por las instituciones, el esfuerzo y la cultura del trabajo), y nos dejan a nosotros la corrupción, el fomento de la vagancia, la ignorancia fomentada y el autoritarismo.

En tiempos de post verdad (aunque la cosa viene de lejos), diremos que es un discurso que prescinde de los hechos, porque no los necesita: poco importa y les importa si ha sido el peronismo el que más hizo en la Argentina por crear empleo, reducir la pobreza y la desigualdad o garantizar el acceso masivo a la educación pública en todos sus niveles; e incluso fue mucho más democrático y republicano, que lo que ellos jamás serán capaces de ser. O mejor dicho: sí importa, y por eso nos odian.

Nosotros no somos perfectos, claro, y tenemos muchos defectos, pero hay uno que seguro no tenemos: no nos molesta que la gente progrese y que la sociedad sea cada vez menos desigual e injusta. No solo no nos molesta, sino que trabajamos para que eso pase, y si nos apartamos de esa huella, no somos dignos de llamarnos peronistas.

Por eso la diferencia con cierta gente que hace de la preservación de la verdadera grieta (la de la injusticia social y la desigualdad) su identidad política, es abismal, y no puede ser salvada con apelaciones a la buena voluntad, o a deponer los enfrentamientos entre argentinos. Con gente que odia la movilidad social de la cual son resultado, con los que necesitan que haya cada vez más pobres para ser ellos cada vez más ricos, o con los que adopta su visión del mundo aunque sean unos secos notables, no nos separa una grieta: nos separa algo más profundo que la zanja de Alsina. Y ojalá que siga siendo así.

miércoles, 3 de julio de 2019

COSAS BÁSICAS


Las denuncias de corrupción contra Cristina y los funcionarios del gobierno anterior, las críticas de Alberto Fernández al kirchnerismo después de su alejamiento, los dichos de Ofelia Fernández, Dady Brieva, Zaffaroni, Mempo Giardinelli o cualquier personaje más o menos famoso asociado con el kirchnerismo.

La calma del dólar, las presuntas obras de infraestructura postergadas por años que ahora se estarían haciendo aunque nadie las vea, el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, la boludeada de tres cordobeses a Macri en Zurich, Carrió pidiendo una ley para revisar los condenas en los juicios de lesa humanidad, Bonadío y su payasada diaria o semanal, y es seguro que nos olvidamos de muchas cosas más: como ven, no faltan temas con los cuáles nos quieren mantener distraídos de acá a las PASO y a las elecciones generales, y si llegaran a faltar, los inventarían.

Nos quieren tener discutiendo entre nosotros que suma y que resta para ganar la elección, o discutiendo con ellos de las cosas que ellos quieren que discutamos, y para ser sinceros, mucho trabajo no les cuesta que mordamos el anzuelo y nos prendamos. Mientras tanto, corren los días que faltan para la elección, y perdemos el tiempo necesario para hacer lo que hay hacer: ganar votos.

O nos pasan elefantes por al lado y no los vemos, o no hablamos de ellos, como por ejemplo los datos tremendos que aporta un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda, y recoge esta nota de El Destape: la brutal inflación en los alimentos esenciales de la canasta básica, que hace que para poder comprarlos, un jubilado con la mínima tenga que invertir casi el 100 % de su haber, o que esa canasta básica represente casi el 80 % del Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM).

Salario Mínimo Vital y Móvil, dicho sea de paso, que es cada vez más mínimo, y cada vez menos vital y móvil; porque el macrismo volvió a la prácticas menemista de hibernar el Consejo del Salario, para no reajustarlo, así como retocó a la baja la fórmula de ajuste de los haberes previsionales: como dice la canción, nada de esto fue un error, son los efectos buscados y deseados de políticas de mierda, diseñadas por hijos de puta.

En este contexto, no podemos prestarle más atención a las barrabasadas de Carrió que a la grosera violación de la Constitución Nacional que establece en su artículo 14 Bis el Salario Mínimo Vital y Móvil, al que la Ley de Contrato de Trabajo define en su artículo 116 como“...la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión....”.

No estamos hablando de salir al cine, de irse de vacaciones, de cambiar el auto, comprarse ropa o poder pagar los servicios, aunque de eso también tenemos que hablar: estamos hablando de que hay cada vez más gente que no puede comer, porque no puede comprar lo básico, porque no le alcanza. Como dijo al principio de este gobierno Guillermo Moreno a su particular modo (y en esto, al menos, tuvo razón): un gobierno oligarca que se metió con la comida de la gente, eso es -antes que nada- el macrismo.

Cuando se habla de la inflación y como evoluciona o sus causas, se suelen perder de vista sus consecuencias, o poner la lupa allí donde pega más (en la comida, las cuestiones básicas que hacen a la subsistencia), donde más duele y como afecta a los más vulnerables: distraídos con otras cuestiones, no solemos poner el foco en el retroceso brutal que en estas cuestiones representa el macrismo respecto al país que heredó de nosotros en el 2015.

