LA FRASE

"HICIMOS MÁS DE 16.000 REFORMAS Y SERÍAN 16.002 SI LOS KUKAS Y ZURDOS TERRORISTAS NO NOS HUBIERAN CAGADO LA LEY DE TIERRAS Y LA DEL MANEJO DEL FUEGO." (JAVIER MILEI)

jueves, 13 de agosto de 2026

EL CICLO SIN FIN

 

Un gobierno de derecha llega al poder creando expectativas de grandes cambios que -esta vez sí- darán resultados, y sacarán al país del atraso y la decadencia. Fracasa estrepitosamente, salvo en la puntual atención de intereses bien concretos, que son los que impulsan sus políticas.; y su fracaso abre la puerta a un nuevo gobierno popular, que llega en escenarios cada vez más condicionados por el contexto: el retroceso en términos de calidad de vida de la población es cada vez más profundo que la experiencia anterior, y el margen de maniobra del gobierno para ensayar otras políticas es cada vez menor.

De la lectura de ese cuadro de situación (sin profundizar demasiado en sus causas) nacen intentos conciliadores, ya desde el mismo diseño de las alianzas, la arquitectura electoral, las estrategias de campaña y hasta la selección de los candidatos: se asume que el único camino posible es ir con pies de plomo, postergar definiciones y cambios estructurales para no malquistar a los que realmente mandan, y se lo explica desde teorizaciones sobre el posibilismo y las correlaciones de fuerza; como en campaña se trató de capturar un imaginario centro social, eludiendo las polarizaciones.

En ese contexto y sumando las restricciones reales existentes, el gobierno popular parece condenado de antemano al fracaso, porque el poder económico (sin ninguna autocrítica por el fracaso de su ensayo anterior) toma cualquier intento de conciliación como agitar una bandera blanca de rendición, y actúa en consecuencia, jaqueando al gobierno para reducir aun más su margen de decisión y asegurarse que no pueda siquiera rozar sus intereses.

Y así como la derecha fracasa en su intento de estabilizar por la vía democrática el consenso social en el sostenimiento de un proyecto que convenga a sus intereses (aunque estos sean rápida y convenientemente atendidos por los gobiernos del palo), para las experiencias nacional-populares el fracaso es doble: no consiguen resultados electorales que les permitan estabilizarse políticamente, ni tampoco garantizar la atención de los intereses objetivos y concretos de su base electoral, cuya reparación de los estragos de las política neoliberales es siempre tardía, incompleta o escasa. 

Para peor, no toda la dirigencia alcanza a percibir que lo primero es consecuencia directa de lo segundo; todo lo cual crea la plataforma ideal para que la derecha vuelva a utilizar a discreción sus armas de seducción masiva y sus dispositivos de construcción de sentido (adaptados en sus modos y plataformas de lanzamiento a los tiempos y la tecnología disponible) para volver a ganar en elecciones libres (al menos del fraude tradicional, y por ahora).

Una vez vuelta al gobierno (porque al poder no lo sueltan nunca) volverán a plantear que el modelo no solo es el correcto sino el único racionalmente posible, que los que fallaron fueron los circunstanciales ejecutores y que es necesario ir más rápido y a fondo, sin ninguna concesión a gradualismos y acuerdos políticos. Por el contrario, reclaman una Moncloa criolla que integre a los márgenes del régimen a parte de los formalmente opositores, para consensuar políticas de Estado (es decir, las que convienen a sus intereses) a largo plazo.

Y como siempre sucede con la derecha cuando gobierna, empieza arrasando todo a su paso, y postulando la idea de que resignar derechos, salarios, consumo, empleos, tejido productivo o condiciones objetivas materiales de existencia son sacrificios imprescindibles para garantizar un futuro venturoso; para lo cual poco importa si en el camino debe traicionar engañosas promesas, o peor aun, cumplirlas. Prodigan en cada oportunidad un revival del Rodrigazo para consagrar una cada vez más injusta distribución del ingreso social, mientras fustigan al populismo irresponsable e inflacionario.

