LA FRASE

"LA ENTREVISTA DE JAVIER CON MAJUL ME CONFUNDIÓ UN POCO: NO SÉ SI GOBERNAMOS NOSOTROS O LOS KUKAS." (KARINA MILEI)

lunes, 28 de septiembre de 2026

CUANDO TE LO EXPLICAN CLARITO LO ENTENDÉS

 

LECTURA RECOMENDADA

 

"Esto ya pasó: el escenario de cierre de empresas productivas generado por un entorno invivible de apertura importadora irrestricta, tasas de interés exorbitantes, derrumbe del mercado interno y tarifas públicas desmesuradas ya pasó en otras oportunidades en las que se implementaron las mismas medidas. Cuando Raúl Prebisch visitó la Argentina en 1980, declaró que era un entorno macroeconómico letal para las empresas productivas. Sin embargo, se repiten, casi calcadas, todas las políticas públicas que llevaron al desastre. Se copia con fruición lo que salió “mal” y se olvida que ya fracasó. ¿O no fracasó? Siempre “el verdadero capitalismo” está por ser reinaugurado en nuestro país.".

"¿Cómo se puede explicar la reiteración de políticas económicas ruinosas? Una hipótesis: porque no hay ningún otro proyecto, ni idea, en la élite dominante argentina. Y además, porque ese libreto económico colonial coincide con lo que quieren los principales centros de poder que ocurra con nuestro país: el subdesarrollo que se muerde la cola. También se reiteran esas políticas ruinosas porque los opositores, llámense como se llamen, en vez de estar cada vez más claros y más firmes en la denuncia, la oposición y la propuesta alternativa, ceden intelectualmente y se ablandan políticamente ante los profesores del fracaso.".

"El no aprender se transformó en una característica de la sociedad argentina, que parece no tener memoria institucional ni memoria histórica. Es como una amnesia que se reitera. Pero la sociedad no es una persona. Es un complejo sistema articulado entre actores de muy diverso poder material y simbólico. En nuestro caso, un sistema político-económico totalmente controlado hace décadas (desde el golpe del '76) por una clase dominante que es la que fija el límite de lo que se puede pensar y de lo que se puede recordar. Los incontables fracasos y desastres protagonizados por los gobiernos de la clase dominante argentina son metidos en la bolsa (insólita, ridícula) de los supuestos “80 años de peronismo”, o ya en el delirio mileísta, de “los 100 años de socialismo”. 

"No sólo no hay memoria histórica nacional mínimamente basada en hechos reales, con una atribución justa de responsabilidades y una comprensión madura de las circunstancias históricas, sino que ha sido reemplazada por un discurso propagandístico a medida de los intereses de la clase dominante que viene modelando el país, eternamente impune.".

"Alguien menciona que el antecedente del fracaso del gobierno de Macri —de similar orientación que el actual— también pesa sobre las expectativas de los presuntos inversores. Se puede entender la preocupación por la continuidad cambiaria del modelo y los peligros de un salto devaluatorio. Lo que resulta increíble es que haya gente que dice que no invierte porque habría peligro de “cambio de rumbo”. Es ahora cuando no están invirtiendo, con el “rumbo bueno”. Este rumbo bueno genera condiciones que impiden la inversión, excepto en petróleo y minería para exportación." 

"La ideologización del análisis económico ha llegado a niveles absurdos. Le temen a un futuro gobierno que pueda venir a enmendar los desastres que está generando el gobierno actual, que nos está empujando a una crisis severa. En cambio, si “alguien”, un futuro gobierno que continuara el rumbo, les garantizara que los salarios se seguirán hundiendo, que el mercado interno se secará del todo y que la obra pública no se continuará más —y por lo tanto la infraestructura del país se tornará invivible—, entonces sí estarían dispuestos a invertir. No sabemos si engañan a los interlocutores o se engañan a sí mismos con ese tipo de argumentos. Viven en una burbuja ideológica en la que han dejado de analizar la realidad y repiten lo que su sector social considera demostración de “sabiduría” y “visión estratégica”.".

"En todo caso, la producción, el crecimiento y el desarrollo del país no pueden seguir dependiendo de inversores cuyo pensamiento es tan incoherente y desemboca indefectiblemente, a lo largo de los gobiernos neoliberales, en la misma conclusión personal: “Mejor, por ahora, no invierto. Pasado mañana, veremos”.

