LA FRASE
viernes, 31 de julio de 2026
PULLARO DESCUBRE QUE EL AGUA MOJA
martes, 23 de junio de 2026
EMERGENCIA Y OSCURIDAD
miércoles, 26 de febrero de 2025
JUNTOS ES MÁS FÁCIL
martes, 17 de diciembre de 2024
"YA QUE ESTÁN QUE SIGAN"
Y el Decreto 2722 firmado por Pullaro el 13 de diciembre (al que corresponden las imágenes que ilustran el post) nos da la razón: está adjudicando en forma directa -sin licitación- un contrato por más de 3 millones de dólares (al día de hoy unos 3000 millones de pesos, en números redondos) a la firma NEC Argentina SA para instalar 120 puntos de monitoreo mediante cámaras de seguridad en Rosario.
Que el decreto invoca la emergencia (en éste caso en seguridad) surge de sus propios considerandos, y se remite a la reglamentación aprobada por Pullaro mediante el Decreto 219/24, específicamente su artículo 5 inciso 2), que dice que podrá contratarse en forma directa "...para circunstancias de suma urgencia, cuando la especificidad del bien o servicio así lo requiera, o en situaciones donde no existan suficientes proveedores en el mercado capaces de satisfacer la necesidad requerida en tiempo y forma, permitiendo así una gestión más expedita y directa.".
O sea, pueden contratar en forma directa -según lo que decretó Pullaro poco menos que cuando se les ocurra. Tanto que el decreto no menciona ninguna de esas circunstancias para adjudicarle el contrato a NEC. De hecho, dice más o menos que la contratan sin pedir otros presupuestos, ni licitar ni hacer concurso de precios porque ya estaban, y mientras estuvieron trabajaron bien.
Así lo explica el decreto: "Que se le solicitó presupuesto a la firma NEC Argentina S.A., domiciliada en Avenida Don Pedro de Mendoza Nº 443 – Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ya que desde el inicio del plan estratégico del sistema de video-vigilancia urbana en la ciudad de Rosario ha venido desarrollando de manera única, eficiente y especializada la totalidad de los proyectos de instalación y mantenimiento de los puntos de monitoreo en las grandes urbes a lo largo del territorio de la Provincia, no habiendo actualmente sustitutos convenientes, dada la envergadura del proyecto y la capacidad instalada a lo largo de los años;...".
Que la misma empresa ya venía trabajando en la provincia y especialmente en Rosario, es cierto. Lo que no precisa el decreto, es en que condiciones.
Arrancó por allá por el 2012 con el gobierno de Bonfatti, ganando una licitación en la que fue la única oferente.
Luego un año después, (en 2013) le adjudicaron otro contrato en las mismas condiciones: única oferente en la licitación, pero con una ventajita: su oferta no se ajustaba al pliego, y le pidieron que la mejorar, en lugar de rechazarla..
Apenas dos años después, en el 2015 (siempre con Bonfatti) se repitió la historia: arman una licitación -en aquel entonces para instalar 600 cámaras- y se presentó una sola oferta: NEC Argentina SA. Con una curiosidad: en ése caso el Ministerio de Seguridad no tuvo ninguna participación en la licitación, que quedó a cargo del de Gobierno y Reforma del Estado, por entonces a cargo de Rubén Galassi.
Es decir, esas son las condiciones en las que los gobiernos del Frente Progresista contrataron a la empresa, y que ahora le sirven a Pullaro (y obviamente a la empresa) para volver a contratarla en forma directa, sin hacer licitación, basados en que ya estaba trabajando, y lo hacía bien. Entonces (como hoy) había emergencia en seguridad, declarada por ley de la legislatura.
Lo que se complica con estas cosas (como señalábamos hace poco acá) es creerle a Pullaro cuando dice que mejoraron la transparencia de las contrataciones del Estado provincial.
miércoles, 7 de agosto de 2024
NO SE ESTARÍA LOGRANDO
Cuando arrancaba el gobierno de Pullaro, te contábamos acá como el gobernador había logrado la declaración por la Legislatura de cinco emergencias, entre ellas en seguridad. Decíamos entonces que "...lo que se busca esencialmente es una excusa para hacer contrataciones sin molestias burocráticas, como tener que llamar a licitación, y excluyendo las normas generales a las que el Estado debe sujetarse para eso.".
