Hace casi siete años atrás, cuando ya se hablaba de la inminencia de la firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea citábamos nosotros en ésta entrada a Aldo Ferrer en su obra "El capitalismo argentino": "El orden global proporciona un marco de referencia para el desarrollo de cada país. Pero la forma de inserción en su contexto externo depende, en primer lugar, de factores endógenos, propios de la realidad interna del mismo país. La historia del desarrollo económico de los países puede relatarse en torno a la calidad de las respuestas a los desafíos y oportunidades de la cambiante globalización a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son entonces los factores endógenos que determinan aquellas respuestas? ¿Qué circunstancias conducen al éxito, vale decir, a su desarrollo? El análisis comparado de casos exitosos contribuye a responder tales interrogantes.".
"Los liderazgos promovieron relaciones no subordinadas de sus países con el resto del mundo, y en el caso de aquellos que se convirtieron en grandes potencias, relaciones dominantes. Las ideas económicas fundantes de la política económica de los países exitosos nunca estuvieron subordinadas al liderazgo intelectual de países más adelantados y poderosos que ellos mismos. Respondieron siempre a visiones autocentradas del comportamiento del sistema internacional y del desarrollo nacional. Cuando estos países aceptaron teorías concebidas en los centros, lo hicieron adecuándolas al propio interés. Fueron visiones y enfoques funcionales a la puesta en marcha de procesos de acumulación en sentido amplio, fundados en la movilización de los recursos propios disponibles.".
"Concibieron las empresas y préstamos extranjeros como subsidiarios del proceso de acumulación asentado en la preservación del dominio de las actividades más rentables y fuente principal de la ampliación de la capacidad productiva. El Estado fue el instrumento esencial para poner en práctica las ideas del desarrollo nacional y la vinculación soberana con el contexto externo. En virtud de las circunstancias propias de cada caso y cada época, el Estado intervino todo lo que hizo falta, raramente más de lo necesario, para regular los mercados, abrir o cerrar la economía e impulsar, orientando el crédito interno y por múltiples otras vías, las actividades consideradas prioritarias. El Estado fue un protagonista principal, con mayor o menor grado de vinculación con la actividad privada según los casos, en el desarrollo de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología para promover la innovación y la incorporación de los conocimientos importados en el propio acervo.".
Era la víspera de la elección que significaría el triunfo del "Frente de Todos" y el fracaso del intento de Macri de conseguir su reelección, y agregábamos nosotros de nuestra cosecha a lo dicho por Ferrer: "Sin embargo y vista la cuestión desde la óptica de la idea de "densidad nacional" de la que habla Ferrer, subsisten los interrogantes, por cuanto el método democrático salda en una sociedad las diferencias entre sus integrantes sobre quienes deben conducir políticamente sus destinos, pero el rumbo de estos depende decisivamente de actores no institucionales, que no suelen ser afectos a aceptar el pronunciamiento de las urnas, sin más; porque juegan su propio partido, que no es necesariamente el de las grandes mayorías nacionales, y la mayor parte de las veces, suele ser el exactamente contrario.".
"La deserción estruendosa -al menos hasta acá- de buena parte de nuestra élite económica al compromiso de hacer oír en forma clara y decidida su voz frente al avance de un modelo que fortalecería la inserción periférica y dependiente en el proceso globalizador nos está diciendo que estamos muy lejos de alcanzar esa necesaria "densidad nacional", aunque logremos desalojar del poder por las urnas al experimento neoliberal; cuyas consecuencias -podemos aseverarlo con certeza hoy- condicionarán gravemente nuestro futuro.".
Años después y cuando la puesta en marcha del acuerdo depende más de los propios europeos que de nuestro gobierno y los demás del Mercosur, estamos en el mismo punto: pese a que se viene hablando del tema hace tres décadas, algunos parecen haber descubierto de que se trata recién ahora, y que los puede perjudicar. Y por algunos nos referimos -fundamentalmente- a ciertos sectores de la dirigencia empresarial que por lo general aplauden acríticamente todo lo que signifique "vincularnos al mundo", sin medir las consecuencias.
No se trata de postular (cosa que por otra parte sería imposible) que el país se cierre por completo o reniegue de participar del comercio internacional o el intercambio con otros países: justamente lo que el autor del concepto "vivir con lo nuestro" propone como reflexión es que esa participación y esos intercambios se hagan sobre bases que consulten el interés nacional, que subsume también al de las propias empresas y empresarios. No aceptando incondicionalmente las reglas que imponen lo poderosos aunque algunos de ellos (como lo europeos) estén por estos días renegando de las imposiciones unilaterales de alguien más poderoso que ellos, como los Estados Unidos.
Como pasó y se advirtió cuando el gobierno anunció un acuerdo de libre comercio con la potencia dominante en el hemisferio, se advirtió desde diferentes sectores que la asimetría de sus términos significaba grandes riesgos para el entramado productivo e industrial del país, y dudosos beneficios -que no compensaban a los primeros- para el sector agropecuario. Con el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea viene pasando lo mismo, pero hace 30 años; aunque algunos recién ahora parezcan estar enterándose.
De hecho, en todos estos años hicieron más -sin proponérselo, claro- por la defensa de nuestros intereses nacionales los industriales brasileños o los agricultores europeos, oponiéndose sistemáticamente a la firma del acuerdo, porque en un punto los perjudicaba, que toda nuestra presunta élite económica. Más aun, en estos momentos es la presión del sector primario en Europa el que logró forzar una nueva demora al proceso que llevaría a que el tratado entre en vigencia, al conseguir que el Parlamento europeo lo remita para su análisis al Tribunal de Justicia de la Unión Europea; mientras acá Milei incluye su ratificación en el temario de extraordinarias del Congreso.
El episodio -que como dijimos supone una discusión que atravesó tres décadas- pone una vez más en evidencia que uno de los mayores dramas del país y que tiene incidencia directa en nuestros fracasos colectivos es la total mediocridad conceptual y miopía analítica de nuestra élite empresarial que carece no ya de una idea de país que trascienda la de una granja, sino hasta de un modelo de acumulación capitalista capaz de convertirnos en potencia o en una nación respetable.
En el momento en el que todos los días vienen a imponernos versiones remixadas del pacto Roca-Runciman nuestra presunta clase dirigente empresarial -con escasísimas excepciones- está más preocupada por conseguir que se apruebe una reforma laboral esclavista que terminará de deprimir aun más los ya pauperizados salarios de los trabajadores, y completar el proceso de entrega del mercado interno a la producción de otros países; algo que ningún país que se precie de serio haría. Tuis relacionados:
A propósito de la reforma laboral y los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea: se habla mucho de que la dirigencia política no está a la altura de las circunstancias, pero poco de la insoportable mediocridad conceptual de nuestra rapaz élite empresaria.
— La Corriente K (@lacorrientek) January 21, 2026
25 años se discutió el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Siempre se supo que era asimétrico y perjudicial para nosotros. Se terminó firmando en esas condiciones y ahora nuestra dirigencia empresarial descubre (algunos) que el agua moja. Que desgracia
— La Corriente K (@lacorrientek) January 20, 2026

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