LA FRASE

"LO DE FRUGONI ERA INACEPTABLE, QUE TENGA PROPIEDADES SIN DECLARAR VAYA Y PASE, PERO EL 3 % MÍO ES SAGRADO." (KARINA MILEI)

martes, 28 de abril de 2026

¿DESPUÉS VEMOS?

 

Conforme la crisis del gobierno de Milei se profundiza, toda la Argentina visible se pone en modo electoral: el círculo rojo (lejano a la más mínima posibilidad de autocrítica por haber apoyado otro experimento fallido) empieza a diseñar estrategias para salvar el modelo, reemplazando a sus circunstanciales ejecutores. Y la oposición intuye que más tarde o más temprano el creciente malestar social tendrá su reflejo en las urnas, y mucho se empiezan a peinar para la foto de los carteles de campaña.

El propio gobierno ensaya una huida hacia adelante y mientras sostiene a rajatabla un plan económico inviable, propone discutir una reforma electoral -en sí mismo absurda y anti-política- como si se vivieran tiempos normales, y la próxima elección fuera a transcurrir en paz social y normalidad política. Ninguno parece registrar la gravedad de la crisis (más allá del recuento diario de las calamidades resultantes del modelo en curso de ejecución), y del vaciamiento último de sentido de un sistema democrático en el que la mitad de los empadronados eligen no ir a votar.

Lo que no es más que otro síntoma de que también en el plano estrictamente institucional, la anormalidad es la regla en un país al que ingresan tropas extranjeras sin autorización del Congreso, el presidente nos embarca en una guerra internacional ajena basándose exclusivamente en sus propias convicciones personales y sin medir los riesgos de implicarse, y la justicia es un chiste siniestro, que tanto cajonea causas sensibles para el gobierno o el poder económico (como los hechos de corrupción o el DNU 70) y canjea impúdicamente favores con el gobierno para sostener sus medidas violatorias de la Constitución (como la reforma laboral), como profundiza la persecución contra Cristina buscando rematar sus bienes y los de sus familia, agilizar nuevos proceso judiciales absurdos en su contra, archiva toda investigación sobre los reales promotores y financistas del atentado en su contra, o sostiene payasadas como la causa de los cuadernos, contra las propias evidencias del proceso. 

Y éste último aspecto (la situación de CFK) es el que -deliberadamente- aparece ausente del debate político, porque se lo quiere silenciar como si todos asintieran que de eso no se habla, y no debe hablarse. Que lo hagan los gorilas y el poder económico, que orquestaron la condena y proscripción de Cristina en salvaguarda de sus propios intereses vaya y pase, pero que lo hagan los peronistas (o parte de ellos) es inaceptable: si como dice Bianco en modo sofista la que está proscripta es Cristina pero no el peronismo, ¿Qué peronismo es el que va a elecciones y para qué?

¿No decía acaso eso mismo con otras palabras en sus tiempos el vandorismo, para adaptarse -y resignarse- a la proscripción del líder, proponiendo construir un peronismo sin Perón? Y no se trata de propugnar la abstención electoral -que sería funcional a un régimen cuyo ensayo volvió a fracasar-, sino de darle un sentido profundo a la contienda política y al voto ciudadano, que vaya más allá de la liturgia electoral y que recupere el sentido reparador del hecho democrático.

No hablar de la condena y proscripción de Cristina y no convertirlo en uno de los ejes principales de la campaña es -en un punto- consentir la validez de su exclusión arbitraria, aunque se diga lo contrario, y  aceptar las condiciones impuestas por el régimen para dar la disputa política en el país. Es como si Perón hubiera aceptado el GAN de Lanusse. 

Si a esto le sumamos que la prioridad parece ser -como sugiere Bianco-  "poner un presidente y ver que pasa", ¿Qué diferenciaría al peronismo de Dante Gebel, o por qué la gente pensaría que algún forro de ensayo como él no debería ser precisamente ese presidente? Si "no hay que hablar de candidatos" mientras se los instala, y hay que hablar de organización para ganar una elección, pero no de un programa para gobernar el país si se la gana, ¿No fue precisamente eso el "Frente de Todos", que ya sabemos a donde condujo?

