LA FRASE

"ES MENTIRA QUE HAYAMOS CREADO EL MINISTERIO DE LA VERDAD." (SANTIAGO CAPUTO)

domingo, 8 de febrero de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

sábado, 7 de febrero de 2026

ACÁ NO HA PASADO NADA

 

Sobre la tarde/noche del jueves y mientras todavía resonaban los ecos de la salida de Lavagna y la intervención del INDEC, y la decisión de Milei de trasladar el sable de San Martín del Museo Histórico Nacional a Granaderos, se publicó en una separata del Boletín Oficial el Decreto 87 (completo acá), por el cual Milei deroga el Decreto 239/21 de Alberto, que encomendaba a la Procuración del Tesoro de la Nación constituirse como parte querellante en la causa en la que se investigaba el mega-préstamo del FMI contraído por Macri en 2018.

La medida fue aconsejada por el "Chino" Zanini cuando estaba a cargo de la Procuración, y al respecto decíamos en su momento en ésta entrada que "...se denuncia al gobierno anterior por las irregularidades en la concertación del préstamo, se tratará de que los que lo contrataron paguen de su bolsillo el perjuicio causado al Estado argentino (en ambos casos, con resultado vidrioso, atento el estado actual de la justicia), pero se pagará la deuda, en condiciones aun no definidas.". 

La decisión fue una mínima concesión de Alberto y Guzmán al kirchnerismo, del cual muchos sectores cuestionaban que el préstamo se haya pagado a libro cerrado sin cuestionar su origen, y convirtiendo la renegociación con el Fondo en asunto de primera prioridad de la política económica: recordemos que por entonces el presidente y su ministro de Economía nos querían convencer que el FMI se había vuelto bueno, y que Kristalina Georgieva comprendía el problema de la pobreza porque lo había padecido de chica.

En posteo se detallaban todas las irregularidades cometidas por el gobierno de Macri para gestionar el préstamo, violando expresas y precisas disposiciones de la Ley 24156 de Administración Financiera, y de la Constitución Nacional; como asimismo por el propio staff del FMI, violando su propia Carta Orgánica al permitir -por ejemplo- que una ayuda financiera del organismo se destinara a financiar la fuga de capitales. 

Con el tiempo lo mismo dijeron los propios estamentos técnicos internos del Fondo (corridos de opinar algunos de ellos por la presión política del gobierno de Trump para otorgar el préstamo a un aliado regional clave, según confesó después Claver Carone), y en idéntico sentido opinaron la SIGEN, la Auditoría General de la Nación y el Banco Central: un auténtico bochorno que le costó al país 45.000 millones de dólares de deuda (originariamente era por 57.000 pero Alberto desistió de utilizar el último tramo), que aun hoy está pagando.

En la causa judicial quedaron imputados Macri, Caputo, Dujovne, Sturzenegger y Sandleris; y después de casi cinco años de no investigar nada, la jueza Capuchetti (la misma que no quiso llegar nunca a fondo en la investigación del intento de asesinato contra Cristina, en busca de sus autores originales), archivó esta semana la causa, por inexistencia de delito y sosteniendo que eran cuestiones de política económica, no enjuiciables en sede penal.

Lo cual es claramente falso porque lo que postulaba el fiscal Piccardi (que apeló el archivo de la causa) eran las irregularidades y vulneraciones de normas legales de expresa aplicación al caso para contraer el préstamo, y allí existieron claramente delitos, además de que el acuerdo fue un desastre en términos económicos, reconocido esto mismo con posterioridad por el propio FMI. Lo que buscaba la querella de la Procuración era que, si mediaba condena penal que encuentre culpables, estos tuvieran que responder civilmente por los daños causados al país por haberlo endeudado en condiciones ilegales.

Esta semana y sin esperar que el fallo de Capuchetti dictado a la medida de Macri y sus secuaces de entonces -que en buena medida son los mismos que de Milei hoy, como Caputo y Sturzenegger- estuviera firme (de hecho no lo está porque el fiscal lo apeló), Milei dispuso retirar a la Procuración de la querella para proteger a miembros de su gabinete de rendir cuentas en la justicia, y renovar la alianza con el PRO en vísperas de votaciones clave en el Congreso.

Y de paso, ambos movimientos (el fallo de la jueza y el decreto presidencial) estuvieron sincronizados al milímetro con la visita al país de los representantes del FMI, que llegaron para supervisar la marcha del nuevo acuerdo firmado por el gobierno de Milei con el organismo, justo en medio de la virtual intervención que decidieron Caputo y Milei en el INDEC, postergando indefinidamente la puesta en marcha del nuevo IPC. 