Comentando el Decreto 219 por el cual Pullaro reglamentó los procedimientos de contratación en el marco de las emergencias declaradas, decíamos que "...en lugar de definir la ley (como la hace la Ley 12510) cual es el procedimiento a seguirse de acuerdo al monto del contrato y demás circunstancias del caso, son los funcionarios encargados de llevar adelante de la contratación los que lo hacen, en base a su propio criterio y sin más limitaciones que las generalidades gaseosas del decreto. Que es igual de gaseoso en el resto de su articulado a la hora de decir como es una "licitación abreviada", o que deja en definitivas en su artículo 8 librado al criterio de los funcionarios intervinientes las formas de difusión y publicidad de los llamados, o la justificación de los criterios (artículo 16) en base a los cuáles se seleccionan las propuestas más convenientes y se adjudican los contratos.".
En el caso de la "licitación abreviada" lo que sucede es que los tiempos de publicidad y difusión del llamado son menores a los habituales, y el mecanismo ya se usó para la compra de 700 patrulleros para la Policía, luego de que otros 100 se compraran en forma directa.
Y se volvió a usar ahora para la compra de 500 motos para la Policía, como se puede ver en las imágenes que ilustran el post. Según consta en los considerandos del Decreto 1128 por el cual se resolvió la adjudicación, se apeló a ese mecanismo (la licitación abreviado) porque permite hacer las cosas más rápido, pero -atención a esto- "manteniendo un nivel adecuado de competencia entre los posibles proveedores;", según dice el decreto.
Cosa que es muy relativa: ya vimos acá que en el caso de los patrulleros lo que sucedió fue que hubo dos empresas (de las tres que se presentaron) que repitieron exactamente la misma cotización en la compra directa, y en las dos convocatorias de la licitación abreviada (las primera y la mejora de ofertas convocada después). Para que se entienda; cotizaron exactamente lo mismo las dos, hasta en centavos, en tres oportunidades: la competencia te la debo.
Y volvió a pasar ahora -y peor- con las motos, como pueden ver cotejando el decreto, el acta de apertura de las ofertas -que va abajo- y el informe de preadjudicación en el que se basó Pullaro para resolver a quienes les compraba las motos:
Para que se entienda: se presentaron tres empresas, cada una de ellas no cotizó por el total de lo que se quería comprar (500 motos), sino por una tercera parte, y las tres cotizaron lo mismo por cada moto, hasta en los centavos. La diferencia mínima de una es porque cotizó una moto menos, ya que la cantidad a comprar no era exactamente divisible por tres, como hubiera sido si compraban 501.
La preadjudicación (ver abajo) se basó en informes de funcionarios policiales que señalaron que las ofertas "cumplen con todo lo requerido en el pliego de bases y condiciones", y se agrega en el acta que las ofertas "son convenientes", sin otra precisión que nos permita saber como evaluaron la conveniencia, y en relación a que: ¿al precio promedio del mercado, al precio para unidades similares a las adjudicadas (que ni siquiera se mencionan cuáles son, marca y modelo) más el equipamiento específico para las tareas policiales, comparadas con el presupuesto oficial que ni siquiera se menciona o se consigna si lo hubo o no?
Elija (o imagine) cada uno lo que mejor le parezca, pero lo cierto es que en esta nueva "licitación abreviada" lejos de estar "manteniendo un nivel adecuado de competencia entre los posibles proveedores" como dice el decreto, lo que más bien parece es que hubo una cartelización de los oferentes para repartirse la adjudicación, consentida por el gobierno.
lunes, 20 de mayo de 2024
¿DEFLACIÓN O SOBREPRECIOS?
Vuelven a aparecer cotizando las mismas dos empresas de la contratación directa y -oh sorpresa - las dos vuelven a cotizar exactamente lo mismo, sin diferencias ni siquiera de centavos entre sí: 39.996 dólares cada patrullero en la oferta principal, y 40.487 dólares la alternativa, que no explica el acta en que consistiría. La otra empresa cotiza más barato (39.000 dólares cada unidad), pero solo lo hace por 600 de los 700 requeridos, cosa que el pliego permitía.