El peronismo (Cristina incluida) ya ensayó jugar con las reglas del régimen, o intentar componerse con él: eso y no otra cosa expresaron las sucesivas candidaturas de Scioli, Alberto y Massa; y todos podemos recordar como nos fue, ganando o perdiendo las elecciones, ¿Por qué nos iria distinto ahora?. No hablar de la situación de Cristina ni hacer de eso bandera de campaña y reclamo preponderante es -aunque no se lo diga con todas las letras- decirle al régimen que se entendió el mensaje aleccionador, dándole seguridades de que -en caso de volver a ser gobierno- no se harán locuras ni se afectarán sus intereses; tanto como volver a caer en la estrategia de hacerle guiños a un electorado que no nos votaría nunca, bajo ninguna circunstancia, y por contraste callar algo que es sensible para la base electoral propia: ambas cosas ya se hicieron, y nunca funcionaron.

Podrá decirse que el peronismo (como eje vertebral de la oposición al ensayo libertario, con chances concretas de desplazarlo del poder institucional vía elecciones) tiene la responsabilidad fundamental de asumir la representación política de las víctimas del modelo, y ofrecerles una propuesta concreta que los enamore, y es cierto. Tan cierto como que, desde que empezó la persecución en contra de Cristina con toda las bocas de fuego (mediáticas, políticas, judiciales y hasta las balas que no salieron de Sabbag Montiel) empeoraron todos los indicadores económicos y sociales, y los intereses de esos mismos sectores que hoy son víctimas de Milei se vieron ostensiblemente perjudicados, en un proceso tan continuado y sostenido como la ofensiva contra CFK.

De allí que hablar de una cosa (los efectos del modelo) y no la otra (la situación de Cristina), es disociar elementos que están inescindiblemente unidos en términos políticos concretos, no dar cuenta cabal de como ha sido el proceso real y encarar la salida a la crisis y la necesaria reconstrucción desde un enfoque erróneo: el país que viene (mal que nos pese) hay que empezarlo desde el país que nos dejan, lo que incluye la condena y exclusión política de Cristina.

¿Cómo vamos a generar credibilidad en torno a la idea de que somos capaces de lidiar con esas dificultades objetivas, si no somos capaces de plantear con todas las letras la injusticia de la situación que padece Cristina? ¿Cómo confiar en que se generarán el consenso social y la potencia política necesarios  para reparar las innumerables injusticias que atraviesan el cuerpo social, si se elige callar una de las más grandes?

Eso sin considerar que el silencio sobre la situación de CFK o su escisión -como si fuera posible- de los ejes de la campaña electoral que se avecina es un modo de naturalizar -por omisión- su exclusión, y concederle al aparato judicial (en tanto guardián de los intereses del poder económico) su facultad de veto y vigilancia sobre los límites y el sentido de la democracia en el país. Tuits relacionados:

lunes, 27 de abril de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

domingo, 26 de abril de 2026

LECTURA RECOMENDADA

 

"Frente a un shock externo hay dos caminos. El primero es aceptar que los precios internacionales “vienen dados”, aplicar alguna medida paliativa (congelar un tramo, postergar un ajuste, intervenir de forma puntual) y dejar que el resto se traslade. El segundo es más exigente: asumir que ese shock existe, pero decidir cómo entra a la economía local, por dónde circula y quién lo paga.".

"El proyecto que presentó Máximo Kirchner se ubica en ese segundo camino. No intenta negar la suba del petróleo, ni la presión sobre los alimentos o los fertilizantes, sino que parte de ahí. Sin embargo, construye un esquema para amortiguar ese impacto, desacoplar precios internos y redistribuir la renta extraordinaria que genera el propio shock. El punto de partida es concreto. La declaración de emergencia en energía, alimentos e insumos críticos por doce meses, prorrogables.".