Es imposible no relacionar ambos conceptos, porque el Fondo debería "perdonarle" al gobierno el moco que se acaba de mandar con el IPC (cuando se había comprometido a poner en marcha el nuevo índice) para garantizarle otro desembolso (porque como en 2018 mandan las exigencias políticas del gobierno de EEUU sobre los acuerdos firmados y su cumplimiento); y si bien la justicia argentina no puede juzgar a sus funcionarios, no se vería bien para ellos que dictamine que en un punto fueron cómplices de un delito. 

El acuerdo de 2018 era tan obviamente ilegal que cuando el propio Milei y Caputo fueron a negociar otro con el FMI, se cuidaron de no repetir el procedimiento de Macri y por lo menos dictaron un DNU a medida, que luego fue ratificado en el Congreso por las exigencias de la ley Guzmán (de "sostenibilidad de la deuda pública"), con la colaboración de la oposición pseudo oficialista. Y eso no va a cambiar por lo que diga Capuchetti, o el destino final de la apelación del fiscal Piccardi, pero si es un antecedente a tener en cuenta en el futuro, cuando nos vuelvan a decir que si el país le debe al FMI, no puede defoltear la deuda y tiene que pagarla religiosamente porque así lo mandan los mismos estatutos que ellos violaron cada vez que quisieron, o lo consideraron necesario.

No hay que dejarlos que se escapen y salgan indemnes como siempre (que es lo que ha venido pasando hasta ahora), porque esa es precisamente la razón por la cual lo vuelven a hacer, una y otra vez. Tuits relacionados:

viernes, 6 de febrero de 2026

INDICADOR DEL FRACASO

 

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) y, en general, los indicadores o estadísticas del INDEC nunca fueron un problema técnico, al menos no exclusivamente, y en ese plano la discusión no debería durar mucho: como se compone la Encuesta Permanente de Hogares de la que se extraen los consumos habituales de las familias, que ponderación tiene cada uno de los elementos considerados, y no mucho más. No parece algo que pueda discutirse por décadas, como pasa en la Argentina.

Y eso es porque ante todo es un problema político, vinculado a algo como la inflación, con lo que los argentinos convivimos hace décadas: era un problema político cuando el kirchnerismo intervino el INDEC en el gobierno de Néstor (ni hablar de en lo que se convirtió después), y cuando Macri inauguró su gobierno con un apagón estadístico de seis meses para intentar ocultar las consecuencias sociales de la mega devaluación y los brutales tarifazos con los que inició su gestión.

Por si hiciera falta más pruebas de que estamos un problema político y no técnico, recordemos que el propio Macri dijo entonces que sólo aceptaría ser juzgado por los indicadores de la pobreza con los que empezó y terminó su mandato, después de haber ejecutado ese acto mágico de desaparición estadística de la mitad del primer año de éste.

Marcos Lavagna -eyectado ahora de su cargo en el INDEC por Milei- no es un héroe, ni mucho menos; como no lo fue Todesca en el gobierno de Macri, cuando primero ejecutó el apagón estadístico funcional a la brutal transferencia de ingresos con que se inició, y luego jugó a que le interesaba garantizar la autonomía del organismos responsable de las estadísticas públicas. 

Lavagna recorrió el mismo camino: pega el portazo porque no lo dejan poner en marcha el nuevo IPC, pero antes aceptó toquetear políticamente casi todos los indicadores, como el estimador de la actividad económica (para no reconocer con todas las letras que la economía entró en recesión), los ingresos de los trabajadores informales (para hacer ver que le ganaron a la inflación), las cifras de evolución del empleo (para ocultar que lo que avanza es la precarización laboral) y el índice de pobreza (manipulación de la que Milei saca sus fantasiosas cifras sobre argentinos que la abandonaron). Y aceptó postergar la puesta en marcha del nuevo IPC hasta después de un año electoral, con Alberto y con éste gobierno.

Para todos los gobiernos los indicadores del INDEC (el IPC y otros similares no son estadísticas en sentido estricto, sino meros indicadores) son -como dijimos- un problema mucho más político que técnico, y el de Milei no es la excepción: lo que pasó no es tanto que la inflación estaba mal medida, sino que la política económica diseñada y ejecutada con el casi exclusivo propósito de disminuirla -sin importar los costos- fracasó estrepitosamente.