E"ste sector social siempre recurre al subterfugio —una verdadera chantada— de la “incertidumbre”. Hay fracaso económico e inconsistencia macroeconómica ahora. Se entró en una dinámica de contracción permanente, que derrumba la actividad y los ingresos fiscales, con lo cual la compra de activos para pagar la deuda desplaza a actividades básicas del Estado, que está yendo hacia una crisis fiscal. Pero ellos dicen que estamos fenómeno —mientras cierran las plantas productivas— y que esperan la ratificación electoral del rumbo del Titanic. Jamás se indaga por qué en estos modelos rentísticos-financieros, la incertidumbre es lo que se termina imponiendo como lógica para justificar el cortoplacismo y la especulación oportunista."

"En lo que sí son buenos los diversos actores de la derecha vernácula es en engañar o confundir a la opinión pública, en domesticar a los políticos opositores y en echarle la culpa al peronismo/kirchnerismo/zurdaje de lo que ellos están generando con sus reiteradamente ruinosas políticas económicas." 

"¿Con ser del capital alcanza? La actual experiencia vuelve a demostrar lo que ya demostraron Martínez de Hoz, Menem-Cavallo-De la Rúa y Macri: podés ser el ídolo indiscutido y absoluto de las grandes empresas, de las grandes embajadas y de los organismos internacionales de crédito, pero nada garantiza que, al seguir por los lineamientos que te dictan esos grandes actores, llegues a alguna meta socialmente útil o nacionalmente relevante. Y menos aún políticamente exitosa.".

(El original completo, acá.)

domingo, 27 de septiembre de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

LA VIDRIERA DE LA ONU


La crisis y el fracaso del sistema multilateral con cabeza en la ONU y sus organizaciones no es ninguna novedad, como tampoco su incapacidad para aportar soluciones concretas a los problemas globales; fruto en parte de una carencia original (deliberada) de su diseño: la ausencia de mecanismos coercitivos eficaces para hacer cumplir sus decisiones, o el forzado bloqueo del Consejo de Seguridad (su órgano más relevante en términos ejecutivos) por el poder de veto de las grandes potencias.

Aunque Milei pretenda presentarlas como fruto de un descubrimiento de su intelecto superior, son cuestiones que nadie discute, ni siquiera los defensores del multilateralismo: sobran las apelaciones de personalidades mundiales mucho más destacadas que nuestro presidente a representar el sistema multilateral dentro del cual la ONU se inserta, para rescatarlo del pantano en que se encuentra y para que pueda cumplir la función con la que fue pensado; ser una instancia de cooperación entre los Estados para la resolución de los conflictos, contribuyendo a la paz y la estabilidad mundial.

Sin embargo con todo y su crisis, la ONU (y especialmente la convocatoria anual de su Asamblea General) sigue siendo la vidriera por excelencia de la política mundial, que ninguna figura política que se precie de tal desprecia, aun aquellos que van allí al solo efecto de denigrarla (como Milei), exhibir con crudeza sus ambiciones (como Trump) o pretender blanquear su imagen porque los persigue el repudio internacional (como Netanyahu).

Una vidriera en la que se exponen -amplificadas- ideas, agendas y también estaturas de dirigentes políticos: desde el púlpito del salón de la Asamblea se pueden identificar personajes minúsculos (como Milei), junto con otros que dan la talla de verdaderos estadistas, como Lula: ¿Quién no sintió algo de envidia por nuestros hermanos brasileños por el presidente que tienen, comparado con el mamarracho nuestro?     

Claro que no necesariamente ese reflejo se extiende a la realidad política interna de cada país: ahí anda el propio Lula recorriendo Brasil de una punta a la otra para asegurarse el triunfo en las elecciones del 4 de octubre, frente a un contrincante que no tiene nada que envidiarle a Milei en términos de personaje mamarrachesco y papelonero. Y el mismo Trump que usó la tribuna de la ONU para jactarse de que puede hacer lo que prácticamente se le antoje, está a semanas de lo que podría ser la peor derrota en décadas de los republicanos, en las elecciones legislativas de medio término, y perder el control del Congreso.

Pero hablábamos de agendas, ideas y estaturas de dirigentes: en el video de apertura pueden ver el discurso de Cristina en la Asamblea General de la ONU en el 2011, poco antes de ser reelecta como presidenta con el 54,11 % de los votos. Por razones de higiene mental, nos pareció mejor que subir el discurso que pronunció Milei en el mismo lugar esta semana.

