LA FRASE

"PARA ANALIZAR SI REALMENTE HABÍA NECESIDAD Y URGENCIA PARA QUE EL PRESIDENTE DICTARA EL DNU 70 EN 2023 NOS VAMOS A TOMAR TODO EL TIEMPO QUE SEA NECESARIO." (HORACIO ROSATTI)
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lunes, 19 de febrero de 2024

ARMAR EL ROMPECABEZAS

 

El 24 de enero pasado (a solo 45 días de haber asumido Milei el gobierno) la CGT protagonizó un paro general que movilizó en todo el país a más de un millón y medio de personas, contra el mega-DNU que aun no ha sido tratado por el Congreso. Pocos días después, la central obrera conseguía en la justicia anular el capítulo de la reforma laboral flexibilizadora que contenía. No hubo manifestaciones públicas de los principales dirigentes de UxP (Cristina, Alberto, Massa) sobre el paro y sus efectos.

Por entonces Pablo Moyano reclamaba la presencia de la dirigencia de Unión por la Patria (habló concretamente de Alberto, Massa y Cristina) para ponerse al frente del reclamo social. Sobre el fin de la semana pasada se conoció -por boca del propio presidente- que el gobierno no piensa aumentar el salario mínimo, ni convocar a la paritaria nacional docente; y el mismo Moyano señaló que la CGT evalúa convocar a otro paro. 

También la semana pasada, y después que naufragara en el Congreso (en buena medida por el paro convocado por la CGT) la ley ómnibus de Milei, se conoció el documento de Cristina en el que ensaya una retrospectiva histórica sobre los modelos económicos aplicados en el país para demostrar -con datos concretos- que las actuales políticas económicas fracasaron cuantas veces se intentaron, y advertir sobre los riesgos de la dolarización.

No hubo en el documento mención alguna al paro de la CGT (si al DNU y la ley ómnibus), pero si deslizó la apertura a discutir las condiciones de incorporación de capital privado a las empresas estatales, posibles cambios a la legislación laboral (los dos aspectos, entre los más cuestionados del DNU) y las políticas de educación y salud. En estos dos últimos casos, Cristina volvió sobre cuestiones ya planteadas en sus gobiernos, que le valieron por entonces críticas desde sectores sindicales; y la referencia implícita del documento a la conflictividad laboral en la docencia cae en medio de la virtual disolución de la paritaria nacional, y el desguace del Fondo de Incentivo Docente. No hubo comentarios de la CGT -ni en general de dirigentes gremiales- sobre ésas y otras cuestiones planteadas en el documento.

Es como si todas las partes concernidas pensaran -erróneamente, en nuestra opinión- que ambas cosas son antagónicas, o que no puede plantearse una sin antes resolver la otra: articular una respuesta organizada frente al salvaje plan de ajuste de Milei, y comenzar a pensar en ofrecer a los argentinos una salida alternativa, cuando ese plan finalmente estalle. Algo que puede suceder más pronto que lo imaginamos, por lo agresivo de las políticas que se están desplegando desde el gobierno, lo que puede acelerar la dinámica propia de la crisis, reconduciéndola de económica y social (punto en el que ya estamos instalados, a juzgar por los indicadores), en política e institucional.

Quizás la dirigencia política que no tiene al presente responsabilidades institucionales (condición que comparten en común Cristina, Massa y Alberto) entienda que no puede liderar la protesta social, para no ser acusada de desestabilizadora de un gobierno que -nos guste o no- fue electo por el voto popular. La falta de respuesta de muchos sectores del ex "Frente de Todos" al documento de Cristina impide saber -entre otras cosas- si comparten o no la lectura que allí se hace de la experiencia del gobierno de Alberto, del cual Cristina intenta despegarse remitiéndose a sus críticas de entonces, y al sistema presidencialista de nuestra Constitución; hechos tan ciertos como que Alberto no hubiera llegado a ése lugar, sin su decisión.

Y tan ciertos como que la CGT que acaba de pararle a Milei llegó a ese paro con su dirigencia desprestigiada no solo por su complacencia con Macri durante su gobierno, sino porque tampoco expresó una oposición firme al rumbo claudicante de Alberto y su núcleo íntimo: por entonces y a la inversa de lo que está pasando ahora, los mayores cuestionamientos al gobierno provinieron de la política, y en particular desde el kirchnerismo, empezando por la propia Cristina. Una prueba de que la historia es dinámica, y no siempre se repite.

