LA FRASE

"A MÍ NO ME PARECE MAL QUE LOS JUBILADOS PONGAMOS ALGO DE NUESTRA PARTE PARA QUE NUESTRAS FAMILIAS PUEDAN ACCEDER A UN CRÉDITO HIPOTECARIO PARA COMPRARSE UNA CASA." (EDUARDO MENEM)

jueves, 11 de noviembre de 2021

70 AÑOS DE PERONISMO

Hace 70 años atrás, un día como hoy, las mujeres votaban por primera vez en la Argentina, en elecciones nacionales: tras la consagración de los derechos cívicos de la mujer por la Ley 13047 (1947) y todo el proceso de conformación de los padrones femeninos y el otorgamiento de las "libretas cívicas" como documento habilitante, las argentinas pudieron entonces ejercer su derecho, eligiendo y siendo a su vez elegidas: 23 diputadas y 3 senadoras llegaron por primera vez al Congreso de la nación, todas en las listas del peronismo.

Sabido es que Evita, que fuera la gran promotora del otorgamiento de los derechos políticos a las mujeres argentinas, votó desde su lecho de enferma en un policlínico de Avellaneda, tras haber desistido de su candidatura a vicepresidente en el llamado "renunciamiento histórico"; discurso emitido por radio el 31 de agosto de ese año, después del "Cabildo Abierto" del justicialismo en la 9 de Julio en Buenos Aires, el 22 de ese mismo mes.

También fue la primera elección en la que todos los argentinos pudieron elegir a su presidente, porque por primera vez votaron los habitantes de los territorios nacionales que aun no habían sido convertidos en provincias; y al mismo tiempo fue la primera vez en que la elección del presidente y vice de la nación y los senadores nacionales se hizo por voto directo y no por los colegios electorales en el primer caso, y por las legislaturas provinciales en el segundo; porque así lo había dispuesto la reforma constitucional de 1949.

La misma reforma que habilitó la reelección inmediata e indefinida del presidente y del vice, que Perón y Quijano (que ya había sido su compañero de fórmula en 1946) consiguieron al obtener un contundente triunfo con el 63,51 % de los votos, superando a la fórmula radical Balbín-Frondizi que obtuvo el 32,33 %. Entre las mujeres, el triunfo de la fórmula peronista fue aun mayor, superando el 64 % de los sufragios; y los candidatos del oficialismo ganaron en todos los distritos (incluyendo Córdoba y la Capital Federal), y obteniendo todas las gobernaciones provinciales que estaban en disputa.

Pero así como el peronismo revalidaba en la soberanía popular su legitimidad de origen y de ejercicio y se consolidaba en el poder, la tensión política en el país iba en aumento: desde el intento de golpe militar encabezado por Menéndez el 28 de septiembre de ese mismo año, se había decretado el estado de guerra interno (contemplado en la Constitución de 1949), que solo se levantaría para el día de los comicios, para reimplantarse el día después.

Perón había denunciado públicamente en la campaña las vinculaciones de dirigentes opositores como Frondizi, el socialista Américo Ghioldi y el conservador Reynaldo Pastor con la intentona golpista de Menéndez, y sus contactos con oficiales de las fuerzas armadas para convencerlos de derrocar al gobierno constitucional.

El triunfo electoral del peronismo ese 11 de noviembre marcaba, al mismo tiempo, el punto más alto de consolidación del poder popular en la Argentina, al tiempo que el pleno convencimiento opositor y de los sectores del poder económico cuyos intereses fueron afectados por las medidas más transformadoras del gobierno como el IAPI, la nacionalización de la banca o de los depósitos bancarios que, por vías democráticas, el peronismo era invencible; y debía desalojárserlo del poder por la fuerza: promoviendo además un proceso que significó transferirle al trabajo el 33 % de la renta nacional que antes iba a parar al capital, había cruzado un límite que les resultaba intolerable. 

Podría decirse que entonces comenzó a gestarse el nuevo intento golpista que tendría éxito en septiembre de 1955; cuyas primera medidas de gobierno tuvieron por objeto, precisamente, demoler concienzudamente esas transformaciones del peronismo que le resultaban intolerables, más allá de las alegadas banderas "libertarias" bajo las cuales se derrumbaron las autoridades de la Constitución. 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

TWEETS POLÉMICOS

 

martes, 9 de noviembre de 2021

TWEETS POLÉMICOS

 

EL NEGOCIO DE LA INDIGNACIÓN

 

Puede ser el asesinato de un quiosquero, la pensión de ex presidenta de Cristina, un funcionario que se vacunó antes de lo que le hubiera correspondido, o un caso de abuso de menores: para el caso cualquier tema da más o menos lo mismo.

En realidad, cualquier tema no: nunca los verás indignarse porque Macri confiese abiertamente que pidió el préstamo al FMI para financiar la fuga de capitales, o porque quiebren miles de Pymes. Y si te dicen que se indignan por la pobreza te están mintiendo, como todas y cada una de las veces que impostan indignación: en el fondo todo, incluso los temas que suelen agitar como bandera como la inseguridad y sus víctimas, les chupan un huevo.