"No es una fórmula abierta. Identifica los canales precisos de transmisión: tarifas, canasta básica y costos productivos. A partir de ahí, el proyecto ordena una serie de instrumentos que funcionan como un sistema; no son medidas aisladas, tienen una lógica común: evitar que la suba internacional se convierta automáticamente en inflación doméstica. 

"En energía, eso se traduce en una herramienta central: la posibilidad de modular el traslado de precios mayoristas a tarifas finales. Escalonar, diferir, poner topes trimestrales. No eliminar el ajuste, sino administrarlo en el tiempo. Esa decisión se complementa con otra más sensible: la posibilidad de intervenir sobre exportaciones de hidrocarburos ante riesgos concretos de desabastecimiento o distorsión de precios internos. No como regla permanente, sino como instrumento transitorio y documentado.".

"El eje más importante es el financiero. El Fondo Anticíclico de Emergencia Energética. Ahí aparece la diferencia de enfoque. En lugar de dejar que la suba del petróleo derrame hacia adentro como inflación, el proyecto propone capturar la renta extraordinaria mediante derechos de exportación móviles sobre el excedente de precio. Ese fondo tiene destinos definidos: subsidio al gasoil agropecuario, estabilización de combustibles, financiamiento de fertilizantes, cobertura para productores y acumulación de reservas. Es un circuito cerrado. La renta que genera el shock no se pierde ni se traslada linealmente. Se capta y se redistribuye hacia los puntos donde el impacto sería más fuerte: costos productivos, precios finales y equilibrio externo.".

"En alimentos, el esquema replica esa lógica. Se declaran críticos los bienes de la canasta básica y se habilitan herramientas para sostener el abastecimiento y evitar saltos de precios: reducción de costos logísticos, acuerdos público-privados y fideicomisos para productos sensibles. A eso se suma un sistema de información de costos y márgenes en toda la cadena alimentaria. No como sanción, sino como instrumento de monitoreo. Saber dónde se generan los aumentos es parte de la política de precios. El refuerzo a la Asignación Universal por Hijo completa ese bloque. Un aumento de al menos 30%, actualizado bimestralmente. Es la forma directa de compensar el impacto del shock en el consumo básico.".

"En fertilizantes, el proyecto identifica una vulnerabilidad estructural: la dependencia importada. Y responde con tres herramientas: crédito subsidiado para compra anticipada, compra estatal centralizada para mejorar precios y un plan para ampliar la producción local de urea. El enfoque es claro: no sólo amortiguar el shock, sino reducir la dependencia que lo amplifica.".

"El capítulo agropecuario suma cobertura financiera: subsidio a instrumentos de cobertura de precios para productores y monitoreo del riesgo crediticio por parte del Banco Central. En un contexto de alta volatilidad, el problema no es sólo el precio. Es la incertidumbre. Este esquema apunta a estabilizar ingresos y evitar efectos en cadena.".

"El cierre institucional también es parte del diseño. Informes bimestrales al Congreso sobre precios, reservas, impacto fiscal y funcionamiento del fondo. No sólo intervención, también seguimiento. La diferencia con las respuestas habituales es de enfoque. No se trata de una medida puntual para contener un precio o ganar tiempo. Es una política integral que actúa sobre toda la cadena: desde la renta que genera el shock hasta el precio que paga el consumidor.".

"En una economía como la argentina, donde los shocks externos suelen traducirse en inflación rápida y caída del salario, la discusión no es si el impacto llega. Llega. La discusión es cómo. Este proyecto ensaya una respuesta: que no llegue de golpe, que no llegue completo y que no lo paguen siempre los mismos.".

sábado, 25 de abril de 2026

SIGUEN LOS ÉXITOS

 

Varias veces nos hemos referido acá a las nefastas consecuencias que tuvieron para el país el Pacto de Olivos y su consecuencia directa, la reforma constitucional de 1994, Por ejemplo en ésta entrada, en la que decíamos "La reforma constitucional de 1994 fue el resultado del Pacto de Olivos entre el menemismo entonces triunfante -en el fulgor de la convertibilidad- que hasta logró que Erman González ganara una elección en la Capital Federal, y el radicalismo menguante tras el desastroso final anticipado del gobierno de Alfonsín, en medio de la hiperinflación. Así las cosas, no pudo sorprender que mientras uno conseguía el objetivo de contar con el instrumento para sostenerse en el poder (la reelección presidencial), el otro se contentara con diseñar instrumentos de presunto control de ese poder, del que se sentía lejano por muchos años, y sin condiciones de disputarlo.".

