LA FRASE

"LAS PROTESTAS ESTÁN CADA DÍA MÁS VIOLENTAS, LOS MANIFESTANTES ARROJARON 14 TONELADAS DE PIEDRAS CONTRA EL ELÍSEO." (EMMANUEL MACRÓN)

miércoles, 21 de octubre de 2026

SUFRIMIENTO GARANTIZADO

 

Detrás de la explicación del triunfo de Javier Milei que lo llevó a la presidencia en 2023 como resultante del desencanto democrático de buena parte de la sociedad argentina, se suele ocultar o minimizar el hecho de que la eficacia electoral de la promesa de la motosierra encerraba una buena dosis de perversidad social: muchos argentinos legitimaron con su voto (porque así lo creyeron) que los ajustados serían otros, porque a ellos no les iba a tocar. Y todavía hoy, en muchos casos, la perplejidad de constatar dolosamente en cuero propio que la motosierra funcionó como tal y no como un bisturí de precisión deriva en que algunos pidan ser exentos de sus bordes dentados, no que que deje de funcionar para que no haya más destrozos sociales, productivos, salariales o laborales.

Milei hablando sobre presuntas idioteces ajenas y asumiéndose como el representante de la racionalidad cuando es la expresión hasta corporal de la demencia es todo un símbolo del clima de época; en el que todo parece estar de cabeza, las obviedades deben ser explicadas aunque sus efectos concretos duelan, y las idioteces (y no precisamente las que denuncia Milei) adquieren la autoridad de principios científicos.

Un clima de época en el que el discurso dominante (por ejemplo el que intenta introducir el presidente aferrándose a una interpretación literal de una expresión coloquial para no hablar del endeudamiento de las personas y las familias) consiste en convencerte de que vos no estás realmente mal, y si verdaderamente estás mal es culpa tuya. No del país, ni del Estado ni muchos menos de la política económica: si te endeudaste no es porque no llegás a fin de mes sino porque no sabés administrar tus ingresos, o porque te faltó educación financiera. 

Cuando gobiernan ellos, claro, porque cuando gobierna el peronismo la cosa es exactamente al revés y la culpa de todo la tienen el Estado y la política, e incluso la siguen teniendo cuando ya no son gobierno sino oposición, o cuando hay riesgo de que vuelvan a ser gobierno. Es decir, siempre: ahí anda Sturzenegger diciendo -en otras palabras- que la motosierra se quedó corta porque aun sobran 20.000 empleados en el Estado, y que la licuadora de los salarios va a seguir porque son el ancla del programa antiinflacionario, y si ceden en un reclamo (por ejemplo el de los docentes universitarios) se producirá el efecto cascada de los demás, y adiós programa. De estabilización y -sobre todo- de transferencia de ingresos desde los que menos tienen, a los que más.

El neoliberalismo es -ante todo- la promesa eterna de un futuro venturoso y próspero que llegará después de transitar un inevitable presente de dolor y sufrimiento, para dejar atrás un pasado de derroche insostenible que al mismo tiempo te mantenía deliberadamente pobre para instrumentarte políticamente: todo eso junto y al mismo tiempo, sin que importen las reglas de la lógica formal. 

Sin embargo, en su versión anarco-capitalista ni siquiera incluye a la gente en la promesa de un futuro mejor: el eslogan oficial (parafraseando a Trump) es "hagamos grande a la Argentina", no hagamos felices a los argentinos al mismo tiempo y en el proceso. Para el peronismo, en cambio, el apotegma político consiste en unir inescindiblemente ambos términos de la cuestión: se trabaja (o se debiera trabajar) para la grandeza de la patria, y la felicidad del pueblo. Porque no solo es que uno sin el otro no tienen sentido, sino que separados, ambos son imposibles. 

El discurso triunfalista del gobierno (y al mismo tiempo negacionista de una realidad evidente y dolorosa) se basa en que, efectivamente, hay triunfadores, y los eligieron ellos, a través de la ley de bases el RIGI, el Súper RIGI, las "inocencias fiscales" y el festival de privatizaciones repartiendo entre los amigos el patrimonio público, a precio vil. Y vos no estás entre esos ganadores, ni lo vas a estar, tanto que ya ni siquiera te lo prometen, y te dicen que no te quejes, porque es falso que estés mal. Que no hay problemas, que si los hay son culpa tuya y que no le pidas al gobierno que te los resuelva, porque para eso está el mercado. 

