LA FRASE

"YO VENÍA AHORRANDO BÁRBARO HASTA QUE TUVE QUE EMPEZAR A PAGARLE HONORARIOS A LA ESCRIBANA PARA DIBUJARLA." (MANUEL ADORNI)

jueves, 3 de octubre de 2019

LA LISTA DE MACRI



La Cámara Nacional Electoral, de quien nada se esperaba en materia de ecuanimidad en la organización del debate presidencial, nada está dando: acaba de designar como “moderadores” a los periodistas oficialistas que figuran en el listado que abre el post.

Inútil es buscar en la lista alguno que en alguna oportunidad haya expresado una mirada crítica del gobierno de Macri y su gestión, o que por el contrario no haya tenido durísimas críticas para el gobierno anterior, el kirchnerismo o Cristina: fueron cuidadosamente elegidos precisamente por eso.

Tan inútil como el debate en sí mismo, un show televisivo que -lo podemos decir ahora, con escaso riesgo de equivocarnos- nada aportará a la calidad del proceso democrático, el intercambio de ideas y el esclarecimiento al ciudadano; aunque la idea instalada desde los medios y que el Congreso nacional compró llave en mano en el 2016, es que hacer un debate televisado entre los candidatos otorga un sello de calidad institucional, que nos convierte en una democracia madura.

La Cámara Nacional Electoral comenzó “privatizando” la organización del debate en “Argentina Debate”, la ONG que organizó el del 2015 previo al balotaje, varios de cuyos miembros saltaron sin escalas desde esa plataforma, a cargos políticos en las administraciones de Macri, Vidal y Rodríguez Larreta; de modo que no debe extrañar el criterio de selección, como tampoco extrañan distintas resoluciones que vino adoptando en el curso del proceso electoral frente a cada cambio amañado de las reglas de juego que, con éste en marcha, instrumentó Macri por decreto.

Lo que no deja de sorprender es que, más allá de que ahora exista una ley que establece la obligatoriedad de esta payasada (sancionada justamente luego del festival de mentiras seriales de Macri en el debate del 2015), las fuerzas políticas opositoras se presten mansamente a la misma, y acepten estas reglas de juego: trascendió que precisamente el punto de mayor discusión en la organización fue la selección de los periodistas moderadores; sin que sepamos que nadie haya cuestionado -ponéle- que los moderadores deban ser necesariamente periodistas, y no académicos, politólogos o algo por el estilo.

Que esos periodistas sean a su vez de los medios hegemónicos, y como tales reflejen invariablemente la línea editorial de esos mismos medios (que en estos cuatro años fue de hostigamiento y persecución al gobierno anterior, y blindaje mediático al actual) no es sino consecuencia del mapa de medios que hay en el país; que este gobierno consolidó derogando de un plumazo por DNU las disposiciones democratizadoras de la ley de medios, y mandando al archivo los planes de desinversión de los multimedios para adecuarse a la misma.

Y es allí donde la decisión de las fuerzas opositoras (en especial del “Frente de Todos”) hace ruido: aceptar un debate con estas reglas de juego, lejos de ser un avance democrático, es un serio retroceso; porque implica admitir que la democracia no es es algo que gestionan los ciudadanos y los partidos políticos, sino los jueces electorales (unos pavos reales que no cumplen el rol para el que fueron designados, y se atribuyen con frecuencia otros que no les corresponden), las ONG de clase media con tiempo libre y necesidades básicas satisfechas, y los medios hegemónicos a los que los único que les interesa es generar ráting en horario prime time, sin costos de producción del material.

Aun cuando el desempeño de Alberto Fernández en los debates sea brillante y logre ridiculizar a Macri (no ponemos en duda eso, ni creemos que sea el punto central de la discusión), y dando por sentado que su influencia en las elecciones será nula, aceptando estas condiciones, pensando en el día después del debate, en términos ahora sí de consolidación democrática, tiene más para perder que para ganar. Él y todos nosotros.

miércoles, 2 de octubre de 2019

TWEETS POLÉMICOS

CUESTIÓN DE CAJA


El déficit de la Caja de Jubilaciones y Pensiones de la provincia es una de las cuestiones más preocupantes en la situación financiera con la que se encontrará el próximo gobierno, porque lejos de disminuir, tiende a aumentar, como lo demuestra el decreto cuya imagen encabeza el post.

Por el se está disponiendo un refuerzo de las transferencias del Tesoro de Rentas Generales a la Caja para cubrir su déficit, de casi 4912 millones de pesos, por encima de lo previsto en el presupuesto 2019 aprobado por la Legislatura, que eran casi 7588 millones de déficit total, para todo el año.

