STURZENEGGER PROYECTÓ UNA MIGRACIÓN DE 4 MILLONES DEL AMBA AL INTERIOR DEL PAÍS
— Ámbito Financiero (@Ambitocom) September 11, 2026
El Gobierno de Javier Milei proyecta un desplazamiento de 4 millones de personas que se alejarían del área metropolitana hacia el interior del país en las próximas tres décadas, según señaló Federico… pic.twitter.com/usPpi4wmxA
El título del post parafrasea a la obra de Halperín Donghi de 1994 ("La larga agonía de la Argentina peronista"), en la cual uno de los máximos pontífices de la historiografía oficial analizaba hace ya 32 años el inevitable final no solo del peronismo como expresión política, sino de la sociedad que le había dado origen, tal cual se la conocía. Lo que no es ni más ni menos que el sueño húmedo persistente de la Argentina gorila desde 1955, teorizado y puesto en práctica por distintos medios: desde los expeditivos de la proscripción y la criminalización en los años de la resistencia, al genocidio político, social y económico de la dictadura, y luego el vaciamiento por entrismo en el menemato, que es precisamente el tiempo en el que Halperín escribió su ensayo.
Superado el estupor inicial que causaron en muchos las escenas de aquel 17 de octubre de 1945, con las multitudes ganando las calles del corazón político del país para reclamar por la libertad de Perón para terminar remojando sus pies en las fuentes de la plaza histórica, hubo muchos intentos de la Argentina no peronista -de izquierda a derecha, pasando por todos los matices- por comprender al peronismo, por entender como fue posible eso que nadie imaginaba hasta que sucedió. Incluso hubo años después quienes (como Gino Germani en el tristemente célebre "Política y sociedad en una época de transición") lo explicaron como la simple derivación de fenómenos observados en otros lares: economía de posguerra, industrialización acelerada, migraciones internas, urbanización.
Germani (y muchos con él, a la izquierda y a la derecha) hacían hincapié en que la incorporación de las masas trabajadoras a la participación política a través del peronismo no se hizo por el "método democrático", sino a través de un liderazgo carismático como el de Perón; y la interpretación resultó conveniente para muchos: para la derecha y sus partidos tradicionales porque le permitía poner todo bajo el cómodo rótulo del clientelismo y la manipulación del electorado con prebendas y relaciones de patronazgo, y para las izquierdas, en el cajón de la heteronomía y la alienación de la conciencia de la clase obrera, que seguía a un líder y un movimiento políticos que no representaban sus verdaderos intereses, y a la corta o a la larga los terminaría traicionando.
El peronismo era así expulsado de los contornos de la democracia, y sus seguidores del territorio de la racionalidad política; y una vez establecido eso, lo que hay que hacer con él era muy sencillo, y lo hicieron, como sabemos: proscripción, criminalización, violencia y muerte. Pero esa explicación omitía que el peronismo fue -desde sus orígenes- democrático: llegó al poder mediante elecciones libres, y una vez en él, amplió la participación política (con el voto femenino, el de los habitantes de los territorios nacionales y el del personal de las fuerzas armadas), como lo haría años después con el voto joven. Y revalidó su permanencia en el poder -con amplias mayorías- en elecciones libres, sin fraude ni proscripciones (como hubo antes y como habría después).
Y lo hizo por sus electores eran -en contra de la mitología gorila- perfectamente racionales: votaban en consonancia con sus intereses objetivos, por un movimiento político que los representaba como nunca antes, otorgándoles derechos y mejoras palpables en sus condiciones objetivas y materiales de existencia. Como diría Cristina años después, no fue magia, sino política. Sorprende (mentira, no sorprende) que 80 años después, la Argentina gorila ponga más empeño en ver como erradica al peronismo de la vida política argentina, que en como superarlo en término dialécticos, tornándolo innecesario.
Porque está claro que aun este peronismo lavado, hasta cierto punto domesticado, proscripto en su liderazgo y mucho más módico en sus pretensiones de transformación de la realidad nacional, sigue siendo -para ellos- el hecho maldito del que hablaba Cooke. Y de allí que crean que operando determinados cambios en la estructura productiva del país y en el modelo de acumulación (por ejemplo desindustrializando), los cambios políticos se producirán en consecuencia.
Si así fuera, la Argentina de la generación del 80' cuya crisis terminal en la Década Infame incubó al peronismo no hubiera tenido que apelar al fraude para retener el poder político formal, del mismo modo que no deberían haber apelado más tarde a los golpes militares para conseguir el mismo objetivo. Fue la mano visible del peronismo la que apuró los tiempos de la transición política hacia una verdadera democracia con participación ampliada, antes de que se completaran los tiempos de la transición económica de la granja colonial agroexportadora, a un país con desarrollo industrial.
