LA FRASE

"SI LEWANDOSKY ESTÁ EN EL NIVEL QUE SE VIO AYER, EN LAS ELECCIONES DEL AÑO QUE VIENE ME LO FUMO EN PIPA." (MAXIMILIANO PULLARO)

martes, 4 de octubre de 2022

UNA PENA NO SER GOBIERNO. Y SERLO TAMBIÉN.

 

Hace unos días atrás, decíamos en ésta entrada: "Para los resultadistas de la política debería bastar con la comprobación de que siguiendo una estrategia (la correcta: la de asumir la representación política de la propia base electoral) se ganaron las elecciones del 2019, y siguiendo la otra, se perdieron en toda la línea las del año pasado. A menos que se insista en hacer un extraño pragmatismo que no puede exhibir resultados. Porque las dudas del peronismo (que a ésta altura son las certezas de la entrega de la banderas, y una nueva derrota que no será más que su consecuencia) fortalecen las certezas y las chances electorales del adversario.".

"Si baja el desempleo y crece la pobreza porque los salarios no alcanzan (como está pasando), es muy posible que esos mismos trabajadores no nos voten a nosotros, sino al que promete bajar la inflación, incluso al precio de mutilar derechos laborales. Ya ha pasado, y puede volver a pasar. Lo que nunca pasará es lo inverso: que los antiperonistas nos voten a nosotros, porque hacemos desde el gobierno, lo que harían ellos si gobernaran. Mientras no resolvamos estos dilemas todo lo demás (suspensión o no de las PASO, candidaturas, alianzas) es secundario, distractivo e incluso funcional a la derrota. Aunque se imaginen alquimias que nos den la combinación mágica ganadora.". 

En esa inteligencia, la pregunta a futuro no es si el "Frente de Todos" llegará a las elecciones del año que viene tal como está conformado hoy o habrá rupturas, sino para qué, porque así como en el 2019 la "unidad hasta que duela" se forjó para cerrarle el paso a la derecha, en 2023 no alcanzará con agitar el mismo fantasma, cuando se está ejecutando en buena medida desde el gobierno el mismo programa que aplicaría esa derecha, si le tocara gobernar: algo así como macrismo con perspectiva de género. 

Y la pregunta concierne esencialmente al kirchnerismo, en tanto actor más dinámico de la coalición oficialista y portador de su liderazgo y representación electoral más potente, en la persona de Cristina: de los gobernadores -con algunas excepciones-, el massismo, el "albertismo" (si es que tal cosa alguna vez llegó a existir) o los gordos de la CGT, ya se sabe lo que se puede esperar; y con nada de eso se gana una elección, ni se la ganó nunca. Cada uno de esos sectores atiende su propio juego, que no necesariamente tiene que ser el del conjunto, y casi ninguno (por no decir ninguno) ha abdicado de sus posiciones sostenidas -con fluctuaciones nacidas al calor de las encuestas, en muchos casos- durante la experiencia kirchnerista.

La cuestión entonces es cual el juego del kirchnerismo (y de Cristina) de acá a la renovación presidencial, cuando la coyuntura los encuentra ubicados en el peor lugar posible: ni son parte del núcleo duro que toma las decisiones del gobierno, ni son escuchados sus reclamos (lo que incluye los de Cristina), ni puede escapar a los costos políticos y electorales que generan las medidas del gobierno, y la gestión en general. Y el que crea lo contrario (aunque fuera Cristina, que es demasiado inteligente como para pensarlo), se equivoca de cabo a rabo.

De un gobierno que ha consumido las tres cuartas partes de su mandato sin modificar un rumbo equivocado ni siquiera ante la evidencia de la derrota electoral (y antes bien, lo está profundizando) poco se puede esperar, a menos que se lo fuerce a cambiar. Y no se ve al interior de la coalición oficialista la predisposición a hacerlo -al menos en público- de nadie, en especial como dijimos antes, de sus sectores más dinámicos, que son los que además aportaron y aportan el mayor caudal de votos. En un tiempo no lejano se ensayaba desde el kirchnerismo una agenda alternativa: impuesto a la fuga de capitales, salario básico universal, hoy ni siquiera eso. 

