LA FRASE

"PARA ANALIZAR SI REALMENTE HABÍA NECESIDAD Y URGENCIA PARA QUE EL PRESIDENTE DICTARA EL DNU 70 EN 2023 NOS VAMOS A TOMAR TODO EL TIEMPO QUE SEA NECESARIO." (HORACIO ROSATTI)
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miércoles, 15 de mayo de 2024

¿CRÓNICA DE UN FINAL ANUNCIADO?

 

Ojalá nos equivoquemos y la realidad nos termine desmintiendo, pero si hubiera que apostar hoy por el futuro de la ley bases en el Congreso, deberíamos decir que más tarde o más temprano será aprobada. Difícilmente con el texto original votado por Diputados, muy posiblemente con cambios cosméticos que se le introduzcan en el Senado para que algunos sectores de la oposición "dialoguista" salven la ropa, sin dejar de prestar su concurso para la aprobación en general.

Aprobada pese a los paro generales y la gigantesca movilización en defensa de la universidad y la educación pública, y a pesar de la oposición a su texto que han manifestado sindicatos y hasta organizaciones empresariales por algunos de sus aspectos más controversiales como el RIGI. Y aprobada también pese a un contexto que marca el severo retroceso de todos los indicadores de la economía real, y a los rumores de salida de Caputo del gabinete ante el fracaso de su plan porque no aparecen los dólares salvadores.

Es como si un sector de la política (la autopercibida oposición amigable y dialoguista, que es más bien parte del oficialismo ampliado) hubiera decidido desconectarse de los síntomas de la realidad o ignorarlos, o simplemente concentrarse en la pasividad de vastos sectores de la sociedad, leída como expresiva de un "clima de época" en el que las ideas noventistas revisitadas por Milei gozarían de consenso, y no sería sensato oponerse a su avance. 

Claro que el hecho de que esa dirección política (la de "acompañar" al gobierno) coincida como dos gotas de agua con los intereses del círculo rojo en que se concrete la piñata de negocios para sus intereses contenida en el engendro denominado ley bases permite evitar ingenuidades interpretativas, y concentrarse en la causa real del fenómeno, que hemos señalado antes; y no es otro que la subsistencia de un par de generaciones de dirigentes políticos -que con las excepciones notables de Néstor y Cristina- han asumido como credo (aleccionados por las crisis del 89' y el 2001) que la única forma de comprar gobernabilidad y sostener los ritos democráticos  es satisfacer los siempre exigentes deseos del poder económico.

Sin esa comprensión no se entiende, sencillamente, que avancen esperpentos sin ninguna justificación lógica visible ni defensores públicos con argumentos convincentes, como los que contiene en su seno la ley bases: privatizaciones y desguace del Estado, reforma laboral regresiva, flexibilización del empleo público, saqueo a precio vil de nuestras riquezas y recursos naturales, renuncia a todo pretensión de desarrollo autónomo e integrado, consolidación de una economía de enclave. Lo mismo para los "mellizos" que la acompañan en el Congreso, como el blanqueo de capitales o la reforma impositiva, que grava más a los que menos tienen, y libera de cargas al sector poderoso de la sociedad.

Cambios trascendentes, estructurales y perdurables que -de aprobarse- moldearán a la Argentina desde ahora y por un futuro prolongado, imposible de prever hoy en su duración, que avanzan contra toda resistencia y -peor aún- sin ninguna defensa pública que se pueda discutir: simplemente por el peso crudo y duro de los poderosos intereses a los que sirven; en una profunda prostitución y vaciamiento del sentido último de la democracia.

Eso, mientras en lo cotidiano la gran mayoría de los argentinos pueden observar (y sufrir en cuero propio) los efectos de políticas que han fracasado cuantas veces se ensayaron el país, y que hoy vuelven a desplegarse impunemente gracias a la deserción de buena parte de la política de sus obligaciones esenciales, a la amnesia social y al desencanto democrático, en nombre del cual se perpetran barbaridades que lo harán crecer en forma exponencial en el futuro.

Chocan dos trenes y se nos propone como solución la privatización, crecen los despidos y la solución que se expone es facilitarlos aun más eliminando las indemnizaciones, los jubilados ven saqueados sus ingresos y la panacea es que vuelvan las AFJP: en una cirugía hecha sin anestesia y con motosierra se le extirpa al pueblo argentino el lóbulo cerebral de la memoria para que crea que el menemismo no existió, y al mismo tiempo que es lo mejor que nos pudo haber pasado, y que estamos como estamos por haber abandonado las políticas derivadas del Consenso de Washington. 