Hay cierta tendencia a confundir gravitación política con conducción, y de allí que muchos le reclamen a Cristina que en su documento no mostrara signos de querer ejercerla. Como prueba de que ambas cosas son distintas aunque suelen ir de la mano -por lo general termina conduciendo al conjunto el que mayor gravitación política tiene-, Cristina en los últimos tiempos no ejerce la conducción (al menos no explícitamente y con la aceptación del conjunto del dispositivo ex FDT, hoy UxP), ni la reclama: parece haber asumido que su rol es el de seguir alentando (con tozudez y sin respuestas) elevar el nivel del debate político, para ver si se pueden alcanzar ciertos consensos mínimos.

Y cuando el que tiene la mayor gravitación política -por volumen y méritos propios- no conduce, lo que sucede es que no hay conducción, y cada uno hace lo que puede y quiere: desde irse del país como Alberto (al que nadie le pidió orgánicamente y por los canales  específicos la renuncia a la presidencia del PJ), hasta integrarse al gobierno de Milei como Scioli, o recluirse en el silencio como Massa; al fin y al cabo nada menos que el último candidato presidencial del espacio, aunque sus advertencias de campaña se hayan ido cumpliendo una tras otra con la misma precisión que se cumplieron las de Scioli en el debate del balotaje del 2015. Claro que cada dirigente hace sus propias opciones políticas personales, y éstas no son atribuibles de pleno a la conducción (o a la falta de ella), ni tampoco se trata siempre -como sostienen algunos- de "compañeros a los que no se los supo contener".

En éste contexto, cabe preguntarse para quienes escribió -preponderantemente- Cristina su documento, descartando por nuestra parte que sea para los propios: en las 33 páginas no hace sino reiterar posiciones públicas suyas conocidas desde hace tiempo. Es posible conjeturar que esté destinado a los "dadores voluntarios de gobernabilidad" y en especial a la UCR, para advertirles -en el caso que decidan reincidir en apoyar al gobierno en el Congreso- sobre los riesgos que entraña para el país y la mayoría de sus habitantes el abismo de la dolarización. Esta advertencia también parece dirigida a los sectores del "círculo rojo" que redactaron tanto el DNU como la ley ómnibus, para impulsar sus negocios: hay párrafo enteros del escrito señalando los daños que causaría el experimento para distintos sectores productivos.

Acaso sea el tiempo de tender puentes para empezar a juntar las piezas del rompecabezas opositor, en el espacio del peronismo/kirchnerismo y sus aliados; aunando representación social y canalización de la protesta en defensa de los derechos e intereses agredidos por Milei y sus políticas, con una organización política -que necesariamente debería incluir espacios colectivos de discusión, para no repetir la frustrante experiencia del FDT- que esté en condiciones de diseñar un modelo alternativo que se reconduzca en propuesta política atrayente y salida electoral. No como en el 2019, en que pareciéramos haber replicado la lógica del gorilismo contra el peronismo: juntémonos dejando de lado nuestras diferencias para ganarles, y después en el gobierno vemos que hacemos.   

Al paso que vamos, con un Milei desenfrenado y convencido de que sus ideas van a conducir a otra cosa que no sea ponerse el país de sombrero con todos nosotros adentro, es muy posible que la crisis se agrave tanto que su velocidad y magnitud impida separar en el tiempo ambos aspectos del dilema: resistir el ajuste, y organizar una salida al desastre. Por otro lado, lo que pasó con la discusión en torno al DNU y la ley ómnibus demuestra que -a diferencia de la experiencia macrista- las piezas no están tan lejos unas de otras. Tuits relacionados:

sábado, 6 de enero de 2024

A LLORAR A LA IGLESIA

 

Cualquier persona medianamente avispada no debería sorprenderse de las pulsiones autoritarias de un gobierno cuyo presidente eligió para que lo acompañe en la fórmula a una admiradora de Videla que reivindica la dictadura y niega su naturaleza criminal. Que haya accedido al poder mediante elecciones no lo convierte a Milei en democrático, menos cuando se encarga a diario de llevarse puesta a la democracia y sus instituciones.

