LA FRASE

"DIEZ DÍAS ENCERRADO EN OLIVOS PRACTICANDO EL PASO DE GANSO PARA EL ACTO DE SAN MARTÍN, Y ME LO PONEN AL LADO AL MACRI RENGO." (JAVIER MILEI)

miércoles, 19 de agosto de 2026

MILEI, STURZENEGGER Y EL GOBIERNO DE PAPEL

 

El gobierno de Milei son varios en uno, actuando en planos simultáneos y superpuestos: hay un gobierno "real"; que es el que planifica, orquesta e impulsa las medidas estructurales que verdaderamente importan, como el DNU 70, la ley de bases, el RIGI, la reforma laboral, la ley de glaciares o los enjuagues financieros de Caputo. O lo intenta, como con la fallida ley de extranjerización de la tierra, o la del manejo del fuego.

Es el gobierno del círculo rojo local y sus terminales en el exterior, tanto con poderes económicos multinacionales como con el eje de los Estados (EEU e Israel) que corresponden al alineamiento internacional que postuló Milei desde el principio, y es uno de sus principales puntales de apoyo. De ese gobierno Milei es simplemente el mascarón institucional, que debe utilizarse para guardar las formas de la democracia, aunque se degrade su sustancia.

Después hay un gobierno de los negocios, con grupos empresarios que -como lo han hecho en todos los gobiernos- rondan como aves de rapiña sobre los activos públicos y los "mercados regulados" atentos a quedarse con su tajada del desguace del Estado, con trampas que los pongan a resguardo de los avatares políticos y la encrucijada del cuarto oscuro. Y dentro de éste, el circuito de las mordidas para la caja chica (en comparación), en el que descuella la hermanísima presidencial, pero en el que abundan los descuidistas. 

Desde el grupo Clarín con la compra de Telefónica a los Neuss, pasando por Vila, Manzano, Filiberti, los belgas de Jan De Nul (que volvieron a quedarse por otros 30 años con la hidrovía) o los Saguier (dueños de La Nación) manoteando Tecnópolis, todo y cada uno de ellos están en lo suyo aprovechando la oportunidad (y provocándola) a través del oportuno contacto con alguna de las terminales del entramado libertario. Allí -más que en hipotéticas diferencias sobre las tácticas políticas a seguir- hay que buscar el origen de las supuestas internas en el gobierno con las que nos entretienen los medios como si fuera un culebrón televisivo de la tarde.

Luego está el gobierno de las boludeces para consumo de la gilada que se engloban bajo el rótulo de "batalla cultural", mundo en el que Milei (un gran alérgico al trabajo constante y el estudio profundo) se siente claramente más a gusto: las discusiones bizantinas a las que nos quieren llevar todo el tiempo como la baja de imputabilidad penal de los menores, el cobro a los extranjeros en los hospitales o expulsarlos del país por cualquier pretexto  o impedirles ingresar a las universidades, las peleas libertarias contra el lenguaje inclusivo, los feminismos, las políticas de género o por la denominación del día del niño. 

No es que no se trate de temas importantes (el alguno casos son indudablemente pavadas descomunales), sino que son abordados de un modo bizarro por gente muy limitada culturalmente (el presidente el primero), y que pone en ellos el origen de todos los males del país, con un simplismo abrumador. El gobierno "real" deja hacer allí a Milei y su claque para mantenerlos entretenidos, a condición de que se mantengan el rumbo y los negocios; y también porque comprenden que de un modo extraño así trata de contener a su base electoral original, frente a los efectos nocivos de las políticas de su gobierno; al mismo tiempo que distraen de lo esencial (que es el saqueo del país y el despojo de sus habitantes), en una típica maniobra de carterista.

En lugar de decir lo obvio -que el rey está desnudo, tiene mal olor porque no se baña y evidencia severos trastornos mentales y de conducta- le sostienen la ilusión de que estamos en presencia de un líder visionario, una especie de influencer mundial en la batalla cultural de la ultraderecha con el progresismo, la cultura woke y el socialismo y las izquierdas. Por allí (y alguna oportuna gestión de negocios) se explica la agenda internacional del presidente, que no es mucho más que una gira mundial en busca de premios bizarros en cónclaves de derecha más exóticos aun. 