Lo importante es indignarse (o hacer como que) e indignar, calentar cabeza, aturdir sentidos, embotar razonamientos hasta convertirnos a todo en una turba enfurecida dispuesta a ejecutar linchamientos, o votar a nuestros propios verdugos, creyendo que nos van a salvar, eliminando todas las indignaciones y sus causas.

Y no se trata solo de un frío cálculo mercantil, de negocios, pensando en el ráting, el encendido o los anunciantes, es más complejo: hoy, los medios no son de derecha sino que "son" la derecha, vertebran su discurso, le bajan línea, los organizan políticamente, les marcan la agenda, los blancos, los objetivos, las prioridades.

Vamos para una generación -o dos, según como se cuente- de políticos de derecha moldeados al calor de los discursos de odio gestados desde los medios, como para suponer que estamos ante un fenómeno pasajero. Durán Barba no lo inventó, simplemente lo explicitó: la derecha hoy es un contenedor de emociones, que trafica impunemente para defender con más eficacia los intereses puros y duros que defendió siempre.

Necesitan al votante indignado, decepcionado, frustrado, impotente e incapaz de organizarse para algo más complejo que tomar una comisaría para linchar a un delincuente, o protestar para que los enfoquen las cámaras de la televisión. Y una vez sembrado el terreno adecuado, te ofrecen candidatos "anti sistema", que en realidad son sus mejores y mayores defensores: hace unos años Macri, hoy Milei o Espert.

Frente a eso, nosotros seguimos pensando en términos de la política tradicional, apostando a convencer con razones, argumentos, datos, estadísticas: estamos claramente en desventaja. Más, si le sumamos un gobierno que no entusiasma ni siquiera a los que lo votamos, porque parece entregado ante la situación, y tampoco es que les demos a los votantes muchas razones objetivas para entusiasmarse; y ya está visto que la simple apelación al miedo de que vuelvan los horribles, no funciona.

Así las cosas, el panorama preocupa más allá del resultado de las elecciones del domingo, sino en términos del retroceso objetivo que supone hacer política e intentar organizar una sociedad para hacerla más justa en éstas condiciones, con éste contexto.

Porque además disponen -en buena parte por las medidas que nosotros mismos no quisimos tomar- de todo el poder fuego mediático indispensable para bombardear durante las 24 horas del día, los 365 días del año, sin parar ni un instante; ni siquiera en las vísperas de una elección en la que la mayoría de las encuestas anticipan que les irá bien. 

lunes, 8 de noviembre de 2021

EVITAR INDIGNACIONES AL PEDO

 

La verdad, no se entiende el asombro de muchos con las declaraciones de Macri sobre el destino final del préstamo del FMI: permitir que los bancos y fondos inversores que le habían financiado su gobierno salieran del país desarmando posiciones en pesos para hacerse con los dólares, y recortar pérdidas. Desde que el mundo es mundo, y el Fondo es el Fondo, para eso han servido siempre sus préstamos: para financiar la fuga de capitales, dejándole al país las deudas, y los condicionamientos de política económica.

Tampoco se entiende la sorpresa con los constantes cambios de libreto de Macri en torno a éste tema o a cualquiera, demostrado ya con creces que es un mentiroso compulsivo y patológico, que falsea la realidad sin que se le mueva un solo músculo.

Eso sí: como marca uno de los tuits de apertura, ni se les pensar -ni por un momento- que sus dichos le traerán alguna consecuencia penal, judicial, social y ni siquiera electoral: cuando alguien como Macri miente como miente, lo hace también desde la plena conciencia de su total impunidad, en todos los planos.

Y respecto a la penalización electoral de la confesión de Macri, cabe recordar lo dicho acá hace unos años atrás, cuando analizábamos las causas de la derrota en las presidenciales del 2015: hemos perdido en toda la línea la batalla cultural por lograr que la mayoría de la sociedad condene las políticas de endeudamiento, y entienda que para que todos podamos vivir mejor, hay que evitar endeudar al pàís, porque eso condiciona su futuro.

Habrá que pensar hasta que punto no contribuimos nosotros mismos a ese resultado, haciéndonos cargo religiosamente de los "muertos" de deuda que heredamos cuando nos toca gobernar, como estamos haciendo ahora, sin ir más lejos.

Y precisamente en ese punto nos queremos detener: no tiene ningún sentido indignarse por los dichos de Macri, si no pensamos hacer nada al respecto. Es decir, si estamos pensando como renegociar con el FMI el pago del préstamo destinado -como dijo Macri- a financiar la fuga de capitales, y contraído violando las propias normas del FMI. O peor aun: si vinimos siguiendo estos dos años una política fiscal "prudente" (por ser diplomáticos) para facilitar ese arreglo, y no tomamos ninguna dirección de política económica para que la deuda la paguen los que la contrajeron. 