"En ese contexto surgieron el Consejo de la Magistratura, el tercer senador por la minoría de cada provincia, la Auditoría General de la Nación en manos de la oposición al Poder Ejecutivo y la autonomía porteña para crear en el corazón político y económico del país una ínsula antiperonista, todos engendros que padecemos hasta el día de hoy, como podemos comprobar amargamente por estos días. Hubo también, es cierto, el propósito menos elevado de preservar ciertas prebenda y pitanzas en forma de cargos públicos, para sostener a una burocracia partidaria (la de la UCR) que se imaginaba entonces eyectada de la Casa Rosada por décadas.".

"El actual texto constitucional era viejo e inadecuado para dar respuesta a los problemas del país ya en 1994, y la reforma producida entonces no encaró a fondo ninguno de ellos, porque sus propósitos fueron otros. De hecho, la mayoría de las reformas que entonces se introdujeron los han agravado, como que se trató y se trata de una Constitución pensada no para garantizar derechos y un desarrollo nacional autónomo e inclusivo, sino para preservar los privilegios de un modelo de país en el que sobramos la mayoría de los argentinos.".

Las conclusiones precedentes aplican como anillo al dedo a otras de las reformas del 94', la introducida en relación con el cese del nombramiento de los jueces federales (incluyendo los miembros de la Corte) por edad, con la posibilidad de obtener un nuevo nombramiento. Fue introducida (mal ubicada sistemáticamente) en el inciso 4) del artículo 99 que habla de las atribuciones del presidente, en éstos términos: "Nombra los demás jueces de los tribunales federales inferiores en base a una propuesta vinculante en terna del Consejo de la Magistratura, con acuerdo del Senado, en sesión pública, en la que se tendrá en cuenta la idoneidad de los candidatos. Un nuevo nombramiento, precedido de igual acuerdo, será necesario para mantener en el cargo a cualquiera de esos magistrados, una vez que cumplan la edad de setenta y cinco años. Todos los nombramientos de magistrados cuya edad sea la indicada o mayor se harán por cinco años, y podrán ser repetidos indefinidamente, por el mismo trámite." (las comillas son del texto y las negritas son nuestras) 

Decíamos que la norma estaba sistemáticamente mal ubicada porque debió insertarse en el capítulo del Poder Judicial, y relacionada con el artículo 110 que no fue modificado: "Los jueces de la Corte Suprema y de los tribunales inferiores de la Nación conservarán sus empleos mientras dure su buena conducta, y recibirán por sus servicios una compensación que determinará la ley, y que no podrá ser disminuida en manera alguna, mientras permaneciesen en sus funciones.". Esta norma fue la que le dio la coartada a Fayt para permanece en su cargo hasta el final de sus días, y a la Corte para llegar al oximoron de declarar inconstitucional a la propia Constitución.

Pero más allá de las discusiones jurídicas, lo que interesa son las consecuencias políticas del engendro: si alguien lo pensó en su momento como un mecanismo para condicionar a los jueces y construir una justicia adicta, no pensó que también podía funcionar a la inversa: como un mecanismo de extorsión en manos de un Poder Judicial con tendencia a la autonomización no ya de la política, sino del propio Estado y sus leyes, en defensa de sus privilegios.

Y si no veamos los ejemplos recientes: hace poco días el gobierno de Milei (que hace del supuesto combate a la casta su discurso oficial) pidió (y muy seguramente obtenga) un nuevo nombramiento como camarista para el padre del ministro Mahiques, lo que representa por un lado el intento de conseguir apoyos en la justicia para enfrentar con éxito las causas de corrupción que lo amenazan, pero al mismo tiempo una rendición incondicional ante el lobby de los "huemules" de Lago Escondido, que tiene más fuertes nexos con el poder real del país que los que cualquier fuerza política -incluida LLA- podría construir.