En ese discurso Cristina habló de varios temas, y entre ellos -de un modo central- de nuestro reclamo de soberanía en Malvinas, y la explotación ilegal de los recursos naturales de las islas por la potencia colonialista que las ocupa; dicho esto para los que creen -como Milei- que el tema empezó cuando lo descubrieron ellos, o mejor dicho, cuando un asesor de imagen les arrimó la idea de utilizarlo para intentar encubrir la realidad, o distraer del fracaso de su gobierno.

En el mismo discurso Cristina habló de Palestina y su derecho a existir y ser reconocido como Estado independiente, como el principal modo de asegurar la paz y la estabilidad en Medio Oriente, la necesidad de reformular la arquitectura de los organismos internacionales (incluyendo al FMI), de regular los movimientos internacionales de capitales y la crisis migratoria.

Si buscan otros discursos suyos en el mismo foro, la verán hablando de la reestructuración de las deudas soberanas de los Estados (punto en el cual el país consiguió un amplio apoyo internacional que Macri primero y Milei después rifaron, entregándose a los fondos buitres), de la necesidad de regular los paraísos fiscales, de la concentración brutal de la riqueza mundial en escasas manos, de los riesgos de la financiarización de la economía, del terrorismo, los fundamentalismos y el respeto por los derechos humanos, del bloqueo a Cuba, del fracaso de los planes de estabilización y las políticas de ajuste del FMI, de la especulación con el precio de los alimentos y los desafíos de las nuevas tecnologías para el mundo del trabajo y la inclusión social; entre otras cosas.

Podrá decirse -con razón- que no era clarividente, sino que simplemente estaba atenta a tomar nota de las preocupaciones dominantes de su tiempo en la escena nacional e internacional, pero no se le podrá negar el mérito de no limitarse a la descripción de los problemas, sino a ensayar soluciones desde una mirada política, en clave democrática. Que es más de lo que puede decir Milei, y los que piensan como él, acá y en todo el mundo.

Porque basta repasar el listado de los temas de los que habla Cristina en sus discursos (simplemente tomando los de la ONU como ejemplo, por aquello de la vidriera mundial) para darse cuenta que el núcleo de ideas dominantes que hoy parecen conducir al mundo (y dentro de él, a los Estados y a la política, con excepciones) son las que, si no causaron directamente los problemas apuntados, poco han hecho por resolverlos, y bastante por agravarlos, o crear otros igual de preocupantes.

Y la vidriera de la ONU también nos permite reflexionar mirándonos para adentro, como sociedad, para preguntarnos: si es verdad (y creemos que sí lo es) que los gobernantes no nacen de un repollo sino que son en cierto punto un reflejo de la sociedad que gobiernan, ¿Cómo pudimos retroceder tanto los argentinos en términos de agenda, de ideas, de miradas, de rumbo, hasta extraviarnos en el pantano en el que nos encontramos? ¿Tendremos la capacidad de encontrar en las elecciones del año que viene la oportunidad para recuperar el camino, o elegiremos como sociedad profundizar la decadencia?

jueves, 24 de septiembre de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

LA CORRECTA CARACTERIZACIÓN DEL ENEMIGO

 


Solía decir Cooke que para el peronismo y el movimiento nacional la correcta caracterización del enemigo era la regla primordial y el punto de partida absoluto de cualquier política de liberación nacional; porque si no se definía con precisión matemática contra quién se lucha, se corría el riesgo de diluirse, ser cooptado por el sistema o desgastarse en discusiones internas falsas. Y complementaba la reflexión, apuntando que  el verdadero enemigo no era una variante circunstancial de gobierno, sino un sistema en su totalidad, compuesto por el imperialismo y sus engranajes nativos; enfatizando el rol auxiliar de nuestras clases oligárquicas dominantes, en la gestión de los intereses imperiales.

Sus reflexiones fueron hechas unos 60 años atrás, pero aun cuando nos quieran convencer de lo contrario, en lo esencial conservan plena vigencia, más allá de que los sujetos del análisis (el imperialismo, los intereses multinacionales, las oligarquías nativas y clases auxiliares locales) hayan mutado en su composición: las líneas maestras del proceso que él y otros describieron, siguen tendidas en los mismos términos. 

Las reflexiones nuestras vienen a cuento de lo que dijo Kicillof el sábado en el acto de virtual lanzamiento de su candidatura presidencial, pero tampoco es cuestión de caerle  exclusivamente a él: sin ir más lejos por ahí anda Pichetto planteando que hay que construir un frente anti-Milei en el que pueden entrar hasta radicales y sectores del PRO disconformes con el alineamiento incondicional de sus fuerzas políticas con las principales iniciativas del gobierno libertario, y el conjunto del sistema político -con sus más y con sus menos- se está activando en modo electoral, y hablando básicamente de alianzas, frente y candidaturas. 