De modo que lo que está pasando desde el cambio de gobierno en el Congreso nacional tampoco debería sorprender a nadie: un Fujimorazo en cuotas que opera en espejo con las tentaciones cesaristas del presidente del mega DNU y la ley ómnibus, cuyo fin explícito es cerrar el Poder Legislativo por cuatro años. 

Arrancó con el asalto de los cargos de autoridades y comisiones del Senado, y ahora se está replicando en Diputados, en la conformación de las comisiones y en el giro que le darán al DNU (que por cierto, recién ayer aterrizó en el Congreso) y a la ley ómnibus.

Pero lo que sí queremos destacar como sorprendente es el paupérrimo desempeño de nuestros representantes en el Congreso, que claramente no han estado a la altura; limitándose a quejarse por los medios y las redes sociales contándonos lo pérfidos y desalmados que son ellos, y como se llevan puestas la Constitución, las leyes y los reglamentos de las Cámaras legislativas.

No es que uno abrigara demasiadas esperanzas del terreno parlamentario como frente de lucha para frenar esta brutal ofensiva de la derecha, pero lo cierto es que hasta ahora han tenido más huevos para eso un par de camaristas nacionales del trabajo, que todos los senadores y diputados de "Unión por la Patria" que votamos, juntos.

Cuando Cristina explicaba en campaña lo de la crisis de representación y la insatisfacción democrática como la plataforma sobre la que se armó el fenómeno Milei, también estaba aludiendo a la responsabilidad que le cabe a la política tradicional de no desertar de su obligación de representar intereses, y si uno es peronista (o se dice tal), esos intereses no pueden ser otros que los de las mayorías populares. 

Sobre ese vacío de representación -patente en el fracaso de la experiencia del gobierno del "Frente de Todos"- también se construyó Milei, y esta ventana de oportunidad para que la derecha destroce lo que queda del país, basada en una legitimidad política de origen emanada del voto.

Ese es el contexto (grave) en el que nos encontramos, y lo que está en juego exige de la dirigencia política y de nuestros representantes respuestas a la altura de las circunstancias. No lamentaciones más propias de radicales (por cierto, sumados con entusiasmo a la comparsa neoliberal saqueadora) que de gente que accedió a representar a parte de la ciudadanía, en nombre del peronismo.

Tampoco hay que engañarse: el envalentonamiento de la patota derechosa que tomó por asalto el Congreso para que apruebe a libro cerrado el paquetazo del ajuste y la entrega no le viene tanto de los 14 millones de votos que obtuvo Milei, como del desembozado apoyo del poder económico que es el que verdaderamente redacta los proyectos del gobierno, en beneficio de sus propios intereses.

No sea cosa que el lloriqueo de los nuestros por toda respuesta frente a los atropellos del oficialismo y sus socios/aliados tenga que ver con eso: con que en realidad no se atreven a ir más allá de eso, por miedo a enfrentarse a los dueños del circo, más que a los circunstanciales payasos. Tuits relacionados: 

domingo, 22 de octubre de 2023

"Y A SUS PLANTAS RENDIDO UN LEÓN"

 

lunes, 28 de agosto de 2023

OJALÁ ALCANCE

 

Suma fija de 60.000 pesos en dos cuotas para los trabajadores formales con ingresos de bolsillo de hasta 400.000 pesos, absorbibles por los aumentos pactados en paritarias, siendo por cuenta del Estado (en definitivas) el costo de la medida en el caso de las Pymes y Micropymes, porque se les permitirá deducir lo que paguen de los aportes patronales a la seguridad social. El mismo monto y en las mismas condiciones se pagará a los estatales nacionales, invitándose a provincias y municipios a hacer lo mismo con sus empleados.

Bono de 37.000 pesos durante tres meses a los jubilados, devolución de hasta 18.000 pesos en las compras con tarjetas de débito y créditos a tasa subsidiada de 1/4 de la que cobran los bancos en sus operaciones habituales. Refuerzo de entre 10.000 y 23.000 pesos para los beneficiarios de la Tarjeta Alimentar, que tendrá un incremento posterior del 30 %. Bono de 20.000 pesos en dos cuotas para los beneficiarios del Potenciar Trabajo.

