LA FRASE

"YO VENÍA AHORRANDO BÁRBARO HASTA QUE TUVE QUE EMPEZAR A PAGARLE HONORARIOS A LA ESCRIBANA PARA DIBUJARLA." (MANUEL ADORNI)

domingo, 5 de mayo de 2019

TWEETS POLÉMICOS

LA INTERNA DE LA QUE NO SE HABLA


Durante la campaña previa a las PASO del último domingo el protagonismo mediático se lo llevaron las peleas entre los ex socios, por más de 10 años, en el Frente Progresista: se revolearon con de todo Lifschitz, los socialistas y los radicales “progres”, con Corral y los radicales de “Cambiemos”.

Trataban de ese modo de copar la escena, pugnando por el voto antiperonista e invisibilizando al PJ y el frente “Juntos”. Sobre el final de la campaña, hubo un giro: Lifchstiz empezó a ningunear a Corral, polarizando con el peronismo y en especial con Omar Perotti, al decir que la pelea por la gobernación estaba entre él y Bonfatti.

Trataba de ese modo de llevar hacia el candidato del socialismo, el voto de María Eugenia Bielsa, que lo cruzó en público por meterse en la interna de otro partido. Y lo acaba de hacer de nuevo ahora, reafirmando su compromiso con la candidatura de Perotti, y el apoyo al frente "Juntos".

Con los resultados puestos, están evaluando como moverse para captar el voto de Corral con un discurso antiperonista, y al mismo tiempo votos de Bielsa con un discurso “progre”, o hasta “kirchnerista”; cosa que les dificultó el propio Bonfatti, con aquellas declaraciones en las que (al mejor estilo Del Caño) dijo que para él y el socialismo, kirchnerismo y macrismo eran lo mismo. Acaso estaba anticipando que iban a salir a pescar en las dos peceras.

Sin embargo, hay otra “interna” de la que nadie habla, y es la que se viene dando en forma larvada (y no tanto) hacia el interior del socialismo, entre Lifschitz y Bonfatti.

Interna que estalló cuando el gobernador rompió el pacto sellado entre ambos para turnarse en el poder cada cuatro años al estilo de Reutemann y Obeid cuando el peronismo gobernaba la provincia, lanzando la idea de la reforma constitucional con reelección incluida: el proyecto cruzaba de plano el intento de Bonfatti por volver a la Casa Gris.

Tanto que cuando se empantanó en la Legislatura (en buena medida porque el propio Bonfatti lo cajoneó en Diputados, más allá de que nunca logró consenso del resto de las fuerzas políticas), Lifschitz amagó con plantarle un “caballo del comisario” como candidato propio a gobernador, en la interna del Frente Progresista, pero quedó solo en eso: un amago, para medir fuerzas internas.

O no, porque a la hora del cierre de listas el gobernador (que se reservó para sí el primer lugar en la lista de diputados provinciales, como lo hizo Bonfatti en el 2015 al dejar el gobierno), depuró prolijamente la lista de candidatos del Frente Progresista de “bonfattistas”, incluyendo en la purga a los que aspiraban a renovar sus bancas, como Galassi o Di Pollina.

Ante la previsible queja por quedar afuera, la respuesta fue de manual: “tranquilos muchachos, no hay de que preocuparse: Antonio gana la elección, vuelve a la gobernación, y los acomoda a todos en el gabinete”. El sobreentendido de la respuesta era “¿O no le tienen fe, y quieren un reaseguro?”.

Sin embargo, pasaron cosas: la perfomance electoral del candidato del FPCyS fue menos rutilante de lo esperado, y -sobre todo- la del frente encabezado por el PJ en general y de Omar Perotti en particular, mejor de lo previsto. Tanto que sumando los votos de María Eugenia Bielsa, terminaron unos 12 puntos por encima del oficialismo provincia, diferencia que encendió luces de alarma.

Más que nada para Bonfatti, cuyo retorno al Poder Ejecutivo ya no se puede dar por descontado, porque Lifschitz fue el candidato más votado al encabezar la lista de diputados; claro que como dijimos al analizar los resultados, por mucho menos diferencia de la que esperaba, y a unos 134.000 votos menos de la suma de los candidatos del PJ a gobernador; cifra que le impidió salir a decir -directa o indirectamente- que si le hubieran habilitado la reforma constitucional y la reelección, él ganaba seguro.

Solo en ese marco se puede entender la absurda insistencia del gobernador en llevar adelante la consulta popular por la reforma, decidida unilateralmente por el propio Lifschitz por decreto, y sin las garantías de transparencia necesarias, dado que no intervendrá en ella el Tribunal Electoral de la provincia: busca con desesperación generar un hecho político que le permita decir que él es el político más respaldado de la provincia (no ya del oficialismo), y que la gente estaba de acuerdo con reformar la Constitución, para dejarlo competir por la reelección.