Y no se trata de bajarle el precio a las elecciones (al fin y al cabo un futuro gobierno solo puede ostentar fortaleza a partir de una incuestionable legitimidad de origen, surgida del voto popular), sino de tomar real dimensión del problema, que es más político en la más profunda acepción de la palabra (es decir de disputa por el poder), que electoral.

Hace poco decíamos en ésta entrada: "Tampoco está claro que se consiga ponerles remedio a tantos males con nuestro voto en las elecciones del año que viene (de hecho casi la mitad del padrón viene pensando consistentemente que no, y de allí su ausentismo), si el pronunciamiento popular no consagra tanto un modelo verdaderamente alternativo, como la decisión de dar las peleas que haya que dar para cambiar las cosas, mientras se enfrenta la urgencia de reparar las consecuencias de tanto desatino, que son muchas. Y sin perder nunca de vista quienes dieron -y dan- su apoyo decisivo al experimento porque conviene a sus intereses, con todo lo que supone, incluidos (por acción u omisión) sus aspectos más bizarros.".

Dicho de otro modo, no basta con describir -incluso con minuciosidad- los daños que está causando el experimento libertario, sin caracterizar precisamente lo que significa, quienes están detrás de Milei y que es lo que éste representa: no se trata (como dicen que dijo Magnetto una vez) que el de presidente sea un puesto menor, sino que en todo caso Milei es -en términos históricos- un personaje menor, de ribetes bufonescos, puesto ahí deliberadamente para degradar a la institución presidencial (y con ella al rol del Estado), y que precisamente por su escasa estatura política, era ideal para facilitar el saqueo y la reconfiguración drástica del país, a favor de poderosos intereses extranjeros y sus aliados locales. 

Puesto ahí -no se nos escapa- también con el voto de millones de argentinos, porque esos mismos intereses tuvieron los medios, la predisposición y astucia necesaria (favorecida en parte por errores nuestros) para construir un consenso social extendido en torno a la defensa de intereses poderosos pero socialmente minúsculos, y si nos apuran, cada vez vez más poderosos en tanto que socialmente cada más minúsculos. Es decir que no solo hay que analizar quienes están por detrás de Milei o por encima suyo, sino quienes estuvieron por debajo, y lo seguirán estando; porque cuando Milei sea historia, esta sociedad concreta con la que la política tiene que lidiar (y que eligió a Milei y en no poca medida lo sigue apoyando), y esos intereses que tratan de condicionarla, seguirán estando allí.

Por otra parte, aun vista la cuestión en términos estrictamente electorales, no puede pasar desapercibido que las elecciones no transcurren en un marco puramente librado a la competencia entre las fuerzas políticas, las alianzas y los candidatos, sino que las interferencias extra-institucionales son cada vez más visibles; desde el "lawfare" que determina quienes pueden o no ser candidatos (como pasa con Cristina), hasta las sospechas fundadas de manipulación de los resultados (como ha pasado en Colombia, Ecuador y Perú, con triunfos de las ultraderechas en todos los casos), o la ayuda económica del gobierno de Estados Unidos por sí o a través de instituciones que controla -como el FMI- buscando facilitar el triunfo de candidatos afines, como pasó con Macri en 2019 o con Milei y las lista de LLA, en las legislativas del año pasado.

La densidad del bloque de poder hegemónico al que la política en clave democrática se enfrenta (porque no es solo a Milei, o el circunstancial monigote servicial a esos intereses) es correlativa a la creciente debilidad de esa misma política, y de las propias instituciones democráticas. ¿Por qué razón habría que suponer entonces que esos intereses pararían con sus maniobras si no tienen éxito en la fase electoral, y no persistirían tratando de condicionar la capacidad de acción de un gobierno que no les sea afín, o de bloquear sus políticas como lo han hecho en el pasado?

De hecho, si algo destaca del experimento libertario en curso, es el énfasis que han puesto en consolidar todo tipo de candados jurídicos a posibles políticas futuras de reparación, mientras intentan depredar en beneficio propio el patrimonio público y construcciones colectivas de los argentinos que llevaron décadas (como la educación, la ciencia o el desarrollo nuclear), mientras las políticas que apoyan (y diseñan) extienden sus daños sobre el tejido productivo y social, de un modo que es imposible saber cuanto tiempo llevará revertirlos. Aunque ya nadie se acuerde de Milei.