LA FRASE

"EL RIESGO PAÍS LLEGÓ A 678, ¿VEN POR QUÉ YO HABLO DE RIESGO KUKA?" (LUIS CAPUTO)

miércoles, 21 de octubre de 2026

SUFRIMIENTO GARANTIZADO

 

Detrás de la explicación del triunfo de Javier Milei que lo llevó a la presidencia en 2023 como resultante del desencanto democrático de buena parte de la sociedad argentina, se suele ocultar o minimizar el hecho de que la eficacia electoral de la promesa de la motosierra encerraba una buena dosis de perversidad social: muchos argentinos legitimaron con su voto (porque así lo creyeron) que los ajustados serían otros, porque a ellos no les iba a tocar. Y todavía hoy, en muchos casos, la perplejidad de constatar dolosamente en cuero propio que la motosierra funcionó como tal y no como un bisturí de precisión deriva en que algunos pidan ser exentos de sus bordes dentados, no que que deje de funcionar para que no haya más destrozos sociales, productivos, salariales o laborales.

Milei hablando sobre presuntas idioteces ajenas y asumiéndose como el representante de la racionalidad cuando es la expresión hasta corporal de la demencia es todo un símbolo del clima de época; en el que todo parece estar de cabeza, las obviedades deben ser explicadas aunque sus efectos concretos duelan, y las idioteces (y no precisamente las que denuncia Milei) adquieren la autoridad de principios científicos.

Un clima de época en el que el discurso dominante (por ejemplo el que intenta introducir el presidente aferrándose a una interpretación literal de una expresión coloquial para no hablar del endeudamiento de las personas y las familias) consiste en convencerte de que vos no estás realmente mal, y si verdaderamente estás mal es culpa tuya. No del país, ni del Estado ni muchos menos de la política económica: si te endeudaste no es porque no llegás a fin de mes sino porque no sabés administrar tus ingresos, o porque te faltó educación financiera. 

Cuando gobiernan ellos, claro, porque cuando gobierna el peronismo la cosa es exactamente al revés y la culpa de todo la tienen el Estado y la política, e incluso la siguen teniendo cuando ya no son gobierno sino oposición, o cuando hay riesgo de que vuelvan a ser gobierno. Es decir, siempre: ahí anda Sturzenegger diciendo -en otras palabras- que la motosierra se quedó corta porque aun sobran 20.000 empleados en el Estado, y que la licuadora de los salarios va a seguir porque son el ancla del programa antiinflacionario, y si ceden en un reclamo (por ejemplo el de los docentes universitarios) se producirá el efecto cascada de los demás, y adiós programa. De estabilización y -sobre todo- de transferencia de ingresos desde los que menos tienen, a los que más.

El neoliberalismo es -ante todo- la promesa eterna de un futuro venturoso y próspero que llegará después de transitar un inevitable presente de dolor y sufrimiento, para dejar atrás un pasado de derroche insostenible que al mismo tiempo te mantenía deliberadamente pobre para instrumentarte políticamente: todo eso junto y al mismo tiempo, sin que importen las reglas de la lógica formal. 

Sin embargo, en su versión anarco-capitalista ni siquiera incluye a la gente en la promesa de un futuro mejor: el eslogan oficial (parafraseando a Trump) es "hagamos grande a la Argentina", no hagamos felices a los argentinos al mismo tiempo y en el proceso. Para el peronismo, en cambio, el apotegma político consiste en unir inescindiblemente ambos términos de la cuestión: se trabaja (o se debiera trabajar) para la grandeza de la patria, y la felicidad del pueblo. Porque no solo es que uno sin el otro no tienen sentido, sino que separados, ambos son imposibles. 

El discurso triunfalista del gobierno (y al mismo tiempo negacionista de una realidad evidente y dolorosa) se basa en que, efectivamente, hay triunfadores, y los eligieron ellos, a través de la ley de bases el RIGI, el Súper RIGI, las "inocencias fiscales" y el festival de privatizaciones repartiendo entre los amigos el patrimonio público, a precio vil. Y vos no estás entre esos ganadores, ni lo vas a estar, tanto que ya ni siquiera te lo prometen, y te dicen que no te quejes, porque es falso que estés mal. Que no hay problemas, que si los hay son culpa tuya y que no le pidas al gobierno que te los resuelva, porque para eso está el mercado. 

A menos que los problemas sean del mercado (porque no gana tanto ni tan rápido o por tanto tiempo como quisiera, o tiene que afrontar competencia molesta), en cuyo caso sí se justifica que el Estado intervenga: para planchar el dólar y facilitar la bicicleta financiera al mismo tiempo que usa ese ancla inflacionaria junto con los salarios; mientras aumenta tarifas o permite que aumenten los precios de la energía, los alquileres, los medicamentos o la comida en un marco de libertad libérrima, y más que nada porque del lado del que se fijan esos precios están los amigos, los financistas, los ex y actuales patrones.

Así como en el video de apertura Milei pide detenerse a pensar, si muchos sectores de la sociedad argentina realmente lo hicieran, los candidatos de "La Libertad Avanza" (empezando por el propio Milei) no deberían sacar más del 5 % de los votos en las elecciones del año que viene, porque además su gobierno ha obrado -en términos que suele usar el propio presidente- como principio de revelación por si todavía quedara algún distraído que no entiende.

Es decir que en el fondo ni a Milei ni a su experimento anarco-capitalista les conviene (como él pide en el video) que la gente se detenga a pensar. Pero si eso no sucede y ese experimento sigue teniendo chances electorales, no es por culpa de la oposición (al menos no exclusivamente de ella), porque el peor de los errores que esta pueda cometer o todos sus errores juntos no vuelven sensato ni racional volver a elegir a un demente que solo está prometiéndoles más sufrimiento en el futuro, aunque no lo diga directamente. 

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