Claro que esa conclusión es como mínimo amañada, porque la consulta (además de estar flojita de papeles desde el vamos) solo habilita las opciones de votar por sí o por no a la reforma, sin ninguna discusión sobre los contenidos. Para peor, el Tribunal Electoral acaba de validar que la consulta se haga, en una bochornosa resolución basada en que firmó un convenio con el Poder Ejecutivo, para que se realice en los mismos lugares de votación que la elección general; después de declararse incompetente para fiscalizarla, como disponía el decreto de convocatoria. 

Pero lo que se busca (o lo que busca Lifschitz) con la consulta es simplemente un golpe de efecto a futuro, para el caso que la Legislatura (e incluso la presidencia de Diputados, como la tuvo Bonfatti) no le de el brillo que él espera, y dentro de cuatro años quiera volver, y se encuentre en el mismo punto en el que está hoy Bonfatti: con una cuesta de votos difícil de remontar.

Golpe de efecto no solo y no tanto para la interna partidaria (aunque seguramente allí la hará valer también), sino hacia el nuevo gobierno de la provincia, si es el de Omar Perotti: el “fantasma de Lifschitz”, como antes y por años, estaba el fantasma de Reutemann, sobre cada habitante de la Casa Gris. Y de paso, disimular el piñazo político que significaría perder el gobierno a manos del peronismo, después de 12 años; entre otros factores, como consecuencia de la boleta única que el socialismo tanto encomia, e impide que una categoría de cargos traccione a las otras.

La cuestión es en que medida estas reyertas internas, de las que siempre quedan rencores, no influyen en la campaña de un Frente Progresista al que no le sobra ningún voto, y necesita conseguir bastantes más para permanecer en el poder.

sábado, 4 de mayo de 2019

TENDRÍA QUE SER AL REVÉS


INMOBILIARIA LIFSCHITZ


La quiebra y liquidación del Banco Integrado Departamental (BID) de Venado Tuerto allá por 1995 fue uno de los escándalos financieros más grandes de la historia reciente: pese a los salvatajes del Banco Central menemista por orden de Cavallo no lo pudieron salvar, y quedó el tendal de ahorristas que perdieron sus depósitos. El principal vaciador fue Javier González Fraga, hoy presidente del Banco Nación.

24 años después, el proceso concursal sigue, y se siguen vendiendo activos que quedaron para poder levantar los muertos que dejó la quiebra, como vemos que pasa con un immueble que estaba situado en Venado Tuerto, y que acaba de comprar el gobierno de la provincia.

Pero lo llamativo del caso es que lo hace "a pedido" del síndico de la quiebra: ¿la provincia no había intervenido hasta entonces, no tenía por ejemplo créditos impositivos a verificar contra el banco, para compensar con ellos lo que tuviera que pagar por un inmueble?


Vemos además que hubo una primera tasación del inmueble en algo más de 12 millones de pesos, pero la venta demoró en concretarse -casi con certeza por responsabilidad del juzgado y la sindicatura-, y la demora le terminó costando a la provincia un 38 % más, llevando el monto de lo pagado por la compra a 17,5 millones de pesos.

Y si bien es cierto que el Estado provincial tiene en Venado Tuerto (según dice el decreto) muchas reparticiones públicas que alquilan, ¿van a ir todas juntas las que se mencionan en el decreto a ocupar el inmueble, que compraron, un centro cívico?

Dicho esto porque el decreto no hace la más mínima mención al destino que la provincia le dará al inmueble; a diferencia por ejemplo de la expropiación en marcha del ex hotel Ritz acá en Santa Fe (otra decisión extraña), que dicen que se destinará a un complejo educativo.



Y lo más extraño de todo, es de donde salieron los fondos para pagar la compra del inmueble: de partidas originariamente previstas en el presupuesto para construir escuelas, en el Ministerio de Educación.

¿Era necesario desvestir a un santo para vestir a otro, no había otro lugar de donde sacar 17,5 millones de pesos en un presupuesto de casi 277.183 millones de pesos?

Vemos que toda la gestión de compra se canalizó a través del Ministerio de Gobierno, que no es el encargado de coordinar lo que tenga que ver con los inmuebles del Estado. ¿La compra estará dirigida a resolver algún problema de oficinas públicas que alquilan, o de algunos ex ahorristas del BID que todavía están sin cobrar?


AHORA NO


Cuando "el momento" era explicarles a los argentinos que ibas a hacer si llegabas al gobierno, durante el debate televisado con Scioli previo al balotaje, mentiste: te dijo lo que ibas a hacer, punto por punto, y lo desmentiste, se lo negaste: "¿En qué te han convertido, Daniel? parecés un panelista de 678", fueron las palabras textuales que usaste.