Ahora bien, apenas nueve (9) días después de dictado el decreto de adjudicación de la compra directa de los primeros 100 patrulleros por Pullaro a 40.660 dólares cada uno, ahora al gobierno provincial los nuevos precios (menores) obtenidos en la "licitación abreviada" que oscilaron -como vimos- entre 39.000 y 40.487 dólares cada uno, de golpe le parecieron caros porque convocó a las firmas a una mejora de ofertas.
Que se hizo once (11) días después (recordemos que el tiempo de publicidad del llamado fue de solo trece (13) días porque hicieron una "licitación abreviada", arrojando precios que oscilaron entre los 38.600 dólares por unidad (firma Macua, que cotiza por 500 unidades y otras 100 al mismo precio que la oferta original: 39.000 dólares cada una), y 37.000 dólares cada uno las otras dos que -pero vea señora, que sorpresa- vuelven a cotizar exactamente lo mismo, sin diferenciarse ni siquiera un centavo.
Y previendo la posibilidad de que no les repartieran -como en la contratación directa de los primeros 100 patrulleros- la adjudicación entre ellas dos (ya que no tienen ninguna diferencia entre sí) cotizaron un número menor de unidades que las pedidas (117), más baratas: 36.940 dólares cada una:
sábado, 9 de marzo de 2024
LOS ÓMNIBUS DE PULLARO
Es evidente que el fenómeno Milei termina llevándose toda la atención del acontecer político, económico y social del país, y coloca a lo que pasa en las provincias en un segundo plano; y Santa Fe no escapa a esa regla. Así se puede entender que cause conmoción que el DNU 70 o la ley ómnibus declaren (o propicien hacerlo) múltiples "emergencias" de las que se deriva la concesión de facultades excepcionales al presidente, mientras no llama la atención que acá, antes, y por medio de leyes sancionadas por la Legislatura en trámite express, Pullaro haya obtenido los mismos beneficios.
De hecho, en la provincia hay hoy y hasta por lo menos fin de año vigentes cinco emergencias: hídrica, de seguridad, educativa, sanitaria y social; con sus correspondientes leyes que así lo declaran, y el otorgamiento de facultades especiales para el gobernador, en ese contexto. Lo que no hay -en cambio- son muchas medidas concretas que los santafesinos puedan ver, derivadas de tamañas declaraciones.
En materia educativa por ejemplo, lo que hay hasta acá son paros docentes, deudas salariales de la paritaria anterior, informes sobre ausentismo y fracaso escolar, y nada más. En lo social, no se conoce una sola política pública reparadora de la devastación generada por el gobierno nacional ni para contener el hambre que avanza, y otro tanto en lo sanitario, pese a que el colapso acrecienta la demanda sobre los efectores públicos de salud.
En materia de seguridad lo único que hubo hasta acá es el deplorable show montado por Pullaro en las cárceles provinciales tratando de imitar a Bukele y arrojarle su ración de sensacionalismo punitivista al electorado, ya que no puede ofrecer una mejora concreta en los indicadores. Y de la emergencia hídrica que decir: que uno se pregunta en base a que información científica la declararon en todo el territorio provincial (de una punta a otra de la bota) hasta fin de año, cuando los mismos científicos pasan de aventurar posibles inundaciones, a constatar nuevos ciclos de bajante o sequía.
Cabría preguntarse entonces para que se buscó declarar tantas "emergencias", y si uno se atiene a antecedentes similares (como pasó con la emergencia en seguridad en los gobiernos de Bonfatti y Lifschitz), más los propios actos del gobierno, debería concluir en que lo que se busca esencialmente es una excusa para hacer contrataciones sin molestias burocráticas, como tener que llamar a licitación, y excluyendo las normas generales a las que el Estado debe sujetarse para eso.
Como lo demuestra el decreto cuyas imágenes ilustran el post, que aprueba precisamente el régimen de contrataciones propios de las emergencias en seguridad, educativa, sanitaria y social.
