"¿Cuándo se termina una etapa política? ¿En qué momento conviene desprenderse de un fusible? ¿Cuándo hay que arrojar lastre del barco? Son las preguntas que se deben estar haciendo diferentes componentes de la élite local y los propios estadounidenses en relación con la gestión Milei. Milei tiene un alto valor simbólico internacional: ha servido de “modelo” de un nuevo tipo de liderazgo, mucho más agresivo y autoritario en lo político, más osado en lo económico y social, más alineado en materia internacional que el liberalismo tradicional, que posaba de centrista y moderado. ".
"Como señalaba recientemente el experto internacional Juan Tokatlian, el experimento Milei está siendo visto desde el exterior con sumo interés, para observar hasta dónde y qué cosas es capaz de soportar una sociedad de desarrollo medio. Sobre todo en cuanto a la destrucción de instituciones consideradas pisos básicos de progreso, que no habían sido cuestionadas ni siquiera en el período de la globalización neoliberal. Si bien Milei puede presentar como grandes triunfos todos los retrocesos económicos y sociales que está provocando, y que la derecha troglodita considera “logros valiosos”, está patinando en lo político y en lo económico, y sobre todo no está garantizando la perdurabilidad social de este status quo tan confortable para las corporaciones.".
"Odiar a una parte significativa de la población es una forma de desconocer qué es una nación. Es rechazar sus componentes específicos, su historia concreta, negar sus raíces, en pos de construir un país de diseño, racista, blanco, conservador, consumista y colonizado, una especie de resort trumpista del subdesarrollo. De todas formas, lo que sellaría definitivamente la suerte de Milei —más allá de sus berrinches y desvaríos— sería que la mayoría de la población le saque la ficha. Que muchos millones, en todo el país, comprendan en toda su magnitud la amenaza que representa este gobierno para el futuro de los argentinos.".
"Sectores cercanos al oficialismo ven con preocupación que el hundimiento de la actividad económica interna vaya horadando políticamente la adhesión de la base electoral del actual gobierno, creando un escenario de creciente incertidumbre sobre el resultado eleccionario del año que viene. Un salto cambiario acotado, seguramente, protegería en algo a la industria, pero también impulsaría alzas adicionales en los precios minoristas, lo que reforzaría el deterioro electoral del mileísmo. Además, esa devaluación acotada podría estimular una mayor oferta de divisas de los exportadores, pero al mismo tiempo encarecería la compra de esas divisas por parte del gobierno, que debería disponer de más pesos para seguir juntando divisas.".
"En síntesis, el temor en la derecha es a los propios fantasmas de los mercados: 1) Van a tener miedo porque sigue anémica la actividad económica, lo que hará que la gente cada vez se banque menos al gobierno que les vendió humo económico, y crezca la posibilidad de que Milei pueda perder las elecciones; y 2) van a tener miedo a que el gobierno mantenga una política económica que le impida conseguir los suficientes dólares para aumentar las reservas y despejar todas las dudas sobre un eventual impago por parte del país a los acreedores privados y al propio FMI. Los dos tipos de temores convergen directamente en un solo pánico, por ahora imaginario: los mercados asustados desarman sus posiciones en pesos, o retiran sus fondos de los bancos, y se abalanzan sobre las reservas —insuficientes— del BCRA. Un curioso escenario de hecatombe de los economistas más brillantes de la historia. Hoy, la tesis mileísta de que ajustar a la población sin límites, con políticas dogmáticas y aventureras, es perfectamente compatible con un robusto y fiel acompañamiento electoral, parece haber entrado en crisis incluso entre sus fieles creyentes.".
"Pero nos vamos enterando de la enorme extensión de la reacción en las bases de la sociedad, como una ola que creció de forma inesperada, involucrando a muchísima gente que habitualmente no se siente convocada por la “cosa pública”, y que se metió decididamente a opinar y expedirse sin cortapisas. Evidentemente, ha sido muy fuerte, muy popular, el rechazo a la extranjerización, ya que logró trascender los espacios de la militancia y la politización tradicionales para extenderse mucho más lejos, y ejercer fuerte presión moral y política sobre todo el arco político. No fue otra cosa, sino esa ola de opinión popular masiva, lo que actuó sobre los gobernadores y senadores colaboradores de siempre del gobierno, quienes, cálculo político en mano, decidieron no subirse a la pira preparada para incinerar los proyectos entreguistas del mileísmo.".
"Esta ola de dignidad nacional que de pronto ha surgido, defensiva ante el intento de desguazar físicamente la nación, debería poder extenderse para comprender que nuestro país debe retomar el control sobre su propio destino, y no dejarlo en manos “de la globalización”, cuyos motores reales son las grandes empresas de los países industrializados y los propios Estados centrales. Abandonarse a las fuerzas de la globalización es poner nuestro destino en manos de poderes empresariales y políticos concentrados, cuyos intereses difieren de los nuestros. La soberanía no es el territorio. Es un concepto político: es poder autodeterminarse.".
"Se podrá decir que vivimos en un mundo extremadamente interrelacionado, y que al ser periféricos, carecemos de algunos instrumentos económicos, tecnológicos, financieros, importantes para poder ejercer una soberanía plena. La realidad internacional nos indica que nadie en el mundo actual es plenamente soberano, y que hasta las dos grandes potencias dependen de la otra. Lo que no quita que aspiren al mayor grado de autodeterminación posible. En cambio, en nuestra periferia latinoamericana colonizada florecen las ideas vinculadas, no a fortalecer la autodeterminación, sino a profundizar la dependencia, como hace todos los días este gobierno de la derecha argentina.".
"Lo advirtió hace tiempo Aldo Ferrer: una precondición para emprender el camino del desarrollo económico y social es contar con pensamiento propio, con una lectura propia del orden global y del lugar que nosotros queremos tener en él. Ferrer lo planteó en el terreno de la economía, así como muchos otros pensadores nacionales ya lo habían planteado con la meta de construir una nación soberana.".
"La soberanía es una sola, y es integral. No se puede hablar de soberanía y vender el territorio. No se puede hablar de soberanía en las Malvinas -como hizo la última dictadura- y extranjerizar la economía del territorio continental. No se puede hablar de soberanía y endeudar brutalmente al país, como hacen sistemáticamente los gobiernos neoliberales. No se puede hablar de soberanía y destruir la salud de sus habitantes, como hace este gobierno. No se puede hablar de soberanía y degradar la vida de millones de niños que son quienes deberán continuar, mejorar y defender nuestro país. No se puede hablar de soberanía y socavar las industrias culturales, el mundo académico y el científico. Es atentar contra el cerebro de la nación.".
"Los que dicen que están de acuerdo en general con “el rumbo” de esta administración tienen que asumir que están a favor de la extranjerización de la tierra, de la quema de los grandes bosques con fines de rentabilidad inmobiliaria y con la destrucción de los glaciares para mayor provecho de las mineras extranjeras y de los países industriales. Hoy, recuperar la independencia nacional y la autodeterminación requiere superar la intoxicación de pensamiento colonial que permitió la llegada del cipayismo al gobierno, y arrebatarle el manejo de algo tan importante como es el destino del pueblo argentino.".
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