Desde que llegaste al gobierno y hasta acá hiciste exactamente lo que dijimos que ibas a hacer, y peor aun: nos quedamos cortos con la "campaña del miedo". Y por supuesto pasó lo que dijimos (nosotros y muchos otros) que iba a pasar: recesión, ajuste, pobreza, inflación, pérdida de empleos, caída del salario, recorte de derechos, destrucción de empresas, caída del consumo y la industria.

Todo eso mientras desataban una brutal persecución contra los opositores políticos, periodísticos y sociales, apelando a la "grieta" política y al grupo de tareas judicial y de los servicios para conformar a la monada propia, mientras ampliaban la grieta social, de modo tal que también se devorara incluso a algunos de ellos. La idea era que nosotros, los réprobos, "no volvíamos más".

Cuando el modelo de endeudamiento desenfrenado para financiar la fuga de capitales explotó, fueron al FMI, al que juraron no volver, sin pasar jamás el acuerdo por el Congreso (la "mesa natural" para acordar entre las fuerzas políticas), y negándose a discutir las condiciones bajo las cuales nos endeudaban en 65.000 millones de dólares, con un acreedor al que en el 2005 Néstor Kirchner se sacó de encima para que no tuviera más injerencia en el diseño de nuestra política económica.

Después de que nos cagaste a pedos a los gritos al abrir las sesiones del Congreso (hace nada, dos meses), y sacaste por DNU la "extinción de dominio" al estilo de la CONAREPA de la dictadura para "confiscar los bienes de los corruptos" (o sea, nosotros), y de mantenerlo cerrado desde entonces, salvo para discutir los cambios a la ley de Papel Prensa que pedían Clarín y La Nación, y los cambios a la ley de financiamiento de las campañas para permitir los aportes empresarios (o sea, privatizar el gobierno), ahora resulta que es "el momento de sentarse alrededor de una mesa a acordar".

Aunque en realidad, "acordar" significa firmar donde está marcada la cruz de un papel que contiene 10 puntos que son -ni más ni menos- que la confirmación y continuidad de las mismas políticas que nos condujeron a este desastre, más allá de tu mandato. Y en realidad, nosotros, que seguimos siendo los réprobos, no estamos invitados a esa mesa porque al parecer, no cumplimos con los estándares de democracia de Durán Barba y Marcos Peña. Y hacerlo la semana después de que consiguieron el visto bueno del FMI para rifar los dólares del préstamos baratos, para que puedan salir los amigos y financistas de campaña, escapando del desastre que se viene: ¿eso no lo piensan "discutir en una mesa"?

Eso, sin pensar que nos siguen culpando del desastre, del que no se hacen cargo, porque nos dicen que todo está como el culo por culpa del "riesgo Cristina": pasamos del "No vuelven más" al "Si vuelven, vamos a estar peor". Bueno, no nos invitaron, pero aunque nos invitaran, no vamos, arréglense solos, si pueden, con el desastre que hicieron. Ayuda no les falta: el FMI, Trump, el "Grupo de los 6", Bolsonaro.

Con nosotros no cuenten para un nuevo GAN, que cumpliría el mismo propósito que quería cumplir el de Lanusse: condicionar a las fuerzas populares para no tocar nada si llegan al poder, y dejar todo como está, como lo dejaron ustedes: endeudado, vendido, fundido, colonizado. Y este acuerdo está destinado a tener el mismo destino que aquel: fracasar estrepitosamente. 

Porque ahora nosotros no vamos a ir a ninguna mesa que convoquen ustedes, porque vamos a ir a las mesas que se van a instalar en todo el país en octubre, con las urnas, para llenarlas de votos y echarlos a patadas en el culo. Tuits relacionados:

viernes, 3 de mayo de 2019

CAMPAÑA DESDE EL EXTERIOR....


...es la que va a tener que hacer este muñeco, si no lo dejan ir a las provincias donde hay elecciones porque es un collar de melones.

PARA MENTIR, MINTAMOS EN GRANDE


En su laudatorio discurso de despedida como gobernador ante la Legislatura, Lifschitz se vanaglorió de que durante su gobierno se invirtieron 98.000 millones de pesos en obras públicas en términos nominales, que si se expresaran en pesos corrientes -señaló- representarían en realidad unos 140.000 millones de pesos.

Por supuesto, ningún medio de los que su gobierno riega con abundante pauta publicitaria se tomó el trabajo de corroborar si las cifras eran correctas y las dieron por buenas, así como tampoco nadie le preguntó que índice utilizó para “retocar” la cifra a precios corrientes, y de que año.

Acá, por el contrario, y como es nuestra costumbre, fuimos a los datos oficiales disponibles, para ver si era cierto lo que dijo el gobernador, nada menos que ante la Asamblea Legislativa, compuesta por las dos Cámaras que aprueban el presupuesto de cada año, y la Cuenta de Inversión del ejercicio anterior. Y seguidamente exponemos lo que encontramos, que por supuesto es muy distinto a lo que dijo Lifschitz.