Y no basta  a esos fines con algunos tuits de Cristina, o algunas definiciones suyas en apariciones públicas, como se pudo comprobar desde que en diciembre de 2020 advirtió -sin ser escuchada- que los beneficios del crecimiento se los iban a llevar los cuatro o cinco vivos de siempre. De hecho, cuando ahora lo reiteró al exigir que se tomen medidas más eficaces para controlar los precios de los alimentos (adviértase a lo que ha quedado reducido el "volver mejores": que podamos comer a precios razonables), le sale al cruce un cuatro de copas como Sergio Rubinstein (que solo pudo ser funcionario de un gobierno que se percibe como nacional y popular en medio de una profunda deriva conceptual y política), para advertir que en realidad los empresarios la levantan con pala no porque sean unos hijos de puta, sino como consecuencia del desbarajuste de ciertas variables macro, como la emisión monetaria, el gasto público o la dualidad del mercado cambiario.

Si después de eso sigue siendo funcionario y nadie lo ha desautorizado, es porque ése es el diagnóstico oficial del gobierno, que es a su vez consistente con las medidas que viene tomando (y sobre todo, con las que evita tomar), y con el ajuste explícito que contiene el proyecto de presupuesto 2023 que acaba de presentar Massa en el Congreso. Peor aun: omitiendo en el diagnóstico de las causas de la inflación toda referencia a la puja distributiva, cuando ésta se manifiesta en toda su crudeza, como en el conflicto de los trabajadores del neumático, el gobierno toma partido abiertamente por los empresarios.

Pero esa realidad también interpela al kirchnerismo: no alcanza tampoco con las definiciones (claras) de Máximo cada vez que aparece en público, como pasó en Morón el fin de semana. Mientras Rubinstein desde su inimputabilidad política se animó a verbalizar lo que Guzmán y Kulfas hacían pero no se atrevían a decir (que el plan es volver al duhaldismo puro y duro), y está más que claro que son muchos lo que quieren borrar de la historia el momento fundacional del kirchnerismo como identidad política (el conflicto con las patronales agrarias por las retenciones), la respuesta pendiente sigue siendo la del propio kirchnerismo. 

Con o sin "Frente de Todos", con Cristina acorralada por causas judiciales armadas para proscribirla y con sectores que buscaron amedrentada con un intento de magnicidio, cabe preguntarse cual será la propuesta del kirchnerismo al interior del hoy oficialismo de acá a las elecciones y su incidencia en el gobierno en el tránsito hasta llegar a ellas; y si se reproduce la experiencia frentista, bajo que condiciones y con que programa electoral y de gobierno.

Que no puede ser, simplemente, volver a agitar el fantasma de la vuelta de una derecha (menos cuando gobernamos como si nunca se hubiera ido), o pedirle a Cristina que encarne una candidatura que cargaría con la mochila de un ajuste con el que nadie nunca ganó una elección, para inmolarse en busca de que otros con su envión obtengan bancas en el Congreso para "resistir con aguante" otro gobierno de la derecha neoliberal.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Los votantes del FDT estamos sufriendo y vamos a sufrir todavia mas por la inaccion de los dirigentes a los cuales llevamos al gobierno y eso incluye senadores, diputados y funcionarios. Un FDT se romperia con una derrota electoral ya q cada sector del peronismo/ pejotismo negociaria con el gobierno por su cuenta como ya sucedio. Asi que cualquier propuesta que se pueda llevar al interior de la coalicion seria inutil.
Estamos a las puertas de un plan de shock para frenar la inflacion que incluye devaluacion, acuerdo de precios, congelamiento de salarios y cambio del nombre de nuestra moneda. Solo falta saber si se aplica ahora o lo hace el proximo gobierno. Cuatro años de gobierno propio tratando de evitar conflictos que ni siquiera evitaron el deterioro de la calidad de vida de la gente. Ahora no queda tiempo para nada y menos que menos voluntad politica de nuestros dirigentes.

Anónimo dijo...

La reflexión final, bastante pesimista, me remite a los primeros párrafos de la nota. Como peronista y kirchnerista coincido en que Cristina, Máximo, el sector de la CGT donde el que le hizo cuatro paros por ganancias a Ella e inauguraba monumentos al General con MMLPQTP y el Momo, hoy, hoy eh, mañana no se, aparece como "combativo" junto a dirigentes como Furlan, Palazzo, Amichetti, Yasky, Baradel y compañeros como Taiana y Ferraressi, o intendentes como Secco y Zurro, parecen de fierro para una base de arranque y recuperación de banderas históricas. También mencionan que excepcionalmente algunos gobernadores también se integrarían y entre esas excepciones virtuosas pienso en Axel, Alicia, el Coqui, Gildo. Ustedes dirán si hay algún otro. Abrazo

Anónimo dijo...

Me olvidaba: gran caracterización de lo que pasa hoy como "macrismo con perspectiva de género". Muy precisa y sagaz. De nuevo abrazo.