De ese modo (y con la correlativa e imprescindible decisión de reprimir con dureza todo atisbo de protesta social) logra recrear la confianza de los mercados, con los efectos aparejados: ingresan capitales especulativos de corto plazo que facilitan políticas de estabilización sobre la base de una apreciación cambiaria, lo que a su vez facilita financiar consumos superfluos de su base electoral y atesoramiento en divisas, al mismo tiempo que la fuga de capitales de los sectores con mayor capacidad de generar excedentes. 

Los demás efectos del modelo (que siguen al dólar barato como la sombra al cuerpo) son conocidos: destrucción de la economía real, caída del salario y del empleo, profundización del deterioro de los indicadores sociales; y engrosan el largo catálogo de las advertencias electorales previas de una parte de la población, desoídas por otra, concientemente o no.   

Cuando los límites concretos del modelo de valorización financiera y fuga (con sus variantes en el tiempo, acordes a los procesos de acumulación del capital) están a la vista (es decir, cuando se acaban los dólares, o se empieza a percibir que no alcanzan para todos), la derecha pasa rápidamente y sin escalas de la confianza plena en la hegemonía a largo plazo, a la incertidumbre democrática, la suba del riesgo país y los problemas de confianza en la duración de la tolerancia social al ajuste.

Allí comienzan -otra vez- los intentos de imaginar alquimias que les permitan sostener el modelo cambiando sus circunstanciales ejecutores, y las presiones sobre el campo nacional-popular para asegurarse que una eventual alternancia política no lo modifique en lo esencial, y sus intereses no se vean afectados. Pero como dirían los árabes, confía en Alá pero ata tu camello: en cada proceso intentan reforzar aun más las cadenas de la servidumbre, y asegurarse que un eventual gobierno nacional popular no pueda modificar el status quo, ni aunque quisiera hacerlo: RIGI, CIADI y demás siglas conocidas o inventadas para la ocasión.

El modelo es siempre inviable bajo sus propios términos, tanto que termina -invariablemente- explotando más por mano propia, que por la resistencia social que genera a su paso: los capitales golondrinas vuelan, las inversiones prometidas jamás terminan de llegar, y cada fracción de capital (nacional y extranjero) se abalanza con avidez sobre los despojos del país, para intentar  llevarse su parte, volviendo a dejar tierra arrasada; para la llegada -en un marco de descontento social, crecientes necesidades insatisfechas y desencanto democrático que acorta lo límites de la paciencia- de otra experiencia de signo nacional-popular.

Que si no toma debida nota de las experiencias anteriores, y no asume en toda su implicancia la cuestión del poder (que supone necesariamente conflicto, puja distributiva y afectación de intereses) está condenado de antemano a repetirlas, y reiniciar el ciclo.

miércoles, 12 de agosto de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

martes, 11 de agosto de 2026

LECTURA RECOMENDADA

 

"¿Cuándo se termina una etapa política? ¿En qué momento conviene desprenderse de un fusible? ¿Cuándo hay que arrojar lastre del barco? Son las preguntas que se deben estar haciendo diferentes componentes de la élite local y los propios estadounidenses en relación con la gestión Milei. Milei tiene un alto valor simbólico internacional: ha servido de “modelo” de un nuevo tipo de liderazgo, mucho más agresivo y autoritario en lo político, más osado en lo económico y social, más alineado en materia internacional que el liberalismo tradicional, que posaba de centrista y moderado. ".

"Como señalaba recientemente el experto internacional Juan Tokatlian, el experimento Milei está siendo visto desde el exterior con sumo interés, para observar hasta dónde y qué cosas es capaz de soportar una sociedad de desarrollo medio. Sobre todo en cuanto a la destrucción de instituciones consideradas pisos básicos de progreso, que no habían sido cuestionadas ni siquiera en el período de la globalización neoliberal. Si bien Milei puede presentar como grandes triunfos todos los retrocesos económicos y sociales que está provocando, y que la derecha troglodita considera “logros valiosos”, está patinando en lo político y en lo económico, y sobre todo no está garantizando la perdurabilidad social de este status quo tan confortable para las corporaciones.".

"Odiar a una parte significativa de la población es una forma de desconocer qué es una nación. Es rechazar sus componentes específicos, su historia concreta, negar sus raíces, en pos de construir un país de diseño, racista, blanco, conservador, consumista y colonizado, una especie de resort trumpista del subdesarrollo. De todas formas, lo que sellaría definitivamente la suerte de Milei —más allá de sus berrinches y desvaríos— sería que la mayoría de la población le saque la ficha. Que muchos millones, en todo el país, comprendan en toda su magnitud la amenaza que representa este gobierno para el futuro de los argentinos.".