Es decir que a fines de agosto el déficit proyectado de la Caja ya era de más de 12.500 millones de pesos; y al 31 de agosto pasado había alcanzado el déficit previsto por el presupuesto, para todo el año: ver acá.

Sin embargo, lo curioso del caso es que el decreto nada dice de la razón por la cual el Tesoro provincial tuvo que salir en auxilio de la Caja, con recursos adicionales: porque el gobierno nacional no está cumpliendo con su compromiso de financiar el déficit.

Algo que nosotros hemos dicho varias veces que no iba a ocurrir, porque la contrapartida para que lleguen los fondos nacionales para financiar el déficit de la Caja, aunque el socialismo lo desmintiera, era la "armonización de los sistemas "previsionales", recortando beneficios a los jubilados provinciales: en ésta entrada de hace más de un año veíamos como Macri no cumplió en su promesa de dejar de lado esa exigencia.

Recordemos que esa promesa incumplida fue una de las excusas aducidas por Lifschitz para firmar a fines del 2017, el pacto fiscal promovido por Macri, del cual resultaron por ejemplo recortes a los subsidios al transporte de pasajeros o a la tarifa social de la electricidad, o la eliminación del fondo sojero.

Acaso el hecho de que el decreto no mencione para nada que no llegaron los fondos de la Nación para la Caja (aunque en las reuniones con el equipo de transición de Perotti el ministro Saglione nunca deja de mencionar el tema), sea un implícito y tardío reconocimiento del error que cometió Lifschitz, al firmar el pacto.

LA VERDADERA GRIETA


No hacía falta que el INDEC difundiera las cifras de la pobreza en el país para que supiéramos que la situación en ese rubro empeoró drásticamente: sabido como es que se la mide por ingresos, no podía esperarse otra cosa considerando que los asalariados formales, jubilados, pensionados y beneficiarios de asignaciones familiares vienen perdiendo por goleada frente a una inflación persistente, aunque el gobierno insista en negar la realidad diciendo que estaba empezando a bajar.

Y eso que aun falta lo peor: las cifras del tercer trimestre, cuando la nueva corrida cambiaria y la consecuente aceleración de los índices inflacionarios (aun disimulada por los dibujos de Todesca) seguramente terminaron arrojando a más argentinos a la pobreza y la indigencia. Los números que ahora se oficializan (y sin que esto implique concederles credibilidad plena) junto con los de la evolución del empleo explican los resultados de las PASO mejor que cualquier encuesta previa, o análisis posterior. Porque resulta que, mal que le pese a Durán Barba, la economía pesa y la gente sigue votando con el bolsillo.

Pero más allá de los fríos números que se difunden, está la cuestión de todo lo que implica la pobreza: si se desgranan las cifras, se advierte que así como el desempleo golpea más en los jóvenes, la pobreza y la indigencia son más marcadas y graves entre los niños; lo cual habla de una dimensión intergeneracional del problema, que compromete gravemente el futuro del país. Un presente doloroso, y un futuro incierto.

Y siendo, como decíamos antes, que la pobreza en la Argentina se mide estrictamente por ingresos, inmediatamente fuera de la línea que determina que alguien caiga en ella, hay millones de argentinos que están en el borde, y que si la dinámica de la economía sigue como viene (y nada indica que vaya a mejorar), terminarán cayendo.

Si hubiéramos de creerle a los discursos políticos dominantes, que coinciden todos en manifestar su preocupación por la pobreza, no debería haber tema de agenda más importante que éste en plena campaña electoral, y sin embargo no es así; de modo que hay algo que no cierra en todo esto.

Después de criticar las mediciones del kirchnerismo y de provocar un “apagón estadístico” de seis meses para ocultar los efectos concretos de las políticas que descargó sobre el pueblo argentino, Macri dijo que precisamente era este tema, el de la pobreza, el único punto de partida desde el cual aceptaba ser juzgado por su desempeño como presidente y por los resultados de su gobierno.

Pues bien, medido con esa vara, su gobierno es horrible, el es un pésimo presidente y el kirchnerismo fue mucho mejor, sin ninguna duda y sin ningún complejo “autocrítico” de nuestra parte; porque tomando la medición que mejor les parezca, el resultado es siempre el mismo: nosotros dejamos un país con menos pobres que los que recibió Néstor el 25 de mayo del 2003, y Macri se irá habiendo agregado varios millones a esa dolorosa lista, en relación con los que había cuando asumió el gobierno.