A ese mismo poder pertenece y responde el juez Irurzun (el autor de la célebre doctrina de los "poderes residuales" que permitía encarcelar dirigentes kirchneristas a piacere y violando toda garantía del debido proceso), que por estos mismos días está presionando al gobierno para obtener un nuevo nombramiento, con la amenaza de activar las causas que embarran a la hermanísima presidencial. La contracara de la amenaza es clara: si el gobierno lo postula para seguir siendo juez cinco años más, esas causas quedarán definitivamente archivadas, o jamás avanzarán.
 
Y el último caso es el más emblemático y quizás más vergonzoso, por lo impúdico: apenas el día después de que una sala de la Cámara Nacional de Apelaciones del trabajo restableciera la plena vigencia de la reforma laboral esclavista dejando sin efecto el efecto suspensivo de la cautelar pedida por la CGT, el gobierno de Milei pide el acuerdo para que siga siendo juez por cinco años más uno de los magistrados que firmó la resolución. Como para que no queden dudas de como funciona el mecanismo.

Un dato: acá en Santa Fe gobierna la UCR, y Pullaro -que se jacta de reivindicar la herencia de Alfonsín- hizo modificar la Constitución provincial para poder ser reelecto. Los jueces provinciales pierden la inamovilidad en el cargo al cumplir los 75 años (así lo disponía ya la Constitución de 1962), pero la reciente reforma no incluyó la posibilidad de un nuevo nombramiento. Tuits relacionados:

viernes, 24 de abril de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

jueves, 23 de abril de 2026

PARA LA VUELTA

 


Con la vertiginosidad de los tiempos históricos en la Argentina -y con el peso de los intereses comprometidos en el sesgo de los análisis- no fue debidamente sopesada en toda su importancia estratégica la decisión de Néstor Kirchner de cancelar toda la deuda de la Argentina con el FMI. Significó -ni más ni menos- que sacarse de encima su nefasta influencia en la política (sí, no solo en la economía) argentina desde 1956, y ganar márgenes de autonomía en el diseño y ejecución de las políticas económicas.

Que esa decisión haya coincidido con el mayor ciclo ininterrumpido de crecimiento económico y mejora de todos los indicadores sociales desde los tiempos del primer peronismo (cuando Perón se negó a ingresar al FMI) no es casualidad, sino causalidad: un país dependiente para liberarse debe empezar por remover los factores que lo mantienen en la situación de dependencia, y el organismo surgido de los acuerdos de Bretton Woods para diseñar una arquitectura financiera internacional a la medida de la hegemonía de los Estados Unidos, es uno de ellos; y no de los menos importantes.

Cosa que fácil -más fácil incluso- de comprobar por la negativa, constatando como le fue al país cuando sus gobiernos uncieron su destino (y el nuestro) a los dictados del Fondo, y admitieron su rectoría en el diseño de nuestras políticas económicas y sociales. Como sucedió con Macri, cuando tras agotarse otro nuevo ciclo de endeudamiento externo (también volviendo en eso sobre los pasos virtuosos de los gobiernos kirchneristas) inaugurado con la capitulación ante los fondos buitres, el recurso del FMI apareció en 2018 en modo prestamista de última instancia, para brindar el puente de salida a la fuga de capitales, y financiar el fallido intento reeleccionista del contrabandista calabrés. 

Vuelto al gobierno el peronismo bajo la sigla del "Frente de Todos", la génesis del fracaso de lo que fue una exitosa salida electoral del desastre macrista estaba ya en la retórica de Alberto y Guzmán tratando de convencernos de que el Fondo había cambiado su enfoque, y pasaba a ser bueno y comprensivo: cuando se habla de que Cristina y el kirchnerismo duro sabotearon ese gobierno, es preciso recordar que fueron ellos quienes entonces -no con el diario del lunes y el resultado puesto- se opusieron a un nuevo acuerdo con el FMI y lo rechazaron en el Congreso, previa renuncia de Máximo a la titularidad del bloque en Diputados. El tiempo les dio la razón, pero ya era tarde: las vacilaciones posteriores del gobierno (derivadas de ese error conceptual inicial) terminaron pavimentando el camino de Milei, mucho más que cualquier reyerta interna del FDT.