Por absurdo que parezca lo que estamos describiendo, se ajusta estrictamente a la realidad, y frente a ello no cabe sino resistir, oponerse y enfrentar el avance de la locura -en todos los planos-, como único camino digno posible. No por una actitud de principismo moral y simple testimonialidad, sino para intentar salvar los restos del pacto democrático de su tergiversación, y así lograr que sobreviva una base desde la cual reconstruir, cuando el desastre se precipite. 

Cosa que más tarde o más temprano sucederá, no tengan dudas. Solo es cuestión de tiempo, de persistir en éste rumbo. Porque que éste rumbo conduce al desastre en todos los planos -como ya se está viendo- es algo que saben hasta los que lo apoyan "para dar gobernabilidad". Solo que no tienen la mínima honestidad de reconocerlo, ocupados como están en conservar sus posiciones, ofreciendo para eso todos los sacrificios posibles para calmar a los dioses del poder económico.   

O para lograr cerrar definitivamente el ciclo de lo que Ricardo Forster denominó con agudeza "la anomalía kirchnerista", así como en un tiempo, después del 55', se pensó posible hacer borrón y cuenta nueva con la experiencia del primer peronismo, como si nunca hubiera sucedido. Tuits relacionados: 

viernes, 20 de octubre de 2023

HERENCIA

 

Por si le hiciera falta sumar una perla más al collar de desbarrancos que vino enhebrando durante toda su campaña, Milei la emprendió contra los trenes y el sistema ferroviario, avisando que si llega a la presidencia los privatizará, tal como se hizo en los 90', con los efectos conocidos. 

No es la primera vez -por supuesto - que el candidato de "La Libertad Avanza" reivindica las políticas de los gobiernos de Menem o promete retomarla e incluso profundizarlas, así como tampoco es la primera vez que eso genera reacciones en su contra. Pero también es cierto que ese modo de entender la Argentina tiene sus adeptos, y no nos referimos solo a los votantes de Milei: buena parte de los que el domingo van a votar por Patricia Bullrich piensan igual, al menos en líneas generales.

El menemismo (es decir, el entrismo al peronismo en nombre del neoliberalismo) fue, junto con la dictadura militar del 76', el intento más profundo y serio (y quizás más exitoso) de construir una Argentina post peronista, terminando con la sociedad y el modelo de país alumbrado desde 1945 en adelante. No hace falta recordar aquí sus hitos troncales en ese sentido, porque muchos de ellos siguen vivos entre nosotros.

Así se puede comprobar por ejemplo con la subsistencia de normas de flexibilización laboral aun habiendo recuperado durante el kirchnerismo derechos conculcados a los trabjadores, la vigencia de las privatizaciones en servicios y bienes públicos esenciales como el gas, la luz (en algunos lugares del país), la banca pública provincial, las represas y la generación de energía, la llamada hidrovía y sus correspondientes marcos regulatorios flexibles, pro empresas, precarios e insuficientes para garantizar los derechos e intereses de los usuarios y de propio Estado, o la subsistencia del oprobioso sistema de las ART que nos vendieron como la solución para "terminar con la industria del juicio laboral".

Incluso muchas de las propuestas que circulan en el debate político actual tienen que ver con las premisas que guiaron las reformas memenistas: la rebaja de aportes y contribuciones patronales a la seguridad social, la flexibilización de las normas laborales "para crear empleo", las políticas "ofertistas" para seducir al capital con exenciones o rebajas impositivas o privilegios para el acceso y uso de las divisas. Hasta la "estabilidad fiscal a 30 años" para la minería aprobada en los 90' sigue vigente y prorrogada.  

El menemismo incluso empeoró la herencia de la dictadura en cuestiones cruciales como la ley de entidades financieras o la de inversiones extranjeras, y remachó aun más las cadenas de la extranjerización de la economía y la pérdida de la soberanía jurídica con la adhesión a la jurisdicción del tribunal arbitral del CIADI y los tratados bilaterales de inversión (TBI) o el GAFI, normas todas las cuáles siguen hoy día en vigencia. 