"Sectores cercanos al oficialismo ven con preocupación que el hundimiento de la actividad económica interna vaya horadando políticamente la adhesión de la base electoral del actual gobierno, creando un escenario de creciente incertidumbre sobre el resultado eleccionario del año que viene. Un salto cambiario acotado, seguramente, protegería en algo a la industria, pero también impulsaría alzas adicionales en los precios minoristas, lo que reforzaría el deterioro electoral del mileísmo. Además, esa devaluación acotada podría estimular una mayor oferta de divisas de los exportadores, pero al mismo tiempo encarecería la compra de esas divisas por parte del gobierno, que debería disponer de más pesos para seguir juntando divisas.".

"En síntesis, el temor en la derecha es a los propios fantasmas de los mercados: 1) Van a tener miedo porque sigue anémica la actividad económica, lo que hará que la gente cada vez se banque menos al gobierno que les vendió humo económico, y crezca la posibilidad de que Milei pueda perder las elecciones; y 2) van a tener miedo a que el gobierno mantenga una política económica que le impida conseguir los suficientes dólares para aumentar las reservas y despejar todas las dudas sobre un eventual impago por parte del país a los acreedores privados y al propio FMI. Los dos tipos de temores convergen directamente en un solo pánico, por ahora imaginario: los mercados asustados desarman sus posiciones en pesos, o retiran sus fondos de los bancos, y se abalanzan sobre las reservas —insuficientes— del BCRA. Un curioso escenario de hecatombe de los economistas más brillantes de la historia. Hoy, la tesis mileísta de que ajustar a la población sin límites, con políticas dogmáticas y aventureras, es perfectamente compatible con un robusto y fiel acompañamiento electoral, parece haber entrado en crisis incluso entre sus fieles creyentes.".

"Pero nos vamos enterando de la enorme extensión de la reacción en las bases de la sociedad, como una ola que creció de forma inesperada, involucrando a muchísima gente que habitualmente no se siente convocada por la “cosa pública”, y que se metió decididamente a opinar y expedirse sin cortapisas. Evidentemente, ha sido muy fuerte, muy popular, el rechazo a la extranjerización, ya que logró trascender los espacios de la militancia y la politización tradicionales para extenderse mucho más lejos, y ejercer fuerte presión moral y política sobre todo el arco político. No fue otra cosa, sino esa ola de opinión popular masiva, lo que actuó sobre los gobernadores y senadores colaboradores de siempre del gobierno, quienes, cálculo político en mano, decidieron no subirse a la pira preparada para incinerar los proyectos entreguistas del mileísmo.".

"Esta ola de dignidad nacional que de pronto ha surgido, defensiva ante el intento de desguazar físicamente la nación, debería poder extenderse para comprender que nuestro país debe retomar el control sobre su propio destino, y no dejarlo en manos “de la globalización”, cuyos motores reales son las grandes empresas de los países industrializados y los propios Estados centrales. Abandonarse a las fuerzas de la globalización es poner nuestro destino en manos de poderes empresariales y políticos concentrados, cuyos intereses difieren de los nuestros. La soberanía no es el territorio. Es un concepto político: es poder autodeterminarse.".

"Se podrá decir que vivimos en un mundo extremadamente interrelacionado, y que al ser periféricos, carecemos de algunos instrumentos económicos, tecnológicos, financieros, importantes para poder ejercer una soberanía plena. La realidad internacional nos indica que nadie en el mundo actual es plenamente soberano, y que hasta las dos grandes potencias dependen de la otra. Lo que no quita que aspiren al mayor grado de autodeterminación posible. En cambio, en nuestra periferia latinoamericana colonizada florecen las ideas vinculadas, no a fortalecer la autodeterminación, sino a profundizar la dependencia, como hace todos los días este gobierno de la derecha argentina.".