O mucho más que peor: si estamos hablando -por boca de Massa o incluso del propio Alberto- de sentarnos a dialogar, el día después de las elecciones, para encontrar acuerdos con la oposición que, cuando fue gobierno, contrajo esa deuda; y que hasta ayer -antes de que Macri abriera su bocaza- juraba en todos los idiomas que no les quedó mas remedio que endeudarse "para pagar las deudas que dejó el kirchnerismo", o para enjugar un déficit fiscal en pesos, contrayendo deudas en dólares.

Eso sin contar que no cumplimos con la promesa de campaña de elegir, entre los bancos y los jubilados, quedarnos con los jubilados. Tuit relacionado: 

TWEETS POLÉMICOS

 

domingo, 7 de noviembre de 2021

POLÍTICA Y ECONOMÍA, ASUNTOS COMUNICADOS

 

Acá no manejamos encuestas, y nunca les prestamos atención, haga quien las haga y den como den. De modo que lo que podamos decir del resultado de las elecciones del domingo que viene, es pura apreciación subjetiva nuestra, de como percibimos la realidad. Y a partir de ahí, todo indica que no habrá cambios sustanciales en relación al mapa que arrojaron las PASO del 12 de septiembre.

En todo caso y número más, número menos, hay una certeza: si la composición del Congreso cambia después de las generales, no será precisamente a favor del FDT, conforme a la distribución de bancas que existe hoy. Y lo que es más seguro, es que el día después se inicie un operativo de demolición del gobierno de Alberto Fernández con todo el poder de fuego del que disponen el poder económico y mediático (que son lo mismo), al cual tributa la oposición política con mayores responsabilidades institucionales.

Se pueden oír o leer a diarios cientos de análisis sobre las perspectivas a futuro de la economía, pero el dilema principal de la Argentina es político: derrotada en las urnas de modo claro hace dos años, la derecha se prepara para volver recargada e "ir por todo", y no parece muy preocupada por respetar los tiempos y procedimientos constitucionales; como tampoco por moderar su discurso para captar votos "blandos": en disputa con Milei o Espert, prometer eliminar indemnizaciones, dejar de lado todo "gradualismo" si vuelven al poder y arreglar con el FMI en cinco minutos el pago de la deuda.

Y frente a eso, no está claro el plan político del gobierno y de la coalición que lo sustenta, el "Frente de Todos", para aguantar la embestida. En sus dos mandatos presidenciales, Cristina tuvo que afrontar sendas derrotas en las elecciones legislativas de medio término (2009 y 2013), y en ninguno de los dos casos perdió el comando de la situación: saliendo del laberinto por arriba construyó (en otro contexto económico, cierto) el 54 % del 2011, y en el 2015 aun con derrota del FPV en el balotaje con Macri, la tantas veces crisis terminal de su gobierno jamás se produjo, y la derecha  gobernante a partir de diciembre de ése año tuvo que inventarla para justificar sus estropicios.

Es decir entonces que los contextos condicionan, pero no determinan, y las restricciones estructurales de nuestra economía (como la escasez de divisas) ya estaban presentes entonces, tanto que por caso el "cepo" a la compra de dólares para ahorro influyó en ciertos sectores de votantes en las elecciones de ese año. Pero el dilema, hoy y entonces, es más político que económico, y es el dilema político por excelencia: la disputa por el poder.

También es cierto que los liderazgos difieren en sus estilos y en su estatura, pero entonces es cuando cobran interés las estructuras políticas y sociales sobre las que estos se recuestan, y ahí es donde queremos ir con el interrogante: frente a lo que parece una segura ofensiva redoblada de la derecha (incluso en la improbable hipótesis de un triunfo del oficialismo el próximo domingo), ¿cual será la respuesta del presidente y su gobierno, y qué se piensa hacer desde el "Frente de Todos" como coalición política?

Aquella construcción que se reveló eficaz como vehículo electoral para canalizar la insatisfacción social con las políticas del gobierno de Macri hoy parece sumida en un debate interno sobre el futuro (que empezó a despuntar con los pronunciamientos públicos de Cristina, y se asordinó con los cambios en el gabinete), y en un tramo final de la campaña encarado en un contexto adverso, sin medidas contundentes desde el gobierno que permitan percibir que se tomó nota de las causas de la derecha, o abrigar esperanzas de mejorar las chances electorales.

El sindicalismo (en todas sus estructuras y sectores), los movimientos sociales, el empresariado nacional, las fuerzas aliadas al PJ, los que dentro de éste tienen responsabilidades institucionales como los gobernadores o intendentes, están interpelados hoy por la situación, y lo estarán más aun por el resultado electoral, y sus consecuencias. Ni hablar el presidente y su gobierno. 

El interrogante es cual será la respuesta, de todos y cada uno, y lo que se ha visto acá dista de ser alentador: algunos parecen más preocupados por empezar a pasar facturas internas, que por ver como se llega al 2023 sin una convulsión política o social. La chance de retomar el cumplimiento del contrato electoral del 2019 como el medio más seguro de recomponer la mayoría social que supimos conseguir entonces sigue estando al alcance de la decisión de hacerlo. Y si nos preguntan a nosotros, no hay otro camino para garantizar la gobernabilidad hasta el final del mandato de Alberto y Cristina.