A menos que los problemas sean del mercado (porque no gana tanto ni tan rápido o por tanto tiempo como quisiera, o tiene que afrontar competencia molesta), en cuyo caso sí se justifica que el Estado intervenga: para planchar el dólar y facilitar la bicicleta financiera al mismo tiempo que usa ese ancla inflacionaria junto con los salarios; mientras aumenta tarifas o permite que aumenten los precios de la energía, los alquileres, los medicamentos o la comida en un marco de libertad libérrima, y más que nada porque del lado del que se fijan esos precios están los amigos, los financistas, los ex y actuales patrones.

Así como en el video de apertura Milei pide detenerse a pensar, si muchos sectores de la sociedad argentina realmente lo hicieran, los candidatos de "La Libertad Avanza" (empezando por el propio Milei) no deberían sacar más del 5 % de los votos en las elecciones del año que viene, porque además su gobierno ha obrado -en términos que suele usar el propio presidente- como principio de revelación por si todavía quedara algún distraído que no entiende.

Es decir que en el fondo ni a Milei ni a su experimento anarco-capitalista les conviene (como él pide en el video) que la gente se detenga a pensar. Pero si eso no sucede y ese experimento sigue teniendo chances electorales, no es por culpa de la oposición (al menos no exclusivamente de ella), porque el peor de los errores que esta pueda cometer o todos sus errores juntos no vuelven sensato ni racional volver a elegir a un demente que solo está prometiéndoles más sufrimiento en el futuro, aunque no lo diga directamente. 

martes, 20 de octubre de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

lunes, 19 de octubre de 2026

LECTURA RECOMENDADA

 

"La Argentina asiste a una política de cortas miras, atrapada entre disputas de palacio, urgencias presupuestarias y ambiciones diminutas. Falta épica, horizonte y, sobre todo, audacia para pensar en grande. Administrar lo inmediato reemplazó a planificar el destino. Frente a esta estrechez, la literatura no aparece como refugio nostálgico, sino como espejo. En su "Apólogo a Ezequiel sobre leones y ratones", Leopoldo Marechal cuestionaba la máxima "más vale ser cabeza de ratón que cola de león": la preferencia por mandar sobre algo pequeño antes que participar de una empresa mayor, donde deban compartirse responsabilidades, protagonismo y conducción.".

"La imagen conserva actualidad. Parte de nuestra dirigencia construye liderazgos alrededor de pequeños espacios de poder, presupuestos o aplausos en las pantallas. Son cabezas de ratón que celebran victorias tácticas mientras el país pierde oportunidades. Confunden una parcela con un destino. Como si la importancia de una persona se midiera por el tamaño de su autoridad y no por la dimensión de aquello a lo que contribuye. Esta renuncia se advierte en numerosos gobernadores. El federalismo, concebido como fuerza de integración nacional, corre el riesgo de degradarse en mera supervivencia. Cada provincia negocia recursos y concesiones para atender su urgencia, mientras se desvanece la perspectiva de un proyecto común. Defender intereses provinciales es legítimo; olvidar la nación que los contiene, no. Ninguna provincia realizará plenamente sus posibilidades en un país débil. La patria no puede convertirse en un archipiélago de cajas y urgencias financieras.".

"Detrás de ese repliegue aparece otra amenaza: la extranjerización de la tierra y la fragmentación económica del territorio. Se perfila una Argentina organizada en enclaves extractivos: un sur reducido a sus hidrocarburos, un centro subordinado al monocultivo, un noroeste visto apenas como proveedor de litio y minerales. A ello se suma la presión sobre el litoral marítimo y fluvial, sobre nuestros ríos y nuestro mar. No se trata de negar el aprovechamiento de los recursos naturales, sino de preguntar para qué y para quiénes se los explota. Una cosa es convertirlos en industria, conocimiento, empleo e infraestructura; otra, transformar la nación en un inventario de riquezas disponibles para la exportación.".

"La pequeñez también se expresa en Buenos Aires. Aquella ciudad cosmopolita, la "Reina del Plata" que Marechal incorporó a su universo literario, parece resignada a una escala de vecindario. Gobernar una metrópolis exige algo más que administrar veredas, operativos y cuestiones de superficie. Sin embargo, la mirada estratégica cede terreno ante una retórica punitiva que convierte a los sectores vulnerables en adversarios, incluso bajo la etiqueta de "okupas", con su K deliberadamente cargada de intención política. Mientras otras ciudades discuten transformaciones tecnológicas, ambientales y habitacionales, Buenos Aires arriesga su papel como motor cultural, científico y productivo. La grandeza urbana se mide por las oportunidades que crea."