Exención por seis meses del pago del componente tributario a los Monotributistas de las categorías más bajas (A, B, C, D y E), créditos a tasa subsidiada de la mitad de la que cobra el mercado y con garantía del Estado, y bono de 20.000 pesos en dos cuotas para el personal de casas de familia, devolviendo el Estado lo pagado a sus empleadores con reducción de impuestos, cuando el hogar perciba ingresos por hasta 2 millones de pesos mensuales.

Acuerdos de precios con 425 empresas que comercializan 53.000 productos, a las que por adherir se les devolverán hasta 6 puntos de lo que deben pagar de IVA y Ganancias. Suspensión de los aumentos de las prepagas por 90 días para los afiliados que perciben hasta 2 millones de pesos mensuales de ingresos. Medidas crediticias para las Pymes, retenciones cero para algunas economías regionales (vino, arroz, tabaco) y programa de prefinanciación de exportaciones por 770 millones de dólares.

Esas serían en apretada síntesis las medidas que fue anunciando ayer durante todo el día Massa, de las que aun no se conoce la "letra chica" porque nada hay publicado al respecto hoy en el Boletín Oficial, y se anunció que en el transcurso de la semana los distintos organismos responsables de implementar las medidas irán dando a conocer los detalles.

En rápido análisis, se puede ver un combo de inyección de guita abajo, en el medio y también arriba, combinando gasto público directo que se pueda palpar en el bolsillo de los destinatarios, con resignación de recursos fiscales del Estado a cambio de inyectar capacidad de gasto o inversión en el sector privado, combinando las necesidades electorales del oficialismo, con medidas contracíclicas contra una recesión que ya se avizora, como consecuencia del acuerdo con el FMI.

Sobre la oportunidad de los anuncios, no cabe sino remitirnos a los dicho en su momento acá, una semana exacta antes de las PASO. Sobre su eficacia en términos electorales, a la inversa: habrá que esperar que las medidas impacten efectivamente, y que se abran las urnas. Algunas parecen francamente desacertadas, como devolverles impuestos a los formadores de precios como zanahoria para que adhieran a los acuerdos de precios, cuando los han venido saboteando sin parar remarcando a lo pavote, y abultando sus ganancias por las que ahora van a tributar menos.

Daría la impresión de que Massa apuntó a sectores que fueron siempre la clientela electoral tradicional del Frente Renovador (con los anuncios sobre prepagas o Monotributo, y economías regionales, entre otros), y a los sectores populares que conformaron tradicionalmente la base electoral del peronismo, tanto históricamente como en su fase kirchnerista. 

Cuanto esfuerzo del Estado (medido en recursos asignados) hay destinado a cada uno de esos sectores no puede saberse (o al menos el ministro candidato eligió no comunicarlo, lo cual no deja de ser llamativo), y permitiría formarse una opinión definitiva respecto a si se comprendió cabalmente la situación en la que estamos, y el riesgo cierto que se corre de ni siquiera poder disputar el balotaje. En cualquier caso, aunque las medidas puedan parecer tardías o insuficientes -y ciertamente en un punto lo son- deben implementarse ya, sin demoras ni vericuetos burocráticos que impidan que sean percibidas por sus destinatarios, antes de votar.

Pero no sería del todo justa la apreciación del contexto en que son tomadas si no dijéramos -como bien lo remarcó el "Chivo" Rossi- que éstas medidas o cualquier medida de éste tipo que tiendan a compensar (aunque sea en parte) ingresos afectados por la inflación y la devaluación, o a proteger derechos con políticas públicas, no forman parte del set de herramientas de ninguno de los candidatos de la derecha, ni de sus propuestas electorales. De hecho tanto Bullrich como Milei salieron de inmediato a cuestionarlas frontalmente. 

Tuits relacionados:      

lunes, 14 de agosto de 2023

A VER SI ENTENDIMOS

domingo, 13 de agosto de 2023

EL DOMINGO ¿CUESTE LO QUE CUESTE?

 

Hoy los argentinos vamos a las urnas en una PASO que funcionarán -como ha sido desde su instauración en el 2009- como una virtual primera vuelta, que prefigura los resultados de la elección general. Y así serán leídas, más allá de su función específica de seleccionar los candidatos de cada fuerza política, en los casos de aquellas que tienen competencia interna.

