LA FRASE

"¿CÓMO QUE GANAMOS EN FLORIDA PERO NUESTRO CANDIDATO A GOBERNADOR ERA NEGRO?" (DONALD TRUMP)

miércoles, 4 de noviembre de 2026

LO TAPARON CON DIARIOS

 

Donald Trump terminó arrastrando a los republicanos a una derrota catastrófica, peor incluso que la que auguraban las encuestas previas: perdieron las gobernaciones en Estados que controlaban y -sobre todo- resignaban el control de las dos Cámaras del Congreso, lo que abre interrogantes a futuro para lo que resta del mandato del millonario.

Más allá de un eventual juicio político (para lo que los demócratas no tienen la mayoría calificada que se requiere en el Senado, y habrá que ver si tienen la voluntad de impulsarlo), perder el control del Congreso le significará a Trump quedar expuesto a investigaciones por hechos de corrupción durante su gobierno y antes de él (como los archivos Epstein), tener que resistir a fuerza de vetos la agenda opositora, y negociar con los demócratas cada una de sus iniciativas, empezando por el presupuesto: el "shut down" (cierre del gobierno federal por no alcanzar acuerdos sobre gastos y techo de endeudamiento) es una posibilidad concreta, que acaso al líder del MAGA no le disguste del todo; pero habrá que ver hasta donde el partido republicano (que retiene bancas en el Congreso y gobernaciones de Estados que dependen de fondos federales) esté dispuesto a secundarlo.

Pero también el resultado de ayer debería detener los planes guerreros de Trump en Irán, y aportar a la estabilidad global; claro que con un megalómano como él, las cosas pueden no ser tan lineales: Trump podrá ser un perfecto idiota como Milei, pero Milei no tiene al alcance de su dedo el botón nuclear. Y si bien los Estados Unidos siguen siendo la misma  potencia imperialista agresiva y militarista que antes de los comicios de éste martes, ahora su presidente luce muy debilitado en el plano interno y en su imagen ante el mundo, como para proyectar la fortaleza necesaria para que una escalada bélica no sea vista como otra cosa que un acto de desesperación.

Cabe guardar las razonables prevenciones del caso con el alcance de los cambios que el voto ciudadano puede provocar en un sistema político como el estadounidense, consolidado hace más de dos siglos en torno a un duopolio partidario con cada vez menos diferencias entre ambos polos, y con una penetración del poder económico y el mundo de las finanzas hacia su interior como no hay parangón en otro lugar del planeta. En ese contexto no hay que perder de vista que los norteamericanos -como sucede en cualquier país del mundo- votaron pensando antes que nada en su propia situación y la del país en el que viven, aunque en éste caso su voto tenga obvias proyecciones mundiales.
 
Y en ese sentido la derrota de Trump es también la derrota -y profunda y sonora- de la agenda de la derecha global: la militarización de las sociedades, la restricción de las libertades civiles, las políticas migratorias xenófobas y expulsivas, las políticas supremacistas, el aliento al capitalismo tecno-feudal (29 Estados rechazaron la instalación de data centers en sus territorios) aun al precio de la destrucción de los recursos naturales, la no regulación pública y estatal de los sistemas de inteligencia artificial.

Allí es donde la derrota de Trump y sus candidatos (pero sobre todo de él, aunque ahora niegue su implicación personal en la campaña) encuentra puntos de contactos con otras derrotas recientes de las ultra-derechas globales, como pasó con Bolsonaro en Brasil y pasa con las dificultades que afronta Netanyahu para formar gobierno en Israel, con los matices y particularidades de cada caso. Es prematuro para evaluar si el reflujo del mundo hacia las propuestas de extrema derecha está cediendo y se iniciaría una ola de sentido contrario, pero por la magnitud de los sucesos recientes (en especial en Brasil y EEUU) no puede ignorarse que algo está pasando.

Valga la comparación con Brasil porque lo que les sucedió a los demócratas es en un punto similar a lo que ocurrió con el PT en el país vecino: la gravedad de las circunstancias y la magnitud y profundidad de los avances de la derecha (en las urnas y en el gobierno) provocó una reacción de sus propias bases más allá de las tibiezas o los tacticismos de las conducciones partidarias, y esa reacción se tradujo en candidaturas que en otras circunstancias no hubieran pasado el filtro de las roscas internas por "piantavotos", y en el lanzamiento de propuestas que en su hora hubieran quedado archivadas por los posibilismos y el tributo a las "correlaciones de fuerzas", como la prohibición de las apuestas o la semana laboral del 6 x 1 en Brasil, o el impuesto a las grandes fortunas en California. 

Ambos procesos reavivan las esperanzas en la democracia como único sistema capaz de corregir las distorsiones del capitalismo (más salvaje que nunca en su versión predominante actual en el llamado mundo libre), pero no cualquier democracia, sino una que recupere su sentido igualador, integrador, inclusivo y -sobre todo- que demuestre que las fuerzas progresistas y populares no son solo capaces de ganar una elección, sino de cuestionar los fundamentos del sistema, y transformarlo: en ese sentido recomendamos fervorosamente esta nota que trae Artemio, que consideramos de imprescindible lectura para entender lo que pasa, y -sobre todo- lo que puede venir.   

Para la Argentina y en especial para Milei, la derrota de Trump es la peor de las noticias posibles, cuando aun estaba intentando asimilar el golpe de la reelección de Lula: sin dudas dificultará en el futuro cualquier salvataje financiero del Tesoro yanqui (porque el gobierno de Trump tendrá que lidiar con un Congreso adverso y su condición de "pato rengo" sin reelección posible), y hasta se duda de la permanencia de Besent al frente del organismo. Eso significaría sumar un factor más de fragilidad a un programa económico que está haciendo agua por todos lados, y que empieza a recibir fuego amigo -como suele suceder con los procesos de valorización financiera- porque indicadores como el riesgo país señalan que perdió la confianza de los capitales que apostaron a él.

En lo político y por voluntad propia, Milei eligió unirse a las ultra-derechas globales asumiéndose como una especie de influencer que se jacta de sus fotos con líderes como Trump, Netanyahu o Bolsonaro, todos derrotados, prófugos o circunscriptos en estrechos márgenes de acción política, en cuestión de semanas. Y según los memes que circulan por las redes sociales (lo cual debe tomarse en ese contexto), llegaron a esa situación precisamente por las fotos de las que se jacta el presidente. Tuits relacionados:

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