A lo mejor algunos se enteraron por una
serie de tweets de Cristina, y no le dieron importancia; u otros leyeron los
diarios o vieron la tele, y poco dijeron al respecto: ayer Río Gallegos quedó
conectada al Sistema Interconectado Nacional al haberse puesto en
funcionamiento las obras de transmisión de electricidad a 500 Kv de potencia.
Una obra que (como se cuenta acá) se suma a otra
hechas con anterioridad para ir cerrando el anillo energético de las provincias
argentinas: desde el 2003 se invirtieron 16.000 millones de pesos para
construir 5500
kilómetros de líneas de electricidad de alta tensión,
ampliando la red de 500 Kv a 14.500 kilómetros: el 38 % de esa red se construyó
en éstos últimos diez años.
Hasta ayer la provincia de Santa Cruz
permanecía aislada en materia energética del resto del país, como también lo
estaban otras 10 provincias argentinas antes de mayo del 2003.
Eso pese a que desde 1989 (en los
estertores del gobierno de Alfonsín) se cobraba un cargo del 0,6 % en las
facturas de electricidad en todo el país, de acuerdo con la Ley 23.681 (ver acá) para financiar las obras
de interconexión. Desde entonces pasaron los gobiernos, cobraron el
cargo, pero no hicieron las obras.
La obra que hoy inauguró Cristina se suma
a la línea de alta tensión NOA-NEA (1208 kilómetros de
extensión, 4200 millones de pesos de inversión), la línea Comahue-Cuyo (708 kilómetros de
largo, 2770 millones de inversión); en el 2006 Choele Choel-Puerto Madryn, y en
el 2008 Puerto Madryn-Pîco Truncado; el tramo inmediato anterior al inaugurado
hoy.
Como consecuencia de todas esas obras, 10
provincias argentinas quedaron incorporadas desde el 2003 al Sistema
Interconectado Nacional: Chubut, Santa Cruz,
Salta, Jujuy, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, La Rioja, San Juan y
sur de Mendoza.
A lo mejor quienes vivimos en la región del país que tradicionalmente estuvo
más beneficiada en términos de infraestructura no tomamos debida nota de la
importancia estratégica de éstas obras, que no sólo tienden a integrar
energéticamente el país; sino a garantizar un suministro de electricidad
abundante y con el mismo factor de potencia, en cada rincón del país.
Y aprovechar debidamente la capacidad de generación de energía (por fuentes
diversas) para volcarla a través de las redes de transmisión allí donde sea
demandada, en cualquier lugar del país. Porque hasta acá se daba la
paradoja de que hubieran provincias productoras de energía que estaban afuera
del Sistema Interconectado y no podìan aportarla, u obras que no se podían
realizar (como las represas hidroeléctricas sobre el río Santa Cruz
recientemente inauguradas), porque la inversión no se justificaba en tanto no
estuvieran en condiciones de volcar su producción de energía a todo el país a
través del SIN.
Estas gigantescas inversiones en transmisión de energía (como se dijo, el kirchnerismo construyó en 10 años el 38 % de la red de transmisión en AT con que cuenta el país) se suman a las que se vienen haciendo desde el 2003 en materia de generación de energía: elevación de la cota de Yaciretá a 83 metros, construcción de las centrales termoeléctricas de Campana y Timbúes, la usina de carbón de Río Turbio, la central hidroeléctrica de Caracoles y la central nuclear de Atucha II, en construcción.
Obras con las que prácticamente se duplicó la capacidad de generación de energía, pasando de los 14.000 megawats del año 2003 a los 27.000 de la actualidad; parque energético que posibilitó sostener un crecimiento del PBI de más del 90 % acumulado desde entonces; sin que se produjera el tantas veces anunciado "apagón" general del sistema.
Como decía hoy Cristina en la entrevista con Hernan Brienza en la televisión pública, son los hechos -más que las argumentaciones- las mejores armas con que cuenta este proyecto político.