"Este achicamiento tiene consecuencias humanas. Un país que desinvierte en ciencia, debilita sus universidades y deteriora la educación clausura posibilidades para las generaciones futuras. Cuando la salud pública pierde capacidad de respuesta y enfermedades vinculadas a la pobreza, como la tuberculosis, revelan las desigualdades, la decadencia deja de ser una abstracción económica y se inscribe en los cuerpos. También la cultura se empobrece cuando se la considera un gasto prescindible o mero entretenimiento. Ciencia, educación, salud y cultura no son adornos de la prosperidad: son condiciones para construirla. En la cima de este escenario gobierna una conducción que hace del agravio permanente una herramienta política. La violencia verbal contra quienes cuestionan el dogma oficial degrada el debate y convierte la discrepancia en enemistad. Al mismo tiempo, la subordinación a las finanzas posterga la inversión productiva y las grandes obras capaces de transformar riqueza en bienestar colectivo. Se pretende naturalizar la decadencia como si fuera una fatalidad y no el resultado de decisiones.".

"Para medir la dimensión de esta renuncia conviene mirar la historia. Cristina Fernández de Kirchner representó uno de los últimos grandes intentos de pensar la Argentina con ambición nacional: soberanía tecnológica, desendeudamiento como autonomía, integración regional, desarrollo científico y disputa por el sentido histórico. La cuestión no es idealizar el pasado, sino recuperar la escala de sus aspiraciones. En esta época, como diría Néstor Kirchner, tenemos un Presidente que es duro con los débiles y blando con los fuertes, un sentido inequívoco de la cobardía de este gobierno.".

"La advertencia de Marechal permanece: por mucho que crezca la cabeza de un ratón, nunca alcanzará el tamaño de la cola de un león. Pero lo verdaderamente importante no es la diferencia de tamaños, sino la concepción de la vida que encierra esa comparación. La grandeza no consiste en ser el primero de una estructura pequeña, sino en contribuir a una construcción histórica que nos trascienda. Hay una renuncia necesaria para que eso suceda. No es la renuncia a las convicciones, a la identidad o a los sueños personales. Es la renuncia a creer que nuestro destino individual puede realizarse plenamente al margen del destino de los demás. Es comprender que podemos dejar de ocupar el centro sin dejar de ser protagonistas, que compartir una conducción no significa perder importancia y que nuestra parte adquiere un valor mayor cuando se integra al conjunto.".

"Una provincia no se vuelve menos importante por formar parte de un proyecto nacional. Un dirigente no pierde dignidad por acompañar una construcción que no conduce. Un trabajador, un científico, un docente o un artista no necesita ocupar el primer lugar para contribuir a una obra extraordinaria. La grandeza colectiva no borra las identidades: las reúne, las potencia y les ofrece un horizonte que ninguna podría alcanzar en soledad. Quizás allí resida una de las dificultades más profundas de nuestra política: hemos confundido demasiadas veces el protagonismo con la conducción, la autonomía con el aislamiento y el éxito individual con la realización colectiva. Así terminamos defendiendo pequeñas pertenencias mientras se debilita aquello que debería contenernos a todos.".

"La Argentina no es una colección de recursos en liquidación ni una suma de provincias condenadas a negociar individualmente su supervivencia. Es una construcción histórica levantada por generaciones de trabajadores, científicos, docentes, artistas, empresarios y organizaciones populares. Ninguno de ellos, por separado, podría explicar lo que somos. La patria es precisamente esa obra común, donde cada aporte encuentra sentido en relación con los demás. Pensar en grande no significa refugiarse en una épica vacía. Significa comprender que las urgencias sólo encuentran respuestas duraderas dentro de un horizonte compartido. No habrá federalismo verdadero sin proyecto nacional, ni soberanía sin desarrollo, ni crecimiento justo sin inclusión social.".