Y finalmente está el gobierno de papel, el de las cosas impracticables o sencillamente delirantes que corporiza Federico Sturzenegger, que además de hacer de actuario recopilador de las demandas puntuales del poder económico, es sobre todo experto en encontrar un problema allí donde existía hace ya mucho tiempo una solución: barcos que naveguen nuestros ríos sin el auxilio de prácticos, medicamentos que se vendan sin ningún tipo de controles, coros de niños que deben desaparecer porque ponen en riesgo el equilibrio fiscal, camiones cada vez más pesados para rutas cada día más destrozadas y una larga lista de ideas surgidas no ya de la demanda social (aunque ciertamente siempre habrá público ávido de idioteces en la Argentina libertaria), sino de las conversaciones de Fede en sus círculos sociales.

Sturzenegger remeda para nuestros tiempos aquella figura grotesca de Rivadavia, "el hombre que se adelantó a su tiempo" en la célebre definición de Mitre, sobre la que hiciera blanco Jauretche en su "Manual de zonceras argentinas": el reformador en el papel de una sociedad que no entiende ni quiere entender, el ensayista de las soluciones problemáticas que deja prolijamente sin atender todos los problemas reales, que demandan respuestas urgentes.

Todos estos gobiernos existen, como se dijo antes, simultáneamente; y aunque todos ellos no tengan la misma importancia ni dimensión política y social, tienen algo en común: todos son nocivos para el país y para la inmensa mayoría de sus habitantes. Y está claro que hasta acá no han funcionado los remedios institucionales que contempla la Constitución para casos extremos, mayormente porque casi ni se intentaron; fuera por aquello de la "correlación de fuerzas", o por el miedo al brulote del golpismo. Porque motivos y causales sobran, y se multiplican todos los días.

Tampoco está claro que se consiga ponerles remedio a tantos males con nuestro voto en las elecciones del año que viene (de hecho casi la mitad del padrón viene pensando consistentemente que no, y de allí su ausentismo), si el pronunciamiento popular no consagra tanto un modelo verdaderamente alternativo, como la decisión de dar las peleas que haya que dar para cambiar las cosas, mientras se enfrenta la urgencia de reparar las consecuencias de tanto desatino, que son muchas. Y sin perder nunca de vista quienes dieron -y dan- su apoyo decisivo al experimento porque conviene a sus intereses, con todo lo que supone, incluidos (por acción u omisión) sus aspectos más bizarros.

martes, 18 de agosto de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

lunes, 17 de agosto de 2026

UN DISPARATE MAYÚSCULO

 

Que el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) contenido en la ley de bases es una completa porquería que no traerá ningún beneficio para el país ya se ha dicho hasta el cansancio: en su momento decíamos al respecto nosotros en ésta entrada: "Sin embargo el RIGI se sale por completo de la escala, estableciendo una serie de privilegios y prebendas a los inversores extranjeros que merecen sin duda el calificativo -que también le asignó Cristina- de nuevo estatuto legal del coloniaje. Un conjunto de beneficios estructurales que permitirían regalar nuestros recursos naturales estratégicos a cambio de casi nada, por al menos 30 años, y condicionando por al menos ese tiempo todas las acciones de política pública que pudieran adoptar al respecto los gobiernos futuros.".

"Es una rendición incondicional del Estado argentino a las exigencias del capital extranjero, sin ningún beneficio para el país. Para empezar, se resigna soberanía jurídica al aceptar que contratos firmados en el país para ser íntegramente ejecutados en él -en caso de controversias entre las partes- sean dirimidos en tribunales extranjeros, en especial el tristemente célebre del CIADI, y evaluados a la luz de los ignominiosos TBI (Tratados Bilaterales de Inversión) firmados por el menemato, que debimos haber denunciado hace tiempo. Pero hay más: el proyecto otorga a los capitales extranjeros que vengan a invertir en el país al menos 200 millones de dólares (un 15 % de los cuáles pueden destinarse a la compra de empresas y otros activos locales) estabilidad cambiaria (de las normas aplicables al mercado de divisas), tributaria y aduanera por 30 años, no rigiendo para ellos ninguna modificación que se apruebe durante todo ese tiempo, a menos que les resulte más favorable; y declara nulas todas las nuevas normas que pudieran dictar las provincias o municipios para gravar las actividades de los inversores, como si no estuviéramos en un país federal: casi una Constitución a su medida.".