Y eso lo pudo constatar cualquiera que quisiera hacerlo, en carne propia, o por historias de primera mano más o menos cercanas, sin necesidad de que se lo cuenten Todesca o el INDEC. Que algunos decidan hacerse los boludos e ignorarlo, es otra cuestión, que a la que queremos ir.

En ese bizarro tour de despedida del peor gobierno de nuestra historia democrática que han dado en llamar la gira del “Sí, se puede”: Macri ni siquiera viene mencionando en forma tangencial la pobreza, y todos los que van a apoyarlo no se lo exigen, ni lo interpelan por respuestas a ella, aun cuando quieren que creamos que en el 2015 lo votaron porque prometía la “pobreza cero”: una tomada de pelo tan gigantesca como pretender que votaron a Macri y lo volverían a hacer, porque les preocupa la corrupción.

Pero en el sostenido apoyo a Macri y todo lo que representa (por ejemplo más de cinco millones de nuevos pobres) de ese tercio siquiátrico de la población argentina del cual las marchas son apenas una visibilización, hay más que “olvido” de la pobreza, o perdón y apoyo a las políticas que no hacen sino aumentarla: hay una deliberada naturalización de la injusticia, la desigualdad y las diferencias sociales; tanto que es la oposición a toda política pública que tienda a reducirlas y que de un extraño modo perciben como una amenaza a ciertas jerarquías sociales que consideran detentar (si es real o no es otro asunto), el verdadero elemento fundante y cohesionador de su identificación política, y de sus opciones electorales.

Se trata de gente a la que no solo los pobres no les importan o los quieren ocultar de su vista como los borran de sus preocupaciones, sino que si pudieran, los eliminarían hasta en sentido físico. Basta bucear un poco en las redes sociales para percibir los discursos de odio que así lo expresan, o ver como festejan el stand up bizarro de Carrió que habla de los pobres casi como si fueran animales domésticos.

El núcleo duro del discurso gorila que hoy es el nudo argumental del relato macrista consiste en una serie de mistificaciones históricas, por la cual ellos se reservan el monopolio de los valores (la decencia, la transparencia, la sensibilidad social, el respeto por las instituciones, el esfuerzo y la cultura del trabajo), y nos dejan a nosotros la corrupción, el fomento de la vagancia, la ignorancia fomentada y el autoritarismo.

En tiempos de post verdad (aunque la cosa viene de lejos), diremos que es un discurso que prescinde de los hechos, porque no los necesita: poco importa y les importa si ha sido el peronismo el que más hizo en la Argentina por crear empleo, reducir la pobreza y la desigualdad o garantizar el acceso masivo a la educación pública en todos sus niveles; e incluso fue mucho más democrático y republicano, que lo que ellos jamás serán capaces de ser. O mejor dicho: sí importa, y por eso nos odian.

Nosotros no somos perfectos, claro, y tenemos muchos defectos, pero hay uno que seguro no tenemos: no nos molesta que la gente progrese y que la sociedad sea cada vez menos desigual e injusta. No solo no nos molesta, sino que trabajamos para que eso pase, y si nos apartamos de esa huella, no somos dignos de llamarnos peronistas.

Por eso la diferencia con cierta gente que hace de la preservación de la verdadera grieta (la de la injusticia social y la desigualdad) su identidad política, es abismal, y no puede ser salvada con apelaciones a la buena voluntad, o a deponer los enfrentamientos entre argentinos. Con gente que odia la movilidad social de la cual son resultado, con los que necesitan que haya cada vez más pobres para ser ellos cada vez más ricos, o con los que adopta su visión del mundo aunque sean unos secos notables, no nos separa una grieta: nos separa algo más profundo que la zanja de Alsina. Y ojalá que siga siendo así.

martes, 1 de octubre de 2019

TWEETS POLÉMICOS

¿EXCEPCIONAL O PERMANENTE?


Varias veces nos hemos referido acá al convenio vigente desde el 2009 entre el gobierno provincial y la Municipalidad de Rosario, por el cual los hospitales municipales funcionan en la práctica como una prepaga que le factura las prestaciones al Ministerio de Salud de la provincia, y a través de ese mecanismo consiguen financiar la totalidad de sus gastos incluidos los sueldos del personal: la última de ellas en ésta entrada del mes de junio, donde dábamos cuenta  del último refuerzo de las partidas que Salud de la provincia destina a ese fin, que hacían ascender el total del gasto anual en ese rubro a unos 3029 millones de pesos. 

Ahora vemos en el decreto de apertura que se dispone otro "refuerzo" de casi 891 millones de pesos, con el mismo destino: que no parezca poco, de ese modo el subsidio provincial a los hospitales municipales rosarinos (porque de eso se trata) ascendería este año a unos 3920 millones de pesos, cuando el presupuesto total -para comparar- del Ministerio de Desarrollo Social es de algo más de 4006 millones.

