* La recuperación del control estatal sobre YPF fue una decisión estratégica cuyos efectos -como en todas las decisiones estratégicas- se vieron en el tiempo, y hasta hoy puede incluso disfrutar éste gobierno, que se ufana de estar en las antípodas del kirchnerismo en todo: desplazando al grupo Repsol de la empresa se logró revertir el declino de la producción, incrementarla, poner en valor el enorme activo que representa Vaca Muerta y darle al país una oportunidad de obtener divisas genuinas, y ahorrárselas despilfarrándolas en importar crudo y combustibles. Golazo del kirchnerismo, que hasta los gorilas (sin decirlo así, claro) festejan.
* Como correspondía a su rol de presidenta, la decisión final la tomó Cristina y a ella le corresponde el mayor mérito histórico, si de establecer rankings en esa materia se trata. Pero esa decisión no hubiera podido llevarse a cabo sin contar con ejecutores eficaces, convencidos de que era correcta y necesaria para el país, y que ameritaba arremangarse y ponerse a trabajar con celo patriótico para ponerla en práctica. Y en ese renglón ingresan desde De Vido hasta Kicillof, incluyendo a Galuccio (hoy volcado con éxito a la actividad privada), que cumplió con creces el rol para el que fue convocado. Perderse ahora en disputas minúsculas fruto de las pequeñeces de la interna para determinar paternidades es un error mayúsculo, que pierde de vista la enorme magnitud del acierto de política pública de la decisión.
* El fallo de la Cámara de Apelaciones le dio la razón a la posición argentina con los mismo y exactos argumentos con los que el año pasado Kicillof -y antes que él Cristina, ambos varias veces a lo largo del litigio- rechazaban la pretensión del fondo Burford. Que el PRO o LLA crean que tuvieron algo que ver al respecto -cuando uno votó en contra de lo que llamó "confiscación" y Macri sigue diciendo que fue ilegal aun después del fallo que dice exactamente lo contrario, y Milei dijo en cadena nacional que la expropiación es un robo cuando aun hay instancias judiciales pendientes en EEUU- solo demuestra que a la derecha aunque no le quede más remedio que festejar (otro triunfo cultural del kirchnerismo), en el fondo quería que el país perdiera, para tener razón. Y para pagar (como hizo Macri con los fondos buitres) incluso más de lo que se reclamaba, tomando deuda y echándole la culpa al kirchnerismo.
* El PRO votó en contra (casi en soledad) la expropiación en 2012 y Macri (lanzado por entonces a su carrera presidencial) dio un discurso explicando las razones, que son las mismas que luego esgrimiría el fondo Burford en el litigio, y que reiteraría Milei en su cadena nacional del viernes pasado. Entre los que entonces votaron en contra se encontraba Patricia Bullrich, que también ahora festeja el triunfo; aunque en su caso el travestismo político es marca de fábrica.
* Si Macri hubiera tenido que lidiar con un fallo adverso -como el de la jueza Preska- seguramente hubiera dicho lo mismo que dijo cuando su antecesor, el juez Griesa, falló en contra de la Argentina en el reclamo de los hold outs encabezados por su financista de campaña y agente de propaganda Paul Singer: hay que ir a sentarse con la jueza y lo que ella diga, eso hay que hacer. En la misma estaba Milei hasta el viernes, tanto que propuso crear una "tasa Kicillof" para pagar un fallo que ya imaginaba adverso e irremontable, pero cuya anulación ahora se atribuye como mérito exclusivo.
* La expropiación del 51 % de las acciones de YPF fue -por más de una década- eje de una campaña sucia del macrismo primero y del mileísmo después, contra Kicillof. Como no le encontraron nada siquiera cercano a un caso de corrupción, lo acusaban de haberle causado un daño al país con su decisión, que además fue de Cristina, y él simplemente instrumentó. Pues bien, con el fallo a la vista, con Cristina proscripta (para sacarla de la cancha por miedo a que les gane) y el gobernador de Buenos Aires lanzado a la carrera presidencial tendrán que buscar otro argumento, porque ése se les terminó volviendo en contra.
* Los que litigan en el juzgado de Preska contra la Argentina no eran Repsol (ya debidamente indemnizado por su 51 % de las acciones expropiado) y ni siquiera los Petersen (Eskenazi) u otros accionistas del 49 % restante, representados por Burford. Y su pretensión no fue nunca (porque sabían que no podrían hacerlo) revertir la expropiación, sino que se les hiciera extensiva a ellos, y el Estado argentino les comprara sus acciones, bajo las condiciones establecidas por ellos. Ese planteo es el que rechazó de plano la Cámara de Apelaciones, diciendo que prevalece la ley argentina de expropiaciones sobre el estatuto de la sociedad.
* Antes de ser presidente (y de ponerse el mameluco de YPF) Milei decía a quien quisiera escucharlo que el juicio estaba perdido, y proponía para pagar la indemnización a Burford la "tasa Kicillof ": un bono perpetuo de deuda a favor de los que suponía inevitables ganadores. Lo reiteró a los pocos días de asumir el cargo, y el año pasado cuando se conoció el fallo de la jueza Preska. En ese contexto, le parecía alarmante tener que endeudar al país en 18.000 millones de dólares (aunque a cambio se quedara con el control de la mayor empresa del país), pero vio como una señal de fortaleza del programa económico pedirle otros 20.000 millones de dólares al FMI (adicionales a los 45.000 que antes le había pedido Macri), y obtener un swap del Tesoro de EEUU por otros 20.000, en ambos casos a cambio de nada. O de entregar el país, por varias generaciones.