Un país que estaba lejos de tener resueltos todos sus problemas y donde también había mucha gente que la pasaba mal, pero en el que durante 12 retrocedieron la pobreza y la indigencia (podemos discutir cuanto, pero no que retrocedieron, porque las políticas de los gobiernos de Néstor y Cristina se ocuparon de eso), y era mayor la seguridad alimentaria: gente insospechada de parcialidad política como Juan Carr decían que el “hambre cero” estaba a la vuelta de la esquina de conseguirse.

Pensemos desde entonces cuanto hemos retrocedido, y como empeoró la situación no solo de los directamente implicados en el informe (jubilados de la mínima por ejemplo), sino de todos los que vieron retroceder en forma brutal y constante sus ingresos, medidos en términos de poder de compra de bienes esenciales como la leche, el pan, la carne, la harina, el aceite, los fideos, la yerba, el azúcar: trabajadores formales o no, jubilados con la mínima o no, beneficiarios de la AUH.

Muchos de ellos posibles votantes de Macri en 2015, y posibles “arrepentidos” de ese voto hoy: al menos a nosotros, no se nos ocurren problemas más urgentes para discutir, ni personas con más razones para no volver a votarlos nunca más. Pero eso no nos exime de la práctica militante de hablar de ellos, o mejor aun, de hablarles a ellos, diciéndoles como los vamos a sacar de esa penuria, como vamos a hacer para que puedan, simplemente, comer todos los días; y explicarles que si gana Macri, ya dijo que hará lo mismo (o sea, cagarlos de hambre), pero más rápido.

No se nos ocurre tema de campaña más apremiante, ni mensaje de esperanza más necesario y esperado.

martes, 2 de abril de 2019

MALA LECHE


“La situación nutricional de la población argentina se ha visto deteriorada por el aumento en el precio de los alimentos saludables que generan barreras de acceso a los alimentos de buena calidad nutricional. A la disminución en el consumo de frutas y verduras, se suma una baja considerable en el consumo de leche. En ese marco ha aumentado el precio de la leche, escasean los productos incluidos en el Programa Precios Cuidados o las marcas más económicas y en los últimos días comenzaron a venderse productos similares a la leche de peor calidad nutricional.”

“El consumo de estos productos, con precios significativamente más bajos, impacta en la salud de la población al privarla de la ingesta de ingredientes necesarios para la salud que, a diferencia de la leche, no están contenidos de manera suficiente en estos alimentos lácteos alternativos.”

“En septiembre de 2018 Hilal Elver, relatora especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, realizó una visita oficial a la República Argentina y se reunió con funcionarios del gobierno nacional, representantes de gobiernos provinciales y municipales, miembros de la comunidad indígena Qom, familias de agricultores, representantes de organizaciones no gubernamentales (entre ellas representantes de la Fundación Soberanía Sanitaria), y diversos actores pertenecientes a la sociedad civil. Presentó un reporte preliminar con las siguientes observaciones:

• La crisis económica y financiera que enfrenta Argentina tendrá un impacto directo en el derecho a la alimentación de la población.

• “He observado el incremento en la cantidad de personas que concurren a comedores, que saltean comidas por falta de dinero y niños que concurren a la escuela porque es en el lugar donde pueden obtener un plato de comida.”

• Argentina hizo un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para recomponer la crisis financiera y si bien todos los funcionarios de gobierno aseguran que no habrá impacto negativo sobre los esquemas de protección social, consideró que deben tomarse todas las medidas necesarias para proteger las condiciones de vida de los grupos más vulnerables y de la clase media. Es obligación legal del gobierno garantizar el derecho a la alimentación en situaciones de crisis. ”

“La crisis económica y social que atraviesa nuestro país afecta en forma diferencial a los sectores históricamente más castigados. La inflación descontrolada, tiene a los alimentos como uno de los rubros en los que más impactó el aumento de precios en 2018. La inflación acumulada en 2018 fue de un 43,9%, el transporte fue el rubro con mayor índice de inflación, con un 62,9%, seguido por los alimentos y las bebidas no alcohólicas con un 48,6% de aumento 6. Este rubro es el de mayor importancia en el consumo de los hogares." 

“El aumento en el precio de los alimentos saludables (frutas, verduras, lácteos y carnes) disminuye el poder adquisitivo frente a estos productos y obliga a las familias a reemplazarlos por alimentos de peor calidad nutricional7. Tal es el caso de la leche fluida, alimento fundamental en una dieta saludable, sobre todo para niños y niñas. Durante 2018, la leche presentó un aumento promedio del 37,8%. Este aumento en los precios explica una caída acumulada en la venta interna de leche del 10,75%, si se comparan las ventas de 2015 con las de 2018 según datos de la Dirección Nacional Láctea de la Secretaría de Agroindustria.”

