LA FRASE

"LA PRIMERA QUE DESCUBRIÓ EL COSTADO ÍNTIMO Y HUMANO DE VIDELA FUI YO, CUANDO TODAVÍA ESTABA VIVO." (VICTORIA VILLARRUEL)

jueves, 15 de octubre de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

miércoles, 14 de octubre de 2026

UN PROBLEMA DE SALUD MENTAL


Leemos a Hernán Lascano en La Política Online: "El gobernador de Santa Fe dice que no hay que volver al populismo que derrochó recursos del Estado y que tiene una matriz de corrupción muy fuerte. Un minuto después, en un desvío del mismo discurso, dice que si se hubieran mantenido las variables de recaudación y las trasferencias por coparticipación del año 2023 la provincia este año tendría en sus arcas 765 mil millones de pesos más que lo que tiene actualmente. En diciembre de 2023 terminó el gobierno de Alberto Fernández. Desde entonces gobierna Javier Milei que es cuando, lo dice Maximiliano Pullaro, empezó el acentuado declive de los ingresos santafesinos. La preocupación del gobernador radical es el retorno del kirchnerismo aunque en realidad se refiere a cualquier variante peronista. Lo dice en esos términos y explicita que si tiene que optar entre una gestión de signo peronista o la libertaria se queda con esta última sin la mínima duda.".

"De hecho la opción se está materializando. Al abrazarse a la gestión libertaria, que es la opción que dice le conviene políticamente para reelegir y para que sus socios de la coalición Unidos mantengan las ciudades y pueblos que gobiernan, opta por una gestión que le paraliza la actividad en la provincia, le tumba por eso los ingresos fiscales por recaudación y le retacea como afirma las transferencias federales. Hablando en un acto el martes en la Municipalidad de Santa Fe le puso los números que están arriba: 765 mil millones de pesos menos de ingresos solo en lo que va del año. Son 510 millones de dólares a valor corriente.".

"El Ministerio de Economía de Santa Fe reconoce que lo que más planchó la recaudación son los problemas de actividad que ocasiona el plan económico de Milei. En marzo de este año la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe) registró el cierre de 310 empresas y 8.200 puestos de trabajo perdidos desde diciembre de 2023. La Superintendencia de Riesgos del Trabajo indica, según La Nación de este sábado, que en el mandato de Milei 32.290 empresas bajaron sus persianas y que de ese total 15.475 sociedades lo hicieron en el año en curso. En la misma declaración del martes Pullaro admite que eso lo afecta en carne viva, lo reconoce diciendo que el quebranto privó a su gestión de 765.000.000 de pesos, pero su mayor preocupación según explicita es que vuelva el populismo.".

"Pullaro sabe de la resistencia emocional al kirchnerismo del electorado en Santa Fe y por eso lo ubica en el centro del ring como contendiente, así sean los libertarios los que hunden a una provincia con su consumo paralizado y con transferencias que salvo las automáticas no llegan desde el primer día. Y desde esa convicción al gobierno que lo desangra le tiende puentes, le vota la mayoría de sus iniciativas en el Congreso y lo acompañará con la suspensión de las Paso nacionales que Milei busca desactivar para complicarle al peronismo una resolución competitiva de su candidato presidencial. Puede parecer un síntoma como para peinarse las ideas. Pero Pullaro que tiene grandes chances de retener el gobierno busca apoyos por derecha. Y ahí le rinde pegarle al populismo, como define a todo el panperonismo, aunque el modelo de Milei, cómo él mismo lo reconoce, le planche el consumo, le hunda la recaudación, no le transfiera dinero propio y le pinte de rojo las cuentas provinciales.".

No vayan a creer que Lascano es alguien crítico de la gestión de Pullaro, por el contrario: hace un tiempo escribió una delirante nota sobre el presunto modelo provincial contrapuesto al que ejecuta MIlei, que nosotros analizamos en ésta entrada. Pero hasta a él -insospechado de peronismo ni nada que se le parezca- se asombra del nivel de disociación de un discurso (el del gobernador) que reconoce y reseña los daños que el experimento libertario está causando en la provincia (como en todo el país), pero al mismo tiempo se pone como imperativo político impedir que el peronismo vuelva a gobernar, para lo cual incluso podría coincidir en una alianza electoral explícita con los libertarios.

Lo que a Lascano le causa cierta perplejidad no es ni más ni menos que la enésima reiteración del gorilismo visceral de la UCR (el partido de Pullaro) y buena parte del espectro político argentino, condenado desde 1945 al rol de "no ser en sí", sino en referencia a la bestia negra de la política nacional, o el hecho maldito del país burgués del que hablaba Cooke. Pullaro, los radicales en general y buena parte de la oposición -en términos formales- al gobierno de Milei se verían "obligados" a coincidir con él y salvarle las papas en el Congreso con tal de no aparecer votando nada en el mismo sentido que el peronismo/kirchnerismo; como casi con seguridad se podrá comprobar otra vez esta misma semana (por si hiciera falta) con el intento de tratamiento del DNU 70 en Diputados. 