"Lo advirtió hace tiempo Aldo Ferrer: una precondición para emprender el camino del desarrollo económico y social es contar con pensamiento propio, con una lectura propia del orden global y del lugar que nosotros queremos tener en él. Ferrer lo planteó en el terreno de la economía, así como muchos otros pensadores nacionales ya lo habían planteado con la meta de construir una nación soberana.".

"La soberanía es una sola, y es integral. No se puede hablar de soberanía y vender el territorio. No se puede hablar de soberanía en las Malvinas -como hizo la última dictadura- y extranjerizar la economía del territorio continental. No se puede hablar de soberanía y endeudar brutalmente al país, como hacen sistemáticamente los gobiernos neoliberales. No se puede hablar de soberanía y destruir la salud de sus habitantes, como hace este gobierno. No se puede hablar de soberanía y degradar la vida de millones de niños que son quienes deberán continuar, mejorar y defender nuestro país. No se puede hablar de soberanía y socavar las industrias culturales, el mundo académico y el científico. Es atentar contra el cerebro de la nación.".

"Los que dicen que están de acuerdo en general con “el rumbo” de esta administración tienen que asumir que están a favor de la extranjerización de la tierra, de la quema de los grandes bosques con fines de rentabilidad inmobiliaria y con la destrucción de los glaciares para mayor provecho de las mineras extranjeras y de los países industriales. Hoy, recuperar la independencia nacional y la autodeterminación requiere superar la intoxicación de pensamiento colonial que permitió la llegada del cipayismo al gobierno, y arrebatarle el manejo de algo tan importante como es el destino del pueblo argentino.".

(La nota completa, acá.)

lunes, 10 de agosto de 2026

AMENAZAS

 

Hace poco el gobernador de La Rioja Quintela hizo una advertencia elemental: que los inversores del país y el extranjero que participan del festival de privatizaciones y regímenes de excepción promovidos por el gobierno no se entusiasmaran, porque en caso de volver el peronismo al gobierno revisaría lo actuado, y expropiaría lo que tuviera que expropiar, si fuera necesario-

Más allá de que habrá que ver si llegado el caso la advertencia se concreta (de hecho no hubo casi expresiones de apoyo a sus palabras dentro del propio peronismo), el régimen y sus voceros lo tomaron como una amenaza, no faltó quien lo tildara de golpista y por supuesto dijeron que ese discurso espantaba inversores. Esto último no difiere mucho de lo que habían propuesto algunos sectores del PJ que se reunieron hace un tiempo en Costa Salguero, y advertían que el peronismo tenía que respetar el RIGI y otras barbaridades perpetradas por éste gobierno.

Al mismo tiempo que los dichos de Quintela, el gobierno de Milei avanzaba con el Súper RIGI, una tentativa de modificar la carta orgánica del Banco Central y logró (aun amputando el proyecto) la media sanción en el Senado de la denominada "ley de inviolabilidad de la propiedad privada", que dificulta y restringe las facultades del Estado nacional para expropiar cosas por causa de utilidad pública, casi al extremo de tornarla imposible. Poco tiempo antes había otorgado -en una turbia licitación armada a medida de los ganadores- la concesión para el dragado y balizamiento de la vía troncal navegable, por 30 años. 

A la prensa del régimen no le preocupó que todas esas medidas tengan una cosa en común: tratan de blindar las políticas de éste gobierno (que son las del círculo rojo) y condicionar al próximo, atándole las manos para poder revertir el desastre que van a dejar en el país. Por el contrario lo aplauden, porque consideran que Milei está consiguiendo lo que Macri no pudo, yendo más lejos incluso que Menem y en algunos puntos (como la reforma laboral) que la propia dictadura militar, como se jactó hace poco el presidente. 

Para reforzar la similitud con el régimen genocida, el presidente habla con liviandad de terrorismo y terrorista, y pocos días después de comprometer internacionalmente al país en una brumosa internacional anti-terrorista de derecha gestada por Trump al amparo de la resurrección de la tristemente célebre doctrina de la seguridad nacional, descarga una represión impiadosa y desmedida 

También Milei y su runfla están tomando medidas para cubrirse la retirada y asegurarse de no ir presos, o al menos eso creen: la masiva cobertura de cargos en la justicia como nunca se vio en democracia desde que existe el Consejo de la Magistratura (cosa que hoy presentan en términos elogiosos los que acusaban al peronismo de "ir por todo") y un segundo régimen de "inocencia fiscal" que incluya a los funcionarios y sus familiares (a solo meses de sancionado el primero y tras varios blanqueos de capitales), y de paso manotear los dólares del colchón de los argentinos para pagar la deuda; aunque si sabemos ver, ése sería el objetivo secundario.