“Esta caída en las ventas, y por lo tanto en el consumo, fue acompañada por el cierre de más 600 tambos en 2018, según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina y una baja del 8,1% de los tambos desde 2015 que termina de componer el panorama de retracción de este sector. El cierre de tambos y de plantas de algunas empresas lecheras, como Sancor, sumado a los beneficios económicos que tiene la exportación por sobre la venta al mercado interno para estas empresas y la nula regulación estatal para garantizar el acceso a un alimento de primera necesidad como la leche, hacen que las grandes empresas del sector prioricen la exportación y dejen de fabricar segundas marcas, generando faltantes de los productos más económicos.

“Ante esta situación, y como parte de una estrategia comercial los supermercados han impuesto restricciones a la adquisición de esas leches, algunas incluidas en Precios Cuidados, que están en falta o escasean en muchos comercios. Este es el caso de la leche La Armonía, fabricada por Mastellone Hnos. al igual que La Serenísima, que cuesta $25,47 pero que no se encuentra en las góndolas y tiene restricciones en la adquisición a un litro por familia y por compra.”

“Además, para seguir vendiendo sus productos, algunas empresas de lácteos han comenzado a comercializar “Alimentos lácteos a base de leche”. Se trata de productos que buscan suplir a leches, yogures y quesos a un menor costo para el bolsillo de los consumidores pero que no advierten en forma clara que no son leche fluida. En el caso de la leche, la diferencia de precio ronda los $ 10 por litro, en comparación con leche más económicas de otras marcas y de más de $20 en comparación con las más caras.  ”

“Esto representa un ahorro significativo para aquellas familias en situaciones más desfavorables. Como ejemplo, para una familia con dos niñes, con un consumo de un litro diario de leche, implica al finalizar el mes, un ahorro de alrededor de $270 comprando el alimento lácteo a base de leche La Suipachense en comparación con la compra de la leche más económica del mercado y de $740 si se compara con las leches más caras. En relación al consumo, recientemente se publicaron datos sobre hábitos de consumo relevados por el Centro CEPA y Proyección Ciudadana. Considerando la evolución de los consumos por nivel socioeconómico, se observa un comportamiento diferencial entre estratos, siendo el nivel socioeconómico bajo el que más disminuyó el consumo en todos los rubros considerados con excepción de las harinas. Específicamente un 35% reportó que disminuyó el consumo de lácteos.”

“De acuerdo a los precios en góndola de cada uno de los productos es posible afirmar que para cubrir 1300 mg de Calcio con Leche La Armonía se necesitarían $31,53. Para hacerlo con Alimento a base de leche OPI, se requerirán $32,99. Sin embargo, para alcanzar la recomendación con Leche La Serenísima, será necesario contar con $ 48,90.Si se realiza un análisis respecto a las proteínas que aporta cada producto y el costo de los mismos, tomando la Dosis Diaria Recomendada de Proteínas para una mujer embarazada o en período de lactancia (71 gr proteínas por día) se observa que para cubrir esa dosis, utilizando únicamente estos productos, será necesario contar con $60,28 en el caso de la leche La Armonía, $93,48 para el caso de la leche La Serenísima, $108,82 si se trata del Alimento a base de leche La Suipachense y $180,18 en el caso de la marca OPI.”

“Con ello queda evidenciado que estos productos “sustitutos” de la leche se venden a un precio más económico en la góndola, pero no aportan la misma cantidad de un nutriente esencial como es la proteína de alto valor biológico, como la que se encuentra en la leche. Es decir, son más baratos porque nutren menos.”

“La crisis económica viene produciendo un deterioro en la alimentación de la población. Si bien no se cuenta con datos oficiales que den cuenta del escenario de malnutrición actual dado que la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud data del año 2004, es de esperar que el aumento del precio de los alimentos produzca una disminución del consumo. Este es el caso de frutas, verduras y leche.”

“Ante esta situación es probable que la población, sobre todo los sectores más golpeados por el modelo económico actual, opten por productos de menor calidad como sustitutos de la leche que aportan menor cantidad de nutrientes. Las restricciones impuestas en distintos eslabones de la cadena de comercialización de la leche (productores y supermercados) y la falta de intervención del Estado en la regulación genera escasez de productos de primera necesidad, de calidad, y afecta el derecho a la alimentación.”

“Resulta urgente la reorientación del modelo económico y social porque como decía Ramón Carrillo, primer ministro de salud de nuestro país, en Teoría del Hospital (1951): “Los problemas de la medicina, como rama del Estado, no podrán ser resueltos si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede existir una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría”.”

(Textos e imagen tomados del informe de la Fundación Soberanía Sanitaria)