Diez años y dos meses pasaron desde que Cristina se asomó por última vez al balcón de la Casa Rosada como presidenta de los argentinos. Durante todo ese tiempo nunca dejaron de perseguirla mediática y judicialmente, hasta lograr su condena con prisión efectiva e inhabilitación para ocupar cargos públicos, hace casi ocho meses.
Tres años y cinco meses pasaron desde que intentaron asesinarla en vivo y directo por las cámaras de la televisión, en horario central; sin que hasta hoy se sepa quienes fueron los autores intelectuales del intento de magnicidio; aunque es fácil suponerlo. El discurso que abre el post es de hace 14 años atrás, y la advertencia que ella formulara entonces -como tantas otras veces- se empezó a cumplir en la madrugada del jueves, con la media sanción de la reforma laboral.
En esa década larga desde que el kirchnerismo (en su versión original) no gobierna el país y frente a la experiencia macrista primero y frente al fenómeno libertario después, nos inundaron con análisis tendientes a "complejizar" las cosas, que muchas veces no fueron más que distractores del dato esencial: desde el 2015 para acá (incluyendo la fallida experiencia del gobierno del FDT) los salarios viene perdiendo por goleada la puja distributiva, la distribución social del ingreso es cada vez más regresiva y la ofensiva del capital para precarizar condiciones de trabajo es -como en los tiempos en que Cristina gobernaba- sostenida y permanente.
De allí que haya que desconfiar de todas esas lecturas "complejizadoras" que omiten ese dato relevante, como el igualmente relevante -e íntimamente conectado- de la persecución, intento de magnicidio, condena y proscripción de Cristina. Tan conectado que corrida ella de la escena, están a punto de lograr con Milei lo que no pudieron con la dictadura, ni con Menem ni con Macri: retrotraer el estado de la legislación y las relaciones laborales en el país a 1943.
Y no se trata de que Cristina sea un personaje excepcional (que sin dudas lo es), sino de que su persecución ha logrado hasta acá en el campo de la política (incluyendo al peronismo) el efecto aleccionador buscado; y de allí que no haya que extrañarse que engendros como la reforma laboral escrita por los estudios jurídicos que asesoran a las más grandes empresas y grupos económicos del país y formalmente presentada por LLA en el Congreso haya tenido un respaldo tan generalizado, y al mismo tiempo tan débil resistencia sindical, considerando lo que estaba en juego.
El conflicto central de la Argentina sigue siendo el mismo que era en 1945, y parió el 17 de octubre, pero en el medio pasaron cosas, que todos podemos recordar, o leer en los libros de historia. Y la víscera más sensible del hombre sigue siendo el bolsillo como decía Perón, aunque esa verdad de puño la recuerden con más frecuencia los empresarios, que muchos trabajadores.
Si perdemos de vista esa verdad tan sencilla y elemental -que nos refrescaba Cristina hace 14 años- no vamos a entender nada, por más esfuerzos intelectuales que hagamos para "complejizar" el cuadro, o tomar nota de las (muchas) cosas que cambiaron desde entonces, mientras por detrás siguió siempre vigente lo principal: la disputa por el reparto de la torta.
Y no solo no vamos a entender nada sino que, como peronista y por ende parte del movimiento nacional y popular (hoy en tiempos de derrota y retracción) quedaremos condenados a la extinción, o como decía Cooke, a la esterilidad histórica. Ojo, hay hoy (como hubo incluso con Perón vivo) quienes nos proponen ese camino: acomodarse al solcito del status quo, y permanecer como sus garantes contribuyendo a la "gobernabilidad".
Con el cuento de la "complejización" y las "autocríticas" (que curiosamente nunca llevan a profundizar el rumbo seguido por los gobiernos de Néstor y Cristina, sino a abandonarlo) quieren que pensemos que las viejas banderas históricas han perdido vigencia, cuando la tienen más que nunca. Tanto, que ellos se ocupan de perseguir concienzudamente a cualquiera que se atreva a volver a levantarlas, e intentar ponerlas en práctica: que lo diga Cristina si no.
Banderas que a su vez están entrelazadas entre sí, al punto que Perón pudo señalar como objetivos de su movimiento la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo; o como dice la novena de las 20 verdades: "La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.".
Tuits relacionados:
Una victoria en toda la línea, por la cual vienen trabajando hace años. https://t.co/rFj6KhwjuD
— La Corriente K (@lacorrientek) February 12, 2026
Si, obvio. Tanto que ni huelga van a poder hacer. Y van a ser más fáciles de despedir. Precisamente ése era uno de los objetivos principales. https://t.co/kBglzm3k4W
— La Corriente K (@lacorrientek) February 12, 2026
Como las AFJP: los bancos y un par de vivos harán un gran negocio, el Estado financiará las indemnizaciones sacando guita de la ANSES y los trabajadores despedidos (que serán más) tendrán que penar para ver si logran cobrar las indemnizaciones, que serán menores a las actuales. https://t.co/SMcf8aKYGE
— La Corriente K (@lacorrientek) February 12, 2026
Reducir el monto de las indemnizaciones no solo abarata los despidos, sino también los salarios, máxime cuando simultáneamente se restringe el derecho de huelga: ¿Quién va a reclamar por mejores sueldos si el despido es fácil porque es más barato?
— La Corriente K (@lacorrientek) February 12, 2026
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