Si nos atenemos a los términos del decreto, la ayuda sería de "emergencia y carácter excepcional", pero da la casualidad que el mismo día, Lifschitz firmó otro decreto referido al tema, que pueden ver acá abajo:


Se firma una modificación al convenio original, cuyas cláusulas mas relevantes transcribimos al pie del decreto, y de resultas de las cuáles la provincia paga lo que efectivamente gasten los hospitales municipales rosarinos. Incluso admite pagar diferencias retroactivas por lo gastado en los meses anteriores al convenio (cláusula segunda).

Y esa mecánica se dispone de ahora en más, de modo que nada de "excepcional" sino un mecanismo permanente, por el cual la prepaga municipal rosarina (como la hemos definido acá) tiene una cápita privilegiada, que le reconoce sus costos, sin discutirlos. 

Piensen ustedes que en los mismos días de estos dos decretos, Lifschitz dictó otro disponiendo un refuerzo de las partidas para los gastos de funcionamiento de los hospitales provinciales y los SAMCO de todo el territorio santafesino, de apenas 75 millones de pesos: más o menos el 8 % de lo que destinó a los hospitales municipales de Rosario, solo en concepto de "refuerzo".

Los argumentos del decreto son curiosos, no porque los hechos que se describen (aumentos en los insumos de la salud, crisis del empleo, mayor demanda sobre el sistema público) no existan, sino porque pareciera que solo afectan a los hospitales de la Municipalidad, y no por ejemplo a los que tiene la provincia en el mismo Rosario, y su zona de influencia: parece que la gente que se queda sin obra social por esos lados fuera derechito a los hospitales municipales, o que a los provinciales no les aumentaran los costos de los insumos.

Otro tópico álgido de la pesada herencia que el socialismo le deja al gobierno de Perotti. Tuit premonitorio relacionado:

ALIANZAS Y REJUNTES


Leer a Claudio Scaletta es siempre de provecho, y su nota en El Destape del fin de semana (completa acá) no fue la excepción. De todo lo escrito allí, nosotros elegimos destacar éste párrafo, que nos parece de capital importancia para lo que viene: "Lo que se observa en perspectiva es, primero, a un Alberto Fernández funcionando como el gran constructor de una alianza de clases para sostener un proyecto de desarrollo de largo plazo. El kirchnerismo, su principal dirigente, comprendió que la ausencia de esta alianza fue una limitación de su último gobierno."

"Bastó que sólo una porción pequeña de las fuerzas que hoy integran el Frente de Todos jugara para el adversario para que se perdiera el poder en manos del macrismo y se provocara el desastre del presente. No hay modelo de desarrollo sin la construcción de esta alianza de clases o bloque histórico que lo sostenga. Que los sectores dirigentes comiencen a comprender este problema es un avance superlativo."

"Lo dicho debe matizarse con que el macrismo también construyó un extendido bloque histórico que lo sustentó, pero lo que no funcionó en su caso fue su modelo económico, que no sólo era insustentable en su frente financiero externo, sino también en el social interno: dejaba demasiada gente afuera. Resulta sorprendente que todavía existan sectores de la clase dominante que crean en la posibilidad de un proyecto político estable y de largo plazo basado en empeorar las condiciones de vida de la mayoría de la población en un país con memoria de bienestar y tradición de lucha. Quizá no sea un mero juego de palabras pensar en la necesidad de una transición inteligente de clase dominante a clase dirigente.".

Como ven, Scaletta pone los puntos sobre las ies en lo que han sido -en la Argentina y en todos lados- las experiencias sobre pactos sociales, que el peronismo en sus distintas encarnaciones históricas ha ensayado; aun limitados a la alineación de expectativas, el ordenamiento de la puja distributiva o una negociación de precios y salarios, con objetivos determinados de crecimiento y desarrollo.

En un sistema capitalista resulta hasta cierto punto indispensable que quien tiene la responsabilidad política de conducir el Estado intente acordar con al menos algunas de las fracciones del capital un modelo de desarrollo. Al fin y al cabo y por más trascendencia que se le asigne al rol del Estado y a las políticas públicas (que ciertamente la tienen, y son insustituibles), son esas fracciones los  dueños de los medios de producción o parte de ellos y como tales los que toman las decisiones de inversión que implican arriesgar capital, creando o no las condiciones para reproducirlo y con efectos en el empleo, los salarios, el conjunto de los precios y la distribución social del ingreso.