Y el liderazgo "carismático" (como si Perón fuera una especie de flautista de Hamelin que atraía migrantes al conurbano bonaerense para explotarlos políticamente) hizo más por eso que la propia "burguesía nacional" como clase que velara por sus propios intereses; clase que por cierto ha desertado tantas veces de su compromiso con el desarrollo del país (como ahora), que ya cabe preguntarse si sigue teniendo sentido esperar que lo honre, como históricamente hizo el peronismo.
Vengan estas reflexiones a propósito de los delirios de Sturzenegger de los que da cuenta el tuit de apertura, cuando imagina un proceso de migraciones internas (como el de los años 40', pero en sentido inverso) por el cual 4 millones de argentinos abandonen el conurbano bonaerense (cuya conversión en tierra arrasada sería entonces fruto de un proceso planificado de reducción de la densidad demográfica del lugar), para irse a trabajar en las minas cordilleranas, o en los campamentos petroleros patagónicos.
En ese desvarío, poco importa construir la infraestructura que los reciba allí para vivir en condiciones dignas (como acaba de advertir el intendente de Añelo, en pleno corazón de Vaca Muerta), o pensar que si todo responde a un plan perfectamente estudiado, alguien debería avisarles a los capitales privados interesados en quedarse con AYSSA en su privatización, que Sturzenegger está pensando en privarlos de 4 millones de clientes. Lo mismo vale para los flamantes concesionarios de las rutas nacionales, sobre todos los más rentables en la zona del AMBA. Ni hablemos de las chances reales de generar empleos en cantidad para toda esa gente, en los términos del RIGI y el modelo de economía de enclave que ejecuta Milei; que para colmo los enviaría allí luego de intentar derogar la ley de zonas frías, con lo cual deberían pagar más caras las tarifas.
Los delirios del reformador -como los de Milei- no alcanzan para ocultar lo esencial: el modelo extractivista en curso genera una economía dual de enclave, con consecuencias sociales concretas: destruye más puestos de trabajo de los que crea, y reconfigura (esto si respondiendo a un plan deliberado) las relaciones de fuerza entre el capital y el trabajo de modo que los salarios tiendan a la baja, y las condiciones de trabajo a la precarización. Y en esas condiciones -mal que les pese- están recreando y profundizando las condiciones que le dieron origen al peronismo; aunque imaginen migraciones internas que, si no lo hagan desaparecer del todo como desean, al menos le dificulten la logística para copar la Plaza de Mayo, y recrear otro 17 de octubre.
Es el sueño del mercado resolviendo todas las externalidades (incluso las políticas), desde la reconfiguración del modelo de acumulación; perdiendo de vista que ésta se produce dentro de los marcos del capitalismo -en nuestro caso y para peor, periférico y dependiente-, con los límites y conflictos que ello conlleva. Todo un esfuerzo pretendidamente teórico (como ya lo emprendieron otros antes, tratando de encontrarle el agujero al mate), para no hablar de lo que el peronismo vino a poner en cuestión, desde 1945: la distribución social del ingreso, es decir la participación de todos y cada uno de los argentinos en la captación de los beneficios que la sociedad genera.
Pues bien, de eso de lo que ellos no quieren hablar es justo de lo que el peronismo tiene que hablar, antes que nada, y en estos precisos momentos. Como habló entonces, y fundamentalmente como hizo cuando le tocó gobernar, y fue fiel a su sentido histórico. Tuits relacionados:
Si los modelos económicos basados en la explotación de los recursos naturales sin agregado de valor generaran suficiente empleo como para promover migraciones internas, ya habría millones de habitantes del conurbano desplazados desde hace años a la zona núcleo de la soja.
— La Corriente K (@lacorrientek) September 14, 2026
El peronismo se volvió conurbano, o algunos peronismos provinciales se volvieron conservadurismos populares de mirada comarcal? Lo debatimos después del corte, amigos.
— La Corriente K (@lacorrientek) September 14, 2026
Imagináte cuando los 4 millones de tipos del conurbano lleguen a la Patagonia y las provincias mineras y se enteren que ya derogaron la ley de zonas frías.
— La Corriente K (@lacorrientek) September 14, 2026
Sturzenegger queriendo trasladar 4 millones de habitantes del conurbano a la Patagonia y las zonas cordilleranas recuerda a Alfonsín queriendo trasladar la capital a Viedma, y la autonomía porteña. Increíble lo que son capaces de hacer los gorilas por miedo a otro 17 de octubre.
— La Corriente K (@lacorrientek) September 14, 2026
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