LA FRASE

"AL FINAL EL EXPERTO EN CRECIMIENTO ECONÓMICO SIN DINERO ERA ADORNI." (JOSÉ MAYANS)

jueves, 2 de abril de 2026

COLONIALISMOS

 

 

El año pasado para esta misma fecha y en su discurso en el acto oficial, el presidente Milei dijo que las Malvinas volverían a ser argentinas cuando los kelpers así lo desearan, y teníamos que trabajar para que se concrete. Como le hicieron notar que esa (la de la autodeterminación del pueblo implantado colonialmente en un enclave apropiado por la fuerza) ha sido siempre la tesis británica sobre las islas, insistió con lo mismo.

Es posible que en su profunda estupidez no entienda el valor de las palabras en los asuntos internacionales, ni el de las posturas de los Estados sostenidas con coherencia en el tiempo en las disputas diplomáticas, y ya está claro que tampoco entiende la trascendencia institucional del enunciador (la máxima autoridad política del país), aun cuando diga estupideces, como suele ser lo habitual. O peor aun, las haga.

Como da cuenta el tuit de apertura (relacionado a una noticia publicada a fines del año pasado en Clarín) una empresa petrolera israelí (Navitas Petroleum) asociada con otra británica (Rockhopper Exploration) van a explotar petróleo en las islas, con una licencia otorgada por el gobierno kelper. 

Hasta acá, la protesta del gobierno argentino (que solo hizo algo cuando la noticia tomó estado público) se limitó a transmitirle la inquietud a su par de Israel, que dijo que nada podía hacer para influir en las decisiones de la petrolera, porque es privada y cotiza en bolsa; y a suspender -pero no abandonar- los planes de trasladar la embajada argentina a Jerusalén; en contra de varias resoluciones de la OPNU, y de una ley nacional vigente desde los tiempos del primer gobierno de Perón (1951), la Ley 14025, que dispuso el reconocimiento del Estado de Israel y el establecimiento de relaciones diplomáticas con su gobierno.

Pero además de dar por bueno el argumento del gobierno de Netanyahu (que cuando quiere realmente lograr algo sabe como presionar para conseguirlo), antes y después de eso Milei se preocupó por dejar claro su alineamiento total con los intereses del Estado de Israel y los Estados Unidos, en ese orden: hace poco se proclamó el presidente más sionista del mundo, y nos anotició a los argentinos que estábamos en guerra con Irán, en seguidismo del ataque de sus mandantes reales a la nación persa.

El colonialismo (al que muchos ingenuos daban por muerto, sobre todo después del proceso de descolonización posterior a la Segunda Guerra Mundial) hace rato ya que no solo se expresa en la apropiación de territorios y riquezas naturales de un país por otro (como en Malvinas), aun cuando el objetivo final siga siendo ése. Y la Argentina actual es una buena muestra de eso: también supone el secuestro absoluto de la capacidad de decisión autónoma de una nación, que se comporta como una colonia, aun cuando conserve los atributos formales de un Estado soberano; y si esa colonia tiene que elegir entre un reclamo histórico de soberanía (algo de lo que justamente carecen las colonias) y los intereses de su metrópoli (o metrópolis), ya sabemos cual será su decisión; aunque implique votar en contra de países que siempre apoyaron nuestro reclamo soberano sobre Malvinas en la ONU y demás foros internacionales, para seguir la agenda de los que siempre votaron en contra (como Israel), o se abstuvieron (como los Estados Unidos).

No podría esperarse del gobierno de Milei que reclame por el saqueo kelper del petróleo de Malvinas, cuando el mismo reclamo de soberanía sobre las islas ha sido abandonado, incumpliendo el mandato constitucional. Y de poco valdría que lo hiciera cuando está dispuesto a regalar a los extranjeros el petróleo en Vaca Muerta (veánse si no sus delirantes lecturas del fallo favorable en EEUU en el litigio por la expropiación de YPF), los glaciares en todo el país, las tierras rurales o los minerales críticos, respecto de los cuales se ha comprometido incluso a consultar con Estados Unidos antes de decidir que hacer con ellos.

Tampoco estamos ante un gobierno que se haya dado a la tarea de reivindicar a los héroes de Malvinas (tarea de la que, mal que les pese incluso a muchos milicos, se encargaron los gobiernos de Néstor y Cristina), y cuyo reivindicación del rol de la fuerzas armadas se ha limitado al negacionismo primero y la justificación después, de los crímenes de la dictadura; desde los que arrojaban personas vivas al mar en los vuelos de la muerte o torturaban en las mazmorras de la ESMA, hasta los que estaqueaban conscriptos en las islas en plena guerra.  

Estamos, si, en manos de un gobierno que ha hecho suya la tesis de Galtieri en 1982 (algo que comparten con algunos delirantes dentro del peronismo): si nos subordinamos incondicionalmente a los objetivos estratégicos de los Estados Unidos, ellos nos ayudarán a recuperar las islas; como si no tuvieran sus propios (y serios) problemas. Algo que más tarde o más temprano conseguiremos, pero cuando primero recuperemos el resto del país, y seamos dignos de respeto, en lugar de parias internacionales u objeto de asombro (por lo ridículo de las posturas) o de burla, como somos.

Porque el gobierno cipayo de ocupación colonial que padecemos representa el oxímoron de querer combatir el colonialismo reivindicando la soberanía sobre Malvinas, mientras al mismo tiempo se lo presenta como un modelo aceptable de organización del país; uno cuyo destino deciden otros, y cuyos recursos y riquezas deben ser puestos al servicio de esos otros, en lugar de sus propios habitantes.

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