"Les reduce la alícuota de Ganancias del 35 al 25 %, y en el caso de la distribución de dividendos para ser girados al exterior, es del 7 % los primeros dos años y solo del 3,5 % a partir de tercero. Las actividades están exentas de los derechos de importación y exportación (las retenciones), la tasa de estadísticas, pueden computar los pagos del impuesto al cheque a cuenta de Ganancias, pagar el IVA con certificados de crédito fiscal y amortizar aceleradamente los bienes de capital, lo mismo que ajustar los balances por inflación. Tienen libre disponibilidad de las divisas que obtengan por exportar desde el país (desde el 20 % con solo adherir al régimen, hasta el 40 % el segundo año y el 100 % de las obtenidas, desde el tercero), no se les pueden imponer restricciones para acceder a las divisas para importar, ni medidas para arancelarias (como las que protegen contra el dumping), ni restricción alguna a la exportación, ni la obligación de cumplir con el abastecimiento interno, ni al momento de adherir al régimen ni durante los 30 años de su vigencia. Lo dicho: la legalización del saqueo de nuestros recursos naturales, sin contrapartida.".

En síntesis, la consagración de vastas zonas de nuestro territorio nacional sometidas a un régimen legal de excepción, exentos de las leyes argentinas y de nuestros tribunales, con ventajas a pedido y a medida de capitales que -aun sin ellas, y antes de que se las concedan- son competitivos y obtendrían igualmente ganancias exhorbitantes por la ventana de oportunidad que se les abre, en especial en materia de hidrocarburos y la minería orientada a las llamadas tierras raras y metales de alto valor estratégico.

Pero como si todo esto fuera poco, el gobierno presenta como un logro que YPF (la petrolera cuya conducción para el Estado recuperó Cristina en 2012, con visión estratégica) presente proyectos en el marco de ese régimen de excepción y lo propagandice, siendo tomada como ejemplo de las bondades del experimento.

Cuando se expropió el 51 % del paquete accionario de la empresa por la Ley 26741, por su artículo 1 se declaraba "...de interés público nacional y como objetivo prioritario de la República Argentina el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos, así como la exploración, explotación, industrialización, transporte y comercialización de hidrocarburos, a fin de garantizar el desarrollo económico con equidad social, la creación de empleo, el incremento de la competitividad de los diversos sectores económicos y el crecimiento equitativo y sustentable de las provincias y regiones.". No casualmente ese artículo fue extirpado del texto de la ley en éste gobierno, por la Ley 27742 (ley de bases): no se podía dejar explícito el compromiso de la petrolera con el desarrollo nacional, y el crecimiento del país con inclusión social.

La misma Ley 26741 de 2012 en su artículo 16 (que rige hasta hoy) señala que la administración de la empresa debe hacerse "...conforme a las mejores prácticas de la industria y del gobierno corporativo, preservando los intereses de sus accionistas y generando valor para ellos;... a través de una gestión profesionalizada.", Es decir no se trata -y nunca se trató- de que YPF tenga déficit o pierda plata, sino de que no piense exclusivamente como maximizar sus ganancias para distribuirla entre sus accionistas; porque precisamente esa era la lógica (nefasta para los intereses del país) con que la manejaban lo privados, y condujo al cuadro de situación en el cual la expropiación era la única solución racional, para detener el saqueo y posible vaciamiento.

YPF ingresando al RIGI (y vanagloriándose públicamente de ello) queda exenta de todo compromiso de emplear mano de obra local para sus inversiones, o desarrollar en torno a ellas cadenas de valor integradas de proveedores locales de insumos y servicios; integrando con desarrollo zonas del territorio nacional y aportando a que el país superara su histórica restricción de divisas o disminuyera su dependencia en ese sentido del complejo agroexportador. 

De tal modo y aun cuando siga en manos del Estado que controla el 51 % de su capital  en un pacto de sindicación de acciones con las provincias petroleras, en lugar de convertirse -como había pensado Cristina cuando decidió expropiar a los accionistas privados- en la nave insignia del desarrollo nacional, se comporta como una promotora de la economía de enclave sin asumir compromiso alguno con el destino del país; como cuando estaba en manos del grupo Repsol. Un disparate mayúsculo que solo pudo tener cabida en éste gobierno de ocupación que padecemos los argentinos.

domingo, 16 de agosto de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

sábado, 15 de agosto de 2026

LECTURA RECOMENDADA

 

"En esta Argentina de pasado y presente tan turbulentos, estamos discutiendo política alrededor de la honestidad o de la popularidad de quienes tienen visibilidad en el ámbito, sin revisar las controversias conceptuales que definen nuestra capacidad de avanzar hacia el bien comúnEsto nos hace mucho mal, desde hace tiempo. Traslada la elección de nuestros representantes a encuestas de imagen personal, como si todo fuera cuestión de personas aisladas y además como si las encuestas surgieran del conocimiento personal, siendo que son fruto de la presencia mediática del candidato. He querido hoy hacer una breve reseña de grandes temas que deberíamos discutir, sea porque ignoramos su importancia o porque la presión cultural de la derecha ha conseguido que se adopten creencias equivocadas al respecto. Vamos de lo general a lo sectorial.".

