Es verdad que es difícil resistir la tentación de caerles encima porque se la pasan predicando moral con la bragueta abierta, mientras son tan especialistas como cualquiera en montar curros y quiosquitos varios.
Como también es cierto que es irresistible la tentación de pegarle a un tipo tan odiable como Fernando Niembro, alguien a quien repudian de los dos lados de la grieta, como profesional de los medios y como persona: putearlo a Niembro debe ser una de las famosas "tres o cuatro cosas en las que los argentinos nos tenemos que poner de acuerdo"; de allí que no sea descabellado pensar que la filtración de la indo de sus contratos con el gobierno porteño haya salido desde el propio macrismo.
Y es verdad también que la bala del Niembrogate le entró al PRO, y por debajo de la línea de flotación: después de días sin saber que decir del tema, esperando el "paper" salvador de Durán Barba, salieron a balbucear líneas de defensa que no hacen más que hundirlo al buenazo de Chiche, que además se defendió en lo de Fantino con argumentos aportados por el enemigo.
Pero dicho todo esto, no parece que a mes y medio de las elecciones tengamos que enfocar la campaña, el fenómeno del PRO y la candidatura de Macri desde ese lugar, el de la guerra de carpetazos; porque sería minimizar el tema.
Porque además si el problema fuera la corrupción, nos estamos ocupando mucho del chancho Niembro, y no de quien le da de comer (Macri); copartícipe necesario y -casi con certeza- beneficiario principal de una operación de lavado de guita del gobierno de la CABA, con destino a financiar su campaña presidencial.
Que además al mismo tiempo mientras todos nos ocupamos del Niembrogate, le da de comer a otros chanchos bastante más gordos y voraces, como el grupo Techint que se embolsó 1700 millones de pesos por obras del subte porteño que no se hicieron.
Si perdemos de vista la perspectiva política del asunto (lo que representan verdaderamente Macri y el PRO) corremos el riesgo de hacer lo mismo que Lanata durante el menemismo: poner la mira en la corrupción, y no en el modelo político, social y económico que impuso en el país; y sus devastadoras consecuencias, que en buena parte seguimos padeciendo.
Por decirlos en nombres, Niembro es absolutamente impresentable, pero Melconián, Sturzenegger y Frigerio son mil veces peores; porque de llegar al gobierno aplicarían políticas que ya conocemos y padecimos, y no parecen muy dispuestos a revisar su núcleo duro de ideas, aunque sí a enmascararlas.
Por eso la disputa con el PRO es y debe ser estrictamente política, más que de revoleo de carpetazos.
Si parte de los medios quieren seguir contándole las costillas a Macri y los suyos bienvenido sea, hasta es probable que sin beneficiarnos directamente a nosotros en términos electorales, lo perjudique a él: nunca faltará algún lilito despistado o alma noble que descubra que no se puede firmar el "contrato moral" con semejante contraparte.
Lo que hay que hacer en cambio con Macri y su proyecto político -al menos lo que entendemos nosotros que nos corresponde hacer- es desenmascararlo, y obligarlos a que se muestren tan cual son, y lo que harían en caso de llegar al gobierno.
Y desde ese punto de vista, ayuda mucho más que un Niembro descubierto con las manos en la masa, una Michetti sincericida que reconoce que, puestos a discutir nuevamente hoy la expropiación de Aerolíneas e YPF, o la liquidación de las AFJP, volverían a votar en contra como lo hicieron en el pasado; o algunos de los economistas estrellas del PRO reconociendo en ámbitos más reservados que lo que propician es lo mismo que propiciaron siempre: ajuste, apertura de la economía, privatizaciones, tarifazos, congelamiento o rebaja salarial y recorte de derechos.