De acuerdo con el artículo 4 del decreto, las contrataciones que se encuadren en cualquiera de esas emergencias podrán hacerse por el ".... procedimiento de selección más adecuado: licitación acelerada o contratación directa, basándose en la naturaleza y urgencia del bien o servicio requerido. La elección del tipo de procedimiento se basará en criterios claramente definidos, tales como la urgencia, el costo, la disponibilidad, la especificidad del bien o servicio, y cualquier otra consideración relevante para la situación de emergencia.".
Pero en lugar de definir la ley (como la hace la Ley 12510) cual es el procedimiento a seguirse de acuerdo al monto del contrato y demás circunstancias del caso, son los funcionarios encargados de llevar adelante de la contratación los que lo hacen, en base a su propio criterio y sin más limitaciones que las generalidades gaseosas del decreto.
Que es igual de gaseoso en el resto de su articulado a la hora de decir como es una "licitación abreviada", o que deja en definitivas en su artículo 8 librado al criterio de los funcionarios intervinientes las formas de difusión y publicidad de los llamados, o la justificación de los criterios (artículo 16) en base a los cuáles se seleccionan las propuestas más convenientes y se adjudican los contratos.
Dicho sea de paso, no hay previsión alguna -como existe en el régimen de contrataciones vigente y que se deja de lado- respecto a un número mínimo de ofertas a obtener o documentar que se pidieron, y tampoco dice nada -justo en estos momentos de recesión y despidos- a la prioridad para las empresas radicadas en la provincia según el régimen del "compre santafesino" de la Ley 13505 (2015) y su modificatoria 13619.
Para terminar de poner las cosas en contexto, pensemos que en éste marco de absoluta discrecionalidad podrán comprarse medicamentos, patrulleros, armas para la Policía o víveres para los programas alimentarios, repararse escuelas o comisarías o comprarse computadoras, por citar solo algunos ejemplos.
viernes, 2 de febrero de 2024
DE RODILLAS
El primer gobierno de la democracia recuperada en 1983 terminó antes su mandato en medio de un golpe económico con fines aleccionadores: el dolarazo de febrero del 89' no estaba dirigido tanto a Alfonsín y su gobierno (que en palabras de Magnetto, ya se habían convertido en un estorbo), como al Menem que por entonces prometía revolución productiva y salariazo en caso de ganar las elecciones.
El riojano dio sobradas muestras de haber aprendido la lección, e inició un ciclo de gobernabilidad a la sombra del poder económico que le garantizó culminar su mandato y ser reelecto, a condición de vehiculizar todas sus demandas. Más aun, intentó -y lo consiguió- transmitir la idea de que el coraje político consistía en hacer lo que ese poder económico reclamaba, sin arredrarse por las críticas y protestas: "ramal que para, ramal que cierra", "cirugía mayor sin anestesia" y otros exabruptos expresaron esa idea.
El Pacto de Olivos y la reforma constitucional del 94' fueron simplemente para que los dos partidos principales del sistema político se repartieran los roles con los que cada uno se autopercibía por mucho tiempo por delante (oficialismo y oposición), pero ambos como garantes de ese orden, y esa gobernabilidad. Tanto que cuando a la UCR le tocó volver a gobernar con De La Rúa, ofreció como programa la prolijidad en el sostenimiento de una convertibilidad que ya era a todas luces insostenible.
Sobre los escombros de la implosión del modelo en 2001 y las tensiones de un sistema político e institucional forzado al límite del "que se vayan todos", Néstor Kirchner imaginó un camino distinto, que suponía una nueva gobernabilidad; en la que se recompusieran los márgenes de autonomía de la política, la autoridad presidencial y el rol del Estado.
Un camino que luego profundizaría Cristina marcando así una ruptura con el modelo de gobernanza previo, y que no se replicaría después del 2015. Mal que les pese a sus detractores y en medio de múltiples conflictos originados en las tensiones con distintas fracciones del poder económico cuando creyeron amenazados sus intereses por las políticas del gobierno (retenciones móviles, disolución de las AFJP, ley de medios, fondos buitres), el kirchnerismo aseguró una década larga de gobernabilidad revalidada en las urnas por amplísima mayoría en 2007 y 2011.