Un Milei que como candidato despotricaba contra el Fondo, y señalaba que acudir a él era un síntoma de fracaso de la política económica, pero que ya como presidente ejecutó (y ejecuta) el set de políticas que recomienda invariablemente el FMI a todos los países -sin medir situaciones ni reparar en contextos- desde siempre, con el mismo resultado: crisis económicas, y no pocas veces, institucionales. Incluso la variante libertaria cortó con un tajo de la motosierra la polémica entre el gradualismo o el shock en la velocidad de un ajuste que siempre se nos presenta como imprescindible para crecer, optando clara y explícitamente por la segunda alternativa, con los resultados conocidos.

Pero el Milei presidente también chocó -como lo hizo Macri- con los límites que impone la realidad al experimento neoliberal cada vez que se lo ensaya, e incluso antes que Macri tuvo que acudir a pedir la escupidera al FMI para resucitar al muerto. Tan muerto que no le alcanzó con los 20.000 millones de dólares del Fondo (pedidos por el mismo Caputo al que la burocracia del FMI hizo eyectar de su cargo en 2018), y tuvo que acudir al Tesoro de los EEUU en la víspera de unas elecciones que pintaban horribles para su intento de consolidación política. Que la maniobra le haya salido bien le dio sobrevida política más no económica al ensayo libertario, como se puede comprobar por estos días.

Además de su enfoque conceptual erróneo, dogmático e ideologizado que, como dijimos, prescinde de contextos y situaciones concretas, el FMI -que parece inmune a sus propios fracasos- ni siquiera es capaz de hacer que los gobiernos que le son afines ideológicamente como el de Milei, cumplan las propias metas absurdas a las que se obligan; y se ven obligados (por razones políticas además del absurdo de las premisas en términos estrictamente económicos) a dispensárselas una y otra vez, pero haciendo como que conservan validez. Pasó y pasa con el nivel de reservas, el del tipo de cambio, la tasa de inflación y todas las variables que ellos mismos consideran fundamentales para consolidar cualquier política económica, pero que jamás consiguen poner en caja aplicando las políticas que recomiendan.  

Los planes del Fondo -acá y en todos lados- están destinados al fracaso de antemano porque se basan en conseguir dos cosas completamente imposibles: que las economías crezcan adoptando políticas de ajuste y recesivas, y que esas políticas se consoliden con consensos políticos cuando en la práctica significan pérdida de derechos, empleos y salarios, y, en general, empeoramiento de las condiciones materiales y objetivas de existencia  para la mayor parte de la población de los países en los que se aplican.

Tanto con Macri (cuyo intento de reelección financiaron violando su propios estatutos y la legislación interna argentina) como con Milei (de cuyo gobierno son parte en la práctica y en consecuencia, corresponsables del fracaso), el FMI se comportó y comporta como un actor político, y como tal debe ser tratado por un futuro gobierno popular. Sin caer en el contrasentido de respetar como si fueran las Sagradas Escrituras una institucionalidad (la de Bretton Woods y su carta orgánica) que ellos mismos violan sin pudor cada vez que lo creen necesario;y que se basa en un orden internacional (el emergente de la Segunda Guerra Mundial) que sus propios gestores originales (los Estados Unidos) están haciendo volar por los aires, en estos mismos momentos.

Lo contrario sería ser más papistas que el Papa, volver a tropezar -otra vez- con la misma piedra, y sentar las bases para una nueva frustración que allane el camino para la vuelta de una derecha que ha fracasado y destruido el país, cada vez que le tocó gobernar. Sería bueno empezar a escuchar a nuestros dirigentes (en especial a los que han expresado la intención de ser candidatos) sobre éste tema crucial, uno de los que pone en juego el futuro del país y de cualquier gobierno que suceda al de Milei. 

miércoles, 22 de abril de 2026

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