Alguien podría decir (y no le faltaría razón) que los que acompañan políticamente al gobierno de Milei pese a los desastres que producen sus políticas es porque en el fondo coinciden con ellas, y con la idea de país que expresan. Tan cierto como que también todos (Milei y sus segundas marcas) no son más que fusibles del poder "real" de la Argentina, cuyos intereses gestionan y defienden; a lo que habría que sumar en el caso de los radicales que obran de tal modo aleccionados por dos fracasos de gobiernos propios (los de Alfonsín y De La Rúa) que han intentado explicar exclusivamente como consecuencia de los golpes de mercado.

Pero nunca hay que subestimar la influencia del gorilismo como identidad política persistente de buena parte de la sociedad argentina, y que como hemos dicho antes, en un punto merecería ser abordada desde la perspectiva de la salud mental. Ese fenómeno de patología política que es el antiperonismo genera una dirigencia cautiva de un electorado que le exige en forma permanente profesión de fe del credo gorila, y que no les perdonaría nunca renuncios en la cruzada que da sentido a sus vidas; de allí que no pueden permitirse coincidir en nada con el peronismo, ni siquiera cuando puedan pensar o sostener exactamente lo mismo que éste, en un tema puntual.

Por supuesto que también hay razones pragmáticas como las que destaca Lascano en la nota y tienen que ver con la defensa de las posiciones conquistadas (como el gobierno de la provincia), razones que hacen que lo que vale para Pullaro y la UCR sea extensible a sus aliados en la Unión Democrática santafesina como el socialismo: no sería extraño verlos deglutirse el batracio libertario, con tal de revalidar electoralmente el gobierno de la provincia (y la parte que en él les toca del reparto de cargos), y aventar todo riesgo de retorno del peronismo.  

Pero si decimos que buena parte de la oferta del sistema política argentina es cautiva de la obsesión antiperonista, eso supone que una parte importante de la sociedad -como se dijo antes- es la que la mantiene cautiva de ese modo de pensar y actuar, porque vive su propio cautiverio: auto-condenada a votar una y otra en contra de sus propios intereses, con tal de no hacerlo jamás por el peronismo, en ninguna de sus variantes.

Por supuesto que nadie les está pidiendo que se hagan peronistas, ni siquiera que nos voten, lo que ya a esta altura sería una pérdida de tiempo que bien puede emplearse con más provecho en otras audiencias más dispuestas. Simplemente se trata de requerirles que, si no pueden resistir la compulsión de autolesionarse, no nos lastimen a todos en el proceso, para después de haber conseguido su objetivo central -frenar a la bestia negra de sus pesadillas- desentenderse de las consecuencias.

martes, 13 de octubre de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

lunes, 12 de octubre de 2026

LECTURAS ELECTORALES

 

Cada vez que hay elecciones en algún lado se ensayan lecturas sobre los resultados, con mayor razón en un caso como el de Brasil, que por su tamaño y significación política no podría escapar a la atención. Y también cada vez que hay procesos electorales en otros países, parece difícil resistirse a la tentación de traspolar los resultados y sus consecuencias al nuestro; como la otra tentación: la de decir que esos resultados nos dan la razón, aunque hasta el momento de abrirse las urnas hayamos pronosticado exactamente lo contrario de lo que terminó pasando.

En ese contexto y a propósito de las elecciones brasileñas, se viene observando en las redes sociales y en los medios cierta tendencia a darle a la derrota de Lula un efecto pedagógico para las elecciones argentinas del año que viene: algo así como "tengan en cuenta lo que pasó allá para dejarse de joder con la internas". Sabrán los brasileños mejor que nosotros cuáles fueron las razones del resultado de sus elecciones, pero vistas desde acá y con las salvedades de esa circunstancia, nada indicaría que Lula haya perdido por disputas internas dentro del PT y sus aliados, o porque su candidatura haya sido discutida al interior de las fuerzas que la impulsaban, o cosas similares: por el contrario, resultaba el candidato natural e indiscutido (cosa que no muchos pueden decir con sus fundamento, acá y allá), y su campaña y la del PT hicieron eje en determinadas propuestas y -sobre todo- en lo riesgos que entrañaba la victoria del bolsonarismo, que finalmente se dio. 