"Necesitamos dirigentes capaces de comprender que conducir no es apropiarse de una parcela de poder, sino convocar a una comunidad a realizar aquello que nadie podría alcanzar en soledad. Y necesitamos también recuperar una convicción que alguna vez dio sentido a nuestras grandes realizaciones: ser parte de algo mayor no nos empequeñece; nos engrandece. Tal vez la verdadera renuncia que exige este tiempo sea abandonar la necesidad de ser siempre la cabeza, aceptar que nuestros destinos individuales forman parte de una historia compartida y comprender que no hay realización personal verdaderamente plena en una patria que renuncia a realizarse.".

"Porque la grandeza de una nación no se mide por la ferocidad de sus rugidos ni por el tamaño de quienes pretenden conducirla, sino por la dignidad de su pueblo, la amplitud de sus sueños y la voluntad de construir un destino común. No se trata de elegir entre ser cabeza de ratón o cola de león. Se trata de comprender que, cuando somos parte de algo verdaderamente grande, nuestra pequeña parte también participa de esa grandeza.".

(El original completo, acá)

domingo, 18 de octubre de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

sábado, 17 de octubre de 2026

PARECIDO Y DIFERENTE

 

Hace exactamente un año atrás, cuando se cumplieron los 80 años de aquel emblemático 17 de octubre que parió al peronismo, decíamos en ésta entrada: "Hubo entonces, hace 80 años, trabajadores emergentes como sujeto político y como clase, tal vez sin plena conciencia de ello, pero que la fueron adquiriendo en el camino cuando el fracaso de las opciones políticas tradicionales para interpretarlos y representarlos los llevó a construir el suyo propio, y abrazar el que les ofreció Perón. Alguien podría encontrar allí un paralelismo con los tiempos presentes, en los que los despojos sobrantes de la crisis de la sociedad salarial organizada en torno al trabajo registrado y sindicalizado vieron algo parecido en un experimento de la más cruda y reaccionaria derecha predemocrática; y sin embargo hay una diferencia sustancial, que tiene hoy importancia crucial: aquellos trabajadores que coparon la plaza reclamando por la libertad de Perón no se quedaron solamente en si situación individual o de clase, sino que coreaban también "Patria Sí Colonia No", vinculando inescindiblemente sus reclamos de clase con el destino del país en su conjunto.".

"Y fue tan clarividente esa vinculación que aun hoy, 80 años después, sigue teniendo más vigencia que nunca; tanta que en estos tiempos neocoloniales los amos imperiales y las clases dominantes (principales y subordinadas) reclaman explícitamente una reforma laboral que retorne al país a los tiempos del pre-peronismo, para consolidar definitivamente el destino que tienen trazado para la Argentina, que no es otro que el que los trabajadores rechazaron aquel primer 17: una granja proveedora de materias primas, con mano de obra barata y sin derechos. También hoy, como entonces, está secuestrado y excluido de la participación política plena el liderazgo popular (entonces Perón, hoy Cristina), y por los mismos intereses; demostrando la coherencia histórica de las oligarquías en dejar de lado todos los escrúpulos morales o institucionales para cumplir sus fines, apelando a todos los medios a su alcance, sean un embajador, un Secretario del Tesoro, un presidente yanqui, una comparsa de políticos con olor a naftalina como lo fue la Unión Democrática, su versión actual conocida como "Provincias Unidas", o un clown bizarro vendido como un outsider del sistema político tradicional como Milei.".

"No se podía disociar entonces (y los trabajadores que mojaron sus pies en la fuente no lo hicieron) la lucha por la defensa de los derechos de quienes viven de su trabajo, de la disputa por la construcción soberana de un país digno de llevar ese nombre, frente a los intentos coloniales de los imperios, con la imprescindible colaboración del cipayaje vernáculo.". 

Y agregamos ahora: tampoco se los puede disociar hoy, porque el proyecto del obraje de la Forestal y de los fusilamientos de la Patagonia es en su esencia el mismo que el de la economía de enclave del RIGI y el Súper RIGI, en tanto ambos exigen y reclaman la sumisión colonial del país, como condición de posibilidad.

Desde que aquellas líneas fueron escritas, la situación no ha hecho sino empeorar: se aprobó la reforma laboral esclavista y sus efectos ya se están haciendo ver en la economía real con el aumento de los despidos que eran su consecuencia natural, prevista y deseada; para forzar negociaciones salariales a la baja y la aceptación de condiciones cada vez más precarias de trabajo.

En el plano político, la crisis de representación se ha agudizado, con la mitad del padrón electoral absteniéndose de ir a votar, el liderazgo del movimiento nacional proscripto e inhabilitado para competir y en lugar de un nuevo Día de la Lealtad surgen brotes de vandorismo cada vez más explícitos, proponiendo si no la superación de ese liderazgo (para lo que no les da la talla a la mayoría), su olvido; contribuyendo así a la ilegitimidad que diseñó el régimen; así como en aquel día hace 81 años hubo quienes se negaban a movilizarse por la libertad de Perón por decían que otro coroneles no iban a faltarles. Lo que nos lleva a otra similitud con aquellos tiempos: la defección de las burocracias sindicales para encauzar, conducir y representar las aspiraciones de los trabajadores.   

En aquel 17 inaugural se hablaba (desde las izquierdas) de heteronomía y alienación de la conciencia de clase de los obreros que salieron a la calle a pedir por la libertad de ese coronel del Ejército que los supo escuchar, en lugar de expresarse a través de los partido que -se suponía- mejor iban a defender sus intereses. Hoy el concepto mismo de clase trabajadora está puesto en cuestión, muchos de los trabajadores votan a sus propios verdugos y gana terreno en toda la sociedad la apatía y el descreimiento político, mientras que la dirigencia sigue en buena medida moviéndose con los cánones tradicionales de la praxis electoral, como si nada hubiera cambiado.

En aquel entonces los cambios económicos que se estaban dando en el país con el proceso de industrialización sustitutiva nacido al calor de la guerra tenían correlato en el mundo del empleo, pero no en el de los derechos de los trabajadores ni en su representación política; y precisamente eso fue lo que Perón supo ver y condujo a aquel 17 de octubre que terminó de alumbrar al peronismo como identidad política.

Hoy y no solo aquí sino en todo el mundo, el proceso es inducido, controlado y dirigido de modo tal que los mismos cambios que excluyen a millones de personas del goce de los beneficios de la sociedad moderna no generen reacciones políticas eficaces para cuestionar el orden impuesto por el capital; que por otro lado ha encontrado el modo de generar en todas partes -y la Argentina no es la excepción- alternativas políticas que contribuyan a reforzar su predominio y sus privilegios; aunque en el proceso hayan tenido que vaciar de contenido y sentido a la democracia para garantizarlo.

Muchas cosas han cambiado desde aquel 17 de octubre de 1945 acá y en todas partes, pero lo esencial del conflicto que entonces se saldó en las calles y las plazas a favor de los trabajadores, sigue estando presente. Está en la inteligencia y sensibilidad de la dirigencia política de las fuerzas populares saber interpretar los parecidos y las diferencias, para actuar en consecuencia con la capacidad de torcer el destino que otros escribieron para nosotros.

Pero además de eso, algo es seguro: hoy como entonces, para que las cosas cambien sigue haciendo falta que el subsuelo de la patria se subleve.

viernes, 16 de octubre de 2026

PRINCIPIO DE REVELACIÓN

Tal como da cuenta la imagen de apertura, fracasó la sesión de Diputados impulsada por distintos bloques opositores para tumbar el DNU 70/23 ya rechazado en el Senado, por la oportuna (para el gobierno) ausencia de legisladores que responden a algunos gobernadores, entre ellos Pullaro. Volvió a funcionar así en la práctica la coalición oficialista ampliada que sostiene -desde la política y las instituciones- al experimento libertario desde diciembre de 2023. La famosa Moncloa argentina del 70 % (es decir, con la exclusión del kirchnerismo) de la que hablaba Larreta, cuyos diputados -por cierto- tampoco concurrieron a dar quórum, demostrando así hasta donde llega su postura opositora. 

Y no es casual que esa coalición volviera a formarse para sostener un DNU que, en la discusión pública, quedó reducido a la derogación de la ley de tierras de Cristina, porque también en un punto el gobierno trató de que así fuera: centrando el debate en ese punto ocultaba el resto de los artículos de la norma, que son igual de perniciosos o incluso peores. En su momento (el mismo día que el DNU vio la luz) nosotros lo reseñábamos en sus aspectos fundamentales en éste posteo; y con la salvedad de que todo lo inherente a los cambios en la legislación del trabajo  (ley de empleo, contrato de trabajo, paritarias, asociaciones sindicales, trabajo agrario, casas particulares, teletrabajo, derecho de huelga) luego fue introducido en la nefasta reforma laboral (votada con amplio respaldo en ambas Cámaras), lo demás mantiene vigencia.  