"Por qué es importante no ser una colonia. Hace más de 500 años que la expansión colonial de los países más poderosos busca extraer recursos de otro lugar para fortalecer a la metrópoli. El concepto base no ha cambiado, desde el oro y la plata de Potosí para España, pasando por las carnes argentinas para las carnicerías inglesas o el petróleo de Vaca Muerta para Estados Unidos. Si toda la estrategia productiva se diseña en función de los intereses de uno solo de los países involucrados, el otro es una colonia. Los siglos han confirmado lo obvio. El que produce y exporta masivamente, dentro de un escenario hegemonizado por el que importa, pierde sus recursos naturales, no agrega más que un mínimo valor local, no retiene ganancias ni capital para invertir de forma independiente. No hay forma de disfrazar tal subordinación, ni con toda la tecnología informática del mundo.".

"Por qué es nociva la inversión extranjera indiscriminada. La inversión extranjera nunca ha superado el 20% del total durante el último medio siglo. Sin embargo, parte de nuestra derrota cultural es que nos han martillado que es imprescindible y hasta que es la única manera de crecer. Sin embargo, su capacidad positiva es centralmente el aporte de tecnología que permite la colocación internacional de bienes, que por otra parte debe ser articulada detrás del interés general, evitando que se deje de agregar posible valor local. Eso se contrapone con el giro de utilidades que resta inversión local,o la aplicación a comprar empresas nacionales que funcionaban bien, o los servicios comerciales, en que desde supermercados hasta bancos son innecesariamente de propiedad extranjera. Todo esto debe ser reglamentado.".

"El sistema financiero. Hace 50 años se dictó una ley de inversiones financieras siniestra que nunca fue modificada ni intentó serlo. Formando parte de una ola de avance hegemónico de las finanzas en el mundo se dio una libertad al capital de cualquier origen que hace que hoy los bancos nacionales, que eran fuertes, están acosados por una lógica que los va reduciendo a su mínima expresión, salvo el Banco Provincia de Buenos Aires. Todo el sistema debe ser repensado y transformado con urgencia, si es que queremos librarnos de una dependencia que es simplemente usura.".

"El control de la inflación. En este punto la victoria cultural de la derecha ha sido casi completa. Han sido capaces de convencer a muchos, hasta a los más pobres, que la causa de la inflación es el exceso de moneda en manos de los consumidores, que presionaría sobre una oferta insuficiente de bienes. Ese catecismo lo aplican aún cuando exista más de un 30% de pobreza y un ingreso per cápita con fuerte caída. Es muy perverso. La única inflación monetaria posible se da cuando existe pleno empleo y los salarios reales tienden a subir más que la productividad. En ese caso, puede aparecer presión de demanda sobre oferta estancada y en lugar de aumentar la producción, aumentan los precios. Nada que ver con la realidad argentina de hoy ni de ayer. Necesitamos que los buenos economistas – que los hay – se dejen de joder con sus temores a sacar los pies del plato y expliquen que son los sectores concentrados los que motorizan la inflación y cómo se los debería controlar.".

"El trabajo para todos. El mundo central viene debatiendo hace décadas la diferencia entre ingreso universal y el trabajo para todos, como salidas para reducir con fuerza la pobreza. Nadie ha tomado el guante en Argentina. Cada tanto se reivindica el ingreso universal, sin advertir que en un país con inercia inflacionaria, esa “solución” sería rápidamente cooptada por quienes se benefician con la inflación y la fogonean. Nunca se ha formulado al menos un borrador sensato de trabajo para todos, monitoreado por el Estado.".

"La innovación tecnológica. La aplicación de la ciencia y la tecnología en todos los órdenes de la vida es claramente un factor clave para el bien común. Sin embargo, en la producción de bienes y servicios eso no es un hecho que se dé automáticamente. Allí, la innovación apunta a aumentar la productividad y si los frutos de esa mejora no se reparten con equidad, puede contribuir a aumentar la concentración en favor de los que más tienen. Tal encrucijada se ha dado en varios momentos históricos y se da hoy con fuerza en relación a la inteligencia artificial, que puede perjudicar a grandes sectores de la ciudadanía. No discutimos ni encauzamos esto adecuadamente.".

"La economía popular. La organización de los excluidos de la producción por el neoliberalismo se plasmó en los últimos 25 años, pero quedó a cargo de los propios excluidos, que buscaron fortalecerse definiendo una identidad propia – “la economía popular” – que incluso es materia frecuente de estudio en universidades y ámbitos científicos, que creen así ayudar a los que sufren. Sin embargo, casi sin excepciones – la única podría ser en parte la economía del cuidado – se han pensado como apéndices proveedores de bienes y servicios a segmentos del neoliberalismo, en condiciones de clara subordinación y baja retribución. Es necesario repensar todo el tratamiento porque efectivamente es posible y necesario proponer un plan distintivo para los excluidos, pero este plan debe apuntar a soluciones eficientes para atender necesidades básicas, con participación de los que tienen las necesidades. La economía del bien común entra en colisión con la lógica de estos años de los que han propugnado la economía popular y debemos entender por qué.".

"La asistencia social como factor de desarrollo. La debilidad de análisis del escenario anterior lleva a omitir el potencial de desarrollo que implica generar bases productivas locales para atender la alimentación escolar; el déficit de vivienda; la indumentaria; el cuidado de niños, enfermos o ancianos; la recreación comunitaria. En todos estos casos y más debemos dejar de pensar en cómo entregar los bienes finales para pasar a conseguir que sea el propio tejido social el que implemente soluciones, lo cual llevará no solo a cambiar la naturaleza de la inversión pública sino también a generar patrimonio en lugares donde solo había demandas de subsistencia. Otro debate pendiente."

"Podría seguir con temas productivos, educativos, de organización de la salud, de toma de decisiones en el sector público. El punto a asumir es que no solo se requiere programa operativos serios y meditados, sino junto con eso un pueblo que a través de la reflexión colectiva vaya desembarazándose de los dogmas neoliberales y construya ideas comunes que sustentan el bien común. Hasta pronto."

viernes, 14 de agosto de 2026

TWEETS POLÉMICOS

 

jueves, 13 de agosto de 2026

EL CICLO SIN FIN

 

Un gobierno de derecha llega al poder creando expectativas de grandes cambios que -esta vez sí- darán resultados, y sacarán al país del atraso y la decadencia. Fracasa estrepitosamente, salvo en la puntual atención de intereses bien concretos, que son los que impulsan sus políticas.; y su fracaso abre la puerta a un nuevo gobierno popular, que llega en escenarios cada vez más condicionados por el contexto: el retroceso en términos de calidad de vida de la población es cada vez más profundo que la experiencia anterior, y el margen de maniobra del gobierno para ensayar otras políticas es cada vez menor.

De la lectura de ese cuadro de situación (sin profundizar demasiado en sus causas) nacen intentos conciliadores, ya desde el mismo diseño de las alianzas, la arquitectura electoral, las estrategias de campaña y hasta la selección de los candidatos: se asume que el único camino posible es ir con pies de plomo, postergar definiciones y cambios estructurales para no malquistar a los que realmente mandan, y se lo explica desde teorizaciones sobre el posibilismo y las correlaciones de fuerza; como en campaña se trató de capturar un imaginario centro social, eludiendo las polarizaciones.

En ese contexto y sumando las restricciones reales existentes, el gobierno popular parece condenado de antemano al fracaso, porque el poder económico (sin ninguna autocrítica por el fracaso de su ensayo anterior) toma cualquier intento de conciliación como agitar una bandera blanca de rendición, y actúa en consecuencia, jaqueando al gobierno para reducir aun más su margen de decisión y asegurarse que no pueda siquiera rozar sus intereses.

Y así como la derecha fracasa en su intento de estabilizar por la vía democrática el consenso social en el sostenimiento de un proyecto que convenga a sus intereses (aunque estos sean rápida y convenientemente atendidos por los gobiernos del palo), para las experiencias nacional-populares el fracaso es doble: no consiguen resultados electorales que les permitan estabilizarse políticamente, ni tampoco garantizar la atención de los intereses objetivos y concretos de su base electoral, cuya reparación de los estragos de las política neoliberales es siempre tardía, incompleta o escasa. 

Para peor, no toda la dirigencia alcanza a percibir que lo primero es consecuencia directa de lo segundo; todo lo cual crea la plataforma ideal para que la derecha vuelva a utilizar a discreción sus armas de seducción masiva y sus dispositivos de construcción de sentido (adaptados en sus modos y plataformas de lanzamiento a los tiempos y la tecnología disponible) para volver a ganar en elecciones libres (al menos del fraude tradicional, y por ahora).

Una vez vuelta al gobierno (porque al poder no lo sueltan nunca) volverán a plantear que el modelo no solo es el correcto sino el único racionalmente posible, que los que fallaron fueron los circunstanciales ejecutores y que es necesario ir más rápido y a fondo, sin ninguna concesión a gradualismos y acuerdos políticos. Por el contrario, reclaman una Moncloa criolla que integre a los márgenes del régimen a parte de los formalmente opositores, para consensuar políticas de Estado (es decir, las que convienen a sus intereses) a largo plazo.

Y como siempre sucede con la derecha cuando gobierna, empieza arrasando todo a su paso, y postulando la idea de que resignar derechos, salarios, consumo, empleos, tejido productivo o condiciones objetivas materiales de existencia son sacrificios imprescindibles para garantizar un futuro venturoso; para lo cual poco importa si en el camino debe traicionar engañosas promesas, o peor aun, cumplirlas. Prodigan en cada oportunidad un revival del Rodrigazo para consagrar una cada vez más injusta distribución del ingreso social, mientras fustigan al populismo irresponsable e inflacionario.

De ese modo (y con la correlativa e imprescindible decisión de reprimir con dureza todo atisbo de protesta social) logra recrear la confianza de los mercados, con los efectos aparejados: ingresan capitales especulativos de corto plazo que facilitan políticas de estabilización sobre la base de una apreciación cambiaria, lo que a su vez facilita financiar consumos superfluos de su base electoral y atesoramiento en divisas, al mismo tiempo que la fuga de capitales de los sectores con mayor capacidad de generar excedentes. 

Los demás efectos del modelo (que siguen al dólar barato como la sombra al cuerpo) son conocidos: destrucción de la economía real, caída del salario y del empleo, profundización del deterioro de los indicadores sociales; y engrosan el largo catálogo de las advertencias electorales previas de una parte de la población, desoídas por otra, concientemente o no.   

Cuando los límites concretos del modelo de valorización financiera y fuga (con sus variantes en el tiempo, acordes a los procesos de acumulación del capital) están a la vista (es decir, cuando se acaban los dólares, o se empieza a percibir que no alcanzan para todos), la derecha pasa rápidamente y sin escalas de la confianza plena en la hegemonía a largo plazo, a la incertidumbre democrática, la suba del riesgo país y los problemas de confianza en la duración de la tolerancia social al ajuste.

Allí comienzan -otra vez- los intentos de imaginar alquimias que les permitan sostener el modelo cambiando sus circunstanciales ejecutores, y las presiones sobre el campo nacional-popular para asegurarse que una eventual alternancia política no lo modifique en lo esencial, y sus intereses no se vean afectados. Pero como dirían los árabes, confía en Alá pero ata tu camello: en cada proceso intentan reforzar aun más las cadenas de la servidumbre, y asegurarse que un eventual gobierno nacional popular no pueda modificar el status quo, ni aunque quisiera hacerlo: RIGI, CIADI y demás siglas conocidas o inventadas para la ocasión.

El modelo es siempre inviable bajo sus propios términos, tanto que termina -invariablemente- explotando más por mano propia, que por la resistencia social que genera a su paso: los capitales golondrinas vuelan, las inversiones prometidas jamás terminan de llegar, y cada fracción de capital (nacional y extranjero) se abalanza con avidez sobre los despojos del país, para intentar  llevarse su parte, volviendo a dejar tierra arrasada; para la llegada -en un marco de descontento social, crecientes necesidades insatisfechas y desencanto democrático que acorta lo límites de la paciencia- de otra experiencia de signo nacional-popular.

Que si no toma debida nota de las experiencias anteriores, y no asume en toda su implicancia la cuestión del poder (que supone necesariamente conflicto, puja distributiva y afectación de intereses) está condenado de antemano a repetirlas, y reiniciar el ciclo.