Expresión local -como dijimos- de un fenómeno mas amplio, que se denota en el hecho de que en Santa Fe ni siquiera han surgido (como sucede en otras ciudades y pueblos de la provincia) municipalismos: fuerzas locales con arraigo electoral y posibilidades de competir electoralmente. El PJ local mientras tanto (que podría suplir el vacío de representación) está en otra, hace tiempo ya que renunció no a ganar una elección en la ciudad, sino directamente a hacer política en serio en ella; más allá de alguna esporádica aparición de los concejales como pasó con el alumbrado público o el estacionamiento medido.
Y eso ocurre porque el modelo de gestión municipal y el modelo de ciudad en Santa Fe hace rato ya que no lo definen ni la política, ni los partidos, ni los ciudadanos en las elecciones ni quien circunstancialmente ocupe el rol de intendente: viene armado de fábrica por el círculo rojo local, y lo único que cambia son los circunstanciales ejecutores, rol que en esta etapa le toca cumplir (como simple mascarón de proa) a Poletti; que cumple religiosamente con el marketing de la "presencialidad" dejando en claro cuáles son sus principales (si no únicas) preocupaciones: los espacios verdes en las zonas de la ciudad mostrables al turismo, los eventos (y el turismo de ellos), y no mucho más.
Sin que a nadie parezcan hacerle demasiado ruido sus silencios y omisiones: la crisis del transporte público, la problemática de la basura y la recolección de los residuos, o la paralización de las obras de ampliación de la planta potabilizadora de agua de la ciudad; por mencionar algunos.
La regulación del uso del suelo urbano, el crecimiento urbanístico, la inversión de los recursos públicos, los servicios críticos y su accesibilidad, todo lo definen (por acción u omisión) el mercado y las "fuerzas vivas" y no la política y las instituciones; aunque para disimularlo se cree una pantomima estética de participación ciudadana para decidir el destino de una plaza (siempre que no sea en los barrios del oeste), con el experimento de la autonomía como entretenimiento colectivo: la han consagrado con rango constitucional sin decir nada sobre su contenido concreto, y justo cuando el municipio (Santa Fe y todos, en especial en las grandes ciudades), es menos autónomo que nunca de los que verdaderamente mandan y deciden.
Tanto que la infraestructura básica que depende de decisiones públicas como el asfalto, las cloacas, los desagües, la iluminación, el agua potable, el transporte o la recolección de los residuos, solo ocupan la agenda pública o se mueven en algún sentido si hay un negocio a la vista; como fue el caso del alumbrado público o el estacionamiento medido; en los que el PRO local (como hizo el nacional con Milei) le intervino la gestión a Poletti para replicar el modelo porteño, que consiste básicamente en una piñata de negocios con empresas amigas, o aportantes de campaña.
Como Milei (y como pasó en escala local con Jatón), cuando Poletti ya no sirva (no porque se haya vuelto indócil, sino porque no mida en las encuestas) lo tirarán y buscarán otro. O lo canjearán como a las figuritas repetidas.



