LA FRASE

"NO ESTABAN DADAS LAS CONDICIONES PARA ORGANIZAR EL VELORIO DEL INDIO SOLARI EN EL CONGRESO, PORQUE NO ERA MIÉRCOLES Y NO IBAN A IR JUBILADOS." (ALEJANDRA MONTEOLIVA)

lunes, 8 de junio de 2026

HACEN FALTA PREDICADORES

 

No, tranquilos, no estamos proponiendo sumarnos a la campaña de Dante Gebel. Tampoco a la de Lilita Carrió, que reapareció después de largo tiempo con sus invocaciones bíblicas y espirituales, preocupada porque el gobierno de Milei nos está entregando a Peter Thiel. Si es cierto que ambos casos -y muchos otros- expresan formas en las que la derecha trata de reconvertirse frente a los signos cada vez más ostensibles del fracaso del experimento libertario para sobrevivirlo, y volver a encajarnos otros buzón electoral.

El título del post refiere a los predicadores de los que habla varias veces Perón en "Conducción Política", como el complemento necesario de los realizadores: aquellos encargados de transmitir la doctrina en la masa para inducirla a la acción en un sentido determinado. No simplemente "diciendo" porque -como decía Perón- predicar es más que eso: es persuadir, convencer, explicar.

Si, sabemos que es difícil, complejo -si no imposible en algunos casos, que son irrecuperables- y arduo en estos tiempos de psiquis devastadas, lazos sociales rotos, el aturdimiento de las urgencias de la vida cotidiana y subjetividades completamente colonizadas por los algoritmos, pero hay que intentarlo. Sobre todo cuando mucho no podemos realizar, porque no somos gobierno.

Buscando los modos, los tonos y -sobre todo- los temas que pueden captar la atención de los damnificados por las políticas de Milei (que son la inmensa mayoría de los argentinos), que los hay y a montones, en un abanico tan fragmentado como fragmentada está la sociedad.

De lo contrario corremos el riesgo de que los intentos diversionistas de la derecha tengan éxito, y aun fracasando Milei, le garanticen la continuidad a las políticas que tutelan los intereses que él expresa, con el voto del pueblo argentino. Sea con Macri , Bullrich o cualquiera que prometa hacer lo mismo pero con mejores modales o más prolijo, o con Carrió, Juez, Pichetto o cualquiera que -como ellos- pretenda que olvidemos que le dieron al demente las herramientas necesarias en el Congreso, sin las cuáles no podría hacer lo que está haciendo. 

Resignarnos a eso sin intentar revertirlo sería convalidar la estigmatización que de nosotros ha hecho el sistema y sus bocas de fuego mediáticas y judiciales, extorsionando a los argentinos con el dilema de tener que resignarse a vivir cada vez peor, para que nosotros (que seríamos la encarnación misma de todos los males) no volvamos. Y no solo es tarea nuestra, sino principalmente de la dirigencia: de nada sirve sostener posturas correctas o dignas en el Congreso y hasta dar voz a los perjudicados por las políticas de Milei, si eso queda allí, encerrado entre las paredes del palacio legislativo, y no salen a explicárselo a la sociedad y a los argentinos de a pie, cara a cara.

Hay cosas que son complejas y difíciles de explicar -aun teniendo tiempo- en una charla mano a mano, como la deuda, los acuerdos con el FMI, el RIGI, la entrega de los recursos naturales, el lawfare o el alineamiento incondicional con los Estados Unidos e Israel. Ni que hablar tratar de trazar la línea entre ellas y el modo en que nos terminan afectando a todos, en la vida cotidiana. 

El contexto -como dijimos- tampoco ayuda, porque hay que advertir y señalar que el país marcha rumbo al desastre a gente que muchas veces no tiene ganas de oírlo; o prefiere encontrar atractivas las idioteces peligrosas de Sturzenegger que cree le resolverán la vida, como no tener que rendir examen para obtener la licencia de conducir, o no tener que llevar el auto a la revisión técnica para circular. Ni que hablar que hay que vencer la apatía y el descreimiento en las instituciones y en la democracia, y como consecuencia de ellos, la tentación del ausentismo electoral que hasta a nosotros mismos nos merodea a veces. 

Pero lo real es que -con todas las críticas que se le puedan hacer al sistema político, y podríamos quedarnos cortos-, no son todos lo mismo, el consuelo fácil del gorila que ve como otra vez se pegó un tiro electoral en el pie: el comportamiento de la mayoría del peronismo (hubo tránsfugas si, pero son clara minoría) en ambas Cámaras del Congreso ha sido más que digno, y expresa si no la única oposición al avance de las iniciativas del gobierno, la más significativa en volumen y sin cuyo concurso no se puede pensar siquiera en frenarlas. Siendo a su vez que -junto con la izquierda- fueron quienes se opusieron al experimento libertario desde el principio, sin caer en la tentación de "darle gobernabilidad", sería un desperdicio no intentar capitalizarlo siendo inteligentes por pura especulación electoral, posicionamientos internos o apetencias personales.

Decíamos más arriba que había que encontrar -en la difícil tarea de convertirnos en predicadores- los temas que pudieran llamar la atención de los eventuales interlocutores, porque sobran: sin ir más lejos y solo tomando en cuenta las últimas discusiones en el Congreso, podríamos explicarles a los que alquilan (que son millones) que si prospera la reforma que impulsa el gobierno al Código Civil y Comercial, podrán ser desalojados sin necesidad de orden judicial, si se atrasan uno o dos meses en el pago del alquiler.

O a los trabajadores como les jode la vida la reforma laboral no ya en sus salarios o en sus derechos, sino hasta en la disponibilidad de su tiempo libre o su organización familiar. O como la reforma que en estos mismos momentos impulsa Milei a la ley de biocombustibles significará el certificado de defunción para cientos de Pymes acá en Santa Fe, con puestos de trabajo que se perderán por la concentración del mercado en un puñado de empresas. Y así podríamos estar todo el día. 

Eso es algo que podemos hacer nosotros, porque está a nuestro alcance, sin esperar el juego de las alianzas, los cargos y las candidaturas que se da en la superestructura; más cuando nos están impidiendo votar a la candidata que quisiéramos, y que es la más capacitada para sacarnos del pantano. Pero como dijimos, también (e incluso antes que nuestra) es una responsabilidad de los que se dicen dirigentes, o aspiran a serlo. Tuits relacionados: 

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