Y quienes nos desgobiernan son tentados a su vez por el mundo de las finanzas internacionales a volver al circuito del endeudamiento en los mercados de capitales, como si la deuda que ya tenemos (y los compromisos que surgen de ella como los acuerdos con el FMI) fueran sustentables y no comprometieran los destinos del país por generaciones.

Pensando en el futuro cuando esta pesadilla termine, hay ciertos efectos de las políticas de Milei (como su alineamiento internacional y sus posturas en todos los foros mundiales, o hasta ciertas leyes vergonzosas que se aprobaron en estos años) que son más sencillos de revertir que otros: el deterioro de las condiciones objetivas de existencia de la inmensa mayoría de los argentinos, la pulverización de salarios y jubilaciones, la destrucción del tejido industrial y la pérdida de puestos de trabajo, las concesiones coloniales leoninas que amputan partes sustanciales de la soberanía nacional, sorteando para ellos las trampas y candados jurídicos a toda medida tendiente a recuperar dignidad y derechos, que va dejando el experimento libertario (como fase actual del despliegue del proyecto de los dueños del país) en su intento de perpetuarse. 

No hablemos ya del legado cultural de una sociedad fragmentada y enfrentada, sometida a un proceso de idiotización colectiva y sin pautas mínimas de convivencia civilizada, con sus instituciones degradadas y la confianza social en la democracia como sistema en su punto más bajo desde 1983. De allí que las próximas elecciones y todo el proceso político y social que hasta entonces transcurra son mucho más que una simple contienda para determinar quien gobernará el país a partir de diciembre del año que viene: se trata de una disputa sustantiva para detener el proceso de vaciamiento de sentido de la democracia, y su reducción a un ritual percibido como inútil por un número cada vez mayor de argentinos.

Proceso que el régimen alienta y promueve, porque conviene a sus intereses: ahí están amenazándonos desde sus dispositivos de construcción de sentido con el "riesgo país" y la reacción de los mercados si perciben que hay posibilidades de un triunfo opositor que desande el camino de éste gobierno de ocupación; también para presionar a la dirigencia opositora (en la que muchos no necesitan ni que los presionen porque entendieron el mensaje) a que se comprometa públicamente a no tocar nada y dejar todo como está; cuando la realidad es que si la oposición quiere ganar las elecciones para empezar la reconstrucción del país, tiene que decir con todas las letras lo que dijo Quintela, y ampliarlo a toda una agenda de reparación nacional y social. Hay que estar escribiendo ya, ahora, nuestros propios DNU 70 y ley de bases.

Y el gobierno lo sabe, es decir reconoce esa verdad elemental: es el despliegue de su proyecto, con sus implicancias sociales, políticas y económicas, el que crea el verdadero "riesgo país", y las condiciones de posibilidad de un triunfo opositor: si pierden las elecciones es precisamente por como están gobernando el país, y por eso tienen que blindar a futuro sus turradas. y procurarse impunidad, a cualquier precio. 

La oposición, en consecuencia, tiene que dejarse de perder el tiempo en discusiones inconducentes y estar dispuesta a emprender la tarea que la hora le reclama, la cual es inexorablemente -si la sociedad le confiriera la responsabilidad de gobernarla- afectar intereses muy poderosos, que son los que nos llevaron a éste estado de cosas: no hay una cosa (pobreza, exclusión, desigualdad, coloniaje, destrucción de la soberanía y las capacidades nacionales) sin la otra: riqueza obscena, entrega descarada a precio vil del patrimonio público, satelización del país. Claro que la tarea no está exenta de riesgos: si no pregúntenle a Cristina, que por haber comprendido hace tiempo la implicancia de esos factores (y sobre todo, haber actuado en consecuencia) está condenada, presa y proscripta.

domingo, 9 de agosto de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

sábado, 8 de agosto de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

viernes, 7 de agosto de 2026

NI TIERRA NI FUEGO