Al mismo tiempo, esa gobernabilidad coexistió -y para ser precisos, diríamos que se basó también- en la mejora constante de los indicadores del crecimiento económico y la mejora en los indicadores de la distribución del ingreso y, en general, en todos los que miden el desarrollo humano del país. Acaso allí -en, por ejemplo, tener hacia 2015 el salario mínimo en dólares más alto de América Latina- haya que buscar el origen de la profundización de las tensiones; más que en presuntos desvíos totalitarios del gobierno, que por otro lado estamos viendo en estos días que el poder económico tolera y alienta, cuando son a favor de sus intereses.
Tras el ensayo con Macri de un país atendido por uno de sus propios dueños y el interregno de Alberto Fernández, llegamos a Milei: una criatura política sin trayectoria previa ni fuerza partidaria organizada que lo sostenga, vehículo ideal para canalizar la insatisfacción democrática y la crisis de representación. Y más apto aun -atenta su endeblez en todos los planos- para comandar formalmente un gobierno colonizado por intereses corporativos, en el que el de presidente es, más que nunca, un puesto menor: no olvidemos que nos gobierna -literal y no metafóricamente- un empleado de Eurnekián.
Haciendo su propia lectura de la experiencia de gobernabilidad iniciada en el 2003 -lo que incluye necesariamente la muerte de Néstor y el atentado fallido contra Cristina-, desde 2015 para acá el peronismo (y dentro de él, el kirchnerismo) ha ensayado una y otra vez guiños y giros dialoguistas con el poder económico, traducidos sucesivamente en las candidaturas de Scioli, Alberto y Massa: los resultados de la estrategia han sido derrotas electorales, o defraudación de las expectativas ciudadanas, cuando les tocó gobernar.; y -otra vez, cuestiones íntimamente vinculadas- continuidad en el retroceso de los indicadores económicos y sociales. Datos, no opinión.
En éste contexto no debe sorprender el penoso espectáculo que estamos presenciando a partir de la sanción del mega DNU y la discusión de la ley ómnibus: un debate distorsionado donde los que los apoyan no pueden dar cuenta de sus razones porque responden a mandantes invisibles (o bien visibles, pero con intención de permanecer ocultos), y los que los rechazan pelean contra enemigos que no son los verdaderos, como Milei y sus funcionarios; simples amanuenses de un poder mucho más fuerte y perdurable.
Esa distorsión de los términos del debate no hace sino profundizar la crisis de representación política y el vaciamiento de las instituciones, de las que las acusaciones públicas de Banelco (hechas por el propio presidente sin que nadie le pida cuenta de sus dichos), la represión a los manifestantes, la discusión sobre un texto en blanco que nadie conoce y la violación flagrante del artículo 29 de la Constitución Nacional son apenas los baldones de vergüenza más notorios, pero no los únicos. Tuits relacionados:
El programa económico y social que subyace en el DNU y la ley ómnibus demuestra la voracidad insaciable de un poder económico que ha sometido por completo a la clase política, convirtiendo la democracia en una farsa vacía de contenido.
— La Corriente K (@lacorrientek) January 31, 2024
Muchachos de la "oposición dialoguista": pestañeen si la AEA y la UIA los tienen secuestrados.
— La Corriente K (@lacorrientek) January 31, 2024
A 40 años de la democracia, la política, los partidos y las instituciones están de rodillas ante el poder económico, y se aprestan a aprobar una ley bochornosa que solo atiende a sus intereses, y a la que nadie se anima a defender en público, ni siquiera los que la votan a favor.
— La Corriente K (@lacorrientek) January 31, 2024
La Argentina del Pacto de Olivos que implosionó en el 2001 y que el kirchnerismo reemplazó se resiste a morir una y otra vez. Y mal que les pese a sus entusiastas, lejos de aportar gobernabilidad, la corroe sistemáticamente por su apuro por atender las demandas del círculo rojo.
— La Corriente K (@lacorrientek) January 30, 2024
Chanchos y dueños, episodio un millón. https://t.co/nY3UA884eP
— La Corriente K (@lacorrientek) January 31, 2024
Bajá el tonito, bobo. Que ustedes salieron terceros en las elecciones. Y solo cogobiernan porque los que las ganaron son una comparsa de monos drogados. Cosa que también parece ser tu problema. https://t.co/23rkzBirOx
— La Corriente K (@lacorrientek) February 1, 2024
O sea bancaban que Pato Bullrich pidiera carta blanca para reprimir hasta que les tocó a ellos. https://t.co/0PMl54Tz6e
— La Corriente K (@lacorrientek) February 1, 2024
lunes, 26 de abril de 2021
BURBUJAS PINCHADAS
Nunca estuvo tan claro lo que hay que hacer, como que no existe la voluntad de hacerlo: https://t.co/XzdrhS8MMs
— La Corriente K (@lacorrientek) April 26, 2021
Burbujas pinchadas: https://t.co/3LvZbYfjeO
— La Corriente K (@lacorrientek) April 26, 2021
A las cero hora del viernes próximo se termina la vigencia de las disposiciones del último DNU dictado por el presidente imponiendo ciertas restricciones de actividades en el medio de la pandemia; entre ellas la suspensión de las clases presenciales en el AMBA, que se llevó toda la atención por la rebeldía porteña a cumplirla, con sus derivaciones judiciales.
Si se llegara a ese día sin que la Corte Suprema se pronuncie al respecto -cosa harto probable- el presidente se vería forzado a prorrogar la medida, sea porque la situación epidemiológica no ha cambiado -todo indica que empeorará, aunque se apele al eufemismo de la "meseta alta"-, o porque no puede ir en contra de sus propios actos, ya que el Estado nacional está sosteniendo la validez de la medida en todos los tribunales donde ésta ha sido cuestionada.
Lo que parece poco probable es que se dispongan otras restricciones que la situación aconseja, en el AMBA y en todo el país, aunque se deje trascender que "se evalúan" o "no se descartan": no existe la voluntad política real de aplicarlas, ni el plafond social para hacerlo. Ojalá para entonces, cuando el plazo venza, la información nos desmienta, pero hoy por hoy, esto es así.
En el mismo momento en el que Alberto Fernández enfatizaba que el AMBA es un solo conjunto poblacional relacionado (aunque no una misma división política, con consecuencias jurídicas) para justificar las medidas que dispuso, señalaba que la Argentina era un país federal, en el que la responsabilidad de controlar la situación en cada provincia es de los gobernadores.
Un contrasentido en el marco de una emergencia sanitaria declarada con alcances nacionales por él mismo (y así prorrogada por DNU hasta el 31 de diciembre), pero también un reconocimiento explícito de que su autoridad no solo está deteriorada para imponerle decisiones a Larreta, sino a los gobernadores; que a su vez padecen el mismo síndrome en relación a los intendentes, en cada una de sus provincias.
La autoridad estatal legítima está así cuestionada, y al mismo tiempo auto-limitada por la falta de decisión en avanzar en las medidas que la crisis aconsejaría, y en hacer cumplir mediante la coerción legítima, las que se adoptaron; punto en el cual no todo es culpa de los jueces o las presentaciones que deben atender: no hay ninguna acción judicial para que los shoppings o canchitas de fútbol 5 funcionen normalmente como si nada pasara, o para que los bares funcionen sin ningún protocolo, y sin embargo todas esas cosas suceden, ante la inacción de las autoridades.
Las palabras "estrictos protocolos" se han vuelto un significante vacío, o peor aún, carente de otro sentido que no sea el irónico, para el consumo en las redes sociales. Y otro tanto sucede con las "burbujas", impunemente pinchadas, sea en el fútbol o en las escuelas: el propio Larreta y su ministra de Educación lo hicieron, yendo a una escuela a interactuar con los chicos con fines de propaganda, subiendo las fotos a las redes sociales.