Desde entonces y hasta acá, salvo el kirchnerismo en temas puntuales como la liquidación de las AFJP, la restauración de artículos mutilados en la Ley de Contrato de Trabajo o la recuperación en manos estatales de Aerolíneas, el Correo, AYSSA e YPF (volviendo en éste caso sobre sus propios pasos), ninguna fuerza político se propuso en serio terminar con las reformas del menemismo, y antes bien varias las reivindicaron y plantearon retomarlas y profundizarlas como lo está haciendo Milei. Tampoco faltaron los que (como la UCR o la Coalición Cívica) habiéndose opuesto a algunas de esas políticas en los 90', también se opusieron a los intentos del kirchnerismo por revertirlas.

En ese contexto, en ese país estragado por el menemismo y solo parcialmente recuperado de esos estragos durante el kirchnerismo, es posible que existan los Mileis, y sobre todo sus votantes. Y es posible también que esa gente plantee que los problemas del país son consecuencia no de las políticas del menemismo, sino de que se las haya abandonado, contra toda evidencia en contrario.

El problema está del otro lado, es decir del nuestro: del mismo modo que para ellos ese combo de reformas es un programa de gobierno, para nosotros -el peronismo, las fuerzas que se reivindican como nacionales y populares- superarlas, modificarlas y hasta eliminarlas también debió haberlo sido. El renuncio en esa tarea, las agachadas, las concesiones, los retrocesos, son lo que nos han llevado al punto en el que hoy estamos: en un país en el que se hubieran reparado en su mayoría los daños que causó el menemismo, no existiría Milei, i lo que él representa. 

Y si alguna chance tiene la candidatura de Massa de impedir lo peor, es porque en algún momento se ensayó otro rumbo (con avances y retrocesos), y subsiste cierta memoria social al respecto, y sobre sus resultados. Un rumbo que además crea las bases de la hoja de ruta que tiene que seguir cualquier gobierno que se pretenda y asuma como peronista, nacional y popular.

Tuit relacionado:

domingo, 14 de febrero de 2021

MUERTE Y HERENCIA

 


En términos estrictamente políticos, Carlos Menem murió en el 2003, cuando a los blasones de su oprobiosa gestión le sumó la deserción anti democrática al balotaje en el que debía competir con Néstor Kirchner, con el indisimulado propósito de ahorrarse una derrota catastrófica, y condicionar la legitimidad del nuevo gobierno, al mismo tiempo.

De allí para acá, su gravitación e influencia en la escena política nacional fue un declive pronunciado  hasta el ocaso, sin que lo sobreviviera una corriente política que se asumiera como "menemista", no al menos explícitamente: la reivindicación abierta de su gobierno y su figura quedó para ex funcionarios y personajes marginales como Asís o el "Tata" Yofre.

Y sin embargo el legado de las políticas que se instauraron en su gobierno nos acompaña hasta hoy, y goza de buena salud, salvo algunas excepciones. En ese sentido, Menem vive en cada puerto privado que no se recupera para el uso público, en cada servicio público privatizado entonces y que sigue siendo prestado hoy en pésimas condiciones y con reclamos permanentes de dolarizar las tarifas, en el nuevo intento de privatizar la hidrovía, en esa excrecencia antidemocrática que es Comodoro Py y buena parte de la justicia federal, en cada demanda de una multinacional depredadora ante el tribunal del CIADI basada en un tratado bilateral de inversión de los tantos firmados durante su gobierno. Vive en la Constitución que nos rige, fruto de su pacto espurio con un radicalismo claudicante y menesteroso de cargos públicos.

Su herencia pervive también en la política, porque en su tiempo se instauró la cultura de los operadores sin pueblo, votos ni militantes, los cultores del pragmatismo vacío de ideas que pueden servir gustosos a una causa hoy, y exactamente a la contraria mañana. Menem vive en los que entienden la política como un simple vehículo para los logros personales, o para hacer lo que el poder real reclama, y perdurar sin problemas en el usufructo de los privilegios que la función pública apareja.  

Menem es -aun sin su presencia física- un recuerdo incómodo para el peronismo, porque le trae a la memoria que estará siempre a la mano la tentación de perpetuarse en el poder a condición de transformarse en su exacto opuesto, traicionando así su razón de ser política, y su justificación histórica. Y que pudo hacerlo en nombre de Perón, y sin abandonar la liturgia partidaria, y sin apelar al aparato represivo de la dictadura, para profundizar sus políticas.