Y no se trata de que nosotros estemos haciendo el elogio del sectarismo, las divisiones internas o los personalismos, sino simplemente de tratar de poner a la cuestión de la unidad de las fuerzas populares en su justo lugar: como condición necesaria pero no suficiente de una victoria electoral y -más importante aun- de transformaciones políticas de sentido progresivo. Dicho esto dentro de un contexto más amplio, que invita a  repensar ciertas lecturas tradicionales de los procesos electorales y sus resultados, que ponen el acento en la política organizada en torno a las fuerzas partidarias, y su capacidad real de influencia en la sociedad.

Un error de enfoque que consiste en sobreestimar su influencia y la de sus movimientos (alianzas, internas, modo de resolución de las candidaturas, lenguajes y tácticas de campaña) sobre la sociedad, justo cuando todo indica que esa influencia se encuentra en su punto más bajo. Como pasa con los economistas ortodoxos, los que persisten en esa forma tradicional de enfocar los proceso políticos y electorales se enfocan en la oferta de la política, más que en las demandas de la sociedad.

Una sociedad (o vastos sectores de ella) que no perciben que la política influya en sus vidas, y que si lo hace, es solo para perjudicarlos y no resolverles ningún problema, y el discurso anti-político imperante como consecuencia de esa percepción es absolutamente favorable a las derechas, y por esa razón es promovido con énfasis desde sus dispositivos de construcción de sentido: buscan manipular a su favor las emociones sociales y personales negativas (el miedo, la frustración, la incertidumbre) y bajar la calidad de la representación política para degradarla, buscando -y consiguiéndolo- legitimar con el voto ciudadano a líderes impresentables, porque serán más fáciles de manejar.

Esas figuras (como Milei o los Bolsonaro) no solo comulgan con los intereses e ideas de los sectores dominantes (aunque ensayen discursos "anti casta") , sino que no tienen la menor voluntad de resistir la implementación de las políticas que los favorecen y por el contrario, asumen gustosos el costo de implementarlas; con la misma energía que ponen en eliminar las críticas y reprimir las protestas sociales que los efectos de esas políticas generan en parte de los afectados. 

Esto señalamientos para intentar comprender el contexto en el que la acción política se desenvuelve en modo alguno significan que propongamos hacer seguidismo acrítico de las tendencias y humores sociales, y diseñar las propuestas políticas en consecuencia, porque en ese caso la salida sería girar cada vez más a la derecha, por aquello de "Si no puedes vencerlos, únete a ellos". Tampoco parece ser la respuesta adecuada al dilema la alternativa ensayada hasta acá (como en nuestras tres últimas elecciones presidenciales) de buscar imaginarios centros sociales/electorales que, en sociedades tan fragmentadas, divididas y polarizadas como injustas y desiguales (lo primero consecuencia de lo segundo) simplemente no existen.

Se trata más bien del proceso inverso: buscar los modos de volver a reconectar a la política con las demandas de la sociedad, aun aquellas que la propia sociedad no acierta a formular con precisión, en los tiempos del "No se lo que quiero pero lo quiero ya". Y puestos en esa tarea, los centrismos (conceptuales, de lenguaje, de propuestas, de perfiles de candidatos, de esquemas de construcción política) parecen destinados de antemano al fracaso. 

Eso sin entrar en la chiquita (pero que no debe descartarse por completo en el análisis) de que, en realidad, muchas apelaciones a la unidad por la unidad misma son intentos de clausurar los debates sobre el tipo de propuesta política que se desea ofrecer a la sociedad, debates que son tan necesarios como la unidad, e incluso mucho más. Hilo de tuits relacionados:

domingo, 11 de octubre de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

sábado, 10 de octubre de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

viernes, 9 de octubre de 2026

LA DEMOCRACIA PASÓ DE MODA

 

Si en lugar de reproducir en los medios las deliberaciones del Coloquio de IDEA de éste año alguien subiera imágenes y exposiciones de ediciones anteriores y salvo alguna circunstancial referencia de coyuntura en algún discurso, nadie notaría la diferencia. Y no es que los que allí se convocan exhiban una línea de coherencia -en un punto sí, con los alcances que luego veremos- sino que lo que se plantea como un "coloquio" (es decir un intercambio de opiniones) para debatir "ideas" (en plural), no es más que una ceremonia litúrgica a la cual los que asisten van a decir y a escuchar todos lo mismo, todos los años.

Es como la ceremonia (hay otras, como la muestra de la Rural en Palermo) donde la élite económica del país nos dice lo que pretende para él (y para nosotros, que estamos adentro), y fuerza a la política a rendirle pleitesía, jurando y comprometerse a sostener el credo de las clases dominantes. en caso de llegar al gobierno.