De la apelación a la responsabilidad social pasamos a la de la responsabilidad individual, en un reconocimiento de que la crisis sanitaria no nos está volviendo mejores sino peores, porque frente a una enfermedad infecto-contagiosa las respuestas solidarias son minoría, y se apela al "sálvese quien pueda", o peor aún: "a mí no me importa morir con tal de darme el gusto de hacer lo que me gusta", tal pareciera ser la consigna imperante en mucha gente.
La responsabilidad individual es así la contracara de la progresiva deserción estatal en todo lo que implique dictar reglas de conducta a la sociedad, y ocuparse de hacerlas cumplir -si es que las dicta-, en beneficio del conjunto. Y no es justificable la inacción en dudas o debates respecto a cuáles son las medidas que deben adoptarse: todos las conocen, pero nadie o casi nadie está dispuesto a llevarlas a cabo.
Un botón de muestra: acá en Santa Fe duerme hace dos meses y medio en la Legislatura un proyecto de ley para aumentar las penalidades por violar las normas impuestas en la emergencia sanitaria, cuando a los legisladores les resultaría muy sencillo aprobarlas, y transferirle al gobernador y a la justicia, la responsabilidad de hacerlas cumplir. Y los propios funcionarios judiciales -responsables de hacer cumplir la ley y las reglamentaciones- son protagonistas de fiestas clandestinas, en no pocos casos.
Hoy por hoy el rol del Estado aparece estrictamente limitado a garantizar conseguir vacunas en la mayor cantidad posible de vacunas y hacer que se les puedan aplicar al mayor número de personas, en el menor tiempo posible; mientras intenta sumar camas y respiradores para evitar el colapso del sistema sanitario, sometido a una presión extrema.
No es poco ni es banal, claro, pero tengamos en claro que tamaño esfuerzo puede ser en vano si todos- el Estado en lo demás que le toca- y la sociedad (cada uno de nosotros, pero sobre todo en conjunto) no ponemos algo de nuestra parte.
martes, 13 de abril de 2021
REUNIONISMO
¿En serio tienen que hacer reuniones para saber qué es lo que hay que hacer?: https://t.co/qQHV418Eq0
— La Corriente K (@lacorrientek) April 12, 2021
Cuando arrancó la pandemia las dudas sobre cuáles eran las medidas más eficaces para enfrentarla eran legítimas: se trataba de un virus nuevo y desconocido, contra el cual no existían vacunas y cuyo contagio se desarrollaba de formas que se trataban de establecer, mientras crecían los casos.
Más de un año después ya no es admisible la duda, al menos no en términos científicamente razonables: se sabe como se comporta el virus, cuales son los mayores factores de riesgo para el contagio, las actividades más riesgosas desde ese punto de vista; y lo más importante: cuáles son los efectos que puede llegar a provocar en los grupos de riesgo de la población, que también están definidos.
También se sabe -desde el comienzo- cuales son las medidas de prevención general e individual que deben observarse, e insistir en ellas tiene más que ver con que no se cumplen, que con que se ignoren. Pasa algo parecido al preservativo como mecanismo para evitar contagiarse el VIH: no debe quedar nadie -salvo el doctor Albino- que desconozca como es la cosa.
La segunda ola del COVID y los contagios masivos acelerados que está provocando en todo el mundo fueron pronosticados y suficientemente advertidos, y llegaron incluso antes de lo previsto. Nadie puede decir -como hizo acá Reutemann con la inundación del 2003- "a mí nadie me avisó".
Esta segunda ola que provoca -acá y en todos lados- hospitales llenos, terapias desbordadas, sistemas de salud al borde del colapso si es que ya no lo están, decisiones extremas a las que nosotros aún no llegamos pero que podrían venir si no se actúa a tiempo (como decidir a quien se le da o no un respirador), coexiste con decisiones absurdas, como sostener las clases presenciales: si no son un factor de contagio, la pregunta entonces sería por qué estuvimos un año sin ellas, cuando los números eran mejores.
La respuesta es sencilla: los números eran mejores -entre otras cosas- porque las clases presenciales estaban suspendidas, y eso generaba una menor circulación de personas, con menor utilización del transporte público. Pero un año largo de pandemia nos desgasta a todos, y se termina llevando puestas a la coherencia, la lógica y la razonabilidad de los que gobiernan, y de la propia sociedad.