Un recuerdo incómodo que tiene dolorosa actualidad, cada vez que se bajan banderas en nombre del pragmatismo, o se justifican deserciones en luchas necesarias, porque "no da la correlación de fuerzas". Así como Menem fue la comprobación histórica del temor de Evita a la "oligarquía de adentro que anida en el corazón de cada peronista", hay que recordarles a los pragmáticos teorizadores del posibilismo resignado, que ella decía que el peronismo sería revolucionario, o no sería nada.  Y por nada, agregamos nosotros, queremos decir que no sería peronismo.

Menem también es un recordatorio doloroso para los "progresismos" varios sobre su propia impotencia política para vertebrar -en sus tiempos y después- alternativas no solo competitivas en términos electorales, sino con potencialidad transformadora. Pensemos que el desastre de la Alianza -si se lo mira en perspectiva histórica- estaba prefigurado desde su inicio; cuando se comprometió sostener la convertibilidad haciendo un "menemismo sin corrupción", lo cual no era más que la lógica consecuencia de la modalidad con la esos "progresismos" se habían opuesto al menemismo: desde el púlpito del reproche ético a la corrupción, pero sin cuestionar a fondo el modelo económico y social que ejecutaba. 

De ambas cosas -del peronismo claudicante y del progresismo impotente- nos recató el kirchnerismo con los gobiernos de Néstor y Cristina, y con sus luces y con sus sombras: Con muchos temas pendientes, fue el único que se animó a avanzar sobre la herencia estructural del menemismo: la disolución de las AFJP, la ley de educación que reemplazó a la Ley Federal, la recuperación de YPF y Aerolíneas, el impulso a la ciencia y la tecnología, la política de derechos humanos o la depuración de la Corte Suprema, entre otras cosas.

Tomemos nota de que hoy, a más de 20 años de terminado el gobierno de Menem, es por esas cosas que se lo persigue y estigmatiza; lo cual demuestra que el riojano fue lo que fue no por ideas propias, sino por su decisión de llevar adelante las ideas de otros, para proteger sus intereses y privilegios. Intereses y privilegios que son los que hoy y más allá de Menem, seguirán presionando a éste gobierno y a todos los que lo sucedan, para que gobiernen a su favor.

Menem tendrá seguramente y salvo opinión en contrario de su familia, los funerales de Estado que corresponden a un ex presidente democrático, porque aunque duela recordarlo, lo eligieron por amplios márgenes y no una vez, sino dos. No fue el resultado de un golpe de Estado, ni de una conspiración palaciega: lo votó una sociedad que primero fue domesticada por la hiperinflación para aceptar el tratamiento de shock que él mismo -con sadismo inigualable- llamó "cirugía mayor sin anestesia"; pero que luego refrendó por amplia mayoría las amputaciones en el cuerpo social y en el patrimonio público, seducida por la ilusión del sueño primermundista.

Pero no nos vayamos tan lejos: en las elecciones del 2019 y tras otra experiencia neoliberal con resultados desastrosos pero no imprevisibles, más del 40 % de los argentinos eligieron en las urnas el mismo cuerpo de ideas que presidió la década menemista, lo sepan o no: economía abierta, desregulación del flujo de capitales y valorización financiera con endeudamiento, precarización laboral y contracción de los salarios, predominio de las leyes del mercado sobre las regulaciones públicas, seguidismo obsecuente en política exterior.

Otra vez: Menem no fue un accidente, sino un emergente que canalizó por la vía más inesperada -el peronismo- el viejo proyecto de la Argentina oligárquica, que goza de algún grado de consenso social. Todo lo cual no lo exculpa por su responsabilidad histórica, sino que lo contextualiza: ojalá fuera tan sencillo de eliminar esas ideas y ese modelo con su simple desaparición física. Pero bien sabemos que no es así. Tuits relacionados: 

sábado, 10 de marzo de 2018

EL CANJE DE FAVORES DE PICHETTO, EL RECICLADOR DE MENEMISTAS DESEMPLEADOS


Conocimos por estas horas la designación de Jorge Yoma en la embajada argentina en Perú, en el marco de una "lista" de candidatos propuestos para distintos destinos diplomáticos por el bloque de senadores del PJ que comanda Pichetto.

Uno podría preguntarse en que marco se da esta especie de "cogobierno" o integración de parte del "peronismo de Perón" a la administración de Macri, o en todo caso, a cambio de que. 

Recordemos por ejemplo que el propio Pichetto tiene frenados en el Senado los pliegos de los restantes miembros del direcvtorio del Banco Central (Stuzenegger tiene mandato votado hasta el 2022), porque reclama lugares allí para la oposición (para el peronismo no K, bah).   

Acaso parte de la respuesta esté en ésta nota de La Nación de hoy, que nos cuenta que la Auditoría General de la Nación se expidió en el caso de la millonaria deuda del grupo Macri con el Estado, por la fallida privatización del Correo Argentino.

Leemos allí: "A un año desde que estalló el escándalo, la Auditoría General de la Nación (AGN) emitió finalmente el dictamen sobre el acuerdo que suscribió el Gobierno con el Grupo Macri por la deuda del Correo Argentino. El dictamen de los auditores, aprobado ayer en el más absoluto sigilo y al que tuvo acceso La Nación, significa todo un alivio para el Gobierno ya que allí se eximen de emitir opinión sobre aquel acuerdo, el cual fue denunciado de "abusivo" por Gabriela Boquín, fiscal general ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial. 

Boquín había reclamado que se rechace dicho acuerdo pues iba a implicar una virtual condonación de la deuda que el Correo Argentino con el Estado, con una quita de 70.000 millones de pesos a 2033. El hecho que la AGN no se hubiese pronunciado explícitamente contra el acuerdo por la deuda del Correo es visto, por el Gobierno, como una muy buena noticia. "En el dictamen de la AGN se hace hincapié en que la empresa Correo Argentino no tenía bienes al momento del concurso, sólo bienes contingentes, que eran los juicios que le hizo el Estado. Por lo tanto, era imposible pretender cobrarle toda la deuda; la única solución era llegar a un acuerdo con un plan de pago, que es lo que hicimos nosotros", indicó a La Nacion una encumbrada fuente de la Casa Rosada que tuvo acceso al informe de auditoría.

El dictamen fue suscripto por cinco de los siete auditores: su presidente, Oscar Lamberto; Javier Fernández y Gabriel Mihura Estrada, todos ellos enrolados en el peronismo no kirchnerista. Acompañaron, también, los radicales Alejandro Nieva y Jesús Rodríguez. Los kirchneristas María Graciela De la Rosa y Juan Ignacio Forlón rechazaron, en cambio, el dictamen de mayoría." (las negritas son nuestras)

Lamberto es una de las momias menemistas recicladas por Pichetto (que sigue siendo, recordemos, "Secretario de Acción Política" del Consejo Nacional del PJ) para conseguirle conchabo en el Estado (no es que necesitara legar a fin de mes, tampoco); al igual que Roggero, García Lema (a los que propuso para Defensor del Pueblo y Procurador General en reemplazo de Gils Carbó, respectivamente) y el propio Yoma; al que le consiguió destino diplomático como se dijo.

Claro que la culpa no es del chancho (Pichetto), sino del que le da de comer: o sea, los gobernadores del PJ que lo pusieron en su cargo y lo sostienen, dándole el estatus de negociador privilegiado para rosquear en nombre de ellos con el gobierno de Macri; que por supuesto se cobra su precio como lo muestra éste caso del Correo.

Este es el "peronismo reciclado" que Massot aspira a que continúe la "obra transformadora" de Cambiemos.

jueves, 10 de mayo de 2012

SENSACIONAL ESTRENO: EL RETORNO DE LOS MUERTOS VIVIENTES

Primero el psicótico que por estos días recorre todos los canales de televisión, sin que nadie se anime a colocarle el chaleco de fuerza:



Probá suerte en la Coalición Cívica Mingo, ahí hay un puesto de orate que quedó vacante porque alguien se pasó a no sé que garcha de Movimiento de Resistencia a la Dieta de Cormillot; o algo por el estilo.

Y acá éste otro, un formidable líder de masas:


Un tipo que de sellos de goma algo sabe, y de política ni hablar: fíjense que dice que Macri está preparado para gobernar.

Es más: en cualquier momento empieza.

Y también tiene razón cuando dice que es un hombre probo: al lado del tío de éste, Maddoff es Juan Carr.

En fin, con la reaparición de estos muñecos se ve que el kirchnerismo largó la campaña por la re-reelección de Cristina.