El decretazo derogó de un plumazo una treintena de leyes, y entre ellas (además de la ley de tierras), las de abastecimiento, compre argentino, empresas del Estado, estatuto de los viajantes de comercio, sociedades del Estado, góndolas, papel para diarios, vitivinicultura, industrias azucarera y algodonera, olivicultura, sanidad animal, transporte aerocomercial, laboratorios públicos de producción de medicamentos, turismo, hotelería y agencias de viajes y tiempos compartidos. 

Introdujo profundas modificaciones en las leyes que regulan las tarjetas de crédito, las sociedades comerciales, el Código Aduanero, la industria de la yerba mate, el Código Aeronáutico, el Código Civil y Comercial (derogando la ley de alquileres), las empresas de medicina medicina prepaga, las obras sociales, el seguro de salud, el ejercicio de la medicina, odontología y profesiones asociadas, la actividad farmacéutica, los servicios de comunicación audiovisual (la ley de medios), Argentina Digital (los servicios TIC´s), la ley del deporte, los registros del automotor y la carta orgánica del Banco Nación, entre otras cuestiones.

Una virtual reforma constitucional decidida entre gallos y medianoche sin debate público en el Congreso, sin participación de la ciudadanía, sin siquiera exponer claramente en el propio decreto las razones y los fundamentos de los cambios y derogaciones de modo detalle; limitándose a alegar genéricamente supuestas razones de necesidad y urgencia, sin explicar tampoco -de un modo claro y que resista el menor análisis- que problemas vino a resolver el DNU, y por que las medidas que dispone son la solución.

Cada uno de los 366 artículos tiene detrás nombres y apellidos de beneficiarios concretos de sus disposiciones: grupos, empresas, fondos, intereses concretos que lucran con ellos y los pusieron allí con precisión quirúrgica: Galperín, Elsztein, los bancos, Rocca, Magnetto, Eurnekián, Blackrock, las privatizadas, Coto, Funes De Rioja, la COPAL, la AEA, la UIA, Musk, Thiel y otros más. Solo un idiota podría comerse el cuento de que se trata de ideas geniales que se le ocurrieron a Sturzenegger y a las que Milei les puso la firma.

Privilegios de minorías (poderosas, pero minorías al fin) cuya subsistencia no resistiría un debate público en el Congreso ni en ningún otro lugar, y por eso apelaron a un bando dictatorial impropio de un Estado democrático para imponerlos. El DNU sentó además las bases (que luego ampliaría la ley que lleva ese nombre) para el remate a precio vil entre los amigos del régimen, de las empresas públicas y el patrimonio común de los argentinos.  Así las cosas (en la política y en los negocios) nada hace pensar que la cosa vaya a cambiar -en lo institucional al menos- en lo que queda del gobierno de Milei. 

Razón por la cual la derogación del DNU -con todo lo que ello implica- debe ser el primer y principal compromiso de campaña de todos quienes se postulen como candidatos a presidente desde la oposición, y su primer acto de gobierno en caso de ser electos: es el único modo de dejar en claro desde el primer día que encarnan una verdadera alternativa para el país, y de empezar a marcarles la cancha desde el principio a los que realmente mandan. Y si se tratase de un gobierno peronista, proceder de otro modo sería sellar la suerte de otro fracaso que defraude las expectativas ciudadanas desde el principio, repitiendo la fallida experiencia del FDT.

Tumbar el DNU sería -como hizo Néstor al asumir con un país en llamas- recuperar autoridad para la política y las instituciones, revalorizar el voto popular y recuperar la investidura presidencial, deshilachada por Milei. Es también pegarle al chancho para que aparezcan los dueños y salgan de atrás de las bambalinas a defender -si pueden- sus privilegios a la luz pública y sin eufemismos, dando el debate en los términos de una democracia que en el fondo odian.

O para decirlos en términos del propio Milei, para que todo (las ausencias de ayer, los eventuales reclamos de mañana si el DNU es derogado) sirva como principio de revelación de los lugares que ocupan (y los que debieran ocupar) la política y las corporaciones en nuestro proceso democrático. Así dejamos de discutir con los payasos como Pullaro y todos los que -como él- fungen como forros de auxilio del experimento libertario cada vez que es necesario, y empezamos de una buena vez a hacerlo con los dueños del circo. 

Posteo y tuits relacionados:  

jueves, 15 de octubre de 2026

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