Cada vez que se ensayó en el país alguna forma de pacto o concertación social terminó fracasando porque desde los sectores del capital se exacerbó la defensa de los intereses sectoriales, sin manifestar la intención de ceder en lo más mínimo, sobre todo en materia de recomposición real del salario, que es uno de los objetivos que han señalado como primordiales los candidatos del "Frente de Todos". 

De hecho, las tensiones y las rupturas de esas alianzas de clases provienen cuando una de ellas (la burguesía) advierte que se ha cruzado una línea invisible en la distribución funcional del ingreso, pasando un límite que no están dispuestos a tolerar: pasó con el primer peronismo, con su retorno al poder en el 73', y durante la experiencia kirchnerista, marcando a las claras que se trata de una de nuestras constantes históricas.  

Frente a esto, se podrá señalar que el macrismo deja un nivel de empeoramiento de la distribución del ingreso y de pérdida del poder adquisitivo de los salarios, que deja cierto margen de acción para que algunas fracciones del capital acompañen un proceso de recomposición al menos por un tiempo, antes de llegar a esa línea invisible de la que hablamos. Sin embargo, no hay que perder de vista que además en el escenario de la globalización, esas clases operan como auxiliares de otras que funcionan a escala mundial; y que son en muchos casos las que determinan esas decisiones de inversión de las que hablamos, máxime en el grado de extranjerización que acusa nuestra estructura productiva.

Por otro lado, y tal como lo constata Scaletta, hay una matriz ideológica compartida entre quienes debieran pensar de otro modo porque con sus decisiones arriesgan capital de trabajo concreto y tangible (pensemos en las empresas cuyo valor patrimonial destruyeron las políticas del macrismo), y los que adscriben a la lógica de la valorización financiera para la fuga de capitales.Esto ha sido muy nítido en los posicionamientos de la cúpula de nuestro empresariado (a parte de la cual AF está convocando al pacto) durante el macrismo, y aun ahora, en el momento de su despedida. Tuit relacionado:  

Esto crea un inconveniente adicional a cualquier ensayo de pacto social: conseguir que las fracciones del capital que se desean comprometer con sus metas venzan la pulsión del comportamiento tradicional de apropiación de excedentes desmesurados y fuga, o sea que dejen de ser solo capitalistas, para convertirse en una auténtica burguesía emprendedora, con sentido social o colectivo, capaz de exceder los límites de sus intereses de clase. Ni más ni menos que ese "unicornio azul" que, con honrosísimas excepciones como Miranda o Gelbard, le ha sido esquivo al peronismo desde sus orígenes. Y el soplo de aire fresco que en ese sentido representan algunas expresiones gremiales-empresarias del mundo de las Pymes (que deben ser convocadas de inmediato) no cambia el peso específico que tienen en la estructura productiva.

Por contraste, en el sindicalismo en cambio, parece haber más conciencia sobre estas cuestiones y de allí que sus dirigentes ensayen estrategias de unidad, y tengan en claro antes que nadie que en el estado en el que recibirá el país el gobierno del "Frente de Todos", no pueden pretender que los trabajadores recuperen rápidamente todo el terreno perdido durante el gobierno de Macri. Sin embargo, eso no significa que deban ser los convidados de piedra en un eventual pacto social, y los únicos que resignen posiciones, ni los que lo hagan en mayor medida: hemos dicho otras veces que sería un contrasentido en términos económicos, y una malversación del sentido del voto popular, en términos políticos; y por allí hay que explicar la resistencia de los sectores "duros" de la CGT a que la unidad de la central decante en una conducción encarnada en los que fueron funcionales al macrismo.

El microclima polítizado suele perder de vista está cuestiones, perdido en las discusiones de la minucia, del poroteo, del rejunte de sectores o la obsesión por determinados "garrochazos" individuales del macrismo en descomposición; que en rigor aportan poco, por no decir nada.Lo mismo vale para los "rescates emotivos" de figuras sueltas que se fueron desgajando del tronco kirchnerista: que vengan o no es secundario, si antes no se articula una coalición social más o menos comprometida con un determinado sendero de desarrollo.

Pierden de vista que en realidad las arquitecturas electorales (como la que concluyó en la formación del FDT y la definición de sus candidaturas) siguen a las coaliciones sociales o las expresan, y no al revés; y cuando esas coaliciones sociales se rompen, más tarde o más temprano las arquitecturas políticas reflejan la ruptura, por más habilidad "rosqueril" que se haya mostrado para construirla. De hecho en el caso del macrismo, la coalición social sobrevivirá al desmadejamiento político de "Cambiemos", con todo lo que eso implica.