LA FRASE

"LA PRIMERA QUE DESCUBRIÓ EL COSTADO ÍNTIMO Y HUMANO DE VIDELA FUI YO, CUANDO TODAVÍA ESTABA VIVO." (VICTORIA VILLARRUEL)

viernes, 16 de octubre de 2026

PRINCIPIO DE REVELACIÓN

Tal como da cuenta la imagen de apertura, fracasó la sesión de Diputados impulsada por distintos bloques opositores para tumbar el DNU 70/23 ya rechazado en el Senado, por la oportuna (para el gobierno) ausencia de legisladores que responden a algunos gobernadores, entre ellos Pullaro. Volvió a funcionar así en la práctica la coalición oficialista ampliada que sostiene -desde la política y las instituciones- al experimento libertario desde diciembre de 2023. La famosa Moncloa argentina del 70 % (es decir, con la exclusión del kirchnerismo) de la que hablaba Larreta, cuyos diputados -por cierto- tampoco concurrieron a dar quórum, demostrando así hasta donde llega su postura opositora. 

Y no es casual que esa coalición volviera a formarse para sostener un DNU que, en la discusión pública, quedó reducido a la derogación de la ley de tierras de Cristina, porque también en un punto el gobierno trató de que así fuera: centrando el debate en ese punto ocultaba el resto de los artículos de la norma, que son igual de perniciosos o incluso peores. En su momento (el mismo día que el DNU vio la luz) nosotros lo reseñábamos en sus aspectos fundamentales en éste posteo; y con la salvedad de que todo lo inherente a los cambios en la legislación del trabajo  (ley de empleo, contrato de trabajo, paritarias, asociaciones sindicales, trabajo agrario, casas particulares, teletrabajo, derecho de huelga) luego fue introducido en la nefasta reforma laboral (votada con amplio respaldo en ambas Cámaras), lo demás mantiene vigencia.  

El decretazo derogó de un plumazo una treintena de leyes, y entre ellas (además de la ley de tierras), las de abastecimiento, compre argentino, empresas del Estado, estatuto de los viajantes de comercio, sociedades del Estado, góndolas, papel para diarios, vitivinicultura, industrias azucarera y algodonera, olivicultura, sanidad animal, transporte aerocomercial, laboratorios públicos de producción de medicamentos, turismo, hotelería y agencias de viajes y tiempos compartidos. 

Introdujo profundas modificaciones en las leyes que regulan las tarjetas de crédito, las sociedades comerciales, el Código Aduanero, la industria de la yerba mate, el Código Aeronáutico, el Código Civil y Comercial (derogando la ley de alquileres), las empresas de medicina medicina prepaga, las obras sociales, el seguro de salud, el ejercicio de la medicina, odontología y profesiones asociadas, la actividad farmacéutica, los servicios de comunicación audiovisual (la ley de medios), Argentina Digital (los servicios TIC´s), la ley del deporte, los registros del automotor y la carta orgánica del Banco Nación, entre otras cuestiones.

Una virtual reforma constitucional decidida entre gallos y medianoche sin debate público en el Congreso, sin participación de la ciudadanía, sin siquiera exponer claramente en el propio decreto las razones y los fundamentos de los cambios y derogaciones de modo detalle; limitándose a alegar genéricamente supuestas razones de necesidad y urgencia, sin explicar tampoco -de un modo claro y que resista el menor análisis- que problemas vino a resolver el DNU, y por que las medidas que dispone son la solución.

Cada uno de los 366 artículos tiene detrás nombres y apellidos de beneficiarios concretos de sus disposiciones: grupos, empresas, fondos, intereses concretos que lucran con ellos y los pusieron allí con precisión quirúrgica: Galperín, Elsztein, los bancos, Rocca, Magnetto, Eurnekián, Blackrock, las privatizadas, Coto, Funes De Rioja, la COPAL, la AEA, la UIA, Musk, Thiel y otros más. Solo un idiota podría comerse el cuento de que se trata de ideas geniales que se le ocurrieron a Sturzenegger y a las que Milei les puso la firma.

Privilegios de minorías (poderosas, pero minorías al fin) cuya subsistencia no resistiría un debate público en el Congreso ni en ningún otro lugar, y por eso apelaron a un bando dictatorial impropio de un Estado democrático para imponerlos. El DNU sentó además las bases (que luego ampliaría la ley que lleva ese nombre) para el remate a precio vil entre los amigos del régimen, de las empresas públicas y el patrimonio común de los argentinos.  Así las cosas (en la política y en los negocios) nada hace pensar que la cosa vaya a cambiar -en lo institucional al menos- en lo que queda del gobierno de Milei. 

Razón por la cual la derogación del DNU -con todo lo que ello implica- debe ser el primer y principal compromiso de campaña de todos quienes se postulen como candidatos a presidente desde la oposición, y su primer acto de gobierno en caso de ser electos: es el único modo de dejar en claro desde el primer día que encarnan una verdadera alternativa para el país, y de empezar a marcarles la cancha desde el principio a los que realmente mandan. Y si se tratase de un gobierno peronista, proceder de otro modo sería sellar la suerte de otro fracaso que defraude las expectativas ciudadanas desde el principio, repitiendo la fallida experiencia del FDT.

Tumbar el DNU sería -como hizo Néstor al asumir con un país en llamas- recuperar autoridad para la política y las instituciones, revalorizar el voto popular y recuperar la investidura presidencial, deshilachada por Milei. Es también pegarle al chancho para que aparezcan los dueños y salgan de atrás de las bambalinas a defender -si pueden- sus privilegios a la luz pública y sin eufemismos, dando el debate en los términos de una democracia que en el fondo odian.

O para decirlos en términos del propio Milei, para que todo (las ausencias de ayer, los eventuales reclamos de mañana si el DNU es derogado) sirva como principio de revelación de los lugares que ocupan (y los que debieran ocupar) la política y las corporaciones en nuestro proceso democrático. Así dejamos de discutir con los payasos como Pullaro y todos los que -como él- fungen como forros de auxilio del experimento libertario cada vez que es necesario, y empezamos de una buena vez a hacerlo con los dueños del circo. 

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