La saga del IPC y la salida de Lavagna son así otros datos más que vienen a confirmar el fracaso absoluto de la teoría monetarista de la secta austríaca de la cual Milei es devoto para explicar las causas de la inflación, y peor aun, para contenerla. Y el daño que las políticas desplegadas  a ese fin (sin éxito hasta acá) causaron a los sectores de ingresos fijos (asalariados, jubilados), aun medido por el índice cuestionado, es grande; y todo indica que si se lo revisa a la luz del nuevo indicador, es mayor: la certificación en números del fracaso social del experimento libertario. De hecho, el gobierno de Milei le puso un cepo a las paritarias no validando aumentos salariales por encima del IPC (trucho), y la mayoría terminaron cerrando por debajo de es marca dibujada por Lavagna.

Indicadores al margen y más allá de quien esté a cargo de su elaboración o cuáles sean las pautas técnicas que se utilicen, lo cierto es que hace siete meses que la inflación sigue subiendo y todo indica que lo va a seguir haciendo, por decisiones del gobierno; como los tarifazos, la quita de subsidios y la nueva política cambiaria de ajustar las bandas de flotación del tipo de cambio a la inflación. Ese es el estricto orden de los sucesos, y no al revés como pretenden el gobierno y los medios del régimen luego de su papelón con el IPC: que todo hasta allí venía bien y la cagaron haciendo ruido con la salida de Lavagna. 

Sin rezagos monetarios de la gestión anterior, sin riesgo kuka, ni electoral: el fracaso en la lucha contra la inflación (principal y casi único objetivo de la política económica) es todo de Milei, el autopercibido experto en hacer crecer la economía con y sin dinero. Y lo es como efecto deseado y buscado de la brutal transferencia de ingresos entre sectores que instrumenta su gobierno, para reconfigurar las relaciones de fuerzas al interior de la sociedad. Objetivo al que la reforma laboral trata de cristalizar para que no pueda ser modificado a largo plazo.

Y si algo deja claro el affaire Lavagna, IPC e INDEC no es tanto que deben revisarse pautas técnicas (algo que nadie discute ya hace tiempo), sino que además de haber perpetrado el crimen, lo que están intentando hacer ahora es borrar sus rastros; de allí que el nuevo indicador entró en el limbo de "se hará cuando lo consideremos conveniente".

Lo que no queda claro es si todo esto (la política económica, sus efectos sociales y el papelón del INDEC) afectará políticamente y en un futuro electoral a Milei y su experimento libertario: hay testimonios a diario de que entre su base social y electoral la adhesión al gobierno no requiere de certezas o argumentos (como aspectos de la gestión que puedan destacarse), sino más bien cuestión de fe. Como creer en los indicadores del INDEC.

jueves, 5 de febrero de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

martes, 3 de febrero de 2026

A SABLAZOS CON LA HISTORIA

 

Se cumplen hoy 213 años del combate de San Lorenzo, el bautismo de fuego de los granaderos a caballo creados por San Martín, y la única acción militar que el Libertador libró en nuestro actual territorio. Y se cumplen en medio de la polémica causada por la decisión de Milei de volver a trasladar el sable corvo del Padre de la Patria del Museo Histórico Nacional, al cuartel del regimiento, que se instrumentó mediante el Decreto 81 publicado hoy en el Boletín Oficial.

La medida deja sin efecto el Decreto 843/15 dictado por Cristina (en el video instrumentando su decisión de entonces) que le otorgó a la reliquia histórica su actual destino, a tono con la decisión de los herederos de Juan Manuel de Rosas que así lo dispusieron luego de muerto el Restaurador. Y significa en términos prácticos reponer el decreto de Onganía, que en su momento y violando esa intención dispuso trasladarlo al regimiento, luego de que sufriera dos robos por militantes de la Juventud Peronista en los tiempos de la proscripción y la resistencia.

Esa es la historia más o menos conocida, revisitada en estos días a raíz de la decisión anunciada (habrá que ver si se concreta) del cosplayer demente que nos gobierna, que se caga no solo en la voluntad de los legítimos herederos de Rosas (a quien San Martín le legara el sable), sino -y esto es mucho más grave- también en los valores que la espada representa: la defensa irrestricta de nuestra independencia, soberanía y dignidad como nación, tanto como la negativa a empuñarla en contra de sus hermanos, en las disputas políticas intestinas.

Cabría preguntarse si la frivolidad de Milei (orgulloso de haber sido proclamado "granadero honorario" por la obsecuencia servil de quienes circunstancialmente comandan el regimiento histórico) le permite comprender cabalmente los valores que pone en juego con sus payasadas, o para su mente adolescente todo es parte de algún juego de rol. En estos tiempos bizarros que nos toca vivir, todo es posible.

Lo cierto es que si los rumores que circulan se confirman y el presidente aparece disfrazado de granadero y blandiendo el sable del Libertador la vergüenza nacional que padecemos a diario desde hace dos años habrá escrito otro capítulo, y registrado una nueva marca de indignidad. Que acaso sea lo que en el fondo buscan los que nos han convertido en menos que Puerto Rico o la isla de Guam, dependencias semi-coloniales del imperialismo yanqui.   

Tal parece que suponen que el sable de San Martín y todo lo que él representa -a esos fines, y en éste contexto de degradación nacional- debe ser despojado de su potencia simbólica y de su significación histórica, porque una colonia (como lo somos hoy en términos prácticos) no merece siquiera atesorar glorias pasadas que recordar con respeto y reverencia. Lo sepa o no el presidente, lo busque o no, lo comprenda o no su mente estrecha, juega con cosas que no tienen repuesto.

Con el silencio complaciente de los herederos del mandarinato cultural mitrista que se creyó por décadas dueño del pasado de los argentinos, escrito y reescrito a su gusto: lo que molesta del sable de San Martín es que se lo haya dado a Rosas por las razones concretas que se lo dio, y de ese desgarramiento que produjo el testamento del Libertador en toda nuestra oligarquía política, económica y cultural devienen todas estas payasadas; desde las pretendidamente "serias" como en su momento el decreto del circunspecto cursillista Onganía, hasta las francamente ridículas como el de la performance bizarra que ensaya Milei, que bien nos la pudo haber evitado si de chico sus padres le regalan el trajecito de granadero para algún cumpleaños, o la réplica del sable que traía la revista "Anteojito".

Todo es consecuencia de que una parte de la Argentina no pudo nunca aceptar que el héroe por antonomasia de nuestra patria haya elegido trascender legando su posesión más preciada, nada menos que al maldito de la historia oficial, y nada menos que por haber defendido nuestra soberanía mientras otros -como Mitre y su progenie política- conspiraban con el extranjero para anularla.

El país tiene ciertamente en estos tiempos temas mucho más acuciantes y urgentes que estar discutiendo en torno a la última ocurrencia infantil o adolescente del presidente, si. Pero el sable de San Martín y lo que representa nos habla -con un claro mensaje que viene de la historia- de todos ellos.

Tuits relacionados:

lunes, 2 de febrero de 2026

CLIMA DE ÉPOCA

 

La traición a las banderas históricas del peronismo que encarnó Menem en sus dos gobiernos contó con el acompañamiento de buena parte de la dirigencia política y sindical del movimiento fundado por Perón. Y todos los que protagonizaron aquel intento por desmantelar las bases de la Argentina peronista lo justificaron diciendo que los tiempos habían cambiado, y había que adaptarse al nuevo clima de época.

Era el momento de la caída del muro de Berlín y con él de los socialismos reales del este europeo, el triunfo del capitalismo parecía avasallador y definitivo y el "clima de época" (así nos decían) se expresaba en las políticas del Consenso de Washington: retiro del Estado de la economía y las actividades empresariales e incluso de su rol regulador, privatizaciones y apertura indiscriminada, flexibilización laboral, liberación de los flujos de capital, globalización financiera.

La idea de adaptarse al clima de época volvió con fuerza durante el gobierno de Macri (cuando ya se daba por definitivamente terminada a la experiencia kirchnerista) para desaparecer al poco tiempo cuando su intento de reelección fracasó luego de que lo hiciera su gobierno, que también se imaginaba abriría un ciclo de derecha perdurable; y está presente nuevamente hoy en el peronismo colaboracionista con el régimen de Milei, que le aporta apoyos decisivos en el Congreso, e incluso se da el lujo de disimularlo como una rebeldía contra el liderazgo de Cristina, como acaba de hacer con una cobardía mayúscula el minúsculo gobernador de Salta.

Es el resurgir -una y otra vez- de la idea de reducir al peronismo a una copia vernácula del PRI mexicano (sin reparar en el destino final que tuvo el original): una maquinaria de poder puramente pragmática y carente de ideología, que justifica sus cambios de piel en -justamente- "saber adaptarse al clima de cada época" para conservar el poder. Por cierto: hoy esa idea ni siquiera alcanza a vertebrar (como se soñó en vano en otros tiempos por algunos) un peronismo nacional post-kirchnerista, y apenas alcanza para retener ciertas situaciones comarcales, sin una visión del país en su conjunto y escaso interés por construirla: ahí va el "cordobesismo" -último intento en ese sentido- rumbo a la extinción y con riesgo de perder en el propio terruño, devorado por su experimento de construir un peronismo antiperonista.

Tanto se habla de ello, que alguna vez habrá que discutir que se entiende por clima de época, como se lo mide, que supone y si hay un solo clima para cada época, o existen climas superpuestos en una misma. Porque la experiencia histórica indica que lo que se suele llamar así sospechosamente coincide como dos gotas de agua en el rumbo, las políticas, las decisiones y los modelos políticos, económicos y sociales que se aplican en su nombre, con intereses muy concretos y muy poderosos.

Algo de todo esto insinuó Milei en Davos cuando en medio de sus ensoñaciones teóricas decretó la muerte de Maquiavelo, es decir de la política entendida como conflicto y como dilema moral: el capitalismo (o anarco capitalismo en su versión práctica desplegada en el gobierno) no solo habría demostrado ser más eficiente sino más justo, y más aceptable moralmente; y por ende es irracional resistirse a su avance. Jeffrey Epstein podría decir un par de cosas al respecto, y de hecho lo están diciendo sus archivos, pero en definitivas la idea no es más que la revisitación de Fukuyama y su sentencia sobre el fin de la historia, justo cuando el propio autor original la está matizando.

En tiempos de Perón -por ejemplo- cabría preguntarse quien supo leer mejor el clima de época: el propio Perón dándole cauce político y soluciones concretas a la naciente clase obrera industrial, o la dirigencia de los partidos políticos tradicionales reunida en la Unión Democrática que -en tiempos de Bretton Woods primero, y el plan Marshall después- proponía reemplazar el tutelaje del león británico por el del imperialismo yanqui, de la mano de su mismísimo embajador; y planteó el dilema nacional en términos del conflicto europeo. Y lo decimos porque para Perón su lectura del clima de época no supuso un jardín de rosas, exento de conflictos: no es necesario recordar como terminó aquella primera experiencia del peronismo en el gobierno.

Un dilema padecido afrontó -muchos años y dictaduras y fracasos democráticos después- Néstor Kirchner, que eligió no subirse a la ola anti-política del "que se vayan todos" (clima de época del final del modelo de la Convertibilidad), y muy por el contrario decidió reivindicar el rol de la política y el del Estado, como el modo para salir de la crisis. Y los resultados electorales, políticos, económicos y sociales -así como las tensiones resultantes de esa decisión, continuada y profundizada por Cristina- los podemos ver aun hoy, aunque quieran que nos olvidemos de lo primero, y reduzcamos los segundos a los modos de la dos veces presidenta, cosa que -por supuesto- hoy con Milei dejó de ser un asunto de primer orden. 

Como pasó con Perón y su derrocamiento, proscripción y exilio, la estadía forzada de Cristina en San José 1111 y el torpe intento de poner fin a su carrera política a través del aparato judicial es consecuencia directa e inmediata de esa lectura que hizo el kirchnerismo del "clima de época". Lo que nos lleva a suponer que para muchos la muletilla -más que solo una muestra de pragmatismo- es un burdo intento de teorizar la claudicación política o el abandono de las banderas históricas del peronismo, pero conservando el usufructo de la franquicia.

En ambos procesos históricos -el peronismo original y su encarnación kirchnerista- se adoptaron decisiones que eran respuestas inmediatas a demandas urgentes de la sociedad de su tiempo (si nos atenemos a la expresión usual, se respondió al "clima de época"), pero también se hicieron cosas que nadie (o muy pocos) pedían, porque había que hacerlas; demostrando así que no todo en política es inmediatismo ni seguidismo compulsivo de las encuestas y los focus group: está la dimensión de lo ético y lo justo, que debe atenderse aunque no reditúe en lo inmediato beneficios electorales, así como la mirada estratégica de largo plazo, el diseño y construcción de un proyecto de país o los contornos y límites concretos pensados para el ejercicio democrático, más allá de los cambiantes humores sociales de un momento dado; por lo demás medidos usualmente de modos como mínimo cuestionables.

Con frecuencia prestamos tanta atención y dedicamos tanto tiempo a lo accesorio (como los modos de comunicación política o de producción de sentido) que, con todo y su importancia, nos llevan a olvidarnos de lo principal: las sociedades (todas), sin importar su estratificación particular en clases o como se perciban al respecto sus integrantes, son en esencia escenarios de múltiples conflictos de intereses en pugna por imponerse; el Estado (más allá de su tamaño y roles concretos) es siempre un territorio en disputa y la política es (aun por defecto) la representación de intereses y el arbitraje entre ellos.

De allí que cualquiera sea el "clima de época" imperante o lo que se entienda por tal cosa, el diseño de una propuesta opositora al régimen de vergüenza y saqueo que nos desgobierna no puede perder de vista estas premisas, más allá incluso de candidaturas, diseños electorales o estrategias de campaña. Para adaptaciones más o menos acríticas al "clima de época" el régimen se basta a sí mismo, y no nos necesita a nosotros.