El demente ganó las elecciones haciendo campaña con una motosierra pero Quintela no puede decir que sí vuelve el peronismo revisará las privatizaciones y expropiará lo que haga falta porque espanta votos. Acá no entiende el que no quiere.
— La Corriente K (@lacorrientek) August 4, 2026
La absoluta irresponsabilidad con la que los mercados financieros tientan a tomar deuda a un gobierno insolvente es la mejor justificación para que el gobierno que lo suceda defoltee y desconozca esa deuda, más teniendo en cuenta la reiteración dolosa del mecanismo en el tiempo.
— La Corriente K (@lacorrientek) August 4, 2026
La autonomía del Banco Central es una Zonceras tan grande que siempre hay nabos dispuestos a creerla como Prat Gay, Redrado, Tettaz o Milei. Aparte están los vivos de los bancos que hacen como que la creen porque les conviene.
— La Corriente K (@lacorrientek) August 4, 2026
Hace poco el gobernador de La Rioja Quintela hizo una advertencia elemental: que los inversores del país y el extranjero que participan del festival de privatizaciones y regímenes de excepción promovidos por el gobierno no se entusiasmaran, porque en caso de volver el peronismo al gobierno revisaría lo actuado, y expropiaría lo que tuviera que expropiar, si fuera necesario-
Más allá de que habrá que ver si llegado el caso la advertencia se concreta (de hecho no hubo casi expresiones de apoyo a sus palabras dentro del propio peronismo), el régimen y sus voceros lo tomaron como una amenaza, no faltó quien lo tildara de golpista y por supuesto dijeron que ese discurso espantaba inversores. Esto último no difiere mucho de lo que habían propuesto algunos sectores del PJ que se reunieron hace un tiempo en Costa Salguero, y advertían que el peronismo tenía que respetar el RIGI y otras barbaridades perpetradas por éste gobierno.
Al mismo tiempo que los dichos de Quintela, el gobierno de Milei avanzaba con el Súper RIGI, una tentativa de modificar la carta orgánica del Banco Central y logró (aun amputando el proyecto) la media sanción en el Senado de la denominada "ley de inviolabilidad de la propiedad privada", que dificulta y restringe las facultades del Estado nacional para expropiar cosas por causa de utilidad pública, casi al extremo de tornarla imposible. Poco tiempo antes había otorgado -en una turbia licitación armada a medida de los ganadores- la concesión para el dragado y balizamiento de la vía troncal navegable, por 30 años.
A la prensa del régimen no le preocupó que todas esas medidas tengan una cosa en común: tratan de blindar las políticas de éste gobierno (que son las del círculo rojo) y condicionar al próximo, atándole las manos para poder revertir el desastre que van a dejar en el país. Por el contrario lo aplauden, porque consideran que Milei está consiguiendo lo que Macri no pudo, yendo más lejos incluso que Menem y en algunos puntos (como la reforma laboral) que la propia dictadura militar, como se jactó hace poco el presidente.
Para reforzar la similitud con el régimen genocida, el presidente habla con liviandad de terrorismo y terrorista, y pocos días después de comprometer internacionalmente al país en una brumosa internacional anti-terrorista de derecha gestada por Trump al amparo de la resurrección de la tristemente célebre doctrina de la seguridad nacional, descarga una represión impiadosa y desmedida
También Milei y su runfla están tomando medidas para cubrirse la retirada y asegurarse de no ir presos, o al menos eso creen: la masiva cobertura de cargos en la justicia como nunca se vio en democracia desde que existe el Consejo de la Magistratura (cosa que hoy presentan en términos elogiosos los que acusaban al peronismo de "ir por todo") y un segundo régimen de "inocencia fiscal" que incluya a los funcionarios y sus familiares (a solo meses de sancionado el primero y tras varios blanqueos de capitales), y de paso manotear los dólares del colchón de los argentinos para pagar la deuda; aunque si sabemos ver, ése sería el objetivo secundario.
Y quienes nos desgobiernan son tentados a su vez por el mundo de las finanzas internacionales a volver al circuito del endeudamiento en los mercados de capitales, como si la deuda que ya tenemos (y los compromisos que surgen de ella como los acuerdos con el FMI) fueran sustentables y no comprometieran los destinos del país por generaciones.
Pensando en el futuro cuando esta pesadilla termine, hay ciertos efectos de las políticas de Milei (como su alineamiento internacional y sus posturas en todos los foros mundiales, o hasta ciertas leyes vergonzosas que se aprobaron en estos años) que son más sencillos de revertir que otros: el deterioro de las condiciones objetivas de existencia de la inmensa mayoría de los argentinos, la pulverización de salarios y jubilaciones, la destrucción del tejido industrial y la pérdida de puestos de trabajo, las concesiones coloniales leoninas que amputan partes sustanciales de la soberanía nacional, sorteando para ellos las trampas y candados jurídicos a toda medida tendiente a recuperar dignidad y derechos, que va dejando el experimento libertario (como fase actual del despliegue del proyecto de los dueños del país) en su intento de perpetuarse.
No hablemos ya del legado cultural de una sociedad fragmentada y enfrentada, sometida a un proceso de idiotización colectiva y sin pautas mínimas de convivencia civilizada, con sus instituciones degradadas y la confianza social en la democracia como sistema en su punto más bajo desde 1983. De allí que las próximas elecciones y todo el proceso político y social que hasta entonces transcurra son mucho más que una simple contienda para determinar quien gobernará el país a partir de diciembre del año que viene: se trata de una disputa sustantiva para detener el proceso de vaciamiento de sentido de la democracia, y su reducción a un ritual percibido como inútil por un número cada vez mayor de argentinos.
Proceso que el régimen alienta y promueve, porque conviene a sus intereses: ahí están amenazándonos desde sus dispositivos de construcción de sentido con el "riesgo país" y la reacción de los mercados si perciben que hay posibilidades de un triunfo opositor que desande el camino de éste gobierno de ocupación; también para presionar a la dirigencia opositora (en la que muchos no necesitan ni que los presionen porque entendieron el mensaje) a que se comprometa públicamente a no tocar nada y dejar todo como está; cuando la realidad es que si la oposición quiere ganar las elecciones para empezar la reconstrucción del país, tiene que decir con todas las letras lo que dijo Quintela, y ampliarlo a toda una agenda de reparación nacional y social. Hay que estar escribiendo ya, ahora, nuestros propios DNU 70 y ley de bases.
Y el gobierno lo sabe, es decir reconoce esa verdad elemental: es el despliegue de su proyecto, con sus implicancias sociales, políticas y económicas, el que crea el verdadero "riesgo país", y las condiciones de posibilidad de un triunfo opositor: si pierden las elecciones es precisamente por como están gobernando el país, y por eso tienen que blindar a futuro sus turradas. y procurarse impunidad, a cualquier precio.
La oposición, en consecuencia, tiene que dejarse de perder el tiempo en discusiones inconducentes y estar dispuesta a emprender la tarea que la hora le reclama, la cual es inexorablemente -si la sociedad le confiriera la responsabilidad de gobernarla- afectar intereses muy poderosos, que son los que nos llevaron a éste estado de cosas: no hay una cosa (pobreza, exclusión, desigualdad, coloniaje, destrucción de la soberanía y las capacidades nacionales) sin la otra: riqueza obscena, entrega descarada a precio vil del patrimonio público, satelización del país. Claro que la tarea no está exenta de riesgos: si no pregúntenle a Cristina, que por haber comprendido hace tiempo la implicancia de esos factores (y sobre todo, haber actuado en consecuencia) está condenada, presa y proscripta.






