Dejen de psicopatear a la sociedad, forros. Si podemos volver es porque destruyeron todo y están haciendo mierda al país con la gente adentro. Háganse cargo, cagones.
— La Corriente K (@lacorrientek) November 6, 2026
Ahí está, mirá que fácil te la explica el tipo. Un pedagogo.
— La Corriente K (@lacorrientek) November 5, 2026
Hace apenas un par de meses atrás, decíamos nosotros en éste posteo: "Cuando los límites concretos del modelo de valorización financiera y fuga (con sus variantes en el tiempo, acordes a los procesos de acumulación del capital) están a la vista (es decir, cuando se acaban los dólares, o se empieza a percibir que no alcanzan para todos), la derecha pasa rápidamente y sin escalas de la confianza plena en la hegemonía a largo plazo, a la incertidumbre democrática, la suba del riesgo país y los problemas de confianza en la duración de la tolerancia social al ajuste. Allí comienzan -otra vez- los intentos de imaginar alquimias que les permitan sostener el modelo cambiando sus circunstanciales ejecutores, y las presiones sobre el campo nacional-popular para asegurarse que una eventual alternancia política no lo modifique en lo esencial, y sus intereses no se vean afectados.".
Y ese es precisamente el punto en el que nos encontramos hoy, cuando el riesgo país orilla los 900 puntos (y por momentos los superó), y el régimen y sus panegiristas en medios y redes hacen malabares dialécticos para explicar lo inexplicable, o lo muy sencillo de explicar pero difícil de digerir para ellos: es el modelo produciendo sus efectos propios, implosionando por fuego amigo porque los "inversores" rajan o buscan hacerlo, y los bonos de la deuda se derriten porque los mercados perciben que el gobierno no tiene la bazooka de dólares que en su imaginación enfermiza Milei decía tener, y los que efectivamente tienen no alcanzan para todos.
Ni hablemos por supuestos de sus demás efectos devastadores sobre el salario, el empleo, el consumo y los niveles de la actividad que cualquiera puede constatar a diario, sin esperar a que se publiquen los datos del INDEC. En síntesis, nada que no hayamos visto, como cada vez que se ensayaron estos modelos económicos en los últimos 50 años, en dictadura o en democracia; ni nada que no haya sido debidamente advertido en cuanta oportunidad se nos ofrecieron a los argentinos esas políticas nefastas, como la llave a la prosperidad y el crecimiento.
Es la consistencia y espesor de los intereses (fundamentalmente financieros) que están detrás del modelo, y su disponibilidad amplia de dispositivos de construcción de sentido para influir en las percepciones y decisiones de la sociedad lo que les ha dado, una y otra vez, la oportunidad de desplegar sus efectos, más que la bondad intrínsenca de un set de políticas y herramientas que jamás fueron diseñadas para otra cosa que extraer plusvalía social, valorizarla mediante mecanismos de apropiación financiera y fugarla, sustrayéndola del ingreso disponible de los sectores populares, y del desarrollo del país.
Y al igual que sucedió antes cada vez que llegamos a éste punto, los mentores, propagandistas, ejecutores y beneficiarios del modelo pretenden desplazar las culpas del fracaso y socializarlas, luego de haber privatizado los beneficios: así el riesgo país no es el reflejo de la percepción de los acreedores de que su deudor no tiene con qué pagarles, sino su temor a un cambio político que provoque el retorno de políticas que no atiendan como es debido sus intereses; obviando la sencilla conclusión que se impone racionalmente por el propio peso de su obviedad: si lo orcos vuelven (volvemos) es porque las políticas que ellos ensalzan y de las que sacan provecho fracasaron estrepitosamente para hacer aquello para lo que nunca fueron pensadas: derramar parte de los beneficios al conjunto social.
De allí que luce como un capricho de niños ricos a los que se les rompió el juguete (aunque estén en plenas condiciones de comprarse uno nuevo) exigirles a los hoy opositores y eventualmente gobierno en un año, pública profesión de fe neoliberal, o garantías y seguridades de que no tocarán nada, y dejarán todo como está; o para peor, traficar a cielo abierto sus intereses encubiertos bajo la bandera del patriotismo o las apelaciones a la unidad nacional.
¿Por qué deberían hacerlo, si se trata precisamente del modelo y las políticas que llevaron a éste gobierno al fracaso, y eventualmente a la derrota electoral? ¿Simplemente porque ellos no entienden como funciona la democracia, o se llevan mal con sus posibilidades implícitas? Porque por delirante y ridículo que parezca, ése es el planteo: resolver las inconsistencias del modelo (o más bien los efectos lógicos de su despliegue), suprimiendo la democracia, o vaciándola de contenido; haciendo que la propia disputa política y el ejercicio ciudadano del derecho al voto queden reducidos a una dinámica dominguera cada tanto, sin contenido real ni posibilidades de incidir positivamente en la realidad, transformándola.
Si Milei (el aspirante al premio Nobel) y Caputo (el Messi de las finanzas) no pueden resolver la crisis que ellos mismos crearon, que renuncien pero antes que entreguen sus pasaportes, no sea cosa que se tienten de hacer la gran Bolsonaro junior; pero que no nos echen la culpa a nosotros de sus desmadres; cuando tuvieron todo el apoyo del establishment económico local e internacional, del FMI, del gobierno de Trump, de buena parte del sistema político local, la casta judicial y hasta la complicidad por omisión de la peor CGT de la historia.
Una psicopateada extorsiva en la que las fuerzas del campo nacional y popular no pueden caer, porque como decíamos en ésta otra entrada, "Y si bien la sociedad en general -preocupada como está en urgencias más cotidianas y apremiantes- no presta atención a esos divagues, es un discurso que a la larga termina permeando en el sistema político, y que lo único que hace (como ya lo ha hecho) es conducir a nuevas frustraciones, que solo conducen a su vez a reiniciar el ciclo; hasta la próxima vez que nos vuelvan a desplumar, someter y hundir en el fracaso, mientras nos juran que es distinto a otras veces en que hicieron lo mismo.".
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