* Ya presidente y reiterando lo que había dicho en campaña, Milei propuso volver a privatizar YPF, e incluso Vaca Muerta, como si la Constitución no dijera que la propiedad de los recursos naturales es de las provincias: la empresa figuraba en el listado de las empresas a vender de lo que fue la fallida "ley ómnibus", y tuvieron que sacarla en el proyecto de "ley bases", para conseguir apoyo en el Congreso. Sin embargo y como hizo el menemismo en los 90', su gobierno bajo la gestión del ex Techint Marín volvió a la táctica de la "privatización periférica" o el desguace progresivo de la empresa: se desprendieron por monedas (y con sospechas de negociados, como las ventas a la empresa de Iguacel) de yacimientos convencionales en Río Negro, Chubut y Santa Cruz, y vendieron Profértil, la empresa controlada con la que YPF operaba en el mercado de los fertilizantes.
* Aun siendo el de hidrocarburos uno de los sectores ganadores del modelo económico de Milei, los puestos de trabajo generados en Vaca Muerta (entre la petrolera estatal y las privadas que comenzaron a invertir más solo cuando ella lo hizo, como siempre ha sido en el país) no llegaron a compensar los que se perdieron por la decisión empresarial de YPF de retraerse de las áreas convencionales; repitiendo así en el sentido y los efectos, la lógica predatoria con que Repsol manejaba la compañía, que fue lo que llevó a su expropiación en 2012.
* El gobierno de Milei convirtió a YPF en una pieza más de un modelo extractivista sin agregado de valor, en lugar de ser la punta de lanza de un modelo de desarrollo industrial autónomo, con integración y diversificación productiva, incluso para la propia industria hidrocarburífera. El ejemplo más claro es el abandono del proyecto conjunto con la malaya Petronas para construir una planta de licuefacción (GNL) en Bahía Blanca primero (por motivos puramente políticos, para joderlo a Kicillof), y en Río Negro después; y más recientemente -aunque no tenga que ver con YPF- la reorientación de la traza de los gasoductos, pensando más (como en los 90') en la exportación que en las necesidades de energía de la industria nacional, a la que luego tildan de no competitiva.
* Esta política de manejo de YPF perjudicial para los intereses del país fue secundada con silencios prolongados y escasas protestas públicas de los gobernadores de la mayoría de las provincias petroleras, particularmente los de Santa Cruz y Chubut, que además le aportaron a Milei votos claves en las votaciones del Congreso. Todo ello pese a que la Ley 26741 que recuperó el control estatal de YPF (en otra decisión estratégica de Cristina) previó que el 51 % del paquete accionario en manos del Estado se dividiera entre la nación (26 %) y las provincias petroleras (25 %), unidas entre sí en un pacto de sindicación de acciones, que las obliga a votar siempre en el mismo sentido en las asambleas de la sociedad, y en las reuniones de directorio: hubiera bastado que lo hicieran valer cuando éstas los perjudicaban, para que no se concretaran, o el gobierno nacional tuviera que negociar.
* El anterior Procurador del Tesoro de la Nación que esutvo en el cargo hasta hace menos de un mes (es decir quien dirige el Cuerpo de Abogados del Estado que lleva adelante los juicios en representación del Estado nacional), Santiago Castro Videla, tuvo que excusarse de intervenir en el litigio del fondo Burford contra la Argentina porque Alberto Bianchi (uno de los socios de su estudio jurídico) fue contratado por el fondo inversor; lo mismo que Alejandro Fargosi, a quien Milei eligió para encabezar la lista de diputados nacionales de LLA en la CABA.
* Que en éste contexto, y conocido el fallo de la Cámara de Apelaciones del Distrito Sur de Manhattan que la validó, el gobierno de Milei proponga la reforma a la ley de expropiaciones (cuya aplicación excluye la ley bases en las inversiones hechas bajo el RIGI) con los fundamentos disparatados que expuso el presidente en cadena nacional (a riesgo de perjudicar, como dijimos, la posición del país en el litigio) no puede sino interpretarse como evidencia de una colusión dolosa de intereses con los que litigan contra el país, o con los que pudieran hacerlo en el futuro, en similares circunstancias.
* Aun para quienes creemos que la UCR es una marca comercial que no se decide a terminar de liquidar el fondo de comercio y lo que hayan hecho no es el dato relevante en todo esto, sirva la ocasión para recordar que sus diputados y senadores votaron a favor de la expropiación de YPF en 2012. Que el último rasgo de dignidad en línea con la mejor y olvidada tradición partidaria (la de Mosconi e Yrigoyen) que tuvieron fuera hace ya 12 años y votando junto con el kirchnerismo (para irritación de buena parte de su electorado) en una decisión cuyos resultados hoy todos -de un modo u otro- reivindican como positiva para los intereses del país debería llamarlos a la reflexión, si es que aun es posible.