Acá no hemos seguido ni publicado encuestas, fieles a lo que hacemos en cada elección. Y en éste caso en particular, tampoco nos hemos expresado por uno u otro candidato dentro de los que compiten por "Unión por la Patria", porque creemos que lo importante es que sea cual sea el que se elija, los votos queden en ese espacio; que con todas sus contradicciones, ambigüedades y defecciones, es el único que está en condiciones reales de darle pelea en las generales a la derecha explícita.

Respetamos absolutamente todas las opiniones, incluso las de aquellos que hoy decidan no ir a votar o lo hagan en blanco, cosa que en absoluto nos sorprendería porque varios veces hemos dicho acá que aquello de la "insatisfacción democrática" de la que hablaba Cristina es una realidad tangible. Que por otro lado se viene reflejando como constante en las elecciones provinciales habidas hasta hoy.

Menos aun nos podría sorprender que los que opten por expresarse de ese modo sean ex votantes del "Frente de Todos" en el 2019, porque somos los primeros en reconocer que el gobierno que militamos y votamos no estuvo a la altura de las expectativas, y por esa razón es que perdimos más de 4 millones de votos en las legislativas del 2021.

Esta campaña electoral -tan parecida en muchas cosas a la del 2015- transcurrió bajo el eje de "votemos para que no vuelva la derecha", y la perspectiva (o amenaza) de que eso suceda es real, y concreta. Y por si alguno no sabe lo que eso significa, ellos mismos se ocupan de recordárnoslo a a diario, corriendo las fronteras de su horriblidad.

Tanto que ni siquiera -y en ésto ésta campaña sí se diferencia de la del 2015- intentan ya disfrazar lo que haría en el caso de volver al gobierno, y lo dicen con todas las letras de un modo brutal: reprimir la protesta social, recortar derechos, volver a endeudarnos con el FMI, ajustar. De modo que a ésta altura del partido nadie que los vote -poco importa si elige a Larreta, Bullrich o Milei- puede alegar haber sido engañado en su buena fe: si lo hace es porque acuerda con ese modelo de país, aunque se lo lleve puesto.

Dicho todo esto, lo cierto es que el peligro cierto de que vuelva la derecha se ha convertido en la principal -si no la única- razón para votar por "Unión por la Patria" hoy, y en las generales de octubre. No es poco, y una de las justificaciones históricas del peronismo y sus distintas construcciones frentistas ha sido siempre cerrarle el paso a la instauración de la Argentina gorila. Sin embargo, queda la sensación de que con eso solo no alcanza, y que si nos limitamos solo a esto, estamos conduciéndolo -al peronismo, al movimiento nacional y popular en su conjunto- hacia su definitiva esterilización histórica.

Algún día -no necesariamente hoy, pero más temprano que tarde- tendremos que reflexionar en forma colectiva como es que nos hemos colocado en ésta trampa, de la que parecemos no poder salir desde aquel 9 de diciembre de 2015 en que Cristina se convirtió en calabaza: constreñidos siempre a votar más por temor que por convicción, o por el mal menor para evitar uno mayor, más que con la esperanza real de transformar esta realidad injusta.

Se podrán argüir múltiples argumentos desde el "lawfare" hasta las "correlaciones de fuerzas", pero lo cierto es que hace casi una década que venimos haciendo concesiones y retrocesos (en programas, en metas, en candidatos, en alianzas), y perdiendo en el camino la audacia de intentar algo distinto, sin conseguir por eso dejar de ser perseguidos, estigmatizados y violentados, en todo sentido. Tanto que incluso quisieron matar a Cristina en vivo y directo, por televisión nacional.

Nadie está pidiendo imposibles, ni el asalto del Palacio de Invierno, ni revoluciones inimaginables en la Argentina de hoy. Simplemente llamamos a la reflexión sobre un fenómeno que no puede llegar para quedarse, porque los resultados serán los que estamos teniendo. Incluso una derrota a manos de esa derecha que ya nos venció una vez, y lo volvió a hacer en las legislativas del 2021.

Aunque esa reflexión no cambie en lo inmediato el sentido del voto por "Unión por la Patria" hoy y en las generales de octubre, porque sea un voto en defensa propia, frente al regreso de lo peor de la política argentina. Pero sin ella no habrá futuro, incluso ganando, y cerrándoles el paso. Tuit relacionado: