LA FRASE

"LA INFLACIÓN YA LA TENEMOS TOTALMENTE CONTROLADA, LO QUE NOS FALTA CONTROLAR SON LOS AUMENTOS DE PRECIOS." (LUIS CAPUTO)

miércoles, 9 de septiembre de 2026

LECTURA RECOMENDADA

 

"En las últimas semanas se ha leído y se ha escuchado a muchos periodistas y políticos analizar la salud mental del Presidente Javier Milei. El encierro en la Quinta Presidencial de Olivos, su presencia en el acto en Rosario, la cloaca de insultos que desparramó contra los periodistas y contra su “ideólogo” Agustín Laje tuvieron amplias repercusiones y fueron diseccionados profusamente. El peligro de este tipo de miradas, que justifican decisiones de políticas y actitudes individuales, es que facilitan a las élites el argumento de que el modelo no está fracasando, sino que el problema era Javier Milei. Nada nuevo para quienes hemos superado el medio siglo de vida, porque así lo han hecho en las últimas décadas. Entonces, más allá de los diagnósticos sin sentido que haga o haya hecho Nelson Castro desde un set de televisión, así como otros desde los medios y las redes sociales, el interés no consiste en establecer diagnósticos sobre los gobernantes, sino en comprender de qué manera las características psicológicas y/o psiquiátricas de quienes gobiernan pueden afectar la toma de decisiones, cómo el ejercicio del poder modifica las condiciones en las que esas características se manifiestan y, finalmente, qué capacidad tienen las instituciones políticas para limitar las consecuencias de un liderazgo psicológicamente deteriorado, rígido o incapaz de procesar adecuadamente la información.".

"Antes de llegar a la pregunta incómoda, trataremos de pensar estas cuestiones no desde la psicología o psiquiatría, sino desde las ciencias sociales. Pero, como adelantábamos, estaríamos cayendo en un reduccionismo —y en cierta manera, como adelanté, en una excusa para que nosotros y las élites no nos hagamos cargo de nuestras acciones— si adjudicamos las malas decisiones a los problemas mentales; aunque los hubiera. Por el contrario, si esos problemas psicológicos y/o psiquiátricos existieran, resulta más interesante preguntarse qué relación hubo entre las características personales, la estructura institucional, la concentración del poder, la destrucción de los mecanismos de control, la dinámica de las élites y el proceso de toma de decisiones. Entonces, la pregunta deja de ser simplemente, por ejemplo, si Javier Milei está “loco”, sino más bien, ¿qué condiciones políticas hicieron posible que algunas concepciones radicales de un individuo se transformaran en decisiones de Estado?".

"Esta cuestión adquiere una dimensión todavía más importante cuando se analiza el autoritarismo. En los regímenes democráticos, un líder puede tener características psicológicas o psiquiátricas problemáticas, pero existen, como hemos dicho y al menos teóricamente, diversos mecanismos capaces de limitar sus efectos: elecciones, oposición partidaria, Congreso, Poder Judicial, prensa, burocracias profesionales, ministros, grupos de interés y procedimientos de sucesión. Aunque ninguno de estos mecanismos —como podemos observar actualmente en la Argentina— garantiza por sí mismo que las decisiones sean racionales. Por ello, en los regímenes autoritarios, y especialmente en aquellos que adquieren características personalistas, el problema psicológico se transforma, entonces, en un problema de la estructura del poder. Un gobernante puede comenzar a recibir cada vez menos información que contradiga sus opiniones porque los funcionarios tienen incentivos para transmitirle aquello que desea escuchar. La crítica puede comenzar a ser interpretada como deslealtad; el fracaso como resultado de conspiraciones; la oposición como una amenaza existencial. De esta manera, la concentración del poder puede producir un entorno político que favorezca la pérdida de mecanismos de corrección.".

"La percepción de la realidad política se encuentra, por lo tanto, mediada por personas e instituciones. Si además el líder posee una fuerte tendencia a confirmar sus propias creencias, el sistema puede producir un proceso acumulativo: selecciona información compatible con sus expectativas, rechaza la información contradictoria y toma decisiones basadas en una representación cada vez más distorsionada del entorno.Esto es especialmente preocupante en política exterior y seguridad nacional: las decisiones relativas a guerras, crisis internacionales y uso de la fuerza pueden depender de un número reducido de personas y producir consecuencias enormes. La combinación entre un líder rígido, asesores conformistas, información defectuosa y ausencia de controles puede resultar mucho más peligrosa que cualquiera de estos factores considerado aisladamente.".

"La conclusión más relevante es que la peligrosidad política no reside exclusivamente en la psicología y la psiquiatría del gobernante, sino en la relación entre ellas y la estructura institucional en la que se encuentra inserto. Una misma característica personal puede producir consecuencias diferentes dependiendo de si el dirigente gobierna en un régimen político democrático con un presidencialismo donde los controles funcionen o en un régimen autoritario. La cuestión no consiste entonces en construir una tipología de gobernantes “cuerdos” y “locos”, sino en estudiar las condiciones políticas que permiten corregir, contener o amplificar los errores de quienes ejercen el poder. Así, el problema político de la “locura” no es simplemente la existencia de un individuo psicológicamente perturbado, sino la posibilidad de que un sistema político le permita transformar su percepción individual de la realidad en una realidad obligatoria para todos los demás."-

"Sin embargo, una de las preguntas más incómodas es: ¿por qué ciudadanos que viven en sistemas democráticos votan a dirigentes que cuestionan las instituciones democráticas, concentran el poder, atacan los controles institucionales, tienen problemas de salud mental o manifiestan rasgos autoritarios? O peor aún, ¿por qué, posteriormente a las elecciones, conservan niveles significativos de apoyo popular mientras debilitan las instituciones que deberían limitar su poder? Una respuesta simplona a estas preguntas se reduce al comportamiento electoral: si un candidato autoritario era elegido, podía suponerse que sus votantes habían sido engañados, manipulados o carecían de suficiente información. En cambio, una aproximación diferente se encuentra en el estudio del autoritarismo como predisposición política.".

"Más allá de los problemas psicológicos o psiquiátricos, u otras afecciones a la salud, que pueda tener el Presidente, cabe señalar que la estructura institucional del país ha fallado. El Congreso ha delegado poderes a lo largo del tiempo en el Poder Ejecutivo; muchos de ellos han cristalizado con la reforma constitucional de 1994, pero esta situación se ha agravado en estos últimos años. Por ejemplo, la Constitución claramente indica que el Poder Legislativo es el responsable de autorizar el ingreso y salida de tropas y, además, hay una ley que regula la facultad constitucional. Pese a ello, han ingresado tropas de Estados Unidos y han salido militares argentinos violando claramente la Constitución y, al respecto, el Congreso no ha hecho nada.".

"Se ha dicho que el problema es la ley que regula los decretos de necesidad y urgencia; que fue dictada pensando en un Presidente que fuera respetuoso de la república; lo cual es una estupidez política porque, como sostenían los federalistas, entre otros, si los seres humanos fueran ángeles, no habría necesidad de gobierno. Es dudoso que, en cualquier país del mundo, la Madre Teresa de Calcuta hubiera podido gobernar alguna vez porque el poder se controla con poder. Por último, el Congreso tiene la facultad de someter al Presidente a un juicio político; cada Cámara elige sus autoridades y se designan personas que no convocan a las Comisiones para no tratar temas ajenos a la agenda del gobierno.".

"¿Qué decir del Poder Judicial? El jueves los docentes universitarios hicimos un nuevo paro porque una ley aprobada por el Congreso, vetada por el Presidente e insistida por ambas cámaras, alegremente es incumplida por el Poder Ejecutivo, sin que la Justicia haga nada y sin que la Corte Suprema de Justicia de la Nación declare inconstitucionales los actos del Ministerio de Capital Humano. Todo esto en el marco de una sospechosa ausencia de la CGT en la calle, del abandono de la FUA y del extraño (no) acuerdo que los gremios y el CIN alcanzaron con el gobierno. En otras palabras, ha fallado toda la estructura institucional y sociopolítica del país para contener la personalidad presidencial y sus políticas. Pero más allá de todo lo expuesto, Javier Milei fue elegido democráticamente y sigue teniendo un nivel de aprobación relevante. ¿Fuimos engañados? ¿Fue una reacción social frente a las reformas progresistas? ¿Fue la crisis económica de Alberto Fernández y la pandemia? ¿O en cierta manera los argentinos ya éramos autoritarios y, por ello, Milei fue una opción natural?".

(El original completo, acá)

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