Así por ejemplo hoy tenemos teletrabajo para los estatales nacionales, pero diferimos la entrada en vigencia de la ley de teletrabajo que aprobó el Congreso, para los privados; y las mismas autoridades públicas que llaman a sus empleados a quedarse trabajando en su casa, disponen que los empleados privados que son grupos de riesgo pero tienen al menos una dosis de cualquiera de las vacunas, vuelvan a trabajar en forma presencial.
En plena segunda ola siguen habilitados el turismo, los viajes, los shoppings, los bares y restaurantes y los deportes, pero eso sí: todo bajo "estrictos protocolos", que vienen siendo más o menos lo mismo que las "burbujas" en las escuelas: letra muerta que nadie -o casi nadie- hace cumplir, contribuyendo por acción u omisión a propagar los contagios. Baste el ejemplo del fútbol (actividad súper profesionalizada si las hay) para entender de que hablamos.
Los que atentan a diario contra la salud pública, incluso desde los medios de comunicación (sobre todo desde ellos) no sufren ninguna consecuencia, y se apela por toda respuesta a la responsabilidad individual: sin coerción general resultante de medidas de restricción a la circulación cuya necesidad cae por su propio peso, ni sanciones individuales a los que violan las normas e incluso se jactan de ello como un acto de legítima rebeldía, el resultado en términos sanitarios no puede ser otro que el que estamos obteniendo; y la cosa así no puede funcionar, por demasiado tiempo.
Se advierte sobre el colapso del sistema de salud, pero si no se toman medidas concretas para evitarlo, solo sirve como un intento de salvar la ropa de los funcionarios que tienen responsabilidades en su gestión, y no mucho más. Vacunar hay que vacunar igual, con o sin restricciones. pero dejando claros los límites de inmunidad que generan las vacunas (o al menos siendo concientes de ello), y su efectiva disponibilidad; punto éste en el que no ayudan para nada quienes -como el Jefe de Gabinete- dicen que no hay impedimentos para que las provincias salgan a comprarlas, cuando el impedimento real es que son escasas, y sumar compradores no las hará abundantes, sino más bien lo contrario.
No es muy difícil saber que habría que hacer, hoy, para contener los contagios: volver al principio: restricciones de la circulación a las actividades estrictamente imprescindibles y esenciales, restricción del uso del transporte público, suspensión de las clases presenciales y de los espectáculos públicos, en especial en lugares cerrados. Nada extraño, ningún misterio, no hay recetas nuevas, mágicas o novedosas.
Pero tampoco somos necios y sabemos que es lo que impide que estas medidas se tomen: las presiones del poder económico, y la desesperación de empresarios y trabajadores por no poner en riesgo su fuente de ingresos o sus empleos. Es difícil entender -aun en ese contexto- por qué se insiste en sostener las clases presenciales, como no sea para preservar los ingresos de los colegios privados por las cuotas, o dar por definitivamente perdida una batalla conceptual con una derecha que nos llevó de la nariz a reabrir las escuelas, cuando todo indicaba que era inconveniente.
Y también -en nuestro caso particular- debe ponerse en el análisis la decisión del gobierno de no inyectar recursos en la economía en compensación por posibles cierres, como fueron en su momento el IFE o la ATP; cuestión -la de no repetirlos ahora, en la segunda ola- no tiene tanto que ver con que la economía se ha recuperado, como que se busca que las cuentas cierren, para poder cerrar a su vez el acuerdo con el FMI: seamos buenos entre nosotros, siendo sinceros.
No sigamos quemando científicos o haciéndoles perder el tiempo, haciendo como que estamos evaluando tomar medidas que en realidad no estamos dispuestos a tomar, o evaluando alternativas que ya fueron evaluadas hasta el cansancio, y no son tantas ni tan difíciles de entender. Mejor expliquemos que elegimos otras cosas -a la economía, el empleo, la recaudación, todos argumentos en sí valederos-, por sobre la salud, y listo: como diría Perón, no nos estemos echando suertes entre gitanos.
