Conforme pasan los años y nuestra democracia (al compás del acompañamiento y puesta en acto, precisamente, de las ideas que dominan el Coloquio) se degrada al tiempo que los argentinos resignamos derechos y niveles de vida, queda expuesta -por contraste- la pereza intelectual y analítica de nuestra élite económica, su escaso aporte real a la construcción del país y la cortedad de sus miras, que no van más allá del propio bolsillo. Y contribuyen a exponerlos -en no poca medida- los niveles crecientes de bochorno, fracaso y vergüenza ajena que producen los experimentos políticos que prohíja, y sus resultados: como el que está en curso asolando el país en estos momentos.

Véase si no no lo que ocurrió este año: con los datos concretos (de las estadísticas y de la realidad) del fracaso del experimento libertario con seres vivos a la vista, nadie en el Coloquio de IDEA pidió (ni los políticos que asistieron prometieron) un cambio de rumbo para superar la crisis, y evitar la catástrofe. Por el contrario, todos rivalizaron entre sí en el énfasis en el que quisieron dejar sentado que el rumbo es el correcto y debe sostenerse, más allá de quien gane las elecciones. 

Hubo en todo caso -porque no les quedaba más remedio, dado el nivel de los papelones presidenciales- alguna que otra referencia a la necesidad de mejorar la rudeza de las formas; porque pedir públicamente -cosa que sí hacen en privado- conseguir un circunstancial ejecutor que no exhiba con impudicia trastornos mentales no era de buen tino, y no porque se tratara de resguardar la muy vapuleada investidura presidencial: hacerlo hubiera hablado más que de Milei, de los que lo promovieron y lo sostienen.

En términos democráticos, la peor tradición persistente de los Coloquios de IDEA (al fin y al cabo, originados en plena dictadura) es la visión instrumental y despectiva que tienen nuestras élites de las elecciones, el voto ciudadano y la democracia misma como sistema: como ya se hecho costumbre sin que existan fisuras al respecto, todos los popes empresarios que allí se congregan reclaman "políticas de Estado a largo plazo" (las que convienen a sus intereses), "acuerdos para sostenerlas" (es decir, eliminar el debate y la disputa democráticos sobre el modelo de sociedad que pretendemos construir) y elevan oraciones porque "la política no meta la cola", o el "ruido electoral" no perturbe la marcha de los negocios del capital.

O dicho en otros términos (algunos incluso lo han dicho en estos precisos) que gane quien gane las elecciones el año que viene, se comprometa a sostener las actuales políticas económicas, sociales, industriales y laborales; con lo cual la primera pregunta que cabe hacerse es cual sería entonces el sentido último de las elecciones.

Y acaso el plan sea precisamente ése: vaciar de sentido sustantivo a la democracia, convertirla en un simple ritual instrumental carente de eficacia para modificar la realidad, alimentando así el círculo de su propio desprestigio y con el de ella, el de lo público, estatal y político, en todos los sentidos. El sueño húmedo del capital: que la sociedad se autoperciba como una empresa, regida esencialmente por las leyes del mercado (sin perjuicio de que estas sean torcidas a la medida cuando convenga) y regida por las manos supuestamente más aptas, que no son necesariamente las que esa misma sociedad elige con su voto. Una empresa en la que -como toda empresa- hay patrones y empleados, claro. 

Pero para que ese plan logre ejecutarse, es imprescindible una política menesterosa, ávida por agradar al capital, darle garantías de que no conspirará contra sus intereses y dispuesta a traducir sus demandas en políticas públicas. Y una justicia servil a esos mismos intereses, y dispuesta a hacer lo que ea necesario para protegerlos y garantizarlos de cualquier amenaza: no en vano el fiscal Luciani fue aplaudido de pie por los asistentes al coloquio, porque contribuyendo a proscribir a Cristina, sacaba del camino la idea de la política como aspiración de representación real de los intereses y aspiraciones de la sociedad, más que los del capital.

Y hablando de la sociedad: no se podrá alcanzar ninguna comprensión cabal y completa del proceso que estamos atravesando sin dejar de la lado los análisis cómodos y autocomplacientes que parten de la premisa de que los pueblos nunca se equivocan (sobre todo cuando estos pueblos de hoy no son aquellos en los que la premisa fue enunciada, ni de cerca), cuando hay sobradas evidencias de que lo hacen: además de la responsabilidad enorme e irreemplazable que le cabe a la política y en estas mismas líneas ha sido enfatizad, ninguna democracia puede sostenerse si los ciudadanos no se toman en serio su propia e indelegable responsabilidad a la hora de votar (cuando deciden hacerlo, lo que también supone asumir la responsabilidad que a todos nos cabe), que es el momento en el que todos valemos lo mismo, vayamos o no a los Coloquios de IDEA.

Tuits relacionados: