LA FRASE

"TIENE QUE VOLVER LA CULTURA DEL AHORRO EN EL PAÍS, POR ESO CREAMOS UN SISTEMA EN EL QUE EL TRABAJADOR AHORRA PARA PAGARSE SU PROPIO DESPIDO." (FEDERICO STURZENEGGER)

lunes, 16 de febrero de 2026

LA LEY HUÉRFANA

 

Un cuarto de sigloatrás la "ley Banelco" aprobada en el Congreso nacional desataba un escándalo que terminó precipitando -junto con el "corralito" y la implosión de la convertibilidad- la caída del gobierno de De La Rúa, y una de las más profundas crisis de nuestra historia.

Durante mucho tiempo -quizás hasta hoy- el episodio quedó asociado a un caso de sobornos y subsumido en él; caso en el que el gobierno de entonces les pagó con fondos reservados de la SIDE a un grupo de senadores peronistas para que votaran a favor de la ley. Sabido es que en la justicia (como pasa siempre que el involucrado en delito no es Cristina ni ningún funcionario de sus gobiernos) finalmente todo quedó en la nada. 

De lo que se habla poco (casi nada) es del contenido de la ley: una reforma laboral flexibilizadora impulsada a pedido del FMI y de los grandes grupos empresarios. Como la de ahora, claro que no tan grave ni regresiva, o mejor dicho: lo era, pero la actual se sale de toda escala. Y como suele pasar cada vez que se produce un caso (real o presunto, para el caso lo mismo da) de coimas o sobornos, conocemos los nombres de los sospechosos de cobrarlos, pero jamás de los que los pagaron: es como si al dinero del caso se lo hubieran encontrado en la puerta de la casa en una canastita, como a Moisés. 

Hace poco volvió a pasar con el voto del senador Kueider en la ley de bases; nadie se preocupó mucho por saber quienes le pagaron la coima para que votara una ley escrita por los estudios jurídicos que asesoran a los principales grupos económicos del país. Los mismos que redactaron la reforma laboral que ya tiene media sanción del Senado, y que el gobierno de Milei quiere aprobar esta misma semana. 

Reforma laboral a la que ahora parece que le "descubrieron" con fingida sorpresa un artículo introducido en el debate en el Congreso entre gallos y medianoche, de resultas del cual a los trabajadores que padezcan una enfermedad o accidente (vinculado o no con sus tareas) se les dejarán de pagar sus salarios íntegros.

42 senadores votaron el artículo (una amplia mayoría), pero al parecer nadie sabe quien lo puso en el texto, y los empresarios niegan haberlo pedido; y da la casualidad -justo, señora, vea- que caga a los trabajadores desde arriba de un pino. Como todo el resto del articulado de la ley, digamos.

Porque hay que ser claros en éste punto: aunque la Cámara de Diputados se tomara el trabajo de eliminar la norma controvertida del texto que va a votar, y el proyecto vuelva al Senado para que allí decidan si aceptan el cambio o no, y aun lo aceptaran, la ley de reforma laboral seguiría siendo una perfecta y completa mierda esclavista, flexibilizadora y perjudicial para los derechos e intereses de los trabajadores (registrados o no, actuales o futuros), por donde se la mire.   

Leyes aprobadas mediante sobornos, Congresos vallados con amplios despliegues represivos propios de una dictadura, debates express y poco claros, toqueteos promiscuos hasta el momento mismo de la votación en los textos, orfandad de autores públicos que asuman una iniciativa parlamentaria y puedan defenderla con argumentos, trámite legislativo a los cachetazos sin participación de la sociedad civil, argumentos falseados.

El menú completo que se despliega cada vez que el Congreso va a votar una ley impresentable, que atiende a intereses privilegiados, minoritarios y bien concretos, que se cuidan bien de aparecer en público confesando la autoría del esperpento de ocasión. Una dinámica a la que la actual reforma laboral no es ajena.

Y una muestra de que la degradación de nuestra democracia (que a 50 años del último golpe ha llegado a su punto más bajo de descomposición) no solo radica en la política, que ciertamente carga con buena parte de responsabilidad al respecto. De hecho, la parte mayor en ello la tienen los que nunca son votados ni se remiten al juicio de la ciudadanía (que también aporta lo suyo votando cualquier cosa sin siquiera arrepentirse a veces), pero terminan ganando con (casi) todos los gobiernos; y reclamando también -en todos los gobiernos, pero sobre todo en los que afectan sus intereses- mayor calidad institucional.

domingo, 15 de febrero de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

sábado, 14 de febrero de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

viernes, 13 de febrero de 2026

LA VÍSCERA MÁS SENSIBLE

 

Diez años y dos meses pasaron desde que Cristina se asomó por última vez al balcón de la Casa Rosada como presidenta de los argentinos. Durante todo ese tiempo nunca dejaron de perseguirla mediática y judicialmente, hasta lograr su condena con prisión efectiva e inhabilitación para ocupar cargos públicos, hace casi ocho meses.

Tres años y cinco meses pasaron desde que intentaron asesinarla en vivo y directo por las cámaras de la televisión, en horario central; sin que hasta hoy se sepa quienes fueron los autores intelectuales del intento de magnicidio; aunque es fácil suponerlo. El discurso que abre el post es de hace 14 años atrás, y la advertencia que ella formulara entonces -como tantas otras veces- se empezó a cumplir en la madrugada del jueves, con la media sanción de la reforma laboral.

En esa década larga desde que el kirchnerismo (en su versión original) no gobierna el país y frente a la experiencia macrista primero y frente al fenómeno libertario después, nos inundaron con análisis tendientes a "complejizar" las cosas, que muchas veces no fueron más que distractores del dato esencial: desde el 2015 para acá (incluyendo la fallida experiencia del gobierno del FDT) los salarios viene perdiendo por goleada la puja distributiva, la distribución social del ingreso es cada vez más regresiva y la ofensiva del capital para precarizar condiciones de trabajo es -como en los tiempos en que Cristina gobernaba- sostenida y permanente.

De allí que haya que desconfiar de todas esas lecturas "complejizadoras" que omiten ese dato relevante, como el igualmente relevante -e íntimamente conectado- de la persecución, intento de magnicidio, condena y proscripción de Cristina. Tan conectado que corrida ella de la escena, están a punto de lograr con Milei lo que no pudieron con la dictadura, ni con Menem ni con Macri: retrotraer el estado de la legislación y las relaciones laborales en el país a 1943.

Y no se trata de que Cristina sea un personaje excepcional (que sin dudas lo es), sino de que su persecución ha logrado hasta acá en el campo de la política (incluyendo al peronismo) el efecto aleccionador buscado; y de allí que no haya que extrañarse que engendros como la reforma laboral escrita por los estudios jurídicos que asesoran a las más grandes empresas y grupos económicos del país y formalmente presentada por LLA en el Congreso haya tenido un respaldo tan generalizado, y al mismo tiempo tan débil resistencia sindical, considerando lo que estaba en juego. 

El conflicto central de la Argentina sigue siendo el mismo que era en 1945, y parió el 17 de octubre, pero en el medio pasaron cosas, que todos podemos recordar, o leer en los libros de historia. Y la víscera más sensible del hombre sigue siendo el bolsillo como decía Perón, aunque esa verdad de puño la recuerden con más frecuencia los empresarios, que muchos trabajadores.

Si perdemos de vista esa verdad tan sencilla y elemental -que nos refrescaba Cristina hace 14 años- no vamos a entender nada, por más esfuerzos intelectuales que hagamos para "complejizar" el cuadro, o tomar nota de las (muchas) cosas que cambiaron desde entonces, mientras por detrás siguió siempre vigente lo principal: la disputa por el reparto de la torta.

Y no solo no vamos a entender nada sino que, como peronista y por ende parte del movimiento nacional y popular (hoy en tiempos de derrota y retracción) quedaremos condenados a la extinción, o como decía Cooke, a la esterilidad histórica. Ojo, hay hoy (como hubo incluso con Perón vivo) quienes nos proponen ese camino: acomodarse al solcito del status quo, y permanecer como sus garantes contribuyendo a la "gobernabilidad".

Con el cuento de la "complejización" y las "autocríticas" (que curiosamente nunca llevan a profundizar el rumbo seguido por los gobiernos de Néstor y Cristina, sino a abandonarlo) quieren que pensemos que las viejas banderas históricas han perdido vigencia, cuando la tienen más que nunca. Tanto, que ellos se ocupan de perseguir concienzudamente a cualquiera que se atreva a volver a levantarlas, e intentar ponerlas en práctica: que lo diga Cristina si no.

Banderas que a su vez están entrelazadas entre sí, al punto que Perón pudo señalar como objetivos de su movimiento la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo; o como dice la novena de las 20 verdades: "La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.".

Tuits relacionados: 

jueves, 12 de febrero de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

miércoles, 11 de febrero de 2026

UN POCO DE MEMORIA

 

Acá en versión más corta, por si andan cortos de tiempo:


Tuits relacionados:

UNICORNIOS

De no mediar alguna sorpresa de último momento, todo indica que hoy o en las primera horas de mañana el Senado de la nación le dará media sanción al proyecto de reforma laboral que impulsa el gobierno de Milei. Hasta los propios dirigentes de la CGT reconocen que el gobierno tiene los números para imponer la iniciativa, lo que no quita que en el transcurso del debate se le hagan cambios, o se le poden algunos de los aspectos más controvertidos, sin afectar su esencia flexibilizadora y de recorte brutal de los derechos de los trabajadores.

Parece mentira que algo tan trascendente y perjudicial para los derechos de millones de argentinos, que arrasa con décadas de derechos y conquistas vaya a suceder casi sin pena ni gloria, con la simplicidad de un trámite burocrático y sin que ni siquiera los senadores deban sesionar mientras el país está paralizado por una huelga general, porque la CGT -una vez más- no consideró prudente convocarla para defender a sus representados. Pero es lo que ocurrirá, sin que tampoco haya -como en el 17 de octubre- una reacción espontánea de esos mismos representados, en defensa de sus derechos: la reforma parece no ser tema de conversación social, directamente. 

Por supuesto que las primeras responsabilidades por haber llegado a éste estado de cosas son de la dirigencia sindical, en especial de la nucleada en la CGT: la otrora columna vertebral del peronismo y el movimiento nacional hace años ya que viene padeciendo escoliosis, y está lejísimos de representar a los trabajadores, aun a aquellos sindicalizados y con empleo formal, que hace rato también que dejaron de ser la mayoría. Una reforma laboral que -entre otras cuestiones- ataca el corazón de la organización sindical desmantelando la negociación colectiva y las paritarias y nulificando en los hechos el derecho de huelga garantido por la Constitución, no mereció de la CGT un paro general, como los cinco que le hicieron a Cristina por Ganancias: ¿será que no les preocupa perder herramientas que son reacios a utilizar?

Un sindicalismo que por décadas se acostumbró a pensar y actuar con mentalidad empresaria (más precisamente desde que Onganía y Rubens San Sebastián les concedieron la legislación de obras sociales) y está más preocupado por los números de sus gerenciadoras de salud, no vio venir a tiempo los cambios que se gestaban en el mercado laboral, desde hace mucho tiempo. Ahora que está de moda achacarle al kirchnerismo toda la culpa del fenómeno libertario, y pedirle que haga autocrítica y comprenda que el país y el mundo cambiaron, no está de más recordar que esos cambios ya estaban sucediendo aun cuando el país crecía, pero los dirigentes de la CGT eligieron poner en el primer plano de sus prioridades los fondos de las obras sociales, y el reclamo impositivo de una minoría incluso dentro de los trabajadores registrados; y Cristina planteó -en soledad y en vano- discutir esas cosas con una mirada más amplia, del conjunto.   

Claro que el sindicalismo y la CGT no son los únicos unicornios azules que se le perdieron al peronismo: por allí anda también la tantas veces evocada burguesía nacional, la otra pata del pacto social impulsado para canalizar la puja distributiva, cada vez menos burguesía, y desde hace tiempo, cada vez menos nacional. En una economía fuertemente extranjerizada, el comportamiento empresario promedio -con honrosas excepciones, que resisten como pueden en un medio adverso- es el ausentismo, la fuga y la falta de compromiso social con el desarrollo del país y el bienestar de su gente; incluso cuando ese comportamiento atenta directamente contra sus propios intereses.

Y si no comprobemos que, sin distinciones de tamaños y escalas, la inmensa mayoría de los empresarios y sus organizaciones apoyan enfáticamente la reforma laboral que discutirá hoy el Senado, y si cuestionan algo son cuestiones accesorias, que tienen que ver con el financiamiento de esas organizaciones vía los aportes de sus representados, pautados en las paritarias, algo en lo que coinciden con el sindicalismo. Algunos atinaron a esbozar un cuestionamiento a la primacía de la negociación colectiva de ámbito menor o por empresa, pero casi ninguno ha dicho nada respecto a la virtual desaparición de todos los principios protectorios del derecho del trabajo que plantea la reforma: de hecho los apoyan enfáticamente, y compraron por bulto cerrado el argumento oficialista de que es un cambio imprescindible para generar más empleo.  

Hablábamos antes del pacto social como la estrategia tradicional del peronismo para arbitrar y conducir desde el Estado la puja distributiva, y lo que viene sucediendo es que quienes la están ganando desde hace una década (el capital, en desmedro del trabajo) no tienen ninguna intención de moderarse ni de ceder nada, y por el contrario apoyan con fuerza una reforma laboral que si prospera, cristalizará por tiempo indeterminado una redistribución social regresiva del ingreso, en términos comparables a los existentes antes del advenimiento del peronismo; y un modelo de país en el que sobran millones de argentinos, que viven y consumen acá, en el país.

De ese modo, ese otro unicornio azul perdido por el movimiento nacional estará terminando de entregar un mercado interno (apostando a la pauperización perenne de los salarios a escala africana) ya jaqueado por la apertura indiscriminada de las importaciones, y una estructura industrial amenazada además por la política de apreciación cambiaria, y los acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y Estados Unidos. A propósito: el estruendoso silencio de la mayoría de nuestro empresariado y sus organizaciones respecto a semejante avance consentido por la Argentina contra su entramado industrial (amenazando incluso rubros en los que el país había alcanzado cierto grado de desarrollo alto para los estándares de un país latinoamericano), debe contraponerse con su entusiasta apoyo a una reforma laboral que no le sirve a casi nadie, no resuelve ninguno de los problemas del país y sus empresas, y por el contrario los agravará. 

La tarea de salir del marasmo en el que está dejando el gobierno de Milei al país no es solo responsabilidad de la política (que es ciertamente la primera responsable en ese terreno) y no es es solo cuestión de arquitecturas electorales eficaces y acuerdos políticos amplios: tiene que tener anclaje social, para ganar volumen representativo y capacidad de enfrentar al núcleo de intereses concentrados -nacionales y sobre todo extranjeros- que es el sostén real del experimento libertario. 

Y construir ese anclaje habrá que hacerlo con la sociedad real y no la imaginada, incluyendo en ella el sindicalismo y el empresariado que ¿supimos? conseguir. Al mismo tiempo, la salida de la crisis no puede ser de otro modo que con una alternativa política que se plantee como su primera prioridad un fuerte shock redistributivo del ingreso nacional, en un contexto de dificultad. Nadie dijo que fuera fácil.