Previamente, algunas aclaraciones metodológicas: para los años 2016 y 2017 tuvimos en cuenta los datos de las respectivas Cuentas de Inversión, para el conjunto del Estado provincial: Administración Provincial (comprensiva a su vez de Administración Central, Organismos Descentralizados e Instituciones de la Seguridad Social) y Empresas y Sociedades del Estado y Otros Entes.

Para el año 2018 y el 2019 (en este caso hasta el 28 de febrero, último dato disponible) tomamos en cuenta las ejecuciones presupuestarias mensuales que se exponen en el sitio oficial del gobierno, pero solamente para Administración Provincial (es decir, sin incluir Empresas, Sociedades del Estado y Otros Entes). Para esos años y con los alcances que más abajo se explican, consideramos lo presupuestado en ese rubro para el conjunto de las Empresas, Sociedades del Estado y Otros Entes.

Finalmente, hicimos tres cálculos distintos (con distingos que aclaramos en cada caso), desde el más favorable a lo que dijo Lifschitz, hasta el más ajustado estrictamente al tema del que estaba hablando: la inversión de su gobierno en obra pública.

En una primera estimación, consideramos el total de los gastos de capital hechos por la provincia a partir del 2016, es decir aquellos que fueron imputados presupuestariamente al Inciso 4. Bienes de Uso; aun cuando dentro de ese rubro entran gastos que no son obra pública, como las compras de maquinarias y equipos, lo que puede incluir desde motoniveladoras hasta computadoras, autos para los funcionarios o celulares.

Y agregamos además las “Transferencias de Capital”, que son los fondos que la provincia gira a las municipalidades y comunas para financiar obras que ejecutan éstas o contratan con terceros, o también gira a sus propias empresas públicas como la EPE o ASSA. Con ese cálculo llegamos a una inversión de $ 70.152.674.715,70; incluyendo en el caso de las Empresas del Estado. Sociedades y Otros Entes lo presupuestado para el 2018 y para este año.

Por si no se entendió: aun considerando todos los gastos de capital (y no solo la obra pública), y haciendo de cuenta que en el caso de las Empresas y Sociedades se gastó todo lo previsto en el presupuesto del año pasado y en el de este año aun cuando solo pasaron cuatro meses, la cuenta da unos 28.000 millones de pesos menos de lo que dijo Lifschitz.

Pero si afinamos el cálculo y solo tomamos en cuenta los gastos en “Construcciones” (obra pública) y en “Transferencias de Capital”, la cifra es aun menor: $ 53.494.501.599,99; con la misma salvedad anterior: para las empresas y sociedades tomamos en cuenta lo presupuestado para el año pasado y todo este en “Gastos de Capital”, cuando es sabido que se subejecutan partidas, y de este año solo transcurrió un tercio, además de reiterar lo ya dicho: no todos los gastos de capital son obra pública.

Y otra salvedad adicional: si hay una “Transferencia de Capital” por ejemplo a Aguas Santafesinas para hacer obras (de hecho, todas sus obras se hacen con esa financiación), en realidad su importe debería restarse de lo invertido por la empresa en “Construcciones”, porque de lo contrario estaríamos duplicando el mismo rubro al hacer la cuenta, al ponerlo como aporte (transferencia) de capital de la administración Central, y también como gasto de la empresa. Es decir que la cifra “real” ajustada a este segundo criterio de valoración de lo dicho por el gobernador es en realidad inferior.

Y finalmente, el tercer criterio y más ajustado al caso (dado que Lifschitz habló de “obras públicas”), es tomar en cuenta estrictamente lo invertido en “Construcciones”, tanto “Del Dominio Público del Estado” (por ejemplo en rutas), como “Del Dominio Privado del Estado” (por ejemplo en comisarías, o escuelas).

En ese caso lo invertido por el conjunto del Estado provincial según se lo definió más arriba (incluyendo a las empresas y sociedades) fue de $ 41.434.857.916,99, o sea, unos 57.000 millones de pesos menos que lo que dijo Lifschitz que invirtieron, quedando solo excluido de esa cifra lo que pudieran haber invertido el año pasado y lo que va de éste las Empresas, Sociedades del Estado y Otros Entes, porque no hay datos.

Pero aunque -una vez más- incluyéramos para esos dos años todo lo previsto en el presupuesto (incluyendo el año completo para éste 2019) para “Gastos de Capital” para el conjunto de las empresas y sociedades, está lejísimos de lo que dijo el gobernador: suma apenas $ 6.477.543.683; o sea que nos quedarían más de 50.000 millones de pesos sin explicar, o peor aun: teniendo en claro que Lifschitz les bolaceó a lo pavote en la cara a los legisladores, y por carácter transitivo, a todos nosotros.